Tuesday, May 29, 2007

King Cole Bar


Para algunos, el King Cole Bar es uno de los más legendarios pero peores bares de hotel que existen en Nueva York (es demasiado pequeño y siempre está abarrotado). El bar se encuentra en el hotel Regis. Es famoso, entre otras cosas, porque ahí fue donde se introdujo el Bloody Mary a América. Joe Dimaggio, acompañado de Marilyn Monroe, Yoko Ono con John Lennon, Dalí y Hemingway, pasaron por ahí. Este último, si hemos de creerle a un personaje de la novela And now you can go, tuvo una relación directa con la manera en que Parrish pintó el mural que le da nombre al bar donde se representa al rey Cole --del cuento de niños (en el que aparece Humptey Dumptey). Hace tiempo el viajero triestino me prestó esta novela (escrita por Vendela Vida, quien, además de ser muy guapa y escribir poca madre, es mujer de Dave Eggers). En la página 167 de la edición que leí, dice:
Inside the hotel, we ask the concierge where we can find the Old King mural. We're directed to the King Cole Bar. We pass a harpist with long golden hair playing ethereal music. Behind the bar we can see the mural --it takes up almost the entire width of the wall.
"He painted that on a dare", Sarah says. "Parrish was boasting that he could paint anything, and Heminghway --I think it was Hemingway-- said, 'I bet you can't paint a fart". We look at the painting: the people closest to King Cole are turning their noses away from him.
Lamentablemente, no pude dar en la red con ninguna imagen lo suficientemente grande en la que este detalle se aprecie del todo bien. Sin embargo, encontré este artículo, de la restauración que se le hizo a inicios de este año.


Desde la década de 1950, el mural, de 1906, no había sido cuidado (entonces la restauración fue revisada por el mismo Parrish). Si fuera a visitar pronto Nueva York, no sé si me sentiría estafado o no al ver el mural restaurado. No vería ya la fina capa marrón de nicotina que oscurecía los rostros, ni las salpicaduras de alcohol de bartenders descuidados, ni las grietas en la pintura, muestra del paso del tiempo. Seguramente no encontraría lugar en el bar ni pediría un Bloody Mary. No sé porqué me llama esto tanto la atención. Mi cabeza funciona así: pienso en Eggers, pienso en Vendela Vida, en David y su gato Frankie, en el Queen Kong de la Condesa (una sinápsis suelta), en Hemingway y los lugares donde la gente se reúne para hidratarse, como gacelas en África.

Monday, May 28, 2007

Convergencia ñoña



The Deep: The Extraordinary Creatures of the Abyss (University of Chicago Press, 2007), de Claire Nouvian, muestra aquellas criaturas del fondo del océano que no pueden ser estudiadas en la superficie ni fotografiadas en todo su esplendor pues son atacadas, de inmediato, por la violencia de la gravedad y el aire. No fue hasta ahora, con nuevas tecnologías de luz y fotografía que desconozco, que se pudieron fotografiar algunas. Entre otras el "Dumbo octopus". Pueden leer más al respecte en este artículo.

Sunday, May 27, 2007

Acné literario


En la compra del nuevo Inquilino, 15 pesitos, usted puede llevarse un gatito llamado Frankie, además de los siguientes textos: Apuntes para el viajero ideal, de Karla Morales, El viajero tristieno, de David Miklos, El viaje por la patria, de Rogelio Villarreal, Tlacochahuaya de Luis Xavier López Farjeat, La tour del cocinero, de Enrique Hidalgo, Lonely Planet, de Adriana Degetau, De Libros ciencia y locura de Mauricio Lecón, Mis avatares con La montaña mágica, de Eduardo Charpenel, un texto mío, El viaje que Gordon Pym no pudo evitar hacer, de Diego I. R. Meana, En busca de Paul Auster, de Flor Aguilera G., La habana, 6 de febrero de 2006, de Edgar Rodríguez y Jazz it up, Coltrane, de Carlos Velázquez. Y además: una pequeña desilusión, porque lo del gato llamado Frankie era broma.
Quizá tarde un poco en que este Inquilino llegue a sus manos, la mayoría de ellos se encuentran en la cajuela de mi auto y a menos que me tope con ustedes en la calle, nos conozcamos y les interese, o que usted sea uno de los colaboradores y lo vea pronto para dárselos, probablemente no lo tendrán sino hasta que encuentre el adecuado medio de distribución.

Thursday, May 24, 2007

La hija del general

Sospecho que la película en la que Bolaño se basó, muy libremente, para su cuento El hijo del general es Incubo sulla città contaminata de 1980, también conocida como Nightmare city o El ataque de los zombis atómicos. No pondría mi manos en el fuego por esto.
La película, que obviamente es mala, pero también puede ser muy buena, está dirigida por Umberto Lenzi. La pasaron hoy en cable, en un canal que sólo pasa películas mexicanas. Cosa que no es, a no ser por algunos detalles: es una producción compartida (España, Italia, México) y el rol principal, aunque originalmente se le iba a dar a Franco Nero, y en su defecto a otro actor llamado Fabio Testi, se le otorgó al mexicano Hugo Stiglitz con la esperanza de atraer al público mexicano.
Al principio no entendía que se trataba de una película de zombies (sólo lo es en sentido metafórico, pues no son muertos vivientes sino hombres afectados por radiación nuclear y que son, quién sabe por qué, asesinos y muy atléticos que aunque muerden también balean y usan cuchillos para asesinar). Pero como mi compañía de cable te dice el nombre de la película aunque ya esté empezada, vi el nombre y me interesó (un poco). La escena que veía se llevaba a cabo en una casa de campo. Un hombre intentaba persuadir a una chica (¿su novia? ¿su mujer?) de que se escaparan de la casa de campo que estaba resguardada por militares. Era pleno día. Y un grupo de zombies preparaba un ataque. La chica de la que les hablo era la hija del general, de ahí que la casa estuviera resguardada por soldados.
No me enteré si los zombies atacaban o no a la hija del general, si conseguía escapar de la casa, pues eso quedaba más o menos en suspenso. Además, uno tenía que enterarse de otras subtramas: un asedio de zombies a un hospital, una operación quirúrgica interrumpida por el ataque; y también un ataque a una base militar, donde se encontraba el General Murchison, (no me quedó claro si era General o no; a veces le llamaban "Liutenant"). También: el intento del protagonista, un reportero, por encontrar a su mujer, una doctora, y escapar de la ciudad.
Me gustaría contarles más, pero no acabé de ver la película. Quizá algún día, de madrugada, vuelva a toparme con ella. Aunque creo que para que esté dispuesto a verla tendré que estar deprimido o borracho. Hay más información aquí.

Tuesday, May 22, 2007

S.NOB

S.NOB, como algunos saben, fue la revista dirigida por Salvador Elizondo quien, como algunos saben, fue un pedante. Al respecto, a finales de 1978, cuando publicaba su columna en el diario unomásuno, escribió un texto titulado Elogio de la pedantería:
"Con la misma frecuencia que escucho pronunciar la palabra pedante --casi siempre dirigida a mí como insulto-- la digo o la pienso yo mismo y la aplico a los otros dándole automáticamente el sentido peyorativo que le atribuye el uso común, que es lo mismo que emplearla mal. En México el vulgo asocia, por similitud fonética, la pedantería con la flatulencia y, por derivación, con la embriaguez. Se aplica así al discurso cargado de palabras incomprensibles que son como vacíos o mero sonido y emitido en tono didáctico. Este sentido es también incorrecto y denota crasa ignorancia en todos aquellos que con él la emplean".
Más adelante, para no hacerle más al cuento, Elizondo afirmará que pedante, como sugiere el Corominas y el Paideia de Jaeger, posee su raíz griega en, precisamente, paidos. ¿Han notado, cambiando de tema, que ya es casi lugar común titular a los ensayos con un "elogio"? No me sorprendería de que algún ingeniosillo escribiera un Elogio del elogio.
Si quieren leer una reseña de la versión facsímilar de S.NOB publicada hace tiempo por la editorial Aldus, vayan aquí. Es, me parece, la misma reseña que apareció hace tiempo en Revuelta, la revista esa del grupo del Crack. Que es una mala revista. Pero la reseña está buena. Esta idea, de reseñar viejas revistas, también la maneja la revista The Believer en una sección muy fregona. En fin. Aldus. Quería decir algo de Aldus. Y es que es una gran editorial. Ayer compré José y sus hermanos, los cuatro volúmenes, de Thomas Mann, ahí. Y sólo me costó unos 300 pesos. Lo cual es una ganga. Todavía queda otro paquetito, en el FCE Octavio Paz --el de Miguel Ángel de Quevedo. Por si alguien se anima.
Creo que otro título que pudo haber estado bien para esta actualización fue "Guiño a Alejandro Vázquez y su Pregunta del día".

Sunday, May 20, 2007

Libro de artista


Me hubiera gustado hacer esta actualización cuando todavía era novedad, es decir, cuando en la Biblioteca Pública de Nueva York aún estaba expuesta French Book Art Livres d'Artistes: Artists and Poets in Dialogue, que fue retirada, ejem, en Agosto del año pasado. Afortunadamente, me parece que aún pueden ir al MUCA de la UNAM (junto a la librería, frente al espejo de agua a donde van los novios a cortar) y ver varios proyectos de artistas "vanguardistas" del México de los sesentas. Hay muchos libros de artista. O quizá pudieran ver la bitácora de trabajo, que era una especie de libro de artista, de Orozco, ahora que estuvo su retrospectiva en Bellas Artes.


Sospecho que este es precisamente el tipo de cosas que, en el fondo, quieren hacer las personas que llevan un cuaderno Moleskine. Pero eso sólo lo digo yo, ahora que estoy emocionado. También: estoy pensando en McSweeneys. O tal vez sólo está germinando en mí, finalmente, todas esas semillas que plantó Cositas.
La primera imagen es de la colaboración que hizo Magritte con Alain Jouffroy, Aube à l’antipode (Amanecer en la antípoda, o en el otro lado del mundo, como prefieran). Y la segunda es de Duchamp, La Mariée mise à nu par ses célibataires, même (La novia desnudada por los novios, incluso --o "mismo", no sé cómo traducirlo). También es conocida como La caja verde. Que creo es mejor. Si quieren leer más al respecto, pueden ir aquí.

Tuesday, May 15, 2007

Ese zombie

¿Importa que en Los detectives salvajes el diario, quizá ficticio, de García Madero, inicie el día de los muertos? ¿Y que uno de los poemas que escribe mientras espera a sus nuevos amigos, como a los dos días de haber sido invitado al movimiento viscerealista, sea sobre un sueño que tuvo en el que corre desnudo en la Universidad entre una multitud de zombies?

Monday, May 14, 2007

Más convergencias Weschler: perros guía




Emily Marvosh, la ganadora número trece del concurso de convergencias organizado por McSweeneys (que en realidad no es un concurso sino un esfuerzo por recopilar estas rimas) mandó hace tiempo las primeras dos imágenes que tenemos aquí. La pintura de John Singer Sargent (autor que ya ha aparecido en otras ocasiones aquí; especialmente con las similitudes que tienen algunas poses registradas por Tina Barney) le vino a la mente cuando vio la premiada fotografía de Sean Smith, de algunos iraquíes detenidos para interrogación. Comenta: "It struck me that the soldiers are being led to be healed in a medic's tent but the detainees are headed in the opposite direction, to interrogation and an uncertain future".
Weschler responde, pero para eso deberán visitar McSweeneys, y reconoce que en efecto esta imagen de invidentes siendo guiados, para bien o para mal, retoma la pintura de Brueghel: Ciego guiando ciegos.
Hace rato que llegué a casa me topé en la calle con una caravana de invidentes, como a menudo lo hago. Creo que hay un centro cerca de mi hogar donde se educa a estas personas. Pensé entonces en el sensorama, esa práctica que hace unos años tomaron (pues falté ese día) algunos de mis ex-compañeros de la Escuela Dinámica de Escritores. El experimento consistía en caminar por la calle vendados para percibir el día de esa manera. Se hablaba maravillas del ejercicio y de los horizontes sensoriales que abría. Imaginé a mis compañeros caminando por la Condesa, guiados y vendados a un restaurante, donde bebieron y comieron. Esta imagen, de personas caminando en fila india, como Lemmings, sin saber realmente a dónde van, que volví a ver hoy por la mañana, me hizo pensar si habría un lugar donde personas pueden asistir a leerles textos a invidentes. Me gustaría hacer eso, algunos fines de semana o una hora a la semana. Pero, ¿qué libro le leería a un invidente? ¿La Montaña mágica? ¿Los cuentos de Hemingway? ¿Algo choncho? ¿Algo comercial? ¿Un libro de autoayuda, un manual de ingeniería, de lógica? ¿Podría escogerlo yo? ¿A la búsqueda del tiempo perdido? Si alguien sabe de algún lugar así, por favor, avísenme.
También pensé en todos los amigos que me piden consejo sobre distintas cosas, pero especialmente sobre los que me han dado a leer algún texto para su corrección. Siempre me siento como una especie de perro guía que no tiene posibilidad alguna para informarle a su dueño de que uno, temo decirlo, es miope.

Sunday, May 13, 2007

Humor del bueno


El número once de Replicante ya mero donde usualmente la compran. Para ver el índice, vayan al blog de Villarreal. Para más información, al vínculo con Replicante.

Friday, May 11, 2007

Zombies y Moleskines


Tenía que pasar. Me entero hoy que los ilustradores de Marvel Zombies han sacado o sacarán muy pronto un libro con imágenes inspiradas en el universo creado a partir de la historia de Kirkman, de la que mi alter ego teto estaría muy emocionado. Este nuevo libro es un facsímil de un Moleskine en el que Sean Phillips y Duncan Fegredo, los ilustradores de MZ, colaboraron. Se titula Intersections. Sin embargo, no será publicado por Marvel sino por Image comics. Phillips cuenta que, como muchos buenos proyectos (pero también, como muchas malas ideas) éste comenzó después de una borrachera. Y también: unos días más tarde, Phillips le envió un Moleskine a Fegredo quien, a su vez, se lo devolvió con una ilustración y así, hasta que lo completaron. Además de las claras referencias a zombies, hay otros que revelan más sus intereses del día a día.
También: ya se prepara una secuela de la miniserie. Y una precuela. Que supuestamente será una historia complementaria a la de Marvel zombies vs Army of darkness. Esto es lo único que me molesta de los cómics de Marvel y DC, esa nefasta profileración virulenta que parece no poder ser contenida. Especialmente cuando los temas parecen tan gratuitos y cercanos a las modas (28 days, la película de Danny Boyle culpable del boom de la resurección del género, ya tiene su secuela; el puro corto de Grind House de Tarantino y Rodríguez fue ovacionada en los Scream Awards, mismos en los que Marvel Zombies fueron premiados... en fin, no deja de llamarme la atención).

Thursday, May 10, 2007

Apuntes para una actualización en la bitácora

Debería titularse algo así como Más dromómanos pues trataría sobre otros hombres que, como Robert Walser y Bruce Chatwin, disfrutan de caminar. Atención: tendría que ser excelente. Bien escrito, pulido. También: escrito con claridad, sin truquitos metatextuales o esas madres de las que abusas. Entonces: se hablaría de El arte de caminar, el libro que recoge el ensayo sobre la caminata y el paseo de Hazzlitt y Stevenson. La manera de escribirlo tendría que invitar a las personas a leer este libro, de la colección de "Grandes pequeños ensayos" de la UNAM (quizá harías alguna broma sobre lo cursi del nombre de la colección, pero sólo tal vez). Quizá se metería alguna anécdota personal, como se acostumbra. Así, escribirías algo sobre tus propios paseos en compañía de tu perra Refu quien posee, recordarías, la gran virtud de no prestarte demasiada atención y quien no te distrae de tus pensamientos. Importante: no sería un texto mamón. Sería jocoso y si fueras a hacer alguna referencia a otro texto de Hazzlit que ya hubieras leído (como Sobre el sentimiento de inmortalidad en la juventud) lo harías de pasada, así, como que no quiere la cosa. Esto, obviamente, haría referencia a experiencias pasadas (como la vez que llevaste ese ensayito en tu mochila rumbo a Cuernavaca, cuando bajaste desde el Ajusco en bicicleta con Rodrigo Díaz). A considerar: acompañar el texto de una fotografía del libro. O de un cuadro de Van Gogh (el de las botas). O de Robert Walser, caminando. O de un par de piernas bien acá.

Monday, May 07, 2007

Nuño Memez


Tonto, simple, mentecato: así sería, de existir, Nuño Memez, el alter ego de Guillermo que habría de ser creado por anónimos alumnos de la preparatoria. De existir, Nuño Memez saldría acongojado, acogojadísimo, una tarde del trabajo. Pensativo, sin saber sobre qué escribir, pues no había escrito en lo que le parecía mucho tiempo, Nuño Memez se acercaría paso a pasito hacia un cine cercano a la Universidad donde trabajaría. Pero no compraría boleto para ninguna función, sino que se dirigiría a la cafetería que estaría establecida en el mismo cine y que también funcionaría como puesto de revistas. Compraría, entonces, el número 3 de Marvel Zombies pero se sentiría decepcionado pues no encontraría, pobre Nuño Memez, ningún ejemplar del segundo número, que era el que estaba buscando (preguntaría en el estante y un adolescente con granos en la cara pero con voz más grave que la de Nuño Memez, le infomaría que no, que lo sentía mucho, pero todos los ejemplares de Marvel Zombies #2 estarían agotados desde hace días).

No es el fin del mundo, pensaría nuestro pequeño y teto amigo. Saldría a la calle y preguntaría en el primer quiosco de revistas si tenían números atrasados de Marvel Zombies. Cuando le dijeran que no, sin más, Nuño Memez pensaría si habría de enseñarles o no el ejemplar que llevaba escondido en una bolsa de plástico (le avergonzaría caminar por la calle con cómics en la mano, estaría bien para un chico de dieciocho años, tal vez, pero definitivamente no para un tipo de veinticinco). Dios, Nuño Memez sería un perdedor. Y este perdedor, decíamos, pensaría en mostrar el ejemplar que llevaba escondido para asegurarse de que la persona que lo antedía en el quiosco supiera de qué estaba hablando. Por supuesto, le diría a la dependienta que no se apurara y seguiría su camino.

Con una barba mal rasurada, con figuras de Tintín hechas en cerámica adornando su cuarto, con ropa que había escogido su madre, con dinero gastado en video juegos y películas animadas bien acomodadas en su librero, Nuño Memez seguiría caminando por la capital, preguntándose en dónde más podría encontrar el segundo número de Marvel Zombies --por supuesto, también se preguntaría por qué carajos estaría tan interesado en conseguirlo. Pues Nuño Memez, de existir, no sólo sería un teto, sino un teto que estaba muy al tanto de ser un teto. No era algo que disfrutaba ser. Pero, ¿podría justificarlo con su sofisticado pero adquirido gusto por las películas e historias de zombies? ¡Clásicos del cine de horror! ¡Un subgénero en sí mismo! ¡Mordaces críticas sociales, las mejores metáforas de la Escuela de Franckfort! Marvel Zombies, a Nuño Memez no se le escaparía este dato, sería una serie, un "evento Marvel", escrito por Robert Kirkman, autor de The walking dead, quizá el mejor cómic de zombies que existe. ¡Y las portadas, Dios mío, eran obras maestras en el arte de la asociación, en la línea del mejor Jhon Berger!


Nuño Memez, pobre niño tonto, pensaría que el mismo Lawrence Weschler estaría orgulloso. Pues ahí estaba, esa portada de Arthur Suydam, un Xerox de la de McFarlane --el genio, pensaría Nuño Memez, detrás de esa otra gran historia de muertos vivientes, Spawn--. Al final, claro, Nuño Memez no daría con el segundo número de Marvel Zombies. Incluso lo buscaría en Cómic Castle (le daría mucho trabajo no comprar hentai, pero sabía que si su madre se enteraba o encontraba de casualidad el material lo pondría como chancla). Más tarde, en casa, al final de leer su ejemplar #3 de Marvel Zombies, sentado en posición de flor de loto sobre su cama, pensaría en lo triste que es su vida. Después, se preguntaría si ya tenía sobre qué escribir o no. Comenzaba a molestarle ese tonito autodenigrante que también comenzaba a molestarle a sus amigos. Así que no, lo pospondría. Todavía tendría mucho que leer: habría de haber comprado varios números de Civil War

Friday, May 04, 2007

Los benevolentes

No escribo desde mi computadora sino desde el estudio de mi hermana, en su propia casa. Mi hermana está casada. Mi cuñado es agradable. No se encuentra aquí sino fuera del país. Esa es la razón principal por la que me encuentro en este estudio --esa y que hay trabajadores en la casa de mi hermana; por alguna razón, no es buena idea que se encuentre a solas con ellos. Aún así, no he intercambiado palabra alguna con estos trabajadores. Ella ha hecho todo: les ha indicado a dónde mover muebles, les ha pedido que tengan cuidado al cargar cosas pesadas o al salir de la ventana para instalar cables, ha escuchado sus explicaciones de porqué será inevitable que algo de agua se filtre... Habitando en una nueva casa, supongo, es normal que a menudo necesite nuevos acondicionamientos. Aunque es falso, cada vez que vengo tengo la impresión de que alguien está arreglando algo. Tuberías. Electricidad. Pintando. Y todas estas personas que entran y salen de casa de mi hermana, son morenos. Como yo.
El estudio de mi hermana tiene una vista fabulosa a una montaña poblada, aún, de árboles y, simultáneamente, a una serie de casas que están sembradas a faldas de esta montaña --que en realidad es un cerro pequeño. El día está nublado, algunos tintes de rosa en el gris que predomina. Me siento muy poético e inútil. Fijo la vista en un par de ventiladores LG que, recuerdo, se instalaron unas semanas atrás en una casa vecina. Aquella vez, estuve en este mismo estudio leyendo un libro, el único libro, de Jonathan Little, Les bienveillants. Mi hermana me ayudaba a traducirlo del francés. Es una gran persona, mi hermana. Ahora los ventiladores LG (no, ventiladores no, sino aparatos de aire acondicionado; les llamo ventiladores por las aspas que giran dentro del motor, que puedo ver desde aquí) están apagados. Me pregunto si no se echarán a perder así como están, instalados a la intemperie. Son dos. Color blanco. Puedo distinguir desde aquí el logo de LG (esa carita que parece que cierra un ojo). Empotrados en un cubo de hormigón que contiene dos tinacos de agua --puedo ver las cabezas de éstos, también.
Le dije a mi hermana: escribiré sobre ti y sobre tu esposo. Me pidió que no lo hiciera.

Monday, April 30, 2007

Más sobre El secreto del mal, de Bolaño

Muchos de sus cuentos están inconclusos. No vale la pena. Excepto los que están concluidos. Por otro lado, uno de ellos quizá ya lo leyeron en Reforma --que lo publicó como exclusiva hace muchos años-- y algunas otras cosas quizá no las hayan leído ya, pero quizá, a su modo, ya, en muchos de sus libros. Digo, está bien. Y me gustó. Pero soy fan. Y no todo mundo es fan. Así que si no eres fan, no te vayas con la finta. Y si eres fan, pues, mira, ¿quién soy yo para decirte qué hacer?
Puedo decir que:
1. La colonia Lindavista, el cuento con el que abre el libro, me recuerda, obviamente, a Nocturno de Chile y Estrella distante (y también, al pasaje de La literatura Nazi en América en el que se recogía ya el asunto del avión y los poemas en el cielo). Pero también, quizá con menos obviedad, a aquél pasaje de Los detectives salvajes en el que un joven Belano baja una cordillera a caballo y donde se rememora sus tiempos de una preparatoria del Opus --mismo pasaje que me remite a Dos cuentos católicos.
2. El secreto del mal me recuerda al viaje que hice con Julián a Veracruz, o de Veracruz, no recuerdo, en el que él leía, creo, Mantra y yo leía, creo, Monsieur Pain --también, durante un tiempo, conocido como La senda del elefante (creo). Y me recuerda a este texto pues además de que se hace referencia a la casa del pan (Chez pain), se hace un juego con el sonido de Pain, en francés, y la palabra en inglés --el personaje de este cuento es un periodista norteamericano en París. Pero creo que pensar en Hemingway o en la parte de Fate de 2666 ya sería demasiado.
3. El viejo de la montaña. Más de Belano y Lima. Inconcluso.
4. El hijo del coronel. ¿Recuerdan cuando García Madero, en Los detectives salvajes, camina cerca de un manicomio y observa cómo los locos caminan hacia la reja que los separa del mundo en el estilo más zombie a la George Romero? ¿O cuando García Madero cuenta todas esas películas serie B que vio en el cine Teresa? ¿O cuando uno de los detectives salvajes considera seriamente que la novela que Jack Torrance escribía podría ser una muy buena novela?
5. Sabios de Sodoma. Una de esos textos para provocar que, en mi desorden, se asemeja a la disertación de 2666 de por qué los niños ricos que buscan respetabilidad a través de la literatura viajan a Berkeley a estudiar.
6. La habitación de a lado ya se había publicado en Reforma. ¿Alguien puede decirme si cuando esto sucedió Jaime Reyes ya dirigía el suplemente cultural?
7. Laberinto tiene algo de esos libros de fotografías de poetas que veía uno de los detectives salvajes en África. Pero también algo de ese latinoamericano arribista que muere para ignorancia de todos en un anónimo cuarto de hotel. Muy bueno.
8. Derivas de la pesada. Muy bueno. No es cuento.
9. Crímenes. Cuento, muy bueno, 2666. Incluso hay una parte que se ejemplifica un poco esa pregunta de si dos presos horribles podrían enamorarse en prisión.
10. No sé leer. Prueba de que Bolaño consideraba su vida algo singular.
11. Playa. Ya se había publicado en Entre paréntesis.
12. Músculos. Una versión de Una novelita lumpen (como se advierte en el prólogo del editor). Lo curioso de Una novelita lumpen es que, a diferencia de, digamos, Mantra (son de la misma colección de novelas que hablan sobre ciudades) no habla de la ciudad de la que se supone se hablará. Considero.
13. La gira. Me recuerda al inicio de 2666. Pero en rock. Piensen en los Beach Boys, tal vez. Inconcluso.
14. Daniela. Inconcluso.
15. Bronceado. En una entrevista, creo recordar, Bolaño hablaba --no, mentira; en una conferencia-- hablaba sobre cómo Penélope Cruz (carajo, ¿era una entrevista?) había ido a visitar a la madre Teresa de Calcuta y se hacía preguntas de suma, suma importancia.
16. Muerte de Ulises. Piensen en Muchachos desnudos bajo el arcoiris de fuego (antología de Roberto Bolaño de poesía con presencaión de Efraín Huerta y Miguel Donoso --a huerta le dedica un poema en La Universidad desconocida). También piensen que el poema de esa antología que escribió Mario Santiago se llamaba Consejos de un discípulo de Marx a un fanático de Heidegger (sí, sí, como la novela que escribiría más tarde Bolaño con Porta, pero no). Y luego piensen en Los detectives salvajes. Y luego a llorar de rodillas.
17. El provocador. ¿Inconcluso? Es bueno.
18. Sevilla me mata ya había sido publicado en Entre paréntesis o El gaucho insufrible, no recuerdo.
19. La jornada del caos pudo haber continuado como un capítulo de Los detectives salvajes o como un capítulo de 2666 o quién sabe, tal vez de algún modo se abra para continuar hasta que un Belano-Bowman nos hable en una voz helada de niño de las estrellas, a la 2001, y nos mande señales de radio desde el futuro con noticias terribles de un mañana incierto.
Cálmate azotes.
14.

Sunday, April 29, 2007

¿Quién es el valiente de vida singular?

De El secreto del mal:
Como la literatura solipsista, tan en boga en Europa, hoy que el joven Henry James vuelve a cabalgar a sus anchas. Una literatura del yo, de la subjetividad extrema, claro que tiene que existir y debe existir. Pero si sólo existieran literatos solipsistas toda la literatura terminaría convirtiéndose en un servicio militar obligatorio del miniyo o en un río de autobiografías, de libros de memoria, de diarios personales, que no tardaría en devenir cloaca, y la literatura también entonces dejaría de existir. ¿Porque a quién demonios le interesan las idas y venidas sentimentales de un profesor? ¿Quién puede decir, sin mentir como un verraco, que es más interesante el día a día de un triste profesor madrileño, por muy atildado que sea, que las pesadillas y los sueños y las ambiciones del insigne y ridículo Carlos Argentino Daneri? Nadie con tres dedos de frente. Ojo: no tengo nada contra las autobiografías, siempre y cuando el que la escriba tenga un pene en erección de treinta centímetros. Siempre y cuando la escritora haya sido una puta y a la vejez sea moderadamente rica. Siempre y cuando el pergeñador de semejante artefacto haya tenido una vida singular.

Saturday, April 28, 2007

Ajusco

Si rentan The Royal Tenembaums y ven la escena en la que Eli Cash bebe con Richie Tenembaum en la sala de su casa, verán una pintura colgada de la pared que es parte de la serie de Escape de Cacavilla, de Miguel Calderón. Una imagen que tengo siempre muy presente cuando pienso en el Ajusco. Hoy regresé al cerro después de no haberlo visitado en al menos dos años. Los negocios de renta de equipo y espacio para jugar gotcha han proliferado, pero en realidad todo se ve tan miserable como antes. Lo curioso del Ajusco es que consigue brindar, todavía, una ilusión de "contacto con la naturaleza", a pesar de la cercanía a la urbe y a su contaminación, a su crecimiento canceroso --y las vistas que uno ve desde el cerro. Dios, son apocalípticas.
Las pinturas de Calderón --intenté subir una pero era demasiado pesada, pueden buscarla en Google-- están inspirada en una noticia que este señor escuchó en la radio, o leyó en el periódico, no recuerdo: trataba sobre una banda de hermanos que violaban a personas, allá, en el Ajusco. Yo he escuchado de violaciones en el Ajusco, sí; he visto, subiendo a los parques donde ando en bicicleta, grupos de forenses estudiando los restos de autos incendiados y a finales de los noventa todavía escuchaba de ciclistas que eran sometidos y amordazados a árboles. A quienes, por supuesto, les robaban sus bicicletas.
Mariana se compró una bicicleta hace poco. Hoy la estrenamos en el Ajusco. Nos acompañó Rodrigo, con quien, sobretodo, recordé las múltiples historias ciclistas y bobas y divertidas y de signos de amistad que hemos acumulado a lo largo de los años. Fue genial, debo decir. A pesar del dolor que ahora siento --específicamente en partes de mis nalgas que nunca ven la luz del día-- sé que regresaré pronto. Oh sí. Vida sana.

Thursday, April 26, 2007

Todavía más optimismo

Bobby Fischer, el "fenómeno" del ajedrez, nos dice: "Se juegan partidas de ajedrez en todas partes. En bancos y mesas de parques públicos, en Clubs de ajedrez, en Clubs deportivos juveniles, en escuelas secundarias, en los regimientos, en las prisiones. Hasta por correo. Estoy cierto que usted no encontrará dificultades para encontrar un compañero y jugar una partida. Yo sólo espero que este libro le sirva para disfrutar de este maravillos juego".
¿No terminó Fischer loco? Es igual. ¿No adoran ese optimismo con el que nos dice que uno seguramente no encontrará dificultades para encontrar con quién jugar?
Creo que estoy escribiendo esto sólo para cambiar de tono a la bitácora. Mi anécdota de ajedrez favorita: la mujer de Duchamp, celosa de la afición de éste, de esa obsesión con el juego, un día, cuando Duchamp dormía, se levantó de la cama, se acercó al tablero de Duchamp y pegó todas las piezas con resistol.

Tira cómica de gallinas


Tuesday, April 24, 2007

Entrada 500

Sobre el tema del aborto: Me explican que desde una perspectiva moral kantiana es prácticamente imposible no apoyar el aborto de un bebé no deseado en el primer trimestre de embarazo (es decir, entre las primeras doce semanas, mismas que comprenden el tiempo en que un óvulo fertilizado se implanta en el útero; que, es muy curioso, si se fijan, la manera en que sólo decirlo de otra forma parece implicar cosas distintas). Es prácticamente imposible, decía, porque para Kant --ese pensador ilustrado-- la dignidad de la persona no es una especie de sustancia como el alma o como los valores personalistas que, muy comprensiblemente, lo criticarían más tarde. No, la dignidad de la persona es una cuestión relacional: la manera en que interactuamos con la otra inteligencia. De esta forma, un bebé de doce semanas (o bien, un óvulo fertilizado implantado en el útero), no es capaz de dar signos de inteligencia alguna --y, agregó la persona que explico esto, por ello es tan relevante que se haya demostrado que en ese momento de la gestación tampoco se pueda experimentar dolor o placer alguno. Esto, aparentemente, es la diferencia entre matar un bebé como imaginamos normalmente a los bebés --con pañal, moviendo sus bracitos-- quien sí experimenta placer o dolor. La felicidad, recordemos, para Kant no sólo no es un fundamento de la moralidad, sino que además se reduce a la capacidad de experimentar placer (por más sofisticado que sea).
Otra objeción planteada a esta manera de entender la dignidad de la persona: si una persona sufre de sus capacidades mentales, ¿tiene dignidad? En la medida que podemos advertir signos semejantes a los de una persona con todas sus capacidades mentales en forma, nos explican, sí.
¿Y la inteligencia artificial? Nos confudiría, me dicen.
Así que bien: una de las recomendaciones de Kant, sabemos por sus Críticas, con objetivos claros, de aclarar la razón --si es que ésta será la guía de nuestra moralidad-- es no dejarnos engañar por los errores de la razón. Es decir, mantener nuestras pasiones a raya, no ceder a argumentos formados sobre quimeras, tener cuidado con dejarnos guiar por los sentimientos, ¿pero quién quiere hacer algo así cuando está lloviendo sangre y el mundo es regido por payasos emputados?

Sunday, April 22, 2007

Cierta sabiduría en High Fidelity


Dick: I guess it looks as if you're reorganizing your records. What is this though? Chronological?
Rob: No...
Dick: Not alphabetical...
Rob: Nope...
Dick: What?
Rob: Autobiographical.
Dick: No fucking way.

Sobre el tercer número de El Inquilino

El Inquilino, como ya saben, es un fanzine que inició hace tiempo y que procuraba reseñar cosas que nos gustan. Libros, música, películas, sobretodo libros y sobretodo textos, reseñas que ayudaran o invitaran a compartir esas cosas que nos gustaban --nunca, era la intención, aparecerían reseñas de cosas que no nos gustaran o escritas de manera que mostraran que aquello que estábamos reseñando no nos gustaba. La intención era hacer de esta revista algo casi moral. Algo bueno. Algo sano pero en un sentido didáctico. Total que publicamos dos y el tercero aún está por publicarse --ha estado así desde hace tiempo. Recuerdo que los orígenes del proyecto (mas no del nombre) se germinaron en un Hooters.
Supongo que es normal, esta pulsión de los jóvenes, o quienes aún quieren sentirse jóvenes, de sacar algo al mundo, algo hecho con nuestras manos y cabezas y talentos. Una revista, un fanzine, cosas con poca vida y poca distribución. Les llamamos revistitas, fanzines y suplementitos porque sabemos que son poca cosa y que sólo forman parte de una especie de educación sentimental.
¿Estoy generalizando demasiado? No lo sé. Creo que la historia me avala. Y veo a mi rededor y veo a Julián Etienne con su Polemista, a los chicos de Oráculo, a Viento en Vela (que sigue con mucha vida), y Dios, a toda esa jungla de revistas que se venden en la UNAM y --oh, ¿para qué seguir? Es un lugar común esto de la "tradición de lo efímero", como lo llamó Elizondo en un artículo de 1978. Les copio el último párrafo:
Las revistas literarias de los jóvenes tienen la misma propiedad del Ave Fénix que consigue renacer de sus cenizas, pero apenas cada milenio. Las revistas de poesía son un mal necesario que afecta casi siempre solamente a los jóvenes, una especie de acné literario. Su existencia efímera y su tránsito constante van poblando los minuciosos registros para los futuros historiadores de la literatura; ellas son el testimonio del despertar y de la toma de conciencia de la terrible vocación poética.
Ay, somos unos niños. ¿Será siempre así? ¿Siempre estaremos en un momento dado de un camino ya trazado? ¿No les da terror? Porque yo veo a otros amigos, como Jesús Salazar con sus Libros de Homero, y digo, oh, esto está muy bien, o veo Cuaderno Salmón y pienso con optimismo tantas cosas que me gustaría sólo llegar ya a término. Pero no puedo motivarme lo suficiente para aplanar nalga hora tras hora, tras hora.

Thursday, April 19, 2007

CS4


Comenzar con un "miren nomás", o "ay papá", "ajúa" y otras expresiones que me gustan, o gustaban, me resulta ya cansado cuando quiero hablar de algo que me emociona. Se entiende que es el tipo de expresiones que utilizaría ahora, para hablar del nuevo número de Cuaderno salmón, que siempre me emociona tener en mis manos.
En fin, informo que: este nuevo número tiene como "tema", sin ser tema, las traducciones. De ahí que haya fragmentos de Hamlet (una nueva traducción), de Finnegans Wake (una de las traducciones posibles, en el sentido de una de las que se pudo hacer, no de que se puedan hacer millones) y algunos cuantos poemas, geniales, de Lovecraft quien, debo decir, funciona como segundo "tema", sin ser tema, pues además hay una reseña de H.P. Lovecraft: Against the world, against life, de Michel Houellebecq, hecha por Pohlenz. También hay un ensayo de David Miklos que trata, a su modo, de Lovecraft y lo que significa leerlo y cómo debe actuarse cuando uno lo lee --un texto que se conecta con el cuento que apareció en el último número de la revista La Tempestad.
Además: una entrevista con Fabio Morábito, hecha por María Lebedev. Y textos, apariciones y presentaciones estelares de: Luigi Amara, Geney Beltrán Félix, Gabriel Bernal Granados, Luis Jorge Boone, Hernán Bravo Varela, Nicolás Cabral, Nellie Campobello, Noé Cárdenas, Fabián Casa, Ricardo Cayuela Gally, Christopher Domínguez Michael, Luis Felipe Fabre, Joao Guimaraes Rosa, Fernando Lanz, Rafael Lemus, Graciela Martínez, María Minera, Isaí Moreno, José Manuel Prieto, Joan M. Puig, Gabriela Sánchez, Tomás Segovia, Esther Seligson, Ricardo Silva-Santisteban, Alejandro Toledo y Álvaro Uribe.
Ya dejen de comprar Letras Libres: ni se hagan, que luego sólo se saltan a la parte de atrás, la de reseñas y creación literaria. ¿Qué hacen con lo demás? ¿Se lo dan de comer a sus perros? Consíganse este nuevo Cuaderno Salmón, que es sana diversión, y a veces tiene mucha pero agradable aliteración.
Ya está en el FCE y Gandhi. De paso, pueden comprar de los anteriores. ¡Es que ya los compramos! Pues persuadan a alguien de que lo compre. ¡Es que todos mis amigos, a quienes les gusta leer, ya la compraron! Pues enséñenle a alguien más a leer. Enséñenle lo que es bueno.

Monday, April 16, 2007

Blacksburg


"We're all locked in our dorms surfing the Internet trying to figure out what's going on".

Saldo

Después de ver Hard Candy y pasar tiempo con Mariana, regresé a casa para inciar la tarea del francés que había pospuesto durante estas dos semanas de vacaciones --vacaciones del francés-- a pesar de que algo me decía que no haría nada. Algo que, además, Mariana conoce bien. Me dijo: Ni te hagas. No vas a hacer nada. Pero igual fui a casa. Y no fue hasta media hora pasada la media noche que intenté iniciar. Conseguí terminar dos ejercicios.
Hoy es otro día. A diferencia de las dos semanas pasadas, me desperté a las seis de la mañana. El mundo es distinto a esta hora. Todo es posible. Los pájaros cantan y las personas, aunque no se ven sonrientes, se ven contentas. Esto es, las personas con el hábito de levantarse temprano. En fin. Clase de francés. Revisión de ejercicios. Sin mayores consecuencias, la clase continúa, se termina, uno sale a la calle y se dirige a su trabajo --que no comenzará hasta dentro de diez minutos. Llevo una hora en la Universidad Panamericana, donde trabajo. He mandado un par de correos. Me he comido una dona y bebido media taza de café. Cuando, hace una media hora, bajé por la rampa del estacionamiento, no pude retener mi bostezo y tuve que pedirle perdón a la señora que me entregó mi boleto por enseñarle todas mis encías y dientes y lengua a tan temprana hora de la mañana. Le causó gracia.
Anoche, en lugar de hacer mis ejercicios de francés bajé unos discos a mi computadora --algunos de los cuales me prestó Mariana-- y escribí una actualización en la bitácora que no me animé a subir pues estaba escrita con el filo del bisturí con el que me examino. Dije: oy. Y lo borré. Intenté escribir otro par de actualizaciones pero no salió nada bueno. Pensé: mañana. Pero aún ahora tengo ganas de borrar esta actualización. A veces creo que escribir por escribir es un desperdicio de energías. A veces descreo del ejercicio. Pero, ¿qué más voy a hacer a esta hora de la mañana? ¿Leer?

Friday, April 13, 2007

Bolaño para rato


Hay nuevos libros de Bolaño (¡sí, Bolaño!), son La Universidad Desconocida, un libro de poesía, y El secreto del mal, una colección de relatos, muchos no terminados. Uno de estos relatos, uno de los terminados, que trata sobre zombies (¡sí, zombies!) apareció en la Granta #7, en español, misma que no poseo.
Ya habrá tiempo para leerlos.

Cierta sabiduría en Bernhard

To write about a period of one’s life, no matter how remote or how recent, no matter how long or how short, means accumulating hundreds and thousands and millions of falsehoods and falsifications, all of which are familiar to the writer describing the period as truths and nothing but truths.
Thomas Bernhard
Está bien dicho y lo que quieran, pero es falso. El pasado no puede ser lo completamente otro y si lo es, sólo lo es en la medida de que somos completamente deudores insolventes. Y esto seguramente a muchos les podrá resultar un límite negativo. Pero, ¿no es esto como decir que uno debería sentirse mal por sentirse agradecido? Por favor, no se confundan, no es que el pasado sea lo completamente mismo, esa verdad y nada más que la verdad que supuestamente uno reconoce; estoy convencido de que hay distancias entre el pasado y el presente, insalvables, pero son las mismas distancias que permiten un pasado y un presente. Con las que, en fin, estamos en deuda.

Wednesday, April 11, 2007

Chita


Uy papá, ve nomás esta otra chulada de Los libros de Homero. Se trata de la primera novela de Lafcadio Hearn, de 1884: Chita. A Memory of Last Island, en una cuidada y bella traducción de mi amigo Eduardo Charpenel Elorduy.
El libro es sensacional. Lo leí hace rato, en una sentada --dos sentadas, en un momento me paré por una coca cola. Y Dios, tienen que ver las descripciones de las tempestades en Nueva Orleans --una Nueva Orleans que parece ya no existir, con sus pantanos y su francés criollo, con sus enjambres de cangrejos y sus mujeres mulatas. Con un temor y respeto y admiración ante al mar que sólo he leído, en términos comparables, en Las memorias de ultratumba de Chautebriand. A ver si lo consiguen. Para informes, pregunten en: salazar.velasco@gmail.com

Monday, April 09, 2007

Controversias Blatchford



Esta primera edición del inédito, en español, Controversias Blatchford, de G.K. Chesterton, se realizó en recuerdo del 70 aniversario de la muerte de su autor. Su edición estuvo al cuidado de los meticulosos y entusiastas miembros de esa buena editorial que es Los libros de Homero, a saber, Jesús Salazar Velasco, Diego Ramírez Escudero y Lorena Gómez Mostajo. Además, lleva un epílogo de Pablo Soler Frost. Lo peorcito del libro es la traducción, que hice yo. Uno hace lo que puede.

Sunday, April 08, 2007

Hemingway y Joyce

Aquí, sobre mi escritorio, están las múltiples lecturas que me apremian. Esto no es lo que quiero decir, "apremian". Pero lo digo porque sale y lo escribo porque no lo he pensado. Pero son demasiadas palabras para tener tan poco que decir. Así que ahora está la duda constante. Tampoco quiero decir "constante". Esto es agotador. Sin embargo, no sudo ni siento dolor en las coyunturas, al menos no como producto de esta actividad, de escribir --pero, ¿porqué el "al menos no como..."?, ¿para qué dar lugar a la ambigüedad cuando sé con certeza, que en este momento, no estoy ni sudando ni experimentando dolor alguno en las coyunturas de mi cuerpo?
He aquí la razón: quiero dilatar la palabrería. Quiero seguir escribiendo, observar, no con atención (que era la actitud que utilizaría), sino con --¿con qué? Me estoy tomando mi tiempo para responder a esto, no lo tengo claro, pues. Aquí la ambigüedad sí cabe. No me avergüenzo de ello. La nutro, es verdad. Entonces: Guillermo, por favor. Quieres seguir escribiendo para ver tu pensamiento reproducirse en la pantalla. Para ser testigo del avance de las palabras. No serás, ciertamente, el testigo más objetivo del mundo --no estarás observando cómo avanzan estos signos-- pero la objetividad no es una cosa que te interese demasiado pues sabes, con certeza, que no es esto lo que se le pide a alguien que escribe literatura. Que si fuera historia, tal vez. Pero ni siquiera entonces. Oh, comienzas a filosofar. Y eso no te gusta. Parece que si pasa por la mente, esa bola con tentáculos que camina por los ductos de la memoria, la imaginación y los conceptos, introduciendo sus tentáculos a los sockets repartidos por estos ductos... Estás perdiendo el hilo.
Publica esto. Reléelo. Detéstalo mañana. No mañana, cuando lo leas de nuevo. Cuando sea eso. Quizá antes de publicarlo. ("Publicar" es un decir, te dices). ¿Por qué Joyce es tan bueno para representar el caos interno? ¿Por qué si a Hemingway no le sale tan bien como a Joyce lo prefieres a él? Esto era de lo que querías escribir.

¿Temes que tu obra no sea apreciada?

Yo no.
No tengo obra.

¿Temes por tus hijos?

Yo no.
No tengo ninguno.

Friday, April 06, 2007

Fui al cine...

...a ver Alatriste. Pero antes de eso, actualicé mi membresía como "Invitado Especial Oro", para este año. El boleto que te dan a cambio de esta actualización fue el que utilicé para ver la función, que comenzaba a las cuatro. Este pequeño trámite lo llevé a cabo a las dos. Como esto sucedía en un centro comercial, me hice creer que tenía suficientes cosas que hacer antes de poder entrar al cine. Pero en realidad mis posibilidades se limitaban a consumir. Cosa que, por otro lado, no era tan terrible. No había comido aún. En una de las pantallas del cine por el que transmiten cortos de próximos estrenos, ininterrumpidamente, se ponía la siguiente pregunta: ¿SOMOS PRODUCTOS CREADOS PARA CONSUMIR OTROS PRODUCTOS? No me estremecía, ni nada. No averigüé de qué película era parte ese corto. Por un momento, me sentí el personaje de una novela de Houellebecq.
Enfilé a un restaurante. Le llamé a una amiga para ver si quería acompañarme a ver la película. Me contestó su padre. Mi amiga no se encontraba, estaba tomando el sol, en la terraza. En realidad, asumí que estaba tomando el sol. Quizá leyendo, pues este es el tipo de cosas que hace Adriana, pero su padre en realidad sólo me dijo que estaba arriba, en la terraza. "Gracias Bernardo", le dije. Me senté en el restaurante. Pedí una naranjada y un sándwich. Abrí mi revista. Leí. Comí. El mesero me retiró el plato cuando terminé. Me preguntó si quería algo más. Y aunque pude haber pedido cualquier otra cosa, me decidí por una taza de café y dos bolas de vainilla. Seguí leyendo. Me sentí muy cinematográfico.
Aún tenía una hora que perder, así que me fui a una banca para seguir leyendo mi revista. Después me harté un poco de la revista (era la nueva Letras Libres, dedicada al "nuevo cine mexicano" y sus recientes triunfos) y entré a una tienda de discos en la que también venden libros. Me compré otra revista, el nuevo número de la Tempestad que llevaba el provocador bullet: "¿El triunfo del cine mexicano?". En realidad no la compré por eso sino porque sabía que saldría un cuento de un amigo en el que soy un personaje velado. Un cuento que, por lo demás, ya había leído. Pero estas son las cosas que uno hace para matar el tiempo antes de entrar al cine.
En la sala, sentado solo, me sentí como aquella chica que mi padre y yo vimos en Miami, hace unos años; una chica que había ido de shopping y se sentaba sola en el cine. Era una comedia con Sandra Bullock. Pero no recuerdo cuál. Recuerdo, sin embargo, que en ese momento pensé en que si mi padre fuera a ser santo por alguna razón, sería porque, bueno, entre las varias razones, sería, una de ellas, pues, que aunque no entiende inglés, en Miami me acompañaba a ver películas que no llevaban subtítulos --para escapar del shopping de mis hermanas y mi madre, para acompañarme. Pero en fin. Esa chica iba, compraba, era rubia, entrada en edad, se sentaba en silencio, estoicamente. Hoy me sentí como creí que ella se sentía aquél día. Sin nada que hacer. Aburrido, pero con el entretenimiento a la mano. Me salí antes de que terminara la película.

Tuesday, April 03, 2007

Más ingenio

Transcribo una carta que me mandó hoy Enrique Krauze (me saltaré a las partes importantes):
Estimado amigo,
con el número 101, correspondiente al mes de Mayo 2007, termina su suscripción con nuestra revista Letras Libres. [...] Ponemos a su disposición los precios para renovar su suscripción anual: $450.00 D.F., Área Metropolitana. Usted puede realizar su pago mediante depósito bancario a nombre de Editorial Vuelta S.A. de C.V. en: BBVA, Cta. 0103410331, Suc. 285.
Posteriormente, envíenos copia de la ficha de depósito, junto con todos sus datos al fax 56591124.
Te reitero mi agradecimiento y en espera de que continúes acompañándonos en este esfuerzo.
Atentamente,
Enrique Krauze.

¡Ay, Enrique con sus cosas! Siempre es agradable tener noticias suyas. De verdad espero que salgan bien su revista.

Monday, April 02, 2007

Happy Birthday


Dado que estoy lejos de la ciudad, de que Mariana está fuera, de que no podré hacer una fiesta, ir a comer con mis amigos, a beber o a comprar libros, tendré que posponer mis celebraciones y dar algunas vueltas por la red. Eso es lo que pasa cuando nos organizan hasta el tiempo libre.


Wednesday, March 28, 2007

Una especie de convergencia



Subiría los videos si supiera cómo. Pero la razón de fondo es que, aunque los estuve buscando, no di con ninguna de las dos escenas de las que hablo y que son:


1. De Finding Forrester: el joven escritor termina de escribir lo que está escribiendo y se acerca al lugar donde el escritor más experimentado (Mr. Forrester), su mentor, está acostado --adormecido por la bebida. Lo cubre con una cobija. Da unos pasos indecisos y husmea por su departamento neoyorkino. Le echa un vistazo a un álbum fotográfico donde, además de fotografías de su tiempo en la guerra, da con unas fotografías del difunto hermano de su mentor.


2. De Karate Kid: el joven karateka termina los ejercicios en los que se estaba ejercitando y se acerca al lugar donde el karateka más experimentado (Mr. Miyagi), su mentor, está acostado --adormecido por la bebida. Lo cubre con una cobija. Da unos pasos y husmea por su casa californiana. Le echa un vistazo a un álbum fotográfico donde, además de fotografías de su tiempo en la guerra, da con unas medallas que había guardado y fotografías de algunos familiares.

Recomendación

Y bueno, ¿ya leyeron el ensayo The Score de Stephen Elliot o no? Porque se los recomendé. Todavía estará unos días más en la portada de la página electrónica de The Believer. Véanlo. O si estás leyendo esto años después de que lo escribí, búscalo en los archivos.

Sunday, March 25, 2007

Los recuerdos que nos configuran: Rosa Salvaje

No es que quiera ser majadero --entendiendo esto como el hablar seriamente de algo que no es serio-- pero debo reconocer que Rosa salvaje, con la Vero Castro, a pesar de ser Rosa salvaje, con la Vero Castro, es importante para mí, para mi vida. Porque yo veía Rosa salvaje y recuerdo haberlo visto y por supuesto que no recuerdo bien la historia, pero puedo imaginarla a la perfección, así como el acento que seguramente fingía, muy mal, una Verónica Castro que todavía no estaba luchando contra las crueldades del tiempo.
Este recuerdo, claro, se da en uno de los lugares que, debo reconocer, pasé más tiempo con mi madre: la sala de televisión. Eventualmente, necesariamente, nuestros gustos televisivos se separarían para siempre, provocando así el lento pero inevitable crecimiento de una distancia que a la fecha aún soy incapaz de sortear a diario o con completa efectividad. Rosa salvaje es uno de los últimos signos a los que me aferro de que mi madre y yo comulgábamos en muchos aspectos. Rosa salvaje y el deseo que tengo de no olvidar que yo veía y disfrutaba esta novela son una de las muchas cosas que soy hijo de mi madre. Esto no es vergonzoso. Claro que puedo decirlo con una risita. Por supuesto que alguien podría intentar desacreditarme con un "Sí, como sea; pero tú veías Rosa salvaje". Pero seguiré siendo hijo de mi madre y este hecho, que cargo de sentimientos, debería ser suficiente para asemejarme a ti, lector, en la medida que tú también posees cosas y recuerdos a los que te aferras, que te hacen la mejor persona que deseas ser.
Algún día, imagino con más ilusión que certeza, un hijo mío reconocerá no sin una piza de inocente ironía (que eventualmente sepultará) que veía conmigo, no sé, la decimo-cuarta temporada de 24, cuando Jack Bauer se hace terrorista.

Thursday, March 22, 2007

La belleza de Annabelle

Mi amigo David González dejó un comentario en la actualización anterior con un link a una página donde se explica que Aaron Sorkin, el guionista de The West Wing, propuso un musical basado en quizá el más famoso de los discos de los Flaming Lips, a saber, Yoshimi battles the Pink Robots. Me pregunto, sólo para crear efecto, si lo mandó porque sabe que soy fan de ese disco en particular o porque también soy fan de The West Wing. Quizá por ambas.
Total que de esto ya me había enterado hace un par de días, por la radio. No sabía, eso no, lo de Sorkin. Y supongo que esto debería emocionarme. Pero también, hace tiempo me enteré de la puesta en escena de una de las novelas de Houellebecq en un teatro español. Me enteré también. Y hace tiempo vi en la televisión la película de Ampliación del campo de batalla, bastante mediocre. Ahora me entero, también, de que ya existe una película sobre Las partículas elementales. Y Dios, no la he visto pero creo que no lo haré. Una de las cosas que más me agradan de ese libro, es la posibilidad encarnada de la más bella de las mujeres, Annabelle. Uno de esos trágicos personajes cuya condena va irremediablemente aunado a su extrema belleza. Uno de esos personajes de los que uno se enamora. Houellebecq habla de Annabelle en los siguientes términos --la cita es larga, pero creo que vale la pena para aclarar lo que quiero decir:
A partir de los trece años, bajo la influencia de la progesterona y del estradiol que secretaban los ovarios, la muchacha empezó a acumular grasa en los senos y las nalgas. En el mejor de los casos, estos órganos adquieren un aspecto lleno, armonioso y redondeado; su contemplación despierta un violento deseo en el hombre. Annabelle tenía un cuerpo muy bonito, como su madre a la misma edad. Pero el rostro de su madre había sido afable, agradable sin más. Nada hacía presagiar la dolorosa impresión de la belleza de Annabelle, y su madre empezó a tener miedo. Sin duda, los grandes ojos azules y la deslumbrante melena de cabello rubio claro venía de su padre, de la rama holandesa de la familia; pero sólo una casualidad morfogenética podía explicar la desgarradora pureza de la cara. Las chicas sin belleza son desgraciadas, porque pierden cualquier posibilidad de que las amen. A decir verdad, nadie se burla de ellas ni las tratan con crueldad; pero parecen transparentes y nadie las mira al pasar. Todo el mundo se siente molesto en su presencia y prefiere ignorarlas. Por el contrario, una belleza extrema, una belleza que sobrepasa por mucho la seductora frescura habitual de las adolescentes, produce un efecto sobrenatural y parece presagiar invariablemente un destino trágico. A los quince años, Annabelle era de esas raras chicas ante las cuales se quedan parados todos los hombres, sin distinción de edad ni condición; de esas chicas cuyo simple paso a lo largo de la calle comercial de una ciudad medianamente importante acelera el ritmo cardíaco de los jóvenes y de los hombres maduros, y hace que los ancianos gruñan de nostalgia. Ella se dio cuenta muy deprisa del silencio que acompañaba cada una de sus apariciones en un café o una clase; pero necesitó años para comprender del todo los motivos.
En la versión cinematográfico, es Franka Potente quien interpreta su parte. ¡Franka Potente!
Oh, no sé si la versión de Sorkin, la puesta en escena de ese disco de los Flaming Lips será una gran cosa o no. La veré, si tengo la oportunidad, pero creo que siempre será mejor escuchar el disco. O escribir así: http://www.mcsweeneys.net/links/song/21TedJillson.html

Wednesday, March 21, 2007

Cierta sabiduría en Kierkegaard

Fui al F.C.E. buscando el número siete de Granta, en español. No lo encontré. Ya lo había buscado en la sucursal de la Condesa. En lugar de eso, salí con Les Beinvellants de Jonathan Littel, del cual obviamente no consigo pescar nada. Comencé a traducirlo, con constantes, laboriosas visitas al diccionario y al libro de las conjugaciones. Llevo como cinco líneas. Supongo, me digo, consolador, que así aprenderé (francés, tal vez, o a no comprar libros a lo tonto).
Total que no encontré el último número de Granta en español (supuestamente venía un cuento inédito de Bolaño). Pero me topé con una revista de un amigo que no había leído. La tomé, para comprarla. También: tomé dos números atrasados de Granta. Tuve que pescarlos de entre un montón de revistas de literatura y filosofía, más bien chonchas, que estaban medio perdidas y escondidas en un mueble más bien pequeño y oculto de la librería. En el mismo mueble, apiladas en grupos, vi varias, muchas copias del primero, segundo y tercer ejemplar de Cuaderno Salmón. Pensé: diablos. Nadie lee. También: caramba, son demasiados. ¿Es que la gente no se da abasto? ¿No tiene tiempo? Ya va a salir el cuarto, pensé.
Al final me decidí por uno solo de los ejemplares atrasados de Granta. En él venía un cuento, también inédito, pero de Lydia Davis (cuyo Samuel Johnson is indignant me abrió los ojos de par en par; un lector abusado verá un guiño de ojo a uno de sus cuentos en el título de esta actualización). Pero no habemos lectores abusados aquí. Habemos lectores obsesos, aferrados a la idea de poseer letras y libros, aún cuando el precio de éstos nos sosprenden en la caja del FCE, aún cuando algo nos impide (algo de lo que más tarde nos arrepentiremos) echarnos para atrás. Ay, por eso nos dice tan sabiamente Kierkegaard (aunque sea sólo para desesperar),
El salmón es de por sí un manjar muy delicado, pero cuando se come en exceso es perjudicial para la salud, ya que es un alimento de difícil digestión. Por ello, cuando en una ocasión se pescó en Hamburgo una gran cantidad de salmón, la policía dio la orden de que cada patrón sólo diese salmón a su servidumbre una vez por semana.

Friday, March 16, 2007

Les semaines et leur succession

Planeaba dejar toda esta semana la actulización que correspondía exclusivamente al Inquilino y al esfuerzo, supuesto, de obtener algo de dinero para su publicación. Pero uno hace planes y nuestra voluntad se ríe. La verdad es que el Inquilino me parece bien pero también me parece poca cosa. Nadie se va a morir por el Inquilino. Nadie va a dejar de tener hambre por el Inquilino. Probablemente alguien tendrá un poco de entusiasmo, yo, por ejemplo; pero esto también desaparecerá para darle su turno al siguiente interés. Recuerdo, una vez más, la manera en que medía mis semanas y unidades de tiempo por el siguiente evento a venir: el estreno de tal o cual película (digamos, Indiana Jones 4) o el nuevo libro del autor predilecto (Los gérmenes del mal, de Bolaño). El concierto, el fin de semana, el nuevo disco, the movie of the week.
Constato una vez más, por las líneas que acabo de borrar, que se me dificulta enormemente escribir sobre las personas a las que más quiero. A tal grado que estoy tentado a borrar estas líneas también. Solidificar a las personas en palabras cuando lo que uno quiere es acción es probablemente el más flaco favor que uno puede hacerle a otra persona. Esta afirmación podrá ser gratuia, pero recuerda siempre que la importancia de la vida de cualquier persona está en el día a día, en el supuesto pesar que produce el pasar de las horas, las semanas y sus lapsos, las sucesiones. Viene un fin de semana largo. ¿Por qué no puedo deshacerme de la impresión de que las semanas son como la vida en la tierra y la esperanza que ponemos en los fines de semana algo similar a la esperanza que ponemos en la vida después de la muerte?
Esto no debería ser así. Cada día. Cada día. Aquí. Ahora.

Clément

Jamais je n’avais senti à quel point l’écriture d’un roman est une activité solitaire et pénible ; je crois, en réalité, que c’est l’activité la plus triste du monde.

Houellebecq

Regreso a casa y noto que tengo ganas de escribir y que de hecho he comenzado a escribir de nuevo, con mayor entusiasmo, es decir, con líneas a seguir y con objetivos claros. Metas a corto plazo. Tomo notas en mi cuaderno para algunos personajes y pienso en releer algunos cuentos para recordar precisamente cómo es que quiero hacer aquello que quiero hacer, con el par de cuentos largos que traigo en la cabeza, y esto, decía, me sucede mientras regreso a casa. Al entrar, sin embargo, veo a Refu, mi perra, que siempre me espera en la puerta. Y me ve con enormes ojos tristes, lagañas solidificadas de tanto llorar. No la he sacado a pasear en todo el mes. Me da la pata y me siento una mierda. Pero no tengo tiempo, me digo. Y demonios, es un pinche perro, me digo.


Así que le doy una palmadita en el lomo y camino hacia mi cuarto. Refu no me sigue. A veces lo hace, todavía, y salta y olisquea mi mano. "Ingrato", me susurra.




Este es Michel Houellebecq. Ese es su perro, Clément. ¿Ven a su perro? Parece un perro muy feliz. Yo no puedo cargar a Refu como Houellebecq carga a Clément, pues Refu es una perra de proporciones más bien grandes y yo un tipo de proporciones más bien pequeñas. Hoy vi estas imágenes en la red y sentí una enorme envidia. Pasearé a Refu de nuevo, me dije al verlas. Jugaré con ella, le arrojaré pelotas, sus juguetes, saltará como salta cuando está feliz, me insistí. Dejaré de escribir por un tiempo, quizá.


Hubo un tiempo en que podía leerle a Refu en voz alta y en el que ella me escuchaba, pacientemente, al menos por unos minutos (antes de se distrajera con una ardilla o un pájaro en el jardín). Le leía a Virginia Woolf, La Sra. Dalloway, me parece (sería demasiado decir que le leía Flush). Creo que ahora entiendo un poco más la anécdota que me contó Salvador Plascencia sobre la visita de Houellebecq en Los Ángeles, todo el tiempo que invirtió buscando un suéter para su perro. También, creo, comprendo la cantidad de referencias a perros pequeños en sus libros, y la felicidad que traen con ellos. Escribir es triste no porque uno sufra para poder escribir, sino porque nos quita tiempo para lo que se dice vivir.

Ay, qué azotes.

Saturday, March 10, 2007

Blogotón

Amigos, necesitamos un poco de dinero para poder imprimir el tercer número de El Inquilino. Llevamos mucho tiempo con este Inquilino y puede retrasarse indefinidamente, como una de esas promesas que se retrasan cuando son realizadas por cualquier entidad con algún tipo de poder, a menos que hagamos algo al respecto.
Lo que podemos hacer es: conseguir el dinero. Trabajando, claro. Lo hemos hecho. Sudado y aplanado nalgas durante horas. Eso ya. Pero también podemos apelar a la caridad. Entonces, digamos que tú, lector, estás interesado en que este tercer Inquilino deje su existencia virtual y se vuelva actual. Para ello, sólo avisa a guillermoinj@yahoo.com que estás interesado en colaborar con, digamos cinco, cien o treinta y ocho pesos (o la cantidad que se te ocurra; que no revase los ocho mil pesos, pues en ese caso tendríamos para otro número de Inquilino, y la verdad es que ya no estamos muy seguros de querer hacer otro número pues este Inquilino es bastante maldito y entra sin tocar la puerta, patea a tu perro y vacía la alacena). Total que, digamos que aún estás interesado. Haces eso que digo, de avisar a esa cuenta de correo, y desde ahí se te darán más instrucciones.
Agradecemos de ante mano.

Thursday, March 08, 2007

A propósito




Rocío Boliver, a quien no conozco, publicó en el número diez de Replicante una nota sobre la pasada visita de las Guerrilla Girls a México que en realidad es una nota sobre el enfrentamiento entre un feminismo sensato y un fenimismo radical que en realidad es una nota sobre la inutilidad del feminismo cuando se comprende bien, al grado que se presenta ya sea como otra cara del machismo, o bien, como un "lo que queremos decir es". Ella es mucho más lúcida que yo: "El feminismo se regodea en la compasión por las mujeres sumisas. La mujer necesita aprender a desarmar al violador, al golpeador, al misógnio. Y para esto lo primero que debe hacer es dejar de manipular con su sexualidad y aprender a degustar su sexualidad para obtener placer y no canonjías o dinero. Usar el sexo para disfrutar, no para someter". Y también: "El hecho de establecer una separación entre 'ellos' y 'nosotras' es discriminación y dificulta la posibilidad de llegar a borrar las diferencias de género".

Recuerdo que cuando le pregunté hace como un año a Margo Glantz cuál era la importancia de hablar de la violencia contra las mujeres en lugar de la violencia a secas, ella me desarmó y dio por clausurada la pregunta con un "Esa pregunta siempre me la hacen los hombres". Luego, ambos nos vimos muy sensatos y cambiamos de tema (algo que, lamentablemente, aparentemente, no se puede hacer en foros distintos, como una presentación de las Guerrilla Girls). En fin, esperaba desde hace tiempo el contraejemplo.

No sé a quién demonios se le ocurrió inventar el día de la mujer.

Tuesday, March 06, 2007

Convergencia incrédula



Hace unos días un amigo, Julián Zárate, me gastó una ingeniosa broma que consistía en hacerme creer en algo que se me dificultaba creer. Como parte de su estrategia para hacerme creer esto en lo que yo no creía, me dijo que estaba siendo tan incrédulo como Tomás. Entonces recordé: a) Un ensayo de Weschler sobre, b) una famosa pintura de Caravaggio y lo asocié con c) una fotografía de Sutherland que tuve oportunidad de ver hace poco, gracias a Óscar Benassini. Debo decir que tuve que "invertir" la fotografía de Sutherland para que funcionara.

Al menos, creo que funciona. Según yo son las manos. Y hacia dónde apuntan los ojos. Y el número de personas que "comprueban". Si no, pues no crean y ya.

Monday, March 05, 2007

Entrevista a Héctor Zagal sobre sus años hippies

Pues muy bien, comencemos por sus años de crecimiento en la comuna Hippie, si no le importa.

Como sabes, Guillermo, nací en 1963. Creo que fue una decisión muy valiente y acertada, de quienes creo que son mis papás. Fueron años enriquecedores porque pude convivir con muchos hermanos, unos treinta y cinco. Mientras que los niños “normales” sólo tienen uno o dos. Además, no teníamos que bañarnos si no queríamos.

Ya. ¿Usted diría que con sus posteriores lecturas de la República de Platón, durante sus años de formación filosófica, se sintió de algún modo identificado en la manera en que este filósofo propone educar a los niños?

No, de ningún modo, porque la República propuesta por Platón es opresiva: Uno no puede decir su opinión ni decidir qué estudiar y tiene que bañarse… en cambio en la comuna uno podía criticar a todos, si quería. No había reyes, por decirlo de algún modo.

¿Entonces le parece que eso es lo mejor?

Creo que no se puede decir “mejor” o “peor”, eso ya es un prejuicio burgués.

¿Cómo concilió esto con la doctrina de Aristóteles?

Mira, yo no soy lo que se dice “aristotélico”. Estudio a Aristóteles. Es muy distinto.

¿Entonces se puede tener distancia de todo lo que uno estudia?

Hasta cierto punto.

¿Como cuántos metros?

Tres.

¿Tiene alguna otra anécdota sobre su comuna que quisiera compartir?

Mi primer porrito. No tuvo ningún chiste. Fue a los siete años—

¿Eso es lo que lo llevó a probar drogas cada vez más fuertes?

Bueno, ya no. Pues ya no genero tolerancia. He conseguido cierta estabilidad. Entonces. Te decía que tenía siete años cuando los niños de arriba—

¿Los niños de arriba?

Sí, los mayores. Nos dieron un porrito y fumamos y ganamos el partido.

...

...

Doctor, ¿está bajo el efecto de alguna droga en este momento?

Sí.

Última pregunta: ¿Cuando leyó Las partículas elementales de Houellebecq, se sintió identificado con la vida cotidiana de la comuna que ahí retratan?

Yo no he leído ese libro.

¿Cómo no? Si usted me lo prestó.

Dije que no.

Bueno, muchas gracias.

¿Ya podemos volver al trabajo?

Ya.

Sunday, March 04, 2007

Mi estómago

Mi estómago quiere comunicarme algo de suma importancia y urgencia. Estoy aplicando todos mis sentidos al desciframiento de este mensaje. Me pregunto, por ejemplo, si tiene algo que ver con mi dolor de rodilla, con el enorme pedazo de carne que comí en la tarde, con el chocolate que comí más tarde, con las muchas tazas de café que también ingerí o con alguna otra cosa de un orden distinto, no físico sino tal vez sentimental. Pero el mensaje no es claro. En ocasiones es un ruido, un retortijón, un gas que sube como un alma en pena por mi gargante o que baja, como un movimiento violento del fuego.
En todo caso, lo que mis sentidos me dicen, es que sea lo que sea que es esta cosa que intenta comunicarme mi estómago, es algo que se me pasará en un rato, ya que haya visitado el baño. Algo que, entre pujada y lectura (acostumbro leer en el baño, recientemente una mala novela de Stephen King que, sin embargo, estoy disfrutando), habré olvidado. Pues una vez enterado de este asunto, tan rastrero, tan tonto (aunque, por ahora, oscuro) podré dormir como si no hubiera importado un pepino.

Terapia

Me duele la rodilla izquierda. Se habla de una cirugía. Mientras, me unto un bálsamo que viene en un frasquito con indicaciones, ingredientes, fecha de caducidad y el dibujo de una vaca. Es de uso veterinario. Increíblemente efectiva --prácticamente no experimento el dolor de hace unos días. Mientras espero la consulta, el probable diagnóstico, imagino las horas tendido en cama, en recuperación, tal vez pidiéndole a mi padre o a mi madre o a mi hermana a alguna otra alma bella que vaya y me compre por favor Therapy, de Lodge. Un libro del cual me he enterado un poco sin haberlo leído, como de muchos otros libros que andan por ahí. Ignoro si sería una lectura que disfrutaría, ahí, tirado en mi cama, esperando la recuperación, días después de la operación. Pero la verdad es que no sé qué otra cosa podría leer entonces. Por supuesto que sé qué otra cosa podría leer ahí (como alguno de los muchos malditos libros que he comenzado) pero no ahora que imagino cómo sería estar acostado, con un dolor constante en la rodilla.
Estaría ahí, como si fuera parte de un experimento de la NASA que busca saber qué efectos tiene sobre el cuerpo pasar dos o tres semanas recostado; y me sorprendería del todo tiempo que tengo en las manos pero el poco uso que realmente le doy. Me deprimiría. No tengo que ser un científico de la NASA para saber esto: la inactividad lleva a la depresión, así como la vanidad lleva a la actividad.
Me duele la rodilla cuando la doblo. Mi hermana me ha puesto compresas. También me duele la espalda. Pero creo que eso es por mi posición.
Iba a escribir un texto sobre Fabio Morábito, Albert Camus y David Miklos. Pero hay cosas que debo guardar para mí mismo.

Friday, March 02, 2007

A dry mecca of disposable art

Ayer, después de comer, caminaba por calles sin sombra rumbo a la universidad cuando vi cómo aterrizaba un helicóptero en el edificio de la comisión del agua --un edificio que hace un par de semanas estaba rodeado por campesinos desesperados, manifestándose-- pero ahora todo parecía en calma, al ver la falsa lentitud con la que el helicóptero descendía. Todo mundo estaba viendo el helicóptero. Vieron cómo aterrizó y cómo volvió a levantarse, después de llevarse, tal vez, a alguna persona cuyo tiempo vale mucho. El calor era insoportable. Junto a mí caminaba un hombre con el rostro completamente moreno, quemado y curtido. De vez en cuando se detenía para ver cómo giraban las aspas del helicóptero. "Cómo hace ruido", le dije. Me vio sin decir nada, sólo se rió. Pensé que no había entendido. A veces hago esto. Esto de hablarle a la gente extraña. No lo sabía entonces, pero unos minutos más tarde escucharía a un compañero de la maestría hablar del calor metafísico que se lee en El extranjero de Camus. Y yo pensaría que no podría estar más en lo cierto. Que si bien parece que no hay ni crimen ni castigo en esta novela, al menos lo hay en un sentido físico, un sol de justicia.
Mientras aún caminaba sobre Insurgentes, rumbo a la universidad, sudando por la espalda. Al cruzar un puente, llegué junto a otro hombre, un indigente recubierto de mugre y una chamarra demasiado gruesa para usarse con ese sol, quien bebía directamente de la boca de una botella de Salsa Valentina. No lo sabía entonces, pero al salir de la universidad regresaría por el mismo camino y vería tirada la botella sobre la banqueta, vacía excepto por las estrías de salsa que se hacen en sus bordes. Tendría ganas de gritar y a la vez de reconocer que estaba exagerándolo todo. No era terrible.
Los otros. Dios. En ocasiones los escucho. Con su terror y estupidez. Y me pregunto si es suficiente este terror y esta estupidez y esta insistencia en tratar de ser feliz a través de las maneras erróneas para envenenar mi propia experiencia de vida. Porque existen personas como Stephen Elliot (a quien siempre confundo con Tom Bissel). Estoy hablando de precisamente ahora, que leo uno de sus ensayos: The score, en la página de The Believer de este mes. Lo leo y me estremezco. Me percato de que cada vez hago más esto, de estremecerme, de moverme (realmente) cuando veo o leo algo que me impresiona en un sentido negativo. Pero Stephen Elliot, a pesar de ese infierno que describe en la tierra, es alguien que escribe, que dice algo al respecto y procura, creo, mejorar la situación al menos diagnosticándola. Por supuesto que no es suficiente. Pero Stephen Elliot, autor de uno de los libros más bellos sobre la crueldad humana, Happy Baby, dice cosas francamente terribles. Cosas que existen. Aquí. Ahora. Cosas que aunque aún están ahí, creo, no son suficientes para echarnos a perder el día. O a disfrutar el descenso de una máquina voladora, el alegre sonido de sus aspas, la tranquilidad de una tarde soleada.