Monday, May 16, 2011

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Bataille tiene unos 27 o 28 años cuando le escribe a su joven amigo Michel Leiris, entonces de 23 o 24, esta carta:

Querido amigo,
¿Se sigue aburriendo? Estoy demasiado solo para tomar en serio por mi parte esas historias de aburrimiento. Las influencias que uno sufre en París por amistad o por cualquier otra razón son imbéciles. Si me expreso diciéndole algo diferente de lo que tengo que decir, discúlpeme: o sea que esas historias siguen siendo tan enmarañadas como lo son. Tampoco creo que las simplificaciones extremas a las que llego por mí mismo signifiquen algo, pero no soy tan complicado que no sepa cómo alcanzo a desdeñar todas las perspectivas en las que uno termina creyendo en París. Por supuesto, no se trata ya de procedimientos confesables, pero si a fuerza de hipocresía uno no arriesga nada más que la convicción de haber llegado al colmo del ridículo en caso de fracaso, igualmente me gusta jugar y perder: estoy acostumbrado. Evidentemente, nada más consecuente que escribir por ejemplo esta página.
Muy amistosamente,
Georges Bataille.

Unos siete años más tarde Leiris le escribe a Bataille en una carta: "Cree en toda mi amistad -a pesar de las "muchas cosas" a las que me dices que has sido sensible- y puedes estar seguro de que no hay otro móvil para todas mis acciones que una lucha terrible contra el tedio".

Leiris no aprende.

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