Saturday, January 06, 2007

Esta cosa

Esta cosa que siento, mi voz de escritor que quiere caos, me acompaña en el auto cuando regreso a casa. También: música. Y la noche. Y la tentación de ver todo con categorías hostiles e hirientes, de tierra incapaz de dar fruto alguno, a no ser que se riegue con sangre. Mi voz de escritor a menudo me obliga a identificar la Literatura con el Odio. La creación imaginativa con los excesos de la razón. Callo esa voz pues me siento poético, pero no mal. ¿Cómo me siento? Encorvado, con la cara inmóvil, los ojos cansados, ganas de patear.
Al llegar a casa encuentro la noche, el silencio, la sensación de haber cumplido con un pendiente más --pasé antes a una gasolinera y le puse gasolina al auto; identifico casi todos mis pendientes en un solo nivel ontológico-- y luego bajo los switches del garage (otro pendiente), cierro el candado que debía cerrar, cruzo el jardín, veo una maceta rota, escucho a lo lejos las garras de mi perra que golpean el metal de la escalera de servicio. Al llegar a saludarme la regaño por la maceta rota (Refu, mi perra, se aplasta contra el suelo, avergonzada, temerosa), camino hacia el lugar donde guardo su comida (que compré anoche) y le doy un plato.
Darle comida a la perra, hecho.
Encuentro a mi hermana en su cuarto. Lee una revista con muchas fotos. Le pregunto cómo está. Nos despedimos después de que me informa que mis padres han regresado a casa hoy.
Saludar a mi hermana, done.
Entro al cuarto de mis padres. Veo que interrumpen una conversación. O parece que interrumpen una conversación, cuando entro a su casa. Es de noche. Están en la cama. El televisor está encendido. Mi madre se da la vuelta. Cierra los ojos. Parece que está dormida. Tal vez imaginé lo de la conversación y sólo se dio la vuelta cuando entré al cuarto, pues no podía dormir. La única luz en su habitación es la del televisor. Mi padre está cambiando los canales. Lo saludo. Platicamos un poco. Nos despedimos.
Saludar a mis padres como si no fuera una obligación, hecho.
Estoy en mi cuarto, solo con mis horribles pensamientos, con mis muchos libros (los veo ahora, algunos de ellos jamás los leeré y no sentiré esto como algo terrible sino como algo normal; y ahora me parece desastroso, pero sólo porque ahora mis pensamientos son terribles; quizá más tarde, esta y otras cosas, como tantas cosas suceden, sucederá sin dolor, sin pasión alguna, sólo con mucha indiferencia y calma y desapego). Y escribo caos. Escribo penuria. Escribo como escribía antes pero ahora con la capacidad de distanciarme de mis propias palabras porque estas cosas que digo, no las digo yo, sino ese viejo cabrón que no soy yo pero cuya voz escucho, a veces, a veces, a veces.

5 comments:

Lorena said...

Cl

aro

la normalidad nunca va en itálicas.

Jack-. said...

Me imagino a Burns pensando algo parecido en su juventud. Salud!

Rodrigo said...

Si fueramos a la bici ese "cabrón" se callaría.

Michael Corleone said...

Ahora supongo trataras de mitigar la voz de ese "cabrón", apartandola de tus pensamientos, para evitar palabras que se alejen de tus propias palabras.

nasty said...

Una buena pluma siempre va a compañada de malos recuerdos.