Monday, October 08, 2007

Hotel zombie

¿Ya conté esto? Tengo un primo, a quien recogí anoche de la central. A pesar de que tiene 17 años, siento que es un adolescente en su punto. A este primo le he regalado varios libros pues parece que le interesa la lectura. Pero de ellos sólo ha terminado de leer Cujo de Stephen King. Le encantan las historias de terror. También le regalé un par de editorial Siruela, una antología de cuentos e historias sobre licántropos y una de asesinatos. También le regalé El desaparecido de Kafka, que no ha terminado. Desde hace meses carga consigo, a todos lados, Cell, también de Stephen King.
En esa novela, recuerdo, hay una escena en la que algunos de los personajes se refugian en un hotel de las ordas de zombis telefónicos. No suben a los pisos con habitaciones pues el elevador está atrapado entre pisos. Desde el lobby, se describe, pueden escucharse los tumbos que dan en los pasillos de los pisos superiores los zombis telefónicos. Es un buen pasaje. Por supuesto, es un pasaje corto, con un hotel que está de paso, que se visita poco, no así como el Overlook de The Shining, también de King. Me iba a detener más en todo esto. Hablaría sobre la relación que tienen estas películas con la propiedad privada, hablaría sobre los cementerios indios (¡Pet cemetery!), sobre otras películas, tal vez (como Dead and breakfast: zombie hotel) o sobre esa caricatura que también se llama Zombie Hotel, pero creo, todo es sólo un preámbulo para hablar del zombie más famoso de todos, el haitiano Clervius Narcise. En su texto Zombi (que apareció en el segundo Granta en español, Hotel América) sobre un reciente golpe de estado en Haití, escribe Pablo Biffi:

Un informe judicial del 26 de enero de 1980 identifica a Clervius Narcise como el individuo hallado el 18 de enero de ese año, vagando semidesnudo y en estado de shock, a las afueras de su pueblo natal. Sin embargo, el 3 de mayo de 1962 se había certificado su muerte en el hospital Albert Schweitzer, de Gonaives.
Gracias a una terapia, Narcise se recuperó parcialmente, lo que no ha ocurrido en casi ningún otro caso de zombificación, y pudo de este modo aportar datos para una investigación posterior. Narcise contó en detalle cómo su alma había sido robada por un bokor (un hechicero especialista en el uso de venenos y en "separar el alma del cuerpo", según el vudú) y cómo su cuerpo paralizado había sido enterrado vivo. Este "muerto en vida", un zombi en definitiva, describió el horror de escuchar a los médicos certificando su muerte y de su incapacidad para gritar que estaba vivo. Relató la agonía de permanecer encerrado bajo tierra húmeda horas interminables, y cómo fue desenterrado por el bokor y sus ayudantes, golpeado, atado y vendido como esclavo en una plantación, donde había otros zombis como él. Cuando el capataz de la plantación murió, los zombis comenzaron a vagar durante años por los caminos de Haití, hasta que la fortuna lo llevó nuevamente a su ciudad, donde fue reconocido por su familia. Narcise, casado y padre de un hijo, falleció para siempre años después. Hasta ahora no ha vuelto a levantarse de su tumba. [...]
Muchas familias de Haití, ante el temor de que sus familiares muertos puedan ser desenterrados y convertidos en zombis, los hacen morir por segunda vez: les disparan un tiro en la cabeza o le inyectan al cadáver un poderoso veneno. Otros los estrangulan y hay algunos que han llegado a decapitarlos para impedir que los hechiceros puedan hacerlos resucitar. El temor a la zombificación ha sido utilizado siempre en Haití como mecanismo de control social y político.
Nunca vacacionaré en Haití.

3 comments:

Mario Gensollen said...

Pero sí te urge irte de vacaciones...

Garcín Altoalcázar said...

Creo que es Haití donde ocurre el desenlace trágico del artifical paraíso del turismo sexual que relata Houllebecq en no sé ni supe nunca cómo se llama el libro.

Guillermo said...

Plataforma. Pero no, no es Haití.