Wednesday, September 17, 2008

Entrada 920

El procesador de texto en el que trabajo durante el día en la oficina de la Mac cambia la palabra iTunes por atunes. Esto es algo que descubrí hoy, que cuando el procesador de texto de la Mac automáticamente me propone lo que con probabilidad es una mejor palabra y en lugar de, como decía, iTunes pone atunes en la pantalla en mi cabeza no leo atunes sino tunas y es raro que no sea hasta después de un tiempo -un instante- que me percato de que no es la fruta sino el pez, el pescado que se come, el atún, que viene en lata y no la tuna que espina al águila.

Tuesday, September 16, 2008

Forzarse a seguir leyendo, curarse con exceso

Hoy que inicié -sería tonto decir que reinicié- Infinite Jest pensé en aquella vez cuando, en la preparatoria, un amigo, a quien mantendré en el anonimato, decidió empinarse un costalito de azúcar porque estaba al tanto de que consumía demasiada y pensaba que la experiencia sería lo suficientemente traumática para dejar de comer que sus galletitas, sus pastelitos, sus Gansitos, sus golosinas diarias. Así que eso hizo y vomitó y más tarde descubrió que el ejercicio no había funcionado.
En "Year of the depend adult undergarment", casi al inicio de I.J.:
But he would force himself to do it anyway. He would smoke it all even if he didn't want it. Even if it started to make him dizzy and ill. He would use discipline and persistence and will and make the whole experience so unpleasent, so debased and debauched and unpleasent that his behavior would be henceforward modified, he'd never even want to do it again because the memory of the insane four days to come would be so firmly, terribly emblazoned in his memory. He'd cure himself by excess.

Monday, September 15, 2008

Avanza la ironía

Desperté por un mensaje en el celular. Ahora saco el aparato para leerlo: "Foster Wallace se ahorcó". No era temprano. Volví a la cama después de anotar un "no mames" en la pantalla y devolver el mensaje. No registré, en realidad, lo que esto me hacía sentir y me sumergí rápidamente en el sueño. Minutos, instantes más tarde, un nuevo mensaje de otra persona: "¡Se ahorcó Foster Wallace amigo!". Aquella mañana en la preparatoria, recordé entonces, cuando bajé a la cocina para encontrar a mi madre en bata, preparando el desayuno de mi padre. "Se murió ese director que te gusta", me dijo. Hablaba de Stanley Kubrick. Un sentimiento similar. Ya no habrá más producciones de Stanley Kubrick, pensé aquella mañana, sin haber visto aún Eyes Wide Shut ni imaginar Inteligencia Artificial, más tarde. Cuando murió Bolaño yo no imaginaba 2666 ni El secreto del mal ni La Universidad Desconocida. Sólo había leído Los detectives salvajes y algunos de sus libros de cuentos. Son pocos los autores que me gustan que mueren. ¿Pero me gusta Foster Wallace? El trance y reto de Brief interviews with hideous men era más un golpe de certeza de su influencia en otros escritores que me gustaban (había leído que Eggers era fan -aquí una conversación entre ellos*). Quizá no es que haya muerto lo que me sorprendió, al menos no tanto como que, precisamente como señalaron aquellos dos mensajes matutinos y telefónicos, se hubiera muerto por su propia mano. "Mr. Wallace was an apparent suicide", leo ahora en el New York Times. Y más abajo: "A versatile writer of seemingly bottomless energy". Parecen casi contradictorias, estas líneas. Y a la vez, no. Algo encierran, la sospecha de que Wallace sabía algo que nosotros no sabíamos. No sabemos. Esto es tonto. Escribir esto. David Foster Wallace falleció, yo llegué a leer algunas cosas suyas, me gustaron, otras no tanto, no he leído, sin embargo, la mayor parte de su obra (y hoy saqué, al llegar de la casa de campo, el pesado volumen de Infinite Jest del librero sólo para hojearla y devolverlo a su lugar, no sé cuándo vaya a leerlo) y en fin, comienzo a sentirme como una, sí, rémora junto al cadáver de un tiburón que sin embargo avanza. Esto es tonto.
*Allí escribe Foster Wallace (y es doloroso notar la sincronía de mis entradas) lo siguiente, sobre los argumentos entre políticos: "It’s all become like Zinn and Chomsky but without the immense bodies of hard data these older guys use to back up their screeds. There’s no more complex, messy, community-wide argument (or “dialogue”); political discourse is now a formulaic matter of preaching to one’s own choir and demonizing the opposition. Everything’s relentlessly black-and-whitened. Since the truth is way, way more gray and complicated than any one ideology can capture, the whole thing seems to me not just stupid but stupefying. [...] How can any of this possibly help me, the average citizen, deliberate about whom to choose to decide my country’s macroeconomic policy, or how even to conceive for myself what that policy’s outlines should be, or how to minimize the chances of North Korea nuking the DMZ and pulling us into a ghastly foreign war, or how to balance domestic security concerns with civil liberties? Questions like these are all massively complicated, and much of the complication is not sexy, and well over 90 percent of political commentary now simply abets the uncomplicatedly sexy delusion that one side is Right and Just and the other Wrong and Dangerous. Which is of course a pleasant delusion, in a way—as is the belief that every last person you’re in conflict with is an asshole—but it’s childish, and totally unconducive to hard thought, give and take, compromise, or the ability of grown-ups to function as any kind of community".

Thursday, September 11, 2008

Contra la ironía

En el Segundo Piso, casi despejado de otros autos a eso de las diez y tantos de la mañana, veo el casi despejado cielo de la ciudad de México, azul y con nubes, casi completamente libre de ironía y anuncios espectaculares, excepto por -cuento- unos siete, dos de productos de belleza y unos cinco del Gobierno de la ciudad de México. Los cinco del Gobierno de la ciudad de México son el mismo y en todos se anuncia que gracias a una campaña del mismo gobierno (se están dando sus propias palmaditas en la espalda, no se les escape) se despejó el segundo piso y el periférico de contaminación visual.
Muchas gracias.

Tuesday, September 09, 2008

Releo

Algunas entradas de esta bitácora electrónica, de hace unos tres años. Parecía menos preocupado aunque ahora mi vida parece más sencilla. Probablemente un mecanismo de defensa. Extraño esa juventud. La certeza idiota de que no sería feliz, pues aún albergaba una esperanza -de ahí su idiotez, quiero decir. Ahora que probé las cosas que entonces pensé me harían feliz, la paz y el orden, debo decir que podría atisbar cierta desesperación en el horizonte, si no fuera porque sencillamente no es así. Lo único que siento es una paz y un orden de un distinto, digamos, orden. Me gustaba experimentar pocas certezas.
Hay tantos libros que me gustaría releer pero no sé si el número es superior o el sentimiento de mayor intensidad que el provocado por los libros que no he leído pero quiero leer.

Awake, un cuento de Tobias Wolff


Leo un cuento en una revista. No en una revista impresa sino en la versión electrónica. Lo leo sentado, aquí en la oficina. Es un cuento de Tobias Wolff. No lo he terminado. Me distraigo (con el trabajo). La revista es The New Yorker. Es una buena revista, nunca he comprado una, me la han prestado -una vez que Eggers sacó un texto sobre películas de verano, hace como uno o dos años- y en fin, el cuento de Wolff inicia con el personaje leyendo la Odisea, aburriéndose, esforzándose por leer el texto pero incapaz porque es uno de esos libros que aburren, aparentemente, y está leyéndolo en la cama -que, como sabemos es uno de los peores lugares para leer, así como es terrible leer en la oficina (por no decir imposible)- y en fin el libro, descubre el personaje, es un libro de biblioteca. "Era un libro de la biblioteca", escribe Wolff, "Estudió las fechas en que lo sacaron -pocas y distantes entre sí- luego lo cerró y lo regresó a su lugar".
No termino de leer el cuento, me voy a casa.

Friday, September 05, 2008

Thursday, September 04, 2008

Desierto y aburrimiento

Originalmente éste iba a ser un correo electrónico dirigido a un amigo pero leer otros blogs me estimularon a escribir lo que yo puedo juzgar, sin demasiado distanciamiento, como una honestidad mediocre que me puede llegar a preocupar en los momentos en que sin estar escribiendo estoy narrando, pero no es esto de lo que quiero hablar. Va más por el lado de que voy en el camión leyendo Huesos en el desierto, que me prestó un compañero de la oficina, y leo y leo sobre los crímenes pero la verdad es que me pierdo en los datos, en la falta de historia y en palabras con un peso específico, en expresiones clínicas y desapegadas como "decúbito ventral" que por supuesto me refieren a catálogos ficticios, pero no sin menos peso, como el del extenso capítulo-novela que se encuentra en 2666, "Los crímenes". Me pierdo también en el camión, entre todas las personas. Pero no es camión, es el Metrobús, y alguien apuntaba en que ir en el Metrobús ciertamente no es como ir en el camión. Mucho menos como ir en el metro. Uno, en el Metrobús,no le dirigirá la palabra a otro pasajero a menos que se tope con el caso raro de una persona que está leyendo un libro que uno conoce (se sentirá abochornado por esto, no lo olvide) ni olerá las cajas de unicel que utilizaron los meseros que ahora descansan para transportar pescado del restaurante donde trabajan (como en el metro, para gran risa de ancianas y chicas morenas y rellenitas) sino que le mandará un mensaje irónico y chistoso al amigo que se quedó encerrado en la oficina, llamándolo "lacayo" -y pensando, todo el tiempo, no, resguardando en su interior la memoria enterrada del cuento Los crímenes, que sucede a altas horas en una oficina en El secreto del mal, también de Bolaño. Uno en el Metrobús, pues, sin nadie a quién hablarle, sentirá miedo. Hasta aquí, pues, mis azotes socioeconómicos.
Me pierdo, decía, entre la muchedumbre del Metrobús y observo entre página y página a una güerita que por azares del destino no pudo subirse en la parte de las mujeres sino en la parte de los hombres y mientras la veo atentamente preguntándome cómo es que no se ve incómoda y cómo es que no se le arriman -como en todas las historias que he escuchado- me sorprendo a mí mismo mirándola con atención y ella volteándose, sintiéndose incómoda por mi mirada.
Por supuesto, mi padre se compró un automóvil. No sólo un automóvil sino uno que me hará sentir incómodo cada vez que él se queje sobre la inseguridad en la ciudad y en el país pero sobretodo cuando estoy utilizando la curiosa anécdota como eso, una curiosa anécdota que presento a los demás como algo digno de contarse, un signo de los tiempos en los que vivimos. Contrastes, ironías, todo agotador. Así que busco en otro lado y donde busco es en mi adolescencia, aquella vez que en el Bull Dog, a punto de estar borracho, me perdí de la conversación de los amigos de entonces para poner mi atención en el mural del bar y leer en algún lugar, allá arriba, la frase "desierto de aburrimiento" que ahora me suena (en el correo que iba a mandar a mi amigo iba a añadir algunos detalles sobre aquella noche que son, veo, demasiado bochornosos como para escribirlos acá).
Mucha gente, mucho espacio. El tedio nos orilla. Comienzo a anotar con palabras cortas, menos apuradas, cuando no tengo absolutamente nada sensato que decir sobre una situación. Cuarenta días en el desierto está bien, una ciudad entera toda una vida no tanto.

Wednesday, September 03, 2008

Almas bellas, sensibles

Leía sobre un condenado a muerte que cedió su cuerpo para que fuera parte de una obra de arte, en caso de que su última apelación no enmendara la condena. No recibió el perdón. Ahora abogados están revisando el testamento para ver si es válida la entrega de su cuerpo al artista. Los abogados no revisaron su confesión, en cambio, en la que se retractaba de acusar a un amigo como cómplice del asesinato que cometió -cosa que hizo con la esperanza de que no lo castigaran con la pena de muerte- pero como no entregó el documento en el que se retractaba dentro de un plazo determinado de días, las autoridades, ay, se vieron obligados a condenar también a su amigo, quien falleció por inyección letal. Una vez, de paso se les informa, arrestaron al artista a quien cedió su cuerpo por intentar pintar de rojo la cima de Mont Blanc, con aerosol -cosa que hizo con un iceberg. Ah, el arte. Hay gente que cede su cuerpo a la ciencia. Por otra parte, cuando se le preguntó al artista si le parecía ético el uso que le daría al cuerpo del condenado a muerte (piensa congelarlo y procesarlo para convertirlo en comida para peces; después, invitará a los asistentes de su exhibición a darle de comer eso a peces) contestó que ese no era el problema, el problema esencial es que seguía existiendo la pena de muerte.
En otras noticias relacionadas con el arte, Yoko Ono invitó a que se entreguen escalinatas de madera que ya no se usan para su exhibición que consiste en una especie de bosque de escalinatas. Yoko Ono es conocida porque desde la década de los sesenta involucra al público activamente en sus exhibiciones. Como cuando los invita a bailar una pieza con ella, según leo, o como cuando los invita a tijeretear su ropa.

Monday, September 01, 2008

Simio en la televisión

En la televisión The Ape, una película con James Franco de hace tres años. No la veo de corrido porque busco constantemente algo en otros canales que valga la pena. Pero tirado sobre el sofá, como un orangután agotado, el control en mano, entiendo que la película trata sobre un hombre que aspira a ser escritor, así que deja su trabajo, su mujer y a su hijo para mudarse a un departamento pequeño y escribir. Su más grande influencia, Dostoievski.
Por supuesto, en el mismo departamento vive un simio, su oscuro hermano gemelo y luego el simio le hace la vida imposible haciéndole creer que le ayudará a su vida literaria. La película termina en que ambos se destruyen.
También estaban pasando Entourage. No era capítulo de estreno pero estuvo bueno.

Sunday, August 31, 2008

Algunos eventos extraños

Suena el teléfono. Estoy en casa. No suena, vibra para anunciar un mensaje de voz. El mismo se mandó, según indica el registro, a la media noche del seis de enero. Me ha llegado tantas veces este mensaje que ya no me molesto en escuchar que no hay mensaje, lo borro directamente. Así desde hace un mes, aproximadamente. El teléfono hace esto sólo cuando estoy en casa.
Refu le ladra a la puerta y a un muro. Después de un rato para.

MacGuffin

Hoy por hoy, a estas alturas, la tesis.

Friday, August 29, 2008

"Los simios escribirán una gran obra"

Finalmente, Miguel Ángel Marcos rescató del imaginario universitario, que comenzaba a fragmentarse, la "Constitución de una gran comunidad no utópica" en la que se estableció, por ejemplo, que el lenguaje nacional de dicha comunidad será el corporal, que Isabel Allende no existe, que la mayoría de edad se determinará por el pelo axilar, que habrá un pastelero y que los Simpsons serán considerados parte del cánon Occidental, entre otras sensateces. La constitución entera, acá.

Thursday, August 28, 2008

Wednesday, August 27, 2008

Tuesday, August 26, 2008

Primate emparedado

Hace tiempo que no escucho el tecleo del chango de la pared. Esto bien podría ser una aseveración falsa a no ser que con ello lo que realmente quiero decir es que a pesar de que escucho un sonido que viene del rincón de la oficina del que antes venía el sonido del tecleo del primate en la pared ahora escucho, en su lugar, el sonido que hace el secador de manos -o el aire acondicionado- del baño de mujeres que colinda con la oficina. De este modo, aunque escucho el mismo ruido, el mismo ruido blanco de todos los días, ahora lo hago de distinta forma, con significado diferente. Y aunque hoy tampoco escuché ese ruido -vaya usted a saber por qué- recordé que antes de esa esquina de la oficina venía un ruido que yo imaginaba se trataba de un simio que teclea, como tecleo yo ahora y como tecleo a toda hora en la oficina donde trabajo, sobre una máquina de escribir.

Todo se debió a que en la red me topé con la portada del número de otoño de 1943 de Startling Stories, una vieja revista de ciencia ficción. Es la de arriba. Fue un buen rato que esto me atrapó, dejen les digo de paso: algunos ejemplares de la revista presentaban textos de autores que yo leía en mi adolescencia -Isaac Asimov y Arthur C. Clark, a saber- y textos de un autor que seguramente leeré en esta curiosa regresión que estoy experimentando de mi adolescencia -Ray Bradbury- y que ahora se venden, a través de la misma página, en precios que van de los 15 a los 30 dólares. En fin. Entre los contenidos, según el catálogo que leí acá, se encuentra el cuento The Monkey and the typewriter de un William Morrison. E intenté buscar el cuento en la red (puse William Morrison en Google y el título del cuento) pero pronto me dio pereza. Sí di, sin embargo, con información de Wikipedia no sobre Morrison sino sobre la idea del mono que escribe y da con una novela -relámpago conceptual de paso donde la red es una especie de novela escrita por millones monos- lo cual me sorprendió mucho pues incluso cuando tuve la locura de buscar el cuento Skule Skerry, de John Buchan, en la red, al menos di con una biografía del escritor (quien resultó ser un escritor inglés a la Lovecraft (y a quien busqué porque había leído su nombre en Seymour an introduction de Salinger (donde, por cierto, se define al lector de Salinger como un amante de pájaros, esas vibrantes criaturas que van de un lado a otro sin aparente ton ni son (y donde, dejen termino, se concluye entregando a lector un bello ramo de paréntesis)))).

Zombies en la academia

En Zombies en la academia: ¿puede existir una teoría de la autobiografía? escribe Nora Catelli:

"La teoría de la autobiografía parece destinada a convertirse en un gran paquidermo académico, desde que Georges Gusdorf, James Olney, Jean Starobinsky, Philippe Lejeune, Paul de Man y Jacques Derrida escribieron sobre su poética y su retórica. El gesto, la condición, el recurso, el género, la impostura, la mentira, la ficción el contrato, el pacto, la semejanza: todo lector que transite por bibliografías al uso reconocerá cada uno de los matices de estas palabras claves. Ya hay expertos: se clasifican, se juzgan, se establecen y se buscan invariantes [...]" .

También: "Podría decirse así que lo autobiográfico y lo biográfico son zombies románticos, incansables y peligrosos, que se alimentan de hechos. De crasos hechos insoportables", un cuerpo que, "aun muerto se escapa y sigue viviendo a costa de los otros".

"Zombies en la academia", en CATELLI, Nora, En la era de la intimidad, Beatriz Viterbo Editora, Rosario, Argentina, 1a, 2007, pp. 59-69. Palabras clave: zombies, paquidermos, autobiografía.

Sunday, August 24, 2008

Otro domingo.

Otro servicio a domicilio.

Friday, August 22, 2008

Juguetes -y juegos- dentro de un clóset

Anoche vi, finalmente, completa, Who's Afraid of Virginia Woolf? Se debe tener, nos explican, un cerdo para encontrar trufas.







Tuesday, August 19, 2008

Entrada 901

Al regresar del trabajo enciendo la televisión y pasan un segmento donde recuerdan atletas agotados que llegan o no a la meta para tirarse al suelo y llorar, para desplomarse en los brazos de jueces, para permanecer quietos, la respiración agitada, los cuerpos torcidos. Al regresar del trabajo, con dolor en las muñecas de teclear y la espalda hecha nudos, enciendo la televisión y veo lo que les digo que vi y en seguida un comentador, al tanto de la naturaleza de los videos que acaban de presentar, se arranca sin decir agua va en una defensa: "¡Ustedes dirán, qué locura! ¿Para qué sufrir? ¡Pues no señores! ¡Es una elección de vida y hay que ser consecuentes hasta el final!". En el Metrobús, personas viendo a través de las ventanas, callados, los ojos amarillos. Al regresar del trabajo me tiro en el sofá a ver la televisión sin ganas de abrir un libro ni de encender la computadora para continuar con la recién empezada novela o con las postergadas correcciones y no sólo no pienso en los consejos de algunos amigos sino que cuando le cambio de La Jugada Olímpica a una entrevista con Billy Crystal me tardo en registrar su discurso sobre el sacrificio por las artes y por supuesto no recuerdo en ese momento que en la comida le dije a Nicolás que ser un atleta profesional era una mala elección de vida. Y llego, les digo, cansado del trabajo, con un cuello tieso y la vista nublada, para cenar, ver la televisión, no pensar en nada y sentarme a escribir un texto en el que realmente no creo: no me siento agotado como se sienten agotados los atletas ni siento el romanticismo de quien eligió una vida para no poder abandonarla ni me trago esta onda de vidas paralelas mediadas por la televisión, sólo me pongo a escribir y veo cómo se mueven mis manos, ocupadas, muy ocupadas sobre el teclado, sin importarles que tengo una horrorosa comezón en la oreja izquierda. Me detengo, pues, un momento, me rasco la oreja y cambio de posición.