Monday, June 06, 2005

En pro de las presencias reales

Cuando le comenté a un amigo que utilizaría Espolones de Derridá para mi tesis, me contestó: "¿Espolones? ¿Qué es eso? ¿No es lo que tienen los gallos en las patas?". Se estaba burlando. Mi amigo domina la hermenéutica y la fenomenología. Y, con razón, le caga Derridá. Yo usaré Espolones en mi tesis porque no he tenido nadie con quién pelearme y según me han enseñado filosofía en la Panamericana, siempre es bueno tener alguien con quién pelearse. Muy escolástico el asunto. Muy todo mundo podría tener la verdad. Muy démosle voz a quienes no la tienen, para que podamos pelearnos a gusto.
Según Derridá, según el Derridá de Espolones, todo Nietzsche gira alrededor de sus relaciones con las mujeres. La mujer como verdad que se maquilla y la verdad como una mujer que seduce al filósofo teto, adolescente y de granitos en la cara que le llama ocho veces a la misma vieja y le deja mensajes en su página web y que se deja utilizar a cambio de un acercamiento moderado, de un espacio, entre dos personas, reducido.
Nietzsche como puberto. La filosofía de Nietzsche como el manifiesto de una especie de Club de Toby; la filosofía del martillo, de Nietzsche, como la gran verga que permanece erecta y que embiste y abre camino, como un submarino que se abre paso a través de un océano helado. "¿Espolones? ¿Qué es eso? ¿No es lo que traen los vaqueros en las botas?". Nietzsche como el vaquero que monta y espolea.
Ay, Derridá. Ay, Deleuze. Ay, la humanidad.
No se necesita una antipatía física para que las personas, hombres y mujeres, puedan tener relaciones amistosas. No hay un destiempo sentimental marcado entre hombres y mujeres, al menos no más de lo que hay entre todas las personas.
Lo que necesitamos es rock. Y literatura. Y Eggers. Y viajes a Alemania y a San Francisco y a Chicago y a la India. Y pizza. Y Dr. Peppers. Y literatura.

2 comments:

Pato Pascual said...

Te metiste con mis gallos!

Anonymous said...

lo que necesitamos es empezar a olvidar.

m.