Wednesday, December 09, 2009

Me compré un café

Tengo aquí a la izquierda el segundo café del día, normalmente lo tomo inmediatamente después de comer pero hoy no comimos juntos, los compañeros de la oficina y yo, como normalmente hacemos (uno de ellos comió en compañía de su encantadora novia y el otro, sospecho, se fue a ver un partido de fútbol a su casa; lo hubiera acompañado a verlo en el restaurante de comida yucateca como hemos hecho en el pasado, pero quiso la fortuna que mi padre me hablara para invitarme a comer con mi hermana). Así, después de comer en familia, caminé hasta el puesto del café que se encuentra junto a los tacos de guisado a los que a veces vamos, los de la oficina y yo y el resto de los oficinistas de la zona a quienes se les apetezca, y me encontré con la simpática vendedora de café que usualmente se encuentra allí no en las tardes sino en las mañanas. Dadas las circunstancias, me animé a preguntarle: "¿Ahora estás en las tardes?". "No, es que en la mañana fui a hacerme un nuevo look". Acompañó la frase con una especie de saludo marcial para subrayar el mohawk que ahora adorna su cabeza. "¿Veniste en la mañana?", me preguntó. "Sí", le dije. Y añadí, "Pero ahora me voy a llevar el café a la oficina...". En este momento, me percaté, bajé la voz y decidí que sería mejor no ahondar en explicaciones -no sé por qué decidí esto. Nos despedimos y ahora estoy aquí, en la oficina, esperando a que el resto de los compañeros regresen de donde se encuentran. Pero, todo esto, ¿le interesa a alguien? En la última entrada escribí que me había cortado el pelo. Y es verdad, me lo corté. Pero, ¿para que estás tú ahí leyendo esto? No lo entiendo. Es un misterio.
Ah, pero qué bien me sentí ayer cuando René pasó a visitar a la oficina (es un decir, en realidad vino a tratar asuntos y negocios de suma importancia) y me dijo que había leído que me había cortado el pelo. Uno continuamente descubre, con sorpresa, que posee un ego.
Ya cambiado el tema, no olviden leer "El clon", el texto que René escribió para el número más reciente de La Tempestad (en cuya oficina, como ya adivinaron, es donde me encuentro). Creo que es el único texto en la historia de la revista en el que se menciona a Arnold Schwarzenegger desde el primer párrafo. Normalmente no se le toma en cuenta sino hasta como la mitad del cuerpo de los materiales que nos envían. Me despido con ese chiste.

Saturday, December 05, 2009

Me corté el pelo

Me sorprendió encontrar la peluquería vacía excepto por un par de peluqueros. Obligado a hacer conversación -aunque después de un rato se disculpó por no permitirme leer con lo que consideró interrupciones- el peluquero me contó el modo en que la crisis les había pegado, ahora las personas espaciaban más sus visitas mensuales y dejaban pasar más tiempo entre corte y corte (así fue como me recibió: "¿Ya había pasado tiempo desde la última vez que viniste, no?", "Pues, el mes", le dije, "No", me dijo, "creo que tiene más tiempo"; estuve a punto de explicarle que quizá se debió al fin de semana que pasé en cama enfermo -ahora sólo puedo cortarme el pelo los fines de semana- pero no quise insistir con explicaciones). Le dije algo así como que finalmente a todos nos había pegado la crisis y que al menos el pelo no dejaba de salir, pero me encontré con una persona que sólo asentía y esperaba el momento en que se viera libre de la necesidad de hablar por cortesía, o al menos esa fue mi impresión; nada, ningún conocimiento, iba a salir de nuestro pequeño intercambio, nutrido por la cortesía de quienes se embarcan en una relación servicial. Cuando callamos, en el libro que leía antes de empezar a hablar con el peluquero, El nacimiento de Alexéi Varlámov, leí la última frase de un capítulo: "Lo único que deseaba era que terminaran la espera, los miedos, los sueños, esta gravedad, no en vano llamada así por su peso".

Thursday, December 03, 2009

Sueño recurrente

Anoche volví a soñar que visitaba una tienda de cómics que a veces era librería. Es un sueño recurrente. Encontraba varios números atrasados de revistas que no llegan a México pero que siempre quiero. Es un espacio curioso, el de esta librería con la que sueño a veces. Me ha pasado que entre las noches que lo sueño y las que no, pasan meses o incluso años y cuando vuelvo a soñar con el local, a veces sé, sencillamente, que ha cambiado de administración o que el catálogo entero de lo que venden ha sido modificado. He llegado a soñar que visito el local pero está cerrado, clausurado, orillados a la bancarrota por la falta de negocio. Anoche, sin embargo, cuando soñé, la tienda era visitada por mucha gente y el negocio parecía próspero.

Ayer me subí a una báscula

Subí de peso.

Monday, November 30, 2009

Omnibús de anécdotas


Acompañado de mi tos de perro me formo en la fila para recargar la tarjeta del Metrobús, esta noche, de regreso a casa. Pienso en la cantidad de textos que he escrito que tienen que ver con el medio de transporte e incluso llego a fantasear con llegar a casa y escribir un texto largo sobre la relación que ha crecido entre el Metrobús y mi vida en los últimos meses, cuando lo he utilizado con mayor regularidad. Imagino que vincularé la entrada que escriba con el resto de las entradas que he escrito que estén relacionadas, aunque sea tangencialmente, con el tema. Recuerdo algunas, en este momento. Abandono la idea. Pero no abandono la otra fantasía -el tipo de fantasía que uno dibuja con el objetivo de mantenerla a raya- donde una revista o un periódico o cualquier medio interesado en la experiencia urbana me contacta para preguntarme si estaría interesado en escribir una columna semanal o mensual o bimestral en la que yo escribiría sobre algo, alguna experiencia común, interesante para el "lector de a pie", y yo aquí interrumpiría al editor invitador para sugerirle, ¡espera!, ¿por qué al lector de a pie y no al lector en tránsito, el lector que como millones de otros se sube a un medio de transporte y comparte la experiencia común de padecer el accidentado avanzar que no lleva a ningún lado sino a la rutina? El editor invitador se deprime y cuelga.

*

En la preparatoria en la que estudiaba se publicaba un pequeño periódico de cuya redacción eventualmente formaría parte sólo para descubrir que mi ortografía era pésima -creo que no tuve una ortografía más o menos decente sino hasta la universidad- y en el cual, recuerdo, alguna vez se publicó un texto donde un estudiante había escrito una historia que giraba en torno a un joven que se subía a un colectivo y usaba calcetines blancos con zapatos negros. Se insistía mucho en esto pero nunca se hacía claro, se daba por entendido, que usar calcetines blancos con zapatos negros era naco. El texto, según recuerdo, así se titulaba: "calcetines blancos y zapatos negros". Cuando el editor del pequeño periódico pasó a mi salón para distribuir el número que le seguía a ese un compañero se quejó de la publicación en general y de dicho texto en particular -el resto de los textos eran más bien de opinión y este era el único, digamos, descriptivo, con aspiraciones literarias; un texto, recuerdo, que se demoraba en las atmósferas con una mirada que buscaba ser irónica (emulaba conversaciones, impostaba términos y tonos, acentos, el tipo de textos que imitan el "ay manito" citadino y el olor a garnacha en mor de una mal entendida autenticidad). El editor, un alumno de la preparatoria, contestó: ¡Ese texto pudo haber aparecido en cualquier suplemento cultural del país!

*

Abro el libro que leo mientras espero al Metrobús y temo humedecerlo con residuos del gel antibacterial que se ofrece gratuitamente a la entrada de la estación. Ahora que lo uso estoy más al tanto de todo lo que toco y no quiero tocar nada, incluyendo mi rostro o mi cabello. Padezco comezón en la cara todo el trayecto. Evito rascarme con las uñas o la palma y el dorso, que imagino más higiénico que la palma, no alivia gran cosa, o al menos imagino que no alivia gran cosa. Ya dentro decido no sentarme ("llevo todo el día sentado", calculo) y busco equilibrio contra uno de los pasamanos que se encuentran en el gusano que es el estómago del Metrobús, al mismo tiempo que acerco mi libro a mis ojos, aprovechando al máximo la luz. Antes de llegar a la siguiente estación, el Metrobús se detiene pero no lo hace por un semáforo sino porque algo le impide avanzar. Cuando noto que ha pasado demasiado tiempo y que algunos de los usuarios comienzan a impacientarse, me preocupo. Un atropellado. Un choque. Una manifestación. Una catástrofe. Me asomo por el gran ventanal al frente del camión y veo a dos uniformados cruzando la calle con apuración. Carajo, pienso. Carajo, me estoy imaginando cosas de nuevo; no son uniformados, o sí lo son, pero son meseros del Garabatos que está al frente. Pienso, por un momento, en Calcetines blancos, el texto malito de la preparatoria, de nuevo. Vuelvo a mi libro. Eventualmente, el Metrobús avanza. Me distraigo. Es la ironía y el ridículo. Me distraigo porque un Sport Billy en pants y tenis enciende su celular y le dice con una voz muy varonil: "Hola nena, ¿dónde estás?". Está hablando en serio, con toda la seriedad posible. "Ya pasan de las ocho y se me hizo raro que no me hablaras". Vuelvo, intento con todas las ganas, volver a la lectura pero él dice más tarde "Sí, ese día la regamos horrible, debimos habernos quedado en La ostra y luego haber ido al SPA. Hubiera estado increíble". El pensamiento cruza mi cabeza: quizá esto es la envidia. Estar leyendo un libro, sin nadie con quién hablar, y escuchar con odio y tirria la llamada casual que un enamorado le hace a su enamorada. Visto así, cualquier cosa podrá sonarme ridícula. Y entonces me animo: bueno, bien por él y la raza humana. Qué gusto que se encuentren y se hablen, decido. Qué bueno soy. Es bueno que vea lo bueno que puede ser el mundo. Y caray, es sensacional que se ejercite, este joven fortachón que carga con su celular y su bebida energizante, que encuentra el tiempo para hablarle a su novia. Dejo de leer. Miro al resto de los usuarios. Algunos leen. Otros están cansados. Son mis hermanos, los humanos.

Sunday, November 29, 2009

Fin de semana de soltero

"Quedarse en casa no es de ningún provecho. De ningún modo debe hacerlo".
Dostoievski, El doble.

Thursday, November 26, 2009

Caricaturizado

Leo a través de Facebook, ese lugar donde uno muestra su cara y lo que esté pensando, una cita de Houellebecq: "No es muy importante ser algo cuando uno escribe... Lo que nunca hay que olvidar es que lo que los demás piensan de uno no es problema de uno, sino de los demás".

Pero también, Coetzee: "La identidad no es un asunto puramente privado. No somos tan sólo nuestro yo secreto, somos también la caricatura que existe de nosotros en el espacio social".

Esto otro, de Sándor Márai: "La caricatura escondía a la persona que no podía o no se atrevía a mostrarse, puesto que uno no solamente es aquel que es, sino también su propia caricatura, invariablemente".

Cierto temor en el Metrobús

Anoche al salir del trabajo me dirigí a la estación del Metrobús. Cuando se acercó el que no se detiene en la Colonia del Valle sino el otro, el que pasa incluso más allá de la estación donde me bajo, hacia El Caminero, cerré mi libro, me levanté de la banca y vi por la ventana del Metrobús que se acercaba a una mujer de cejas tatuadas y rostro flaco que me hizo pensar en un galgo, la mirada fija hacia el frente. Dudé. La conocía. Me di cuenta de que era una loca junto a la cual me había sentado alguna vez. Permanecí sobre la plataforma hasta que se cerraron las puertas del Metrobús. Dejé pasar uno más, y otro más, y de ese modo no me subí hasta el tercero.

Tuesday, November 24, 2009

Mujeres

Leo en el cuento Serenade de Kevin Moffett:

Women jogging in place at intersections until the light changes, maintaining their heart rate, trying so hard, aspiring, succeeding. How clearly they are succeeding. Tiny headphones plug their ears. What is the secret? When the light changes so do they. There is no secret.

Más adelante:

I worry that women with dogs do not need me. I worry that women with children do not need me. Smiling women, women with talent, women with any talent whatsoever. I worry that women have a No Vacancy light they can switch on and off whenever they want. Lately all women I meet sound like my ex-wife. This may not be uncommon, except: I don't have an ex-wife.

Tempestad #69, Estéticas de la Catástrofe


A continuación, los contenidos:

LITERATURA
Como parte de nuestro dossier “Estéticas de la catástrofe”, Mauricio Montiel Figueiras analiza los relatos que han explorado los territorios de la distopía. En la sección de actualidad se reseñan libros recientes de László Krasznahorkai, Clarice Lispector, J.M.G. Le Clézio y Martín Caparrós.

CINE
“‘Héroes’ de nuestro tiempo” se detiene en seis figuras que materializan las ansiedades del presente: el zombi, el clon, el alienígena, el vampiro, el ciborg y el mutante. Gerardo Yoel y Alejandra Figliola reflexionan sobre la posición del espectador en el cine catástrofe. Una lectura de El listón blanco de Michael Haneke en la página 44.

MÚSICA
¿Música y catástrofe? Jeremy Glazier reflexiona sobre esa problemática relación en la música minimalista, especialmente en John Adams. En “Actualidad del arte” se revisan la reedición de la obra completa de The Beatles, las producciones recientes de Oumou Sangare y Marino Formenti y una grabación con piezas de Gérard Grisey.

ARQUITECTURA
Alejandro Hernández Gálvez estudia los significados de la noción de catástrofe en la arquitectura contemporánea. En la página 66, dentro de “Formas útiles”, se analizan las conexiones entre vivienda y ciudad en el complejo Linked Hybrid de Pekín, diseñado por Steven Holl Architects.

ARTES VISUALES
Ciertas tendencias catastrofistas en las artes visuales parecen operar en concordancia con el orden dominante, explica Benjamín Valdivia dentro de “Estéticas de la catástrofe”. La retros-pectiva de John Baldessari y exposiciones de Abraham Cruzvillegas, Ariel Guzik y Wolfgang Laib son reseñadas en la sección de actualidad.

ARTES ESCÉNICAS
Además de trabajos recientes de Àlex Rigola y Daniel Veronese, revisamos dos obras presentadas en el Festival Cervantino: Hamlet y El proyecto Andersen, de Meno Fortas y Ex Machina, respectivamente (pp. 34 y 35). Dentro del dossier principal, Noé Morales Muñoz medita sobre la problemática relación entre teatro y cataclismo.

A continuación, una de las portadillas interiores (el desplegado corresponde a las páginas 12-13 de la revista; a la derecha, una imagen de The Day of The Dead, con Bob, uno de los pocos zombis en la historia del cine zombi que tiene un diálogo; a la izquierda, un anuncio de Tag Heuer). Quizá les interese verlo a la luz del texto Ante el dolor de los demás de Susan Sontag, especialmente donde escribe sobre la famosa fotografía de Robert Capa en la que retrata a un soldado caer durante la Guerra Civil española y el modo en que fue presentada en la revista Life. Tanto Lawrence Weschler como John Berger tienen textos sobre el tema.


"The race is endless"

Pueden ver el número en línea, acá.