Saturday, May 24, 2008

Pedir pizza, pensar en Indiana Jones

Desde la mañana pensaba escribir algo sobre la nueva película de Indiana Jones que vi anoche. Llevo todo el día, sin embargo, evitando esto. Creo que anoche discutí y agoté el tema en compañía de los amigos con quienes la vi. Incluso las bromas sobre el ñoñismo de ver y disfrutar la nueva película de Indiana Jones fue tocado. Anotemos por ahora que: soy fan. Y que llevo años esperando ver esa película. Y que pensaba escribir sobre cómo es que la historia es una mezlca de dos libros de Tintín, Tintín y El Templo del Sol (ubicada, por supuesto, en el Perú) y Tintín y Vuelo 714 para Sidney.

Así que ahora estoy aquí, en casa, encerrado como gordo, comiendo de una pizza que pedí hace rato por teléfono, como gordo gringo, pensando en lo que no he escrito pero ya dije sobre Indiana Jones. Y pienso en su sombrero, en su látigo, en el rostro estoico e irónico que usa Harrison Ford. Pienso en los cómics pulp y en las Astonishing Stories y en una nota que leí no hace mucho sobre un subgénero de los cómics pulp que trataban, en su mayoría, de hombres que -pero no, es agotador escribir sobre esto. Así que me siento, dejo de comer pizza, escucho música y bebo coca cola mientras afuera otros jóvenes de mi edad bailan y ríen y quizá no fumen pero probablemente están, pues, ahí afuera, divirtiéndose, mientras, feliz y contento, me siento a toser y a comer pizza y a beber coca cola y a pensar en Indiana Jones.

Friday, May 23, 2008

Texto de actualidad

Anoche vi que entre las lecturas del baño de un amigo -yo meaba, él platicaba con otro cuate en la sala- estaba Una temporada en el infierno de Rimbaud. Le di un vistazo y vi que mi amigo había subrayado una línea que hablaba sobre la desesperación experimentada ante el imperio de la idiotez. Unas horas antes, en la oficina, le había preguntado a Abel y a Óscar si alguno de ellos estaba leyendo ese libro de Rimbaud. No, me dijeron. La cosa es: una semana antes, en el mismo baño, había visto el mismo libro pero conseguí olvidar dónde y quién lo estaba leyendo. Comienzo a olvidar cosas y a emocionarme por esas pequeñas certezas, cuando las descubro: Ah, era mi amigo tal y no mi amigo tal quien estaba leyendo a Rimbaud, me digo, me emociono. Así que al salir del baño, injustificadamente alegre -con un momento Eureka- le dije a mi amigo -quien, recuerden, también lleva su vida, quien también está cansado del trabajo (más que yo, considerablemente)- que era él quien leía a Rimbaud. La paciencia de los amigos: es algo en lo que uno puede confiar.
"Ese libro", me dijo, "es la gran cosa". De Rimbaud lo único que sé viene de Pierre Michon. Debo haber leído algún poema, en algún lugar. No es algo que tenga presente, debo decir. Excepto, acaso, por su peso histórico, esa solemnidad de la literatura encarnada. La tentación de tener ídolos: de saber que hay cosas que permanecen. Ese mismo día le había preguntado, como ya dije, a los de la oficina por Rimbaud pues estaba leyendo una nota en Internet sobre un texto no inédito pero sí que se había considerado perdido durante unos 135 años. De Rimbaud. (Dejaré de decir Rimbaud). Lo encontró Patrick Taliercio, un cineasta que prepara un documental sobre la obra del poeta, según leí. Durante su investigación documental, en Charleville (la ciudad natal del poeta) compró un monton de periódicos, Le Progrès des Ardennes, en una librería de viejo. El librero no había dado con el texto pues no había reconocido el pseudónimo con el que firmó el poeta: sabía, además, que eran de poco interés, los periódicos. Y hay más, una anécdota de cómo el librero había comprado los periódicos a un señor que los traía a montones en la cajuela de su auto, y en fin, todo eso, la sensación de marginalia y de cosas minúsculas pero importantes, o quizá importantes porque fueron pasadas por alto, me entusiasma tanto como me desagrada: la sensación de arrojar luz sobre todo por un espíritu casi avaricioso, de tenerlo todo, conocerlo todo, saberlo todo, esfuerzo bobo.
Quizá me impresiona por la cantidad de notas que hay, de este tipo: se descubre inédito de tal figura, se exhiben inéditos de esta otra, se encontró una maleta llena de manuscritos, se deciden a publicar tal cosa contra el deseo del autor, ya muerto. Esas bibliotecas ocultas, en los medios, me recuerdan a los niños que desaparecen en oleadas y que son encontrados para, ¿para qué precisamente? Para hacer noticia, llenar la plana. ¿Cuándo leeré yo el texto que Rimbaud escribió bajo pseudónimo y que fue descubierto en un periódico amarillento en una librería de viejo de Charleville? El sueño de Bismark, que es como se titula el texto encontrado, es un texto periodístico. Según el periódico El País, donde leí la nota ayer o ante ayer, hace siglos, Rimbaud mandaba poemas al periódico que no le publicaban pues el editor le exigía, en su lugar: "artículos de actualidad con utilidad inmediata".
Hoy en el Parque España, camino al trabajo, no vi al gordo, ni al perro salchicha, sino a una conductora que, micrófono en mano, hablaba ante una cámara, montada en una bicicleta, casco en la cabeza, toda sonrisas.

Wednesday, May 21, 2008

Décimo aniversario de La Tempestad


Pronto deberían poder comprarla. Y leerla. Caray, diez años.

No sabiendo qué subir

Recordemos a Kafka: "Los látigos con que nos hemos azotado mutuamente han echado buenos nudos en estos años".

Sunday, May 18, 2008

Atisbos de sabiduría en David González

-¿Pero cómo los distingues?, le pregunto.
-Es fácil, contesta, si huele a limón es detergente de baño o vajilla, si huele a naranja es para el piso.

Saturday, May 17, 2008

Varias cosas

No es que trate de algo, el presente texto, pero igual estoy aquí, tratando de darle sentido. Tendrán que disculparme. Es verdad que gira en torno a algo, al mono de la historia que inventamos en la oficina para explicar el ruido que en ocasiones viene de la pared y que, aunque sabemos se trata de un calentador de agua, emula el sonido de una máquina de escribir. Pero quizá no se trate de ese mono en particular, sino que de ese mono, de sus monadas, es de donde emanan las palabras. La necedad de escribir para no aburrirse. Llueve, afuera. El presente texto viene también del recuerdo de una canción que escuchaba el otro día y que es parte de la banda sonora de una película que vi hace más de un mes, Juno. Una canción en la que, con una voz dulce y suave, una mujer canta: "The monkey on your back is the latest trend". Unos amigos opinan que esa expresión, que ya habían escuchado -"the monkey on your back"- hace referencia no a varios problemas con los que uno carga, sino a un vicio de la mente que consiste en sospechar de todo. Mis amigos a esto le llaman "el mico". A la vez, el otro día, investigando para un textito, me topé con la imagen de arriba, de una serie de pinturas realizadas por el colectivo The Royal Art Lodge. Se lee: "Algunas veces cuando has estado solo durante mucho tiempo tu mente crea un amigo". Pero quizá ese amigo con el que uno carga, siniestro y oscuro, no es una buena compañía. Total que lo que quiero decir es que sería bueno que en lugar de estar aquí, dándole a la escritura, saliera de una buena vez por mi hermana que me está esperando y recogerla y en fin, platicarle y hacerla reír pero ya una vez que entro en ritmo, pues es difícil porque es placentero. Supongo que esto está mal pero--

Friday, May 16, 2008

Replicante #15

La Replicante #15 ya debería estar a la venta. Este número está dedicado, como pueden ver, a la fotografía. Entre los datos interesantes destaquemos este: este número es el primer medio impreso que publica una de las tiras cómicas de Alejandro Cavallazi y Alejandro Vázquez, quienes ahora se la dan de moneros. Lo cual es fantástico. Se les da.
Y que la obvia convergencia:
(Como leerán en el crédito de la fotografía de la portada de Replicante, el señor que baila es el padre de Rogelio Villareal, y la otra persona es Narda quien entonces, me cuenta Rogelio, rondaba por el Bar Nueve, a mediados de los ochentas -el padre de Rogelio, dice Rogelio, se negaba a creer que Narda era, en realidad, Nardo; abajo Marilyn y Capote quienes se negaban a creer que todo terminaría. Todo.)

Tuesday, May 13, 2008

Árbol de la sabiduría

Leía un cuento en una McSweeneys de hace unos dos años. En el Metrobús, para mayores informes. Se titula God and the coconuts y fue escrito por Sarah Raymont. En la sección de colaboradores de ese número particular de McSweeneys que leía se informa "Sara Raymont lives in New York". Nada más. Y en una parte específica del cuento, que trata sobre un hombre al que Dios le da una isla para que haga uso de ella en el modo en que quiera, siempre y cuando no coma cocos de una palmera que Dios designó, el personaje se enfrenta a Dios y le lanza un simpático discursillo sobre esa manía que tiene Dios por el juego de la tentación y de por qué carambas no hace las cosas más fáciles e impide cosas más sencillas como "Aléjate de la Planta Termonuclear", el tipo de lugares a los que uno seguramente no se acercaría, ni sentiría deseos de acercarse.
Cuando lo leí, en la mañana, en el Metrobús, me pareció eso, simpático el cuento. Pero más tarde pensé que era precisamente de lugares como plantas termonucleares de donde el hombre, a lo largo de la historia, no puede alejarse. Ese afán loco que tenemos por conocer. Y recordé una noticia de hace unas semanas, que leí en el periódico, sobre dos científicos hawaianos (Wagner y Sancho, lo juro) que habían puesto una demanda contra un grupo de científicos no hawaianos sino europeos, bajo los argumentos de que los experimentos que planeaban realizar en el CERN (European Center for Nuclear Research) podría, ayayay, acabar no sólo con la raza humana, ni con el mundo sino, ayayaya, ¡con el universo entero! Por supuesto que Wagner y Sancho -y cómo no iba a pasar con esos nombres- ya han sido desacreditados por gran parte de la comunidad científica. Pero uno no deja de pensar: ¿qué tal que en una de esas el acelerador de partículas gigante que se construyó para el experimento y para investigar, según recuerdo, cosas sobre la antimateria crea, caray, un hoyo negro? Yo no soy quién, la verdad, para negarle la razón a Wagner y a Sancho ni para aceptar con confianza que los chicos de la CERN saben lo que están haciendo porque, según entiendo, están precisamente haciendo esas cosas porque realmente no saben lo que están haciendo y quieren saber qué es lo que están haciendo experimentando con las fibras mismas de la materia. Y está bien, caray, que le entren y le experimenten, ¿pero cuándo es suficiente? ¿Qué tanto experimento se necesita en esta bonita vida? ¿Para qué, digo yo? ¿Tendrán estas investigaciones impactos directos y bondadosos en nuestras vidas? ¿No debería ser, hoy por hoy, el utilitarismo el principio básico para la investigación científica? No, dicen los ilustrados. Puede ser que el mundo tenga verdades enormes y nefastas para la humanidad, pero también puede ser que encierre verdades enormes y generosas para la humanidad. Temerosos u osados. ¿Pero cuando existe la posibilidad de, por experimentar, llevarse el universo al traste, vale la pena la apuesta? Probablemente. En fin, un miedo más. Aquella nota, de hace semanas, acá.

Sunday, May 11, 2008

Los pájaros (1963)



No la había visto completa hasta hoy. Es muy bonita.

Friday, May 09, 2008

Perder a los hijos para que se conviertan en algo horrible

En Ignoro cómo llegué con "esta mujer" a esta amplia y luminosa habitación, Walser relata, hacia el final, la horrible fábula que contiene los temores de muchas madres:
"En cierta ocasión leí un relato que comenzaba con las siguientes palabras: 'Una beldad perdió a su hijo'. Ella había salido a pasear con él por el jardín cuando de pronto irrumpió gente desde los arbustos de la que su razón la indujo a pensar que eran gentes que sólo ansiaban su propio beneficio. La visión del grupo, que a buen seguro abrigaba intenciones egoístas, le provocó un desmayo. Cuando recobró el conocimiento no acertó a discernir cuánto tiempo había permanecido allí tirada. Su hijo había desaparecido. Nunca volvió a saber nada de él, que con el tiempo se convirtió en un intelectual de primer orden".
¡La desesperación, el horror!

Thursday, May 08, 2008

La vida normal desaparece

Por la tarde leo una nota en la que se habla de una nota escrita por Elfriede Jelinek sobre un crimen cometido dentro de una familia y que ha sido cubierta hasta la saciedad por los medios, tanto la nota de Jelinek como la nota del hombre que mantuvo a su hija, y a sus hijos-nietos, atrapados en su hogar durante años, en Amstetten, Austria. Hasta el momento no he podido leer el texto de Jelinek: fuera de mencionar que se escribe desde una perspectiva feminista (en la que "hilvana pensamientos a partir del suceso") los periódicos donde he leído la nota, electrónicos e impresos, no la traducen del alemán, así que se limitan a ofrecernos palabras clave como "feminista", precisamente, o bien "fantasías masculinas", así como "Amstetten", "La casa del dolor", "Padre-Abuelo-Dios", "Incesto", etcétera. Hasta hace unos días yo nunca había escuchado hablar de Amstetten.
Por la noche veo Capote (2005, con Philip Seymour Hoffman). Mientras la veo, imagino a Jelinek recortando la nota sobre Josef Fritzl del periódico, decidiendo que quiere escribir sobre esto, sus tijeras plateadas rozando el periódico. Un tema coyuntural encontrado por un escritor de renombre. Más tarde, cuando veo la escena en la que Capote se decide finalmente a volver a ver a Smith y a Hickock, justo antes de la ejecución de ambos, mi mente se demora sobre el intercambio entre Hickock quien le informa a un perturbado Capote que ha decidido entregar sus ojos a la ciencia. "¿No sería increíble que un día estuvieras caminando por la calle y te encontraras con estos mismos ojos?", le pregunta en la película. "Sí", contesta Capote, "sería algo increíble". Al demorarme en esto pienso en un cuate de la oficina que me cuenta que no pudo terminar de ver Gone Baby Gone, ayer por la noche -pues tenía otras cosas que hacer-. Y a la vez pienso en un video de YouTube que subí hace poco al blog, donde Heidi Julavits habla sobre "esas historas" y "esas temporadas" en las que los medios se concentran con una fuerza inaudita sobre niñas y niños que han desaparecido. Las historias, decía Julavits, aparecen y desaparecen como estas criaturas. Apenas deja de ser de interés general -ya sea con una búsqueda en la que finalmente alguien claudica o con la aparición, sin más, del infante- se olvida y nadie sabe realmente nunca qué fue precisamente lo que ocurrió. Qué buena película es Gone Baby Gone, carajo.
Ahora que la veo por tercera vez, Capote concluye igual que antes: con un Capote reflexivo, mirando por la ventana, al día siguiente, se asume, de que observó la ejecución de Smith. "Una experiencia horrible", informa por el teléfono. Recuerdo ahora aquella vez que, también a través de YouTube, comencé a ver la ejecución por ahorcamiento de Hussein y que tuve que cerrar la ventana pues no pude mirar más: apenas le colocaban la horca. Entonces yo salía con una chica que, más tarde me diría, vio la ejecución completa sólo para arrepentirse. ¿Qué es lo que hace que hagamos estas cosas? No es placer. Nadie sensato, para usar la metáfora de Foster Wallace, baja la velocidad del automóvil cuando pasa junto a un accidente porque disfrute lo que está viendo. Odié la película Funny Games precisamente por esto, pero con ese odio que le tiene uno a lo que no puede dejar de hacer. A los vicios. Al día siguiente de haber leído el texto sobre Fritzl y su familia leí sobre otro caso igual de horroroso ocurrido en Alemania. Un niño descubrió en la nevera los pequeños cuerpos de quienes, se sabría después, eran sus hermanos. Casos similares habían ocurrido ya en Alemania, decía la nota. Mujeres que, después de asesinar a sus hijos, los enterraban en macetas, en casa. No sé si se le ha dado seguimiento a la nota. Pero habrá más, habrá.

Wednesday, May 07, 2008

A veces temo

Cuando muera, ¿serán las ocasiones en que discutí con las personas que amo o aprecio lo que recordaré? ¿El momento en que comenzó a darme pereza leer? ¿O será algo más? ¿Qué memoria ocupará el último instante? ¿La tarde en que, escribiendo sobre la guerra civil norteamericana, me percaté de que eso, escribir, era lo que quería hacer por el resto de mi vida? ¿O la noche en que me percaté de que sería imposible? Quizá algo sensual: un sabor, un olor, la imagen de una mujer bailando de un modo u otro, el sudor y el sabor del sudor. El calor de una mañana, el sonido de olas, el grito, las risas, el arrebato, el ansia.

El elevador desciende

Anoche no podía dormir. El calor, insomnio. Vi una película, Funny Games US, con Naomi Watts, aquí en la computadora del estudio y no subí de nuevo a mi habitación hasta las tres de la mañana. Me acosté y aún estaba intranquilo. Me levanté y crucé el pasillo. Acostado, sin percatarme cómo, mi cabeza estaba cruzando el umbral de la puerta de un elevador. Al momento que las puertas se cerraron para atraparme por el cuello me di cuenta de que la caja, vacía, descendía. Empecé a gritar. Pero el grito no salía, quizá por la presión sobre el pescuezo. Mi primo, en la habitación, encendió la luz. "¿Estás bien?", me preguntó. Había gritado en voz alta, en mis sueños. De nuevo lo despertaron las voces, a mi primo. Mis voces. "Tuve una pesadilla", le dije, agitado. "¿Te desperté?", le pregunté. "Sí", me dijo al momento que apagaba la luz. "Perdón", dije en la oscuridad, "pensé que no había gritado".
Por la mañana me dijo que grité tres veces. "Pero nunca te había escuchado gritar así", me dijo, "con verdadero horror". Recuerdo aquella vez que, siendo niño, le pregunté a mi padre -después de que éste apenas consiguió cruzar las puertas del elevador- si éstas podrían cortarle la cabeza a un hombre. Me dijo que no. Creo que para entonces yo ya había visto aquella película en la que un elevador cobra vida y vidas. Un ciego entra al elevador, cuando no hay elevador. Y sí, también, la escena de decapitación. Naomi Watts, según leí en el artículo del New Yorker que mencioné en el post anterior, actuó en el re-make. Que no, no es Funny Games. Me extraña haber soñado con eso y no con gente que entra a casa sin permiso -cosa con la que sueño seguido, aunque diurnamente. Hacía mucho que no tenía pesadillas.

Tuesday, May 06, 2008

Las trivialidades

El avión desciende, a mi regreso de Oaxaca, para entrar a la Ciudad de México. Cuando comienzan las turbulencias pienso en el temblor de hace unos días y en la cantidad de veces que las turbulencias de un avión que desciende o cruza una nata de nubes o una bolsa de aire me recuerda un terremoto. Pienso, también, en 1985, esa mañana en la que mi padre estuvo atrapado durante unas horas en el elevador del edificio en el que trabaja. Las placas tectónicas se mueven, los ascensores se detienen. Cuando cruzamos las nubes, el resto de los pasajeros y yo, dejamos atrás -arriba- el enorme y helado cielo azul para constatar una ciudad negra salpicada de tintileantes luces que se acerca a nosotros. Recién despierto de una siesta de una hora y aunque lo hago para ver la luz del sol, abajo ya es de noche. Me olvido de la ocasión en que mi padre estuvo atrapado hasta el día siguiente cuando asciendo al sexto piso de la oficina, pero no de su edificio sino del edificio donde yo trabajo. Mismo edificio que vibra cada que pasa un camión de peso y dimensiones suficientes, abajo en la calle. Entro a la oficina, socializo, trabajo y me olvido de todo esto, o mejor dicho, lo pongo entre paréntesis, en la oscura magma que conforma mi pensamiento pero que se mantiene ahí, agazapada y en movimiento. Ahora se me ocurre que el modo en que vibra el edificio es similar al de la enorme ameba construida en el Museo del Niño. Ignoro si sigue ahí, de pie, sobre esos resortes que provocan ligeros pero percetibles movimientos y que debo haber experimentado cuando visité el museo, aquí en la ciudad, hace años.
Ayer o anteayer, en la oficina, leí la historia de un hombre que, trabajando hasta tarde durante un cierre del periódico en el que trabajaba, decidió dejar a su colega atrás para salir a fumar un cigarro. Cuando de regreso a la oficina se subió al elevador no tendría idea que tardaría cuarenta horas en salir de éste. La historia se titula Up and then down, de Nick Paumgarten y puede leerse en la versión en línea de The New Yorker, aquí. Debajo de esta entrada, el video de seguridad de las cuarenta horas que Nick perdió dentro de una caja de acero dentro de un edificio dentro de su mente dentro de poco probablemente ustedes olviden esto, quizá regresen a su rutina pero por favor: cada que se abra la puerta de un ascensor, piénsenlo dos veces. No entren con un libro en la mano, leyendo. Puede pasar que las puertas se abran y sólo esté el ducto, sin caja. Puede que entren y tarden en salir. Puede que no sea un elevador detrás del cual se encuentra el peligro que acompaña a casi todo lo cotidiano, sino el Metrobús, la esquina, su casa a solas por la noche.
En el gran texto de Paumgarten se habla de la colega de White, una mujer que, cuando su compañero desapareció repentinamente -dijo que saldría un momento- garabateó furiosa una nota de reclamo que pegó en el monitor de su computadora, sin saber que White no la vería sino hasta mucho después, inútilmente. Pensé en esa otra historia que no contó Paumgarten y pensé en Maricarmen, la chica a quien no conozco pero que trabaja en Monterrey y a quien sólo contacto vía MSN para tratar cuestiones de trabajo. Esta chica, que de algún modo es inexistente y existente para mí -la conozco y no, simultáneamente- me contaba hace unos días sobre la ocasión en que se quedó a trabajar hasta tarde, sola. "Sentí miedo", me dijo. Y pensé en ese cuento inconcluso, o no, que está incluido en la colección de textos inconclusos y conclusos de Roberto Bolaño, su póstumo El secreto del mal. El texto, creo recordar, se titula Crímenes y ahora me apresuro a terminar esto pues mientras lo redacto bajo una película en la que sale Naomi Watts, que no es The Shaft (cuyo trailer pueden ver acá) pero que igual tiene que ver con el modo en que uno no sabe cómo van a pasar las cosas, cuando pasan. Diario temo entrar a casa para descubrir que mi familia está muerta. Diario. Todos los jodidos días. Esto es lo cotidiano.

Nicholas White atrapado durante 40 horas

Sunday, May 04, 2008

Mis amigos esperan cosas de mí

Blogger mamila de Alejandro Vázquez.

Thursday, May 01, 2008

Escribir algo

Para no escribir lo otro.

Platón para preparatoria

Amigo profesor de preparatoria, ya no se rompa la cabeza. ¿Llegó ese momento en que debe explicarle a sus alumnos la doctrina filosófica de Platón? Calma. Respire, tome asiento y tome este consejo. No: es tentador, pero no. Ni le de vueltas a la idea de presentar a Platón como un realista. Usted, licenciado en filosofía, quizá está muy contento con el descubrimiento de que Platón era tan realista como Aristóteles. Caray, probablemente babea con la noción de que la verdadera doctrina de Platón ni siquiera está escrita. Sé que quiere salir corriendo al salón de clases con Por una nueva interpretación de Platón bajo el brazo pero, caray, ¿para qué? De Platón sus alumnos saben algo. Saben que estaba mamado. Saben que en realidad se llamaba Arístocles. Y que dijo algo alguna vez sobre algo que tenía que ver con una cueva y con una Idea. Déjelos así, ya no los moleste: no lo molestarán a usted. Ahora. Ya que saben esas cosas, ¿cómo hacer para enseñárselas de modo que crean que no las sabían y que usted es un gran profesor al que le deben respeto? Póngales película, carambas. ¿Que qué película? Ah, este era su verdadero atolladero, ¿no? Porque ya vieron Matrix. Y no sólo ya vieron Matrix sino que están convencidos de que si hoy en día alguien les pone Matrix van a agarrar y a decir: "Chale, ¿Matrix? Profe, ¿usted está pendejo o ruco o qué?". V for Vendetta hubiera estado bien hace un par de años. Hasta se hubieran emocionado viendo a Natalie Portman vestida como esclava sexual. Hace dos años ni hubieran querido salir al recreo. Pero, ah, pasa el tiempo.
Así, ¿cómo explicar la catársis, el mundo de las ilusiones, el momento en que el "esclavo" se vuelve un hombre libre? Mándelos a ver Ironman. Hay una cueva y en algún momento Robert Downey Jr. dice "abrí los ojos". Salen viejas, coches y explosiones. Y no, lo siento, para explicar a Kant no tengo nada. Tal vez Imperio de Lynch.

Tuesday, April 29, 2008

Martes

Estudiantes de alguna clase de arte hacen bocetos de los perros que asisten a su clase de entrenamiento en el parque. El gordo obeso que a veces me hace pensar en el Señor Cara de Papa los observa a todos con desapego, su perro salchicha allí, sin gestos memorables. Camino hacia el trabajo, café en mano, mochila al hombro, tarde.

Saturday, April 26, 2008

Ya voy, ya voy.


Veo Margot At The Wedding de Noah Baumbach. Resulta que me gusta, la película. Pienso en Annie Hall pero sobretodo en Hannah y sus hermanas, de Woody Allen, y en el atinado modo en que un usuario describió la película de Baumbach, en IMDB: "neurosis en los Hamptoms". Toda esa cosa intelectual, de familias podridas. Salinger me vino a la mente, también. Y estoy en eso, con cosas llegándome a la mente, bien entretenido, cuando el personaje de Jack Black agarra una sierra eléctrica -durante el clímax de la película. Es entonces que recuerdo La sierra y la manzana, uno de los cuentos de Arthur Bradfurd que aparece en su libro de 2004 Dogwalker (o ¿Quieres ser mi perro?, como lo tradujeron en Mondadori). La sierra y la manzana es un cuento poderoso, de una fuerza que opaca al resto de los cuentos contenidos en el libro. Podría describirse con las siguientes líneas del cuento: "Un instrumento excelente, la sierra mecánica: fuerza, velocidad y gracia, todo en el mismo lote".
Por ello fue bueno que la persona que me regresó el libro me recomendara que releyera La perra de Roslyn, el cuento con el que cierra el volumen. Aquí pueden escuchar a Bradford leyéndolo, en inglés, ¡y animado en flash! Sí, fue bueno que releyera ese cuento, que cuenta la historia de una transformación, un poco como Lady into fox, la novela de David Garnett (como dato cultural añadiré: hace unos días me contaban los de la oficina, en realidad sólo uno de ellos, que La metamorfosis de Kafka en realidad debió haberse traducido como La transformación pero parece que fue a Ortega y Gasset quien esto no le pareció una buena idea). Leí el cuento en mi coche. Después, cuando salí del coche me encontré con Refu, mi perra, quien está aquí a lado, junto a la puerta que la mantiene afuera del estudio, en el patio. Ahora que escribo puedo escucharla olisquear. Hace un rato ladraba. Me dice: "¿Cuándo vas a terminar este maldito post?" Y la verdad es que no sé porque hay demasiadas cosas que me vienen a la cabeza. Siento, incluso, que todavía no lo empiezo. Así que, avergonzado, no le contesto a Refu quien, aburrida, decide irse a ladrar más, a ladrar hasta que parezca que nunca va a parar.
Al llegar a casa, hace rato, después de verla y saludarla y recoger su caca, entré a la cocina y encontré la National Geographic de Marzo. En la portada aparece este simpático perro:

Se llama Betsy, es un Border Collie, tiene seis años y uno de los rostros más expresivos que he visto en un animal. Exagero. En realidad, Refu me mira así a cada rato, con inteligencia. Con, se entiende, expresión de inteligencia. Betsy, explica la National Geographic, posee un vocabulario de 340 palabras, sabe reconocer a quince personas por nombre y es capaz de identificar objetos a través de la representación de éstos en fotografías. Esto, lo sabemos, es algo que los infantes son, a menudo, incapaces de hacer. En fin, Betsy es uno de los varios animales que sirven de ejemplo para el artículo Minds of their own, de Virginia Morell. No lo he leído para entiendo que va en la línea de "los animales, contra lo que a menudo se piensa, no sólo sienten y expresan, también piensan; en suma, no son tan distintos a nosotros". En algún momento se argumenta: "como cualquier pet owner podría atestiguar". Lo cual, supongo, es verdad: quienes poseemos mascotas no sólo nos encariñamos a cierto grado con nuestros animales, incluso llegamos a notar -o a atribuirles- ciertas características. Algunos consideran esto una exageración, un antropomorfismo desmedido. Se aduce que nos reímos de los orangutanes sólo en la medida que son parecidos a nosotros. Se aduce, también, que por esa línea se puede llegar a una especie de fascismo ecológico. Recuerdo un capítulo de ER en el que atendían a un orangután y a su cría y como nunca antes las enfermeras y los médicos lloraban. Terminaban reflexionando, los personajes: "quizá estamos tan insensibilizados, tan entrenados a tratar mecánicamente a nuestros pacientes humanos, que ahora que tratamos a un animal, pues..." Y entonces Peter Singer y la PETA y la madre y todo mal y todo bien y los animales, y que si los tratamos con dignidad, y que si el aborto, que el feto no expresa ni responde ni experimenta dolor cuando apenas han pasado algunas contadas semanas y no hay modo certero de saber, y las Amazonas arden y el apocalipsis y el tema en boca de todos y Refu regresa y me ladra, a través de la puerta, y me pregunta si ya acabé de una vez con mi jodido post y que quiere salir a pasear.

Friday, April 25, 2008

CS8

Estoy a punto de subir una imagen del Salmón, del cuaderno, y decir: "¡Hey! ¡Ya salió!" Pero resulta que ya lo había hecho, eso de hacer lo que se dice subir una imagen, aquí en mi blog. Así las cosas, decido no subirla, total, ya la subí, y perplejo, una vez más, aquí, sentado en la oficina, me pregunto sobre eso que Ricoeur llama la continuidad ininterrumpida, eso que otros llamamos tedio sostenido. Y lo que, también, los budistas llaman felicidad.

La continuidad de los parques tematizada

Veo al hombre en la banca del parque, con su perro. El hombre en la banca con su perro de nuevo, al día siguiente. El día que le sigue el hombre no está en la banca, camina unos metros adelante, cigarro en mano, siguiendo a su mascota cuando yo cruzo el parque. Hoy veo de nuevo al hombre con el perro en la banca, lo tiene envuelto en su suéter. Un día Tolstoi apuesta dinero, se dice que no lo hará más. Al día siguiente Tolstoi pierde más dinero. El día después de eso apuesta más. Después se decide, finalmente, a no tirar más dinero y deja de apostar y sale al bosque a cazar. Al día siguiente pierde más dinero.
Algún día veré al hombre del perro de nuevo, pasado los días, los meses o los años y no sabré si se trata del mismo hombre. Del mismo modo que algún día veré mi diario o mi blog y leeré para sorprenderme que ese que escribe soy y no soy yo. Por ahora la certeza que me brinda la continuididad ininterrumpida, tanto del parque como la de la esporádica disciplina, es tan agradable como el deseo que tengo por ustedes, lectores. Deseo que sean buenos, que tomen su leche -de soya, si son intolerantes a los lácteos- y que recen antes de dormir.

Wednesday, April 23, 2008

Parque México, de nuevo.

Hoy por la mañana el hombre obeso, como ayer y como la semana pasada estaba sentado en la banca-choza que se encuentra en la ruta a la oficina, cruzando el Parque México. Por temor a sospechar que estaba viviendo una experiencia a la Bill Murray en Groundhog Day, por no decir, culturosamente, un "eterno retorno", decidí sospechar que el señor esperaba a que yo pasara y posara la mirada sobre su redondez para acercar, como ayer y como el día anterior a ese y como la semana pasada, su oblongo rostro al afilado hocico de su perro salchicha. Sospechar esto o aquello es, de todas formas, mejor que la triste certeza de que el hombre se pasa toda la mañana -y probablemente todo el día- permitiendo que su perro le lama la boca. La señorita que hace ejercicio en la chocita-banca vecina a la del gordo y su perro salchicha también estaba hoy allí, pero ahora hacía abdominales en lugar de la cosa esa donde emula andar en bicicleta de nuevo. En esta ocasión no nos miramos.

Monday, April 21, 2008

Robert Walser opina

Sobre los veinteañeros:

"Existe una crisis entre los veinte y los treinta años, una suerte de crisis de juventud. Los jóvenes son luchadores. Tal vez deberían tratar de evitarlo. No lo sé con certeza, quizá sean muy sosos. Les falta algo. Acaso de vez en cuando presuman mucho, lo cual es una osadía. Yo me siento muy seguro cuando a ratos me siento un poco inseguro".

Servicio postal

Leía hace rato esto, una conversación entre George Steiner y Christopher Tayler, para The Guardian, convenientemente titulada Il Postino. La conversación está salpicada de metáforas de correos: el crítico y experto en literatura comparada como un cartero, pero no uno que lleva siempre la carta al lugar preciso, sino al lugar al que -tiene la esperanza- se aprecie mejor. El cartero que no es necesariamente apreciado por los coleccionistas de timbres postales (donde, claro, los académicos son los filatélicos). A la entrevista llegué vía el blog de Iván Thays, donde leí otro fragmento de una entrevista más que apareció en el suplemento ADN cultura (y que no pude leer, el link anda defectuoso o mi computadora muy lenta). Allí, como leí en el fragmento que subió Thays, Steiner usa también una metáfora del mismo orden: "Durante toda mi vida", afirmó Steiner, "he procurado distinguir a los grandes creadores de nosotros (los críticos, los comentaristas, los profesores). No somos carteros (como recordaba Pushkin) que tienen la tarea de enviar una carta al lugar exacto. Nosotros interpretamos, anotamos, glosamos los textos de los grandes creadores: los necesitamos para existir, pero ellos no nos necesitan a nosotros". Ambas entrevistas se realizaron a partir de la aparición de su último libro, Los libros que no he escrito.
Tanta carta y tanta metáfora me hizo pensar en el temor que le tenía Kafka a las cartas. Temía las malas noticias que podrían traer pero sobre todo temía que las cartas que él mandaba no fueran fieles a lo que realmente quería decir. Una de las razones, por cierto, por las cuales, a pesar de la carta octava de Platón, no puede considerarse a la correspondencia como un género propio de la autobiografía: después de todo, al escribir una carta no nos retratamos propiamente sino que nos damos a conocer como suponemos el resto quiere conocernos. Aunque este último libro de Steiner se titula Los libros que no he escrito, con ese aire de lamento y disculpa por no conseguir del todo lo que pretendía (es, a su modo, una despedida) me impresiona el modo en su discurso en torno al libro se sintoniza con el tono de Errata, su autobiografía intelectual. Una forma de saldar cuentas, supongo, tan íntima como aquella. Aunque, sí, siendo una la visión supuestamente objetiva que exige la memoria -histórica- y la caricatura que también nos exigimos a nosotros mismos. Qué difícil debe ser envejecer.

Sunday, April 20, 2008

Robert Walser, héroe moral

"Tanto se envidian unos a otros, estos listillos, que basta con que uno se ría a carcajadas para que los otros lo tilden al instante de haragán. Pobre dicha verdadera, quién te ha visto y quién te ve. El hombre humilde ya no tiene derecho a estar contento. ¿Y si pese a todo lo está?"

Friday, April 18, 2008

(Parque México)

(Después de comprar mi café, dejen les cuento rápido, y después de que el chico que me servía se quemara con el café por estar hablando por teléfono, crucé, como cruzo todos los días, el Parque México y en una banca de esas que parecen chocitas encontré, primero, a un hombre obeso y de bigotes que le daba premios a su perro salchicha; el perro volteaba a verlo y el hombre acercaba su enorme rostro y permitía que el perro le lamiera la boca; en otra chocita encontré otro perro salchicha, son muy populares, pero estaba debajo de la banca que, a su vez, estaba ocupada por una mujer quien simulaba andar en bicicleta pero boca-arriba, agitando el tronco frenéticamente. Cuando pasé junto a ella se detuvo y me miró como si alguno de los dos le debira una disculpa al otro: ella por estar haciendo eso frente a todos y yo por mirarla fijamente. Pasé de largo y me fui a ver a los catorce perros de la escuela de entrenamiento que van cada dos días por allí).

Tuesday, April 15, 2008

Carne joven, eterna

Hoy pensaba en Bartlebooth, el excéntrico millonario de La vida instrucciones de uso. Pensaba en él porque habíamos leído, en la oficina, una noticia sobre un supuesto video sexual de Marilyn Monroe que recién se había descubierto y, recién también, había sido comprado por un millonario a 1.5 millones de dólares. Bartlebooth, según cuenta Perec en su novela, dedicó gran parte de su vida a viajar por el mundo buscando puertos donde pintaba los paisajes marinos en acuarela. Después, todas esas pinturas las convertía en puzzles que, más tarde unía con tal maestría que las líneas de los puzzles desaparecían. El final de su vida lo dedicó -o al menos ese era el plan- a viajar de regreso a los puertos en los que había pintado las marinas para meter al agua sus lienzos. La pintura se remojaba, desaparecía y dejaba detrás un espacio blanco. El plan, sin embargo, no habría de ser completado.
De acuerdo con la noticia que leímos, el millonario que compró el video decidió que éste jamás sería visto. Así, la reputación de Marilyn se mantendría intacta. Me pregunto si puede hablarse en estos términos de Marilyn. Si no es, ya, una leyenda y si, en efecto, las leyendas pueden tratarse con los mismos criterios de escándalo con el que se trata a algunas estrellitas. Caray, yo nunca he visto una película de Monroe. Al menos no completa. Sin embargo, sé quién es. Pero no, no es esto lo que pasa: no es que sepa quién fue, sino sé qué es, cuál es su función. Y es verdad, tampoco he visto una película completa de Paris Hilton (excepto, ay, A night in Paris). Quizá esto sea lo que le preocupa a aquél millonario: que de todas sus apariciones en celuloide, sólo sea una de ellas la que sea vista. Carajo, esto tiene tanto de donde cortar. Apuntemos, mientras. Imogen Thomas, la celebritie, tiene video sexual. Pamela Anderson, también. No me sorprendería que hubiera uno de Lindsay Lohan (quien no hace mucho posó para Bert Stern emulando algunos desnudos de Monroe), o que hubiera de Britney Spears. Lo hay de la chica que actuaba en Mi Pequeña Traviesa y cuyo nombre he olvidado. Ésta es la cosa. Visto o no, escandaloso o no, Monroe no será un nombre que se pierda entre otros. Ya se ha escrito mucho sobre esto. Así que volvamos a las opiniones. Le pregunto a mi primo, hace rato, si sabe quién es Marilyn Monroe. Cosa que es como preguntar si sabe quién es Mickey Mouse. "Sí", me contesta, "es una actriz". Una pausa. Por un momento creo que me va a contar sobre la noticia esta. Pero sólo rectifica: "Fue una actriz. Creo que se suicidó".
Hasta ese momento, el modo en que murió Monroe no lo tenía en la memoria. Se cumpla o no el deseo de ese excéntrico millonario (quien me recuerda al "magnate del papel" japonés Ryoei Saito, quien, en 1990, compró El retrato del doctor Gachet de Van Gogh a 82.5 millones de dólares; obra que, se cuenta, tenía guardada en una bóveda y que, me temo, jamás veía) Marilyn Monroe jamás estará en el círculo de las celebrities con video-sexo-escándalo. Estará siempre, eternamente, en ese panteón de los muertos jóvenes. James Dean. River Phoenix. Brandon Lee. Heath Ledger. ¿Sharon Tate? ¿Albert Camus? No sé dónde parar. Hasta dónde debo ver.
La pornografía desmitifica, aburre. (No sé por qué pensé, momentáneamente, en la canción Silver Stallion de Cat Power, que escuchaba en la oficina mientras leía la noticia; me hizo pensar, ahora, en el Italian Stallion, Sylvester Stallone, y en ese corto que vi hace tiempo sobre la porno en la que actuó en su juventud; una jovencita decía: "Vea al Itallian Stallion en acción"). La pornografía acerca sin describir ni revelar. En el video que subí en la entrada anterior, Heidi Julavits habla, entre otras cosas, sobre la fascinación que le provoca la distorsión provocada por las miradas pretendidamente profundas. Acercarse a la pantalla sólo revelará pixeles y ojos bizcos. Hay algo de genial en la acción del, hasta ahora misterioso, millonario. Caray, hay algo de genial en la noticia que, aunque informativa, mantiene todo en las sombras. Otra cosa que apunta Julavits en el video de abajo es la fascinación que provocan esas historias de jovencitas que desaparecen, de vez en cuando. La atención que le dan los medios se desvanece apenas re-aparecen. Y, sobre todo, jamás, nadie, se entera realmente qué fue lo que ocurrió. Hammelin, de nuevo. De existir, el video que registró a Marilyn cogiendo lo único que hace, por ahora, es aumentar la dimensión de la leyenda, como la cantidad acaso ingente de textos que Salinger tiene en su casa y que no serán publicados sino hasta dentro de ve tú a saber cuándo, o como esa maleta llena de relatos que Hemingway jamás pudo reproducir y que, hasta ahora, no se han encontrado. ¿Por qué es mejor mantener esto así? Porque, de otro modo, de encontrar esa maleta sólo encontraremos relatos, tal vez torpes, de juventud. De abrir esa lata con la película encontraremos, no sé, pura mamada.

Heidi Julavits en Google

Monday, April 14, 2008

La llegada de la primavera

Llueve y el hombre que hoy se piensa a sí mismo como un hombre y no como un niño ni como un joven, lo cual es extraño pues normalmente cuando piensa en sí sólo lo hace nombrándose con su nombre propio o bien burlándose un poco, gastándose bromas a sí mismo, pero hoy, hoy no; al menos no se cree capaz de captar la ironía detrás de su llamarse a sí mismo "hombre" pero igual sospecha. El hombre, decíamos, regresa del trabajo en el Metrobús y afuera llueve pero de vez en cuando puede sentir una gota pequeña de agua fría caer sobre la mano con la que sostiene el último libro de cuentos de Quim Monzó, que recién termina. Se titula Mil cretinos. Mira a su rededor. El Metrobús no carga con tanta gente ese día. Hay una ventana mal cerrada. De ahí que entre, de vez en cuando, alguna gota de agua. Cierra el ejemplar y concluye que, como esperaba, aunque los últimos cuentos son buenos en realidad el que más le ha gustado es uno que está más o menos a la mitad y que funciona como núcleo del libro, La llegada de la primavera que trata sobre la vejez y lo que significa esto tanto para quienes envejecen como para quienes observan a los demás envejecer; sobre padres e hijos; sobre la debilidad de la carne. Considera que es el cuento más importante porque retoma fibras tocadas en otro cuento de Monzó, El señor Beneset y también, de algún modo, en La alabanza. Fibras que, por supuesto, afina. Este cuento, además, es de donde se desprende el título del volumen entero.
Se ha tardado en terminar el libro. Tiempo atrás -pero no tanto tiempo atrás, cosa de semanas- hubiera podido sentarse y leerlo de un jalón pero la vida finalmente le ha dado alcance o al menos eso se hace creer. Ahora que lo termina le gustaría prolongar la sensación de haber cumplido con algo. El hombre, aunque joven, aunque capaz de mirarse a sí mismo aún como un niño, se siente cansado.
Probablemente la verdadera razón por la que le gustó La llegada de la primavera sea, primero, la coincidencia de que lee el libro en primavera. De que, como en el cuento, su primavera no es precisamente alegre sino más bien fría y lluviosa. Pero lo que más disfruta es que le ha evocado recuerdos de niñez, especialmente el siguiente párrafo: "En las paredes de la habitación donde dormía él hay todavía restos de aquella pasta azul (¿la llamaban Blu-Tack?) que durante años las ferreterías vendían como el invento ideal para pegar agujeros de las chinchetas. Hasta que se comprobó que quizás no dejaba las paredes llenas de agujeros, pero todavía quedaban más deterioriadas, con grumos azulados que costaba Dios y ayuda quitar. Y si finalmente conseguía quitarlos, se llevaban pegados fragmentos de la última capa de pintura y la pared conservaba para siempre restos de aquel moco azulado".
Recuerda la habitación de un amigo al que ahora frecuenta poco. Los afiches, allí, se pegaban con una plastilina de ese tipo, aunque no azul sino amarilla. Recuerda que conforme pasaron los años no sólo quitó los pósters sino las calcomanías que pegaba a la cabecera de su cuarto -excepto una, testaruda, que era imposible y que era una especie de bumper sticker que llevaba la sentencia: ¡Stop! ¡No más Smog!
En una escuela norteamericana en la que estudió durante un breve lapso de tiempo, el hombre recuerda haber colocado pósters no con tachuelas sino con esa masa amarilla, de adhesivo reciclable. Uno podía saber dónde se habían colocado otros pósters y adivinaba desde antes de colocarlos que, como personas que ya no están ahí, dejarían esas marcas detrás, como las sombras que dejan los cuadros cuando se bajan de los muros, finalmente. Ha estado soñando mucho con terremotos. El libro se lo regalaron cuando cumplió años.

Sunday, April 13, 2008

Dioses babilónicos


De Juan Manuel Morales.
(¡Grrroaar!)

El buen salvaje y el espíritu de la escalera

Maurizio Ferraris, en su Luto y autobiografía tiene la sospecha de que los buenos salvajes devienen escritores por un "mecanismo de suplencia" (algo que el tontín de Derrida, dice Ferraris, ya estudió). Pone, así, como ejemplo a Rousseau, quien: "se siente inadaptado en la sociedad, inerme y desamparado como está frente a la malicia de sus semejantes: lento para hablar, incapaz de respuestas inmediatas, e inteligente sólo en memoria futura. La anécdota del rey de Cerdeña en las Confesiones que, injuriado por un mercante de París, no sabe cómo reaccionar y lo manda al diablo, recuperando sus espíritus sólo cuando, en el camino de regreso, ya está en Lyon, ilustra la mentalidad completa de Juan Jacobo, que toma la decisión de escribir y de esconderse, transformando la necesidad en libre elección (I, 116); la naturaleza es sustituida por la sociedad, y ésta, en el caso de Rousseau, por la escritura, por otras cosas, como por ejemplo, los trabajos femeninos en los cuales, vestido de armenio, se mantiene ocupado en sociedad para evitar tener que esforzar la minverve y entrar también él al juego de la conversación que lo humilla y lo aburre".
¿Escribo porque en la secundaria desarrollé un mecanismo de defensa a fuerza de sarcasmos e ironías que ha conseguido, finalmente, agotarme? ¿Porque me siento inadapatado, inerme, aburrido y desamparado ante la malicia de los demás? ¿Porque cuando los anónimos que leen y visitan y comentan mi blog me dicen cosas mala onda no sé qué hacer? ¡De verdad no sé qué responder así que dejo que pase el tiempo y entonces un día, cuando voy bajando la escalera, doy con la ocurrencia perfecta pero ya es demasiado tarde!
George Constanza girando en u.
Tenía un amigo que hablaba lento y yo me burlaba de él. Después de un rato se justificaba diciendo: "es que pienso más rápido de lo que hablo". Plop.

Saturday, April 12, 2008

El romántico como el último héroe

Bruce Chatwin sobre la sonrisa de una anciana de una tribu de cazadores australianos, los nemadi: "La sonrisa, añadí, era como un mensaje de la Edad de Oro. Me había enseñado a rechazar drásticamente todos los argumentos en favor de la perversidad intrínseca de la naturaleza humana. La idea de regresar a la 'simplicidad original' no me parecía ingenua ni anticientífica ni desconectada de la realidad".
Hoy escuchaba que en la preparatoria UP, aunque no sé desde hace cuánto tiempo (sé que cuando estudié ahí no era así) tienen un salón especial para los alumnos becados en el cuarto y quinto año. A dicho grupo se le llama Grupo F. El argumento para la existencia de este grupo "especial" es que, se espera, estos alumnos becados no se corromperán siendo mezclados con el resto de los alumnos quienes, se entiende, han sido corrompidos por no ganarse por sus propios méritos las mejores calificaciones o una beca, pues van a una escuela privada y en fin, pagan colegiatura y no necesitan la beca ni esforzarse y por tanto son semillas del mal. El grupo F, así, está lleno de una especie de buenos salvajes. Después, son mezclados en sexto de preparatoria, donde, se espera, ya todos se comportan a la altura. Los bonóbonos tienen tanto, aún, por enseñarnos.

Friday, April 11, 2008

Entrada 809

Fui a ver Into The Wild con mi amigo Julián. Regreso a casa y busco trivia en Internet. Leo que la nota que Supertramp coloca en el camión no es la que sale en la película sino la siguiente: "¿S.O.S. I need your help. I am injured, near death, and too weak to hike out of here. I am all alone, this is no joke. In the name of God, please remain to save me. I am out collecting berries close by and shall return this evening. Thank you, Chris McCandless. August?". No tengo tecla enter. Aquí vendría un punto y aparte. Las biografías tienden a mentir. Es necesario mentir en una biografía, al igual que en una autobiografía. Lo exige la historia. Incluso un documental basado en la realidad necesita mentir. Se llama edición. Se llama mensaje. Quizá Supertramp murió bajo el horror animal de la muerte. Nunca sabremos si murió bajo el deseo de belleza que lo condujo a la montaña. Pero es bueno pensarlo. En todo caso, murió una muerte un poco torpe. Aquí vendría otro punto y aparte. Extraño dar clases. Extraño esa tarde en que les expliqué a los alumnos de preparatoria por qué la felicidad no se podía dar en soledad. Cuando uno de ellos cuestionó esto (pues hay muchos "el infierno son los otros" volando por ahí) le pregunté si estaba dispuesto a irse al Ajusco a vivir, con una parcelita, tejiéndose su propia ropa, masturbándose, acaso. Era un adolescente. Sí, estaría dispuesto, dijo. Dioses y bestias, eran mis alumnos. Me viene a la mente -esto también debería ir en un párrafo separado- aquella última escena de Asesino Oculto, también dirigida por Sean Penn. La escena anunciada al inicio: un Jack Nicholson balbuceando a solas, enloquecido, habiendo abandonado todo por su pasión. Alguien, algún día, encontrará todos nuestros blogs, mirará nuestras huellas pisadas a gritos, en esa desesperación por ser únicos, por estar unidos. Como frutos venenosos de un enorme árbol cuyas ramas, unidas, se ramifican y separan en las puntas.

Fragmento de conversación

Con Julián Zárate.

Agarro y digo: "Necesito una mujer".
Y que dice: "Yo también, pero ya no pienso en eso".
Y que lo no escucho, porque está hablando desde otra habitación: "¿Qué?"
Y que grita: "¡Que ya no pienso en eso!"
Agarro y digo: "¿No?"
Contesta: "No, ya soy gay".

Thursday, April 10, 2008

CS8


Pronto. Algo de información, acá.

Sosias

Monterroso
Juan Topo

Wednesday, April 09, 2008

Anécdota

Estábamos sentados en la sala de televisión, mi padre y yo, él leyendo el periódico y yo un libro de Quim Monzó cuando mi padre se empezó a reír. Hasta aquí, todo bien. Las cosas raras empiezan cuando explico que lo que mi padre leía -como, extrañamente, acostumbra ahora- los obituarios. "Querido diario", dije en voz alta, "hoy mi padre estaba leyendo los obituarios cuando empezó a reírse". Explicativo, mi padre me dice: "Mira, lee". Alguien había mandado hacer una esquela en la que lamentaban "la profunda muerte" de un Fulanito.
Profunda muerte, caray.

Sunday, April 06, 2008

Los baños de pureza:

Empuercan el agua, tapan la coladera.

Saturday, April 05, 2008

Dejen les cuento sobre la oficina


Está en el sexto piso. Hay otras personas, en el séptimo, pero no las conozco. Los del sexto piso nos dedicamos a cosas distintas de las que se dedican los del séptimo. Digamos que en el sexto están los pilotos y en el séptimo los del pit, o abajo los remeros en las galeras y arriba los que llevan el ritmo con el tambor. No quiero ser impreciso, como si arriba estuviera el equipo de apoyo o el jefe y abajo los esclavos. A ver. Mejor. Trabajo en una revista. En el séptimo piso se encuentran los de ventas y distribución y todo aquello que es necesario para vender y distribuir la revista y abajo, en el sexto piso, se encuentra la redacción. El sexto piso es como un chorizo largo separado por tres mamparas. El diagrama corresponde a la primera mampara. (Las flechitas llevan hacia la tercera y segunda mampara, que no aparecen detalladas). Las cruces o taches corresponden al lugar donde nos sentamos: la primera, comenzando de arriba en el sentido de las manecillas del reloj, es donde se sienta uno de los becarios, la segunda a mí, la tercera usualmente está desocupada pero hay un día en que los becarios van juntos así que entonces es ocupada por uno de ellos. El circulito ése es un bambú que ya está seco. La cuarta cruz es la que ocupa A. Y la quinta la que ocupa O. La segunda separación de la oficina no está ocupada por nadie -por unos libreros con revistas- y la tercera sección es ocupada por el capitán -si estuviéramos usando metáforas de navíos.
Los que estamos en el espacio diagramado nos sentamos mirando hacia la pared, como en un establo o una cuadrilla. Y trabajamos tiempo completo ante un monitor. No hablamos entre nosotros a no ser por MSN. Esto es divertido. Es un lugar diverto. Sé que pinté con grises el diagrama, pero sólo porque la alfombra del lugar es gris. En serio es muy divertido trabajar ahí. ¡Jaja!Pero también tiene sus cosas. Por ejemplo, ese apartado gris oscuro, que no es parte de la oficina, contiene un misterio (señalado con una "M"). De vez en cuando, mientras trabajamos, desde ese punto de la pared -junto al bambú seco- se escucha como si alguien tecleara en una máquina de escribir.
Pero el ritmo es lentísimo. Se han de escuchar unas veinte tecleadas a lo largo del día, todos los días, a distintas horas del día. Lo noté hace una semana, en mi primer día. Los de la oficina ya estaban acostumbrados y no se veían tan sorprendidos como yo. Existen sospechas. Quizá, pensamos, hay un hombre ahí, encerrado en un cuartito -como Cheever, quien escribía en el cuarto de las calderas del edificio donde vivía. Pero el ritmo es tan lento que es difícil imaginar alguien escribiendo, a no ser que sea un escritor obseso y maniático. Tchunk. Tchunk, se escucha. Después nada, sólo el sonido de nuestros propios teclados, hasta que, finalmente, un renovado Tchunk, suelto al aire. Sostengo la teoría de que no es un escritor emparedado, sino un simio. Quizá es parte de un experimento y quizá haya un simio en cada piso, ¡no lo sé!, pero también está encerrado en un cuartito, amarrado frente a una máquina de escribir y cada que teclea -pues, insisto, es de vez en cuando- un mecanismo dispensador de bananas se activa y come y hasta que quiere más teclea de nuevo. Quizá por cada tecla que teclea aparece una fruta distinta. O quizá con todas, indistintamente, aparecen bananas. Y agua. Y eso es lo que escuchamos, a veces, los de la oficina: mis pendejadas.

Thursday, April 03, 2008

A tono

Así que andábamos entrándole a la comida orgánica, porque de vez en cuando es bueno bajarle a la grasa, sentados afuera, en la sabrosa chorcha. Y no dijimos nada cuando los perros empezaron a ladrar -un labrador chocolate se puso como loco cuando pasó un mastin napolitano enorme- aunque el escándalo era considerable, la posibilidad de que se arrancaran a dar dentelladas existente. El labrador chocolate, que ingeniosa y originalmente se llamaba Moka, era de un par de fodongas que a media tarde regresaban apenas de darle sus vueltitas al parque México, sentadas a una mesa de la nuestra. El sol resplandecía. Puse mi atención en otra parte, apenas se callaron los perros, disculpas breves e insignificantes de sus respectivos dueños de por medio. Se termina la comida. Se inicia la sobre mesa. El clima agradable. Se prende el cigarro. Se toma el café. Se acerca el mesero, con una disculpa. "¿Podría apagar su cigarro?". Yo no fumo. No me lo decían a mí. Pero a mí no me molestaba. "¿Aunque estemos en la terraza?" "Sí, es que se están quejando los clientes". "¿Qué clientes?" "Los de allá". Los de allá eran el par de fodongas, las de los perros. Específicamente, esta morra. Así que mi amiga, pues iba con una amiga, pone esa mirada que a veces pone y apaga su cigarro. Y casi como si estuvieran esperando ese momento, el par se levanta de su mesa, recogen a su pinche perro, y se van, muy campantes, con sus enjarrados pants grises. Y esto sucedió hace meses, pero igual lo guardé en mi cabeza. En aquél momento no le di importancia. Juzgué en silencio. Y nada, que hoy entró en rigor la ley anti-tabaco. Próximamente, ley anti-perros. Más tarde, ley-anti actrices de TvAzteca. Un poco después, ley anti ley anti ley. Finalmente, ley anti posts coyunturales.

Wednesday, April 02, 2008

Monday, March 31, 2008

Paréntesis urbano

(No llevar un cuaderno a la mano ni la oreja parada para anotar las conversaciones o el título de los libros que la gente lee en el Metrobús, llevar, en cambio, una mochila con las cosas que uno lleva innecesariamente a la oficina -entre las cuales se encuentra un cuaderno que no puedes sacar porque el transporte viene lo que se dice hasta el queque- y las orejas tapadas con los audífonos. Sospechas, sin embargo, que las conversaciones no son tan interesantes. Cuentas el número de personas que leen. Frente a ti, una adolescente se esfuerza por leer el periódico, no hay suficiente luz. Orejas tapadas, en todos lados, por audífonos. Un video musical sin música en el monitor que hipnotiza a todos. Poner, aún así, atención a lo que sientes, a los olores, a la precaución de no acercar demasiado el cuerpo al prójimo, las manos apestándose con el metal al que te aferras mientras arranca, mientras frena el autobús y te obliga a buscar equilibrio. Rescatar, aún así, de la memoria aquella chica afónica que escuchaste gritar en el teléfono, pero no en el metrobús sino en el metro, varios metros bajo tierra, "¡no te escucho, no te escucho!", una y otra vez).

Sunday, March 30, 2008

La oficina

Cuando la revista Celeste publicaba el suplemento Celeste Sucks, hace tiempo, apareció en él una compilación de poemas de Mario López Landa, de esos artistas que seguramente les causaría escozor que alguien llamara poemas a sus poemas porque él se percató de que "todos los escritores como que quieren que todos lean sus ideas y que los alaben porque saben poner una palabra tras otra". Así, con ese aire de desenfado y anhelo de pureza, López Landa (autor, creo, de "El muchacho satánico") escribió los siguientes bonitos poemas que se publicaron hace cuatro años.
Integración
enfrente de mi casa
ensayaban una canción
varios empleados
motivados a ganar
en la competencia
peña musical
interdepartamental
de su empresa
Calidad total
cuando trabajaba en una oficina
todos los días
usaba el mismo pantalón
y la misma corbata
nunca nadie lo notó
o al menos nadie me lo dijo
Email
un vato en la oficina
manda un mail a todos
con el subject:
no abrir no es nada
pero todos
lo abren
cada vez que lo manda
Licencia
una vez fui a sacar mi licencia de manejar
las empleadas comían papitas
las tenían dentro de un cajón
en un plato de plástico
con chile y limón
me dieron mi licencia
después de varias horas
Andrea
en el tercer piso
está administración y contabilidad
cada semana
traen nuevos catálogos de zapatos
y varias mujeres bajan al tercer piso
y vuelven con cajas de zapatos
todos son de marca andrea
El siguiente, que transcribo también, no es de tema oficinesco pero me gusta. Se titula Mazatlán: cuatro amigas se fueron a mazatlán / en semana santa / una de ellas / llevó un bote de nutella / todas en el cuarto / quisieron pan con nutella.

Friday, March 28, 2008

A la sombra de un bonito ahuehuete

En su texto Garage Picasso, Concepción Moreno escribe:

Un artista en México (y tal vez en todo el mundo, no lo sé), conoce por fin su verdadera naturaleza cuando la tenebrosa mafia cultural del país lo acepta como uno de ellos. [...] Siempre me resulta sorprendente (y deprimente) la cantidad de jóvenes aspirantes a artistas o intelectuales con los que uno se topa que creen sinceramente que deben ser legitimados por cierto "sistema" [...] entrar a la revista Letras Libres, entrar a la revista La Tempestad [...] para decir abiertamente que son artistas y vivir a la sombra de un bonito ahuehuete llamado el-presupuesto-de-alguien-más (si es el del Estado, qué mejor). ¡Aviesos cazadores de canonjías y galardones!

Hace fresco. El texto completo
acá.

Nueva página de los Libros de Homero

Aquí.

Wednesday, March 26, 2008

"Nacos"

There's only so long you can feel sorry for a person before you come to feel that their affliction is an act of malice committed by them against you.
Margaret Atwood, Lusus Naturae


O estaba deprimido o era realmente patético -en el sentido de que me provocó una pasión- aquél muchacho que, en noviembre del año pasado, vi sentado en una banca de camiones (una desocupada, pues ya no pasaban camiones por esa ruta) con una caja de plástico en sus piernas, abierta, con un montoncito de rollos mal hechos de sushi. En su mano, palillos que no sabía utilizar. Al verlo, extrañamente, no me dieron ganas de abrazarlo ni de decirle que todo estaría bien, sino de soltarme a llorar.

Monday, March 24, 2008

Cabezas

A ver niños. Estaba leyendo Blood Meridian cuando me di cuenta de algo. Hay un pasaje en el que un grupo de americanos, que se dedican a ser muy violentos y muy desapegados y muy malos, entran a un pueblo después de una de sus masacres a los indios que hay por la zona. En el pueblo, cerca de Chihuahua, los reciben alegres porque los han librado de los indios:
The tattered campaigners surged on, some now holding aloft cups that had been pressed upon them, waving to the ladies clustered on the balconies their putrescent hats and elevating the bobbing heads with those strange halflidded looks of ennui into which the freatures had dried, all so hemmed about now by the citizenry that they seemed the vanguard of some raged uprising and heralded before by a pair of drummers one witless and both barefoot and by a trumpeter who marched with one arm raised above his head in a martial gesture and playing the while.
Más tarde:
The severed heads had been raised on poles above the lampstandards where they now contemplated with their caved and pagan eyes the dry hides of their kinsmen and forebears strung across the stone facade of the cathedral and clacking lightly in the wind. Later when the lamps were lit the heads in the soft glare of the uplight assumed the look of tragic masks [...]
Como es de esperarse, cuando se van alguien opina que se encontraban mejor con los indios. Así les fue en el pueblo. De lo que me di cuenta: esa imagen de un grupo marcial que camina triunfante por las calles con cabezas humanas sobre lanzas, ya la había leído en algún otro lado. Ahora, Blood Meridian es un libro de ficción y uno puede imaginar esas cosas casi sin indignación. Con un horror como de película de horror. Con placer, incluso. Con atisbos de belleza, también. Creo, por eso, uno puede imaginar que eleven las cabezas a los balcones, donde las mujeres esperan -aunque, en realidad, por el pasaje uno es incapaz de saber si las mujeres reciben esas extrañas ofrendas con horror o con alegría. Creo que este es uno de los recursos más usados y mejor logrados de McCarthy: mostrar una imagen y dejar fuera su conclusión, digamos, moral. Si uno imagina que las mujeres, en este caso, reciben la ofrenda con gritos y horror, el mundo parece que está bien. Si uno imagina que las mujeres reciben la ofrenda con gritos y alegría, el mundo no parece estar tan bien. Pero McCarthy, fiel a su propia visión gris, no da respuestas en este aspecto. Simplemente hay una ofrenda horrorosa aunque no se le designe como horrorosa. En su lugar pura perplejidad. Pero, de nuevo, esto es ficción. Una escena similar en Memorias de ultratumba de Chateaubriand (en el libro V, hacia el final del capítulo 9):
Llega un grupo de descamisados por una de las bocacalles; en medio del grupo se alzaban dos estandartes que no veíamos bien de lejos. Al acercarse, distinguimos dos cabezas desgreñadas y desfiguradas, que los predecesores de Marat llevaban en la punta de sendas picas: eran las cabezas de los señores Foulon y Bertier. Todo el mundo se retiró de las ventanas, pero yo me quedé. Los asesinos se pararon delante de mí y alargaron las picas hacia mí entre cánticos, mientras daban grandes brincos y saltaban para acercar a mi cara las pálidas efigies. El ojo de una de estas cabezas, salido de su órbita, caía sobre el rostro oscuro del muerto; la pica atravesaba la boca abierta cuyos dientes mordían el hierro: "¡Bandidos! -exclamé yo, lleno de una indignación incontenible-, ¿así es como entendéis vosotros la libertad?" Si hubiera tenido un fusil, habría disparado contra esos miserables como si hubieran sido lobos.
Después de estos eventos de 1789, las posiciones políticas de Chateaubriand cambiarían para siempre, o eso escribió. Francamente, me cuesta trabajo imaginarlo gritando "¡Bandidos!". Pero es su memoria.
Extrañamente, recuerdo con mayor fuerza el horror que me provocó la lectura de un párrafo de El señor de los anillos que leí en secundaria. Quizá David González pueda ayudarme en esto: no sé en qué pasaje de El Señor de los Anillos (aunque estoy casi seguro que es en el tercer libro) hay un momento en que el asedio a una ciudadela incluye catapultas enemigas que en lugar de piedras arrojan las cabezas decapitadas de los soldados muertos en batalla. Y creo recordar la descripción de una de estas cabezas, rodando calle abajo, así como el horror de los familiares al reconocer el rostro del soldado muerto. Pero no siento horror placentero alguno, o no creo haberlo recordado, al leer noticias de cabezas encontradas en hieleras al norte de nuestro país, cuerpos decapitados encontrados en cajuelas. Gente que se queja del olor. El año pasado, en la exposición deprimente del World Press Photo organizada por la CNDH, me detuve largo tiempo a contemplar una de las fotografías -algo sobre la Mara Salvatrucha- donde se mostraba una cabeza humana en una pista de baile. Esto, como diría Foster Wallace, es similar a bajar la velocidad para ver los restos de un accidente de tránsito. La mediación, caray. Nos tiene jodidos.

Wednesday, March 19, 2008

Cierta sabiduría en Paul Valéry

De Monsieur Teste:

"Espero, señor, que valgamos más que todos nuestros pensamientos y que nuestro mayor mérito ante Dios sea haber tratado de detenernos sobre algo más sólido que los balbuceos, aunque sean admirables, de nuestra mente consigo misma".

Friday, March 14, 2008

Un poco de sangre

Mientras me bañaba en la mañana pensé en cómo iba a escribir esta entrada que, por alguna razón, no me había decidido a redactar. No es una razón misteriosa, antes de hacerlo quería terminar de leer Blood Meridian de McCarthy y, sobre todo, Sangre, de Julio Hubard. Cosa que, por supuesto, no he hecho. Ocupado con otras cosas que hice después de bañarme lo olvidé todo y no fue hasta que me senté a esperar a que me atendieran en la peluquería que regresó. Comenzaba, mi idea, con el recuento de algo que me había contado César Albarrán. "Ya está mejor", me dijo cuando le pregunté sobre Rothko, su perro. Aparentemente, mientras lo bañaban y le cortaban el pelo, como se acostumbra hacer con los perros a quienes se aprecia, accidentalmente le cortaron una oreja. De esto César no se enteró hasta que vio la sangre en el piso de su casa. Hubo gritos. Recordando esto, mientras leía Sangre de Hubard, esperando en la peluquería, recordé otra cosa. No sé si simultáneamente o de inmediato: ignoro cómo es que funciona mi muy sanguíneamemte irrigado cerebro (ahora que releo "Hubo gritos", por ejemplo, me viene, pero no sé por qué, a la mente el título de una película que vi hace poco, There will be blood). La otra cosa que recordé fue: una mañana o una tarde de mi infancia en la que acompañé a mi madre a que le cortaran el pelo. El peluquero me hizo una especie de broma. Me contó que accidentalmente, la semana anterior le había cortado un pedazo de oreja a un cliente. "Era un chino", dijo, "e hizo ejercicios de respiración para soportar el dolor". Me lo estaba diciendo, creo, porque enseguida me cortaría el pelo a mí y era su modo de sugerirme quedarme quietecito mientras lo hacía. Más tarde mi madre me dijo que sólo estaba bromeando, cuando le pregunté si aquello era posible, que alguien pudiera mantener la calma a fuerza de respirar.
No tuve la paciencia, así que cerré Sangre y me levanté de la silla donde esperaba a que me cortaran el pelo (había una persona antes de mí) y le dije al peluquero que regresaría por la tarde, cosa que no hice. Me olvidé de todo esto durante la comida. Pero hace rato fui a ver Eastern Promises, de Cronenberg, un director que siempre me recuerda la fragilidad de la carne. Fue entonces, durante la primera escena, que lo recordé todo. Es de noche ahora. No he terminado Sangre. No he terminado Blood Meridian. No era esta la manera en que pensaba escribir sobre esto.

Thursday, March 13, 2008

Enrique G de la G opina

Termino la entrada anterior y con esa prisa que a uno le agarra le doy click a mis links y entro al blog de Letras Libres y leo la nota que escribió el Kiks sobre una película que en realidad es una opinión sobre la literalidad y pienso en Temporada de patos pero sobre todo pienso en Puerto Progreso, allá por Yucatán. Repentinamente todo hace click, aunque no uno de rapidez, como de síncope, sino de orden calmado. Afuera, Refu sigue chillando.
Todo esto, creo, para decir que qué bonito es ese puerto. Que algo de poca literalidad tiene su nombre. Y podría, supongo, llamársele progreso a las McMansiones que están junto a la playa, pero no. Sin duda no.

Novedades editoriales de Libros de Homero

Son dos y hay algo de información acá. Esto merece una fiesta pero mientras sólo hay un blog, el presente, sin mucho de interesenta y mucho de tedioso. Las cosas merecen otras, específicas, pero en cambio obtienen otras, también espefícias que, sin embargo, no concuerdan con lo merecido. Esto, a veces. A menudo, también. De vez en cuando se atina. Y todo parece que funciona. Afuera, Refu llora y camina en rededor de la puerta, olisquea algo. Creo que hay un perro afuera. Espero, también, a un amigo. Viene la semana que es santa. Viene el ocio. Aunque cansado, tengo una sonrisa en la cara. Eso es bueno. Que los Libros de Homero tengan novedades, también. Y así, se acumulan las bondades.

Wednesday, March 12, 2008

Monday, March 10, 2008

Avoidance machines

Tengo ganas de ver Vanishing point, de 1971. Vi el corto en Youtube. Y luego vi el video de Audioslave que ya había visto pero no había entendido la referencia porque yo nunca estoy al tanto de las cosas que pasan y todo esto no lo digo porque acabe de ver Death Proof de Tarantino, cosa que no he hecho -aunque tengo ganas de verla de nuevo- sino porque acabo de leer On The Road (este artículo, no la novela) en The Believer, sobre las "Road Movies" y pensé en una entrada de hace unos días, en la que yo mismo hablaba sobre un viaje en La Paz y la carretera y la chingada y que también, obviamente, me hizo pensar en The Road, de McCarthy.






Este párrafo me hizo pensar en ayer, cuando regresaba con Rodrigo y Karim a la ciudad: "When two people are sitting in a car, they don’t have to look at each other. They don’t have to be interesting or funny or even themselves, because they’re not there for entertainment; they are there to get somewhere else. That’s what makes movement more interesting than staying in place: Road Trips exist outside of reality. Cars are not just memory machines. Cars are avoidance machines".
A estas cosas les he invertido la mayor parte de la mañana.

Sunday, March 09, 2008

1883

Morbosamente le pido a Karim que ponga de nuevo La Isla de los Muertos de Rachmaninoff, de vuelta de Valle de Bravo. Pasan de las siete de la noche mientras, en el asiento trasero, Karim maniobra con el Ipod y en el asiento del copiloto Rodrigo aguanta, pacientemente, el paso de Strauss a mis inquietudes. A nuestras espaldas el cielo enrojece al momento que el sol da sus últimas, patadas de ahogado. Estoy pensando no en Kafka -quien nació en el mismo año en que se pintó la versión de arriba, de La Isla de los Muertos, de Böcklin (a quien yo no conocía porque no soy culto) ni en Nietzsche (acabamos de escuchar, imita Rodrigo con su voz de locutor de la UNAM, Also Spracht Zarathustra) sino en zombies. Al frente, tráfico y montañas oscuras.

Monday, March 03, 2008

Cierta sabiduría en Saul Bellow

Para contrarrestar la sangre unas palabras de una entrevista de 1966 de la Paris Review:
But let us look at one of the dominant ideas of the century, accepted by many modern artists -the idea that humankind has reached a terminal point. We find this terminal assumption in writers like Joyce, Céline, Thomas Mann. In Doktor Faustus politics and art are joined in the destruction of civilization. Now here is an idea, found in some of the greatest novelists of the twentieth century. How good is this idea? Frightful things have happened, but is the apocalyptic interpretation true? The terminations did not fully terminate. Civilization is still here. The prophecies have not been borne out. Novelists are wrong to put an interpretation of history at the base of artistic creation -to speak the "last word."
Me encanta como cierra esa entrevista:
I am quite prepared to admit that being habitual liars and self-deluders, we have a good cause to fear the truth, but I'm not at all ready to stop hoping. There may be some truths that are, after all, our friends in the universe.

Sunday, March 02, 2008

McCarthy

Earl McGraw mata zombies con hachas
En la televisión, antes de salir a San Miguel Octopan, Geronimo: An American Legend (1993). Recordar a mi padre en el cine, cuando la vió, años atrás. Extrañamente, no recordarse a uno mismo viendo esta película con su padre. Pasa media hora y uno debe irse pero quiere quedarse a verla pues la historia lo envuelve. Entonces finalmente animarse a leer Blood Meridian: Or the Evening Redness in the West de McCarthy. Comienza a leerlo en la carreterea y lee más en San Miguel Octopan, rodeado de polvo y gente que alguna vez anduvo a caballo. Pasa el tiempo. Piensa en Owen Wilson, su personaje en The Royal Tenembaums, Eli Cash: autor, pero no genio, de Old Custer. Toma esto con humor. Qué bueno es Blood Meridian, decide pasados unos cinco capítulos. Julio, su primo, a su vez lee The Road. Y ahora piensa que Matt Damon hizo un buen trabajo en All the pretty horses y piensa también en cómo confundió momentáneamente Geronimo con All the pretty horses porque Damon actúa en ambas, y en ambas hay caballos y hombres de pocas palabras. Querer ser un vaquero, ¿es lo mismo que querer ser un buen hombre, una persona prudente? ¿Son las mismas aspiraciones? Botas y comida, preocupaciones sencillas, rudas. De principios sólidos: estos hombres de bigotes. Curiosamente, atrás en el tiempo, recuerda esa tonta pero casi palpable relación que alguna vez hizo su cerebro, entre zombies y vaqueros, y es curioso porque, ahora que ha regresado a su casa en la ciudad, acaba de ver una película de zombies con su primo, Planet Terror, en la que actúa Josh Brolin, quien también actuó en No country for old men. ¡Y todavía más extraño! ¡Recibir una llamada de Rodrigo en el momento en que Brolin está exhumiendo pus para informarle que acaba de ver No country for old men en el cine y que le encantó! Con todo esto, no poder quitarse de encima la imagen de McCarthy en los Óscares, ese padre anciano -y pensar en la escena de Planet Terror en la que muere el hijo de siete años de una de las protagonistas.