Friday, April 24, 2009

Todavía más zombis en los medios

A horas de que un brote de noticias alarmantes y bromas ingeniosas cundiera sobre la ciudad, yo me encontraba sentado en un café, ayer, retomando la lectura de The War of the Worlds (1898) cuando me topé con una variación de la frase que se haría famosa en boca de Churchill: This must be the beginning of the end.

Más tarde en el Metrobús rumbo a mi casa, leyendo la nueva SP Revista de Libros me topé con un avance de Un lugar en la cumbre de John Braine que me pareció perfecto para esa madre de "Más zombies en los medios" que ahora traigo. Dice así:

En Dufton no hay nada.
Para Charles y para mí Dufton siempre fue "el difunto Dufton", y a los concejales, a los directores generales y a todos aquellos a los que no aprobábamos les llamábamos "zombis". Al principio solíamos numerarlos: "El zombi número tres", decía Charles refiriéndose a su jefe, el Bibliotecario, "contó un chiste. Es patético cuando pretenden estar vivos, n'est-ce pas?".

El texto sigue así un rato hasta que se les imposibilita numerarlos así que empiezan a salir el Zombi Gordo, el Zombi Lavable, el Zombi Sonriente, el Zombi Adúltero, el Zombi Amante de los Niños... Llegando a casa mi padre estaba en cama, me acerqué a platicar con él y después de un rato mi madre, quien pintaba en la sala de televisión -con el noticiero- entró para anunciar que lo de la influenza sí parecía grave. Pusimos las noticias y Alatorre estaba allí, con su bigote y un rostro de preocupación, preguntándole cosas al Secretario de Salud. Algunos datos (60 muertos, pero sólo 16 confirmaciones de que murieran a causa de la epidemia). Algunos adjetivos (era un virus mutante) y preguntas de rigor: "¿Cómo distinguir la influenza de una gripa normal? ¿Qué debe hacer quien manifiesta síntomas? ¿Se esperan más días de cancelación de clases para todos los niveles?" Y con esta nota se despidió Alatorre: ¿Hay peligro de muerte?
"No manches mamá", comencé, "¿te acuerdas que hace unos días me dolía horrible la cabeza?". Apenas dije esto supe que estaba omitiendo el pequeño detalle de que me dolía porque estaba crudo. "Ay hijo", contestó, "cállate que la gente se está muriendo de eso".
Hoy, hace rato, Robertito, el hijo de un vecino, se veía paseando por la privada aburrido, sin estar en clases. Más tarde, en el taxi rumbo al trabajo (en la radio se le pedía comprensión y sensibilidad a los jefes de los negocios por los empleados que llegaban tarde, obligados a cambiar planes de último momento), abrí The War of the Worlds en el capítulo 16 "The exodus of London", que inicia así:

So you understand the roaring wave of fear that swept through the greatest city in the world just as Monday was dawning -the sream of flight rising swiftly to a torrent, lashing in a foaming tumult round the railway stations, banked up into a horrible struggle about the shipping in the Thames, and hurrying by every available channel northward and eastward. By ten o'clock the police organistaion, and by midday even the railway organisations, were losing shape and efficiency, guttering, softening, running at last in that swift liquefaction of the social body.

En la calle conté al menos siete tapabocas. ¿Iniciaría así mi historia de zombies, mi película? ¿Al regresar a casa encontaría a Robertito rabiando afuera de su hogar? ¿En unos momentos escucharé en las noticias que algunos extraños eventos están sucediendo en los cementerios? Escucho sirenas y helicópteros, hoy, viernes en la Ciudad de México.

2 comments:

Oscar said...

Memo eres bien chingón.

Doug said...

pero no tanto.