Sunday, April 01, 2012

Leer

Leo La soledad del lector. Escribe Markson:

En 1959, en Ciudad de México, el Lector se topó con un Ulises de Shakespeare and Company a pocos centavos en un mercado de pulgas. La tapa estaba descolorida y despegada, le faltaba el lomo y la contratapa. Tampoco era una primera edición.
Aún así.

También:

Malcolm Lowry: Tengo una historia divertida para contarte, de algo que sucedió cuando no estabas.
Protagonista: ¿Sucedió? Ah, carajo, se huele en todo el departamento. ¿No te habrás tomado mi loción de afeitar?

También:

Donald Barthelme: Cuéntame en qué has andado.
Protagonista: Lamentarás haberlo preguntado. ¿Te cuento de la operación por cáncer de pulmón que acabo de pasar o de la de cáncer de próstata que me están por hacer?
Donald Barthelme: Habla. Y después yo te cuento de mi cáncer de garganta.

***

No he comido por leer. Excepto dos tazas de café. El departamento huele a la comida que están preparando en otros departamentos.
De pronto, recordar que en I. Stephen Dixon hace que su personaje tome sopa miso mientras lee el obituario de Fels, trasunto de William Gaddis. Afirma el protagonista que la sopa miso ayuda a prevenir el cáncer de próstata.
De lo que murió Gaddis.
De pronto recordar también al compañero de escuela cuyo padre mató de un tiro a su mujer y después a su hermano y después se mató él. Dejándole al compañero de escuela, de quien ya no sé nada, antes de que cumpliera los once años, la tarea de subir las escaleras tras oír los disparos y descubrir los cuerpos.
Algo similar, anota Markson, le sucedió a Conrad Aiken.

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