Monday, December 06, 2010

Lunes.

Despertar, prender el calentador, lavarse los dientes, etcétera. Bañarse. Desayunar. Etcétera. Hacer la cama, ir al trabajo, ocuparse de pendientes, etcétera. Pensar en lo poco que uno lee. Escribir "etcétera" como un modo de evadir responsabilidades y reflexiones. Evitar con un etcétera la posibilidad de relatar que uno después de bañarse y lavarse los dientes y antes de partir al trabajo ha partido en gajos una pera, se ha servido un tazón de cereal y se ha servido un jugo y se lo ha bebido y ha licuado un plátano con leche y también se lo ha bebido. Y más tarde entonces, después de esas pequeñas acciones que conforman el día a día, es cuando me dirijo al trabajo para enfrentarme a la rutina y lo cotidiano, a la acumulación de tareas que cobran sentido sólo en el momento pero que con tanta facilidad decido, horas más tarde, descartarlas y reducirlas al mínimo, como si, en efecto, no importaran. ¿Cómo pueden ser las cosas tan cambiantes? ¿Por qué son así, enfrentándose al principio de contradicción? Un momento importantes, un momento no. Un momento escribirle a un conocido para mandarle un texto que se le debía y en el cual se invirtieron unas buenas dos horas para más tarde sólo tildar el texto -en el cual se resumió un año de mi vida- de un pendiente. Etcétera. Salgo del trabajo, me dirijo al supermercado. No. Salgo del trabajo y desciendo del quinto piso, donde laboro, en compañía de mi jefe e intercambiamos algunas frases sobre esto y aquello y ahora lo he olvidado pero en el elevador y en la calle a esto y aquello le presté atención. De tal modo que ya está. Más tarde, en el tiempo, diré algo así como: y bueno, escribí en mi blog, llegando del trabajo, después de haber ordenado el refrigerador, de haberme preparado la cena y de haber visto el último capítulo de la primera temporada de The Walking Dead y qué curioso el otro día que en Twitter escribí "The Working Dead" como si hiciera referencia al mismo tiempo a mis horas laborales y a esa muerte en vida a la que tanto miedo le tenemos, nosotros, los no entretenidos, los dispersos, los hartos, las pequeñas almas que van dando tumbos de una decisión a otra envueltas en una decisión mayor, trabajar, servir para algo.
Escribir en el blog. Pensar en lo frías que están las manos. Lavarse los dientes. Ponerse la pijama. Destender la cama que nunca nadie ve destendida ni tendida excepto yo. Abrir un libro. Otro libro. Leer. Apagar las luces. Esperar.

2 comments:

Nicolás Cabral said...

Te dije cosas muy importantes, en el elevador y en la calle. Intuiciones fundamentales sobre el devenir de la humanidad.

María Tinajero said...

Tu blog es bien entretenido, Guillermo.