Wednesday, December 19, 2007

Descanso de mi lectura de Littell

Leyendo el pequeño y ligero Sobre la melancolía de los sastres de Charles Lamb. De este señor yo había escuchado sólo a través de Steiner, quien escribió en su Errata: examen de una vida que, siendo niño, había leído su edición de Shakespeare. Rafael Vargas, el traductor y presentador de esta pequeña colección de ensayos (UNAM, 2004), me instruye un poco: no es una edición de Shakespeare propiamente, algo que no se entiende de la autobiografía intelectual de Steiner, sino una adaptación de algunas de las obras de Shakespeare a cuentos para niños. Además, explica Vargas, Lamb realizó estas adaptaciones con ayuda de su hermana, Mary. ¿Saben qué había hecho Mary Lamb nueve años antes de que hicieran esta adaptación? En un arranque de locura, había asesinado a su madre. Así las cosas.

Este es un dibujo de Charles Lamb realizado por Daniel Madise. Una versión, ligeramente distinta, aparece en mi pequeño ejemplar, realizado para Fraser's Magazine.
Vargas también explica que Sobre la melancolía de los sastres, el ensayo que le da título a la colección, fue escrito en 1814, el único que escribió en ese año. Después, unos seis años más tarde, fue invitado a colaborar con la London Magazine, una revista en la que también publicaban Carlyle, Hazzlit, Keats y De Quincey. Y Dios mío, es un gran ensayo, ¿saben? De esos que a uno lo ponen a pensar. Hay dos razones, de acuerdo con Lamb, por las que se puede hablar específicamente de la melancolía de los sastres: su carácter sedentario y su dieta. Cuando leía esto, pensé en el señor Felipe, el buen sastre que me ha hecho algunos bonitos trajes y sacos con telas de El Salón Inglés, en el departamento de caballeros de Liverpool. (Por cierto, alguien debería enseñarle a las personas de El Salón Inglés que esas dos palabras llevan acento; sin él, las etiquetas de los trajes se leen como "El Salon Ingles", y a nadie le gusta llevar ingles en su ropa).
Tengo un problema: visto las tallas que están perdidas entre las medidas para niños y para adultos. Abultado al centro, no en las extremidades, con poca estatura pero no tanta como para comprar en Baby Gap. Es terrible. Y sin embargo, este señor Felipe me ha brindado soluciones, todas ellas muy elegantes. Mientras leía el ensayo, imaginaba a mi sastre, sentado en su taburete, vestido con ese agudo sentido de la moda que posee. Y en efecto, son raras las veces que no lo encuentro en su estación de trabajo, dándole a la cosida. Las veces que no llegué a encontrarlo -para molestarlo con una valenciana o para escoger un nuevo corte- lo imaginé, con actitud cetrina y rostro cansado, comiéndose un sándwich o algo. Un tentenpié. Muy serio, este señor Felipe. A veces me pregunto si parte de la melancolía de los sastres no se permea a las prendas que confeccionan. Aquí arriba, modelo con cierta vanidad el traje de pana que me mandé hacer no hace mucho, en una fiesta decembrina. Es un traje espléndido, me da pena que no puedan verlo bien; pero pongan atención, es otra cosa la que quiero que noten. ¿Cómo es posible que cargue con ese rostro mientras dos excelentes amigos míos, viejos amigos, amigos de la infancia, pasan el rato conmigo? ¡Y en una fiesta! Con esa sonrisa a medio salir, la mirada ansiosa, como si tuviera ganas de no estar ahí, alguien podría decir con Lamb: "El mismo trago no parece animarlo, o por lo menos avivarle algún signo externo de vanidad. No puedo decir que nunca provoque una cierta hinchazón de su orgullo, pero nunca estalla. Incluso temo que pueda hincharse hacia adentro hasta un grado alarmante; pues el orgullo tiene un parentesco cercano con la melancolía". ¿Es que me ha infectado la melancolía de mi sastre? Me preocupo.

4 comments:

Garcín Altoalcázar said...

Acá, pasando a saludar. Hace mucho que no pasaba por tu sitio.
Buena foto, la de Rodrigo y tú -el chico de enmedio me es deconocido, creo.
Bien por tus soluciones elegantes, huyendo de BabyGap. Luego me pasarás tips.
Qué mal traer ingles en la ropa.
Bien la melancolía de los sastres. Como la de las maletas.
Y ya.
Abrazo navideño!

Mariana said...

amo el salon ingles... jajajaja. creo que la de los sastres es una de esas pocas profesiones antiguas que siempre existirán. están llenos de melancolía porque no son osados como un diseñador de modas y su "creatividad" está estrictamente ligada al(y depende del) capricho del cliente. pobres sastres. deberíamos instaurar un día internacional del sastre para reanimarlos.

Rodrigo said...

Esos tipos de la foto son todos unos caballeros

Lorena said...

Ahora tienes cara.

(y sonrisa, o algo así)