
En otras noticias, más importantes: durante la comida vi un chihuahueño cruzado con galgo. También: me la he pasado todo el día en la oficina ocupado en diversos asuntos, ¿cuándo fue la última vez que usted se ha ocupado de tan poca cosa?

Anoto aquí para soltar la mano: Hace unas semanas me compré las novelas en torno a Rabbit, el personaje de Updike, encontré la compilación en el Péndulo, en inglés, más bien barata. Y ahora tengo que escribir el obituario de Updike para subirla a la rama electrónica de la revista donde trabajo. Luego por eso no hay que comprar los libros de los amigos de uno, siempre cabrá la duda de si está relacionado que murieron porque compramos o no sus libros. También es buena idea no escribir sobre algo cuando apenas sucedió. También sería buena idea que uno compre los libros de sus amigos, para que no mueran de hambre. O invitarlos a comer a cambio de que nos regalen sus libros. Se acerca la hora de la comida, aquí en la oficina. Tendré que escribir sobre la muerte de Updike al regreso.
Hoy recibí una llamada. Después de hacerme una cordial pregunta, educadamente me preguntaron por David. Una cosa curiosa, que se imagine alguien, allá fuera, que yo estaré, acá dentro, siempre enterado de dónde está y cómo daré con David. Entiendo la confusión pero me apura que hablen para preguntar por Mick para luego preguntar por Mack. Que le hablen a Batman para dar con Robin, o viceversa. Se lo comentaba a David. Y luego vimos esta imagen. Y pues nos agarró la risa.
Es su pintura Christina's World, de 1948.
I think it's a worthwhile task. Many of the people in Santa Fe view this field as some sort of animal-rights issue, that the prairie dogs have the right to live because they were here first, aside from their cuteness. But I view it from an ecological conservation standpoint, as the Gunnison's prairie dog has lost 95 percent of its habitat over the past 150 years.
Pueden leer más sobre su trabajo en la entrevista que le hicieron acá. Me recordó la trama de Poltergeist (de 1982, el año en que nací) y de Sus ojos son fuego, de Soltero. También me recordó el reportaje de Joshua Bearman, Rodent disaster in Xinjiang... Cuando le conté a mi madre sobre Botkin, me reveló que un tío se entretenía vertiendo gasolina o agua caliente en la madriguera de las ratas, en el solar de mi abuelo. Reía cuando veía cómo escapaban por otro agujero.
No recuerdo cuál fue el día de la semana en el que me levanté para estirarme un poco -estaba en mi cubículo, en la oficina- pero recuerdo bien que me dirigí al garrafón de agua, harto de Excel. Junto al garrafón se encontraba una chica de contabilidad hablando con otra chica de contabilidad (y quizá esté siento bondadoso al llamar a estas dos personas, ya entradas en carnes y años, "chicas") sobre una película de Roman Polanski que yo no había visto, El Inquilino. El fin de semana que recién termina la renté y la vi, después leí un poco al respecto en la red y descubrí que es considerada parte de una trilogía compuesta por Repulsion y Rosemary's Baby (no he visto Repulsion), las tres sobre los horrores de la vida cotidiana y departamental. Disfruté (o padecía) mucho El Inquilino, como si fuera un pedazo de narración que se hubiera escapado de la mente -de la almohada, diría Stephen King, otro maestro del horror cotidiano- de Lovecraft (especialmente por esos guiños al exotismo de la egiptología). Pero ahora, ¿qué hacer? Ahora regresar a trabajar, pensar en rentar, apenas nos demos el tiempito, Repulsion y acaso hablar al respecto con los compañeros y compañeras de la oficina. Pero eso, ¿cómo? "Escuché hace unos días que hablaban sobre una película", iniciar. Ver sus caras maquilladas, los monitores de sus computadoras encendidos, los cajones, cerrados. "Me parece haber escuchado que hablaban sobre El Inquilino, de Polanski", aventurar. "¿No eran ustedes dos las que platicaban de una peli de Polanski?", preguntar apenas estén ambas juntas. Es difícil, esto. No me llevo muy bien con las chicas de la oficina. En ocasiones me gasto estas pequeñas bromas, sobra decir. No es que no nos llevemos bien -nadie planea mi destitución, en mi diminuto mundo laboral- pero me gusta imaginar cómo sería si en lugar de saludar a mis compañeras y compañeros de trabajo matutinamente para despedirme, cordialmente, todas las tardes cuando finalmente me encamino rumbo a casa, cómo sería, me pregunto, si yo fuera una especie de banquero anarquista, un pequeño insecto oficinista, una rata de laboratorio, aire enlatado, fruta en conserva. E imagino que sería eso, un inquilino alienado, el hombre anónimo. Pequeñas jocosidades diurnas, digo. El otro día comía con los compañeros del trabajo, como hago siempre, entre semana (claro está) y mientras se agotaban los minutos de mi media hora, observaba -sin mostrar desinterés sobre la conversación que entonces se entablaba- por el rabillo del ojo, un televisor empotrado en una esquina de la lonchería. Y en ella, una pelea. Lucha libre. Algún campeonato. Un cinturón de oro colgaba sobre los seis o siete fornidos contrincantes, quienes se empeñaban en extender y acomodar altas escaleras de metal (plegables, que desplegaban) en el centro del ring, bajo el cinturón. Y se empeñaban también en treparlas y obstaculizar el ascenso de quienes en ellas se encaramaban. Y tiraban, también, las escaleras, una y otra vez, hasta que uno, finalmente, sangrando, conseguía no ser obstaculizado y ascendía y tomaba el cinturón de oro, ese preciado objeto. Todos aplaudían y tomaban fotos, en la televisión, mientras mis compañeras y compañeros de almuerzo daban por terminada su conversación. E.C. Do you ever get, in terms of novel writing, stuff that's too outrageous? One wouldn't guess that you reject stuff as being too outrageous.
C.M. I don't know, you're somewhat constrained in writing a novel, I think. Like, I'm not a fan of some of the Latin American writers, magical realism. You know, it's hard enough to get people to believe what you're telling them without making it impossible. It has to be vaguely plausible.