Thursday, July 10, 2008

Señor de la luz

Cerca de mi casa hay una casa en la que los dueños pegaron un papelito -que ahora está mojado por las lluvias. Es un mensaje dirigido al "señor de la luz". Y suena como místico, como de narco, pero la verdad es que no quisiera entrarle aquí a la ironía porque yo tampoco sabría cómo pedirle al señor de la luz que revise bien los medidores de la luz sin referirme a él como Señor de la Luz. Ahora mismo entro al sitio de Luz y Fuerza y no paso por alto que eso también suena como onda new-age de señora de las Lomas (ayer me contaron una historia horrible; ahora se las cuento). "Luz y fuerza del Centro", dice la página. Me desespero rápido porque no encuentro el título oficial del señor de la luz -a quien, supongo, uno podría nombrar sencillamente servidor público- y dejo de investigar este asunto sin importancia para volver al trabajo. La historia de la señora: hágase el favor de leerla sin ironía. La paciente sufre de cáncer de mama. Va y se trata con imanes durante cuatro meses. Luego, ya con llagas, al ver que no funciona, decide ir al doctor de verdad. Luz y fuerza. También: en el centro, me decía Óscar, hay un balneario que se llama "Mi piel luminosa". Como la novela de Bellatin, pues.

Tuesday, July 08, 2008

Convergencia


Arriba, aquella escena de Eyes Wide Shut que para los pelos de punta. Abajo, el proyecto Reddress de Company y Aamu Song (una cantante o cuenta-cuentos al centro del escenario que usa un vestido que se expande en bolsas dentro de las cuales, si quieren, los espectadores pueden acurrucarse mientras escuchan; la cantante gira sobre una plataforma).

Friday, July 04, 2008

Viernes.

Prenez soin de vous.

Thursday, July 03, 2008

La metralleta vino antes que la máquina de escribir


Como en otras ocasiones, hace unos días visité la bitácora electrónica de Enrique G de la G a través de los hipervínculos de mi bitácora y en ella, a través de otro hipervínculo, leí este artículo sobre el modo en que las herramientas que usamos para leer o escribir cambian el modo en que pensamos o escribimos. Quizá ahora me ponga a escribir al respecto. Afuera llueve y es de noche. Tenemos tiempo. Se trata de un texto de la versión electrónica del Atlantic y posee un tono medio oscuro y de opinión: el resultado, digamos, de una persona rascándose la cabeza. Del gesto de posar el mentón sobre la mano. Enrique, quizá valga la pena señalar, rescata un fragmento, una probadita, en su bitácora sobre cómo Nietzsche confiesa sentir ese cambio en su escritura a partir del uso de una máquina de escribir. Es un bello pasaje, de tino histórico, de puntuación al margen. Hoy, pero no es que cambie de tema, en la oficina Óscar me preguntaba si yo había usado alguna vez una máquina de escribir o si había estudiado mecanografía. Era de día cuando me lo preguntó, una duda nacida en la niebla de la cotidianeidad. Ah, qué bella es la vida y sus sucesiones. En la escuela, le dije, me enseñaron mecanografía -en el teclado de una computadora- pero nunca había usado una máquina de escribir que no tuviera un teclado electrónico (el primer texto largo que escribí -unas cien cuartillas de una especie de diario que llevaba en la preparatoria y los primeros años de la carrera- lo escribí en una máquina de escribir marca Brother que zumbaba cuando la encendía y que tenía una especie de memoria). Lo cual es falso, antes ya había mecanografiado (esas tardes de encierro en la biblioteca en la secundaria norteamericana me vienen a la mente, galopantes). He jugueteado con máquinas de escribir. He tecleado con ellas. He enterrado mis dedos entre sus piezas metálicas, experiencia no libre de dolor. Pero, es verdad, no sé utilizarlas con la rapidez con la que uso los teclados. Siento diferencias entre el teclado de la PC y de la Mac. ¿Siento diferencias en mi modo de pensar a partir del advenimiento de los hipervínculos y la Internet? ¿Está "haciéndonos Google más idiotas", como sugiere el texto de The Atlantic? Si es así, no me percato de ello. No veo a mi mente como un animalillo del fondo del mar retorciéndose, envenenado. Las referencias y los saltos sinápticos antes que a la caótica red me recuerdan a un cajón de sastre, a una caja de curiosidades o, mejor, a un corcho tapizado con postales y reproducciones de arte, sostenidas por tachuelas. En fin, herramientas. Uno las usa. No al revés, creo. Opiniones. Es curioso cómo tenemos. Me pregunto sobre qué cosa interesante escribiré después. Parece que uno nunca para. ¿Puedo hacer de esto una vida noble y de utilidad para la sociedad? Es algo que vale la pena plantearse.

Wednesday, July 02, 2008

Desaparecer a fuerza de analizarse

Walser escribe en Por lo que sé hubo un poeta que resultó ser un acompañante de mujeres extraordinariamente delicado:
"Al parecer siempre se acecha a sí mismo, para comprobar si es ventajoso espiarse, si existe una posibilidad de succionarse. Yo le llamo su vampiro. Como lleva tanto tiempo analizándose, apenas se le percibe más".
El otro día leí un texto donde habla de un robot.

San Sebastián educa





Monday, June 30, 2008

Privacidad

Mancilla me persuadió de que instalara Site Meter en mi blog desde hace unas semanas y ahora soy poderoso y no quiero soltar este poder. El mismo probablemente lleve en su seno una serpiente, la semilla de mi destrucción, no lo sé, pero por ahora los monitoreo, cada que entran a este sitio. Sé desde dónde lo hacen y cuánto tiempo. Sé que visten cuando me leen y qué entrada en particular. Enfermo, sí, de conocimiento. Tengo un mapa detallado con latitud, longitud, ciudad y país para ubicar la computadora desde donde se asoman a este, mi pequeñito y diminuto espacio personal, donde con todas esas cosas finolis que anoto los engaño para que caigan, uno a uno, en mi trampa, tejida con tanto esmero como lo hace la araña con su red. A ti, lector de Costa Rica: te tengo bien medido. Igual que a ti, amigo de Singapur. Sé cada cuánto entras a este blog, limeño. Témanme, visitantes de Chicago. Témeme Sofía. Témeme Óscar. Témeme Eduardo. Sé qué están haciendo y sé qué hicieron el verano pasado. ¡Soy el panóptico! ¡Soy el Gran Hermano! ¡Soy el recabador de información de Facebook! ¡Soy un dios pequeño pero omnisciente! ¿Enrique, desde Berlín? Hola. Aquí te ubico, a través de mi ojo de buey, de mi ranura en la puerta. ¿No me temen? ¿No les da miedo? Es real. Y no me voy a detener.

Optimismo utópico



Leía sobre un video que encargó el Consejo para Planeación Urbana de Abu Dhabi al estudio de diseño londinense Squint Opera con el objetivo de recaudar fondos para el diseño urbano de la ciudad que planean tener completado en 2030. Se ve muy prometedor, esa cosa de mirar hacia adelante.

Sunday, June 29, 2008

Texto de domingo mientras espero el Sushi-Itto

El viernes, con esas ganas de aferrarnos a nuestra juventud, y con ocasión del cumpleaños de Julián, fuimos a ver a los Músicos de José en el Imperial, un lugar que ha conseguido revivir algunas de las experiencias tontas que han alimentado nuestras anécdotas a lo largo de no muchos años. Tontas y llenas de sangre caliente y todas esas importantes cosas que nos parecían, tal vez, más importantes hace unos pocos años. Sólo he ido un par de veces al Imperial, en ambas ocasiones tocaron grupos que me recuerdan con una precisión quirúrgica esos años no tan lejanos -pero me insisto en creer que no sucedieron hace mucho, esos años, pero aún así, no sé, parece que estoy forzando la máquina. Además de Los Músicos de José, hemos visto ahí a DaPuntoBeat y hemos bebido cerveza y otras cosas y observado con lujuria a la bartender (quizá sólo hablo por mí mismo: el viernes se cortó con un vidrio mientras maniobraba para darme el cambio de una cerveza, y vi cómo emanó su rojísima sangre; estuve a punto de agarrarle la mano y asegurarle que todo estaría bien, mientras se la chupaba, como vampiro).
Consideren eso la introducción.
Anécdota: estamos ahí, escuchando a la banda, cuando en una especie de trance mi atención se focaliza con dureza sobre uno de los saxofones de la agrupación (noten la foto de autista, arriba) y aunque Lisa Simpson vendrá segundos, ¡no, instantes!, más tarde a mi mente, lo único en lo que puedo pensar mientras observo el instrumento -aunque sea brevemente es la imagen que con más fuerza se instala en mi cabezota- es en una espina dorsal. Pero no en una espina dorsal cualquiera sino en una espina dorsal como la que le crece a The Abomination en Hulk o, mejor, como si hubiera salido de una fantasía combinada de Cronenberg y H.G. Giger: orgánica y a la vez ajena, inhumana. Y esto me perturba. No sólo la imagen sino que en ese momento de alegría, de acompañar a los amigos y de escuchar buena música que debería recordarme grandes buenos tiempos, estoy pensando en cosas tan ñoñas y extrañas y friquis. Dura un momento, sí, pero uno sabe que es en las cosas pequeñas donde se esconden las grandes catástrofes. En fin, se me pasó. Sólo avisando.
(Vuelvo a ver el saxofón y las, ¿cómo se llaman?, ¿teclas?, en fin, las cosas esas donde van los dedos me hacen pensar en los aliens bebés, en los que abrazan la cara para inocular aliens no bebés; me estremezco). Me gusta pero me asusta.

Walser observa una pareja donde uno de ellos fuma

Mientras hablaba, fumaba muy animado. Su frenética actividad por producir nubes de humo me reveló que luchaba con alguna timidez anímica o mental. Quien durante la charla que mantiene no cesa de poner en contacto el cigarrillo con la boca busca alguna suerte de ayuda, se apoya en algo ajeno a la conversación. La joven a todas luces le contestaba, correspondía sus palabras. Por lo visto le resultaba muy simpático. A mí, sin embargo, de repente me pareció que él no se lo estaba pasado bien con ella, sino que trataba de hacer una especie de conquista que poco a poco se le antojaba cargante, pesada.
En el micrograma En este momento no sé bien

Friday, June 27, 2008

Undeground America

Roberto, uno de los indocumentados, afirma, según leo en Internet: "Me digo a mí mismo, aquellos que no han caído no saben caminar. Supongo que he caído tantas veces que podría caminar eternamente".

Wednesday, June 25, 2008

Entre semana

Conforme los cierres se imponen la redacción se vuelve cada vez más silenciosa y nos comunicamos no por telepatía sino, pues, claro, el MSN y música. Hoy -o ayer, si nos atenemos al horario- fue Metal, Raeggaton (Calle 13), y Umbrella de Rihanna y una canción de Beyoncé antecedida por un rap rápido de Jay Z y esa canción -recurrente- que dice "Yo soy tu papi. Tremendo papi" y cuyo nombre no conozco. Creo que es obvio lo que queríamos decirnos con esto. Noten que: esta entrada sólo la pongo para anotar algo y mostrarles, como diría Gombrowicz, cómo soy en mi cotidianeidad. También: en el Metrobús vi a un hombre que llevaba un collar con un par de guantes de metal, pequeños, como los que salen en la portada de The Greatest. Me imaginé preguntándole si podía tomarle una foto con mi celular. Llevaba el pelo relamido y cara de amigos que hablan en la madrugada para pedir que los saque de apuros. También llevaba pantalones con el emblema de Carta Blanca bordados, negros. Mi cabeza me hizo pensar que trabajaba en un gimnasio o algo por el estilo. Era muy delgado. No le pedí permiso y cuando bajé del Metrobús un tipo se revisó su mochila creyendo que le había robado algo. Es que lo empujé, ¿ven?

Tuesday, June 24, 2008

Sunday, June 22, 2008

Otro domingo en esta ciudad

Que no tienen carne molida y que si en lugar de eso le ponen chorizo y que si no llega antes de treinta minutos es gratis.

Friday, June 20, 2008

Entrevista a David Miklos

No es con ocasión de la muy pero muy reciente publicación de su tercera novela La hermana falsa -con la que termina el ciclo que inició en La piel muerta (2005) seguida de La gente extraña (2006)- que realizamos esta entrevista. Sino porque desde hace días, David anda chingue y jode con que lo entreviste.

¿Por qué quieres que te entreviste?
Bueno, en primer lugar, porque me caes bien y porque me gustaron las entrevistas que le hiciste a Cabral y a Ortuño, muy ingeniosas como siempre. Luego porque, como buen escritor, soy exhibicionista oculto. O no tanto.

A mí también me caes bien David. Pero no te amo.
Nadie está implicando que me ames, Guillermo. No sé si esto es una entrevista o una declaración de amor.

Es una entrevista. Pasa esto: tanta guasa cotidiana contigo me impide hacer guasa acá. Te iba a preguntar de tu biblioteca musical desaparecida o de tu nueva novela, pero tampoco quiero caer demasiado en esa cosa de ahondamiento en la vida del escritor famosillo. ¿Sabes?
Bueno, pues, hablemos de otra cosa, porque si hablo de mi colección de discos desaparecida, me pondré mal. De mi nueva novela me gustaría hablar con gente que la ha leído... No sé, echa una pregunta al aire.

¿Lamentas que no haya leído tu novela?
No. O sea, hubiera sido bueno tenerte en mi pool de lectores previos a la publicación del libro. Pero quizá lo tuyo es la emoción de leer el libro ya editado, impreso, protegido por una bella portada. Espero que lo leas, eso sí, porque no puedo andar desperdiciando las 20 copias que me da la editorial para mis familiares, amigos y fans más cercanos.

¿Quieres ir a ver Hulk el fin de semana?
Es un fin de semana complicado para mí: MP y yo tenemos a los niños. Además, tú tienes que terminar tu tesis. Ya sabes lo que te espera cuando lo hagas. No te distraigas, Memo, o me pongo verde.

Ya. Bueno. Iré solo. Total.
No irás sólo a lado alguno: siéntate a acabar tu tesis mientras Refu te lame los dedos.

Que no. Que iré a ver Hulk. Historia curiosa: cuando sacaron la anterior, le dije a mi hermana, "adivina qué película fui a ver" y gruñí e hice gesto de Hulk. Y me dice: ¿Buscando a Nemo?


Me doy cuenta de que no te hice una pregunta.
Ay, Memo©. Mira que me estoy poniendo verde... ¿No se trataba de que habláramos de mí, aquí? A mí mi hermana siempre me decía David Banner, que así se llamaba Hulk en la tele. Seguro no conoces esa vieja serie, "El hombre increíble".

Sí, la conocí. Una combinación de El Fugitivo con The Green Giant.
Eso mismo. Era triste. Acababa con David Banner solo, caminando en alguna carretera de Estados Unidos. Una musiquita melancólica, como preludio de Chopin, de fondo.

¿Cómo está Joe?
Joe está bien. Se come mi begonia apenas me distraigo. Y duerme casi todo el día.

¿Tú crees que lo característico de los zombies sea comer carne humana o que todos se comportan de un modo inhumano? La gente olvida que los zombies vienen del vudú.
Creo que los zombies son humanos vacíos de humanidad, carentes de libre albedrío y voluntad, como plantas con forma humana. Eso de que sean antropófagos es una mera invención moderna, creo.

Yo creo lo mismo. Me gustó mucho The Happening.
A mí también. Pobre Shyamalan: hay una vendeta contra él. Muchos dicen que se justifica diciendo que es una película de serie b. Lo es. Llevada a sus últimas consecuencias. Es como Soy leyenda, versión nueva, con final muy feliz. A mí me gustan los diálogos cándidos. No sé por qué tengo esta obsesión con la candidez, ahora.

Quizá porque hoy había mucho sol. Sudo.
¿Hay una relación entre el mucho sol, el sudor y la candidez?

El sol, los pajaritos, la gente en el parque, sonriente.
Pero eso no es candidez, creo. Eso es simplemente bonito. ¿Había patos en el parque?

Sí, ahora sí. Es grande Salinger, ¿no crees?
Mucho. Sus cuentos, The Catcher in the Rye, su reclusión. El escritor ideal, en ese sentido.

Pero un gritón, dicen. Es mejor, creo, ser un buen hombre a ser un gran escritor.
No sé si sea mejor o no. Creo que es una cuestión no-ética. Es decir, no tiene nada que ver ser un buen hombre y/o ser un buen escritor. Hay pésimos hombres que escribían muy bien. Y viceversa. Y buenos hombres que escribían bien, como C. S. Lewis, también. En fin, que la dialéctica bondad/maldad y escritura no funciona, salvo que quieras hacer de ella el tema de tu doctorado. Qué obesión con la bondad la tuya.

Yo no dije que hay una relación entre la buena literatura y la moral. Afirmo que entre un buen escritor que es un mal hombre y un buen escritor que además es un buen hombre es preferible el segundo. Hay que ser buenos, David.
Hay que ser buenos, sí, pero yo dije ética, no moral. En fin, que ya sé de qué pie cojeas. Pero seamos buenos, sí. Como el protagonista de The Happening. Te identificas con él, ¿verdad? Sólo te faltan los músculos y la esposa guapa.

Y ser rapero.
Bueno, él ya no lo es. Pero allí tienes a Benassini, que es un rapero del arte.

Ahora está enredado en cuestiones editoriales. Hace sus remixes.
Y, lo mismo que tú ya no haces El inquilino, él ha abandonado Néctar.

La Tempestad arrasa con el acné literario. Tú ya no haces Salmón.
Pues mira, he pedido todos los textos para el número 9 de Cuaderno Salmón, aunque desconozco el formato en el que finalmente verán la luz. O la oscuridad. Pero este tema me pone igual de mal que el de la colección de discos desaparecida. ¿Quieres que me ponga triste? Hoy quiero celebrar.

Hace rato íbamos a celebrar y empezaste con que ay, me duele la cabeza, ay, ya estoy viejito, vayan ustedes, esto y lo otro.
Pasa, en ocasiones raras, muy aisladas, que me da migraña. No lo controlo yo, qué más quisiera. Tenía ganas de verlos por segunda vez en esta semana, pasarles ejemplares de La hermana falsa, etcétera. Ya será después, Memo. No seas tan duro conmigo.

Vamos a la pizza, ahora.
Ahora no puedo. A las ocho tengo una junta de condóminos para resolver asuntos de seguridad, han intentado entrar varias veces a distintos departamentos del edificio. Más tarde, celebraré con MP en el Fiesole. Una vez fuimos allí, pero no la recordemos, no aquí. Julius pizza, amigo mío, es pésima. La peor pizza de México.

Snob.
No soy snob: tengo un buen paladar. Esa pizza de Julius está hecha con puros ingredientes de lata, mal queso, etcétera. Solía ser buena. Pero no más. Lo siento, Memo. Así las cosas.

Editaré tu maldito "así las cosas".

Sabiduría en Vincent La Soudière

Solo puedes levantar el mundo. En pareja, siempre llega un momento en el que tienes que cargar al otro que pesa entonces más que el mundo.

Wednesday, June 18, 2008

Entrevista con Antonio Ortuño


A continuación una sesuda conversación con Antonio Ortuño (Guadalajara, 1976), autor de las novelas El buscador de cabezas, que no he leído y Recursos humanos (con la cual recientemente estuvo a punto de ganar el Premio Novela Anagrama) que tampoco he leído y que, por tanto, no se tocarán en la siguiente entrevista. Afortunadamente también es autor del libro de cuentos El jardín japonés. Desafortunadamente, ¡tampoco he leído ese! Ortuño es colaborador de revistas como Letras Libres, La Tempestad y Cuaderno Salmón, dirigida por David Miklos a quien mando un atento saludo. Ejem. Actualmente Ortuño es Jefe de Redacción del diario Público-Milenio, allá en Guadalajara. Para realizar esta entrevista no viajé a Guadalajara, sólo me conecté al MSN, esa gran y bonita herramienta.
Advertencia: si usted está curado de la ironía y la bobería, ni lea.
Note: que si esta entrevista está acompañada de la imagen de un tapir y no del rostro de Ortuño es porque Ortuño así me lo pidió. Opina que el tapir es "un animal muy elegante".
Temas discutidos: Barbies, Simios, Ironía, Fútbol Americano, Humor autodenigrante.
¿Has notado que tiendes al autoritarismo? Recuerdo aquella vez que me exigiste te trajera una cerveza y ahora mismo que me pediste te entrevistara durante los precisos quince minutos que tienes de ocio.
De niño tuve un Mussolini de plástico. Tiranizaba al resto de los juguetes. Un día organizó un sacrificio ritual de las Barbies de mi hermana (previa violación masiva por parte de los muñecos del Planeta de los Simios de mi otro hermano). Nunca volvieron a verme igual en mi casa cuando descubrieron a las Barbies trenzadas con los simios encima de la mesa del comedor.

¿Descubrieron entonces que te gustaba jugar con Barbies?
No: me gustaba que los simios jugaran con las Barbies. Equipos mixtos de futbol, claro.
¿Jugaste algún deporte, alguna vez?
Jugué futbol americano. Es un deporte muy viril que consiste en ser apaleado por sujetos del triple de tu tamaño (siempre hay alguien en Colima o Silao –Guanajuato- que es del triple de tu tamaño). Pero eso fue después de que me fue vedado el acceso futuro a simios y Barbies. De haber conservado un suministro normal de changos y rubias no me habría interesado en nada más.

¿Crees que a la fecha los monos y las rubias están fuera de tu alcance?
Tuve una mala historia con una rubia que había tenido una mala historia con un simio. Desde entonces los tres nos tratamos con frialdad.
Asumo que sigues hablando de los del comedor.
No: el simio incluso ha firmado libros.

El box deforma orejas y nariz, la gimnasia te deja chaparrito (créeme) y creo que el americano te jode la espalda, ¿te pasó?
Las rodillas se joden primero que la espalda. La espalda se jode cuando las rodillas ya son pomada. Mi rodilla izquierda es pomada buena parte del verano. ¿Hacías gimnasia? Es decir que te gustan los hombres que dan cabriolas en leotardo…
Preferiría no contestar eso, sólo te pido fe. ¿Sientes la humedad en la rodilla? ¿Eres capaz de adivinar el clima? "Hoy lloverá Lencho", ¿ese tipo de cosas?
Sucede al revés. No me duele y, ergo, llueve. Llueve y luego me duele. Me preocupa que pienses en las rodillas húmedas de un jugador de americano.
Te diría que me preocupa que me imagines en leotardo, pero no es lo que dijiste. ¿Crees que está mal que te entrevista antes de que entreviste a David? No quiero hacerlo sentir mal.
Me han dicho que acudes en leotardo al trabajo.
Me lo exige Nicolás, eso.
También les exige que marchen el día del trabajo con una manta que reza: "Gracias, señor director". Pero es su derecho corporativo. Sólo tiene que darles tortas y refresco a cambio. Por lo demás… David sabe que tienes una perra llamada Refugio y sabe que puede secuestrarla y obligarte a entrevistarlo.

No bromees con eso Antonio. Ni con lo de Nicolás como Gran Dictador. Ni con lo de Refu. ¿Disfrutas tus días oficinescos?
No me gustan las oficinas pero en realidad no me gusta nada. Me gustaría ser un vago que pasara el día en un sillón. Trabajar envilece.
¿No pasas todo el día en un sillón? ¿Un sillón de oficina?
Una sillita con ruedas, en realidad. Pero revisar notas y bostezar mientras te relatan los embarazos interruptos en la oficina durante la última semana no es como vagar.

Estoy sentado igual en sillita con ruedas, sobándome la panza. A veces, cuando Óscar está acá, jugamos a unas como guerritas de carruajes romanos, pero con las sillas. ¿Crees que debería mencionar a Abel? Porque esto lo pienso publicar en mi blog. Y ya hablé que de Óscar, que de Nicolás, que de David que ni está en la redacción. Sería poco solidario de mi parte, creo. Y me cae bien Abel, debo decir.
Lo mismo dijo Caín.

Ah, la ironía.
Hay dos tipos de oficinistas. Los sarcásticos y los de leotardo.
Son cuatro tipos, en realidad. Los sarcásticos, los de leotardo, los que creen que son de los sarcásticos pero en realidad son de leotardo y los que en realidad son sarcásticos cuando creen que son de leotardo. Yo creo que tú eres de los de leotardo que creen que son sarcásticos.
Eso ya es tipología sociológica. Los falsos leotardos suenan a pie de una tesis de la UNAM. ¿Cómo va tu tesis, por cierto?
Debería estar haciéndola.
Tú trajiste los leotardos a colación porque fuiste un niño gimnasta, detalle que desconocía. ¿Por qué dejaste la gimnasia?
Porque me iba a quedar chaparro.

Sunday, June 15, 2008

El día de la piedra

Temo que con esta entrada estoy traicionando el sentimiento de complicidad que experimenté durantes varias horas el sábado pasado. Pero igual me siento obligado a contar esto. Se trató de un sábado que inició de un modo bastante inocuo: como si fuera un día más de la semana, conmigo y el resto de los compañeros de la redacción sentados frente a nuestras computadoras, en la oficina, por la mañana. El sol brillaba, los pájaros cantaban y nosotros estabábamos encerrados en el trabajo. Pocas cosas, entre las que se cuentan esto o encaminarse al aeropuerto o levantarse en un hotel el día del check out, nos predisponen a imaginar el día como parte de una serie ininterrumpida de perezas cotidianas. Pensé: más tarde, al salir de aquí -de la oficina- después de adelantar pendientes del cierre de edición, comeré. Iré al cine. Leeré. Haré estas cosas que me son familiares, que no presentan sorpresas y que por tanto son tan inofensivas como destructoras.
El día, imaginé, sería parte de la sucesión de las semanas que lentamente nos matan. Cuando uno se enfrenta a un panorama así... no, cuando uno se deja llevar por un panorama así lo que debe hacer es procurar que otros, como uno, sean arrastrados por la imbecilidad del día a día. No será una caída en llamas, pero al menos caerán otros con nosotros. Así pues, le llamo a un amigo, Eduardo Charpenel, para que nos aburramos mutuamente, intentando entretenernos. Le digo: después de comer, ya que salga del trabajo, vamos al cine. Sí, me dice, pero entonces me dice que antes quiere enseñarme algo. No puede decirme qué es, pues no quiere arruinarme la sorpresa. Comienzo a sospechar que es una broma o un engaño. O peor, que lo que me enseñará será algo que sólo lo sorprendió a él pero que no conseguirá sorprenderme a mí. Aún así su entusiasmo me deja picado. Y no sé si hacerles más largo el cuento. Ahondar en sus descripciones vagas. Decirles lo que comí y el tiempo que pasó antes de que finalmente lo viera.
Cuando finalmente pasé por él, se limitó a decirme que ignoraba si debía o no decirme más de lo que él ya sabía. Verán: esta historia, la historia del día de la piedra, es más la historia del modo en que contamos nuestras historias, la forma en la que preparamos una narración para llevarla hasta el chiste. Es el tipo de cosas que le dan sal a la vida. La historia del día de la piedra es la historia de la duda que hemos puesto en nuestra capacidad de asombrarnos. Lo hemos visto todo y como lo hemos hecho Eduardo sabe que debe indicarme exclusivamente el camino que debo tomar -cuando paso por él, una media hora antes de ir al cine- pero no decirme qué es lo que vamos a ver ya que tomemos ese camino. Sólo me suelta un "es un pedazo de irracionalidad". Lo cual, francamente, viviendo en el DF es algo que tampoco habría de sorprenderme. El absurdo es el eterno vecino, aquí en el DF. Sin embargo, me impresiona su decisión en mantener la sorpresa. Debe ser (imagino) algo realmente inquietante. Mientras nos encaminamos, me asegura que este es el mismo método que aplicó su padre cuando, por la mañana, le enseñó lo que me iba a enseñar a mí. Comencé a percatarme de que era, a cada momento que pasaba, el elemento de una narración que comenzó antes de mí y que continuaría después de mí. Así, cruzando las calles del Pedregal, Eduardo finalmente comenzó a develar el misterio. "Según mi papá", dijo a un par de cuadras antes de llegar a la calle donde estaba lo que quería enseñarme, "fue un acto de celos".
Cuando dijo esto, pensé: Seguro me va a llevar a la casa de una vieja a la que le pintarrajearon el zaguán con frases tipo "pinche zorra, ¿por qué me dejaste?". Algo así, imaginé. No sería la primera vez que viera algo así (recuerda cuando en el edificio cerca de donde una amiga vivía alguien escribió, con aerosol, que ahí vivía alguien infectado de SIDA). Pero no, la historia era delirante: "Y el güey, a quien dejaron, le encargó a unos tipos que se dehicieran de su mujer de un modo en el que no pudiera haber modo de que rastrearan el trabajo a él. Y entonces, una noche lluviosa llegaron con una grúa--" Cuando Eduardo estaba diciendo esto, o algo parecido a esto, di la vuelta en la calle donde me indicó. Y entonces la piedra sobre el coche:
Supongo que Eduardo, desde el principio, sencillamente pudo haberme dicho "Te voy a llevar a ver una roca sobre un coche". Pero se tomó su tiempo, el chavo. Creo que empecé a cagarme de risa pues no recuerdo muy bien el final de la historia que me estaba contando -algo de que los tipos no se dieron cuenta de que la tipa ya no estaba en el coche porque estaba lloviendo mucho y en fin, algo absurdo, inverosímil. Pero igual, la piedra estaba ahí, encima del coche.
Bajamos para que yo viera más de cerca el coche y vi que, en efecto, dentro estaba una red metálica con la que colgaron (imagino) la piedra en la grúa antes de dejarla caer sobre el coche. Por favor, noten que alguien pintó una carita sobre la piedra, como pueden ver abajo (también noten a Eduardo, feliz de su descubrimiento).
(Por la mañana le enseñé estas fotos a mi familia; se veían sorprendidos pero no tan sorprendidos; quizá porque son fotos y no lo vieron de, pues, primera mano; ver la guerra en la tele, ya se sabe, no es lo mismo que estar entre los balazos)
Más tarde fuimos, sí, al cine. Vimos la de Shyamalan. Está buena. Al salir, en fin, yo no podía dejar de pensar en la piedra sobre el coche -de hecho, ninguno de los dos podía parar de hablar al respecto- y le hablamos a un cuate que, sabíamos, estaba pasando mucho tiempo dentro de su propia cabeza, con la intención de sacarlo de su departamento para que viera la piedra y se riera y se distrajera. No contestó el teléfono pero igual le marcamos a una amiga para llevarla a ver esto. Estaba ocupada, nos dijo. Pero se insistió en que era inaudito lo que queríamos enseñarle. Y supongo que la gente reconoce la verdad cuando uno se la dice pues, sin pensarlo mucho, nos pidió que pasáramos en unos minutos y pasamos y, en efecto, estaba muy ocupada discutiendo algo con un amigo suyo a quien, ¿sobra decir?, no conocíamos. Pero igual lo invitamos para que nos acompañara y lo viera también. Ya era de noche. Y ya comenzaba a sospechar que esto le iba a hacer daño a mi vida. Esta piedra, este pedazo de irracionalidad, comenzaba a hacer que yo viera las cosas de otro modo. Finalmente fuimos y el amigo de la amiga dijo que él ya había escuchado hablar de esto y entonces pensé: ¿y si alguien deliberdamente puso esa piedra ahí para provocar la creación de historias? ¿Qué tal que es parte de un proyecto artístico, digamos, en el que se procura inventar rumores?
Pensé en lo que nos contaban el otro día en la oficina, sobre aquél proyecto que se presentó en el museo Eco donde un artista hizo como que detonaba una bomba con la intención de provocar miedo a los vecinos -cosa que consiguió y, sin medir las consecuencias (hubo histeria y ventanas rotas) casi consigue que se clausurara el museo- y carajo, este post se me está saliendo de las manos, como se me sale de las manos la historia. No puedo dejar de escribir sobre esto. Me voy a volver loco. Y quizá sea preferible esto a que me aburra, no lo sé. Pero ahora quiero llevar a todos a que vean la piedra. Quiero que la historia de la piedra, como seguramente quiere Eduardo y como quiso su padre, esté en la calle, en boca de la gente, que se hagan playeras con La Piedra en el Coche estampadas, que se haga un Puesto de Tacos La Piedra sobre El Coche, que lleguen reporteros de TV Azteca a preguntarle a la tipa por qué dejó al tipo. Quiero que alguien se acuerde de Paco Stanley con asombro, del Clan Trevi con temor, que no se lleven pronto la piedra de ahí. Un asidero sólido, es lo que pido.

Saturday, June 14, 2008

Odradek


Gracias a Alejandro Vázquez descubro las gráficas y diagramas de Venn de Jessica Hagy. Según Alejandro, Hagy hace "una de las mejores tiras cómicas en la red", pero sospecho que así califica a cualquier dibujito que aparezca gratis y periódicamente en Internet. Un buen descubrimiento, sin embargo. Más de ella en el link que puso Alejandro en su propio blog.

Thursday, June 12, 2008

Presencia fugaz de los olores

Acabo de borrar una entrada. Hay cosas que son para mí. Sin demasiado ingenio cambio el tema y les comparto: hoy el metrobús olía entero. Ayer olía también, pero en oleadas. Hoy olía a cuerpos, ayer a un pedo macabro. Debe ser la humedad que trae la lluvia pero algo permite que ahora las partículas sólidas que desprenden los cuerpos viajen de un lugar a otro hasta que se posan sobre la membrana de proteínas de mi nariz. ¿Es así como funciona? Se elevan, estos olores. De los charcos y, cuando bajo del metrobús y camino hasta el parque sobre la calle Sonora, de la tierra mojada y los árboles. De las chicas que pasan corriendo, temprano por la mañana. El olor del cigarro del grupo de aprendices de chef que esperan afuera de la academia de gastronomía, tabaco en la lengua, estragándose el gusto. No paso por alto el puesto de flores que está frente al negocio de Pilates que siempre alberga los cuerpos entusiastas de jóvenes, posados sobre esas camas, moviendo esas ligas, esos músculos. ¿A qué huele allí? No lo sé, las ventanas sólo permiten que asome los ojos, no la nariz. Volviendo al parque: huelen sus hojas, huelen sus perros. Los hocicos mordiendo pelotas de tenis. El estanque con patos que ahora, ¿se han ido? ¿Han emigrado? Ahora mismo aspiro y huelo mi carne y pienso en lo que acabo de borrar.

Indiana

Informo que acaban de poner la canción Indiana de los Hombres G, acá en la oficina. Ya la han puesto varias veces, desde hace semanas y hay un momento en el que uno de los integrantes de los Hombres G -harto de que su novia ponga una y otra vez la película de Indiana, según canta- dice "Indiana, Indiana, no sabes decir otra cosa, me tienes hasta la banana". Es una bonita mañana.

Tuesday, June 10, 2008

Monday, June 09, 2008

Leer a Lovecraft en la casa de campo

Anota Héctor Manjarrez en el apartado 58 de su El bosque en la ciudad:
"En la segunda mitad de los años ochenta, con relativa frecuencia me iba entre semana a la casita común que tenían los hermanos Bracho en A... Me llevaba libros, máquina de escribir (una Hermes mecánica color pistache, como la de muchísima gente) y buenas viandas, y pasaba de dos a cuatro días totalmente solo con los autores, mis ideas y la naturaleza. Recuerdo dos noches aterradoras: una vez el pavor me lo causaron los Cuentos de Cthulhu de Lovecraft; me despertaba aprisionado por los seres espantosos de la espantable imaginación de ese hombre cuyo apellido era la perfecta negación de su vida, pues carecía por completo del oficio de amar; dichos engendros se mezclaban, zoomórficamente, con el agudo miedo a los alacranes que rondaban en las noches por el piso de mi cuarto..."
Apenas es lunes y ya escuché el nombre de Lovecraft una vez, en la oficina. La semana pasada lo escuché invocado dentro del elevador.
Qué bueno es ese apartado 58: el descubrimiento de Manjarrez de que a veces grita en la noche, de que habla solo cuando pasea con los perros, de que no regresó a casa de los Bracho durante mucho tiempo porque -¡lo había olvidado!- algo le sucedió una noche, cerca de un árbol en el que colgaban a la gente, allá en A...
La semana santa pasada, recuerdo, experimenté ese delicioso placer de meterse debajo de una cobija, linterna en mano, a incómodamente leer a Lovecraft. ¿Por qué desperdiciar el tiempo cuando uno puede seguir leyéndolo? Me voy.

Sunday, June 08, 2008

Bebo café

Me lo acabo de hacer. Me levantaré por la segunda taza en unos momentos y Refu, que está acostada aquí a lado, me acompañará y moverá su cola quizá con la esperanza de que esto signifique, finalmente, que la sacaré a pasear. Pero no estoy de ánimos para sacar a Refu quien, por lo demás, no parece tan entuasiasmada por salir. Sólo se alborota cuando me levanto o dejo de teclear y me mira y entonces pone esa cara del perro que quiere salir. Le doy un último trago a la taza y me preparo para levantarme.
Dicho y hecho. Regreso de servirme la segunda taza. Es de Punta del Cielo. Sabe rico. La preparo en una cafetera Krups casi idéntica a la que estaba en la zona comunitaria de la facultad de filosofía donde estudié y trabajé durante un lapso de tiempo como asistente de un amigo, de un profesor. Y ahora que digo eso pongo en suspenso el relato del modo en que me percaté de que necesito a Refu tanto como me necesita ella para contarles que el viernes fui a cenar con este amigo, Héctor, y me regaló una copia del, creo recordar, último libro en el que trabajamos juntos -uno en el que también le ayudó (con mayor incidencia, debo decir) Julián Zárate y Daniel Vázquez. Total que comienzo a hojear el libro -una compilación de ensayos de Héctor sobre ética, poética y argumentación, me parece- y me dice: "esta hoja te va a interesar". Pensé que hablaba sobre su texto sobre la metáfora, que ya había leído (como ya había leído todos los textos). Pero no, era una de las primeras hojas y en ella decía: Para Guillermo, escritor. Y que agarro y me sonrojo, en sentido figurado. Pues nunca alguien me había dedicado un libro, ¿no? Pero sobre todo me sonrojo porque, pues, vamos, Guillermos hay muchos y lo que se estaba sobre-entendiendo era que la dedicatoria era para mí y que yo debería entender eso como de inmediato, cuando también está Guillermo Hurtado -a quien Héctor conoce y estima- o ese otro cuate que tiene que se llama Luis Guillermo, o bien, el otro Guillermo que estudió filosofía y ahora estudia medicina, a quien ambos estimamos, supongo. Muchos Guillermos, pues. Así que se hace la broma de cómo con esa dedicatoria pues se saca de encima tener que dedicarle otro libro a otro de sus amigos Guillermos y la pura risa y ahora, de improviso, recuerdo a la familia Monroy, a quienes quiero, y de cómo ayer mi madre me entregó un libro de Susan Sontag que ellos me habían regalado por mi cumpleaños. Se trata de una compilación de ensayos sobre literatura y sobre el lugar del intelectual en la cultura y entre otros textos viene uno sobre Robert Walser, uno de mis héroes morales (diría Vila Matas), y uno sobre Gombrowicz, quien me obsesiona desde la marginalidad, y así varias cosas. E historia curiosa: hace poco compré otro libro de Sontag, sobre las metáforas de la enfermedad, pues tenía muchas ganas de leerlo desde hace tiempo (a la fecha, no lo he abierto). Muchos libros, pues. Dos buenos regalos en este fin de semana. Ahora iba a escribir largo y tendido sobre el cariño que le tengo a los Monroy pero sería un poco como estar presumiendo las virtudes que uno tiene y es el tipo de cosas, pues, que sólo ellos necesitan saber.
Total que: Refu se atrasa un poco de camino de la cocina al estudio donde ahora estoy porque se está rascando la oreja y yo, ¿qué hago? ¿Me sigo de largo? ¿O la espero sosteniendo la puerta a que termine de rascarse para que me acompañe hasta el estudio donde ahora está recostada, con los ojos cerrados, respirando con tranquilidad, de modo que me dé cuenta de que es en estos gestos donde se hace claro que yo necesito a Refu como ella me necesita a mí?

Wednesday, June 04, 2008

Invertebrados


La edición de junio de National Geographic (la que dice Secrets of Stonehenge en la portada) trae un texto sobre los nudibranchs -de la etimología, para seguir con estas cosas, "branquia desnuda". Estos organismos (¡pulmones marinos!) que viven muy a gusto y a todo dar ignorándonos en el fondo del mar, como nos ignoramos nosotros, enfundados en unos colores vibrantes y brillosos, llamaron hoy mi atención. Son tóxicos. Se alimentan del coral. Se desconocen muchas cosas de ellos (viven, les digo, en el fondo del mar) en gran parte porque viven alrededor de un año. Y sus cuerpos invertebrados dejan poco tras de ellos. Babosas marinas. Hay muchas especies, aparentemente. Como es costumbre, sólo se conocen algunas. ¿Somos nosotros los nudibranchs a ojos de otros? ¿Con ideas tóxicas, cuerpos fugaces?
Se ven casi apetitosos. Me encantó esa página que copié en el scanner. Me recuerda un menú de sushi.

Tuesday, June 03, 2008

Pequeño testigo

Que uno pudiera sentarse, tomar el teléfono y marcarle a la humanidad para preguntarle algo de orden íntimo pero que nos importara en cierta medida -preguntaríamos no con morbo sino con el interés que sólo propicia la amistad- y que ésta tomara un momento y cuando creyéramos que estaba haciendo una pausa para pensar bien su respuesta fuéramos un pequeño testigo de su alegre, inesperado y poderoso eructo. Hace unas horas conseguí el Diccionario filosófico de Voltaire. Hojeándolo leí una entrada en la que Voltaire explicaba cómo testículo significa, etimológicamente, "pequeño testigo". De la hombría, se entiende. Me duele el pecho.

Sunday, June 01, 2008

Tengamos...

...los borradores a la mano.

Thursday, May 29, 2008

Entrevista con Nicolás Cabral

Tengo una pregunta en dos partes. Primero, ¿te molesta que use una foto tuya para esta entrevista y que use, igualmente, el tiempo del trabajo para hacerla?
Me molestan ambas cosas. Por suerte, dado que estamos en horario laboral, podría impedir el uso de la foto como parte de las políticas de esta empresa. Quisiera lograr, como Pynchon, que mi jeta no ilustre nada que tenga que ver conmigo.

Le he escuchado decir a mujeres que eres un hombre bello. ¿Sientes que esto está peleado con tu imagen de hombre inteligente? Deja reformulo la pregunta: ¿te da miedo que no te tomen en serio por ser hermoso?
Sí, de ahí que hasta ahora me haya considerado un hombre feo, con el fin de convencerme de mi inteligencia. ¿De qué mujeres hablas?

¿Me preguntas desde tu convencimiento de ser feo -como gesto impostado de inseguridad- o para perseguirlas?
Simple curiosidad. Yo no persigo a las mujeres. Bueno, persigo a una, y por suerte se deja alcanzar.

La verdad es que no se lo he escuchado a nadie. Es mi opinión pero me daba miedo que pensaras que me gustas por reconocerte hermoso.
Bueno, no te lo tomaré a mal, si eso te preocupa. Finalmente, nos separan un par de muros. Me siento seguro.

(Ahora mismo le preguntaba a una amiga si tiene alguna pregunta para ti -quiere saber cómo hermanas literatura y arquitectura- y le pregunté si le parecías guapo; dice que no te recuerda; me exigió una foto tuya para saber)
Suelo ser olvidado, lo cual siempre me ha parecido estupendo. Me han presentado a personas cuatro, cinco veces, y siempre dicen "Mucho gusto". Sobre literatura y arquitectura: No las concilio, simplemente abandoné la segunda. Pero bueno, miento: el libro que siempre estoy escribiendo, aunque tarde meses en añadirle un párrafo, es un conjunto de relatos sobre la relación entre ciertos espacios y ciertos personajes.

¿Estás intentando llevar la conversación a tu libro de cuentos?
Evidentemente.

(Acabo de mostrarle una foto que encontré en la red y opina que no eres feo; lo cual no significa, supongo, que seas bello)
No hay fotos mías en la red.

Piensa lo que quieras. A ver, cuéntame de tu libro. ¿Qué puedes decirme sobre él?
Puedo hacerte una descripción, digamos, técnica. Contiene nueve relatos y una nouvelle. Se llama Las moradas. Tendrá, si algún día lo termino, alrededor de 130 páginas.

¿Tú dirías que la diferencia entre una nouvelle, una novela y un relato es un tema de importancia?
No.

Es que ya no sé qué preguntarte.
¿Te aburro?
No, sólo no se me ocurre qué preguntarte.

Déjame preguntarte algo a ti. ¿Por qué a Zagal le hablaste de usted en su entrevista y a mí me tuteas? ¿Es porque yo no soy doctor en filosofía?
Es por la edad.

Ah, bueno.
Es como con Margo Glantz, quien por la distancia de edad a todos les habla de usted.

A mí ya no, ¿será que me estoy volviendo viejo?
Tienes, ¿qué, 33?
Casi, en un par de meses.

Sí sabes que Cristo murió a los 33, ¿no?
Sí, pero no soy cristiano. ¿Lo sabías?

Cada que digo algo sobre Cristo me lo dices. O sobre Marx. O sobre el PRD. No me gustaría que se te olvidara que cuando Dios cierra todas las puertas, deja, al menos, una ventana abierta.
Pero hay que hacer distingos. Soy algo bastante parecido a un marxista, y algo bastante distinto de un perredista.

Yo no dije que fueras perredista. No te sientas obligado a hacer esas distinciones. Dame un poco de crédito.
Está bien, Memo. Me disculpo

Hablando de crédito, ¿es difícil evitar la tentación de créditos que ofrecen los bancos?
Decía Brecht: ¿Qué es robar un banco comparado con fundarlo? Odio los bancos, y sin embargo tiendo a ser un celoso ahorrador. No he fundado ninguno, aclaro. Por desgracia, tampoco he robado alguno. ¿A ti te gustan los bancos?

No. Siempre exigen que haga la misma firma y no puedo. Oye, ¿crees que algún día podré leer tus nueve cuentos? He leído algunos, en Cuaderno Salmón se publicó uno de ellos.
Sí, creo que un día podrás leerlos. Además, están en mi computadora. Si muero trágicamente, hazlos llegar a un editor, por favor. A los muertos se les perdonan muchas cosas.

Como irle al Cruz Azul.
Tú no le vas a nadie.

Yo le voy a los que meten autogol. Y al Celaya. ¡Arriba cajeteros!
Yo también le iba, mientras existieron. ¿Y sabes qué? Estuve en los dos partidos de la final. Y perdimos. Fue triste. ¿No crees que merezco una alegría, aunque sea futbolística?

Sí, ¿por qué no habría de hacerlo?
Eres una buena persona, Memo. Antes de que trabajáramos juntos, insistías en que yo debía ser buena persona.

La verdad es que no le voy al Celaya, sólo lo dije para ver si decías algo sobre Celaya, fuera de que le ibas a su equipo. En fin, todavía creo que debes ser una buena persona.
Pudiste preguntarlo directamente. Celaya es una de las ciudades más feas y aburridas del planeta Tierra.

Para finalizar, ¿cuánto tiempo más crees que vaya a existir La Tempestad?
No lo sé. Supongo que no puede durar eternamente. ¿Tú cuánto le das?

Hasta que te hartes, francamente. Pero te hartas seguido, así que no sé. No puede ser ese el criterio.
¿Tú ya te hartaste? Yo ya aguanté 10 años. La revista ha durado más que mi matrimonio.

Tendré que editar mucho esto.
Creo que todos se mueren por leerlo. No quites lo de mi matrimonio. Es un dato objetivo.

¿No te da cosa que tu relación con Chaurand haya sido más larga que con otras personas?
Sí.

Monday, May 26, 2008

Kafka contra la metáfora

En 1921: "Las metáforas son una de las muchas cosas que me hacen desesperar de la escritura. La falta de autonomía de la escritura, su dependencia de la criada que enciende la calefacción, del gato que se calienta junto a la estufia, incluso del pobre viejo que también se calienta. Todas esas son operaciones autónomas, que se rigen por su propia ley, sólo la escritura está desamparada, no habita en sí misma, es broma y desesperación".

Sunday, May 25, 2008

Marcia bobs her hair


En las noticias de Yahoo informan en primera, em, plana que Jessica Alba se casó y se fue de parranda después de una "abrupta" boda y que Marcia Cross se hizo un nuevo corte de cabello. Leo esto después de leer un cuento de Bef titulado -lo he olvidado, pero trata sobre la vida de un oaxaqueño en un colonizado Marte. Quizá por ello me llama la atención no tanto lo de Jessica Alba ni lo del nuevo corte de Cross sino la noticia, de menor perfil, que se encuentra debajo de esa y donde se explica que pudieron colocar un nuevo aparato en Marte para, pues, sondear el asunto, ver qué pasa, cómo va la cosa, a ver si nos vamos para allá. Curiosamente, la noche del sábado en el show de Letterman se soltaron un chascarrillo sobre cómo es que, de lanzarse la misión hacia Marte con tripulación humana, se tomarían un año más o menos en llegar y que, por ello, estaban desarrollando una tecnología que permitiría reciclar la orina para poder usarla de nuevo como agua potable. Y Bef, recuerdo en el cuento, hablaba un poco sobre ello. Pero la verdad es que al comenzar a leer la nota sobre el carrito a control remoto que mandaron a Marte me aburrí horrores. No pude leerla. Me distraje con el peinado de Cross, quien actúa en una serie que no veo pero sé que es vista por mis hermanas y por mi primo y por millones de televidentes. Y quizá aquí sería bueno comenzar a hablar con ironía no sólo sobre esas mega-series sino sobre el tiempo que le dedica la gente a hablar sobre estas mega-series (hoy el suplemento cultural de Reforma dedicó sus páginas a este tema, como lo hizo Día Siete hace unas semanas y como, claro, lo hizo La Tempestad hace tiempo) y quizá valdría la pena hablar sobre la televisión como un detonador de una literatura que busca dejar atrás a la ironía (aquí citaría extensamente a Robert Foster Wallace). Pero mejor, para finalizar, ponemos un bonito link a un bonito cuento, aquí.

Domingo

Bricolaje, sopa de lima, torta de cochinita, terminar de leer una revista, comenzar a leer una antología, sentir que uno pierde el tiempo, toser, enfundarse la garganta, ver televisión, anotar, leer, dormir.

Saturday, May 24, 2008

Pedir pizza, pensar en Indiana Jones

Desde la mañana pensaba escribir algo sobre la nueva película de Indiana Jones que vi anoche. Llevo todo el día, sin embargo, evitando esto. Creo que anoche discutí y agoté el tema en compañía de los amigos con quienes la vi. Incluso las bromas sobre el ñoñismo de ver y disfrutar la nueva película de Indiana Jones fue tocado. Anotemos por ahora que: soy fan. Y que llevo años esperando ver esa película. Y que pensaba escribir sobre cómo es que la historia es una mezlca de dos libros de Tintín, Tintín y El Templo del Sol (ubicada, por supuesto, en el Perú) y Tintín y Vuelo 714 para Sidney.

Así que ahora estoy aquí, en casa, encerrado como gordo, comiendo de una pizza que pedí hace rato por teléfono, como gordo gringo, pensando en lo que no he escrito pero ya dije sobre Indiana Jones. Y pienso en su sombrero, en su látigo, en el rostro estoico e irónico que usa Harrison Ford. Pienso en los cómics pulp y en las Astonishing Stories y en una nota que leí no hace mucho sobre un subgénero de los cómics pulp que trataban, en su mayoría, de hombres que -pero no, es agotador escribir sobre esto. Así que me siento, dejo de comer pizza, escucho música y bebo coca cola mientras afuera otros jóvenes de mi edad bailan y ríen y quizá no fumen pero probablemente están, pues, ahí afuera, divirtiéndose, mientras, feliz y contento, me siento a toser y a comer pizza y a beber coca cola y a pensar en Indiana Jones.

Friday, May 23, 2008

Texto de actualidad

Anoche vi que entre las lecturas del baño de un amigo -yo meaba, él platicaba con otro cuate en la sala- estaba Una temporada en el infierno de Rimbaud. Le di un vistazo y vi que mi amigo había subrayado una línea que hablaba sobre la desesperación experimentada ante el imperio de la idiotez. Unas horas antes, en la oficina, le había preguntado a Abel y a Óscar si alguno de ellos estaba leyendo ese libro de Rimbaud. No, me dijeron. La cosa es: una semana antes, en el mismo baño, había visto el mismo libro pero conseguí olvidar dónde y quién lo estaba leyendo. Comienzo a olvidar cosas y a emocionarme por esas pequeñas certezas, cuando las descubro: Ah, era mi amigo tal y no mi amigo tal quien estaba leyendo a Rimbaud, me digo, me emociono. Así que al salir del baño, injustificadamente alegre -con un momento Eureka- le dije a mi amigo -quien, recuerden, también lleva su vida, quien también está cansado del trabajo (más que yo, considerablemente)- que era él quien leía a Rimbaud. La paciencia de los amigos: es algo en lo que uno puede confiar.
"Ese libro", me dijo, "es la gran cosa". De Rimbaud lo único que sé viene de Pierre Michon. Debo haber leído algún poema, en algún lugar. No es algo que tenga presente, debo decir. Excepto, acaso, por su peso histórico, esa solemnidad de la literatura encarnada. La tentación de tener ídolos: de saber que hay cosas que permanecen. Ese mismo día le había preguntado, como ya dije, a los de la oficina por Rimbaud pues estaba leyendo una nota en Internet sobre un texto no inédito pero sí que se había considerado perdido durante unos 135 años. De Rimbaud. (Dejaré de decir Rimbaud). Lo encontró Patrick Taliercio, un cineasta que prepara un documental sobre la obra del poeta, según leí. Durante su investigación documental, en Charleville (la ciudad natal del poeta) compró un monton de periódicos, Le Progrès des Ardennes, en una librería de viejo. El librero no había dado con el texto pues no había reconocido el pseudónimo con el que firmó el poeta: sabía, además, que eran de poco interés, los periódicos. Y hay más, una anécdota de cómo el librero había comprado los periódicos a un señor que los traía a montones en la cajuela de su auto, y en fin, todo eso, la sensación de marginalia y de cosas minúsculas pero importantes, o quizá importantes porque fueron pasadas por alto, me entusiasma tanto como me desagrada: la sensación de arrojar luz sobre todo por un espíritu casi avaricioso, de tenerlo todo, conocerlo todo, saberlo todo, esfuerzo bobo.
Quizá me impresiona por la cantidad de notas que hay, de este tipo: se descubre inédito de tal figura, se exhiben inéditos de esta otra, se encontró una maleta llena de manuscritos, se deciden a publicar tal cosa contra el deseo del autor, ya muerto. Esas bibliotecas ocultas, en los medios, me recuerdan a los niños que desaparecen en oleadas y que son encontrados para, ¿para qué precisamente? Para hacer noticia, llenar la plana. ¿Cuándo leeré yo el texto que Rimbaud escribió bajo pseudónimo y que fue descubierto en un periódico amarillento en una librería de viejo de Charleville? El sueño de Bismark, que es como se titula el texto encontrado, es un texto periodístico. Según el periódico El País, donde leí la nota ayer o ante ayer, hace siglos, Rimbaud mandaba poemas al periódico que no le publicaban pues el editor le exigía, en su lugar: "artículos de actualidad con utilidad inmediata".
Hoy en el Parque España, camino al trabajo, no vi al gordo, ni al perro salchicha, sino a una conductora que, micrófono en mano, hablaba ante una cámara, montada en una bicicleta, casco en la cabeza, toda sonrisas.

Wednesday, May 21, 2008

Décimo aniversario de La Tempestad


Pronto deberían poder comprarla. Y leerla. Caray, diez años.

No sabiendo qué subir

Recordemos a Kafka: "Los látigos con que nos hemos azotado mutuamente han echado buenos nudos en estos años".

Sunday, May 18, 2008

Atisbos de sabiduría en David González

-¿Pero cómo los distingues?, le pregunto.
-Es fácil, contesta, si huele a limón es detergente de baño o vajilla, si huele a naranja es para el piso.

Saturday, May 17, 2008

Varias cosas

No es que trate de algo, el presente texto, pero igual estoy aquí, tratando de darle sentido. Tendrán que disculparme. Es verdad que gira en torno a algo, al mono de la historia que inventamos en la oficina para explicar el ruido que en ocasiones viene de la pared y que, aunque sabemos se trata de un calentador de agua, emula el sonido de una máquina de escribir. Pero quizá no se trate de ese mono en particular, sino que de ese mono, de sus monadas, es de donde emanan las palabras. La necedad de escribir para no aburrirse. Llueve, afuera. El presente texto viene también del recuerdo de una canción que escuchaba el otro día y que es parte de la banda sonora de una película que vi hace más de un mes, Juno. Una canción en la que, con una voz dulce y suave, una mujer canta: "The monkey on your back is the latest trend". Unos amigos opinan que esa expresión, que ya habían escuchado -"the monkey on your back"- hace referencia no a varios problemas con los que uno carga, sino a un vicio de la mente que consiste en sospechar de todo. Mis amigos a esto le llaman "el mico". A la vez, el otro día, investigando para un textito, me topé con la imagen de arriba, de una serie de pinturas realizadas por el colectivo The Royal Art Lodge. Se lee: "Algunas veces cuando has estado solo durante mucho tiempo tu mente crea un amigo". Pero quizá ese amigo con el que uno carga, siniestro y oscuro, no es una buena compañía. Total que lo que quiero decir es que sería bueno que en lugar de estar aquí, dándole a la escritura, saliera de una buena vez por mi hermana que me está esperando y recogerla y en fin, platicarle y hacerla reír pero ya una vez que entro en ritmo, pues es difícil porque es placentero. Supongo que esto está mal pero--

Friday, May 16, 2008

Replicante #15

La Replicante #15 ya debería estar a la venta. Este número está dedicado, como pueden ver, a la fotografía. Entre los datos interesantes destaquemos este: este número es el primer medio impreso que publica una de las tiras cómicas de Alejandro Cavallazi y Alejandro Vázquez, quienes ahora se la dan de moneros. Lo cual es fantástico. Se les da.
Y que la obvia convergencia:
(Como leerán en el crédito de la fotografía de la portada de Replicante, el señor que baila es el padre de Rogelio Villareal, y la otra persona es Narda quien entonces, me cuenta Rogelio, rondaba por el Bar Nueve, a mediados de los ochentas -el padre de Rogelio, dice Rogelio, se negaba a creer que Narda era, en realidad, Nardo; abajo Marilyn y Capote quienes se negaban a creer que todo terminaría. Todo.)

Tuesday, May 13, 2008

Árbol de la sabiduría

Leía un cuento en una McSweeneys de hace unos dos años. En el Metrobús, para mayores informes. Se titula God and the coconuts y fue escrito por Sarah Raymont. En la sección de colaboradores de ese número particular de McSweeneys que leía se informa "Sara Raymont lives in New York". Nada más. Y en una parte específica del cuento, que trata sobre un hombre al que Dios le da una isla para que haga uso de ella en el modo en que quiera, siempre y cuando no coma cocos de una palmera que Dios designó, el personaje se enfrenta a Dios y le lanza un simpático discursillo sobre esa manía que tiene Dios por el juego de la tentación y de por qué carambas no hace las cosas más fáciles e impide cosas más sencillas como "Aléjate de la Planta Termonuclear", el tipo de lugares a los que uno seguramente no se acercaría, ni sentiría deseos de acercarse.
Cuando lo leí, en la mañana, en el Metrobús, me pareció eso, simpático el cuento. Pero más tarde pensé que era precisamente de lugares como plantas termonucleares de donde el hombre, a lo largo de la historia, no puede alejarse. Ese afán loco que tenemos por conocer. Y recordé una noticia de hace unas semanas, que leí en el periódico, sobre dos científicos hawaianos (Wagner y Sancho, lo juro) que habían puesto una demanda contra un grupo de científicos no hawaianos sino europeos, bajo los argumentos de que los experimentos que planeaban realizar en el CERN (European Center for Nuclear Research) podría, ayayay, acabar no sólo con la raza humana, ni con el mundo sino, ayayaya, ¡con el universo entero! Por supuesto que Wagner y Sancho -y cómo no iba a pasar con esos nombres- ya han sido desacreditados por gran parte de la comunidad científica. Pero uno no deja de pensar: ¿qué tal que en una de esas el acelerador de partículas gigante que se construyó para el experimento y para investigar, según recuerdo, cosas sobre la antimateria crea, caray, un hoyo negro? Yo no soy quién, la verdad, para negarle la razón a Wagner y a Sancho ni para aceptar con confianza que los chicos de la CERN saben lo que están haciendo porque, según entiendo, están precisamente haciendo esas cosas porque realmente no saben lo que están haciendo y quieren saber qué es lo que están haciendo experimentando con las fibras mismas de la materia. Y está bien, caray, que le entren y le experimenten, ¿pero cuándo es suficiente? ¿Qué tanto experimento se necesita en esta bonita vida? ¿Para qué, digo yo? ¿Tendrán estas investigaciones impactos directos y bondadosos en nuestras vidas? ¿No debería ser, hoy por hoy, el utilitarismo el principio básico para la investigación científica? No, dicen los ilustrados. Puede ser que el mundo tenga verdades enormes y nefastas para la humanidad, pero también puede ser que encierre verdades enormes y generosas para la humanidad. Temerosos u osados. ¿Pero cuando existe la posibilidad de, por experimentar, llevarse el universo al traste, vale la pena la apuesta? Probablemente. En fin, un miedo más. Aquella nota, de hace semanas, acá.

Sunday, May 11, 2008

Los pájaros (1963)



No la había visto completa hasta hoy. Es muy bonita.

Friday, May 09, 2008

Perder a los hijos para que se conviertan en algo horrible

En Ignoro cómo llegué con "esta mujer" a esta amplia y luminosa habitación, Walser relata, hacia el final, la horrible fábula que contiene los temores de muchas madres:
"En cierta ocasión leí un relato que comenzaba con las siguientes palabras: 'Una beldad perdió a su hijo'. Ella había salido a pasear con él por el jardín cuando de pronto irrumpió gente desde los arbustos de la que su razón la indujo a pensar que eran gentes que sólo ansiaban su propio beneficio. La visión del grupo, que a buen seguro abrigaba intenciones egoístas, le provocó un desmayo. Cuando recobró el conocimiento no acertó a discernir cuánto tiempo había permanecido allí tirada. Su hijo había desaparecido. Nunca volvió a saber nada de él, que con el tiempo se convirtió en un intelectual de primer orden".
¡La desesperación, el horror!

Thursday, May 08, 2008

La vida normal desaparece

Por la tarde leo una nota en la que se habla de una nota escrita por Elfriede Jelinek sobre un crimen cometido dentro de una familia y que ha sido cubierta hasta la saciedad por los medios, tanto la nota de Jelinek como la nota del hombre que mantuvo a su hija, y a sus hijos-nietos, atrapados en su hogar durante años, en Amstetten, Austria. Hasta el momento no he podido leer el texto de Jelinek: fuera de mencionar que se escribe desde una perspectiva feminista (en la que "hilvana pensamientos a partir del suceso") los periódicos donde he leído la nota, electrónicos e impresos, no la traducen del alemán, así que se limitan a ofrecernos palabras clave como "feminista", precisamente, o bien "fantasías masculinas", así como "Amstetten", "La casa del dolor", "Padre-Abuelo-Dios", "Incesto", etcétera. Hasta hace unos días yo nunca había escuchado hablar de Amstetten.
Por la noche veo Capote (2005, con Philip Seymour Hoffman). Mientras la veo, imagino a Jelinek recortando la nota sobre Josef Fritzl del periódico, decidiendo que quiere escribir sobre esto, sus tijeras plateadas rozando el periódico. Un tema coyuntural encontrado por un escritor de renombre. Más tarde, cuando veo la escena en la que Capote se decide finalmente a volver a ver a Smith y a Hickock, justo antes de la ejecución de ambos, mi mente se demora sobre el intercambio entre Hickock quien le informa a un perturbado Capote que ha decidido entregar sus ojos a la ciencia. "¿No sería increíble que un día estuvieras caminando por la calle y te encontraras con estos mismos ojos?", le pregunta en la película. "Sí", contesta Capote, "sería algo increíble". Al demorarme en esto pienso en un cuate de la oficina que me cuenta que no pudo terminar de ver Gone Baby Gone, ayer por la noche -pues tenía otras cosas que hacer-. Y a la vez pienso en un video de YouTube que subí hace poco al blog, donde Heidi Julavits habla sobre "esas historas" y "esas temporadas" en las que los medios se concentran con una fuerza inaudita sobre niñas y niños que han desaparecido. Las historias, decía Julavits, aparecen y desaparecen como estas criaturas. Apenas deja de ser de interés general -ya sea con una búsqueda en la que finalmente alguien claudica o con la aparición, sin más, del infante- se olvida y nadie sabe realmente nunca qué fue precisamente lo que ocurrió. Qué buena película es Gone Baby Gone, carajo.
Ahora que la veo por tercera vez, Capote concluye igual que antes: con un Capote reflexivo, mirando por la ventana, al día siguiente, se asume, de que observó la ejecución de Smith. "Una experiencia horrible", informa por el teléfono. Recuerdo ahora aquella vez que, también a través de YouTube, comencé a ver la ejecución por ahorcamiento de Hussein y que tuve que cerrar la ventana pues no pude mirar más: apenas le colocaban la horca. Entonces yo salía con una chica que, más tarde me diría, vio la ejecución completa sólo para arrepentirse. ¿Qué es lo que hace que hagamos estas cosas? No es placer. Nadie sensato, para usar la metáfora de Foster Wallace, baja la velocidad del automóvil cuando pasa junto a un accidente porque disfrute lo que está viendo. Odié la película Funny Games precisamente por esto, pero con ese odio que le tiene uno a lo que no puede dejar de hacer. A los vicios. Al día siguiente de haber leído el texto sobre Fritzl y su familia leí sobre otro caso igual de horroroso ocurrido en Alemania. Un niño descubrió en la nevera los pequeños cuerpos de quienes, se sabría después, eran sus hermanos. Casos similares habían ocurrido ya en Alemania, decía la nota. Mujeres que, después de asesinar a sus hijos, los enterraban en macetas, en casa. No sé si se le ha dado seguimiento a la nota. Pero habrá más, habrá.

Wednesday, May 07, 2008

A veces temo

Cuando muera, ¿serán las ocasiones en que discutí con las personas que amo o aprecio lo que recordaré? ¿El momento en que comenzó a darme pereza leer? ¿O será algo más? ¿Qué memoria ocupará el último instante? ¿La tarde en que, escribiendo sobre la guerra civil norteamericana, me percaté de que eso, escribir, era lo que quería hacer por el resto de mi vida? ¿O la noche en que me percaté de que sería imposible? Quizá algo sensual: un sabor, un olor, la imagen de una mujer bailando de un modo u otro, el sudor y el sabor del sudor. El calor de una mañana, el sonido de olas, el grito, las risas, el arrebato, el ansia.

El elevador desciende

Anoche no podía dormir. El calor, insomnio. Vi una película, Funny Games US, con Naomi Watts, aquí en la computadora del estudio y no subí de nuevo a mi habitación hasta las tres de la mañana. Me acosté y aún estaba intranquilo. Me levanté y crucé el pasillo. Acostado, sin percatarme cómo, mi cabeza estaba cruzando el umbral de la puerta de un elevador. Al momento que las puertas se cerraron para atraparme por el cuello me di cuenta de que la caja, vacía, descendía. Empecé a gritar. Pero el grito no salía, quizá por la presión sobre el pescuezo. Mi primo, en la habitación, encendió la luz. "¿Estás bien?", me preguntó. Había gritado en voz alta, en mis sueños. De nuevo lo despertaron las voces, a mi primo. Mis voces. "Tuve una pesadilla", le dije, agitado. "¿Te desperté?", le pregunté. "Sí", me dijo al momento que apagaba la luz. "Perdón", dije en la oscuridad, "pensé que no había gritado".
Por la mañana me dijo que grité tres veces. "Pero nunca te había escuchado gritar así", me dijo, "con verdadero horror". Recuerdo aquella vez que, siendo niño, le pregunté a mi padre -después de que éste apenas consiguió cruzar las puertas del elevador- si éstas podrían cortarle la cabeza a un hombre. Me dijo que no. Creo que para entonces yo ya había visto aquella película en la que un elevador cobra vida y vidas. Un ciego entra al elevador, cuando no hay elevador. Y sí, también, la escena de decapitación. Naomi Watts, según leí en el artículo del New Yorker que mencioné en el post anterior, actuó en el re-make. Que no, no es Funny Games. Me extraña haber soñado con eso y no con gente que entra a casa sin permiso -cosa con la que sueño seguido, aunque diurnamente. Hacía mucho que no tenía pesadillas.

Tuesday, May 06, 2008

Las trivialidades

El avión desciende, a mi regreso de Oaxaca, para entrar a la Ciudad de México. Cuando comienzan las turbulencias pienso en el temblor de hace unos días y en la cantidad de veces que las turbulencias de un avión que desciende o cruza una nata de nubes o una bolsa de aire me recuerda un terremoto. Pienso, también, en 1985, esa mañana en la que mi padre estuvo atrapado durante unas horas en el elevador del edificio en el que trabaja. Las placas tectónicas se mueven, los ascensores se detienen. Cuando cruzamos las nubes, el resto de los pasajeros y yo, dejamos atrás -arriba- el enorme y helado cielo azul para constatar una ciudad negra salpicada de tintileantes luces que se acerca a nosotros. Recién despierto de una siesta de una hora y aunque lo hago para ver la luz del sol, abajo ya es de noche. Me olvido de la ocasión en que mi padre estuvo atrapado hasta el día siguiente cuando asciendo al sexto piso de la oficina, pero no de su edificio sino del edificio donde yo trabajo. Mismo edificio que vibra cada que pasa un camión de peso y dimensiones suficientes, abajo en la calle. Entro a la oficina, socializo, trabajo y me olvido de todo esto, o mejor dicho, lo pongo entre paréntesis, en la oscura magma que conforma mi pensamiento pero que se mantiene ahí, agazapada y en movimiento. Ahora se me ocurre que el modo en que vibra el edificio es similar al de la enorme ameba construida en el Museo del Niño. Ignoro si sigue ahí, de pie, sobre esos resortes que provocan ligeros pero percetibles movimientos y que debo haber experimentado cuando visité el museo, aquí en la ciudad, hace años.
Ayer o anteayer, en la oficina, leí la historia de un hombre que, trabajando hasta tarde durante un cierre del periódico en el que trabajaba, decidió dejar a su colega atrás para salir a fumar un cigarro. Cuando de regreso a la oficina se subió al elevador no tendría idea que tardaría cuarenta horas en salir de éste. La historia se titula Up and then down, de Nick Paumgarten y puede leerse en la versión en línea de The New Yorker, aquí. Debajo de esta entrada, el video de seguridad de las cuarenta horas que Nick perdió dentro de una caja de acero dentro de un edificio dentro de su mente dentro de poco probablemente ustedes olviden esto, quizá regresen a su rutina pero por favor: cada que se abra la puerta de un ascensor, piénsenlo dos veces. No entren con un libro en la mano, leyendo. Puede pasar que las puertas se abran y sólo esté el ducto, sin caja. Puede que entren y tarden en salir. Puede que no sea un elevador detrás del cual se encuentra el peligro que acompaña a casi todo lo cotidiano, sino el Metrobús, la esquina, su casa a solas por la noche.
En el gran texto de Paumgarten se habla de la colega de White, una mujer que, cuando su compañero desapareció repentinamente -dijo que saldría un momento- garabateó furiosa una nota de reclamo que pegó en el monitor de su computadora, sin saber que White no la vería sino hasta mucho después, inútilmente. Pensé en esa otra historia que no contó Paumgarten y pensé en Maricarmen, la chica a quien no conozco pero que trabaja en Monterrey y a quien sólo contacto vía MSN para tratar cuestiones de trabajo. Esta chica, que de algún modo es inexistente y existente para mí -la conozco y no, simultáneamente- me contaba hace unos días sobre la ocasión en que se quedó a trabajar hasta tarde, sola. "Sentí miedo", me dijo. Y pensé en ese cuento inconcluso, o no, que está incluido en la colección de textos inconclusos y conclusos de Roberto Bolaño, su póstumo El secreto del mal. El texto, creo recordar, se titula Crímenes y ahora me apresuro a terminar esto pues mientras lo redacto bajo una película en la que sale Naomi Watts, que no es The Shaft (cuyo trailer pueden ver acá) pero que igual tiene que ver con el modo en que uno no sabe cómo van a pasar las cosas, cuando pasan. Diario temo entrar a casa para descubrir que mi familia está muerta. Diario. Todos los jodidos días. Esto es lo cotidiano.

Nicholas White atrapado durante 40 horas

Sunday, May 04, 2008

Mis amigos esperan cosas de mí

Blogger mamila de Alejandro Vázquez.

Thursday, May 01, 2008

Escribir algo

Para no escribir lo otro.

Platón para preparatoria

Amigo profesor de preparatoria, ya no se rompa la cabeza. ¿Llegó ese momento en que debe explicarle a sus alumnos la doctrina filosófica de Platón? Calma. Respire, tome asiento y tome este consejo. No: es tentador, pero no. Ni le de vueltas a la idea de presentar a Platón como un realista. Usted, licenciado en filosofía, quizá está muy contento con el descubrimiento de que Platón era tan realista como Aristóteles. Caray, probablemente babea con la noción de que la verdadera doctrina de Platón ni siquiera está escrita. Sé que quiere salir corriendo al salón de clases con Por una nueva interpretación de Platón bajo el brazo pero, caray, ¿para qué? De Platón sus alumnos saben algo. Saben que estaba mamado. Saben que en realidad se llamaba Arístocles. Y que dijo algo alguna vez sobre algo que tenía que ver con una cueva y con una Idea. Déjelos así, ya no los moleste: no lo molestarán a usted. Ahora. Ya que saben esas cosas, ¿cómo hacer para enseñárselas de modo que crean que no las sabían y que usted es un gran profesor al que le deben respeto? Póngales película, carambas. ¿Que qué película? Ah, este era su verdadero atolladero, ¿no? Porque ya vieron Matrix. Y no sólo ya vieron Matrix sino que están convencidos de que si hoy en día alguien les pone Matrix van a agarrar y a decir: "Chale, ¿Matrix? Profe, ¿usted está pendejo o ruco o qué?". V for Vendetta hubiera estado bien hace un par de años. Hasta se hubieran emocionado viendo a Natalie Portman vestida como esclava sexual. Hace dos años ni hubieran querido salir al recreo. Pero, ah, pasa el tiempo.
Así, ¿cómo explicar la catársis, el mundo de las ilusiones, el momento en que el "esclavo" se vuelve un hombre libre? Mándelos a ver Ironman. Hay una cueva y en algún momento Robert Downey Jr. dice "abrí los ojos". Salen viejas, coches y explosiones. Y no, lo siento, para explicar a Kant no tengo nada. Tal vez Imperio de Lynch.

Tuesday, April 29, 2008

Martes

Estudiantes de alguna clase de arte hacen bocetos de los perros que asisten a su clase de entrenamiento en el parque. El gordo obeso que a veces me hace pensar en el Señor Cara de Papa los observa a todos con desapego, su perro salchicha allí, sin gestos memorables. Camino hacia el trabajo, café en mano, mochila al hombro, tarde.