Wednesday, December 26, 2007

Sobre los deseos de desaparecer


El pasado seis de septiembre, Christopher Domínguez Michael apuntó unas cosas sobre un texto que escribió sobre Mann, aquí, en su blog de Letras Libres. Me acordé del texto del que habla ahí, de Pitol, sobre la lectura de éste de, creo recordar, La montaña mágica que, creo recordar también, leía cruzadamente con la correspondencia de Mann del periodo en que escribió aquél libro y que le tomó unas cuantas semanas. Esto, a su vez, me hizo pensar en Leo a Biorges, de Álvaro Uribe, que apareció en la sección "La Reflexión" del más reciente Cuaderno Salmón (6/7), un texto sobre el tiempo que le dedicó Uribe a la lectura del descomunal biografía-diario que hiciera Bioy sobre Borges (es un buen texto; vayan y compren la revista y léanlo). Pensaba, en fin, hacer algo así con algún libro-tabique que tuviera en mi haber (caso en cuestión, Las Benévolas); pero el libro de Littell no se presta para sumergirse. Me temo que es un buen libro pero no algo capaz de arrebatarnos de la cotidianeidad --al menos no para este lector.

Es verdad que anoto en mi cuaderno algunas cosas en las que pienso mientras leo el libro. Y aquí también. Pero no siento que desaparezco, cuando lo leo. Recuerdo que tuve algo de eso al leer 2666 (un libro incompleto pero más extenso que Las Benévolas y que terminé más rápido). Estoy pensando en llevar conmigo Las Benévolas, ahora que parto de viaje. Pero me pesará en la mochila. Quizá le arranque algunas hojas y ya está.

No leo Las Benévolas y me llora un ojo

No leo a Littell. Quiero leer a Littell. Me llora un ojo, el izquierdo. Tengo las manos frías. Escribo al tanto de que en estas líneas Eduardo o alguien que comulgue con su diagnóstico, confirmará que soy un fisicalista. Mi familia está afuera, hablan sobre el viaje... ¡a Disney! No diré que no me emociona, pues me emociona. Pero estoy enfermo. Me duele la cabeza. Y ansío una inyección: quiero estar sano para poder correr con mis primitos por los parques de DisneyWorld, para juzgar a los gringos en silencio, para juzgarme a mí mismo en silencio, para poner cara de que la estoy pasando en grande, a pesar de mi edad. Quizá en la puerta me recibirán con un "Hello little prince!" (me han dicho que si uno aparenta cierta edad, aunque quizá uno para ello debe ser niña, en la entrada de Disney le dicen: "Hello princess!"; cosa que me parece raro, en las ocasiones que he ido a Disney World nunca he visto eso).
No quiero ser irónico. Quiero pensar con la frialdad de aquél artículo en National Geographic que leí hace tiempo, Theme Park-Nation. Y tal vez, así, decir cosas interesantes. Algo que valga la pena leer aquí, en mi blog.
En este momento, vía MSN, Alejandro Vázquez me pregunta: "¿En serio irás a Disneylandia?".
Y le digo: "No, a DisneyWorld".
Lo raro es que cuando me veo forzado a decir que realmente iré, en seguida me justifico diciendo cosas como que voy con toda la familia y que es emocionante, ¿ven?, porque van muchos primos que son menores de edad y que seguramente lo disfrutarán porque nunca han ido pero la verdad es que de haberlo elegido pude haberme quedado. Por ejemplo: Las Vegas. Cuando mi familia va me niego a ir. Porque Las Vegas no me gustan. Aduzco que se trata de un lugar con mal gusto. Y no voy. Pero Disney.

Tuesday, December 25, 2007

A bout de souffle

"Haz como los elefantes, cuando estés triste escóndete" .
Jean Seberg en A bout de souffle

Toso, paso el Binotal con agua y trato de tomar aire. Es navidad y estoy enfermo. La noche anterior, la noche de paz, no fui a misa de gallo ni estuve en familia al momento en que se repartieron los regalos; estuve dormido, en una moderada paz, en una cama infestada de gérmenes, los míos, sorbiendo mocos toda la noche. Y ahora, con el nuevo día, salgo un momento de casa --de casa de mis abuelos-- y acompaño a mi padre a Celaya. Ahí, rentamos unas cuantas películas (El gran truco, Disturbia) que veo en estado vegetativo hasta que, finalmente, llego a ese momento en el que uno toma una especie de segundo aire y comienza a disfrutar la vida desde su enfermedad, saliendo un poco de la crisálida en la que ha estado invernando, escondiéndose, como nuestra personal y privada alegría de invierno.

Así, recostado ante el televisor, pienso en esas personas que parecen considerar una virtud moral el no enfermarse, personas que han leído, acaso, demasiado Nietzsche y mal, mientras veo la tercera película que rentamos --y que escogió mi padre. Es buena, supongo. Le he escuchado decir a personas que es una gran película por la relación que tiene el título con la edición y de cómo esto es la gran cosa, en la historia de la cinematografía (yo sólo lo había visto en una película de Woody Allen pero reconocí o recordé los comentarios de la gente bien culta y bien acá apenas vi el primer corte trunco de A bout de souffle, de 1960). Y aunque la disfruté enormemente, cuando terminó me quedé con una sensación similar a la que me produjo Les quatre cents coups de Truffaut que había visto unos meses atrás. La sensación es: estoy seguro de que estas películas significan algo, que tienen importancia, que fueron una especie de parteaguas en la cinematografía, pero cuando me cuentan historias, me gustan las historias que conmueven. Y sí, A bout de souffle tiene su encanto narrativo; tiene esas referencias al cine noir y uno no puede menos que enamorarse de la indiferencia de la chica newyorkina que vive en París. Pero estas son cosas, digo, que uno piensa mientras está recostado, enfermo, y mientras ve a Jean-Paul Belmondo boxear en pantalla, presumiendo que él prefiere el box a otros deportes --es raro, pienso también, cómo a alguien pueda atraerle el boxeo. Observo el gesto de acariciarse los labios, la nariz ancha, como la de un boxeador. ¿Habrá boxeado, Belmondo, alguna vez en su vida? Y pienso en Hemingway, sus seguramente hinchadas orejas, su nariz seguramente aplastada, su suicidio tontamente romántico.

A mí lo que más me gusta de Truffaut es que haya actuado en Close encounters of the third kind. Se me confunden, estos tipos, Truffaut y Godard. Creo que la consufión se debe a que la escena de A bout de souffle, la escena de la habitación, me hizo pensar no en Godard sino en Truffaut y en aquella vez en que Spielberg le presumía un set que habían construido para la escena de Close encounters... en la que llegan las naves espaciales. Y Truffaut levantó los hombros y dijo: Pues, está bien. Pero cuando construyeron el set de una habitación de hotel para la misma película, Truffaut dijo algo así como Pero si esto está muy bien, ¡esto es un set de verdad! En fin, mi cabeza.

Y este post, me percato ahora, podría dedicárselo a César Albarrán, a quien le fascina y vive el cine y, he visto últimamente, el boxeo, pero no el boxeo como tal, sino el boxeo a través del televisor y la literatura, la historia del boxeo y quizá, pero esto no lo sé, a través de la memoria. Así que eso César, te lo dedico.

Friday, December 21, 2007

Soy un incendiario

A veces Óscar me dice cosas chistosas. Al oído. No, al oído no. Eso es broma. Entre las cosas chistosas que me dice hay varias de ese tipo, bromas basadas en la seguridad que tenemos de nuestra sexualidad. Otras veces hace bromas del tipo sarcástico, pero son las menos de las veces. Esto es el tipo de cosas que le agradezco. Últimamente hace otra cosa, muy graciosa, donde me dice cosas como: "Fíjate que apareció un texto en La Tempestad", y añade, muy serio, "ahí donde trabajo". Y esto es gracioso, ¿ven? Del humor que me gusta, además, ligeramente autodenigrante pero, fíjense, un poco más complejo que el humor autodenigrante que yo nutro pues en este se da por sentado que a ambos nos vale un poco madres que trabaje en La Tempestad o que haya besado a Bárbara Mori en la boca, pues esas cosas, pues, valen madres, a fin de cuentas. "El otro día Nicolás", y pone esa cara, "ejem, Cabral", y sigue. Tantas horas de risa, caray.
Hace rato me pidió que le dedicara un post. Es el único amigo que tengo que me pide estas cosas. "Pero ya lo hice muchas veces", le dije. "Escribes más de David". Y yo: "Pero él es famoso". Y él: "Pues yo lo seré en el futuro".
Propongo un brindis por el futuro.

Thursday, December 20, 2007

Adiós felino.


Les digo que vayamos a la Patagonia


Domínguez Michael escribió un texto sobre Bolaño en el que habla de México como su Patagonia. Resalta que le tenía devoción a Bruce Chatwin, cosa que yo ignoraba, pero no se me haría raro (el cariño que Bolaño le tenía a los vaqueros, a los detectives, a los zombies y a los gángsters sólo se parece al cariño que le tenía Chatwin a los forajidos, como puede leerse en su libro de 1977 En la Patagonia, la primera parte del compendio Los viajes que publicó Altaïr Viajes en 2005). Pueden leer el texto de Domínguez Michael aquí, en su blog de Letras Libres. El texto se publicó antes en El Ángel de Reforma.

Los niños

Me llega el ruido de juegos, risas. Es mediodía, ya un poco pasado. ¿Habrán salido de vacaciones los niños? Me parece muy pronto. Pero están ahí afuera, jugando. Ah, la navidad. Qué bonito tiempo. Leo en la red cosas, ocioso. Las benévolas está aquí, a mi lado, a medio terminar. No lo leo. En cambio, leo sobre los libros que algunos autores leyeron para estas fiestas. Esto lo leo a través del Moleskine Literario de Thays. Y después, a través de The Guardian donde publicaron las respuestas de algunos escritores a la pregunta: "Y en estas fiestas decembrinas, ¿usted qué leyó?" Lo que Dave Eggers leyó fueron libros sobre genocidio en Rwanda:

I know this sounds like hopelessly depressing material, and of course it is. But Jean Hatzfeld's Life Laid Bare: The Survivors in Rwanda Speak (Other Press) is also very readable, and elegantly edited, and it humanises the witnesses to the Rwanda genocide in a way that almost no book or film has yet done. Hundreds of thousands read Ishmael Beah's wonderful A Long Way Gone (Fourth Estate), which brought us into the mind and soul of a child soldier in Sierra Leone, and if you made it through that book, you will make it through Life Laid Bare, a collection of oral histories from Rwanda's survivors. I truly believe there is no better way to understand those unspeakable months in 1994 than by hearing from the Rwandans themselves.

Todavía no termino su What is the what, la "autobiografía" de Valentino Achak Deng, uno de los "niños perdidos" de Sudán. Pero no sé si estoy de humor para leer algo así --dice Guillermo, quien lee Las Benévolas. Es raro: hace un par de navidades Julián Etienne se quejaba --pero no sólo él, es algo que leí en varias páginas de Internet y en varios blogs-- de que las librerías españolas recomendaban como lectura navideña libros sobre la Guerra Civil española. Nada como eso para entrar en ánimo festivo, decían irónicamente estos muchachos como Etienne.
Mientras, los niños han vuelto, ahora escucho que uno grita: "¡Corre, corre!" y la risa de una niñita. Estoy tentado a subir, a la terraza, para ver a qué juegan los niños de la privada.

Wednesday, December 19, 2007

Descanso de mi lectura de Littell

Leyendo el pequeño y ligero Sobre la melancolía de los sastres de Charles Lamb. De este señor yo había escuchado sólo a través de Steiner, quien escribió en su Errata: examen de una vida que, siendo niño, había leído su edición de Shakespeare. Rafael Vargas, el traductor y presentador de esta pequeña colección de ensayos (UNAM, 2004), me instruye un poco: no es una edición de Shakespeare propiamente, algo que no se entiende de la autobiografía intelectual de Steiner, sino una adaptación de algunas de las obras de Shakespeare a cuentos para niños. Además, explica Vargas, Lamb realizó estas adaptaciones con ayuda de su hermana, Mary. ¿Saben qué había hecho Mary Lamb nueve años antes de que hicieran esta adaptación? En un arranque de locura, había asesinado a su madre. Así las cosas.

Este es un dibujo de Charles Lamb realizado por Daniel Madise. Una versión, ligeramente distinta, aparece en mi pequeño ejemplar, realizado para Fraser's Magazine.
Vargas también explica que Sobre la melancolía de los sastres, el ensayo que le da título a la colección, fue escrito en 1814, el único que escribió en ese año. Después, unos seis años más tarde, fue invitado a colaborar con la London Magazine, una revista en la que también publicaban Carlyle, Hazzlit, Keats y De Quincey. Y Dios mío, es un gran ensayo, ¿saben? De esos que a uno lo ponen a pensar. Hay dos razones, de acuerdo con Lamb, por las que se puede hablar específicamente de la melancolía de los sastres: su carácter sedentario y su dieta. Cuando leía esto, pensé en el señor Felipe, el buen sastre que me ha hecho algunos bonitos trajes y sacos con telas de El Salón Inglés, en el departamento de caballeros de Liverpool. (Por cierto, alguien debería enseñarle a las personas de El Salón Inglés que esas dos palabras llevan acento; sin él, las etiquetas de los trajes se leen como "El Salon Ingles", y a nadie le gusta llevar ingles en su ropa).
Tengo un problema: visto las tallas que están perdidas entre las medidas para niños y para adultos. Abultado al centro, no en las extremidades, con poca estatura pero no tanta como para comprar en Baby Gap. Es terrible. Y sin embargo, este señor Felipe me ha brindado soluciones, todas ellas muy elegantes. Mientras leía el ensayo, imaginaba a mi sastre, sentado en su taburete, vestido con ese agudo sentido de la moda que posee. Y en efecto, son raras las veces que no lo encuentro en su estación de trabajo, dándole a la cosida. Las veces que no llegué a encontrarlo -para molestarlo con una valenciana o para escoger un nuevo corte- lo imaginé, con actitud cetrina y rostro cansado, comiéndose un sándwich o algo. Un tentenpié. Muy serio, este señor Felipe. A veces me pregunto si parte de la melancolía de los sastres no se permea a las prendas que confeccionan. Aquí arriba, modelo con cierta vanidad el traje de pana que me mandé hacer no hace mucho, en una fiesta decembrina. Es un traje espléndido, me da pena que no puedan verlo bien; pero pongan atención, es otra cosa la que quiero que noten. ¿Cómo es posible que cargue con ese rostro mientras dos excelentes amigos míos, viejos amigos, amigos de la infancia, pasan el rato conmigo? ¡Y en una fiesta! Con esa sonrisa a medio salir, la mirada ansiosa, como si tuviera ganas de no estar ahí, alguien podría decir con Lamb: "El mismo trago no parece animarlo, o por lo menos avivarle algún signo externo de vanidad. No puedo decir que nunca provoque una cierta hinchazón de su orgullo, pero nunca estalla. Incluso temo que pueda hincharse hacia adentro hasta un grado alarmante; pues el orgullo tiene un parentesco cercano con la melancolía". ¿Es que me ha infectado la melancolía de mi sastre? Me preocupo.

Sunday, December 16, 2007

Cierta sabiduría en Las Benévolas

Sobre el callejón sin salida al que uno entra después de la infancia:
Si estaba siempre observándome así, con aquella mirada distante, con aquella cámara crítica, ¿cómo iba a poder pronunciar la mínima palabra auténtica, hacer el mínimo gesto auténtico? Todo cuanto hacía se convertía en un espectáculo para mí mismo, e incluso reflexionar no era sino otra forma de mirarme en un espejo, Narciso de poca monta que me pasaba la vida haciendo monerías sólo para mí, pero que no me lo creía.
Blogs. Diarios "íntimos". Tercera persona. La sensación de que hemos experimentado todo ya, porque lo hemos visto en la televisión, lo hemos leído, escuchado. La agradable idea de llevar nuestra vida como si fuera una novela, casi sin responsabilidad. Escribo que escribo, etcétera.

Saturday, December 15, 2007

No leo a Littell

No es que haya terminado el condenado libro. No es ya no leo a Littell. Lo que pasa es que estuve ocupado. Hubo un momento del día en que cargué costales llenos de piedras redondas, de río. Transportándolas, como bestia de carga. Debe haber una manera oficial de cargar estas cosas, una combinación de usar músculos de brazos --en lugar de la espalda, digamos-- y de respirar adecuadamente, en lugar de jadear. Pero yo no conozco estas fórmulas. Ahora, a punto de salir a rockear en la noche mexicana, con esa sangre roja que invade mi cuerpo pero lo motiva, me duele la espalda. Las veo negras.

Thursday, December 13, 2007

Leo a Littell

Aún.
Pensé que lo iba a terminar esta semana.

Wednesday, December 12, 2007

Convergencia fácil




Leo Las Benévolas

Un rato, al menos. Por la mañana. Lo retomé. Anoche iba a escribir que no había leído nada. No sé porqué me esperé a que leyera al menos unas cuantas líneas, para escribir aquí. Harto, quizá, de ver el rostro de Vendela Vida. Pero no, no creo que sea eso. De las páginas que leí subrayé estas líneas. Creo que en el momento me gustaron mucho:
Me entraban deseos insensatos: tirarme a la nieve, ovillado dentro de la pelliza, y quedarme ahí cuando el tren arrancase, oculto ya bajo una fina capa blanca, un capullo de crisálida, que me imaginaba suave, tibio y tierno, como aquel vientre de donde me expulsaron un día de forma tan cruel. Aquellos ataques de hipocondría me asustaban: cuando conseguía recobrarme, me preguntaba de dónde demonios saldrían. No era algo que casara bien con mis hábitos. El miedo, quizá, me decía por fin. Pero en tal caso, ¿el miedo a qué? Creía tener domesticada a la muerte, y no sólo desde las hecatombres de Ucrania, sino desde mucho antes. ¿Era quizá una ilusión, un velo que corría el subconsciente para cubrir el grosero instinto animal, que andaba ahí agazapado?
Curioso que me gustara. No creo en el "grosero" instinto animal. Creo que existe el instinto animal, sí. Pero no creo que sea una cosa que, cuando está activado, sea necesariamente salvaje y sangriento. Quisiera ser un bonobo.

Thursday, December 06, 2007

Leo

Este libro enorme que me consume pero en el que me escondo. Es agradable visitar un universo una y otra vez, por unos días, avanzando poco a poco. A la vez, no tanto, pues leo Las Benévolas y comienzo a soñar con decapitaciones. Y supongo que son pesadillas pero no sufrí cuando soñé con esto, lo cual quizá deba preocuparme un poco. ¿Pero para qué preocuparme cuando puedo reír? Más, de Littell:
"Mire, desde mi punto de vista hay tres comportamientos posibles ante esta vida absurda. Primero, el de las masas, hoi polloi, que, sencillamente, se niegan a ver que la vida es una guasa. No se burlan de ella, sino que trabajan, acopian, mastican, defecan, fornican, se reproducen, envejecen y mueren como bueyes uncidos al arado, de la misma forma necia en que vivieron. Así es la inmensa mayoría. Luego están los que son como yo, que saben que la vida es una guasa y tienen valor para burlarse de ella, igual que los taoístas y que ese judío suyo. Y, luego, están, y si mi diagnóstico es correcto, ése es el caso de usted, los que saben que la vida es una guasa, pero sufren".
Ah, sufrir sin amargura. ¿Como en el limbo, en el vientre de nuestras madres, acaso?

Tuesday, December 04, 2007

Les digo que leo a Littell

Algunos eran, por lo demás, consumados fotógrafos, pero sus trabajos me dejaban un sabor de boca desagradable al tiempo que no podía dejar de mirarlos.
Jonathan Littell, Las Benévolas
Vero Testa, sin dejar comentario, mandó hace tiempo esta imagen al concurso de McSweeney's, el de las convergencias:Se estaba refiriendo a la serie de fotografías de la prisión Abu Ghraib, entre las cuales, destaca creo de manera más icónica ésta:
Al respecto, Lawrence Weschler escribió esto y refirió, igualmente, a esto. Estas convergencias las había visto ya, meses atrás, pero anoche que leía Las Benévolas, un libro en el que me he adentrado lentamente, lo recordé todo. Primero porque Littell sí decide transcribir el pasaje de Platón en el que me hizo pensar cuando escribí mi entrada de Noviembre 27 (más abajo), pero al que no llegué hasta anoche porque soy un lector lento y tonto. El pasaje, como ya había señalado Eduardo Charpenel en un comentario hace tiempo, en esta misma bitácora, proviene de La República y de creerle a Littell dice así:
Leoncio, hijo de Aglayón, subía del Pireo por la parte exterior del muro del norte cuando advirtió unos cadáveres que estaban tendidos en tierra junto al verdugo. Comenzó entonces a sentir deseos de verlos, pero al mismo tiempo le repugnaba y se retraía; y así estuvo luchando y cubriéndose el rostro hasta que, vencido de su apetencia, abrió enteramente los ojos y, corriendo hacia los muertos, dijo: ¡Ahí lo tenés, malditos, saciaos del hermoso espectáculo!
Temo que las cosas, en la novela, se van a poner cada vez peor. Como han de saber, está contada desde el punto de vista de un verdugo nacional socialista. En el momento de la trama en que voy, apenas se están mejorando los "métodos de exterminio", procurando poner a raya las pasiones que destapan en los soldados nazis las multitudinarias ejecuciones. Aquí, la tipificación, contada por el verdugo:
"Estaban, en primer lugar, esos que, aunque intentasen disimularlo, mataban con voluptuosidad; ya he hablado de ellos, eran criminales que habían salido a flote merced a la guerra. Estaban luego los asqueados, que mataban por deber, sobreponiéndose a la repugnancia, por amor al orden; y por fin, estaban quienes consideraban a los judíos como animales y los mataban igual que un carnicero degüella una vaca, una tarea grata o ardua según el humor o la disposición".
Pero, ah, el verdugo en cuestión no se identifica con ninguno de estos tres tipos. Sólo siente una comezón general por la búsqueda de respuestas: "una pasión por lo absoluto, y también, me percaté de ello un día con espanto, curiosidad: en esto, como en tantas otras cosas de mi vida, era curioso, intentaba ver qué efecto me iba a causar todo aquello".
¿Les conté de la vez que entré a YouTube buscando el video de la ejecución de Saddam Hussein? Tenía curiosidad. Y comencé a verlo pero cuando vi que le ponían el lazo al cuello tuve que cerrar la ventana. Sabía que si lo veía me haría, en algún sentido, daño. No hace mucho, sin embargo, entré al blog de un periodista de nota roja. Pasé el scroll rápidamente por encima de las fotografías más desagradables y me detenía solamente en los textos. Pero hubo un momento, recuerdo, en que me ganó la curiosidad: quería saber cómo reaccionaría si me detenía en alguna de las imágenes -era una mano cercenada de una señora que la perdió cruzando el periférico. Y comencé a aderezar la imagen con historias de terror y fantasía que conocía, en las que manos separadas buscaban volver a su dueño (recuerdo una vieja b-movie con Michael Caine que trataba precisamente de esto; se llamaba, si recuerdo bien, The Hand). Y sentí un poco de asco, pero en general no me pareció tan grave.
Me estoy preguntando seriamente si debo seguir con la novela. En este momento, quiero decir. Quizá más tarde me dé igual. Quisiera terminar esta actualización escribiendo "Qué horror" o "Esto es preocupante". Pero no me sale sincero.

Monday, December 03, 2007

La pista de hielo (otro paréntesis)

He estado pensando un poco en Bolaño, como lo hago cuando lo hago. De lo bueno, de lo exquisito, poquito. He estado ideando una entrada en la que hablo sobre lo que vi en el periódico, algo en las coordenadas de la entrada de esta Cecilia, a quien, han de saber, no conozco. Lo que vi en el periódico fueron imágenes de la inauguración de la pista de hielo que improvisaron en el Zócalo de la Ciudad misma que, seguramente, no visitaré ni conoceré, ni siquiera porque me parece exótica o rara, ni porque me parezca símbolo de una maldad mucho mayor de la que conocemos.
La pista de hielo no significa nada.
Su insignificancia no me hace pensar en el último círculo del infierno, helado.
Su intrascendencia, que algunos han de valorar, no me refiere a una fábula -como la de Bolaño, en la que un hombre del gobierno de una región (me pararía a revisar esto pero presté el libro, ya no recuerdo a quién) usa dinero del Estado para construirle una pista de hielo a una patinadora artística de quien, obviamente, está enamorado y quien, obviamente, no lo aprecia.
¿Saben en qué me hace pensar la pista de hielo de la ciudad de México? En las playas artificiales, en las ciclopistas, en todos ustedes y en la manera en que nada de esto será recordado mañana. Y esto, el tipo de pensamientos que uno tiene cuando rellena los espacios, en la regadera o en el tráfico, entre palabra y risa, no simboliza nada.

Amigos (un paréntesis).

Estoy feliz por ti. De verdad.
Pero creo que voy a ver la televisión.

Sunday, December 02, 2007

Leo Las Benévolas de Littell

En realidad no. No he tenido tiempo. Pero le tomé fotos en la FIL.
Aquí, dos autores famosísimos:

Y un alacrán:

Quien, han de saber, funge como editor de una buena, amigable editorial que posee libros donde se tratan temas muy sanos e interesantes. Como la amistad. Puro entusiasmo. Vean nomás la cara de Salvador.

Qué bonitas experiencias. Ya fui a la FIL. Ya escribí mi libro. Ya planté mi árbol. Me falta embarazar a alguien.


Tuesday, November 27, 2007

Curioso ejercicio


Leo Las benévolas. Escribe Littell:
A decir verdad, no queda gran cosa que me interese. La literatura, quizá y ni siquiera estoy tan seguro que no sea cosa de costumbre. Quizá por eso estoy escribiendo estos recuerdos; para activar la sangre, para ver si puedo aún sentir algo, si todavía sé sufrir un poco. Curioso ejercicio.
También escribe:
Yo quería cerrar los ojos, o taparme los ojos con las manos, pero al mismo tiempo quería mirar, mirar hasta hartarme e intentar entender con la mirada aquello tan incomprensible que tenía allí adelante, aquel vacío para el pensamiento humano. Desvalido, me volví hacia el oficial del Abwehr "¿Ha leído usted a Platón?". Me miró, cortado: "¿Qué?" -- "No, no, nada." Di media vuelta y me fui.
Hace meses que busco el pasaje donde Platón habla de un hombre que no podía dejar de ver cadáveres. Creo que está en el Fedro. La verdad es que no he buscado bien. Este hombre sabía que era desagradable pero no podía apartar los ojos, como cuando bajamos la velocidad junto a los accidentes de carretera. Pero no lo encuentro. Y pregunté. Y nadie recuerda. Y luego vengo y leo esto. Y me parece curioso.

Monday, November 26, 2007

Entrada 690

Esta es la actualización en la que les cuento que estoy a punto de salir a tomar una cerveza con un amigo al que no he visto en un par de semanas y en la que siento un dolor de cabeza que me da pie para recordar algo que me dijo Eduardo hace un par de días. Lo que dijo Eduardo y que hoy toca recordar y contar en esta entrada -pero, ah, ya se me ocurre otra cosa que contar- es que soy un fisicalista, o algo por el estilo; es decir, que, según él, escribo de acuerdo a mi estado físico y que éste rige mi estado de ánimo. Él, en cambio, es un cartesiano. En su momento ironizamos al respecto. La otra cosa de la que me acuerdo es que unas personas me contaban de sus blogs, de cuánto tiempo llevaban con ellos y cuántas entradas tenían y decían: ya llevo como trescientas en cuatro años, una cifra que me parecía minúscula y ridícula y que me obligó a decirles: Chavos, están chavos. Pero no estaban chavos, ya estaban bastante huevudos, estas personas mayores que me presumen, a veces, en mis recuerdos, de sus blogs.
Que me duele la cabeza, carajo.

Sunday, November 25, 2007

¡Lectores del mundo!

Además de los textos sobre los escritores -¡el de Cortázar los llevará a esas noches interminables de leer sus cuentos!, ¡esas buenas, alegres noches de formación!, ¡el extrañamente olvidado placer de la obsesión!- y los textos sobre, em, muebles, hay, en este número de esta buena revista un texto sobre Los libros de Homero, la editorial independiente dirigida por Jesús Salazar y el puñado de entusiastas que le acompañan. Encontrarán un juicio: la perla del presente catálogo es, comprensiblemente, Chita, de Lafcadio Hearn, una novelita excelente. Escribe Nicolás Cabral:
La sorprendente modernidad de esta primera novela, admirablemente traducida por Eduardo Charpenel Elorduy, se cifra no sólo en su casi cinematográfico zoom que lleva del paisaje natural al drama humano, sino también en las deslumbrantes páginas iniciales, minuciosas descripciones que, por momentos, ubican al grecoirlandés como un insospechado precursor de Robbe-Grillet, Saer o incluso Faulkner. Se trata de un Hearn anterior al célebre cronista del Japón, que en este relato ambientado en Nueva Orleans se muestra dueño de una prosa rítmica y dúctil. (Chita posee la portada más bella de la colección, un diseño de Lorena Gómez Mostajo).

Quiero ser humilde, pero.

Perdón si no les dije antes pero acabo de ver Gone Baby Gone. Y supongo también que como el tagline de la película es "Todo mundo quiere la verdad... hasta que la encuentra" debería hablar sobre cómo a veces lo que uno cree lo obliga a actuar en consecuencia -no, mentira, no lo que uno cree sino lo que uno sabe. Es más común, sospecho, actuar en consecuencia de lo que uno cree a actuar por lo que uno sabe, a dar ese último paso que no pide fe sino acciones firmes, de certeza. De condiciones absolutas. Pero no es esto en lo que yo pensé mientras veía la película que, ¿ya la vieron?, es genial. En lo que pensé fue en el flautista de Hammelin. Quizá porque acabo de escribir algo al respecto, de que es terrible, esta fábula, no porque uno sospeche que el flautista les hará algo terrible a los pequeñines vengándose, de algún modo -caray, probablemente la pasarán mucho mejor con el músico que con sus padres- sino porque han sido arrebatados, porque están siendo usados como la moneda con la que se paga una mala acción. También pensé en Platón y en la República y toda su sensatez y en cómo a veces las cosas más brutales están presentes en las vidas de los más inocentes. ¿Puede uno, realmente, llegar al cielo sin dejar de ser bueno, ser inocente como paloma pero astuto como culebra? Con qué fuerza y desesperación nos aferramos a la ilusión de la razón, de la sensatez, a la posibilidad de que con nuestras propias fuerzas y habilidades conseguiremos lo que nos proponemos, ser felices, fieles a nosotros mismos. Con cuánta debilidad nos entregamos a la humildad, a la certeza de que no lo podemos todo.

La sospecha

De que mi perra sufre de algún tipo de retraso mental.

Mírame a los ojos.

Verás lo que soy.
(Venía escuchando la canción en el auto, y es de noche, y tengo algo de alcohol en esa sangre mía, y pensé que sería una bonita actualización, esto de poner una referencia a Control Machete; pero ahora que veo esto pues me parece más como una graciosada de sábado por la noche).

Friday, November 23, 2007

Libros de Homero en Guadajalara

Se me eriza la piel del entusiasmo. Y sé que el tono es importante en estas cosas, cosas escritas, así que permítanme aclarar que lo digo sin ironía.

Thursday, November 22, 2007

Astonishing Stories

Qué: El All New McSweeney's Enchanted Chamber of Astonishing Stories, con historias de "género" escritas por autores como Margaret Atwood, Poppy Z. Brite, Daniel Handler, Charles D'Ambrosio, Heidi Julavatis (!), Joyce Carol Oates (!), Stephen King, Jason Roberts, Jonathan Lethem (!), Peter Straub, Steve Erickson, China Miéville, Ayelet Waldman y David Mitchel. Editado por Michael Chabon.
Cuándo: Hoy. Aquí, en mi habitación. Publicado hace tiempo, por Vintage, en 2004, dos años después del McSweeney's Mammoth Treasury of Thrilling Tales, también editado por Chabon (y que constituyó el número 10 de la revista). Y del cual ya opiné, aunque tangencialmente, algo aquí. Este volumen lo compré hace unos meses en Miami pero no fue hasta ahora que comencé a leerlo. Está buenísimo. Hay perlas como el cuento de Atwood, Lusus Naturae, que a la vez contiene perlas como esta frase: There's only so long you can feel sorry for a person before you come to feel that their affliction is an act of malice committed by them against you. También: Minnow, de Waldman, es genial.
Cómo: Se lee de izquierda a derecha, comenzando por arriba. Si prefieren, de noche, bajo las cobijas, con las ventanas cerradas y regresiones preadolescentes.
Al respecto: les puedo decir poco. Además del entusiasmo y de invitarlos a la lectura del libro que, bueno, como antología podrá a veces parecer desigual pero en general es perfecto, les comento que: hace tiempo David me prestó Belleza Roja de Esquinca. Y es un buen libro, también de "género". Tipo policiaco-aventuras de periodista-con algo de ciencia ficción. Y hay una parte en esa novela en la que una femme fatale, o algo parecido, asiste a una exposición de fotografías que representan sesiones de bondage y en las que ella posó. Y miren nomás lo que encuentro en Zeroville, el cuento que presenta Erickson en este libro: "A young Japanese model arrives one day at an art gallery showing an exhibition of bondage photos for which she's posed". Fregón, ¿no? Algo más: ¿ven la portada? Cuando la vi por primera vez pensé que era una onda así de un culto siniestro o algo por el estilo. Pero entonces me di cuenta de que los sacerdotes esos en túnicas eran, en realidad, ¡las tres Moiras griegas! ¡Cloto, Láquesis y Átropos! ¡Oh! ¿Checan el detalle de la tijera? ¿A poco no está padre? Ay, cuánto debemos a Poe y Lovecraft. Cuánta felicidad.

Tuesday, November 20, 2007

Noticia

En Central Park, hace unos días, el halcón que vive ahí atacó a uno de los muchos chihuahueños citadinos diseñados para llenar agujeros sentimentales. Me contaron que esto salió en las noticias, hace como una semana. He intentado confirmarlo. Pero en la red sólo he encontrado artículos de cómo este tipo de cosas son leyendas urbanas --esto de que aves rapaces ataquen animales pequeños, en las ciudades. Todo esto me recordó a la persona que fui, en septiembre de 2004.
Curiosamente, horas después de haber escrito el párrafo anterior, me dio por leer algo de Tintín y después de leer Las siete bolas de cristal (que no recordaba era una historia en dos partes) le di a la continuación, El templo del Sol, de donde saqué la imagen. ¡Obsesiones! Estoy seguro que si leyera más cosas de mi infancia daría con muchos otros gérmenes de las cosas que hoy me interesan.

Monday, November 19, 2007

Mi cabeza

Funciona así: al terminar y subir la actualización anterior me percato de que no me detuve a reflexionarla y por eso salió como salió --no me gustó como salió. Tengo la sensación de que esa actualización es un viaje que inicié y que ya estoy saliendo de casa, tomando el taxi, rumbo a la estación de autobuses y en el camino comienzo a enlistar las cosas que he olvidado, o no, en casa (¿apagué el gas?, ¿traje calzones?, ¿tiene comida Refu?, ¿traje desodorante?), porque eso es lo que uno hace cuando sale de casa. Al llegar a la estación me doy cuenta, por supuesto, de que debí decirle al taxista que me llevara al aeropuerto.
Lo que olvidé en la actualización anterior, el punto, es que en la National Geographic se habla de una metáfora y que acabo de recordar ahora que platicaba con Alejandro Vázquez, vía MSN. En el artículo se hablaba de la falsa metáfora que tenemos de la memoria como un registro infalible. Sabemos que las cosas están ahí, aunque no las podamos recordar, por eso nos frustramos. Como un disco duro, decían. Como una bitácora. Una biblioteca. Pero la verdad es que las metáforas usadas para hablar de la memoria (tan vastas) a menudo tienen que ver con sumergirse en lugares oscuros, con cavernas o bóvedas, con castillos habitados por recuerdos locos, por bodegas subterráneas regenteadas por homínidos que no siempre hacen lo que les pedimos, como traernos los registros (a menudo echados a perder) que son catalogados por ellos mismos, bajo tierra, en pasillos largos y oscuros y húmedos y que poco tienen que ver con registros en discos duros.

Esta actualización iba a estar mejor pero mi cabeza

Creo que estábamos regresando de la playa o me estaba explicando cómo se escribía sahuaro en el jeep, no recuerdo precisamente cuándo, pero en algún momento, en la carretera, David me explicó, también, cómo es que uno de sus mejores amigos se dedica a desarrollar tecnología, o esto es parte de su trabajo, o esto se deriva de su trabajo, no recuerdo bien, pero en fin, se dedica a algo que tiene que ver con la mejoría de memorias. Estábamos hablando de mi Ipod, creo, y de cómo era distinto al suyo porque el suyo tenía un disco duro, una pieza que se mueve, mientras que el mío no, porque en parte funciona a base de flash memory. Y pensé: vaya, pues eso está muy bien. Pensé en cómo el movimiento es siempre lo que descompone la materia y asumí que tecnología que funcionara con menos movimiento o con un movimiento más sutil, pues, estaría mejor.
Más tarde, habiendo regresado de La Paz, pues fuimos a La Paz, y, un par de días más tarede, estando en camino a la casa de campo, pues fui a la casa de campo, leí el texto sobre la memoria que publicaron en la edición de noviembre de National Geographic. Está muy bueno, aunque no me gustó mucho la conclusión que se infiere (es mejor, parece decir el autor, Joshua Foer, que uno olvide a que uno recuerde porque con el recuerdo uno está en deuda, en cambio, con el olvido, uno está prácticamente libre de todo; chafa). Total que estaba leyendo este texto y entonces me topé con esta fotografía.

Se trata de Fernando Nottebohm, un biólogo de la universidad Rockefeller (!). El pie de página explica que este señor ha estado realizando una investigación inspirada en los canarios (!!) con el objetivo de hacer algo que, se creía, no podía hacerse: producir más células cerebrales. Aparentemente, los canarios reemplazan las células cerebrales que usan cada vez que aprenden algo complejo, como una canción o una ruta de vuelo.

Iba a escribir más sobre todo esto, recuerdo que tenía una gran idea para esta actualización, posiblemente hermanaría mi no tan vieja obsesión con los pájaros y con esa foto y con el asunto de la memoria. Pero, en fin, llegando a la casa de campo no hice anotaciones y lo olvidé todo y me dediqué a leer sobre otras cosas y, en fin, ya saben, uno se distrae. Pasó el fin de semana y regresando, en el camino, me puse a escuchar mi Ipod. Ahora se salta algunas canciones y otras sólo las reproduce como a la mitad. No es tan grave. Pero esto: presten atención: estoy escuchando una canción y como está en shuffle pasa a una canción, una que será una sorpresa porque yo no recordaba haberla quemado o bajado o comprado ni nada, sólo es una canción nueva o que parece nueva, para mis oídos. Seguramente me la pasó Alejandro Vázquez, pues es el tipo de cosas que me pasa, pero ya no estoy tan seguro. La canción, de los Flaming Lips, trata sobre un tipo que tiene un pene que se quita y se pone y entonces habla sobre cómo esta pene -quita - pon a veces le viene bien y a veces no, a veces le causa problemas, como cuando sale a fiestas y lo pierde; como acaba de suceder. Así que el tipo habla al lugar donde fue la fiesta para ver si el pene está ahí pero no, no está. ¿Y ya buscaron en el lugar donde guardan las medicinas? Por alguna razón a veces pone ahí su pene, pero no, tampoco está ahí. Así que hace unas llamadas más y está comenzando a preocuparse, realmente, porque nadie ha visto su pene y comienza a sentirse menos hombre. Pues aunque a veces agradece la posibilidad de quitárselo, especialmente cuando sabe que puede causarle problemas el traerlo consigo, ahora se siente incompleto. Le gustaría poder ir al baño sin tener que sentarse. Y la canción sigue así, contando las desventuras de este hombre y su pene quita-pon (más tarde lo encuentra), y me deja pensando, esta canción: ¿no es increíble cómo funcionan nuestras cabezas?

Friday, November 16, 2007

Recomendamos

Dejar la red un rato. Dos, tres días. Gran cosa.

Tuesday, November 13, 2007

La Navidad llegó a mi casa

Es el tiempo en que la gente está más unida, en casa, con más problemas de comunicación y también el tiempo en que subo corriendo a mi cuarto a punto de reventarme una rodilla porque me tropiezo y al llegar abro una caja donde guardo fotografías --una caja que en algunos años será un anacronismo porque ahora todo es digitial-- y bajo corriendo a la sala y demonios, algunas casas todavía no quitan sus adornos de Halloween y en la cartelera aún hay películas de horror pero en mi sala, no, en mi sala lo que hay es un árbol de Navidad esperando pacientemente. Estas cosas, mi madre se las toma muy en serio.
Vuelvo a la computadora que, han de saber, está aquí abajo, en el estudio de mi padre. Desde aquí puedo oler la fragancia falsa que se desprende del pino falso. Mi hermana está aquí, "bajando" unas fotografías que le pedí. Me dijo que su novio, estacionado temporalmente en NY, le mandó unas fotografías "bien padres Memo". Unas fotografías de mascotas disfrazadas. Y pensé: Oh. No sé realmente lo que pensé. Me hizo, supongo, gracia. Pero también pensé, inmediatamente, en el material que esto constituiría, ¡para la presente actualización! Pues, verán: "Lo único que pasa en mi vida, es mi blog", dijo Cavallazzi. Qué tipo tan exagerado.
Total: había una imprecisión. Creí que las fotografías que tanto entusiasmaban a mi hermana las había tomado él, su novio, pero lo que en realidad había hecho este buen muchacho fue mandar unas fotografías que encontró en la red. Como esta.
-Pero, ¿estas fotografías las tomó él?
-Este... No. Digo. Algunas las tomó él. Pero me mandó estas de gente que las sube.
-¿Gente que las sube?
-Ajá. Que las sube.
-A ver, enséñame de las que te mandó él.


-Es un perro supermán, me explica, comprensiblemente, mi hermana.
-Ya. Las otras están padres.
Iba a escribir largo y tendido sobre este gesto antropomorfizante de las parejas dinky, de las oportunidades que presentan los días feriados, de aquella amiga de mis hermanas, amiga de la infancia, que le hacía fiestas de cumpleaños a sus perros, de aquella conocida que le lavaba los dientes a los suyos y lo iba a hacer bien, con cierta precisión, cierta ironía. Iba a darles a todos ustedes una lección. Pero, ¿para qué? ¿No está disfrazar a los perros y a las mascotas en las fiestas dentro de nuestros planes, mexicanos de clase media, individuos aburridos de sus propias vidas, que buscan emoción y aventura? ¿Ah? ¡¿Ah?!
Refu les desea una feliz navidad.
(Ayer comí cabrito y cené como cerdo y ahora me siento como boa).

Monday, November 12, 2007

Viernes 13



Mañana, martes trece. Viernes 13 es una película. Según Peter Doig es la inspiración para algunas de sus pinturas. Peter Doig hace esto de no pintar paisajes desde el paisaje mismo sino a través de fotografías o imágenes que vio en libros o películas. Caso en particular, Canoe- lake, de 1997 y Echo-Lake, de 1998, ambas inspiradas en la película de horror. También: no es que pinte la escena, o la fotografía, para representarla con fidelidad, sino que hace varias versiones de la escena hasta que se hacen otra cosa. Estas dos me hacen pensar en la pintura de Millais, del mito de Ofelia. Y ya, cierro mi muy informativo Art Now, lo devuelvo a mi librero, subo esto y me voy.

Sunday, November 11, 2007

Pessoa

Se dice que Viernes 13 y Halloween tienen la moraleja de que si tienes relaciones pre-maritales mueres. Película para célibes. The Chainsaw Massacre, por su parte, es para vegetarianos (pero también aplica: sexo = muerte). Y creo que también sirve para drogas. Fumas mota, puñalada. Scream: ¿cuál es la moraleja? ¿Si eres idiota, mueres? ¿Cómo funciona esto? Si eres una adolescente zorra, mueres; en todas. Pero además, conforme pasan los años, las reglas se hacen cada vez más restrictivas. Tengo la impresión de que en Scream la regla es que si eres un personaje autoconsciente de tu rol en la película, mueres. Alguna vez le escuché decir a un comediante que Forrest Gump tenía la lección de que, como en las películas de horror, si usabas drogas y cogías mucho, morías.
El viernes, en el centro, en el bar San Remo, donde una pared está adornada con un papel tapiz que representa un bosque --un bosque que se parece, o me hace pensar, al menos, en algunas escenas de Viernes 13-- y donde todo está iluminado con un rojo cutre y decadente, Óscar tuvo a bien sugerirme ir a ver la nueva versión de Halloween, de Rob Zombie. Pensó que me gustaría porque sabe que me gustan las películas de terror. Hoy la fui a ver, me gustó. En un sentido, claro. Es el tipo de películas que dan para comentarios sesudos, como el que uno de los Krauze escribió aquí. Pero no estoy seguro de que me haya "gustado" por ello. Me gustó porque me espantó. También me gustan las montañas rusas. En fin. Es verdad que también me hizo pensar en tragedias griegas y en lo mucho que grita mi hermana (porque fui con mi hermana y un amigo quien no gritó pero estuvo muy inquieto), y en Pessoa. Aquí está la foto que un tipo le tomó a todas las máscaras que conforman su colección de máscaras de Mike Myers.

Es el tipo de cosas que uno encuentra en la red. Estas cosas, ¿no dan miedo? (Mi hermana, lo juro, acaba de entrar a mi habitación para decirme que todavía tiene miedo; lo dice con una vocecita, una vocecita que conozco bien, que me hace dudar de que lo diga en serio; quizá sólo quiere platicar; pero yo no quiero platicar así que sólo le digo: "Qué mal". Se indigna. Se va.) Ya no sé sobre qué escribir. Esta entrada no tiene mucho sentido. Fui al cine, la pasé bien. El viernes salí por la noche, la pasé bien --en algún momento, incluso, me sentí en Los detectives salvajes. Fin de actualización.

Aquí, un corto de Eli Roth para Thanksgiving, una película que no existe y que es una especie de homenaje/broma a Halloween. El corto es horrendo. Eli Roth es el director de Hostal, Hostal 2 y pronto Cell.

Más sobre el Códex

Adriana, quien lee periódicos con más regularidad de lo que lo hago yo, me mandó esto de El País. Es un texto más informativo que el que apareció, hace tiempo, en The Believer. Mientras, el Códex Seraphinianus, mi copia, descansa en mi habitación detrás de unas revistas, preguntándose cuándo me darán ganas de verlo de nuevo. El libro sin sentido más bello que conozco. En un cuento de Lovecraft, recuerdo, un hombre se vuelve loco por las imágenes que ve en un libro. Pero con esto no quiero decir nada. Sólo informo de las cosas que recuerdo. Tengo hambre.

Saturday, November 10, 2007

¡Nueva entrada!

Seguramente hay algo de lo cual podría escribir el día de hoy, he vivido muchas cosas y todas son emocionantes, incluso entretenidas.

Thursday, November 08, 2007

"Blogger"

Desgarrarse a la vista de los demás. Mirar cómo Mahoma se destripa, mostrándonos, en un close up pornográfico de labios abiertos, para escandalizar. Lo banal. Lo todo iluminado. En un círculo del infierno.

Hoy escuchaba que alguien leía Romance sonámbulo, el famoso poema de Lorca que inicia con aquello de Verde que te quiero verde... y pensé en sexto de primaria, cuando lo leímos en clase y el profesor nos pidió que hiciéramos nuestro propio poema. Después nos pidió que leyéramos algunos de nuestros versos. Un compañero me molestaba mucho entonces, era más fuerte y malicioso que yo y aquél día se levantó y leyó: Memo que te quiero grande. Entonces, cuando todo el salón reía, me pregunté cuántos años más tendrían que pasar para que dejaran de molestarme por ser chaparro. Hice un cálculo pero a la vez estaba pensando en su verso --siguió con su poema, pero ya no le estaba prestando atención, o eso creo recordar-- que era ligeramente homoerótico. ¿Por qué me prestaba tanta atención este chico? En fin, en estas cosas pensaba mientras escuchaba la lectura de Romance sonámbulo y cuando llegaron a ese verso que dice ¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? por alguna razón pensé en Mahoma. Y pensé en esa tontería de contar cosas "nuestras", como si tuviéramos un interior, pero siempre interpretando un papel. "Este es mi recuerdo de alegría", contamos con alegría. "Esta es mi memoria de una humillación de infancia", contamos con cara de ser interesantes. Es agotador. De esto escribiré más tarde, me dije. Y pensé, inmediatamente, en una pintura de Jim Woodring que había visto unos meses antes, en su blog.

Hace poco subí más fotos a mi Facebook. Ahora tengo Facebook. Fotos mías y de amigos y amigas y de lugares en los que he estado. ¿Para qué? ¿Cuál es el gran ojo ante el cual bailamos con tanta desesperación? ¿A qué le hago tanto a la mamada? No son ustedes, ciertamente.

Todos ustedes

Me tienen harto.

Wednesday, November 07, 2007

Miren cómo soy malo

UNAM, casa de los jóvenes de conciencia social abre, de vez en cuando, sus puertas a personas como yo. Personas que compran café en los puestos que hacen buen café pero, de algún modo, se lamentan que parte de ese dinero vaya a dar a instituciones que apoyan causas de las que alguna vez escuchaste, en el periódico o la radio, o la televisión, pero que ahora has olvidado. ¿Saben dónde está la gente que recuerda estas causas? En la UNAM. Todas y cada una de ellas. Esta gente, muele café con el firme propósito de cambiar el mundo.
Ah, el trópico.
Así que estás en clase y están discutiendo cosas sobre Paul Ricoeur y luego terminan de discutir estas cosas y todavía queda tiempo en la clase. Un compañero --así nos llamamos todos en la UNAM: compañero-- dice: "¿Por qué no aprovechamos el tiempo que queda para hablar sobre Tabasco?".
Le pregunto a un amigo que está a mi lado: "¿La salsa?"
Y mi amigo se ríe, porque esto que dije es moderadamente ingenioso, pero inmediatamente me siento mal por esa tendencia casi natural que me sale a veces, de trivializar la conciencia social de los demás. No tengo excusa: yo creo que hablar sobre una situación no es una pérdida de tiempo. Pero igual lo trivializo. ¿Por qué? Porque soy un malote. Al final, nadie se quiere quedar y nos retiramos.

Tuesday, November 06, 2007

Dizque sosias

Iba a escribir una actualización enternecedora, de mis tiempos en la universidad. Comencé a hacerlo pero la borré. Seré directo. Una vez, Julián Zárate y yo le dijimos a Víctor que se parecía a Vila-Matas. Se lo dijimos un poco en broma, a sabiendas de que entonces --y quizá aún-- Víctor adoraba a Vila-Matas. Pensamos que le gustaría saber, aunque fuera en broma, que pensábamos que se parecía a Vila-Matas. No sé si ya conté o no esta anécdota. Misma que, en mi cabeza, es muy cercana a la de nuestra amiga María Tinajero; por varias razones. Ninguna de las cuales, extrañamente, puedo decir ahora.
Víctor, siendo Víctor, corrió cuando tuvo la oportunidad para decirle a Vila-Matas que unos amigos suyos pensaban que se parecían. No se imagine más la cara que puso el catalán, véalo usted mismo.


(Víctor Isolino es el de la lengua de fuera, el de la derecha; Vila-Matas es el de cara de que ya se quiere ir).

Monday, November 05, 2007

Cierta sabiduría en Paul Ricoeur

O el agua tibia. No lo sé. Dice: "El amor, tal como lo ha forjado nuestra cultura, camina entre dos abismos: el del deseo errante y el de una voluntad hipócrita de constancia, caricatura rigorista de la fidelidad".

CS 6-7

Para más información, aquí. Que si no quieren información y sólo lo quieren en sus ansiositas manos, corran con sus cien pesitos a la librería más cercana que tengan y ahí pregunten. Está buenísimo, caray. ¡Buenísimo!

Sunday, November 04, 2007

Felicidad: padres e hijos

Cuando un lector no disciplinado viaja lleva más de un libro en la maleta o quizá no uno indisciplinado sino uno que se conoce muy bien, que está al tanto de sus distracciones y debilidades. Para un viaje de tres días el lector no disciplinado del que hablamos, del que se conoce algo, lleva consigo un par de revistas, un libro de cuentos de Lovecraft, el nuevo libro de cuentos de Villoro y eso es todo. Termina el libro de Villoro, no abre el de Lovecraft, no abre una de sus revistas pero termina la otra en la que lee una columna de Hornby donde éste habla sobre sus lecturas y los libros que ha comprado últimamente y es un número viejo, de esta revista en particular, de septiembre de este año, y en la columna, por ello, aún se habla con novedad sobre The Road de McCarthy y con emoción, tal vez, pero también con una especie de advertencia: este libro es doloroso y difícil de leer, parece decirnos Hornby. Especialmente si te tratas de un padre.
Así que eso pasa una noche y al día siguiente el mal lector que nos ocupa se escapa de San Miguel Octopan con su padre para ir a San Miguel Allende donde conoce una librería que se especializa en darle de leer a los muchos Gringos Viejos que ahí habitan o están de paso y como el lector que nos ocupa es una especie de Gringo Viejo, sólo que sin ser viejo ni gringo, se siente muy agusto en la librería y muy contento cuando finalmente da, después de toparse con otro par de libros que buscaba desde hace tiempo, con The Road. Después, camina de vuelta al jardín frente a la iglesia, donde lo espera su padre, y platican un poco sobre todo nada y sobretodo la pasan a todo dar. Después, cervezas y martinis en un bar.

Replicante número 13


¡Mitos y leyendas! En el nuevo número de Replicante. ¿Escuchan los tambores de guerra, a lo lejos? ¿Las marchas? ¿Los relámpagos de la tormenta que se avecina? ¡Pronto, cerca, uajujúi!

Thursday, November 01, 2007

La casa en la que me escondo

Le pregunto a un amigo sobre qué debería escribir ahora, no en general sino aquí, en la bitácora electrónica. Así que mi amigo me dice que escriba sobre él. Y le digo que no. Entonces me dice que escriba sobre una mascota, la suya, así que le digo que no. Después me propone otros tres tópicos, pero ninguno de ellos me parecen el tipo de cosas sobre las que debería de escribir ahora (son tres personas distintas, a todas las aprecio de distinto modo; pero caray, mi cariño por estas personas es tal que no me gustaría reducirlas a una historia o a una anécdota pues --no sé). ¡No sé por qué! ¡En realidad no lo sé! Es extraño pero a la vez me parece genial, mi incapacidad para escribir sobre ciertas personas en ciertos lugares.
Y repentinamente, zas, algo me llega: quiero escribir sobre mi hermana y mi primo. ¿Qué significa esto? ¿Que tengo una anécdota a la mano o que no me importa usar a estas personas? La anécdota es: estoy aquí, sentado en la sala de la planta baja de la casa. Y mi hermana baja. Sé para qué baja. Quiere preguntarme si la puedo acompañar a ver una casa que adornaron especialmente para esta noche, noche de Todos los Santos. ¿Esto es correcto? Todos los Santos. No creo. Subo rápido para preguntarle a mi madre y me dice que hoy es el día de los Muertos Chiquitos. ¿Muertos Chiquitos?, le pregunto. "De los que murieron siendo niños", me dice. "Sí, pero, ¿tiene un nombre?", le pregunto. "Algo así como Los Ángeles Pequeños, no sé", me dice. No es de mucha ayuda. Leí en algún lugar que es noche de los Fieles Santos pero tampoco estoy tan seguro. En fin, mi hermana baja para preguntarme esto pero no me pregunta porque no me encuentra. Entra al estudio de mi padre, que está a unos pasos: no estoy ahí. Guardo silencio y dejo de teclear, no quiero que se de cuenta de que estoy aquí así que la dejo buscar y cuando me llama no contesto porque la verdad es que no quiero ir ni con ella ni con mi primo a ver esa casa adornada. Pereza, no hay mayor explicación.
Al poco rato la veo regresar de la calle, en compañía de mi primo. Todo esto sucedió hace unos quince minutos, yo estaba aquí, a solas en la sala oscura de la planta baja --es una casa grande. Cuando regresa decido, finalmente, llamarla para preguntarle cómo le fue. "Ya habían quitado todo", me dice, cabizbaja y pienso Pobre Santa Inocente pero no se lo digo, sólo lo pienso y cuando minutos más tarde me pide ayuda para reacomodar su cama en su habitación, subo corriendo, brincando dos escalones a la vez y la hago reír con tonterías porque quiero que sepan que a pesar de que la anécdota trata sobre mi hermana y sobre mi primo, quiero mucho a mi hermana. Y a mi primo.
Cambiando de tema: el amigo que me sugirió temas que no usé para esta entrada me acaba de mandar un video de Iron Maiden, el de la canción The Number of the Beast. Comencé a verlo. Sale un hombre lobo. Y luego salen cosas así como del diablo. Iba a ilustrar esta entrada con una portada de un disco de Iron Maiden, pero a la mera hora me dio como asquito. Y es raro, el mismo amigo --todo este tiempo he estado hablando sobre David Miklos-- me dijo hace unos días que la imagen que está abajo, la del zombie de Land of the Dead (la película más reciente de Romero), le daba asco y que le impedía leer esa entrada. Lo decía medio en broma, pero, igual, ¿no les suena raro que me mande videos bien acá, bien merol, pero le de "asquito" un pinche zombie? No entiendo a ese muchacho. En fin. La ilustración, de Blake, la encontré escribiendo en Google: "Iron Maiden Number of the Beast".
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Varios minutos después: Algo. Malo. Y. Terrible. Sucede. Con. La. Red. No. Puedo. Subir. La. Imagen. De. Blake. Todo. Está. Lento.

Wednesday, October 31, 2007

Lista

1. Escribir el texto sobre Chris Ware
2. Terminar Pelando la cebolla
3. Leer Los culpables
4. Reseñar Los culpables
5. Actualizar la bitácora satisfactoriamente
6. Seguir con la novela
7. Seguir con la tesis
8. Arreglarme los pantalones
9. Sentar cabeza

Deberes: 1, 2, 4, 7, 8. Deseos: 3, 5, 6, 9.

Tuesday, October 30, 2007

Gorila

O el hombre cromagnon. ¿Cómo se escribe? Según David se escribe cromañón, pero no me suena. En este momento lo está revisando. Yo debería revisar ese cuento de Lovecraft --y diablos, tengo aquí el libro, aquí a lado-- pero es raro, cuando uso esta madre, este "blog" como dicen, es decir, esta "bitácora" electrónica, me vale un poco madres cómo se escriben las cosas o quién las dijo y sé que no debería ser así, que debería ser más responsable. David siempre me está regañando por esta tendencia rara de los mocosos y sus blogs que no hacen el fact-checking. Ya lo revisó, David. No está aquí, David. Está allá, en su casita, y me manda un mensaje instantáneo en el que me dice: "Se escribe cro-magnon", ya muy seguro de sí mismo. Pero bueno, yo hablaba de mi tendencia salvaje a escribir a lo salvaje mientras estoy aquí, en esta madre que tiene, rara cosa, la apariencia de ser rápida y efímera cuando probablemente no sea así, precisamente no ésta cosa, mi "blog", que me va a sobrevivir, caray. Y quizá sobreviva a mis hijos, para eterna vergüenza de ellos. Si llego a tener hijos, esto es. En fin. Hablaba de eso y así pero tal vez debería, en lugar de ponerme a hablar de esto, investigar cuántas son las personas que creen que el buen Óscar parece o no un gorila, en esta foto. Según él son dos. Pero, tal vez, sean más. Muchas más. Y yo aquí sin saber y escribiendo al aire.
David ya se emocionó. Sigue aquí, vía MSN, y ahora me manda una entrada de Wikipedia sobre el hombre cro-magnon. Quizá debería detenerme para ponerme a leer al respecto o para, de una buena vez, abrir ese cuento de Lovecraft en el que se habla sobre uno de los eslabones perdidos, o esforzarme en recordar esa vez que, en Alemania, me llevaron a un museo cerca de Düsseldorf donde, recuerdo, se encontraron los restos de un hombre. Diría que fue el hombre de Neandertal, pero ni siquiera sé si estoy escribiendo bien "Neandertal" o si era ese el hombre cuyos restos habían encontrado ahí --o si puedo o no decir "hombre" y debería, en su lugar, escribir "homínido" o algo parecido. Son tantas cosas las que ignoro. Tantas. Sólo recuerdo que había muchos maniquís, en aquella exposición, que hacía frío, y que todos los maniquís tenían la boca abierta, y que el suelo estaba alfombrado y que no entendía nada porque todo estaba escrito y hablado en alemán.

Monday, October 29, 2007

Elemental, mi querido Watson


Creo que ya ha pasado suficiente tiempo para que éste no sea un texto "coyuntural". Suficiente tiempo desde que Lovecraft escribió su Herbert West-Reanimator, claro. Esta serie de cuentos fue escrita desde septiembre de 1921 hasta junio de 1922 (según explica S.T. Joshi) para la revista humorística Home Brew bajo el título Grewsome tales.

Trata sobre un médico a la Frankenstein obsesionado con otorgarle vida a lo inerte a través de una inyección de un líquido determinado y bajo la creencia de que la vida es sólo una cuestión mecánica. De eso y sus aventuras y desventuras. Es un gran cuento (S.T. Joshi afirma que es de los que menos le gustaron a Lovecraft pues los escribió sólo por encargo). Pero también se trata de uno de los cuentos en los que seguramente Houellebecq, en su ensayo sobre Lovecraft, se basó para afirmar que Lovecraft era irremediablemente racista (un poco, debo decir, como Houellebecq mismo). Creo que el tercer cuento de esta serie, Six shots by midnight, es determinante. Gran parte de las aventuras de Herbert West están en la búsqueda de especímenes que sean buenos ejemplares para reanimar. Era crítico que el cuerpo muerto fuera fresco. De otro modo, si llegara a reanimarse, volvería, sí, pero sin razón alguna, hecho una bestia --dada al canibalismo, además. Así que en esta tercera entrega, Herbert West y su compinche (quien cuenta la historia) se adentran en una pelea de box clandestina entre Kid O'Brien y Buck Robinson, "The Harlem Smoke":

The negro had been knocked out, and a moment's examination shewed us that he would permanently remain so. He was a loathsome, gorilla-like thing, with abnormally long arms wich I could not help calling fore legs, and a face that conjured up thoughts of unspeakable Congo secrets and tom-tom poundings under an eerie moon. The body must have looked even worse in life--but the world holds many ugly things.

Las soluciones que se inyectan en los cuerpos, se explica en el cuento, no pueden funcionar para distintas especies. Así, una rana necesitaría una solución distinta a la inyectada a la de un humano. ¿Hace falta mencionar que la solución inyectada al cuerpo del negro no funciona, en el cuento de Lovecraft? "It was wholly unresponsive to every solution we injected in its black arm; solutions prepared from experience with white specimens only".

S.T. Joshi hace una nota en este pasaje (si no quieren saberse el final de esta historia, que seguro ya adivinan, sería bueno que no leyeran la cita): "The suggestion of biological racism here is countered by the later revelation that the solution does in fact work on the African American Robinson".

Me encanta que Joshi escriba "African American". Signo de nuestro tiempo. En fin: el final del cuento puede que revele que no hay racismo biológico, sino de otro tipo. Cultural, si quieren. Es una cosa rara, esto del racismo. Es algo que no le gusta reconocer a la gente, que todos lo somos en algún momento (cuando adivinamos segundas intenciones, por ejemplo) pero a la vez es bueno que no nos guste reconocerlo, que hay modos de dar pasos atrás en nuestras primeras, apresuradas, impresiones. ¿Leyeron este texto, de Pedro Meyer, el del 20 de octubre, sobre Watson? Está bueno.

Ay sí, Lovecraft, Lovecraft. Por cierto: en un cuento posterior, The rats in the walls de 1923, Joshi escribe en la nota 16: "Lovecraft owned a cat of this name as a boy; it ran away in 1904, when his family moved from 454 Angell Street to 598 Angell Street". El nombre del gato era "Nigger-Man".

Sunday, October 28, 2007

Elliott Smith, Thirteen

Televisión

Es domingo, comí frente a la pantalla, acompañado de mi hermana, no intercambiamos palabras y sigo viendo la televisión, desde entonces, pero es un decir porque no la estoy viendo en el sentido de que estén pasando algo sino que está encendida y mi hermana tiene el control y le cambia y le cambia y yo escribo esto y navego por la red en mi laptop pero es un decir porque en realidad no es que esté navegando sino que abro "ventanas" y leo un momento lo que hay en una, en otro momento leo lo que hay en otra, leo blogs de amigos que no se han actualizado en lugar de levantarme y caminar hasta mi cuarto para abrir esos libros que están cerrados y que inicié hace días y probablemente sea justo lo que haré cuando termine de escribir pero también es altamente probable que me mantenga en mi sitio, en silencio, viendo la televisión, mirando sin mirar, escuchando a Clive Owen (pues pasan una película con Clive Owen que, por supuesto, ya vi) y sintiendo el frío y escuchando el refrigerador abajo y pensando en Dios, en Domingo.

Saturday, October 27, 2007

Friday, October 26, 2007

Lovecraft

Tenía un amigo que se llamaba Loveman.

Thursday, October 25, 2007

Botox

¿Crees tú que podrá alguna vez alcanzar la sabiduría, y verdadera dignidad humana aquél para quien el camino que lleva al espíritu pasa por los sentidos?
Platón, Fedro

Dos madres: la primera, quien le decía a su hijo que era el niño más guapo de la cuadra; la segunda, la madre de Lovecraft, quien "hablaba continuamente de su desafortunado hijo quien era tan espantoso que se escondía de todos y no le gustaba caminar por las calles donde las personas podían verlo" (según cita S. T. Joshi en sus anotaciones al cuento Facts Concerning the Late Arthur Jermyn and His Family de la memoria de Clara Hess, sobre Lovecraft y su madre).
Este es Lovecraft:

Dos cosas: no soy quién para juzgar, pero así como que feo horrendo, Lovecraft no lo era del todo; quizá su madre era, sencillamente, cruel. S.T. Joshi cita ese pasaje para hablar de las probables señas autobiográficas que se desprenden del siguiente pasaje del cuento:

Arthur Jerymn went out on the moor and burned himself after seeing the boxed object wich had come from Africa. It was this object, and not his peculiar personal appearence, which made him end his life. Many would have disliked to live if possessed of the peculiar features of Arthur Jermyn, but he had been a poet and scholar and had not minded.

"And had not minded", pues, verán, aparentemente a los poetas y a los académicos no les importa ser feos. Tienen cosas más importantes en la cabeza. Por ejemplo, la Verdad. La Justicia. El Bien. Pero, ¿la Belleza? Así que si a un académico feito que se dedica a temas estéticos --pensemos, no sé, en el jorobadito Kant-- si se fuera a suicidar no sería, ciertamente, por ser feito. Sino por otras razones. Sartre, haciendo bizcos.

Se cuenta, pero quién soy yo para decir dónde, que Edgar Allan Poe, cuando quería imaginarse a alguien sanguinario, un personaje malévolo, seguía el siguiente método: se sentaba y hacía muecas, hasta que en su cabeza se materializaran los pensamientos que, creía, serían apropiados para un personaje de ese tipo. Poe, pues, creía que la expresión antecedía a la emoción. Poe, de algún modo, hacía como esos actores que se caracterizan y a base de gestos e imitaciones producían peculiares sentimientos dentro de ellos. Esto lo pensaba hoy, en clase. Y pensaba también en esas bellas actrices, de rostros lisos y perfectos que habitan y pululan en Hollywood --en su incapacidad para, tal vez, fruncir el ceño: no con ese virus inyectado, que, si entiendo bien, paraliza nervios. Pensaba hacer una especie de convergencia: una chica con el rostro inyectado --de Botox-- y Hannibal Lecter con la máscara de piel que se pone en The silence of the lambs, con ese rostro que no es suyo, o con Leatherface de The Texas Chainsaw Massacre o con Mike Myers, con esa impasible máscara de Halloween. Pero me dan ñáñaras pensar mucho tiempo en estas cosas.

Wednesday, October 24, 2007

Contra la vida, dijo Houellebecq

Life is a hideous thing, and from the background behind what we know of it peer daemoniacal hints of truth which make it sometimes a thousanfold more hideous. Science, already oppressive with it's shocking revelations, will perhaps be the ultimate exterminator of our human species --if separate species we be-- for its reserve of unguessed horrors could never be borne by mortal brains if loosed upon the world.
H.P. Lovecraft en Facts Concerning the Late Arthur Jermyn and His Family
Seguir el ejercicio que propone Weschler en su Credo: Imaginar el conocimiento absoluto o divino como un círculo perfecto e imaginar un cuadrado dentro de dicho círculo. Este cuadrado será la ciencia. La ciencia, el cuadrado, no es el círculo, pero si le añadimos un ángulo, lo volvemos en pentágono y sus líneas se acercarán más a la circunferencia. Luego, el hexágono, lo hará aún más, el octágono todavía más y así hasta llegar a la figura geométrica de n-lados. Esto será lo más cercano que la ciencia nos acercará al conocimiento absoluto pero, a la vez, lo más lejano que nos tendrá de ella: no será una circunferencia sino una figura de n-lados que no ha conseguido dar ese último brinco, si quieren, de fe; esa figura suave y perfecta que conocemos como el círculo.
Nadie, pienso, puede dibujar un círculo perfecto.
Recuerdo que en un campamento católico en Wisconsin al que asistí cuando tenía unos diez o doce u ocho años (de verdad que no recuerdo, pero digamos doce), una de las personas que estaba encargada de cuidarnos decidió darnos una pequeña plática de religión. Lo único que recuerdo es que esta persona afirmaba que el rostro de Dios (aunque probablemente dijo Cristo) era tan, pero tan bello, que si lo viéramos moriríamos en el acto. Pero, ¿no es esto más bien la descripción de una belleza monstruosa? Cada que leo a Lovecraft pienso en esto.

Tuesday, October 23, 2007

Refu la chistosita

Refu la chistosita me espera afuera de Office Max, echada como emperatriz que espera sus uvas. Simultáneamente, un hombre observa cómo contesto al saludo que me hace Refu pues Refu, a veces, hace como ese saludo raro de levantar la cabeza y bajarla rápidamente. Le contesto con un saludo similar. Mientras la desamarro, pues estaba amarrada, me percato de que el hombre sigue ahí.
-Qué bonito está tu perro.
-Gracias.
-¿Qué raza es?
-Labrador.
-Pero, ¿así? ¿Achocolatado?
-Ajá.
-Son muy nobles esos perros, ¿no?
-Pues sí, son a toda madre.
-Tan nobles que si se mete un ladrón los deja pasar a la casa...
Y aquí es donde yo debería comenzar a reírme y decirle algo así como Ojalá no, pero en lugar de eso tengo que jalar la cadena de Refu porque se ha puesto a ladrar y a soltar dentelladas.

Monday, October 22, 2007

¡Presentación de Libros de Homero!

Este jueves 25 de octubre, a las siete de la noche en el Fondo de Cultura Económica (la Rosario Castellanos, en la Condesa goey) se inflarán de entusiasmo y alegría los agradables y entusiastas Jesús Salazar, Alfonso Morales y Julio Hubard. También: José Luis Ibáñez, como pueden leer en la invitación, realizará una "lectura dramática de algunos pasajes de la Ilíada". Y eso, pues eso picotea nuestra curiosidad.
¿A poco no?
Quítesela, asista y ahí nos vemos.

Sunday, October 21, 2007

Sobre Michael Clayton

Fui a ver Michael Clayton. Y aunque este no es el tipo de actualización jocosa en la que digo que voy a reseñar una película para hablar de otra cosa, sí quiero decir que, en la fila para entrar al cine (Dios, voy demasiado al cine) una pareja otoñal pero bien conservada se preguntaba por qué había dos filas. Y me dieron ternura porque tardaron en percatarse del sistema de retribución al cliente de Cinemex, esa onda de las tarjetas doradas y del invitado especial y que permite que se haga una fila para miembros y una fila para gente normal. Y cuando se dieron cuenta, el hombre de la pareja otoñal bien conservada dijo algo así como: "Pero eso es para gente que viene demasiado al cine", con un tono que lo hacía ver como un hombre que estaba demasiado ocupado con cosas, pues, importantes, sus nietos, quizá, o hacerse bien el peinado del mucho pelo que conserva; en fin, con un tono que hacía ver que todas las personas que van demasiado al cine pues son, en suma, personas desagradables y ociosas.
Quizá esta entrada sí va a ser jocosita e ingeniosa, después de todo.
Así que estoy en el cine y estoy viendo Michael Clayton y George Clooney está actuando y lo está haciendo muy bien y avanza la historia y llega a un punto en el que el hijo de Clooney, es decir, el actor que interpreta a --un punto en la historia en el que el niño le explica a su padre, es decir, a Clooney interpretando a --le explica la trama de un libro que está leyendo, un libro que además tiene alguna relación con un juego de tablero, o de baraja, tipo Magic --y, ¡en fin!, el niño explica la trama o una parte de la trama del libro, en el que una serie de personas tienen un mismo sueño (pero no, no es a Clooney a quien se lo explica sino a otra persona, pero creo que da igual) y el mismo sueño hace que todas estas personas, ignorantes de que han tenido el mismo sueño, se dirijan a un punto geográfico en específico y zas, en ese momento recuerdo que quiero llegar pronto a casa porque van a pasar Spielberg on Spielberg pues quiero escucharlo y verlo hablar sobre Indiana Jones y sobre Jaws y sobre Encuentros cercanos del tercer tipo y el resto de su obra. Y pienso en esto pues lo que está contando el hijo de Clooney --el actor que interpreta a-- es similar a la trama o a una parte de la trama de Encuentros cercanos del tercer tipo cuando Dreyfuss --o el personaje de Dreyfuss-- sueña o no puede dejar de soñar o de pensar o de ver una figura en específico, en todos lados. Y se desespera, el pobre. Grita en la regadera: ¡En todos lados, carajo! Se quiere morir, nadie lo comprende. Pues la figura está en el puré de papa, en la almohada, en la espuma, en su cabeza --igual que la mamá del niño, otro personaje de la película de Spielberg, que dibuja y dibuja y no puede parar de dibujar la misma figura, que es ésta, Devil's Tower:


Está en Wyoming. Acabo de consultar cómo se escribe Wyoming. Y en fin, en la película se descubre, en la de Spielberg, que muchos han sido atraídos al mismo lugar porque quiere saber por qué carajos no pueden quitarse esta montaña de la cabeza. Y claro, más tarde pienso en The Call of Cthulhu y The Wisperer in Darkness de Lovecraft, en los que, creo recordar, la gente, mucha gente, sin saberlo, sueña en lo mismo, en el mismo horror; así como los tres reyes magos sueñan que no deben ir a ver a Herodes de nuevo.

Ahora me detengo y me pregunto cómo debo de terminar esta actualización. ¿Preguntándome si todos hemos soñado, alguna vez, sin saberlo, lo mismo? ¿Preguntándome, como Stephen King, y a su modo David, qué sueños contienen la almohada de Lovecraft? ¿Preguntándome si algo similar pasa cuando dos científicos que no se conocen investigan y están a punto de hacer importantes descubrimientos en áreas específicas del saber, en puntos apartados del globo? ¿Si hay alguien ahí afuera o aquí adentro mandándonos estas señales, por un radio interestelar o subterráneo? ¿Preguntándome por qué carajos no pasaron la entrevista con Spielberg?

Ahora, sobre mi escritorio

La hermenéutica analógica frente a la hermenéutica metafórica de Paul Ricoeur de Vicente de Haro Romo (el único libro que ha sobrevivdo a tres reordenamientos de mi escritorio). Bajo ese libro, papeles de pendientes atrasados. Algunos post-its amarillos y uno blanco y arrugado sobre el que escribí enigmáticamente: Bouvard y Pécuchet, p. 126, Carta a Verlaine, "Autobiografía".
La laptop. Una lámpara a la que alguna vez, Yolanda, quien entonces trabajaba aquí, limpiando, dijo: "Esa lámpara parece una lámpara marciana". Detrás de la computadora: un Larousse francés-español, español-francés; un flyer de ¿Dónde están sus historias?, el primer largometraje de Nicolás Pereda --que no he podido ver--, Elogio de la mano de Henri Focillon, el soundtrack de 2001: A space odyssey, y libros que no he leído (uno de Murakami, cuentos de Thomas Mann, The Wrecker de Stevenson y un manual de ajedrez). Más libros, en otra pila, Los placeres y los días de Proust, un tomo de diálogos de Platón, The new confessions de Boyd (que no he abierto), Pelando la cebolla de Grass --que espero terminar ya-- y libros de francés. Otra pila: la Ilíada en Gredos (un regalo), una especie de biografía de Tomás Moro (otro regalo), el número 104 de Letras Libres que ya leí pero por alguna razón sigue ahí y más libros para estudiar francés.
Otra pila: seis Moleskines (uno donde escribo cuentos, otro donde anoto sobre mis estudios de francés, una agenda, uno en el que según yo iba a continuar una novela pero que no he abierto en mucho tiempo y uno que usé para una traducción). Bajo los Moleskines, Autobiografía y literatura árabe que es una colección de estudios; Las trampas de la fe de Paz que me acaban de devolver y no he guardado, el primer tomo de José y sus hermanos de Thomas Mann, Les Bienveillantes de Littell y algunas hojas fotostáticas. Otra pila: The english patient, la novela, que me prestaron pero sospecho nunca leeré, Fifty years of europe: an album (también prestado; aunque lo empecé), Historia de la teoría política que debo devolver; Las confesiones de Rousseau, también prestado.
Unos audífonos.
Una tarjeta de metrobús.
Una servilleta y un vaso con coca-cola.
Otro Moleskine, mi diario. Otro Moleskine, mi agenda. A Farewell to arms de Hemingway, de la biblioteca (¡en pasta dura, Scribners!); Aproximaciones a la razón narrativa, de Vicente Huici, de la biblioteca; y Bowl of cherries de Milard Kaufman, que empecé ayer.
También hay un borrador de goma y la ventana está abierta y a veces pasa una ardilla.

Friday, October 19, 2007

Convergencia


Magritte siempre se presta para este asunto. La imagen de arriba la vi en el blog de la redacción de Letras libres, hace tiempo. Abajo, Le Viol de 1934. Esto es un guiño a un ensayo escrito por Weschler, Torso as face, face as torso donde escribe sobre Magritte, D. Morris, Rilke y una imagen que apareció en el The New York Times Magazine en el que aparecía la modelo Shalom Harlow fotografiada por Andrew Eccles, usando un vestido en el que se había estampado su rostro y que cubría toda la fábrica del vestido. Aquél número de The New York Times Magazine, de noviembre de 1998, lleva el bullet: "It's so you".
El poema de Rilke del que habla Weschler es Torso de Apolo Arcaico, de 1908, que dice así:
No conocemos la inaudita cabeza,
en que maduraron los ojos. Pero
su torso arde aún como
candelabro
en el que la vista, tan sólo
reducida
persiste y brilla. De lo contrario,
no te
deslumbraría, la saliente de su
pecho,
ni por la suave curva de las
caderas viajaría
una sonrisa hacia aquel punto
donde colgara el sexo.
Si no siguiera en pie esta piedra
desfigurada y rota
bajo el arco transparente de los
hombros
ni brillara como piel de fiera;
ni centelleara por cada uno de sus
lados
como una estrella: porque aquí
no hay un sólo
lugar que no te vea. Debes
cambiar tu vida.