Monday, September 22, 2008

Ciudad de México

Hoy bajé del Metrobús y me encaminé a casa. Pasé por una calle oscura en la que una mujer esperaba con su hija a que pasaran clientes potenciales como su servidor para los esquites que vendía. El olor a agua caliente y enlimonada, con un fuerte toque de elote flotante llegó a mi nariz a unos metros del puesto. Regresé envuelto en un recuerdo de kermés y puestos de cartón donde niños de secundaria juegan a casarse con niñas de secundaria. "¿Lo quiere con todo?", me preguntó. "¿Qué es todo?", contesté preguntando. "Mayonesa, chile, limón, queso...". Lo pedí sólo con chile y limón y recordé aquella vez que saliendo de la universidad, donde ya no estudiaba sino trabajaba como asistente de un profesor, me encontré a una amiga, o un poco más que eso, pero habiendo dejado de ser un poco más que eso, al poco tiempo de que dejara de serlo, entrándole sabroso a una mazorca con su chile, su limón y su crema -pedazos en los bráquets- y ahora me arde la panza pero entonces, hace rato, estaba muy rico y no sólo eso, también me hizo sentir seguro; me imaginé que si un pillo, un amigo de lo ajeno, me sorprendiera en una esquina y me amenazara con un "Guárdame este fierrito", yo tendría tiempo de arrojarle agua caliente y enchilada a los ojos y salir corriendo. Por las mañanas experimento la misma sensación cuando llevo café caliente.

8 comments:

Frutero said...

Ay, Memo©. Subtítulo de esta entrada: alternativas al gas pimienta. Venza la inseguridad: ¡compre un esquite!

La Fabila peligrosette said...

Entonces con una cerveza en la mano eres como un simil de Pedro Navajas.

José Luis Leyva said...

Yo siempre pienso lo mismo. Es amante de lo ajeno, y no amigo de lo ajeno, según los amarillistas. Saludos Guillermo.

cuchillodearena said...

Esa arma la utilizó mi novia un día que se enojó conmigo. Me gusta el dejo de nostalgia que hay en este texto.

La Degetau said...

o con el perfume en la bolsa.

La Degetau said...

o el desodorante en spray + encendedor.

Héctor Iván said...

Camino a mi casa hay una calle igualita, con una vendedora de elotes igualita, con una hija igualita, sus preparados son igualitos, yo no sé cómo tienen cara para decir que no hay un México, sino muchos Méxicos. Talvez sean realidades paralelas, sí, para lelas.
Un abrazo, buen texto.

Towers, Gabriela said...

La sopa Maruchan salida del microondas también entra en la categoría "armas mortales".