Monday, August 13, 2007

Hamelin


Hace poco mi padre, mi cuñado, mis hermanas y yo volvimos a ver Indiana Jones and The Temple of Doom. Ver una película así con mi cuñado es quizá una de las cosas más refrescantes y estimulantes que existen. Se trata, mi cuñado, de una de esas afortunadas personas capaces de adentrase sin demasiados prejuicios en una película (siempre y cuando tenga un buen ritmo y sea emocionante). Al escucharlo sufrir por el arqueólogo ("¡Su sombrero!") recordé lo que es sentir pasión por una historia. No es que lo haya olvidado, de vez en cuando, en las salas de los cines, abro mucho los ojos y apuro tragos de refresco, completamente incrédulo ante lo que estoy viendo, hipnotizado, casi. Aunque no puedo desechar la conciencia de que la estoy pasando bomba. De que alguien ha conseguido contar bien una historia. Mi cuñado, en cambio, no parece tener esta última resistencia: le envidio un poco esa especie de inocencia. Especialmente cuando recuerdo que, de niño, cada vez que veía Indiana Jones and the Raiders of the Ark (la primera de la serie que tuvimos en video), me escondía detrás del sillón cada que salían cadáveres.
Curiosamente, ahora que volví a ver la segunda parte de la trilogía, que en 2008 ya será tetralogía, no pude dejar de pensar en Less than zero, no en la canción, sino en la novela. ¿Recuerdan American Psycho? En esa novela, también de Ellis, Bateman, el protagonista, insiste en excusarse usando la frase: "Debo regresar unos videos". Una y otra vez, se retira de lugares o pospone citas pues debe ir a la tienda de videos (a menudo, en lugar de regresar videos está matando gente). Este recurso, por alguna razón, me hace pensar en uno de Less than zero, donde a menudo se habla de la versión en video de la entonces recién estrenada Indiana Jones and the Temple of Doom (que se estrenó dos años después de que yo nací). Antes creía que esto sólo era eso, un recurso, algo que ponerle en la boca a los personajes (quienes, en Less than zero, casi invariablemente, tienen algo en la boca; cigarros, botellas, penes, drogas, trivialidades). Pero cuando, el año pasado o antepasado leí Lunar Park, creo que pude ver otra razón.
Lunar Park, una falsa memoria, también de Ellis, con guiños a Stephen King, lidia con la muerte del padre de Ellis. Hace unos días, estaba platicando con unos amigos sobre Educar a los topos, de Fadanelli. Un libro que, confieso, no disfruté demasiado. Entre las virtudes que mis amigos, en cambio, veían en el texto se encontraba esa cualidad de "falsa memoria", sobre la incapacidad aparante que existe en los escritores para hablar realmente sobre su padre. (Uno de mis dos amigos, dijo, no ha sido capaz de escribir nada sobre su padre, quien murió hace unos cinco años; yo le he leído textos sobre su padre, supongo que quiere decir que no puede escribir sobre él realmente, agotando algo; lo cual, en suma, me parece comprensible). De ahí, también, que me parezca comprensible que Ellis haya decidido escribir una novela y no una memoria, una novela donde el personaje es un escritor que se llama Brett Easton Ellis. Un escritor que, nos cuenta Ellis, ha escrito algunas novelas, entre ellas Less than zero, American Psycho y algunas otras. Una novela que sí, gira alrededor de la muerte de su padre pero también de un fantasma que lo acosa, un doppelgänger que pide caos, que a veces es su padre, a veces Patrick Bateman, quien ha salido de su obra para perseguirlo, a veces, por supuesto, él mismo.
Entre el caos que pide, las catástrofes que produce este fantasma, se encuentra la pérdida de los niños, como parte de un plan siniestro del cual ningún adulto parece ser parte. "Desaparece aquí", es la última nota que deja el hijo de Brett Easton Ellis, el personaje, antes de desaparecer. La misma frase que resuena en la cabeza de otro protagonista de Ellis, Clay, a lo largo de Less than zero. El conjuro que hace que, como en el castillo de Sankara, el Templo de la Perdición, desaparezcan todos los niños.

2 comments:

Rodrigo said...

¿Cuánto falta para Indiana Jones?

Guillermo said...

Poco menos de un año. Mayo 2008.