Thursday, February 23, 2006

Mirada pícara y benévola

Ambos saben. Pero no nos adelantemos, guardemos las energías. Detengámonos, por lo mientras, en el mundo de abetos, cipreses, pájaros y pequeños perritos que rodean a los amantes recostados en el jardín. No gastemos las energías en la descripción de los besuqueos ni en considerar si esto es un plagio de Walser, sólo digamos que están ahí, los besuqueos, y que son bastantes y que la mirada de los amantes es tan benévola como pícara. Ella entonces dice: "Gordo". Y él dice: "¿Gordo?". Y ella, con insistente travesura, afirma, abriendo mucho los ojos: "Sí, ¡gordo!". Y ambos ríen. Entonces él dice: "Puchunguis". Y ella dice: "¿Puchunguis?". Y él dice: "¡Sí! ¡Puchunguis puchunguita!". Entonces ella, bastante segura de sí misma y ligeramente desesperada, dice: "¡Pero eso ni siquiera es una palabra!". Así que él piensa, pero no dice, "No, pero en todo caso es mejor que hija de tu puta madre".

2 comments:

oscardo elornel said...

interesantes halagos y piropos.

Mariana said...

¿puchunguis? como pelusa en la garganta de un gato!