Monday, August 11, 2008

Árboles a través de la ventana

Al inicio de su memoria A Heartbreaking Work of Staggering Genius Dave Eggers, recuerdo, habla sobre unos árboles que ve a través de la ventana en los siguientes términos: "Through the small tall bathroom window the December yard is gray and scratchy, the tree calligraphic".
Ya había hablado sobre esto, me parece, específicamente sobre el modo en que adjetiva el árbol. Hace unos momentos, mientras cenaba con mi padre y me hablaba sobre el Árbol de Porfirio y las categorías aristotélicas, lo volví a recordar. Comienzo a sospechar que de alguna torcida y nada clara manera, el árbol, sus ramificaciones, representa el modo no sólo en que pensamos sino también en el que recordamos. La mayoría de las veces así, garabateadamente. Me impresiona, sin embargo, que Eggers comience escribiendo sobre árboles a la distancia, caligráficos, en el capítulo más fuerte -en el sentido de que es uno de los mejores- de su memoria, el más doloroso también. ¿No dijo Wittgenstein algo sobre el dolor? ¿Sobre el modo en que es una de las pocas sensaciones claras y expresables? No lo sé.
Buscando una imagen que acompañara este texto y que mostrara el modo en que los árboles son caligráficos recordé el segmento de Everything that rises de Weschler titulado "Trees, Neurons, Dendrites". Me encanta ese capítulo. Pueden leer una coda sobre el mismo acá, en el que Weschler habla también sobre el ojo y la cámara a partir de algunas consideraciones que había anotado en su libro. En fin, di con la imagen de arriba metiendo, precisamente, en el buscador de Google las tres palabras "Trees, Neurons, Dendrites". Di con un artículo que me imagino es denso -no lo leí- sobre las neuronas (de un libro que se llama Beyond Biology: Inside the Neurons, de un Yanofsky). Me fui saltando párrafos hasta que di con aquella, la imagen 11. En un pie de página, la metáfora comparativa obvia: "Neurons and trees look similar. Branches are like dentrites that coalesce at the trunk, analogous to the cell body and axon. The cell body may not be prominent." No pase por alto que en este momento del artículo se habla sobre el Alzhaimer.
No olvide tampoco que ayer voy saliendo de comer con mi familia y que llevo en mi mano la "novela" What is the What, la más reciente de Dave Eggers. Estoy leyendo distraídamente, viendo los árboles por la ventana y subrayando que no es una novela sino una autobiografía contada a una tercera persona. La autobiografía de Valentino Achak Denk, como puede leerse en el subtítulo. De acuerdo con una entrevista, Eggers pasó meses entrevistando a Achak no sólo para recopilar los datos de su historia, ni para ordenarla cronológicamente, sino para aprender a emular los modos de voz y la visión particular que tiene Valentino sobre el modo en que observa y recuerda el mundo. En el momento de la historia en la que estoy, Valentino está en camino al hospital con una herida dolorosa en la cabeza, en el asiento trasero de un automóvil. Y escribe: "I lie down, hoping that doing so will ease the pain in my head. I watch the passing sky, bare trees spidering across the window, but the pain only grows".
¿Puede alguien escribir la autobiografía de alguien más? Escribir, no contar. Añadirle las propias herramientas narrativas, digamos. Me encanta ese "spidering". Me hace pensar en mi mente como un mono enjaulado, un mono araña. Mis ideas como un grupo de monos violentos que atacan una población o la comisaría de mi concentración.

Thursday, August 07, 2008

Otra conversación con Nicolás Cabral

Para leer una entrevista más con el elusivo autor, pueden dirigirse aquí. La presente conversación se llevó a cabo una media hora antes de las dos de la tarde del día de hoy a través del MSN sin motivo aparente.

Estimado Nicolás Cabral, entiendo que además de escritor y editor eres entrevistador. ¿Recuerdas la entrevista que más gusto te ha dado hacer?
Paradójicamente, hace un momento recibí una invitación para participar en un libro de autoentrevistas. Así que, megalómanamente, debo decir que esa será la más placentera

Leía que José de la Colina hizo una de esos. No sé, francamente, qué pensar al respecto. Hablemos de otra cosa. Tienes diarrea, ¿no?
Seré yo quien cambie el tema, ante tu impertinencia. Una vez entrevisté a Fogwill por correo y, ante la pretendida perspicacia de mis preguntas, terminó acusándome de ser un interrogador policial. Al final la entrevista quedó muy bien, ya que me había insultado dos o tres veces.

Me estoy comiendo unos rancheritos con salsa valentina. ¿No te da envidia?
Mucha, sería feliz de poder comerlos. Pienso que sigues siendo impertinente.

A mí no me da envidia lo de Fogwill.
No, porque has tenido la oportunidad de entrevistarme dos veces.

No sé si es eso. Pero pensémoslo. Ahora una amiga me pedía un libro de Salinger. Y pensaba en las contadas personas que han conseguido entrevistar a Salinger. Me siento un poco así.
Bueno, este... yo qué sé. Lo que sospecho es que, dado el éxito que obtuvimos la vez pasada, intentas volver a subir el rating de tu blog. ¿Crees que esto cause celos a Zagal, a Miklos, a Ortuño?

No.
¿No causará celos o no lo haces por la baja de tu rating?

No lo hago ni por lo uno ni por lo otro. Lo hago porque ayer vi una imagen y pensé: Carajo, esa imagen iría muy bien si hubiera entrevistado a Nicolás. Así que, pues, lo hago para poder subir la imagen.
¿Y qué imagen es?

Al rato ves.
(Esta es la imagen)

Creo que estamos inaugurando el género de la entrevista free-style. No tenemos nada que decirnos, soltamos cualquier ocurrencia. Mejor así.
¿Has leído alguna vez una entrevista que te hizo pensar 'carajo, qué buena entrevista'?

Bueno, sí, algunas de esas del Paris Review. Una a Pound. Aunque creo que me impresionó sobre todo porque en la introducción hablan de su confinamiento por traición a la patria, en una jaula.
Ah, yo leí un cuento tuyo donde hablas de eso. En Cuaderno Salmón, a saber. ¿Y si ahora haces como que tú eres Miklos y yo te entrevisto?

No sé emular, por desgracia. Pero mira: Así las cosas.
¡Pero si te sale! A ver, cuéntame de tu más reciente novela. ¿Es portentosa? ¿Literatura en estado puro?

Es muy buena, La hermana falsa. Pero eso lo digo yo, no David. ¿Tienes una hermana falsa, tú?
Tengo dos hermanas de verdad. Y un ejemplar de la novela, si eso preguntas.

Creo que estoy mejorando paulatinamente del estómago. Tal vez cuando llegue al doctor, más tarde, esté sano y me considere un hipocondriaco.
Ya me acabé mis rancheritos.

Yo también sé entrevistar, Memo, cambiemos los papeles. ¿Te gusta la música experimental que pone Óscar y que a veces yo le presto?
Me gusta, sí. Creo que esto no es precisamente una entrevista sino una conversación. De las conversaciones que más me han gustado recuerdo la de Ian McEwan con Zadie Smith. La de Hemingway con el entrevistador de la Paris Review.

Es el ideal de la entrevista, la conversación. Pero para eso tiene que haber un interlocutor enfrente. Y ya casi no quedan en el periodismo cultural. Ahora te preguntan el origen de tu apellido y si tienes hijos. ¿De dónde proviene Núñez, por cierto?
No sé. Pero sé de un pueblo Jáuregui. Ahí vive un señor al que le dicen El Medallas. Te he hablado de esto. ¿Cuál es, em, tu color favorito?

El azul. Y ahora hablaré de mi apellido, me importa un bledo si no pensabas preguntarme sobre su origen. Al parecer proviene de Galicia, lo cual me inquieta un poco. Pero creo que los Cabral de los que provengo salieron de Portugal. Mi padre dice que conquistaron Brasil y yo le creo.
Te iba a preguntar si te gustaban los largos paseos por la playa. ¿Conoces Portugal? Una vez di un largo paseo por una de sus playas. Quería ir a una playa nudista pero me cansé y regresé a mi hotel. Antes de llegar, enterré un libro en la arena.

Qué romántico. Lo único que lograste fue ensuciar, unas horas después la marea llenaba la playa de bolas de papel. Qué cochino.
Equis.

Y no, no he ido a Portugal. Vamos a comer, tengo que encontrar un consomé.
Yo debo irme a cortarme el pelo. Vámonos, sí.

Vamos. (No se mueven.)

Ah, espera. ¿Cuál es la primera pregunta que te harás?


Ni idea. La verdad esto hubiera quedado mejor con mi final beckettiano. Allá tú.
Lo haré mejor la próxima vez. No podré. Lo intentaré. Lo haré. Fallaré.

No era medianoche. No llovía.

Wednesday, August 06, 2008

"Qué padre que nos vemos todo el día, comemos juntos y todavía chateamos en la noche"

Husmeaba en la carpeta donde guardaba imágenes de esta computadora y no encontré ninguna que pudiera acompañar este texto. Es una computadora vieja, para los estándares de computadoras. Es PC. Hace meses derramé Orangina sobre el teclado y hasta ahora la tecla de Enter comienza a recuperarse. Las demás, excepto la de Backspace, están bien y les mandan saludos, que a ver cuando se paran por la casa porque hace mucho que no los ven y la verdad es que no tengo nada sobre qué escribir. Enumeraría los libros que tengo aquí, sin leer, sobre el escritorio, si creyera que eso me ayudaría a realizar un texto con el cual yo estaría medianamente conforme. He estado, últimamente, pensando mucho en Joyce. James Joyce. Hoy fue una persona a la oficina, a quien llamaré Tryno Maldonado, y nos contó algunas cosas y escuché con atención. Pasó a saludar. También fue otra persona, a quien llamaré Raúl, y creo que fue a preguntarle algo a nuestro jefe de redacción, a quien hoy llamaré Abel (aunque a veces se le llama el Madero Cervantino). ¿Escribiré más sobre esto? No creo.
Me rasco la nuca. Necesito cortarme las uñas y el pelo. Pensar momentáneamente en un cadáver, el pelo y las uñas creciendo. Pensar momentáneamente en un féretro. Pensar también en Our Time de los Yeah Yeah Yeah's. Our time to be hated. Vaya. En fin, les voy a contar un sueño que tuve anoche. Estoy en una fiesta en una casa vieja, la luz es azul y recuerda un poco un video noventero, de grunge, para mayores referencias. Y hay una especie de reunión familiar pero no es familiar precisamente porque hay gente que no es de la familia -como yo- y me siento fuera de lugar porque, bueno, soy un invitado pero pronto noto que todo mundo se conoce desde hace tiempo y comparten costumbres, opiniones y platillos. Estoy en el extranjero. Esto ahora lo sé porque acabo de recordar otra parte del sueño y carajo también un sueño de hace unos meses en el que todo es más o menos lo mismo. Diré que en mi sueño estoy en Viena. Y sé lo que esto significa (significa que estoy en un país donde la literatura es lo más importante). Resumiré: en la fiesta me encuentro con un cuate que pronto me acerca un plato de pasta. Me sentí, recuerdo ahora, como aquella ocasión en que el papá de un amigo le pidió a la muchacha que me calentara la empanizada que me estaba comiendo. Yo estaba pequeño y avergonzado, no quería decir nada pero el papá de mi amigo (¿sólo estábamos los dos en la mesa?) dedujo que mi plato estaba frío porque el suyo lo estaba.
Soy escoria.

Monday, August 04, 2008

Tan fácil

Walser: Las gallinas ponen huevos, y en agradecimiento a esa deferencia encima las sacrificamos y nos las comemos. En el fondo esto significa que por una parte somos pragmáticos y por otra desconsiderados. Pero al mismo tiempo hay que analizar la cuestión de la alimentación, que es de vastas dimensiones. Con cierta perspicacia e inteligencia vemos claramente que los animales deben sacrificarse al apetito de los humanos. Los animales se crían artificialmente para aprovecharlos como alimento o como diversión. ¿Qué mal han hecho gansos, patos, etc., para tener que matarlos? El delito de estas criaturas consiste en ser comestibles, en parte incluso en constituir un bocado exquisito para los insaciables humanos, que nos adornamos tan fácil y gustosamente con la medalla de la humanidad y la cultura.

Sunday, August 03, 2008

Ajedrez

Nada que decir. Me levanto tarde. Es domingo. Pero digo cosas. Y veo cosas sobre mi librero, además de los libros, las cajas que guardan cuardernos y las tesis de mis compañeros de licenciatura -que son, supongo, libros- y la caja donde guardo un ajedrez que no he abierto en mucho tiempo. Aprendí a jugar pero no sé jugar. ¿Se comprende esto? Para quien sepa jugar ajedrez, se comprende. Para quien haya conocido las limitaciones de su propio juego, también. Y también para quien entienda lo que estoy diciendo sin que haya tocado alguna vez un tablero de ajedrez. Diría que releí el texto de Luigi Amara sobre la relación entre ajedrez y literatura que apareció en la más reciente La Tempestad si lo hubiera hecho. Pero no lo hice. Me hubiera dado pie a una entrada mucho mejor. Pero la verdad es que tenía ganas de subir unas imágenes y soy aparentemente incapaz de no acompañar imágenes con texto. Las imágenes, que pensaba subir en una actualización hace tiempo pero que no hice porque se tardaba mucho mi computadora, vienen del cuaderno que acompaña al The Berliner Ensemble Thanks You All de Marcel Dzama, y que me llegó hace unos días. El cuaderno se titula The top heavy, overintellectual scrap book. Como es muy bonito ustedes, los que no lo tienen y lo quieren, deberían envidiarme. La portada trae a una especie de drácula enmascarado. Aquí la contraportada del cuaderno:
Escogí sólo algunas imágenes que tienen que ver con ajedrez. Como esta, que tiene a un hombre árbol y un diagrama de movimientos.
O esta otra, que supongo podría recordarles a todos ustedes que, finalmente, el ajedrez es un juego bélico.Es domingo aún. Voy a comer algo. Aunque podría quedarme aquí y contarles anécdotas sobre Duchamp y el ajedrez. O sobre aquella sesuda conversación que tuve con Benassini sobre cómo muchos artistas tienen obra plástica en torno al ajedrez. Pero en lugar de eso, y la verdad porque es un poco de hueva, iré a ver mis cosas de Dzama y a comer mientras me sedo ante la televisión. Por cierto: en el cuaderno de Dzama viene una foto de Scarlett Johansson.

Thursday, July 31, 2008

Mientras Óscar me arroja un paquete de post-it

Yo pienso en el "siniestro fenómeno" que se oculta bajo las ciudades ordenadas y bien trazadas.

Wednesday, July 30, 2008

Intelectuales en periódicos

Hace rato leí una columna en el periódico Centro, que nunca antes había leído. La escribe Nicolás Alvarado, quien dirigía la revista El Huevo -el último número, recuerdo, tenía una editorial de Alvarado en la que contaba cómo había llevado esa revista a la quiebra, con humor. Las virtudes de nuestro tiempo. En la columna Alvarado cuenta sobre cómo se le fue la muchacha. También apunta algo sobre cómo lo políticamente correcto esto y lo políticamente lo otro (hace referencia a los "bienpensantes" que hubieran preferido escribir "la chica que ayuda en casa"). Me apura esto, un poco. Que personas se autodenominen, acaso con ironía, como intelectuales, y se permitan escribir sobre cómo se les fue o no la muchacha. ¿Se nos escapa que no todo personaje que viva de escribir o viva para escribir es también un intelectual? Recuerdo haber leído en una TvNotas cómo la ex esposa de Dehesa se enteró de que éste le ponía el cuerno porque lo leyó en su columna de periódico. Y pienso también en la columna de Loaeza, quien cabría, me imagino, mejor con este perfil de Señora que Lee pero Escribe sobre su Muchacha aunque yo nunca le he leído en sus textos referencias a su vida privada (por lo demás, no leo sus textos). ¿Tenemos los intelectuales que nos merecemos? Escribir sobre esto me hace sentir como si estuviera escribiendo que se me fue la muchacha de la casa.
La verdad es que el sueño de muchos es escribir sobre nuestras propias obsesiones en un medio que acepte las mismas con regocijo y con dinero. Nuestra ocurrencias, vaya. Como si fuera una especie de Blog, pero, ¡en el periódico! Y supongo también que uno debería respetar sus propias obsesiones. Pero no tanto como para ocultarlas y escribir, en cambio, al público, sobre el servicio doméstico, digamos.
Pero Proust.
Pero Walser.
Claro, claro.
Pero no es lo mismo.
Pedí un americano, en el café, mientras leía el periódico.

Friday, July 25, 2008

Tempestad 61

Pronto ustedes deberían ser capaces de hincarse ante La Tempestad que se avecina. O al menos de ir a comprarla. De rodillas. Pasado el décimo aniversario, el amable grupo de personas sensatas que a diario se sienta frente a un monitor o un teléfono a darle a esta madrola debería tirarse a dormir. En cambio, ¿saben qué hizo toda esa gente? Agarró y decidió seguir sentada, frente a la computadora y teléfono, para hacer otro número. Un número histórico: es la primera revista de La Tempestad cuya contraportada (que según Wordreference.com es la parte posterior de una revista y "suele dedicarse a publicidad") es un pedazote de belleza, de imagen continua y fluida, un río de color con la capacidad de asegurarles que las cosas siguen bien porque alguien se esfuerza de que sea así. Como pueden ver en el detalle de aquí abajo, el Estado Nacional de Pekín ilustra esplendorosamente el número que le dedican -carambas, que le dedicamos- a la estética del juego y a China, tanto en la portada como en la contraportada (sin publicidad). Permítame informarle que la leyenda "El arte es una forma de vida" ya no aparece en portada. Se está considerando cambiarla por "Ves La Tempestad y no te hincas".

En fin, mucho jiji y mucho jajaja. Yo sé que aquí vienen a informarse y que no tienen tiempo de ir al puesto de revistas para ver el índice, así que tomen nota. En Literatura: Luigi Amara (a quien recordarán por ser una de las apasionadas cabezas detrás de la editorial Tumbona) escribe sobre la relación entre narrativa y ajedrez. Además, se reseñan libros de Claudio Magris, Martin Amis, Gonzalo Rojas y Héctor Manjarrez -así como una amplia e informativa agenda sobre otros eventos relacionados. En Cine: César Albarrán Torres (quien es chistoso, buen pedo, y es editor de Cinepremiere y está incluído en Novísimos cuentos de la República Mexicana) escribe sobre la relación entre box y cine. Hay reseñas de la nueva de Tarantino, me parece que de la de Schnabel (con todo y entrevista) y de la Shyamalan. En Música: agárrense, que se le dedicó un dossier enterote a Olivier Messiaen, escrito por varias personas cuyos bellos nombres no recuerdo. Algunos de ellos estudiaron con él. Lo cual es muy acá. A escuchar cardenales, bola de incultos. También: reseñas de México electroacústico, de Red Arc / Blue Veil, Donaueschinger Musiktage 2006 (vol. 1) y Women as Lovers de Xiu Xiu (que trae un cover de Under Pressure de Queen que no me cansa). Luego, en Arquitectura: Juan Carlos Cano, quien además de arquitecto es poeta, escribe sobre la relación entre las masas y la arquitectura, demorándose en los estadios. Destaquemos que Miguel Romero escribe sobre Jean Nouvel, quien recibió el Pritzker hace un tiempito. Más, en Artes Visuales: una larga entrevista a Jürgen Weishäpul sobre los artistas visuales interesados en el soccer y reseñas sobre la exposición de Ferrari en el Carrillo Gil, y de las más recientes de Eliasson y Cai Guo-Qiang. En Artes Escénicas Shaday Larios Ruiz (quien dirige un grupo teatral, Microscopía) habla sobre las relaciones entre atletismo y su disciplina. Se reseñan obras recientes llevadas a las tablas por La Fura dels Baus, William Forsythe, David Olguín y del libro más reciente de Hugo Hiriart. Y además de las agendas y las erratas y los anuncios, hay un montón de contenidos que no mencioné -porque me estoy cansando- que podrán encontrarlos de la página 146 a la 175, que constituye el Cuaderno Para Invenciones. Órale, a leer.

Este año...

...se cumplen cuarenta años de La Noche de los Muertos Vivientes. En octubre. No quería que lo pasaran por alto.

Thursday, July 24, 2008

Sofía Ochoa, diseñadora


Para evitar que ruede su lápiz -esas molestias de la oficina- Sofía Ochoa le añadió una grapa imposibilitándole al lápiz que escape de sus manos. Es padre tener amigos ingeniosos. Me mandó un diagramita sobre su invento. Me pregunto si yo sería capaz de hacer algo así. No escribo a lápiz, casi nunca. Uso pluma -específicamente de las plumas que ya traen un invento parecido incorporado. Por lo demás, me he armado de suficiente filosofía como para no tener que andar solucionándome cosas prácticas de la vida. Esta confesión, me percato, es terrible.

Contra el artista del graffiti

Lo encontré en Ffffound.

Wednesday, July 23, 2008

Fragmento de conversación

Entre Benassini y yo:
-¿Ya estás mejor de tu resfriado?
-Sí, ya.
-Te ves peor que ayer.

Monday, July 21, 2008

Más leña en la fogata

-Todo está dicho en la Tora. Nunca se sabe bastante. Apártate de los malos libros, de los libros impuros, Yakov.
-No hay libros malos. Lo único malo es tenerles miedo.
Bernard Malamud en El reparador.
No olvide la entrada del 7,15,2008 de acá.

Bernhard opina

"El fin de semana es el homicidio de todo individuo y la muerte de toda familia. El sábado, después de terminar el trabajo, el individuo y, por consiguiente, todo el mundo está súbitamente solo por completo, porque en verdad y en realidad los hombres sólo conviven durante toda su vida con su trabajo, sólo tienen en verdad y en realidad su ocupación, y nada más. Nadie puede sustituir al trabajo de otro, cuando alguien pierde a un ser, aunque sea para él decisivo, el más importante para él, el más querido, no perece; cuando se le quita el trabajo y la ocupación, se extingue y, en poco tiempo, muere".
A este tipo de opiniones se les nombre de cierto modo.

Wednesday, July 16, 2008

Palíndromo

Aprendí que titula una película de Debord: "In girum imus nocte et consumimur igni". Aprendo muchas cosas aquí, sentadote.

Monday, July 14, 2008

Cómo cansa evocar

Cómo cansa la inteligencia. Algo así decía Proust. "Cada día otorgo menos valor a la inteligencia", decía él. Lo acabo de revisar. Fui a mi librero, tomé el libro, busqué la página y leí. Esto es algo que disfruto hacer, algo en lo que puedo confiar, la posición y el lugar donde se encuentran mis lecturas. Se trata, para mayores referencias, del modo en el que Proust inicia el prefacio a su Contra Sainte-Beuve. Recuerdos de una mañana. Otra cosa curiosa que uno puede encontrar allí es el recuerdo, precisamente, que le otorga la sensación de paladear una tostada mojada en té. No, no una magdalena, una tostada. No, ésta no se la da su tía. ¿O era su abuela? Ah, se repetía mucho, este muchacho. Se trataba de su abuelo, quien le daba tostadas mojadas, durante su niñez. Permítanme un momento para pensar en mi cartera, las historias que contiene, las fotografías en las credenciales, el modo en que el resto de las personas cree poder comprender uno a través de las historias que contamos en torno a la cartera. No he cambiado mi cartera en años. Es negra y abultada. Siempre cargo con mucho cambio. El otro día, recuerdo, caminaba rumbo al trabajo. Llevaba la mochila abierta y un hombre me detuvo para decirme: "Oye, amigo, traes la mochila abierta". "Ah, gracias", le dije, fingiendo sorpresa, "no me había dado cuenta". A lo que el amable hombre respondió, "Uno nunca sabe si hay amigos de lo ajeno por ahí". Esa expresión, amigos de lo ajeno... Por un momento creí que me diría que me cuidara de los carteristas.
En mi cartera llevo credencial de Block Buster. Credencial de cliente frecuente de un par de librerías y mi licencia de conducir. Mi credencial de elector y mis tarjetas de débito. Llevo también mi tarjeta de miembro de un programa de retribución al cliente, para el cine. Tickets que cargo sólo por no limpiar la cartera. Mi tarjeta del Metrobús. Y antes llevaba otras cosas, fotografías de algunos de mis seres queridos, pero he dejado de hacerlo. ¿Las he perdido? ¿Las he regalado? No consigo recordarlo. Comienza a dolerme el cuello de la rígida posición que adopto al escribir de este modo. La verdad es que sólo quería escribir sobre la memoria, las cosas que uno carga consigo para no tener que estar buscándolas. Y es curioso, supongo, que comience poniendo en duda la inteligencia, mi capacidad para clasificar cosas. Debe ser curioso también que fuera esto precisamente lo que Proust pusiera en duda, le tenía mayor confianza a esa especie de magma que crece en la cabeza y que sólo sale a la luz cuando hay erupciones de sinapsis encontradas, de recuerdos súbitos, de cuestiones que poco nos atienen.
Mi infancia. Fue bella y dulce, ella. Paseaba y veía, leía mis tiras cómicas. Hace unos días recordé aquella de Tintín, El secreto del Unicornio. Una en la que el capitán Hadock es poseído, como suele pasar, por los espíritus de la bebida, pero también, cosa que debo decir no recuerdo de ninguna otra tira, por un recuerdo que se inserta en la usualmente lineal historia a modo de flashback. Lo que no recordaba y con lo que me topé -como una bella sorpresa- fue aquella escena en la que se soluciona una parte del misterio. Verán, parte de la historia tiene que ver con unos pergaminos que se han perdido, o que alguien ha robado. Más adelante, se entera uno, no es que fueran robados sino coleccionados por un curioso señor, Celerino Panzón, quien resulta ser una especie de "amigo de lo ajeno". Y que va, agarra y pone las cosas en su colección:

Hojeo ahora mismo y mis ojos se detienen en otra parte de la historia en la que Tintín está encerrado en los calabozos o sótanos de una mansión, buscando un tesoro, según recuerdo. Oh, todo es tan vago. Pero las imágenes son bastante claras: al escuchar una voz que viene al otro lado de un muro de ladrillos, consigue quebrar este para encontrarse a sí mismo dentro de un largo corredor, lleno de tesoros. Mi cuello, carambas. Sigue tenso. Me detengo un momento y pondero al respecto.

Convergencia

Perdía el tiempo, el otro día. Veía bitácoras electrónicas de personas que no conozco y me topé con la foto de acá abajo.
Noten el entorno cotidiano, la cuidada desfachatez del veinteañero, seguramente ingenioso y simpático y que es parte de ese escuadrón general de chavos bien acá, bien buena onda, que día a día se levantan para trabajar en un trabajo que les gusta y les emociona no tanto por el dinero que les deja sino porque es, se entiende, parte del escuadrón.Y pensé, vaya, hay más de uno. Noten, para mayores referencias, a Óscar, en una fotografía que le tomé unos días antes de que encontrara la otra.

Cuando dije "vaya, hay más de uno", no quise decir "hay más de un huevas que se acuesta en la oficina", sino "hay más de un ocioso que le toma fotos a sus compañeros de la oficina".

Thursday, July 10, 2008

Señor de la luz

Cerca de mi casa hay una casa en la que los dueños pegaron un papelito -que ahora está mojado por las lluvias. Es un mensaje dirigido al "señor de la luz". Y suena como místico, como de narco, pero la verdad es que no quisiera entrarle aquí a la ironía porque yo tampoco sabría cómo pedirle al señor de la luz que revise bien los medidores de la luz sin referirme a él como Señor de la Luz. Ahora mismo entro al sitio de Luz y Fuerza y no paso por alto que eso también suena como onda new-age de señora de las Lomas (ayer me contaron una historia horrible; ahora se las cuento). "Luz y fuerza del Centro", dice la página. Me desespero rápido porque no encuentro el título oficial del señor de la luz -a quien, supongo, uno podría nombrar sencillamente servidor público- y dejo de investigar este asunto sin importancia para volver al trabajo. La historia de la señora: hágase el favor de leerla sin ironía. La paciente sufre de cáncer de mama. Va y se trata con imanes durante cuatro meses. Luego, ya con llagas, al ver que no funciona, decide ir al doctor de verdad. Luz y fuerza. También: en el centro, me decía Óscar, hay un balneario que se llama "Mi piel luminosa". Como la novela de Bellatin, pues.

Tuesday, July 08, 2008

Convergencia


Arriba, aquella escena de Eyes Wide Shut que para los pelos de punta. Abajo, el proyecto Reddress de Company y Aamu Song (una cantante o cuenta-cuentos al centro del escenario que usa un vestido que se expande en bolsas dentro de las cuales, si quieren, los espectadores pueden acurrucarse mientras escuchan; la cantante gira sobre una plataforma).

Friday, July 04, 2008

Viernes.

Prenez soin de vous.

Thursday, July 03, 2008

La metralleta vino antes que la máquina de escribir


Como en otras ocasiones, hace unos días visité la bitácora electrónica de Enrique G de la G a través de los hipervínculos de mi bitácora y en ella, a través de otro hipervínculo, leí este artículo sobre el modo en que las herramientas que usamos para leer o escribir cambian el modo en que pensamos o escribimos. Quizá ahora me ponga a escribir al respecto. Afuera llueve y es de noche. Tenemos tiempo. Se trata de un texto de la versión electrónica del Atlantic y posee un tono medio oscuro y de opinión: el resultado, digamos, de una persona rascándose la cabeza. Del gesto de posar el mentón sobre la mano. Enrique, quizá valga la pena señalar, rescata un fragmento, una probadita, en su bitácora sobre cómo Nietzsche confiesa sentir ese cambio en su escritura a partir del uso de una máquina de escribir. Es un bello pasaje, de tino histórico, de puntuación al margen. Hoy, pero no es que cambie de tema, en la oficina Óscar me preguntaba si yo había usado alguna vez una máquina de escribir o si había estudiado mecanografía. Era de día cuando me lo preguntó, una duda nacida en la niebla de la cotidianeidad. Ah, qué bella es la vida y sus sucesiones. En la escuela, le dije, me enseñaron mecanografía -en el teclado de una computadora- pero nunca había usado una máquina de escribir que no tuviera un teclado electrónico (el primer texto largo que escribí -unas cien cuartillas de una especie de diario que llevaba en la preparatoria y los primeros años de la carrera- lo escribí en una máquina de escribir marca Brother que zumbaba cuando la encendía y que tenía una especie de memoria). Lo cual es falso, antes ya había mecanografiado (esas tardes de encierro en la biblioteca en la secundaria norteamericana me vienen a la mente, galopantes). He jugueteado con máquinas de escribir. He tecleado con ellas. He enterrado mis dedos entre sus piezas metálicas, experiencia no libre de dolor. Pero, es verdad, no sé utilizarlas con la rapidez con la que uso los teclados. Siento diferencias entre el teclado de la PC y de la Mac. ¿Siento diferencias en mi modo de pensar a partir del advenimiento de los hipervínculos y la Internet? ¿Está "haciéndonos Google más idiotas", como sugiere el texto de The Atlantic? Si es así, no me percato de ello. No veo a mi mente como un animalillo del fondo del mar retorciéndose, envenenado. Las referencias y los saltos sinápticos antes que a la caótica red me recuerdan a un cajón de sastre, a una caja de curiosidades o, mejor, a un corcho tapizado con postales y reproducciones de arte, sostenidas por tachuelas. En fin, herramientas. Uno las usa. No al revés, creo. Opiniones. Es curioso cómo tenemos. Me pregunto sobre qué cosa interesante escribiré después. Parece que uno nunca para. ¿Puedo hacer de esto una vida noble y de utilidad para la sociedad? Es algo que vale la pena plantearse.

Wednesday, July 02, 2008

Desaparecer a fuerza de analizarse

Walser escribe en Por lo que sé hubo un poeta que resultó ser un acompañante de mujeres extraordinariamente delicado:
"Al parecer siempre se acecha a sí mismo, para comprobar si es ventajoso espiarse, si existe una posibilidad de succionarse. Yo le llamo su vampiro. Como lleva tanto tiempo analizándose, apenas se le percibe más".
El otro día leí un texto donde habla de un robot.

San Sebastián educa





Monday, June 30, 2008

Privacidad

Mancilla me persuadió de que instalara Site Meter en mi blog desde hace unas semanas y ahora soy poderoso y no quiero soltar este poder. El mismo probablemente lleve en su seno una serpiente, la semilla de mi destrucción, no lo sé, pero por ahora los monitoreo, cada que entran a este sitio. Sé desde dónde lo hacen y cuánto tiempo. Sé que visten cuando me leen y qué entrada en particular. Enfermo, sí, de conocimiento. Tengo un mapa detallado con latitud, longitud, ciudad y país para ubicar la computadora desde donde se asoman a este, mi pequeñito y diminuto espacio personal, donde con todas esas cosas finolis que anoto los engaño para que caigan, uno a uno, en mi trampa, tejida con tanto esmero como lo hace la araña con su red. A ti, lector de Costa Rica: te tengo bien medido. Igual que a ti, amigo de Singapur. Sé cada cuánto entras a este blog, limeño. Témanme, visitantes de Chicago. Témeme Sofía. Témeme Óscar. Témeme Eduardo. Sé qué están haciendo y sé qué hicieron el verano pasado. ¡Soy el panóptico! ¡Soy el Gran Hermano! ¡Soy el recabador de información de Facebook! ¡Soy un dios pequeño pero omnisciente! ¿Enrique, desde Berlín? Hola. Aquí te ubico, a través de mi ojo de buey, de mi ranura en la puerta. ¿No me temen? ¿No les da miedo? Es real. Y no me voy a detener.

Optimismo utópico



Leía sobre un video que encargó el Consejo para Planeación Urbana de Abu Dhabi al estudio de diseño londinense Squint Opera con el objetivo de recaudar fondos para el diseño urbano de la ciudad que planean tener completado en 2030. Se ve muy prometedor, esa cosa de mirar hacia adelante.

Sunday, June 29, 2008

Texto de domingo mientras espero el Sushi-Itto

El viernes, con esas ganas de aferrarnos a nuestra juventud, y con ocasión del cumpleaños de Julián, fuimos a ver a los Músicos de José en el Imperial, un lugar que ha conseguido revivir algunas de las experiencias tontas que han alimentado nuestras anécdotas a lo largo de no muchos años. Tontas y llenas de sangre caliente y todas esas importantes cosas que nos parecían, tal vez, más importantes hace unos pocos años. Sólo he ido un par de veces al Imperial, en ambas ocasiones tocaron grupos que me recuerdan con una precisión quirúrgica esos años no tan lejanos -pero me insisto en creer que no sucedieron hace mucho, esos años, pero aún así, no sé, parece que estoy forzando la máquina. Además de Los Músicos de José, hemos visto ahí a DaPuntoBeat y hemos bebido cerveza y otras cosas y observado con lujuria a la bartender (quizá sólo hablo por mí mismo: el viernes se cortó con un vidrio mientras maniobraba para darme el cambio de una cerveza, y vi cómo emanó su rojísima sangre; estuve a punto de agarrarle la mano y asegurarle que todo estaría bien, mientras se la chupaba, como vampiro).
Consideren eso la introducción.
Anécdota: estamos ahí, escuchando a la banda, cuando en una especie de trance mi atención se focaliza con dureza sobre uno de los saxofones de la agrupación (noten la foto de autista, arriba) y aunque Lisa Simpson vendrá segundos, ¡no, instantes!, más tarde a mi mente, lo único en lo que puedo pensar mientras observo el instrumento -aunque sea brevemente es la imagen que con más fuerza se instala en mi cabezota- es en una espina dorsal. Pero no en una espina dorsal cualquiera sino en una espina dorsal como la que le crece a The Abomination en Hulk o, mejor, como si hubiera salido de una fantasía combinada de Cronenberg y H.G. Giger: orgánica y a la vez ajena, inhumana. Y esto me perturba. No sólo la imagen sino que en ese momento de alegría, de acompañar a los amigos y de escuchar buena música que debería recordarme grandes buenos tiempos, estoy pensando en cosas tan ñoñas y extrañas y friquis. Dura un momento, sí, pero uno sabe que es en las cosas pequeñas donde se esconden las grandes catástrofes. En fin, se me pasó. Sólo avisando.
(Vuelvo a ver el saxofón y las, ¿cómo se llaman?, ¿teclas?, en fin, las cosas esas donde van los dedos me hacen pensar en los aliens bebés, en los que abrazan la cara para inocular aliens no bebés; me estremezco). Me gusta pero me asusta.

Walser observa una pareja donde uno de ellos fuma

Mientras hablaba, fumaba muy animado. Su frenética actividad por producir nubes de humo me reveló que luchaba con alguna timidez anímica o mental. Quien durante la charla que mantiene no cesa de poner en contacto el cigarrillo con la boca busca alguna suerte de ayuda, se apoya en algo ajeno a la conversación. La joven a todas luces le contestaba, correspondía sus palabras. Por lo visto le resultaba muy simpático. A mí, sin embargo, de repente me pareció que él no se lo estaba pasado bien con ella, sino que trataba de hacer una especie de conquista que poco a poco se le antojaba cargante, pesada.
En el micrograma En este momento no sé bien

Friday, June 27, 2008

Undeground America

Roberto, uno de los indocumentados, afirma, según leo en Internet: "Me digo a mí mismo, aquellos que no han caído no saben caminar. Supongo que he caído tantas veces que podría caminar eternamente".

Wednesday, June 25, 2008

Entre semana

Conforme los cierres se imponen la redacción se vuelve cada vez más silenciosa y nos comunicamos no por telepatía sino, pues, claro, el MSN y música. Hoy -o ayer, si nos atenemos al horario- fue Metal, Raeggaton (Calle 13), y Umbrella de Rihanna y una canción de Beyoncé antecedida por un rap rápido de Jay Z y esa canción -recurrente- que dice "Yo soy tu papi. Tremendo papi" y cuyo nombre no conozco. Creo que es obvio lo que queríamos decirnos con esto. Noten que: esta entrada sólo la pongo para anotar algo y mostrarles, como diría Gombrowicz, cómo soy en mi cotidianeidad. También: en el Metrobús vi a un hombre que llevaba un collar con un par de guantes de metal, pequeños, como los que salen en la portada de The Greatest. Me imaginé preguntándole si podía tomarle una foto con mi celular. Llevaba el pelo relamido y cara de amigos que hablan en la madrugada para pedir que los saque de apuros. También llevaba pantalones con el emblema de Carta Blanca bordados, negros. Mi cabeza me hizo pensar que trabajaba en un gimnasio o algo por el estilo. Era muy delgado. No le pedí permiso y cuando bajé del Metrobús un tipo se revisó su mochila creyendo que le había robado algo. Es que lo empujé, ¿ven?

Tuesday, June 24, 2008

Sunday, June 22, 2008

Otro domingo en esta ciudad

Que no tienen carne molida y que si en lugar de eso le ponen chorizo y que si no llega antes de treinta minutos es gratis.

Friday, June 20, 2008

Entrevista a David Miklos

No es con ocasión de la muy pero muy reciente publicación de su tercera novela La hermana falsa -con la que termina el ciclo que inició en La piel muerta (2005) seguida de La gente extraña (2006)- que realizamos esta entrevista. Sino porque desde hace días, David anda chingue y jode con que lo entreviste.

¿Por qué quieres que te entreviste?
Bueno, en primer lugar, porque me caes bien y porque me gustaron las entrevistas que le hiciste a Cabral y a Ortuño, muy ingeniosas como siempre. Luego porque, como buen escritor, soy exhibicionista oculto. O no tanto.

A mí también me caes bien David. Pero no te amo.
Nadie está implicando que me ames, Guillermo. No sé si esto es una entrevista o una declaración de amor.

Es una entrevista. Pasa esto: tanta guasa cotidiana contigo me impide hacer guasa acá. Te iba a preguntar de tu biblioteca musical desaparecida o de tu nueva novela, pero tampoco quiero caer demasiado en esa cosa de ahondamiento en la vida del escritor famosillo. ¿Sabes?
Bueno, pues, hablemos de otra cosa, porque si hablo de mi colección de discos desaparecida, me pondré mal. De mi nueva novela me gustaría hablar con gente que la ha leído... No sé, echa una pregunta al aire.

¿Lamentas que no haya leído tu novela?
No. O sea, hubiera sido bueno tenerte en mi pool de lectores previos a la publicación del libro. Pero quizá lo tuyo es la emoción de leer el libro ya editado, impreso, protegido por una bella portada. Espero que lo leas, eso sí, porque no puedo andar desperdiciando las 20 copias que me da la editorial para mis familiares, amigos y fans más cercanos.

¿Quieres ir a ver Hulk el fin de semana?
Es un fin de semana complicado para mí: MP y yo tenemos a los niños. Además, tú tienes que terminar tu tesis. Ya sabes lo que te espera cuando lo hagas. No te distraigas, Memo, o me pongo verde.

Ya. Bueno. Iré solo. Total.
No irás sólo a lado alguno: siéntate a acabar tu tesis mientras Refu te lame los dedos.

Que no. Que iré a ver Hulk. Historia curiosa: cuando sacaron la anterior, le dije a mi hermana, "adivina qué película fui a ver" y gruñí e hice gesto de Hulk. Y me dice: ¿Buscando a Nemo?
…

Me doy cuenta de que no te hice una pregunta.
Ay, Memo©. Mira que me estoy poniendo verde... ¿No se trataba de que habláramos de mí, aquí? A mí mi hermana siempre me decía David Banner, que así se llamaba Hulk en la tele. Seguro no conoces esa vieja serie, "El hombre increíble".

Sí, la conocí. Una combinación de El Fugitivo con The Green Giant.
Eso mismo. Era triste. Acababa con David Banner solo, caminando en alguna carretera de Estados Unidos. Una musiquita melancólica, como preludio de Chopin, de fondo.

¿Cómo está Joe?
Joe está bien. Se come mi begonia apenas me distraigo. Y duerme casi todo el día.

¿Tú crees que lo característico de los zombies sea comer carne humana o que todos se comportan de un modo inhumano? La gente olvida que los zombies vienen del vudú.
Creo que los zombies son humanos vacíos de humanidad, carentes de libre albedrío y voluntad, como plantas con forma humana. Eso de que sean antropófagos es una mera invención moderna, creo.

Yo creo lo mismo. Me gustó mucho The Happening.
A mí también. Pobre Shyamalan: hay una vendeta contra él. Muchos dicen que se justifica diciendo que es una película de serie b. Lo es. Llevada a sus últimas consecuencias. Es como Soy leyenda, versión nueva, con final muy feliz. A mí me gustan los diálogos cándidos. No sé por qué tengo esta obsesión con la candidez, ahora.

Quizá porque hoy había mucho sol. Sudo.
¿Hay una relación entre el mucho sol, el sudor y la candidez?

El sol, los pajaritos, la gente en el parque, sonriente.
Pero eso no es candidez, creo. Eso es simplemente bonito. ¿Había patos en el parque?

Sí, ahora sí. Es grande Salinger, ¿no crees?
Mucho. Sus cuentos, The Catcher in the Rye, su reclusión. El escritor ideal, en ese sentido.

Pero un gritón, dicen. Es mejor, creo, ser un buen hombre a ser un gran escritor.
No sé si sea mejor o no. Creo que es una cuestión no-ética. Es decir, no tiene nada que ver ser un buen hombre y/o ser un buen escritor. Hay pésimos hombres que escribían muy bien. Y viceversa. Y buenos hombres que escribían bien, como C. S. Lewis, también. En fin, que la dialéctica bondad/maldad y escritura no funciona, salvo que quieras hacer de ella el tema de tu doctorado. Qué obesión con la bondad la tuya.

Yo no dije que hay una relación entre la buena literatura y la moral. Afirmo que entre un buen escritor que es un mal hombre y un buen escritor que además es un buen hombre es preferible el segundo. Hay que ser buenos, David.
Hay que ser buenos, sí, pero yo dije ética, no moral. En fin, que ya sé de qué pie cojeas. Pero seamos buenos, sí. Como el protagonista de The Happening. Te identificas con él, ¿verdad? Sólo te faltan los músculos y la esposa guapa.

Y ser rapero.
Bueno, él ya no lo es. Pero allí tienes a Benassini, que es un rapero del arte.

Ahora está enredado en cuestiones editoriales. Hace sus remixes.
Y, lo mismo que tú ya no haces El inquilino, él ha abandonado Néctar.

La Tempestad arrasa con el acné literario. Tú ya no haces Salmón.
Pues mira, he pedido todos los textos para el número 9 de Cuaderno Salmón, aunque desconozco el formato en el que finalmente verán la luz. O la oscuridad. Pero este tema me pone igual de mal que el de la colección de discos desaparecida. ¿Quieres que me ponga triste? Hoy quiero celebrar.

Hace rato íbamos a celebrar y empezaste con que ay, me duele la cabeza, ay, ya estoy viejito, vayan ustedes, esto y lo otro.
Pasa, en ocasiones raras, muy aisladas, que me da migraña. No lo controlo yo, qué más quisiera. Tenía ganas de verlos por segunda vez en esta semana, pasarles ejemplares de La hermana falsa, etcétera. Ya será después, Memo. No seas tan duro conmigo.

Vamos a la pizza, ahora.
Ahora no puedo. A las ocho tengo una junta de condóminos para resolver asuntos de seguridad, han intentado entrar varias veces a distintos departamentos del edificio. Más tarde, celebraré con MP en el Fiesole. Una vez fuimos allí, pero no la recordemos, no aquí. Julius pizza, amigo mío, es pésima. La peor pizza de México.

Snob.
No soy snob: tengo un buen paladar. Esa pizza de Julius está hecha con puros ingredientes de lata, mal queso, etcétera. Solía ser buena. Pero no más. Lo siento, Memo. Así las cosas.

Editaré tu maldito "así las cosas".

Sabiduría en Vincent La Soudière

Solo puedes levantar el mundo. En pareja, siempre llega un momento en el que tienes que cargar al otro que pesa entonces más que el mundo.

Wednesday, June 18, 2008

Entrevista con Antonio Ortuño


A continuación una sesuda conversación con Antonio Ortuño (Guadalajara, 1976), autor de las novelas El buscador de cabezas, que no he leído y Recursos humanos (con la cual recientemente estuvo a punto de ganar el Premio Novela Anagrama) que tampoco he leído y que, por tanto, no se tocarán en la siguiente entrevista. Afortunadamente también es autor del libro de cuentos El jardín japonés. Desafortunadamente, ¡tampoco he leído ese! Ortuño es colaborador de revistas como Letras Libres, La Tempestad y Cuaderno Salmón, dirigida por David Miklos a quien mando un atento saludo. Ejem. Actualmente Ortuño es Jefe de Redacción del diario Público-Milenio, allá en Guadalajara. Para realizar esta entrevista no viajé a Guadalajara, sólo me conecté al MSN, esa gran y bonita herramienta.
Advertencia: si usted está curado de la ironía y la bobería, ni lea.
Note: que si esta entrevista está acompañada de la imagen de un tapir y no del rostro de Ortuño es porque Ortuño así me lo pidió. Opina que el tapir es "un animal muy elegante".
Temas discutidos: Barbies, Simios, Ironía, Fútbol Americano, Humor autodenigrante.
¿Has notado que tiendes al autoritarismo? Recuerdo aquella vez que me exigiste te trajera una cerveza y ahora mismo que me pediste te entrevistara durante los precisos quince minutos que tienes de ocio.
De niño tuve un Mussolini de plástico. Tiranizaba al resto de los juguetes. Un día organizó un sacrificio ritual de las Barbies de mi hermana (previa violación masiva por parte de los muñecos del Planeta de los Simios de mi otro hermano). Nunca volvieron a verme igual en mi casa cuando descubrieron a las Barbies trenzadas con los simios encima de la mesa del comedor.

¿Descubrieron entonces que te gustaba jugar con Barbies?
No: me gustaba que los simios jugaran con las Barbies. Equipos mixtos de futbol, claro.
¿Jugaste algún deporte, alguna vez?
Jugué futbol americano. Es un deporte muy viril que consiste en ser apaleado por sujetos del triple de tu tamaño (siempre hay alguien en Colima o Silao –Guanajuato- que es del triple de tu tamaño). Pero eso fue después de que me fue vedado el acceso futuro a simios y Barbies. De haber conservado un suministro normal de changos y rubias no me habría interesado en nada más.

¿Crees que a la fecha los monos y las rubias están fuera de tu alcance?
Tuve una mala historia con una rubia que había tenido una mala historia con un simio. Desde entonces los tres nos tratamos con frialdad.
Asumo que sigues hablando de los del comedor.
No: el simio incluso ha firmado libros.

El box deforma orejas y nariz, la gimnasia te deja chaparrito (créeme) y creo que el americano te jode la espalda, ¿te pasó?
Las rodillas se joden primero que la espalda. La espalda se jode cuando las rodillas ya son pomada. Mi rodilla izquierda es pomada buena parte del verano. ¿Hacías gimnasia? Es decir que te gustan los hombres que dan cabriolas en leotardo…
Preferiría no contestar eso, sólo te pido fe. ¿Sientes la humedad en la rodilla? ¿Eres capaz de adivinar el clima? "Hoy lloverá Lencho", ¿ese tipo de cosas?
Sucede al revés. No me duele y, ergo, llueve. Llueve y luego me duele. Me preocupa que pienses en las rodillas húmedas de un jugador de americano.
Te diría que me preocupa que me imagines en leotardo, pero no es lo que dijiste. ¿Crees que está mal que te entrevista antes de que entreviste a David? No quiero hacerlo sentir mal.
Me han dicho que acudes en leotardo al trabajo.
Me lo exige Nicolás, eso.
También les exige que marchen el día del trabajo con una manta que reza: "Gracias, señor director". Pero es su derecho corporativo. Sólo tiene que darles tortas y refresco a cambio. Por lo demás… David sabe que tienes una perra llamada Refugio y sabe que puede secuestrarla y obligarte a entrevistarlo.

No bromees con eso Antonio. Ni con lo de Nicolás como Gran Dictador. Ni con lo de Refu. ¿Disfrutas tus días oficinescos?
No me gustan las oficinas pero en realidad no me gusta nada. Me gustaría ser un vago que pasara el día en un sillón. Trabajar envilece.
¿No pasas todo el día en un sillón? ¿Un sillón de oficina?
Una sillita con ruedas, en realidad. Pero revisar notas y bostezar mientras te relatan los embarazos interruptos en la oficina durante la última semana no es como vagar.

Estoy sentado igual en sillita con ruedas, sobándome la panza. A veces, cuando Óscar está acá, jugamos a unas como guerritas de carruajes romanos, pero con las sillas. ¿Crees que debería mencionar a Abel? Porque esto lo pienso publicar en mi blog. Y ya hablé que de Óscar, que de Nicolás, que de David que ni está en la redacción. Sería poco solidario de mi parte, creo. Y me cae bien Abel, debo decir.
Lo mismo dijo Caín.

Ah, la ironía.
Hay dos tipos de oficinistas. Los sarcásticos y los de leotardo.
Son cuatro tipos, en realidad. Los sarcásticos, los de leotardo, los que creen que son de los sarcásticos pero en realidad son de leotardo y los que en realidad son sarcásticos cuando creen que son de leotardo. Yo creo que tú eres de los de leotardo que creen que son sarcásticos.
Eso ya es tipología sociológica. Los falsos leotardos suenan a pie de una tesis de la UNAM. ¿Cómo va tu tesis, por cierto?
Debería estar haciéndola.
Tú trajiste los leotardos a colación porque fuiste un niño gimnasta, detalle que desconocía. ¿Por qué dejaste la gimnasia?
Porque me iba a quedar chaparro.

Sunday, June 15, 2008

El día de la piedra

Temo que con esta entrada estoy traicionando el sentimiento de complicidad que experimenté durantes varias horas el sábado pasado. Pero igual me siento obligado a contar esto. Se trató de un sábado que inició de un modo bastante inocuo: como si fuera un día más de la semana, conmigo y el resto de los compañeros de la redacción sentados frente a nuestras computadoras, en la oficina, por la mañana. El sol brillaba, los pájaros cantaban y nosotros estabábamos encerrados en el trabajo. Pocas cosas, entre las que se cuentan esto o encaminarse al aeropuerto o levantarse en un hotel el día del check out, nos predisponen a imaginar el día como parte de una serie ininterrumpida de perezas cotidianas. Pensé: más tarde, al salir de aquí -de la oficina- después de adelantar pendientes del cierre de edición, comeré. Iré al cine. Leeré. Haré estas cosas que me son familiares, que no presentan sorpresas y que por tanto son tan inofensivas como destructoras.
El día, imaginé, sería parte de la sucesión de las semanas que lentamente nos matan. Cuando uno se enfrenta a un panorama así... no, cuando uno se deja llevar por un panorama así lo que debe hacer es procurar que otros, como uno, sean arrastrados por la imbecilidad del día a día. No será una caída en llamas, pero al menos caerán otros con nosotros. Así pues, le llamo a un amigo, Eduardo Charpenel, para que nos aburramos mutuamente, intentando entretenernos. Le digo: después de comer, ya que salga del trabajo, vamos al cine. Sí, me dice, pero entonces me dice que antes quiere enseñarme algo. No puede decirme qué es, pues no quiere arruinarme la sorpresa. Comienzo a sospechar que es una broma o un engaño. O peor, que lo que me enseñará será algo que sólo lo sorprendió a él pero que no conseguirá sorprenderme a mí. Aún así su entusiasmo me deja picado. Y no sé si hacerles más largo el cuento. Ahondar en sus descripciones vagas. Decirles lo que comí y el tiempo que pasó antes de que finalmente lo viera.
Cuando finalmente pasé por él, se limitó a decirme que ignoraba si debía o no decirme más de lo que él ya sabía. Verán: esta historia, la historia del día de la piedra, es más la historia del modo en que contamos nuestras historias, la forma en la que preparamos una narración para llevarla hasta el chiste. Es el tipo de cosas que le dan sal a la vida. La historia del día de la piedra es la historia de la duda que hemos puesto en nuestra capacidad de asombrarnos. Lo hemos visto todo y como lo hemos hecho Eduardo sabe que debe indicarme exclusivamente el camino que debo tomar -cuando paso por él, una media hora antes de ir al cine- pero no decirme qué es lo que vamos a ver ya que tomemos ese camino. Sólo me suelta un "es un pedazo de irracionalidad". Lo cual, francamente, viviendo en el DF es algo que tampoco habría de sorprenderme. El absurdo es el eterno vecino, aquí en el DF. Sin embargo, me impresiona su decisión en mantener la sorpresa. Debe ser (imagino) algo realmente inquietante. Mientras nos encaminamos, me asegura que este es el mismo método que aplicó su padre cuando, por la mañana, le enseñó lo que me iba a enseñar a mí. Comencé a percatarme de que era, a cada momento que pasaba, el elemento de una narración que comenzó antes de mí y que continuaría después de mí. Así, cruzando las calles del Pedregal, Eduardo finalmente comenzó a develar el misterio. "Según mi papá", dijo a un par de cuadras antes de llegar a la calle donde estaba lo que quería enseñarme, "fue un acto de celos".
Cuando dijo esto, pensé: Seguro me va a llevar a la casa de una vieja a la que le pintarrajearon el zaguán con frases tipo "pinche zorra, ¿por qué me dejaste?". Algo así, imaginé. No sería la primera vez que viera algo así (recuerda cuando en el edificio cerca de donde una amiga vivía alguien escribió, con aerosol, que ahí vivía alguien infectado de SIDA). Pero no, la historia era delirante: "Y el güey, a quien dejaron, le encargó a unos tipos que se dehicieran de su mujer de un modo en el que no pudiera haber modo de que rastrearan el trabajo a él. Y entonces, una noche lluviosa llegaron con una grúa--" Cuando Eduardo estaba diciendo esto, o algo parecido a esto, di la vuelta en la calle donde me indicó. Y entonces la piedra sobre el coche:
Supongo que Eduardo, desde el principio, sencillamente pudo haberme dicho "Te voy a llevar a ver una roca sobre un coche". Pero se tomó su tiempo, el chavo. Creo que empecé a cagarme de risa pues no recuerdo muy bien el final de la historia que me estaba contando -algo de que los tipos no se dieron cuenta de que la tipa ya no estaba en el coche porque estaba lloviendo mucho y en fin, algo absurdo, inverosímil. Pero igual, la piedra estaba ahí, encima del coche.
Bajamos para que yo viera más de cerca el coche y vi que, en efecto, dentro estaba una red metálica con la que colgaron (imagino) la piedra en la grúa antes de dejarla caer sobre el coche. Por favor, noten que alguien pintó una carita sobre la piedra, como pueden ver abajo (también noten a Eduardo, feliz de su descubrimiento).
(Por la mañana le enseñé estas fotos a mi familia; se veían sorprendidos pero no tan sorprendidos; quizá porque son fotos y no lo vieron de, pues, primera mano; ver la guerra en la tele, ya se sabe, no es lo mismo que estar entre los balazos)
Más tarde fuimos, sí, al cine. Vimos la de Shyamalan. Está buena. Al salir, en fin, yo no podía dejar de pensar en la piedra sobre el coche -de hecho, ninguno de los dos podía parar de hablar al respecto- y le hablamos a un cuate que, sabíamos, estaba pasando mucho tiempo dentro de su propia cabeza, con la intención de sacarlo de su departamento para que viera la piedra y se riera y se distrajera. No contestó el teléfono pero igual le marcamos a una amiga para llevarla a ver esto. Estaba ocupada, nos dijo. Pero se insistió en que era inaudito lo que queríamos enseñarle. Y supongo que la gente reconoce la verdad cuando uno se la dice pues, sin pensarlo mucho, nos pidió que pasáramos en unos minutos y pasamos y, en efecto, estaba muy ocupada discutiendo algo con un amigo suyo a quien, ¿sobra decir?, no conocíamos. Pero igual lo invitamos para que nos acompañara y lo viera también. Ya era de noche. Y ya comenzaba a sospechar que esto le iba a hacer daño a mi vida. Esta piedra, este pedazo de irracionalidad, comenzaba a hacer que yo viera las cosas de otro modo. Finalmente fuimos y el amigo de la amiga dijo que él ya había escuchado hablar de esto y entonces pensé: ¿y si alguien deliberdamente puso esa piedra ahí para provocar la creación de historias? ¿Qué tal que es parte de un proyecto artístico, digamos, en el que se procura inventar rumores?
Pensé en lo que nos contaban el otro día en la oficina, sobre aquél proyecto que se presentó en el museo Eco donde un artista hizo como que detonaba una bomba con la intención de provocar miedo a los vecinos -cosa que consiguió y, sin medir las consecuencias (hubo histeria y ventanas rotas) casi consigue que se clausurara el museo- y carajo, este post se me está saliendo de las manos, como se me sale de las manos la historia. No puedo dejar de escribir sobre esto. Me voy a volver loco. Y quizá sea preferible esto a que me aburra, no lo sé. Pero ahora quiero llevar a todos a que vean la piedra. Quiero que la historia de la piedra, como seguramente quiere Eduardo y como quiso su padre, esté en la calle, en boca de la gente, que se hagan playeras con La Piedra en el Coche estampadas, que se haga un Puesto de Tacos La Piedra sobre El Coche, que lleguen reporteros de TV Azteca a preguntarle a la tipa por qué dejó al tipo. Quiero que alguien se acuerde de Paco Stanley con asombro, del Clan Trevi con temor, que no se lleven pronto la piedra de ahí. Un asidero sólido, es lo que pido.

Saturday, June 14, 2008

Odradek


Gracias a Alejandro Vázquez descubro las gráficas y diagramas de Venn de Jessica Hagy. Según Alejandro, Hagy hace "una de las mejores tiras cómicas en la red", pero sospecho que así califica a cualquier dibujito que aparezca gratis y periódicamente en Internet. Un buen descubrimiento, sin embargo. Más de ella en el link que puso Alejandro en su propio blog.

Thursday, June 12, 2008

Presencia fugaz de los olores

Acabo de borrar una entrada. Hay cosas que son para mí. Sin demasiado ingenio cambio el tema y les comparto: hoy el metrobús olía entero. Ayer olía también, pero en oleadas. Hoy olía a cuerpos, ayer a un pedo macabro. Debe ser la humedad que trae la lluvia pero algo permite que ahora las partículas sólidas que desprenden los cuerpos viajen de un lugar a otro hasta que se posan sobre la membrana de proteínas de mi nariz. ¿Es así como funciona? Se elevan, estos olores. De los charcos y, cuando bajo del metrobús y camino hasta el parque sobre la calle Sonora, de la tierra mojada y los árboles. De las chicas que pasan corriendo, temprano por la mañana. El olor del cigarro del grupo de aprendices de chef que esperan afuera de la academia de gastronomía, tabaco en la lengua, estragándose el gusto. No paso por alto el puesto de flores que está frente al negocio de Pilates que siempre alberga los cuerpos entusiastas de jóvenes, posados sobre esas camas, moviendo esas ligas, esos músculos. ¿A qué huele allí? No lo sé, las ventanas sólo permiten que asome los ojos, no la nariz. Volviendo al parque: huelen sus hojas, huelen sus perros. Los hocicos mordiendo pelotas de tenis. El estanque con patos que ahora, ¿se han ido? ¿Han emigrado? Ahora mismo aspiro y huelo mi carne y pienso en lo que acabo de borrar.

Indiana

Informo que acaban de poner la canción Indiana de los Hombres G, acá en la oficina. Ya la han puesto varias veces, desde hace semanas y hay un momento en el que uno de los integrantes de los Hombres G -harto de que su novia ponga una y otra vez la película de Indiana, según canta- dice "Indiana, Indiana, no sabes decir otra cosa, me tienes hasta la banana". Es una bonita mañana.

Tuesday, June 10, 2008

Monday, June 09, 2008

Leer a Lovecraft en la casa de campo

Anota Héctor Manjarrez en el apartado 58 de su El bosque en la ciudad:
"En la segunda mitad de los años ochenta, con relativa frecuencia me iba entre semana a la casita común que tenían los hermanos Bracho en A... Me llevaba libros, máquina de escribir (una Hermes mecánica color pistache, como la de muchísima gente) y buenas viandas, y pasaba de dos a cuatro días totalmente solo con los autores, mis ideas y la naturaleza. Recuerdo dos noches aterradoras: una vez el pavor me lo causaron los Cuentos de Cthulhu de Lovecraft; me despertaba aprisionado por los seres espantosos de la espantable imaginación de ese hombre cuyo apellido era la perfecta negación de su vida, pues carecía por completo del oficio de amar; dichos engendros se mezclaban, zoomórficamente, con el agudo miedo a los alacranes que rondaban en las noches por el piso de mi cuarto..."
Apenas es lunes y ya escuché el nombre de Lovecraft una vez, en la oficina. La semana pasada lo escuché invocado dentro del elevador.
Qué bueno es ese apartado 58: el descubrimiento de Manjarrez de que a veces grita en la noche, de que habla solo cuando pasea con los perros, de que no regresó a casa de los Bracho durante mucho tiempo porque -¡lo había olvidado!- algo le sucedió una noche, cerca de un árbol en el que colgaban a la gente, allá en A...
La semana santa pasada, recuerdo, experimenté ese delicioso placer de meterse debajo de una cobija, linterna en mano, a incómodamente leer a Lovecraft. ¿Por qué desperdiciar el tiempo cuando uno puede seguir leyéndolo? Me voy.

Sunday, June 08, 2008

Bebo café

Me lo acabo de hacer. Me levantaré por la segunda taza en unos momentos y Refu, que está acostada aquí a lado, me acompañará y moverá su cola quizá con la esperanza de que esto signifique, finalmente, que la sacaré a pasear. Pero no estoy de ánimos para sacar a Refu quien, por lo demás, no parece tan entuasiasmada por salir. Sólo se alborota cuando me levanto o dejo de teclear y me mira y entonces pone esa cara del perro que quiere salir. Le doy un último trago a la taza y me preparo para levantarme.
Dicho y hecho. Regreso de servirme la segunda taza. Es de Punta del Cielo. Sabe rico. La preparo en una cafetera Krups casi idéntica a la que estaba en la zona comunitaria de la facultad de filosofía donde estudié y trabajé durante un lapso de tiempo como asistente de un amigo, de un profesor. Y ahora que digo eso pongo en suspenso el relato del modo en que me percaté de que necesito a Refu tanto como me necesita ella para contarles que el viernes fui a cenar con este amigo, Héctor, y me regaló una copia del, creo recordar, último libro en el que trabajamos juntos -uno en el que también le ayudó (con mayor incidencia, debo decir) Julián Zárate y Daniel Vázquez. Total que comienzo a hojear el libro -una compilación de ensayos de Héctor sobre ética, poética y argumentación, me parece- y me dice: "esta hoja te va a interesar". Pensé que hablaba sobre su texto sobre la metáfora, que ya había leído (como ya había leído todos los textos). Pero no, era una de las primeras hojas y en ella decía: Para Guillermo, escritor. Y que agarro y me sonrojo, en sentido figurado. Pues nunca alguien me había dedicado un libro, ¿no? Pero sobre todo me sonrojo porque, pues, vamos, Guillermos hay muchos y lo que se estaba sobre-entendiendo era que la dedicatoria era para mí y que yo debería entender eso como de inmediato, cuando también está Guillermo Hurtado -a quien Héctor conoce y estima- o ese otro cuate que tiene que se llama Luis Guillermo, o bien, el otro Guillermo que estudió filosofía y ahora estudia medicina, a quien ambos estimamos, supongo. Muchos Guillermos, pues. Así que se hace la broma de cómo con esa dedicatoria pues se saca de encima tener que dedicarle otro libro a otro de sus amigos Guillermos y la pura risa y ahora, de improviso, recuerdo a la familia Monroy, a quienes quiero, y de cómo ayer mi madre me entregó un libro de Susan Sontag que ellos me habían regalado por mi cumpleaños. Se trata de una compilación de ensayos sobre literatura y sobre el lugar del intelectual en la cultura y entre otros textos viene uno sobre Robert Walser, uno de mis héroes morales (diría Vila Matas), y uno sobre Gombrowicz, quien me obsesiona desde la marginalidad, y así varias cosas. E historia curiosa: hace poco compré otro libro de Sontag, sobre las metáforas de la enfermedad, pues tenía muchas ganas de leerlo desde hace tiempo (a la fecha, no lo he abierto). Muchos libros, pues. Dos buenos regalos en este fin de semana. Ahora iba a escribir largo y tendido sobre el cariño que le tengo a los Monroy pero sería un poco como estar presumiendo las virtudes que uno tiene y es el tipo de cosas, pues, que sólo ellos necesitan saber.
Total que: Refu se atrasa un poco de camino de la cocina al estudio donde ahora estoy porque se está rascando la oreja y yo, ¿qué hago? ¿Me sigo de largo? ¿O la espero sosteniendo la puerta a que termine de rascarse para que me acompañe hasta el estudio donde ahora está recostada, con los ojos cerrados, respirando con tranquilidad, de modo que me dé cuenta de que es en estos gestos donde se hace claro que yo necesito a Refu como ella me necesita a mí?

Wednesday, June 04, 2008

Invertebrados


La edición de junio de National Geographic (la que dice Secrets of Stonehenge en la portada) trae un texto sobre los nudibranchs -de la etimología, para seguir con estas cosas, "branquia desnuda". Estos organismos (¡pulmones marinos!) que viven muy a gusto y a todo dar ignorándonos en el fondo del mar, como nos ignoramos nosotros, enfundados en unos colores vibrantes y brillosos, llamaron hoy mi atención. Son tóxicos. Se alimentan del coral. Se desconocen muchas cosas de ellos (viven, les digo, en el fondo del mar) en gran parte porque viven alrededor de un año. Y sus cuerpos invertebrados dejan poco tras de ellos. Babosas marinas. Hay muchas especies, aparentemente. Como es costumbre, sólo se conocen algunas. ¿Somos nosotros los nudibranchs a ojos de otros? ¿Con ideas tóxicas, cuerpos fugaces?
Se ven casi apetitosos. Me encantó esa página que copié en el scanner. Me recuerda un menú de sushi.

Tuesday, June 03, 2008

Pequeño testigo

Que uno pudiera sentarse, tomar el teléfono y marcarle a la humanidad para preguntarle algo de orden íntimo pero que nos importara en cierta medida -preguntaríamos no con morbo sino con el interés que sólo propicia la amistad- y que ésta tomara un momento y cuando creyéramos que estaba haciendo una pausa para pensar bien su respuesta fuéramos un pequeño testigo de su alegre, inesperado y poderoso eructo. Hace unas horas conseguí el Diccionario filosófico de Voltaire. Hojeándolo leí una entrada en la que Voltaire explicaba cómo testículo significa, etimológicamente, "pequeño testigo". De la hombría, se entiende. Me duele el pecho.

Sunday, June 01, 2008

Tengamos...

...los borradores a la mano.

Thursday, May 29, 2008

Entrevista con Nicolás Cabral

Tengo una pregunta en dos partes. Primero, ¿te molesta que use una foto tuya para esta entrevista y que use, igualmente, el tiempo del trabajo para hacerla?
Me molestan ambas cosas. Por suerte, dado que estamos en horario laboral, podría impedir el uso de la foto como parte de las políticas de esta empresa. Quisiera lograr, como Pynchon, que mi jeta no ilustre nada que tenga que ver conmigo.

Le he escuchado decir a mujeres que eres un hombre bello. ¿Sientes que esto está peleado con tu imagen de hombre inteligente? Deja reformulo la pregunta: ¿te da miedo que no te tomen en serio por ser hermoso?
Sí, de ahí que hasta ahora me haya considerado un hombre feo, con el fin de convencerme de mi inteligencia. ¿De qué mujeres hablas?

¿Me preguntas desde tu convencimiento de ser feo -como gesto impostado de inseguridad- o para perseguirlas?
Simple curiosidad. Yo no persigo a las mujeres. Bueno, persigo a una, y por suerte se deja alcanzar.

La verdad es que no se lo he escuchado a nadie. Es mi opinión pero me daba miedo que pensaras que me gustas por reconocerte hermoso.
Bueno, no te lo tomaré a mal, si eso te preocupa. Finalmente, nos separan un par de muros. Me siento seguro.

(Ahora mismo le preguntaba a una amiga si tiene alguna pregunta para ti -quiere saber cómo hermanas literatura y arquitectura- y le pregunté si le parecías guapo; dice que no te recuerda; me exigió una foto tuya para saber)
Suelo ser olvidado, lo cual siempre me ha parecido estupendo. Me han presentado a personas cuatro, cinco veces, y siempre dicen "Mucho gusto". Sobre literatura y arquitectura: No las concilio, simplemente abandoné la segunda. Pero bueno, miento: el libro que siempre estoy escribiendo, aunque tarde meses en añadirle un párrafo, es un conjunto de relatos sobre la relación entre ciertos espacios y ciertos personajes.

¿Estás intentando llevar la conversación a tu libro de cuentos?
Evidentemente.

(Acabo de mostrarle una foto que encontré en la red y opina que no eres feo; lo cual no significa, supongo, que seas bello)
No hay fotos mías en la red.

Piensa lo que quieras. A ver, cuéntame de tu libro. ¿Qué puedes decirme sobre él?
Puedo hacerte una descripción, digamos, técnica. Contiene nueve relatos y una nouvelle. Se llama Las moradas. Tendrá, si algún día lo termino, alrededor de 130 páginas.

¿Tú dirías que la diferencia entre una nouvelle, una novela y un relato es un tema de importancia?
No.

Es que ya no sé qué preguntarte.
¿Te aburro?
No, sólo no se me ocurre qué preguntarte.

Déjame preguntarte algo a ti. ¿Por qué a Zagal le hablaste de usted en su entrevista y a mí me tuteas? ¿Es porque yo no soy doctor en filosofía?
Es por la edad.

Ah, bueno.
Es como con Margo Glantz, quien por la distancia de edad a todos les habla de usted.

A mí ya no, ¿será que me estoy volviendo viejo?
Tienes, ¿qué, 33?
Casi, en un par de meses.

Sí sabes que Cristo murió a los 33, ¿no?
Sí, pero no soy cristiano. ¿Lo sabías?

Cada que digo algo sobre Cristo me lo dices. O sobre Marx. O sobre el PRD. No me gustaría que se te olvidara que cuando Dios cierra todas las puertas, deja, al menos, una ventana abierta.
Pero hay que hacer distingos. Soy algo bastante parecido a un marxista, y algo bastante distinto de un perredista.

Yo no dije que fueras perredista. No te sientas obligado a hacer esas distinciones. Dame un poco de crédito.
Está bien, Memo. Me disculpo

Hablando de crédito, ¿es difícil evitar la tentación de créditos que ofrecen los bancos?
Decía Brecht: ¿Qué es robar un banco comparado con fundarlo? Odio los bancos, y sin embargo tiendo a ser un celoso ahorrador. No he fundado ninguno, aclaro. Por desgracia, tampoco he robado alguno. ¿A ti te gustan los bancos?

No. Siempre exigen que haga la misma firma y no puedo. Oye, ¿crees que algún día podré leer tus nueve cuentos? He leído algunos, en Cuaderno Salmón se publicó uno de ellos.
Sí, creo que un día podrás leerlos. Además, están en mi computadora. Si muero trágicamente, hazlos llegar a un editor, por favor. A los muertos se les perdonan muchas cosas.

Como irle al Cruz Azul.
Tú no le vas a nadie.

Yo le voy a los que meten autogol. Y al Celaya. ¡Arriba cajeteros!
Yo también le iba, mientras existieron. ¿Y sabes qué? Estuve en los dos partidos de la final. Y perdimos. Fue triste. ¿No crees que merezco una alegría, aunque sea futbolística?

Sí, ¿por qué no habría de hacerlo?
Eres una buena persona, Memo. Antes de que trabajáramos juntos, insistías en que yo debía ser buena persona.

La verdad es que no le voy al Celaya, sólo lo dije para ver si decías algo sobre Celaya, fuera de que le ibas a su equipo. En fin, todavía creo que debes ser una buena persona.
Pudiste preguntarlo directamente. Celaya es una de las ciudades más feas y aburridas del planeta Tierra.

Para finalizar, ¿cuánto tiempo más crees que vaya a existir La Tempestad?
No lo sé. Supongo que no puede durar eternamente. ¿Tú cuánto le das?

Hasta que te hartes, francamente. Pero te hartas seguido, así que no sé. No puede ser ese el criterio.
¿Tú ya te hartaste? Yo ya aguanté 10 años. La revista ha durado más que mi matrimonio.

Tendré que editar mucho esto.
Creo que todos se mueren por leerlo. No quites lo de mi matrimonio. Es un dato objetivo.

¿No te da cosa que tu relación con Chaurand haya sido más larga que con otras personas?
Sí.

Monday, May 26, 2008

Kafka contra la metáfora

En 1921: "Las metáforas son una de las muchas cosas que me hacen desesperar de la escritura. La falta de autonomía de la escritura, su dependencia de la criada que enciende la calefacción, del gato que se calienta junto a la estufia, incluso del pobre viejo que también se calienta. Todas esas son operaciones autónomas, que se rigen por su propia ley, sólo la escritura está desamparada, no habita en sí misma, es broma y desesperación".

Sunday, May 25, 2008

Marcia bobs her hair


En las noticias de Yahoo informan en primera, em, plana que Jessica Alba se casó y se fue de parranda después de una "abrupta" boda y que Marcia Cross se hizo un nuevo corte de cabello. Leo esto después de leer un cuento de Bef titulado -lo he olvidado, pero trata sobre la vida de un oaxaqueño en un colonizado Marte. Quizá por ello me llama la atención no tanto lo de Jessica Alba ni lo del nuevo corte de Cross sino la noticia, de menor perfil, que se encuentra debajo de esa y donde se explica que pudieron colocar un nuevo aparato en Marte para, pues, sondear el asunto, ver qué pasa, cómo va la cosa, a ver si nos vamos para allá. Curiosamente, la noche del sábado en el show de Letterman se soltaron un chascarrillo sobre cómo es que, de lanzarse la misión hacia Marte con tripulación humana, se tomarían un año más o menos en llegar y que, por ello, estaban desarrollando una tecnología que permitiría reciclar la orina para poder usarla de nuevo como agua potable. Y Bef, recuerdo en el cuento, hablaba un poco sobre ello. Pero la verdad es que al comenzar a leer la nota sobre el carrito a control remoto que mandaron a Marte me aburrí horrores. No pude leerla. Me distraje con el peinado de Cross, quien actúa en una serie que no veo pero sé que es vista por mis hermanas y por mi primo y por millones de televidentes. Y quizá aquí sería bueno comenzar a hablar con ironía no sólo sobre esas mega-series sino sobre el tiempo que le dedica la gente a hablar sobre estas mega-series (hoy el suplemento cultural de Reforma dedicó sus páginas a este tema, como lo hizo Día Siete hace unas semanas y como, claro, lo hizo La Tempestad hace tiempo) y quizá valdría la pena hablar sobre la televisión como un detonador de una literatura que busca dejar atrás a la ironía (aquí citaría extensamente a Robert Foster Wallace). Pero mejor, para finalizar, ponemos un bonito link a un bonito cuento, aquí.

Domingo

Bricolaje, sopa de lima, torta de cochinita, terminar de leer una revista, comenzar a leer una antología, sentir que uno pierde el tiempo, toser, enfundarse la garganta, ver televisión, anotar, leer, dormir.