Tuesday, June 27, 2006

Más sobre Moleskine

Anoche anoté en mi bello pero que seguramente aburre a cualquiera cuaderno Moleskine unas tontas reflexiones que no pude evitar después de leer unas cuantas páginas de En Patagonia de Bruce Chatwin. Si van y compran ahora un cuaderno Moleskine, y es nuevo, en la tira promocional verán que entre los "legendarios autores" que compraron estos cuadernos se encontró este inglés. Compré el libro por impulso, porque comprar libros se ha vuelto realmente un vicio para mí, comienza a crear problemas en mi vida, crudas horribles, llego tarde a citas, mi familia me desconoce y se avergüenza, y estoy pensando asistir a algún grupo de ayuda para esto, pero por ahora el vicio vive en mí y cuando estoy esperando a mi novia, por ejemplo, y no sé qué hacer, y casi sin querer, entro a una librería y veo los libros y pienso que quiero y debo tener estos libros, pero todo no se puede en esta vida, así que veo los libros y escojo. Y un poco al azar, me topo con la única copia que hay sobre los relatos de viaje de Chatwin. El primero de estos libros, En Patagonia (creo que así se llama), lidia con la fuerte atracción que siempre le provocó esta región al autor inglés. El libro, su presentación, es terrible, parece un libro de autoayuda (en la portada un hombre guapo y rubio ríe muy alegre con un cuaderno en la mano) pero si uno se percata de que este joven, que fue guapo y rubio, y que segurmaente tuvo muchos amigos que lo quisieron, fue el mismo Chatwin, y que murió más bien joven y de sida, la fotografía por alguna razón deja de parecer una fotografía de libro de autoayuda.
Imagino a Chatwin durmiendo detrás de un arbusto en la Patagonia chilena, cuando lo han corrido de la fonda donde se hospedaba. Imagino su rubia cabeza descansando sobre su mochila vieja y que dentro de ésta, en una bolsa secreta donde lleva algo de dinero y un pasaporte, también se encuentra un cuaderno Moleskine, con anotaciones y garabatos de fósiles y mamuts --había viajado a la Patagonia para ver los vestigios de nuestros orígenes.
En ocasiones me pregunto cómo será mi vida. Después, dejo de preguntármelo, tomo una cápsula de vitamina B, con las que incidentalmente veo el futuro, y veo el funesto final que me depara un tren en Krakovia.

3 comments:

Golfísima said...

Pues con Stalin en Krakovia estaban de puta madre, que lo sé yo

Adriana Degetau said...

te imagino muy cómodamente sentado, con tu bata y bebiendo una malteada de plátano, frente a un libro, o en su defecto, un teclado.

Miguel Tormentas said...

memo es más escritor que lector, pero es un gran lector también