Saturday, April 26, 2008

Ya voy, ya voy.


Veo Margot At The Wedding de Noah Baumbach. Resulta que me gusta, la película. Pienso en Annie Hall pero sobretodo en Hannah y sus hermanas, de Woody Allen, y en el atinado modo en que un usuario describió la película de Baumbach, en IMDB: "neurosis en los Hamptoms". Toda esa cosa intelectual, de familias podridas. Salinger me vino a la mente, también. Y estoy en eso, con cosas llegándome a la mente, bien entretenido, cuando el personaje de Jack Black agarra una sierra eléctrica -durante el clímax de la película. Es entonces que recuerdo La sierra y la manzana, uno de los cuentos de Arthur Bradfurd que aparece en su libro de 2004 Dogwalker (o ¿Quieres ser mi perro?, como lo tradujeron en Mondadori). La sierra y la manzana es un cuento poderoso, de una fuerza que opaca al resto de los cuentos contenidos en el libro. Podría describirse con las siguientes líneas del cuento: "Un instrumento excelente, la sierra mecánica: fuerza, velocidad y gracia, todo en el mismo lote".
Por ello fue bueno que la persona que me regresó el libro me recomendara que releyera La perra de Roslyn, el cuento con el que cierra el volumen. Aquí pueden escuchar a Bradford leyéndolo, en inglés, ¡y animado en flash! Sí, fue bueno que releyera ese cuento, que cuenta la historia de una transformación, un poco como Lady into fox, la novela de David Garnett (como dato cultural añadiré: hace unos días me contaban los de la oficina, en realidad sólo uno de ellos, que La metamorfosis de Kafka en realidad debió haberse traducido como La transformación pero parece que fue a Ortega y Gasset quien esto no le pareció una buena idea). Leí el cuento en mi coche. Después, cuando salí del coche me encontré con Refu, mi perra, quien está aquí a lado, junto a la puerta que la mantiene afuera del estudio, en el patio. Ahora que escribo puedo escucharla olisquear. Hace un rato ladraba. Me dice: "¿Cuándo vas a terminar este maldito post?" Y la verdad es que no sé porque hay demasiadas cosas que me vienen a la cabeza. Siento, incluso, que todavía no lo empiezo. Así que, avergonzado, no le contesto a Refu quien, aburrida, decide irse a ladrar más, a ladrar hasta que parezca que nunca va a parar.
Al llegar a casa, hace rato, después de verla y saludarla y recoger su caca, entré a la cocina y encontré la National Geographic de Marzo. En la portada aparece este simpático perro:

Se llama Betsy, es un Border Collie, tiene seis años y uno de los rostros más expresivos que he visto en un animal. Exagero. En realidad, Refu me mira así a cada rato, con inteligencia. Con, se entiende, expresión de inteligencia. Betsy, explica la National Geographic, posee un vocabulario de 340 palabras, sabe reconocer a quince personas por nombre y es capaz de identificar objetos a través de la representación de éstos en fotografías. Esto, lo sabemos, es algo que los infantes son, a menudo, incapaces de hacer. En fin, Betsy es uno de los varios animales que sirven de ejemplo para el artículo Minds of their own, de Virginia Morell. No lo he leído para entiendo que va en la línea de "los animales, contra lo que a menudo se piensa, no sólo sienten y expresan, también piensan; en suma, no son tan distintos a nosotros". En algún momento se argumenta: "como cualquier pet owner podría atestiguar". Lo cual, supongo, es verdad: quienes poseemos mascotas no sólo nos encariñamos a cierto grado con nuestros animales, incluso llegamos a notar -o a atribuirles- ciertas características. Algunos consideran esto una exageración, un antropomorfismo desmedido. Se aduce que nos reímos de los orangutanes sólo en la medida que son parecidos a nosotros. Se aduce, también, que por esa línea se puede llegar a una especie de fascismo ecológico. Recuerdo un capítulo de ER en el que atendían a un orangután y a su cría y como nunca antes las enfermeras y los médicos lloraban. Terminaban reflexionando, los personajes: "quizá estamos tan insensibilizados, tan entrenados a tratar mecánicamente a nuestros pacientes humanos, que ahora que tratamos a un animal, pues..." Y entonces Peter Singer y la PETA y la madre y todo mal y todo bien y los animales, y que si los tratamos con dignidad, y que si el aborto, que el feto no expresa ni responde ni experimenta dolor cuando apenas han pasado algunas contadas semanas y no hay modo certero de saber, y las Amazonas arden y el apocalipsis y el tema en boca de todos y Refu regresa y me ladra, a través de la puerta, y me pregunta si ya acabé de una vez con mi jodido post y que quiere salir a pasear.

Friday, April 25, 2008

CS8

Estoy a punto de subir una imagen del Salmón, del cuaderno, y decir: "¡Hey! ¡Ya salió!" Pero resulta que ya lo había hecho, eso de hacer lo que se dice subir una imagen, aquí en mi blog. Así las cosas, decido no subirla, total, ya la subí, y perplejo, una vez más, aquí, sentado en la oficina, me pregunto sobre eso que Ricoeur llama la continuidad ininterrumpida, eso que otros llamamos tedio sostenido. Y lo que, también, los budistas llaman felicidad.

La continuidad de los parques tematizada

Veo al hombre en la banca del parque, con su perro. El hombre en la banca con su perro de nuevo, al día siguiente. El día que le sigue el hombre no está en la banca, camina unos metros adelante, cigarro en mano, siguiendo a su mascota cuando yo cruzo el parque. Hoy veo de nuevo al hombre con el perro en la banca, lo tiene envuelto en su suéter. Un día Tolstoi apuesta dinero, se dice que no lo hará más. Al día siguiente Tolstoi pierde más dinero. El día después de eso apuesta más. Después se decide, finalmente, a no tirar más dinero y deja de apostar y sale al bosque a cazar. Al día siguiente pierde más dinero.
Algún día veré al hombre del perro de nuevo, pasado los días, los meses o los años y no sabré si se trata del mismo hombre. Del mismo modo que algún día veré mi diario o mi blog y leeré para sorprenderme que ese que escribe soy y no soy yo. Por ahora la certeza que me brinda la continuididad ininterrumpida, tanto del parque como la de la esporádica disciplina, es tan agradable como el deseo que tengo por ustedes, lectores. Deseo que sean buenos, que tomen su leche -de soya, si son intolerantes a los lácteos- y que recen antes de dormir.

Wednesday, April 23, 2008

Parque México, de nuevo.

Hoy por la mañana el hombre obeso, como ayer y como la semana pasada estaba sentado en la banca-choza que se encuentra en la ruta a la oficina, cruzando el Parque México. Por temor a sospechar que estaba viviendo una experiencia a la Bill Murray en Groundhog Day, por no decir, culturosamente, un "eterno retorno", decidí sospechar que el señor esperaba a que yo pasara y posara la mirada sobre su redondez para acercar, como ayer y como el día anterior a ese y como la semana pasada, su oblongo rostro al afilado hocico de su perro salchicha. Sospechar esto o aquello es, de todas formas, mejor que la triste certeza de que el hombre se pasa toda la mañana -y probablemente todo el día- permitiendo que su perro le lama la boca. La señorita que hace ejercicio en la chocita-banca vecina a la del gordo y su perro salchicha también estaba hoy allí, pero ahora hacía abdominales en lugar de la cosa esa donde emula andar en bicicleta de nuevo. En esta ocasión no nos miramos.

Monday, April 21, 2008

Robert Walser opina

Sobre los veinteañeros:

"Existe una crisis entre los veinte y los treinta años, una suerte de crisis de juventud. Los jóvenes son luchadores. Tal vez deberían tratar de evitarlo. No lo sé con certeza, quizá sean muy sosos. Les falta algo. Acaso de vez en cuando presuman mucho, lo cual es una osadía. Yo me siento muy seguro cuando a ratos me siento un poco inseguro".

Servicio postal

Leía hace rato esto, una conversación entre George Steiner y Christopher Tayler, para The Guardian, convenientemente titulada Il Postino. La conversación está salpicada de metáforas de correos: el crítico y experto en literatura comparada como un cartero, pero no uno que lleva siempre la carta al lugar preciso, sino al lugar al que -tiene la esperanza- se aprecie mejor. El cartero que no es necesariamente apreciado por los coleccionistas de timbres postales (donde, claro, los académicos son los filatélicos). A la entrevista llegué vía el blog de Iván Thays, donde leí otro fragmento de una entrevista más que apareció en el suplemento ADN cultura (y que no pude leer, el link anda defectuoso o mi computadora muy lenta). Allí, como leí en el fragmento que subió Thays, Steiner usa también una metáfora del mismo orden: "Durante toda mi vida", afirmó Steiner, "he procurado distinguir a los grandes creadores de nosotros (los críticos, los comentaristas, los profesores). No somos carteros (como recordaba Pushkin) que tienen la tarea de enviar una carta al lugar exacto. Nosotros interpretamos, anotamos, glosamos los textos de los grandes creadores: los necesitamos para existir, pero ellos no nos necesitan a nosotros". Ambas entrevistas se realizaron a partir de la aparición de su último libro, Los libros que no he escrito.
Tanta carta y tanta metáfora me hizo pensar en el temor que le tenía Kafka a las cartas. Temía las malas noticias que podrían traer pero sobre todo temía que las cartas que él mandaba no fueran fieles a lo que realmente quería decir. Una de las razones, por cierto, por las cuales, a pesar de la carta octava de Platón, no puede considerarse a la correspondencia como un género propio de la autobiografía: después de todo, al escribir una carta no nos retratamos propiamente sino que nos damos a conocer como suponemos el resto quiere conocernos. Aunque este último libro de Steiner se titula Los libros que no he escrito, con ese aire de lamento y disculpa por no conseguir del todo lo que pretendía (es, a su modo, una despedida) me impresiona el modo en su discurso en torno al libro se sintoniza con el tono de Errata, su autobiografía intelectual. Una forma de saldar cuentas, supongo, tan íntima como aquella. Aunque, sí, siendo una la visión supuestamente objetiva que exige la memoria -histórica- y la caricatura que también nos exigimos a nosotros mismos. Qué difícil debe ser envejecer.

Sunday, April 20, 2008

Robert Walser, héroe moral

"Tanto se envidian unos a otros, estos listillos, que basta con que uno se ría a carcajadas para que los otros lo tilden al instante de haragán. Pobre dicha verdadera, quién te ha visto y quién te ve. El hombre humilde ya no tiene derecho a estar contento. ¿Y si pese a todo lo está?"

Friday, April 18, 2008

(Parque México)

(Después de comprar mi café, dejen les cuento rápido, y después de que el chico que me servía se quemara con el café por estar hablando por teléfono, crucé, como cruzo todos los días, el Parque México y en una banca de esas que parecen chocitas encontré, primero, a un hombre obeso y de bigotes que le daba premios a su perro salchicha; el perro volteaba a verlo y el hombre acercaba su enorme rostro y permitía que el perro le lamiera la boca; en otra chocita encontré otro perro salchicha, son muy populares, pero estaba debajo de la banca que, a su vez, estaba ocupada por una mujer quien simulaba andar en bicicleta pero boca-arriba, agitando el tronco frenéticamente. Cuando pasé junto a ella se detuvo y me miró como si alguno de los dos le debira una disculpa al otro: ella por estar haciendo eso frente a todos y yo por mirarla fijamente. Pasé de largo y me fui a ver a los catorce perros de la escuela de entrenamiento que van cada dos días por allí).

Tuesday, April 15, 2008

Carne joven, eterna

Hoy pensaba en Bartlebooth, el excéntrico millonario de La vida instrucciones de uso. Pensaba en él porque habíamos leído, en la oficina, una noticia sobre un supuesto video sexual de Marilyn Monroe que recién se había descubierto y, recién también, había sido comprado por un millonario a 1.5 millones de dólares. Bartlebooth, según cuenta Perec en su novela, dedicó gran parte de su vida a viajar por el mundo buscando puertos donde pintaba los paisajes marinos en acuarela. Después, todas esas pinturas las convertía en puzzles que, más tarde unía con tal maestría que las líneas de los puzzles desaparecían. El final de su vida lo dedicó -o al menos ese era el plan- a viajar de regreso a los puertos en los que había pintado las marinas para meter al agua sus lienzos. La pintura se remojaba, desaparecía y dejaba detrás un espacio blanco. El plan, sin embargo, no habría de ser completado.
De acuerdo con la noticia que leímos, el millonario que compró el video decidió que éste jamás sería visto. Así, la reputación de Marilyn se mantendría intacta. Me pregunto si puede hablarse en estos términos de Marilyn. Si no es, ya, una leyenda y si, en efecto, las leyendas pueden tratarse con los mismos criterios de escándalo con el que se trata a algunas estrellitas. Caray, yo nunca he visto una película de Monroe. Al menos no completa. Sin embargo, sé quién es. Pero no, no es esto lo que pasa: no es que sepa quién fue, sino sé qué es, cuál es su función. Y es verdad, tampoco he visto una película completa de Paris Hilton (excepto, ay, A night in Paris). Quizá esto sea lo que le preocupa a aquél millonario: que de todas sus apariciones en celuloide, sólo sea una de ellas la que sea vista. Carajo, esto tiene tanto de donde cortar. Apuntemos, mientras. Imogen Thomas, la celebritie, tiene video sexual. Pamela Anderson, también. No me sorprendería que hubiera uno de Lindsay Lohan (quien no hace mucho posó para Bert Stern emulando algunos desnudos de Monroe), o que hubiera de Britney Spears. Lo hay de la chica que actuaba en Mi Pequeña Traviesa y cuyo nombre he olvidado. Ésta es la cosa. Visto o no, escandaloso o no, Monroe no será un nombre que se pierda entre otros. Ya se ha escrito mucho sobre esto. Así que volvamos a las opiniones. Le pregunto a mi primo, hace rato, si sabe quién es Marilyn Monroe. Cosa que es como preguntar si sabe quién es Mickey Mouse. "Sí", me contesta, "es una actriz". Una pausa. Por un momento creo que me va a contar sobre la noticia esta. Pero sólo rectifica: "Fue una actriz. Creo que se suicidó".
Hasta ese momento, el modo en que murió Monroe no lo tenía en la memoria. Se cumpla o no el deseo de ese excéntrico millonario (quien me recuerda al "magnate del papel" japonés Ryoei Saito, quien, en 1990, compró El retrato del doctor Gachet de Van Gogh a 82.5 millones de dólares; obra que, se cuenta, tenía guardada en una bóveda y que, me temo, jamás veía) Marilyn Monroe jamás estará en el círculo de las celebrities con video-sexo-escándalo. Estará siempre, eternamente, en ese panteón de los muertos jóvenes. James Dean. River Phoenix. Brandon Lee. Heath Ledger. ¿Sharon Tate? ¿Albert Camus? No sé dónde parar. Hasta dónde debo ver.
La pornografía desmitifica, aburre. (No sé por qué pensé, momentáneamente, en la canción Silver Stallion de Cat Power, que escuchaba en la oficina mientras leía la noticia; me hizo pensar, ahora, en el Italian Stallion, Sylvester Stallone, y en ese corto que vi hace tiempo sobre la porno en la que actuó en su juventud; una jovencita decía: "Vea al Itallian Stallion en acción"). La pornografía acerca sin describir ni revelar. En el video que subí en la entrada anterior, Heidi Julavits habla, entre otras cosas, sobre la fascinación que le provoca la distorsión provocada por las miradas pretendidamente profundas. Acercarse a la pantalla sólo revelará pixeles y ojos bizcos. Hay algo de genial en la acción del, hasta ahora misterioso, millonario. Caray, hay algo de genial en la noticia que, aunque informativa, mantiene todo en las sombras. Otra cosa que apunta Julavits en el video de abajo es la fascinación que provocan esas historias de jovencitas que desaparecen, de vez en cuando. La atención que le dan los medios se desvanece apenas re-aparecen. Y, sobre todo, jamás, nadie, se entera realmente qué fue lo que ocurrió. Hammelin, de nuevo. De existir, el video que registró a Marilyn cogiendo lo único que hace, por ahora, es aumentar la dimensión de la leyenda, como la cantidad acaso ingente de textos que Salinger tiene en su casa y que no serán publicados sino hasta dentro de ve tú a saber cuándo, o como esa maleta llena de relatos que Hemingway jamás pudo reproducir y que, hasta ahora, no se han encontrado. ¿Por qué es mejor mantener esto así? Porque, de otro modo, de encontrar esa maleta sólo encontraremos relatos, tal vez torpes, de juventud. De abrir esa lata con la película encontraremos, no sé, pura mamada.

Heidi Julavits en Google

Monday, April 14, 2008

La llegada de la primavera

Llueve y el hombre que hoy se piensa a sí mismo como un hombre y no como un niño ni como un joven, lo cual es extraño pues normalmente cuando piensa en sí sólo lo hace nombrándose con su nombre propio o bien burlándose un poco, gastándose bromas a sí mismo, pero hoy, hoy no; al menos no se cree capaz de captar la ironía detrás de su llamarse a sí mismo "hombre" pero igual sospecha. El hombre, decíamos, regresa del trabajo en el Metrobús y afuera llueve pero de vez en cuando puede sentir una gota pequeña de agua fría caer sobre la mano con la que sostiene el último libro de cuentos de Quim Monzó, que recién termina. Se titula Mil cretinos. Mira a su rededor. El Metrobús no carga con tanta gente ese día. Hay una ventana mal cerrada. De ahí que entre, de vez en cuando, alguna gota de agua. Cierra el ejemplar y concluye que, como esperaba, aunque los últimos cuentos son buenos en realidad el que más le ha gustado es uno que está más o menos a la mitad y que funciona como núcleo del libro, La llegada de la primavera que trata sobre la vejez y lo que significa esto tanto para quienes envejecen como para quienes observan a los demás envejecer; sobre padres e hijos; sobre la debilidad de la carne. Considera que es el cuento más importante porque retoma fibras tocadas en otro cuento de Monzó, El señor Beneset y también, de algún modo, en La alabanza. Fibras que, por supuesto, afina. Este cuento, además, es de donde se desprende el título del volumen entero.
Se ha tardado en terminar el libro. Tiempo atrás -pero no tanto tiempo atrás, cosa de semanas- hubiera podido sentarse y leerlo de un jalón pero la vida finalmente le ha dado alcance o al menos eso se hace creer. Ahora que lo termina le gustaría prolongar la sensación de haber cumplido con algo. El hombre, aunque joven, aunque capaz de mirarse a sí mismo aún como un niño, se siente cansado.
Probablemente la verdadera razón por la que le gustó La llegada de la primavera sea, primero, la coincidencia de que lee el libro en primavera. De que, como en el cuento, su primavera no es precisamente alegre sino más bien fría y lluviosa. Pero lo que más disfruta es que le ha evocado recuerdos de niñez, especialmente el siguiente párrafo: "En las paredes de la habitación donde dormía él hay todavía restos de aquella pasta azul (¿la llamaban Blu-Tack?) que durante años las ferreterías vendían como el invento ideal para pegar agujeros de las chinchetas. Hasta que se comprobó que quizás no dejaba las paredes llenas de agujeros, pero todavía quedaban más deterioriadas, con grumos azulados que costaba Dios y ayuda quitar. Y si finalmente conseguía quitarlos, se llevaban pegados fragmentos de la última capa de pintura y la pared conservaba para siempre restos de aquel moco azulado".
Recuerda la habitación de un amigo al que ahora frecuenta poco. Los afiches, allí, se pegaban con una plastilina de ese tipo, aunque no azul sino amarilla. Recuerda que conforme pasaron los años no sólo quitó los pósters sino las calcomanías que pegaba a la cabecera de su cuarto -excepto una, testaruda, que era imposible y que era una especie de bumper sticker que llevaba la sentencia: ¡Stop! ¡No más Smog!
En una escuela norteamericana en la que estudió durante un breve lapso de tiempo, el hombre recuerda haber colocado pósters no con tachuelas sino con esa masa amarilla, de adhesivo reciclable. Uno podía saber dónde se habían colocado otros pósters y adivinaba desde antes de colocarlos que, como personas que ya no están ahí, dejarían esas marcas detrás, como las sombras que dejan los cuadros cuando se bajan de los muros, finalmente. Ha estado soñando mucho con terremotos. El libro se lo regalaron cuando cumplió años.

Sunday, April 13, 2008

Dioses babilónicos


De Juan Manuel Morales.
(¡Grrroaar!)

El buen salvaje y el espíritu de la escalera

Maurizio Ferraris, en su Luto y autobiografía tiene la sospecha de que los buenos salvajes devienen escritores por un "mecanismo de suplencia" (algo que el tontín de Derrida, dice Ferraris, ya estudió). Pone, así, como ejemplo a Rousseau, quien: "se siente inadaptado en la sociedad, inerme y desamparado como está frente a la malicia de sus semejantes: lento para hablar, incapaz de respuestas inmediatas, e inteligente sólo en memoria futura. La anécdota del rey de Cerdeña en las Confesiones que, injuriado por un mercante de París, no sabe cómo reaccionar y lo manda al diablo, recuperando sus espíritus sólo cuando, en el camino de regreso, ya está en Lyon, ilustra la mentalidad completa de Juan Jacobo, que toma la decisión de escribir y de esconderse, transformando la necesidad en libre elección (I, 116); la naturaleza es sustituida por la sociedad, y ésta, en el caso de Rousseau, por la escritura, por otras cosas, como por ejemplo, los trabajos femeninos en los cuales, vestido de armenio, se mantiene ocupado en sociedad para evitar tener que esforzar la minverve y entrar también él al juego de la conversación que lo humilla y lo aburre".
¿Escribo porque en la secundaria desarrollé un mecanismo de defensa a fuerza de sarcasmos e ironías que ha conseguido, finalmente, agotarme? ¿Porque me siento inadapatado, inerme, aburrido y desamparado ante la malicia de los demás? ¿Porque cuando los anónimos que leen y visitan y comentan mi blog me dicen cosas mala onda no sé qué hacer? ¡De verdad no sé qué responder así que dejo que pase el tiempo y entonces un día, cuando voy bajando la escalera, doy con la ocurrencia perfecta pero ya es demasiado tarde!
George Constanza girando en u.
Tenía un amigo que hablaba lento y yo me burlaba de él. Después de un rato se justificaba diciendo: "es que pienso más rápido de lo que hablo". Plop.

Saturday, April 12, 2008

El romántico como el último héroe

Bruce Chatwin sobre la sonrisa de una anciana de una tribu de cazadores australianos, los nemadi: "La sonrisa, añadí, era como un mensaje de la Edad de Oro. Me había enseñado a rechazar drásticamente todos los argumentos en favor de la perversidad intrínseca de la naturaleza humana. La idea de regresar a la 'simplicidad original' no me parecía ingenua ni anticientífica ni desconectada de la realidad".
Hoy escuchaba que en la preparatoria UP, aunque no sé desde hace cuánto tiempo (sé que cuando estudié ahí no era así) tienen un salón especial para los alumnos becados en el cuarto y quinto año. A dicho grupo se le llama Grupo F. El argumento para la existencia de este grupo "especial" es que, se espera, estos alumnos becados no se corromperán siendo mezclados con el resto de los alumnos quienes, se entiende, han sido corrompidos por no ganarse por sus propios méritos las mejores calificaciones o una beca, pues van a una escuela privada y en fin, pagan colegiatura y no necesitan la beca ni esforzarse y por tanto son semillas del mal. El grupo F, así, está lleno de una especie de buenos salvajes. Después, son mezclados en sexto de preparatoria, donde, se espera, ya todos se comportan a la altura. Los bonóbonos tienen tanto, aún, por enseñarnos.

Friday, April 11, 2008

Entrada 809

Fui a ver Into The Wild con mi amigo Julián. Regreso a casa y busco trivia en Internet. Leo que la nota que Supertramp coloca en el camión no es la que sale en la película sino la siguiente: "¿S.O.S. I need your help. I am injured, near death, and too weak to hike out of here. I am all alone, this is no joke. In the name of God, please remain to save me. I am out collecting berries close by and shall return this evening. Thank you, Chris McCandless. August?". No tengo tecla enter. Aquí vendría un punto y aparte. Las biografías tienden a mentir. Es necesario mentir en una biografía, al igual que en una autobiografía. Lo exige la historia. Incluso un documental basado en la realidad necesita mentir. Se llama edición. Se llama mensaje. Quizá Supertramp murió bajo el horror animal de la muerte. Nunca sabremos si murió bajo el deseo de belleza que lo condujo a la montaña. Pero es bueno pensarlo. En todo caso, murió una muerte un poco torpe. Aquí vendría otro punto y aparte. Extraño dar clases. Extraño esa tarde en que les expliqué a los alumnos de preparatoria por qué la felicidad no se podía dar en soledad. Cuando uno de ellos cuestionó esto (pues hay muchos "el infierno son los otros" volando por ahí) le pregunté si estaba dispuesto a irse al Ajusco a vivir, con una parcelita, tejiéndose su propia ropa, masturbándose, acaso. Era un adolescente. Sí, estaría dispuesto, dijo. Dioses y bestias, eran mis alumnos. Me viene a la mente -esto también debería ir en un párrafo separado- aquella última escena de Asesino Oculto, también dirigida por Sean Penn. La escena anunciada al inicio: un Jack Nicholson balbuceando a solas, enloquecido, habiendo abandonado todo por su pasión. Alguien, algún día, encontrará todos nuestros blogs, mirará nuestras huellas pisadas a gritos, en esa desesperación por ser únicos, por estar unidos. Como frutos venenosos de un enorme árbol cuyas ramas, unidas, se ramifican y separan en las puntas.

Fragmento de conversación

Con Julián Zárate.

Agarro y digo: "Necesito una mujer".
Y que dice: "Yo también, pero ya no pienso en eso".
Y que lo no escucho, porque está hablando desde otra habitación: "¿Qué?"
Y que grita: "¡Que ya no pienso en eso!"
Agarro y digo: "¿No?"
Contesta: "No, ya soy gay".

Thursday, April 10, 2008

CS8


Pronto. Algo de información, acá.

Sosias

Monterroso
Juan Topo

Wednesday, April 09, 2008

Anécdota

Estábamos sentados en la sala de televisión, mi padre y yo, él leyendo el periódico y yo un libro de Quim Monzó cuando mi padre se empezó a reír. Hasta aquí, todo bien. Las cosas raras empiezan cuando explico que lo que mi padre leía -como, extrañamente, acostumbra ahora- los obituarios. "Querido diario", dije en voz alta, "hoy mi padre estaba leyendo los obituarios cuando empezó a reírse". Explicativo, mi padre me dice: "Mira, lee". Alguien había mandado hacer una esquela en la que lamentaban "la profunda muerte" de un Fulanito.
Profunda muerte, caray.

Sunday, April 06, 2008

Los baños de pureza:

Empuercan el agua, tapan la coladera.

Saturday, April 05, 2008

Dejen les cuento sobre la oficina


Está en el sexto piso. Hay otras personas, en el séptimo, pero no las conozco. Los del sexto piso nos dedicamos a cosas distintas de las que se dedican los del séptimo. Digamos que en el sexto están los pilotos y en el séptimo los del pit, o abajo los remeros en las galeras y arriba los que llevan el ritmo con el tambor. No quiero ser impreciso, como si arriba estuviera el equipo de apoyo o el jefe y abajo los esclavos. A ver. Mejor. Trabajo en una revista. En el séptimo piso se encuentran los de ventas y distribución y todo aquello que es necesario para vender y distribuir la revista y abajo, en el sexto piso, se encuentra la redacción. El sexto piso es como un chorizo largo separado por tres mamparas. El diagrama corresponde a la primera mampara. (Las flechitas llevan hacia la tercera y segunda mampara, que no aparecen detalladas). Las cruces o taches corresponden al lugar donde nos sentamos: la primera, comenzando de arriba en el sentido de las manecillas del reloj, es donde se sienta uno de los becarios, la segunda a mí, la tercera usualmente está desocupada pero hay un día en que los becarios van juntos así que entonces es ocupada por uno de ellos. El circulito ése es un bambú que ya está seco. La cuarta cruz es la que ocupa A. Y la quinta la que ocupa O. La segunda separación de la oficina no está ocupada por nadie -por unos libreros con revistas- y la tercera sección es ocupada por el capitán -si estuviéramos usando metáforas de navíos.
Los que estamos en el espacio diagramado nos sentamos mirando hacia la pared, como en un establo o una cuadrilla. Y trabajamos tiempo completo ante un monitor. No hablamos entre nosotros a no ser por MSN. Esto es divertido. Es un lugar diverto. Sé que pinté con grises el diagrama, pero sólo porque la alfombra del lugar es gris. En serio es muy divertido trabajar ahí. ¡Jaja!Pero también tiene sus cosas. Por ejemplo, ese apartado gris oscuro, que no es parte de la oficina, contiene un misterio (señalado con una "M"). De vez en cuando, mientras trabajamos, desde ese punto de la pared -junto al bambú seco- se escucha como si alguien tecleara en una máquina de escribir.
Pero el ritmo es lentísimo. Se han de escuchar unas veinte tecleadas a lo largo del día, todos los días, a distintas horas del día. Lo noté hace una semana, en mi primer día. Los de la oficina ya estaban acostumbrados y no se veían tan sorprendidos como yo. Existen sospechas. Quizá, pensamos, hay un hombre ahí, encerrado en un cuartito -como Cheever, quien escribía en el cuarto de las calderas del edificio donde vivía. Pero el ritmo es tan lento que es difícil imaginar alguien escribiendo, a no ser que sea un escritor obseso y maniático. Tchunk. Tchunk, se escucha. Después nada, sólo el sonido de nuestros propios teclados, hasta que, finalmente, un renovado Tchunk, suelto al aire. Sostengo la teoría de que no es un escritor emparedado, sino un simio. Quizá es parte de un experimento y quizá haya un simio en cada piso, ¡no lo sé!, pero también está encerrado en un cuartito, amarrado frente a una máquina de escribir y cada que teclea -pues, insisto, es de vez en cuando- un mecanismo dispensador de bananas se activa y come y hasta que quiere más teclea de nuevo. Quizá por cada tecla que teclea aparece una fruta distinta. O quizá con todas, indistintamente, aparecen bananas. Y agua. Y eso es lo que escuchamos, a veces, los de la oficina: mis pendejadas.

Thursday, April 03, 2008

A tono

Así que andábamos entrándole a la comida orgánica, porque de vez en cuando es bueno bajarle a la grasa, sentados afuera, en la sabrosa chorcha. Y no dijimos nada cuando los perros empezaron a ladrar -un labrador chocolate se puso como loco cuando pasó un mastin napolitano enorme- aunque el escándalo era considerable, la posibilidad de que se arrancaran a dar dentelladas existente. El labrador chocolate, que ingeniosa y originalmente se llamaba Moka, era de un par de fodongas que a media tarde regresaban apenas de darle sus vueltitas al parque México, sentadas a una mesa de la nuestra. El sol resplandecía. Puse mi atención en otra parte, apenas se callaron los perros, disculpas breves e insignificantes de sus respectivos dueños de por medio. Se termina la comida. Se inicia la sobre mesa. El clima agradable. Se prende el cigarro. Se toma el café. Se acerca el mesero, con una disculpa. "¿Podría apagar su cigarro?". Yo no fumo. No me lo decían a mí. Pero a mí no me molestaba. "¿Aunque estemos en la terraza?" "Sí, es que se están quejando los clientes". "¿Qué clientes?" "Los de allá". Los de allá eran el par de fodongas, las de los perros. Específicamente, esta morra. Así que mi amiga, pues iba con una amiga, pone esa mirada que a veces pone y apaga su cigarro. Y casi como si estuvieran esperando ese momento, el par se levanta de su mesa, recogen a su pinche perro, y se van, muy campantes, con sus enjarrados pants grises. Y esto sucedió hace meses, pero igual lo guardé en mi cabeza. En aquél momento no le di importancia. Juzgué en silencio. Y nada, que hoy entró en rigor la ley anti-tabaco. Próximamente, ley anti-perros. Más tarde, ley-anti actrices de TvAzteca. Un poco después, ley anti ley anti ley. Finalmente, ley anti posts coyunturales.

Wednesday, April 02, 2008

Monday, March 31, 2008

Paréntesis urbano

(No llevar un cuaderno a la mano ni la oreja parada para anotar las conversaciones o el título de los libros que la gente lee en el Metrobús, llevar, en cambio, una mochila con las cosas que uno lleva innecesariamente a la oficina -entre las cuales se encuentra un cuaderno que no puedes sacar porque el transporte viene lo que se dice hasta el queque- y las orejas tapadas con los audífonos. Sospechas, sin embargo, que las conversaciones no son tan interesantes. Cuentas el número de personas que leen. Frente a ti, una adolescente se esfuerza por leer el periódico, no hay suficiente luz. Orejas tapadas, en todos lados, por audífonos. Un video musical sin música en el monitor que hipnotiza a todos. Poner, aún así, atención a lo que sientes, a los olores, a la precaución de no acercar demasiado el cuerpo al prójimo, las manos apestándose con el metal al que te aferras mientras arranca, mientras frena el autobús y te obliga a buscar equilibrio. Rescatar, aún así, de la memoria aquella chica afónica que escuchaste gritar en el teléfono, pero no en el metrobús sino en el metro, varios metros bajo tierra, "¡no te escucho, no te escucho!", una y otra vez).

Sunday, March 30, 2008

La oficina

Cuando la revista Celeste publicaba el suplemento Celeste Sucks, hace tiempo, apareció en él una compilación de poemas de Mario López Landa, de esos artistas que seguramente les causaría escozor que alguien llamara poemas a sus poemas porque él se percató de que "todos los escritores como que quieren que todos lean sus ideas y que los alaben porque saben poner una palabra tras otra". Así, con ese aire de desenfado y anhelo de pureza, López Landa (autor, creo, de "El muchacho satánico") escribió los siguientes bonitos poemas que se publicaron hace cuatro años.
Integración
enfrente de mi casa
ensayaban una canción
varios empleados
motivados a ganar
en la competencia
peña musical
interdepartamental
de su empresa
Calidad total
cuando trabajaba en una oficina
todos los días
usaba el mismo pantalón
y la misma corbata
nunca nadie lo notó
o al menos nadie me lo dijo
Email
un vato en la oficina
manda un mail a todos
con el subject:
no abrir no es nada
pero todos
lo abren
cada vez que lo manda
Licencia
una vez fui a sacar mi licencia de manejar
las empleadas comían papitas
las tenían dentro de un cajón
en un plato de plástico
con chile y limón
me dieron mi licencia
después de varias horas
Andrea
en el tercer piso
está administración y contabilidad
cada semana
traen nuevos catálogos de zapatos
y varias mujeres bajan al tercer piso
y vuelven con cajas de zapatos
todos son de marca andrea
El siguiente, que transcribo también, no es de tema oficinesco pero me gusta. Se titula Mazatlán: cuatro amigas se fueron a mazatlán / en semana santa / una de ellas / llevó un bote de nutella / todas en el cuarto / quisieron pan con nutella.

Friday, March 28, 2008

A la sombra de un bonito ahuehuete

En su texto Garage Picasso, Concepción Moreno escribe:

Un artista en México (y tal vez en todo el mundo, no lo sé), conoce por fin su verdadera naturaleza cuando la tenebrosa mafia cultural del país lo acepta como uno de ellos. [...] Siempre me resulta sorprendente (y deprimente) la cantidad de jóvenes aspirantes a artistas o intelectuales con los que uno se topa que creen sinceramente que deben ser legitimados por cierto "sistema" [...] entrar a la revista Letras Libres, entrar a la revista La Tempestad [...] para decir abiertamente que son artistas y vivir a la sombra de un bonito ahuehuete llamado el-presupuesto-de-alguien-más (si es el del Estado, qué mejor). ¡Aviesos cazadores de canonjías y galardones!

Hace fresco. El texto completo
acá.

Nueva página de los Libros de Homero

Aquí.

Wednesday, March 26, 2008

"Nacos"

There's only so long you can feel sorry for a person before you come to feel that their affliction is an act of malice committed by them against you.
Margaret Atwood, Lusus Naturae


O estaba deprimido o era realmente patético -en el sentido de que me provocó una pasión- aquél muchacho que, en noviembre del año pasado, vi sentado en una banca de camiones (una desocupada, pues ya no pasaban camiones por esa ruta) con una caja de plástico en sus piernas, abierta, con un montoncito de rollos mal hechos de sushi. En su mano, palillos que no sabía utilizar. Al verlo, extrañamente, no me dieron ganas de abrazarlo ni de decirle que todo estaría bien, sino de soltarme a llorar.

Monday, March 24, 2008

Cabezas

A ver niños. Estaba leyendo Blood Meridian cuando me di cuenta de algo. Hay un pasaje en el que un grupo de americanos, que se dedican a ser muy violentos y muy desapegados y muy malos, entran a un pueblo después de una de sus masacres a los indios que hay por la zona. En el pueblo, cerca de Chihuahua, los reciben alegres porque los han librado de los indios:
The tattered campaigners surged on, some now holding aloft cups that had been pressed upon them, waving to the ladies clustered on the balconies their putrescent hats and elevating the bobbing heads with those strange halflidded looks of ennui into which the freatures had dried, all so hemmed about now by the citizenry that they seemed the vanguard of some raged uprising and heralded before by a pair of drummers one witless and both barefoot and by a trumpeter who marched with one arm raised above his head in a martial gesture and playing the while.
Más tarde:
The severed heads had been raised on poles above the lampstandards where they now contemplated with their caved and pagan eyes the dry hides of their kinsmen and forebears strung across the stone facade of the cathedral and clacking lightly in the wind. Later when the lamps were lit the heads in the soft glare of the uplight assumed the look of tragic masks [...]
Como es de esperarse, cuando se van alguien opina que se encontraban mejor con los indios. Así les fue en el pueblo. De lo que me di cuenta: esa imagen de un grupo marcial que camina triunfante por las calles con cabezas humanas sobre lanzas, ya la había leído en algún otro lado. Ahora, Blood Meridian es un libro de ficción y uno puede imaginar esas cosas casi sin indignación. Con un horror como de película de horror. Con placer, incluso. Con atisbos de belleza, también. Creo, por eso, uno puede imaginar que eleven las cabezas a los balcones, donde las mujeres esperan -aunque, en realidad, por el pasaje uno es incapaz de saber si las mujeres reciben esas extrañas ofrendas con horror o con alegría. Creo que este es uno de los recursos más usados y mejor logrados de McCarthy: mostrar una imagen y dejar fuera su conclusión, digamos, moral. Si uno imagina que las mujeres, en este caso, reciben la ofrenda con gritos y horror, el mundo parece que está bien. Si uno imagina que las mujeres reciben la ofrenda con gritos y alegría, el mundo no parece estar tan bien. Pero McCarthy, fiel a su propia visión gris, no da respuestas en este aspecto. Simplemente hay una ofrenda horrorosa aunque no se le designe como horrorosa. En su lugar pura perplejidad. Pero, de nuevo, esto es ficción. Una escena similar en Memorias de ultratumba de Chateaubriand (en el libro V, hacia el final del capítulo 9):
Llega un grupo de descamisados por una de las bocacalles; en medio del grupo se alzaban dos estandartes que no veíamos bien de lejos. Al acercarse, distinguimos dos cabezas desgreñadas y desfiguradas, que los predecesores de Marat llevaban en la punta de sendas picas: eran las cabezas de los señores Foulon y Bertier. Todo el mundo se retiró de las ventanas, pero yo me quedé. Los asesinos se pararon delante de mí y alargaron las picas hacia mí entre cánticos, mientras daban grandes brincos y saltaban para acercar a mi cara las pálidas efigies. El ojo de una de estas cabezas, salido de su órbita, caía sobre el rostro oscuro del muerto; la pica atravesaba la boca abierta cuyos dientes mordían el hierro: "¡Bandidos! -exclamé yo, lleno de una indignación incontenible-, ¿así es como entendéis vosotros la libertad?" Si hubiera tenido un fusil, habría disparado contra esos miserables como si hubieran sido lobos.
Después de estos eventos de 1789, las posiciones políticas de Chateaubriand cambiarían para siempre, o eso escribió. Francamente, me cuesta trabajo imaginarlo gritando "¡Bandidos!". Pero es su memoria.
Extrañamente, recuerdo con mayor fuerza el horror que me provocó la lectura de un párrafo de El señor de los anillos que leí en secundaria. Quizá David González pueda ayudarme en esto: no sé en qué pasaje de El Señor de los Anillos (aunque estoy casi seguro que es en el tercer libro) hay un momento en que el asedio a una ciudadela incluye catapultas enemigas que en lugar de piedras arrojan las cabezas decapitadas de los soldados muertos en batalla. Y creo recordar la descripción de una de estas cabezas, rodando calle abajo, así como el horror de los familiares al reconocer el rostro del soldado muerto. Pero no siento horror placentero alguno, o no creo haberlo recordado, al leer noticias de cabezas encontradas en hieleras al norte de nuestro país, cuerpos decapitados encontrados en cajuelas. Gente que se queja del olor. El año pasado, en la exposición deprimente del World Press Photo organizada por la CNDH, me detuve largo tiempo a contemplar una de las fotografías -algo sobre la Mara Salvatrucha- donde se mostraba una cabeza humana en una pista de baile. Esto, como diría Foster Wallace, es similar a bajar la velocidad para ver los restos de un accidente de tránsito. La mediación, caray. Nos tiene jodidos.

Wednesday, March 19, 2008

Cierta sabiduría en Paul Valéry

De Monsieur Teste:

"Espero, señor, que valgamos más que todos nuestros pensamientos y que nuestro mayor mérito ante Dios sea haber tratado de detenernos sobre algo más sólido que los balbuceos, aunque sean admirables, de nuestra mente consigo misma".

Friday, March 14, 2008

Un poco de sangre

Mientras me bañaba en la mañana pensé en cómo iba a escribir esta entrada que, por alguna razón, no me había decidido a redactar. No es una razón misteriosa, antes de hacerlo quería terminar de leer Blood Meridian de McCarthy y, sobre todo, Sangre, de Julio Hubard. Cosa que, por supuesto, no he hecho. Ocupado con otras cosas que hice después de bañarme lo olvidé todo y no fue hasta que me senté a esperar a que me atendieran en la peluquería que regresó. Comenzaba, mi idea, con el recuento de algo que me había contado César Albarrán. "Ya está mejor", me dijo cuando le pregunté sobre Rothko, su perro. Aparentemente, mientras lo bañaban y le cortaban el pelo, como se acostumbra hacer con los perros a quienes se aprecia, accidentalmente le cortaron una oreja. De esto César no se enteró hasta que vio la sangre en el piso de su casa. Hubo gritos. Recordando esto, mientras leía Sangre de Hubard, esperando en la peluquería, recordé otra cosa. No sé si simultáneamente o de inmediato: ignoro cómo es que funciona mi muy sanguíneamemte irrigado cerebro (ahora que releo "Hubo gritos", por ejemplo, me viene, pero no sé por qué, a la mente el título de una película que vi hace poco, There will be blood). La otra cosa que recordé fue: una mañana o una tarde de mi infancia en la que acompañé a mi madre a que le cortaran el pelo. El peluquero me hizo una especie de broma. Me contó que accidentalmente, la semana anterior le había cortado un pedazo de oreja a un cliente. "Era un chino", dijo, "e hizo ejercicios de respiración para soportar el dolor". Me lo estaba diciendo, creo, porque enseguida me cortaría el pelo a mí y era su modo de sugerirme quedarme quietecito mientras lo hacía. Más tarde mi madre me dijo que sólo estaba bromeando, cuando le pregunté si aquello era posible, que alguien pudiera mantener la calma a fuerza de respirar.
No tuve la paciencia, así que cerré Sangre y me levanté de la silla donde esperaba a que me cortaran el pelo (había una persona antes de mí) y le dije al peluquero que regresaría por la tarde, cosa que no hice. Me olvidé de todo esto durante la comida. Pero hace rato fui a ver Eastern Promises, de Cronenberg, un director que siempre me recuerda la fragilidad de la carne. Fue entonces, durante la primera escena, que lo recordé todo. Es de noche ahora. No he terminado Sangre. No he terminado Blood Meridian. No era esta la manera en que pensaba escribir sobre esto.

Thursday, March 13, 2008

Enrique G de la G opina

Termino la entrada anterior y con esa prisa que a uno le agarra le doy click a mis links y entro al blog de Letras Libres y leo la nota que escribió el Kiks sobre una película que en realidad es una opinión sobre la literalidad y pienso en Temporada de patos pero sobre todo pienso en Puerto Progreso, allá por Yucatán. Repentinamente todo hace click, aunque no uno de rapidez, como de síncope, sino de orden calmado. Afuera, Refu sigue chillando.
Todo esto, creo, para decir que qué bonito es ese puerto. Que algo de poca literalidad tiene su nombre. Y podría, supongo, llamársele progreso a las McMansiones que están junto a la playa, pero no. Sin duda no.

Novedades editoriales de Libros de Homero

Son dos y hay algo de información acá. Esto merece una fiesta pero mientras sólo hay un blog, el presente, sin mucho de interesenta y mucho de tedioso. Las cosas merecen otras, específicas, pero en cambio obtienen otras, también espefícias que, sin embargo, no concuerdan con lo merecido. Esto, a veces. A menudo, también. De vez en cuando se atina. Y todo parece que funciona. Afuera, Refu llora y camina en rededor de la puerta, olisquea algo. Creo que hay un perro afuera. Espero, también, a un amigo. Viene la semana que es santa. Viene el ocio. Aunque cansado, tengo una sonrisa en la cara. Eso es bueno. Que los Libros de Homero tengan novedades, también. Y así, se acumulan las bondades.

Wednesday, March 12, 2008

Monday, March 10, 2008

Avoidance machines

Tengo ganas de ver Vanishing point, de 1971. Vi el corto en Youtube. Y luego vi el video de Audioslave que ya había visto pero no había entendido la referencia porque yo nunca estoy al tanto de las cosas que pasan y todo esto no lo digo porque acabe de ver Death Proof de Tarantino, cosa que no he hecho -aunque tengo ganas de verla de nuevo- sino porque acabo de leer On The Road (este artículo, no la novela) en The Believer, sobre las "Road Movies" y pensé en una entrada de hace unos días, en la que yo mismo hablaba sobre un viaje en La Paz y la carretera y la chingada y que también, obviamente, me hizo pensar en The Road, de McCarthy.






Este párrafo me hizo pensar en ayer, cuando regresaba con Rodrigo y Karim a la ciudad: "When two people are sitting in a car, they don’t have to look at each other. They don’t have to be interesting or funny or even themselves, because they’re not there for entertainment; they are there to get somewhere else. That’s what makes movement more interesting than staying in place: Road Trips exist outside of reality. Cars are not just memory machines. Cars are avoidance machines".
A estas cosas les he invertido la mayor parte de la mañana.

Sunday, March 09, 2008

1883

Morbosamente le pido a Karim que ponga de nuevo La Isla de los Muertos de Rachmaninoff, de vuelta de Valle de Bravo. Pasan de las siete de la noche mientras, en el asiento trasero, Karim maniobra con el Ipod y en el asiento del copiloto Rodrigo aguanta, pacientemente, el paso de Strauss a mis inquietudes. A nuestras espaldas el cielo enrojece al momento que el sol da sus últimas, patadas de ahogado. Estoy pensando no en Kafka -quien nació en el mismo año en que se pintó la versión de arriba, de La Isla de los Muertos, de Böcklin (a quien yo no conocía porque no soy culto) ni en Nietzsche (acabamos de escuchar, imita Rodrigo con su voz de locutor de la UNAM, Also Spracht Zarathustra) sino en zombies. Al frente, tráfico y montañas oscuras.

Monday, March 03, 2008

Cierta sabiduría en Saul Bellow

Para contrarrestar la sangre unas palabras de una entrevista de 1966 de la Paris Review:
But let us look at one of the dominant ideas of the century, accepted by many modern artists -the idea that humankind has reached a terminal point. We find this terminal assumption in writers like Joyce, Céline, Thomas Mann. In Doktor Faustus politics and art are joined in the destruction of civilization. Now here is an idea, found in some of the greatest novelists of the twentieth century. How good is this idea? Frightful things have happened, but is the apocalyptic interpretation true? The terminations did not fully terminate. Civilization is still here. The prophecies have not been borne out. Novelists are wrong to put an interpretation of history at the base of artistic creation -to speak the "last word."
Me encanta como cierra esa entrevista:
I am quite prepared to admit that being habitual liars and self-deluders, we have a good cause to fear the truth, but I'm not at all ready to stop hoping. There may be some truths that are, after all, our friends in the universe.

Sunday, March 02, 2008

McCarthy

Earl McGraw mata zombies con hachas
En la televisión, antes de salir a San Miguel Octopan, Geronimo: An American Legend (1993). Recordar a mi padre en el cine, cuando la vió, años atrás. Extrañamente, no recordarse a uno mismo viendo esta película con su padre. Pasa media hora y uno debe irse pero quiere quedarse a verla pues la historia lo envuelve. Entonces finalmente animarse a leer Blood Meridian: Or the Evening Redness in the West de McCarthy. Comienza a leerlo en la carreterea y lee más en San Miguel Octopan, rodeado de polvo y gente que alguna vez anduvo a caballo. Pasa el tiempo. Piensa en Owen Wilson, su personaje en The Royal Tenembaums, Eli Cash: autor, pero no genio, de Old Custer. Toma esto con humor. Qué bueno es Blood Meridian, decide pasados unos cinco capítulos. Julio, su primo, a su vez lee The Road. Y ahora piensa que Matt Damon hizo un buen trabajo en All the pretty horses y piensa también en cómo confundió momentáneamente Geronimo con All the pretty horses porque Damon actúa en ambas, y en ambas hay caballos y hombres de pocas palabras. Querer ser un vaquero, ¿es lo mismo que querer ser un buen hombre, una persona prudente? ¿Son las mismas aspiraciones? Botas y comida, preocupaciones sencillas, rudas. De principios sólidos: estos hombres de bigotes. Curiosamente, atrás en el tiempo, recuerda esa tonta pero casi palpable relación que alguna vez hizo su cerebro, entre zombies y vaqueros, y es curioso porque, ahora que ha regresado a su casa en la ciudad, acaba de ver una película de zombies con su primo, Planet Terror, en la que actúa Josh Brolin, quien también actuó en No country for old men. ¡Y todavía más extraño! ¡Recibir una llamada de Rodrigo en el momento en que Brolin está exhumiendo pus para informarle que acaba de ver No country for old men en el cine y que le encantó! Con todo esto, no poder quitarse de encima la imagen de McCarthy en los Óscares, ese padre anciano -y pensar en la escena de Planet Terror en la que muere el hijo de siete años de una de las protagonistas.

Thursday, February 28, 2008

Scorsese

Kant admiraba las estrellas. Yo también, están padres. Pero me impresiona más la manera en que Scorsese habla. Ese ratatatata metrallético.

Spielberg - Shyamalan


Wednesday, February 27, 2008

Sobre un viaje a California de 1769

En noviembre del año pasado viajé a La Paz con David para presentar lo que entonces era el número más reciente de Cuaderno Salmón. Fue como viajar a la gran nada, un recorrido difícil de digerir en su enorme simpleza. David, recuerdo, fracasó en su intento de leer durante ese viaje Las Benévolas y yo en terminar unos cuentos de Lovecraft. En cambio, pudo, recuerdo, leer gran parte de The Road y compartirme del entuasiasmo que aquella lectura le provocó -una sobre la cual se irguió una sombra de Lovecraft- y que a la fecha se mantiene. Ahora me confundo, pues estoy casi seguro que yo leí The Road más tarde, pero tal vez estoy equivocado (recuerdo haber comprado el libro antes, en San Miguel de Allende, como leo acá, una entrada fechada algunos días antes de nuestro viaje); aunque cada vez crece más la certeza en mí, que para el viaje ya tenía esa lectura en mi cabeza y por ello, acaso, muchas cosas de las que vi en los caminos desolados de Baja California me impresionaron a niveles que iban más allá del turístico o desmadroso (un día, recuerdo, después de la presentación, habíamos rentado un Jeep y viajado a Todos Santos, a playas solitarias, y a pueblos habitados por gringos viejos).
good job!

Y fue muy diverto, comimos mariscos, paseamos, tomamos fotos tontas, fuimos a la playa donde me revolcó una ola. Pura alegría. Pero The Road seguía ahí y cada cosa que veía -especialmente esa larga y solitaria carretera que separaba Todos Santos de La Paz- de algún modo me remitía a la novela de McCarthy. Al grado incluso que buscaba señales de ese libro, aunque fueran tan patéticas como algo forzado, un signo de destrucción en un lugar seco e inhóspito (la paciencia de David, recuerdo, y el mucho tiempo que teníamos para matar, permitió que registrara algunas de esas imágenes).

Pero no es de esto sobre lo que quiero hablarles. Como ya había adelantado tangencialmente en la entrada anterior, David me acaba de regalar un libro sobre una expedición que se realizó a California a cargo del astrónomo francés Monsieur Chappe d'Auteroche con el objetivo de registrar el paso de Venus (y no Mercurio, como dije, erróneamente) por el Sol, en junio de 1769. Un libro que yo había visto por primera vez durante aquél viaje pero no quise comprar pues me parecía, no sé, demasiado caprichoso y excéntrico de mi parte. Es un libro difícil, en realidad, que acaso sólo puede interesar a astrónomos o historiadores. Pero a mí me llamó mucho la atención, sobretodo por imágenes como las siguientes, que me recordaban al Codex Seraphinianus:

El libro además está plagado de tablas y catálogos (todo en francés), de esos tiempos en que se pretendía catalogar y leer al universo como si se tratara de una bodega, a fuerza de inventarios. En el muy informativo prólogo de José Gaxiola López se explica que: "Un tránsito ocurre cuando un cuerpo celeste cruza delante de uno más grande y puede observarse desde otro planeta. [...] Los tránsitos de Mercurio son 13 en promedio cada siglo. Es tan pequeño que se necesitan aparatos para observarlo y dura menos tiempo. Los tránsitos de Venus son más raros, más espectaculares. [...] La imagen de Venus en el Sol es lo bastante grande para ser observada a simple vista. El disco de Venus tendrá un diametro de 1/32 (3.125 por ciento) del plato del Sol. La primera cosa que se notará al observar el Sol con un telescopio equipado (con filtro de hidrógeno-alfa) es que el disco solar parece ligeramente más oscuro en los bordes. [...] Venus aparece como un pequeño círculo negro en el disco del Sol, parece adherirse a él como una gota de agua negra sucia de un grifo que se escurre por un limpio y blanco plato. A la mitad del trayecto de repente la conexión se rompe, Venus se resiste un poco, toma distancia para no ser otra mancha, otro grano solar. El mismo efecto del inicio ocurre cuando Venus termina el tránsito. Los primeros observadores religriosos cristianizaron este fenómeno como la "lágrima negra"".

Adoro las metáforas científicas. Buscando imágenes para esta entrada, vía Google, escribí "lágrima negra" y "Venus" en el buscador. Sólo encontré pura cosa emo y pornografía. La pura risa, caray. En fin, lamento un poco que mi memoria me haya jugado una mala pasada y que haya sido Venus y no Mercurio, el planeta en cuestión, en tránsito, pues en mi cabeza ya tenía pensada una entrada, para este su blog ingenioso, muy jocosa que tenía que ver con un gato, este Mercurio -acabo de leer un texto de su dueña, Elizabeth Flores, que me entusiasmó- pero bueno, uno hace planes y la memoria los deshace. Finalmente, un dato interesante: "En los últimos 4 mil años ha habido 53 tránsitos de Venus. No hay registros históricos de ellos, pero se sabe que en 1518 un pasaje de Venus tuvo lugar por la planicie central de México. Moctezuma interpretó este fenómeno como de mal agüero". Ah que el mal agüero y esa tendencia milenaria de siempre esperar lo peor.

Sunday, February 24, 2008

Comienzo hablando sobre unos regalos y luego sobre un texto de Zagal

David Miklos me regaló un libro que alguna vez quise comprar durante un viaje que hicimos pero no compré porque era un capricho, un recuento que se hizo en el siglo XVIII de una expedición francesa en nuestro país para observar el paso de Mercurio por el Sol. Hablaré más de eso en otra actualización. Óscar Benassini me regaló la versión facsimilar de los siete números que aparecieron de S.NOB. Recibí estos regalos el mismo día a distintas horas, por una casualidad, no esperaba ninguno de los dos y fui muy feliz. Lo que sí esperaba un poco, porque se los pedí, fueron unos libros que me trajo mi hermana de NY, Blood Meridian, House of Leaves y One Hundred and Forty Five Stories in a Small Box. También me trajo una figurita del pitufo filósofo porque con ella, me dijo, se acordó de mí y yo me acordé de otras cosas de las que no hablaré ahora. Cambio de tema.
Hace rato vi a Cormac McCarthy en la televisión, durante la ceremonia de los Óscares. Creo que llevaba a su hijo con él. Mientras veía eso leía en diagonal un texto que publicó mi amigo Héctor Zagal en el suplemento cultural del Reforma, El Ángel de este domingo, Michel Houellebecq: Pornografía conservadora. Lo leí así, con un ojo en la tele y otro en el periódico, pues al iniciarlo me di cuenta de que de algún modo ya había leído ese texto o ya lo había platicado, al menos, con Héctor. Le he escuchado esta opinión más de una vez: "El éxito de Michel Houellebecq procede de su capacidad de poner en prosa los lugares comunes de la divulgación filosófica [...] la clave de su éxito radica en aprovechar sus conocimientos de bachillerato. Pocas cosas son de tanta utilidad para un escritor como los estudios de preparatoria o de liceo. En este sentido, lo que escribe Houellebecq se antoja fácil para el profesional de las humanidades, pues todos hemos repetido alguna de esas ideas en el aula de clases".
Exactamente qué quiere decir Héctor con "profesional de las humanidades", lo ignoro. Por mi parte debo decir que escribir como Houellebecq no se me antoja fácil. Creo que no hay cosa más difícil que escribir con sencillez. Por lo demás, dudo que el éxito de Houellebecq se cifre en su capacidad de traducir teorías filosóficas a un lenguaje más atractivo (creo que, al contrario, Houellebecq se caracteriza por su capacidad para podar sus textos narrativos de algo que podría ser considerado un "estilo", otorgándole a sus historias esa impresión de luz mortecina; sus ensayos, por otro lado, sí que están plagados de ese estilo socarrón del hombre ingeniosito). El éxito de Houellebecq reside en otra cosa: una buena maquinaria editorial, una capacidad de algunos cuantos para hacerlo una figura pública. Houellebecq no es un autor divulgativo. Y aunque no es el mejor escritor vivo o uno cuya obra vaya a sobrevivir entera, creo que merece una lectura que vaya más allá de su éxito. Sé que Héctor no es un crítico literario y yo no seré el valiente que le exija a alguien leer literatura exclusivamente desde la literatura, pero aquí viene el pero principal: creo que la valía de un escritor no puede medirse por su éxito -el mejor escritor sencillamente sería quien posee al mejor agente literario- y me pregunto si el texto de Héctor me dejó un mal sabor de boca sólo por esto. Pues de algún modo también responde a la búsqueda por un know how, como las historias que le encantan a otro amigo mío, Alejandro Vázquez, sobre esas personas que se hicieron ricos de la noche a la mañana. Héctor creo que no habla sobre un autor de literatura, en este texto, sino sobre las recetas que pueden llevarnos al "éxito": "Houellebecq supo situarse en la narrativa occidental recurriendo al conservadurismo y a la literatura moral. La receta no es nueva. Ahí está el Marqués de Sade. Pero a nadie se le había ocurrido hacerlo en forma de best seller en el París del siglo XX". ¿Se sitúa uno en la narrativa occidental como se sitúa uno en una empresa?
Hay una segunda tesis en el texto de Zagal: "A sus 50 años [Houellebecq] es un novelista exitoso. Sus ensayos, en cambio, sobresalen menos. El mundo como supermercado (1998), por ejemplo, es más sugerente que brillante. Es lógico. Los ensayistas juegan con reglas más rígidas. En la medida en que Houellebecq se acerca al mundo académico, pierde fuerza. Se convierte en un amateur".
Veamos. ¿Los ensayistas juegan con reglas más rígidas? ¿Que las de quiénes? ¿Que las de los novelistas? ¿De qué tipo de ensayo habla Zagal? No habla del ensayo literario, me imagino. Y creo que con rigidez quiere decir algo así como rigurosidad -¿académica, tal vez? Sea lo que quiere decir, en algo estoy en desacuerdo: considero a Houellebecq un ensayista mucho mejor de lo que es narrador. De sus ejercicios narrativos creo que sólo son rescatables dos de sus novelas: Ampliación del campo de batalla y Las partículas elementales. Pero su mejor libro es el ensayo Lovecraft: Contra el mundo, contra la vida. En efecto, El mundo como supermercado (una colección de artículos, entrevistas y reseñas) es "sugerente" y no "brillante". Pero la faceta de ensayista que mostró con Lovecraft..., su primer libro, no ha sido eclipsada por su narrativa, hasta ahora. Estoy de acuerdo con Zagal en algo. Houellebecq "se suma a una larga lista de lectores de Sade, de Lovecraft, de Céline". No creo, sin embargo, que esto sea algo necesariamente negativo -como quiere hacerlo ver Zagal en su texto. Incluso no veo cómo esto es una crítica. Seguramente Houellebecq es un lector mucho mejor de lo que es escritor. Sus apuntes sobre Lovecraft no hablan sólo de su lectura sino del modo en que Lovecraft de algún modo cambió a Houellebecq mismo (uno puede ver por qué posee una afinidad especial por este autor; ambos son igualmente racistas y materialistas y ambos, a su modo, lidian con un tipo de horror muy a la mano). Houellebecq invita humildemente, por su propia lectura, a leer a un autor a quien considera superior. Sin duda la lectura de Houellebecq es la de un amateur, como se hace ver por las notas que hizo Dorna Khazeni a la traducción que realizó para la edición de The Believer Books (Houellebecq a menudo "cita" pasajes que no están en los textos de Lovecraft). ¿Pero no son así las mejores lecturas, las que se hacen con la carne y no con la cabeza?

Friday, February 22, 2008

Thursday, February 21, 2008

Encargo de una u ocho cosas que hacer antes de morir

Primero, pues es lo que me viene a la mente, ser feliz. Segundo, pensado mejor de manera que sea más específico, cruzar a Refu con un perro decente. Tercero, leer más de lo que he leído hasta ahora. Cuarto, hacer feliz a mi mujer, de tenerla. Quinto, hacer felices a mis hijos, de tenerlos. Sexto, escribir más de lo que he escrito hasta ahora. Séptimo, estar finalmente en paz. Octavo, ordernar estas siete cosas de manera que se acoplen a una jerarquía justa de valores.

Bañar a mi perra Refu

Es un despropósito.

Wednesday, February 20, 2008

Lo que iba a escribir

Pensaba poner una imagen de Bolaño y un enlace a la entrada del blog de Iván Thays en la que se habla sobre cómo fue que prohibieron que un reo de una cárcel de Texas leyera Los detectives salvajes pues se considera una novela que incita a las relaciones homosexuales. El blog de Thays a su vez pone un enlace a la fuente original donde se redacta la historia completa -incluyendo el ingenioso contraargumento de "las novelas no provocan homosexualidad, las cárceles lo hacen". Después iba a poner el pasaje del que se habla y señalaría una imprecisión -pues en el documento de la cárcel en el que se señalan las razones por las que esa novela no es aceptada como una lectura apropiada se hace referencia al pasaje donde se mide un pene con un cuchillo y hay una escena explícita de sexo oral (heterosexual) y no al encuentro homosexual, casi pornográfico, de uno de los personajes del libro- y también, un poco para llenar espacio, iba a poner el discurso de 2666 donde el narrador se imagina o cuenta el modo en que dos reos, ambos feísimos, se enamoran en la cárcel pero terminan asesinándose. Iba a escribir también sobre la relación entre moral y arte, entre el poder que tiene un estado sobre sus habitantes, sobre las sociedades cerradas, sobre las libertades que tiene o no un hombre en "rehabilitación social", sobre la idea de que la homosexualidad pueda ser un vicio, sobre la pregunta que arrojó alguna vez Bolaño sobre quién sería el valiente que le diría a un hombre condenado a morir qué es lo que debe leer. Sobre la Biblia iba a escribir también, un libro que seguramente se permite leer en la cárcel, a pesar de sus múltiples escenas violentas. Iba a escribir "Sodoma", con sarcasmo. También iba a escribir sobre la disposición a actuar de un modo u otro en la que nos colocan ciertas imágenes -pues es algo que acabo recién de volver a escuchar en una clase. Iba a darle vueltas al silogismo poético y al final iba a escribir una conclusión por la cual yo abogaría, que defendería si se pusiera en duda, pero todo esto lo iba a hacer ayer, cuando tenía ganas. La tangente, por ahora.

Monday, February 18, 2008

Carajo

La semana pasada hacía ejercicio en el gimnasio, aquí en mi casa -ya saben, cerca de las caballerizas. Y estaba escuchando a los Yeah Yeah Yeah's cuando giré la cabeza hacia la mesa de ping-pong que está junto a la máquina sobre la que me ejercitaba. Ahí vi un par de litografías o reproducciones de obras que meses, muchos meses atrás le había regalado a una de mis hermanas su novio. Se reproducía la imagen de arriba. En ese momento yo no sabía que se trataba de una pintura de Leonardo da Vinci, eso lo acabo de ver en la red. Pero sí recuerdo haber pensado que podría hacer una convergencia con esa imagen, en la que apareciera, no sé, algo que rimara con lo de abajo. Pero también pensé: bueno, estás siendo ingeniosito. Porque en realidad las poses no se parecen, sólo, digamos, el fenómeno. Y lo olvidé, lo dejé pasar. Hoy, hace unos minutos, vi que una chica que se llama Jamie Johansson mandó ambas imágenes a McSweeneys, donde aparecieron en el The Convergences Contest. Sentí envidia loca, de esa que a uno lo llena también de un orgullo injustificado. Extrañamente, por la tarde vi a una señora en la calle, ya entrada en años y kilitos, parada en una esquina, esperando a que el semáforo le diera el siga. Usaba un collarín, de los tiesos, y arrastraba a los chihuahueños en correa. Uno de ellos llevaba una venda enorme en una de sus orejas. Me pregunté si la señora habría chocado y si llevaba a su perrillo cuando lo hizo. Ah, qué animalitos tan curiosos.

Viajar en primera clase--

--es un lujo innecesario.

Sunday, February 17, 2008

Fin de semana

Regreso de la casa de campo donde no vi el campo, la pasé encerrado leyendo. Los Miserables y un libro de José Ingenieros, El hombre mediocre. Escribí un poco en mi cuaderno y escuché un par de discos de Cat Power, obsesivamente. A veces veía por la ventana, gente pasaba en bicicletas por el empedrado, una pareja de ancianos se acompañaba en una caminata, bastones en la mano. La cabeza me dolió en algún momento y comí boquerones, aunque estos hechos no están relacionados. Comí otras cosas, también. El sol resplandecía, sábado y domingo. Cuando, por la noche del sábado, salí al jardín para cerrar la bomba de agua que irriga el césped vi por un claro que se hace entre los pinos las estrellas. Es difícil compartir las veces que uno se permite ver las estrellas y reflexiona, como si fuéramos importantes. Pensé en un pasaje de 2666. Escuchar la noche, sentir el frío. Llevaba una lámpara de mano conmigo e iluminaba las copas de árboles, aquí sí, aquí no, como si estuviera buscando algo. Regresé a casa y seguí un rato más a Jean Valjean. Luego, a dormir. Luego, el domigo. Ahora, la ciudad. Después sigo.

Algunos roedores.





(Uno de ellos atropellado).

Thursday, February 14, 2008

Nuestro héroe se percata de algo

Como en otras aventuras, nuestro héroe se plantea ponerse los mismos pantalones que usó el día anterior. No han pasado suficientes días como para que considere usar otros, pero sí las suficientes cosas como para hacerlo. Es decir, convivió con fumadores durante la noche anterior. Así que los pantalones huelen a cigarro. Los acerca a su nariz, huele y piensa momentáneamente en el Blog Más Aburrido del Mundo.

Las aventuras megalómanas de Hitlercito



Semanalmente, aquí.

Wednesday, February 13, 2008

El olor dulzón de la diarrea

Opina Óscar Benassini: "yo te envidio, escribes y escribes como si cagaras. Pero como si esa mierda oliera bonito y fuera, digamos, amarilla".

Mi cabeza

Estaba mi cabeza sobre mi cuello, frente al espejo de la peluquería, cuando entró un italiano a que le cortaran el pelo. El peluquero principal, dueño del local y patrón del resto de los peluqueros, lo atendió y comenzó a platicar con él en italiano, en voz alta, fuerte. Yo estaba leyendo una revista, en silencio, como acostumbro. Pero me distraje, como pasa a menudo. Yo conocía ya a este italiano, se trataba del dueño de una tienda que antes ocupaba el local contiguo a la peluquería. Era un sastre y vendía trajes. Todos muy caros, hasta donde recordaba. Telas italianas. Mi padre es cliente suyo. Y entonces me puse a pensar en En la melancolía de los sastres de Lamb y lo poco melancólico que se veía este sastre italiano. Repentinamente, como si fuera mi cabeza, pero en realidad era la realidad, escuché que a lo lejos se escuchaba la música de El Padrino de Francis Ford Coppola y pensé en la condición que había puesto Coppola para dirigir aquella película -sólo lo haría, había dicho, si se mantenía un tono en el que los italianos no salieran caricaturizados. Pensé en la dificultad de hacer esto. En la caricatura. En esto iban mis pensamientos cuando me vi al espejo y por un momento pensé en el Príncipe Valiente, la tira que salía en el Excélsior cuando yo era niño. Supongo que todavía sale.

Nunca la leí. Me daba mucha pereza y la historia se me complicaba, había un constante continuará que me desconcertaba. Pensé, de nuevo, en la palabra caricatura y en una de la que sí era asiduo y que a su modo era la versión güera, futurística y llena de esteroides de este Príncipe Valiente:

Supongo que en este punto pude haber permitido que mi mente se fuera a los recovecos más alejados de mi infancia, o de cierta parte de mi infancia, pero entonces me di cuenta de que estaba pensando todo esto por una cosa que había dicho Javier Bardem sobre el corte de pelo que los Coen habían elegido para No country for old men, algo que iba en las líneas de "por culpa de este corte ya no cogeré en mucho tiempo", algo gracioso y que leí no recuerdo dónde, quizá en IMDB o en una entrevista. Sobre todo quizá por otra cosa que recordé, en la que los Coen habían bautizado, precisamente, este corte como corte de príncipe valiente.

Y ya, eso es más o menos todo lo que pasó en aquél momento, por mi cabeza. Fin del post.

Monday, February 11, 2008

Convergencia de National Geographic

Leía un artículo sobre la basura en el número de enero de la National Geographic. Específicamente, la producida por computadoras o televisores obsoletos. Se titula High-Tech Trash y está escrito por Chris Carroll. Está bueno. Un poco como si los tiempos de Mad Max nos hubieran alcanzado, o al menos a la gente que vive en Ghana o Pakistán. En fin, el texto está ilustrado con fotografías de Peter Essick, como la siguiente.

El pie de página, por si no alcanzan a leerlo, dice: "In Karachi, Pakistan, Salman Aziz, 11, harvests bits of metal from computer mice. As the volume of electronic waste continues to grow worlwide, so does the need for humane and enviromentally sound ways to recycle the wealth of raw materials inside it". No sólo fue la imagen sino la palabra harvest que me hizo pensar en imágenes parecidas que he visto en la televisión o en panfletos turísticos, en los que, en una playa de agua azul turquesa un niño, moreno y pelo rizado sobre el que perlas de agua salina descansan, se zambulle al mar para conseguir ostras. Regresa, la abre con un cuchillo y se la entrega al bondadoso turista para que éste pueda chupar el molusco directamente de la concha. Delicioso.