Monday, March 31, 2008

Paréntesis urbano

(No llevar un cuaderno a la mano ni la oreja parada para anotar las conversaciones o el título de los libros que la gente lee en el Metrobús, llevar, en cambio, una mochila con las cosas que uno lleva innecesariamente a la oficina -entre las cuales se encuentra un cuaderno que no puedes sacar porque el transporte viene lo que se dice hasta el queque- y las orejas tapadas con los audífonos. Sospechas, sin embargo, que las conversaciones no son tan interesantes. Cuentas el número de personas que leen. Frente a ti, una adolescente se esfuerza por leer el periódico, no hay suficiente luz. Orejas tapadas, en todos lados, por audífonos. Un video musical sin música en el monitor que hipnotiza a todos. Poner, aún así, atención a lo que sientes, a los olores, a la precaución de no acercar demasiado el cuerpo al prójimo, las manos apestándose con el metal al que te aferras mientras arranca, mientras frena el autobús y te obliga a buscar equilibrio. Rescatar, aún así, de la memoria aquella chica afónica que escuchaste gritar en el teléfono, pero no en el metrobús sino en el metro, varios metros bajo tierra, "¡no te escucho, no te escucho!", una y otra vez).

3 comments:

Enrique G de la G said...

Cada vez que vuelvo a Berlín renace el sentimiento que tuve la primera vez que vine y que viajé en metro: un silencio aplastante. Luego uno se acostumbra, y luego uno aprende a descubrir las estaciones más pobladas por turcos y las épocas de más turismo: los gringos, los italianos y los latinos, en general, son los que hablan más y más fuerte. Tal vez ese silencio sea no sólo por el carácter prusiano de la ciudad o, digámoslo mejor: por ubicarse en Prusia, sino por el número tan alto de gente que va leyendo. Si no lees te sientes mal: las miradas casi te lo reprochan: ¡estás perdiendo miserablemente el tiempo!

3. said...
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Adriana Degetau said...

así es la vida