Saturday, December 05, 2009

Me corté el pelo

Me sorprendió encontrar la peluquería vacía excepto por un par de peluqueros. Obligado a hacer conversación -aunque después de un rato se disculpó por no permitirme leer con lo que consideró interrupciones- el peluquero me contó el modo en que la crisis les había pegado, ahora las personas espaciaban más sus visitas mensuales y dejaban pasar más tiempo entre corte y corte (así fue como me recibió: "¿Ya había pasado tiempo desde la última vez que viniste, no?", "Pues, el mes", le dije, "No", me dijo, "creo que tiene más tiempo"; estuve a punto de explicarle que quizá se debió al fin de semana que pasé en cama enfermo -ahora sólo puedo cortarme el pelo los fines de semana- pero no quise insistir con explicaciones). Le dije algo así como que finalmente a todos nos había pegado la crisis y que al menos el pelo no dejaba de salir, pero me encontré con una persona que sólo asentía y esperaba el momento en que se viera libre de la necesidad de hablar por cortesía, o al menos esa fue mi impresión; nada, ningún conocimiento, iba a salir de nuestro pequeño intercambio, nutrido por la cortesía de quienes se embarcan en una relación servicial. Cuando callamos, en el libro que leía antes de empezar a hablar con el peluquero, El nacimiento de Alexéi Varlámov, leí la última frase de un capítulo: "Lo único que deseaba era que terminaran la espera, los miedos, los sueños, esta gravedad, no en vano llamada así por su peso".

2 comments:

Mario Alberto Bautista said...

Wey, yo también!, mi peluquera nunca hace caso y me peina como quiere pero no parlotea.

N. said...

Edgar, el mío, es excepcional, admirable.

Tanto así que el otro día me corté el cabello sola, creo que un poco por lo que me cuenta. Para él cortar el cabello es un arte.

Soy su fan.