Sunday, May 23, 2010

Yo era un adolescente y la estaba llevando a su casa

Yo era un adolescente y la estaba llevando a su casa, vivía lejos de la mía. Yo llevaba poco tiempo (me parece) de aprender a manejar y por razones que ahora me parecen inexplicables, ella me gustaba. Estaba sudando, recuerdo, de nervios. Habíamos tomado un café. Lo tomamos en silencio. Pagamos. Nos fuimos. Para cuando llegamos a su casa, que se ubicaba en una zona de la ciudad desde la cual podía verse gran parte de la ciudad, la noche caía y entonces dije (fue de las pocas cosas que dije durante nuestra salida, recuerdo) alguna cursilada sobre cómo las luces de la ciudad, cuando se encendían, me recordaban el modo en que las estrellas parecen iluminarse, repentinamente. Entonces ella me dijo que qué mal chiste. Era el tipo de cosas que me pasaban en mi adolescencia. Invitaba a una chava guapa, o que me parecía guapa, a salir; ella aceptaba salir. Yo decía cosas que se tomaban a broma -no sólo eso, sino como una mala broma- cuando en ellas, las cosas que decía, yo no depositaba la mínima pizca de humor.
Recordé esto de improviso, hoy, cuando leí una línea de Los demonios, de Von Doderer: "...los distintos barrios de la ciudad, como un oscuro lago que reposa a los pies del monte y que después de un pausado regreso nos recibe encendiendo las luces que saludan titilando".
También recordé que unos días atrás había leído -usado como epígrafe, traducido al inglés- este poema de Octavio Paz (uno que había leído siendo adolescente y que fue probablemente lo que me orilló a decir aquello en aquél momento):

Soy hombre: duro poco
y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba:
las estrellas me escriben.
Sin entender comprendo:
también soy escritura
y en ese mismo instante
alguien me deletrea.

En una ocasión Octavio Paz invitó a salir a una muchacha. La llevó a un mirador. Les estoy contando una anécdota que me contaron. El poeta laureado estacionó el automóvil y vio cómo oscurecía sobre la ciudad. Vio, imagino, cómo se encendían las luces, titilando. Entonces, le dijo a la muchacha que invitó a salir:
"Algún día esas luces dirán Octavio Paz, Octavio Paz".
Una pausa.
"Octavio Paz, Octavio Paz", le dijo ella, "llévame a mi casa".

6 comments:

Anonymous said...

hola memo,
Cómo estás? yo aquí, levantándome para ir a chambear.
Oye, mira, yo sé que va a quedar entre nosotros. No hay pedo entonces. Pero como que ya llevas años mil escribiendo pura calabaza, la neta.
No lo digo con ánimo de ofenderte, pero acuérdate del dicho: "Quién mucho abarca poco aprieta", o "más vale pájaro en mano que ciento volando". O sea, escribe, nadie te lo puede impedir. Viva la libertad, pero automodérate, please. Prefiere la calidad a la cantidad.
Un conocido tuyo que prefiere permanecer anónimo.
Nos vemos pronto y te mando un abrazo.

Guillermo Núñez said...

¿Cómo saber cuando nos veremos pronto? Ya me avisarás, supongo. ¿Como de qué te gustaría que escribiera?

Lorena said...

fui, yo, Guillermo, lo siento, tuve un ataque de anonimato, envida, confusión de género, tenía PMS, no lo vuelvo a hacer.

Guillermo Núñez said...

No hay bronca Lorena, ya sabes que a ti te perdondo casi todo.

N. said...

A mí me agradó el texto. Encontré un texto ameno que, además, me dio risa.

Mariana said...

a mí también me gustó. muera el pms, mueran los celos, viva llermo y sus graciosas ocurrencias.