Wednesday, February 13, 2008

Mi cabeza

Estaba mi cabeza sobre mi cuello, frente al espejo de la peluquería, cuando entró un italiano a que le cortaran el pelo. El peluquero principal, dueño del local y patrón del resto de los peluqueros, lo atendió y comenzó a platicar con él en italiano, en voz alta, fuerte. Yo estaba leyendo una revista, en silencio, como acostumbro. Pero me distraje, como pasa a menudo. Yo conocía ya a este italiano, se trataba del dueño de una tienda que antes ocupaba el local contiguo a la peluquería. Era un sastre y vendía trajes. Todos muy caros, hasta donde recordaba. Telas italianas. Mi padre es cliente suyo. Y entonces me puse a pensar en En la melancolía de los sastres de Lamb y lo poco melancólico que se veía este sastre italiano. Repentinamente, como si fuera mi cabeza, pero en realidad era la realidad, escuché que a lo lejos se escuchaba la música de El Padrino de Francis Ford Coppola y pensé en la condición que había puesto Coppola para dirigir aquella película -sólo lo haría, había dicho, si se mantenía un tono en el que los italianos no salieran caricaturizados. Pensé en la dificultad de hacer esto. En la caricatura. En esto iban mis pensamientos cuando me vi al espejo y por un momento pensé en el Príncipe Valiente, la tira que salía en el Excélsior cuando yo era niño. Supongo que todavía sale.

Nunca la leí. Me daba mucha pereza y la historia se me complicaba, había un constante continuará que me desconcertaba. Pensé, de nuevo, en la palabra caricatura y en una de la que sí era asiduo y que a su modo era la versión güera, futurística y llena de esteroides de este Príncipe Valiente:

Supongo que en este punto pude haber permitido que mi mente se fuera a los recovecos más alejados de mi infancia, o de cierta parte de mi infancia, pero entonces me di cuenta de que estaba pensando todo esto por una cosa que había dicho Javier Bardem sobre el corte de pelo que los Coen habían elegido para No country for old men, algo que iba en las líneas de "por culpa de este corte ya no cogeré en mucho tiempo", algo gracioso y que leí no recuerdo dónde, quizá en IMDB o en una entrevista. Sobre todo quizá por otra cosa que recordé, en la que los Coen habían bautizado, precisamente, este corte como corte de príncipe valiente.

Y ya, eso es más o menos todo lo que pasó en aquél momento, por mi cabeza. Fin del post.

5 comments:

David Miklos said...

Te has hecho acreedor de un Ay, Memo© Award, dada la excelencia de esta entrada.

Mariana said...

qué bueeen post. me encantó el comienzo "estaba mi cabeza sobre mi cuello".

L. said...

hey y mi pelo no cuenta? y el casco de darth vador tampoco?

Olga Fabila said...

Ayer pasé 2 horas en el tráfico, eso es lo que se gana una cuando se ofrece para ayudarle en su mudanza a alguien que habitaba en el otro extremo de la ciudad. Y como necesitaré mucho de esa persona ahora que yo me veré en las mismas fue una decisión que no pensé mucho pese a la tortura que implicaba.

Entre las actividades que me acompañaron en el carro estuvieron explorar en las mil funciones inútiles (o talvez la inútil es otra) que tiene mi estereo, es un enigma interminable ese maldito aparato, tontear entre los programas que había y hojear una revista que me robé del escritorio de mi jefe para mi mamá, en ella había una sección de los amores platónicos pubertos de las estrellas y el de Alix (la ex gordita de timbiriche) era en sus años de escuincla Luis Miguel y precisamente lo era por su corte de pelo a la príncipe valiente.

A mi me gusta el pelo muy lacio y un pasito antes de llegar a príncipe valiente para los hombres, supongo que el cabello que tapa la cara le da un aire enigmático, ¡me encanta!

O.

Garcín Altoalcázar said...

Deja de escribir/vivir tu bló un rato para darme el dictamen, ¿no?
Así podré pagarte, y tú invitarme una cerveza cuando vengas a por el cheque.