Tuesday, May 10, 2005

El cerdo asqueroso escribe en tercera persona.

Y tienes unas insoportables ganas de cagar. Y no sabe qué hacer. Le parece importante aclarar que estos dos eventos no están relacionados. Sería un poco imbécil que no supiera qué hacer ante las insoportables ganas de cagar, de hecho, está exagerando porque no son insoportables. Con el no saber qué hacer se refiere al ahora, el momento en que escribe estas líneas, pues no tiene una idea clara sobre a dónde va con todo esto.
Así que se interrumpe un momento y se levanta de la silla en la que ha estado sentado y se dirige al baño que está en su propio cuarto. Abre y cierra la puerta después de entrar, levanta la tapadera del baño y no se quita los pantalones pues decide que aún puede regresar a escribir un poco más en su bitácora electrónica, así que sólo orina y esto lo hace sentir un poco más ligero, lo suficiente como para no sentirse demasiado apurado como para tener que cagar inmediatamente.
Está dispuesto a disfrutar de una buena cagada, en unos minutos. Después de terminar de escribir lo que escribe y de leer unas cosas que tiene "abiertas" en su computadora --una novella de un amigo suyo, y un cuento en el que está trabajando. También: quiere esperar a bajar la música que ha estado "bajando" de la red.
Ha descubierto algo. Después de un rato de "navegar" en la "red" pierde interés en los contenidos, tal vez porque sabe que las relaciones que hay entre "páginas" y "páginas" pueden ser o parecer infinitas. Así que pierde interés. Generalmente cuando esto sucede es cuando abre una "página" pornográfica. Esto es lo que descubrió. Así que en esta ocasión, después de haber perdido interés, decide no ver pornografía sino escribir un poco. Para su gran puta sorpresa, es mucho más productivo escribiendo pendejadas que viendo porquerías, en la "red"; al grado de que se impide a sí mismo ir al baño con tal de terminar unas cuantas líneas más o de leer algunos textos cuya lectura ha postergado. Ha descubierto otra cosa: cuando habla sobre sus hábitos, buenos o malos, procura hacerlo en tercera persona porque, considera, esto le da una libertad que la primera no le brinda. Le encanta la tercera persona. Le gustaría que pudiera vivir en tercera persona. Es decir, ser invisible y poder entrar a, no sé, digamos los baños del Sport City de Loreto o al cine sin tener que pagar o a la casa de personas que conoce y cuyas vidas privadas le interesan al grado de que desearía estar a su lado aún cuando estuvieran realizando actividades nimias, como cocinar, pensar, bañarse o escribir.
Se pregunta si su moralidad cambiaría si se supiera invisible y después se pregunta por qué en ocasiones se pregunta este tipo de cosas, o cosas como la vida en otros planetas o a qué edad morirá o si su mascota puede entender lo que le dice o si las cosas que escribe tendrán alguna importancia para alguien, o si las hormigas poseen una sola mente o si es posible que algún ser vivo sobreviva a un hoyo negro. Y no tiene respuesta para esta pregunta, que pronto, al menos normalmente, olvida.

2 comments:

Anonymous said...

q pasa con tu blog? no nos desepciones! jajaja. la neta, este no me gusto nada nada

adri said...

a mí si me gustó... mejor que las listas de tus libros que de seguro siguen en tu escritorio...