Sunday, August 19, 2007

El palacio de hielo

En mi The short stories of F. Scott Fitzgerald viene un cuento que se publicó originalmente en 1920 y que apareció en el Saturday Evening Post un 22 de mayo (esto lo sé por el trabajo del editor, Matthew J. Broccoli). El cuento se titula The ice palace y trata sobre las diferencias entre las personas del norte y del sur de Estados Unidos, de la frialdad de los primeros --a quienes, en algún momento, se les compara con personajes de Ibsen-- y la alegría así como el sentido de aventura de los segundos. Entre las diferencias, piensen, de una persona que vive en Suiza y una que vive en Mérida.
El título del cuento hace referencia a una escena que se da hacia el clímax de la historia. El asunto es: una pareja, ella del sur, él del norte, están a punto de casarse y están pasando tiempo en la tierra de él, misma que ella no conocía (Fitzgerald, de Minnesota, se terminaría casando con una "Alabama beau", así que algo sabría sobre el tema). En el pueblo se están llevando a cabo unas festividades y por ello, como parte de las celebraciones, se ha construido un palacio de hielo (que le da título al cuento) en el cual, además, se construyó un laberinto con muros de hielo. Sally Carrol, la protagonista del cuento, chica sureña de sangre caliente, se pierde en él. Escribe Fitzgerald:
She reached a turn --was it here?-- took the left and came to what should have been the outlet into the long, low room, but it was only another glittering passage with darkness at the end. She called again, but the walls gave back a flat, lifeless echo with no reverberations. Retracting her steps she turned another corner, this time following a wide passage. It was like the green lane between the parted waters of the Red Sea, like a damp vault connecting empty tombs.

Me encanta esa última línea: ...a damp vault connecting empty tombs. Recuerdo que cuando leí esto, hace ya tiempo, pensé en la escena final de The shining. Y ahora que buscaba imágenes para subir (y que no fueran las que ya había subido aquí) me topé con muchas de El laberinto del fauno que, si recuerdan, tiene un final parecido, con una figura paterna persiguiendo a un niño por un laberinto para hacerle daño. Recuerdo, decía, que pensé en The shining y en si Stephen King habría tenido en mente el cuento de Fitzgerald cuando escribió su novela. Igualmente, pensé en la novela de Vendela Vida, Let the northern lights erase your name en la que algo significativo ocurre en uno de esos hoteles de hielo que se construyen durante el invierno en los países nórdicos. Todo esto, creo, sólo habla del poder persuasivo que poseen las imágenes, pues si bien los paisajes helados pueden parecer inhóspitos y representar tanto el horror como el abandono, pueden brindar la sensación de hospitalidad, preservación y salvación (las cartujas, la misma Fortaleza de la Soledad de Supermán, el paisaje helado que observa Musil al inicio de sus Diarios). El calor, como recordamos por La peste de Camus y, caray, por el infierno, también pueden ser signo de condena y sufrimiento, de justicia casi metafísica. Personalmente, prefiero el frío al calor, el bosque a la playa. La mayor parte del tiempo, al menos. Recorrer pasillo helados al final de los cuales sólo hay oscuridad, con fuego corriendo por las venas. Ajúa.

2 comments:

Garcín Altoalcázar said...

Yo también soy más amigo del frío que del calor.
Está muy bien esa escena, y sí, a mí también me recordó The shining. Otra convergencia, torpe, lo sé, es Harry Potter. En la tercera y última prueba del Triwizard Tournament, donde muere Cedric.

Dulce said...

Es cierto que el Laberinto del Fauno tiene cierta similitud con El Resplandor, me encantan ambas películas, vi en hbo online El Resplandor y me encantó como la primera vez que la vi, es aterradora y perturbadora.