Wednesday, October 22, 2008

Tiempo real


Al mismo tiempo que estoy escribiendo una nota para el trabajo sobre la pieza TH. 2058 que presentó Dominique Gonzalez-Foerster en el Turbine Hall del Modern Tate escribo esto. Y me detengo para leer, por distraerme, en el blog de Iván Thays que Enrique Vila Matas escribió sobre dicha pieza en su columna semanal de su Dietario voluble. Aprovecho para leer un poco sobre Death Cities, uno de los libros que se encuentran en ese bunker inventado -Dominique Gonzalez-Foerster presenta la Turbine Hall como un espacio de refugio para los habitantes de Londres de 2058, con una lluvia que azota afuera sin cesar- y que se titula Death Cities. Eso me recuerda una recomendación que hizo Sergio González Rodríguez en el número 62 de la revista donde trabajo, la novela Sus ojos son fuego de Gonzalo Soltero. ¿Saben qué haré al salir del trabajo si la ciudad de México no arde en llamas o es arrasada por la lluvia o un terremoto? Me voy a ir a comprar ese libro. (En imagen, Nueva Orleans en tiempos del huracán Katrina).

Cierta cocina literaria

En Nabokov: "Pleasure and agony while composing the book in my mind. Harrowing irritation when strolling with my tools and viscera, the pencil that needs resharpening, the bladder that has to be drained, the word that I always mis-spell and always have to look up". En The Guardian.

Sunday, October 19, 2008

"Mirá boludo"


"-Me presento: Nardo Sollozo, el Pulgarcito de las Estrellas", escribe César Aira en su novela La noche de Flores (2004). Es la voz de "un ser extraño, mitad murciélago, mitad loro, de un metro de alto, que se descolgó de un árbol al paso de" la pareja otoñal que retrata Aira en ese divertido texto sobre la crisis argentina, la memoria y repartidores de pizza. Eso y un cuento, dejen les digo de paso, es lo único que he leído de Aira. No sé por qué he dejado pasar el tiempo para dilatar el placer de leer Cómo me hice monja, que está en Era. En fin, después de un rato de que Nardo Sollozo, el Pulgarcito de las Estrellas, interrumpiera al matrimonio Payró en su caminata por el barrio de Flores, desaparece para dejar una vez más a la pareja, sola con sus pensamientos. Leo:
-¡Qué personaje! -le dijo Aldo a su esposa cuando quedaron solos-.- Si lo contamos, no nos creen.
Quizá había visto mal. Esas calles por las que iban y volvían estaban muy oscuras. Los focos de luz de mercurio sonlían fallar, y se volvían una estrellita rosada. Pero aun cuando estaban encendidos el follaje de los árboles los velaba, y se formaban unas sombras inquietantes sobre las veredas rotas y agujereadas. Rosa y Aldo ya se habían aprendido de memoria estas irregularidades, y su avance pausado, siempre del bracete, los preservaba de las caídas, que a su edad empezaban a ser peligrosas. Sentían que cada noche las calles estaban más oscuras, y se preguntaban a qué podía deberse. ¿Habría menos tensión? ¿Saldría menos luz de las ventanas y puertas de edificios? Esto último podía ser efecto de la crissi: la gente se cuidaba en el gasto de electricidad, como se cuidaba en todos los gastos. ¿O habría simplemente un crecimiento de las sombras?
Recuerdo que hace tiempo, cuando leí ese fragmento, me pareció claro que a este tipo de cosas eran a las que se referían las personas cuando hablaban sobre el modo en que Aira introducía elementos inverosímiles en sus novelas de modo que se volvieran verosímiles. Cuando esto sucedía a mí me importaba mucho todo eso sobre lo verosímil e inverosímil, pues me importaba mucho la cuestión de si todo puede ser escrito, que ahora, caray, cómo pasa el tiempo, me parece casi una obviedad que la literatura se sostiene en esos pequeños y bobos andamiajes que rezan "si lo contamos no nos creen" o "pero es que como se los cuento yo no me van a creer", en fin, las cosas que hace que uno se la crea o que, para decirlo con piruetas en el aire, crean un pacto, una suspensión de incredulidad, y todas esas bonitas formulaciones que ahora mismo regreso a su cajón.
Todo esto para preguntar: ¿pero qué tal que en una de esas resulta que Aira no es un maestro de la versomilitud sino de hacer que lo verdadero parezca verosímil, es decir, algo falso que pasa por verdad? Pues, oh, resulta que hay evidencias con-tun-den-tes de un enano que camina por las calles de Argentina. Quizá no se llame Nardo, pero de que es un ser pequeño y extraño, con pinta de murciélago, pueden verlo aquí:
Más información acá. Y acá. Entiendo que el gnomo que ha aterrorizado a Argentina tiene ya su tiempo (yo creía que era invento de Aira), pero me acabo de enterar vía Boing boing, que es adictivo.

Cierta locura en el Metrobús

Venía en el Metrobús leyendo Revolutionary Road. Me detuve en un párrafo cuando vi que un asiento se había desocupado (pues iba de pie). Era de noche, llovía y salía del trabajo. Me senté a lado de una persona, una mujer, quien comía una torta ruidosamente. Me pareció poco cortés levantarme de inmediato, probablemente hubiera notado que lo hacía porque me parecía desgradable. Así el superego. El olor de la torta y su ropa impedían que me concentrara en la lectura -John Givings estaba experimentando un colapso de nervios en casa de los Wheeler- así como el sonido del masticar se confundía con los besos babosos y ruidosos de una pareja de adolescentes que recién se había subido para ocupar el espacio que antes de que me sentara ocupaba yo. "¿Está el Negro con los leprosos? Comunícame con los destazados", dijo la señora después de un rato. Pensé que le hablaba a alguien más, no a mí. Ya iba en su segunda torta. Hablaba en una voz baja pero clara. "Hay mucha sangre. Le dejaron el estilete dentro", dijo después de un rato. Un círculo comenzó a dibujarse en mi estómago, endureciéndose. Los adolescentes no escuchaban nada, hablaban por teléfono, se besaban y sonreían. Una persona, detrás de mí, cuando la señora dijo: "Hay que darle sus vergazos", dijo en voz alta: "¿Perdón?", pero la mujer no contestaba. Seguía con su torta, ausente. Después de un rato habló con su Padre y con el Negro sobre algo que parecían pabellones blancos cubiertos de sangre, gente gritando y personas obligadas a sostener a otras personas que se movían violentamente sobre camillas. Insistía en que había mucha sangre y en que hablar más sobre los leprosos era "mucha cochinada". Pasaron varias estaciones de definitivamente no poder leer -alcancé a verle el rostro, flaco, de cejas tatuadas- cuando me levanté para bajarme. El Metrobús iba a reventar, ella llevaba una chamarra de franela y recuerdo que justo antes de que me levantara, dijo: "De veras, no dejan tragar en paz". Nos bajamos en la misma estación. Pero en lugar de ir a la calle, ella se subió en otro camión, en dirección opuesta.

Thursday, October 16, 2008

This fiery chaos

Venía en el Metrobús leyendo The War of the Worlds. Me detuve en un párrafo para pensar en que quizá sería demasiado decir, hoy, aquí, que el título de la novela de Wells me recordaba al de Windows on the World. Pero es verdad: ambas, en mi cabeza, se leen abreviadas como WoW. Y no es para tanto. Excepto que el día anterior, desde la misma parada del Metrobús -que se ha vuelto así como mi pensadero- vi a lo lejos un vocero de El Universal y en la primera plana vi una mancha negra sobre la que flotaba una mancha roja. No pude distinguir qué era pero me intrigó la imagen. Más tarde, ya en la oficina, vi en Internet que era sobre los incendios en California, que de algún modo imaginaba. En el "Picture of the Week" del Times vi una serie de fotografías de los incendios. En una de ellas un grupo de automóviles se alejaba de una colina en llamas. Parecía una noche más de tráfico, de gente yendo a sus casas después del trabajo, como si fueran capaces de vivir en paz, en armonía, con una montaña que arde a sus espaldas.
Pensé en ello de nuevo por una línea de Wells, que dice: "It seemed indeed as if the whole country in that direction was on fire -a broad hillside set with minute tongues of flame, swaying and writhing with the gusts of the dying storm, and throwing a red reflection upon the cloud scud above". Y más adelante: "And this was the little world in which I had been living securely for years, this fiery chaos!"
Ese pasaje está en el capítulo de War of the Worlds que se titula At the window.
(Incidentalmente, mi edición de The War of the Worlds, de la New York Review of Books, viene con ilustraciones de Edward Gorey; aquí una de ellas:
).
Hoy busqué de nuevo la imagen del tráfico alejándose de la colina, pero no la encontré. Hay muchas otras: bomberos adentrándose en llamaradas, casas en llamas, vistas satelitales... Una de las fotografías me llamó la atención, sin embargo:

Me recordó aquella escena de Cloverfield en la que un caballo solitario cruza la ciudad desierta pero con mayor precisión la escena de Jarhead en la que los soldados, habiéndose adentrado en la noche del desierto sobre el que llueve petróleo ("The earth is bleeding"), iluminados por las columnas de fuego a la distancia, un caballo cubierto en esa espesa negrura se acerca al protagonista, resoplando entre el aceite. También busqué esa imagen (sólo encontré un video y lo iba a poner bajo estas líneas pero viene con una música toda new age y desagradable que me desanimó) y en cambio encontré esta, que sucede momentos antes de que entren en la lluvia de petróleo:

¿Y a qué me recuerda? A la imagen con la que han estado promocianando la exhibición en Barcelona de Ballard, en el CCCB:

Y así se acaba esto.

Vida de oficina, vida de basura

Torre Vivaldi en Ámsterdam: "El edificio de 24 pisos de alto –construido para albergar los servicios financieros de Ernst & Young- incluye un restaurante-bar, un auditorio, salas de juntas, una biblioteca, una sala de noticias e instalaciones para ejercitarse además de las oficinas, salas de conferencias de video y una sala para la mesa de directivos". Entiendo que en los HQ de Google, en California, el Googleplex, los servicios dentro del edificio todavía son mejores: que tus muchos restaurantes, que tus peluquerías, tus guarderías para los niños, tus scooters para ir de edificio a edificio, tus fines de semana con partidos de hockey entre miembros de la compañía, tu enorme vida de roedor, tu colorida y bella colonia de hormigas.


Wednesday, October 15, 2008

Mañana iniciaremos la construcción de una ciudad



En una ocasión una de mis hermanas estaba en mi habitación, platicando conmigo. A mitad de una oración se detuvo y me preguntó de qué se trataba un libro que estaba acomodado entre otros, Underworld, de Don Delillo. Antes de que pudiera contestarle -de inventar algo (lo dejé a la mitad)- me preguntó si era sobre el once de septiembre. No, no era sobre el once de septiembre. Al menos eso podía decirle: se ubicaba en la era de la Guerra Fría. A la fecha lo único que recuerdo de esa lectura incompleta era la importancia narrativa de una bola de baseball y un montón de aviones que se estaban pintando en el desierto. No volví a pensar en aquella tarde hasta la semana pasada, cuando leí Windows on the World de Beigbeder, para el club de lectura de Viejas Ancianas. Me lo recordó el apartado 9.04, cuando Beigbeder sale de la torre Montparnasse, esa tercera torre gemela, según su relato, erecta aún al otro lado del oceáno, en Francia, para caminar hasta el cementerio de Montparnasse donde le da una visita a la tumba de Baudelaire. Después camina hasta el "extraño monumento" que ahí construyeron, para el mismo poeta. Una especie de gárgola (como las que, debemos recordar, aparentemente, antes protegían a los rascacielos de Nueva York cuando todavía se era lo suficientemente supersticioso como para colocarlas en lo más alto), un "genio del mal" que mira a la distancia, en posición de Pensador de Rodin, la torre que recién abandonó Beigbeder. Me pregunto si de aquí debemos entender que dicha torre no se había caído como sus forzadas gemelas lo hicieron. Pero no me lo pregunto demasiado. La imagen, abajo, de lo que ve el genio del mal:




Hay cierta actitud visionaria, opino, en Beigbeder. Pensaba en esto por la tarde, cuando leía un texto sobre un visionario mayor, Lebbeus Woods, quien consigue con sus diseños imposibles de arquitectura futurística lo que a ratos alcanza a rascar Beigbeder: a fuerza de elevarse sobre ciertos establecimientos morales (a saber, dado que el "genio del mal" observa con indiferencia una torre, ésta no cae) alcanza a ver bienes futuros. Woods, obviamente, lo hace de modo más concreto y mejor articulado. Por supuesto, ninguno de los diseños de Woods serán construidos, si bien, de algún modo, ya se han hecho. Por ejemplo, éste, en el que un pedazo de metal -una enorme astilla que se entierra en una construcción dolorosamente:
Que creo que casi con obviedad recuerdan al Pentágono:


Aunque los diseños de Woods, según leía hoy en un artículo que luego puedo informarles dónde aparecerá, muestran situaciones que podrían parecernos atroces, lo hacen con un tono en el que el Apocalipsis o los cataclismos, humanos o no, pueden, finalmente, crear situaciones de "borrón y cuenta nueva". Heridas cauterizadas, parches dolorosos pero fucionales y necesarios. A la vez, esto me recordó una cosa que había visto tiempo atrás en Dezeen, un sitio de noticias de arquitectura y diseño en el que, aquella vez, mostraban una serie titulada "Realidades Virtuales" creada por los arquitectos del despacho NL. En su momento recuerdo que la serie me pareció efectista, especialmente la siguiente imagen en la que una serie de torres se elevan del suelo como si fueran enormes árboles que crecen en la pradera -enormes mastadontes que viven en paz. Pero la imagen no me brinda sensación placentera alguna.

Quizá debido a que tengo muy en mente esa imagen del video de Pearl Jeam Do The Evolution en la que rascacielos brotan del suelo vertiginosamente, opresivamente, como también lo vi en Brazil de Terry Gillian, impidiendo, según recuerdo, el paso de esa especie de Ícaro que vuela entre ellas.


Cada vez que pasa un camión y vibra el edificio donde trabajo imagino que un enorme terremoto destruirá la ciudad entera. Un gesto natural que no podríamos juzgar moralmente, a pesar de toda su enorme y fría maquinaria, de lógica irrefutable.

Martes-Miércoles

Oh cielos, qué cansado estoy. No pude terminar Revolutionary Road porque me distraje releyendo el Ulysses (¡genial, magnífico!) y viendo Solaris de Andréi Tarkovski de nuevo (¡la recomiendo ampliamente!). Por lo demás ya estoy de nuevo acá, trabajando como loco en esta magnífica revista que es La Tempestad, la mejor revista de arte en México. ¿México? ¡El universo! Un enorme abrazo de puras mamadas a todos.

Tuesday, October 14, 2008

Lunes-Martes

Me permito un momento de vanidad para anotar que el lunes, ayer, me desperté temprano, terminé finalmente A la búsqueda del tiempo perdido (lo recomiendo ampliamente) fui a correr con Refu, me di un baño, corrí a la oficina -a punto de llegar tarde- trabajé hasta las dos en cosas de importancia máxima, salimos a caminar y platicamos de cosas interesantísimas, pero no me quedé para el café, como normalmente hago, pues aún tenía trabajo por adelantar, así que regresé a la oficina -en el camino compré La montaña mágica que le había prestado a Mauricio y no me ha regresado (tuve un curioso intercambio con el librero: "¿Es para ti?", "Es para mí", contesté; era la última copia que tenían y le expliqué que era un repuesto pues presté uno que tenía y no me lo habían regresado y el librero me contestó "Sí, eso no se hace, prestar libros", etcétera)- y total que regresé, trabajé hasta las ocho, y en el camino a la casa, en el Metrobús, reinicié el libro de Mann. La edición que compré trae un prólogo del autor que la otra edición que tenía no traía; se me hizo curioso, el prólogo, pues Mann asegura que es un libro sobre el tiempo (sí, claro) y sobre cosas importantes en la historia (lo cual es verdad, también) pero que uno no podía terminar La montaña mágica en seis días, o seis semanas, ni seis meses. Curioso pues lo terminé anoche. En fin, hoy empecé Revolutionary Road de Yeats y creo que lo terminaré al rato.

Saturday, October 11, 2008

Sábado por la noche

Fluidos corporales: lágrimas, de ver televisión, mocos, que sorbo, sin estar enfermo, y sudor. Nada más, nada más.

Friday, October 10, 2008

RAL

Modern Guilt

La Biblia dice: "Pues aun vuestros cabellos están todos contados. Así que, no temáis."
Beck canta: “Don’t know what I’ve done, but I feel afraid".

Wednesday, October 08, 2008

Hammelin

Cierto horror en What is the What de Dave Eggers:

--Don't fear me, she said. --I am just a woman! I am a mother trying to help you boys. Come to me, children! I am your mother! Come to me!
The unknown boys ran toward her. Achor Achor stayed with me. When they were twenty feet from her, the woman turned, lifted a gun from the grass, and with her eyes full of white, she shot the taller boy through the heart. I could see the bullet leaving his back. His body kneeled and then fell on its side, his head landing before his shoulder.
Before anyone could run, the woman shot again, this time hitting the arm of the other strong boy. The impact spun him around, and he fell. When he raised himself to run, a last bullet, which entered through his clavicle and exited through his sternum, sent the boy swiftly to heaven.
--Run!
It was Achor Achor, running past me. I had not moved. I was still mesmerized by the woman, who was aiming her gun at me.
--Run! he said again, this time grabbing my shirt from behind. We ran from her, diving into the grass and then crawling and hurtling away from the woman, who was still shouting at us. --Come back! she said. --I am your mother, come back, my children!

Oficina

El torcido placer de las incomodidades de la oficina, según Frank Wheeler:
It was his bright, dry, daily ordeal, his personal measure of tedium. It had taught him new ways of spacing out the hours of the day -almost time to go down for coffee; almost time to go out for lunch; almost time to go home- and he had come to rely on the desolate wastes of time that lay between these pleasures as an ivalid comes to rely on the certainty of recurring pain. It was a part of him.

En Revolutionary Road de Richard Yates.

Saturday, October 04, 2008

Convergencia

Pasaban The Bride of Frankenstein en la televisión cuando se disparó ese relámpago -esa sinápsis- en mi cabeza y recordé a Harrison Ford siendo entrevistado en Inside the Actors Studio. Ford contaba una anécdota del rodaje de Indiana Jones and The Temple of Doom: Spielberg estaba molesto porque los elefantes que estaban usando estaban amarrados. Los entrenadores de elefantes insistían en que no podían no amarrarlos y a la vez llevarlos en caravana. Y Spielberg contestó que eso no era posible, él recordaba haber visto una película de Tarzán, o The Jungle Book, no recuerdo, en la que los elefantes iban en caravana, sin ser amarrados, y carajo, era así como él quería llevarlos. James Lipman, quien entrevistaba a Ford entonces, no parecía entender y Ford, como niño emocionado, giddy as a school boy, le explicaba: "¡Había tomado la imagen de ver películas!", con ojos de que Spielberg era una enciclopedia de memoria cinematográfica andante. En fin, eso fue lo que recordé, en un instante, cuando en The Bride of Frankenstein vi una escena en la que reviven, precisamente, a la esposa de Frankenstein, en la que la cámara ve desde el fondo del laboratorio hacia el techo de la torre donde Frankenstein lleva a cabo sus experimentos. No encontré la escena de esa película en YouTube, pero imaginé que era un refrito de la escena del famoso "It's Alive!" de la primera parte de la serie. En Indiana Jones es el minuto 4.02, en Frankenstein el minuto 2.39.


Tempestad #62


Para cuando ustedes lean esto ya podrán encontrar la revista en donde normalmente la encuentran. En este número, según se lee en la sección "En este número" podrán encontrar, según las partes y por orden de importancia:
1. Literatura: En nuestro dossier "Imaginar el futuro" Sergio González Rodríguez analiza las formas de la utopía en la narrativa contemporánea. La sección de actualidad incluye una entrevista con Enrique Vila-Matas, además de reseñas de libros de Juan Gelman, Bernard Malamud, Fogwill y Lolita Bosch.
2. Música: Diego Fischerman aborda la estela de Kafka en la música contemporánea. Manuel Rocha Iturbide reflexiona sobre las relaciones entre música y utopía. Jeremy Glazier hacia la crónica del festival que celebró el centenario de Elliot Carter. Además, notas sobre el Brad Mehldau Trio, Panda Bear y Battles.
3. Arquitectura. ¿Cómo ha abordado la arquitectura el concepto de utopía? Alejandro Hernández Gálvez se detiene en algunas respuestas en el dossier que dedicamos a "Imaginar el futuro". En "Formas útiles" se aborda el talento formal de la firma danesa BIG. Los mejores edificios de los últimos 12 meses se enlistan en las páginas 72 y 73.
4. Artes Visuales: En una entrevista, el artista visual Miltos Manetas postula a Franz Kafka como el padre del arte conceptual. Gabriela A. Piñero nos habla de utopías recientes en las artes visuales. Reseñas sobre la última Manifiesta, exposiciones de Jeff Wall y Anish Kapoor y un compendio de ensayos de Benjamin Valdivia.
5. Artes Escénicas: El dossier sobre utopías del arte contemporáneo incluye un ensayo de Gustavo Emilio Rosales sobre las concepciones del futuro en la danza y el teatro actuales. Shaday Larios Ruiz explica los aportes de Kafka a la escena. Una mirada al Festival de Aviñón en "Actualidad del arte".
En palabras de Sergio Pitol, "¡¿Qué tal?!"

Friday, October 03, 2008

No.

¿A poco no estaría increíble que yo tuviera una columna en el periódico o en algún lugar donde sacaran textos regularmente y que tratara sobre las aparentes nimiedades que uno vive en la ciudad pero que en realidad son pequeñas piedras sintomáticas de algo, algo difícil de nombrar pero palpable, algo que se cuela entre los pequeños espacios que sobreviven entre la masa del transporte público al que me trepo de vez en cuando, entre las caras desangeladas y agotadas que veo a diario en la calle o en las opiniones sueltas al aire, a menudo realizadas sin pensarse dos veces, una columna donde yo hablaría sobre esto y lo otro pero de un modo renuente, dando pasos atrás en cada oración, o no atrás sino más a fondo, de modo que fuera sobretodo mi voz esforzándose por ser clara lo que distinguiera a la columna antes que el aquí y el ahora citadino, antes que estas historias bobas de ciudad que uno a diario registra para dejarlas ir sin más en la magma de la memoria? ¿A poco no?

Tuesday, September 30, 2008

Imaginación


"Is he wild? Tame? Terrible? Rough? Smooth?".

El proceso

Parte del proceso incluye entrar a la oficina donde se está coordinando el trámite que estás llevando a cabo y esperar a que la persona que se ocupa del trámite, quien es mujer y viste jeans y un suéter nada favorecedor, termine su llamada personal. Su llamada personal está siendo sostenida con alguien a quien llama Manita y que probablemente, por la confianza con la que intercambian opiniones, sea su hermana. Su hermana menor. Su Manita a quien le informa que ya le informó a la persona que Vende los Perfúmenes vendrá hasta el lunes pues le dijo que a ella, su Manita, no le depositan sino hasta la quincena, así que quien Vende los Perfúmenes podría venir de nuevo el lunes, como vendré yo, de nuevo, según me informan, para recoger las copias de los docuemntos que llevé para que revisaran y sellaran con el sello especial necesario para registrar el otro documento que llevé en la otra oficina donde debo registrarlo y me está diciendo algo, complejo y sin sentido, a lo que asiento, a lo que dijo Sí, ok, entiendo, aunque no entiendo, pero sólo quiero irme de ahí, correr demonios, llegar a un lugar limpio y bien iluminado donde me preguntaré por qué carajos me someto a estos pequeños infiernos.

Saturday, September 27, 2008

Permítanme entretenerlos

Hay un momento en que, como saben, la madre de familia retratada en Funny Games pregunta por qué no los matan y ya, por qué se andan con tanto rodeo. Y el psicópata, uno de los psicópatas, responde que uno no debería olvidar la importancia del entretenimiento. Y yo también me he colocado en esa situación de tener que contestar que tal producto cultural o tal cosa ante la cual me detuve más de un minuto para dejarme someter me resultaba "entretenida", puerta de salida para cualquier ironía. No, no ironía: escape para cualquier obligación a defender mi postura. No me parecía, quiero decir, gran cosa. No me resultaba, asumo, una gran obra de belleza o de reflejo de la condición humana. También para mí lo entretenido es un pase de salida, una carta comodín. Un concepto tan maleable como etéreo. El rap de Memo Ríos sobre la muerte de Pedro Infante me resulta gracioso, entretenido.
Pero, ¿detesto el entretenimiento? No me considero lo suficientemente serio como para que sea así. De hecho a menudo pido a gritos entretenerme, cosa que no pueden hacer algunas grandes obras de la literatura. A veces abro a Virginia Woolf y me da hueva. Veo que pasan el Padrino y deseo adelantarle a las partes que me gustan, pero es la televisión y no puedo. Prendo y apago la radio, embotado. Lo cual seguramente habla algo en concreto sobre mis gustos: que tengo varios y son inconstantes. Pero, ¿es terrible lo que dice esto? Lo que detesto es poder decir que, digamos, Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal me parece "una película entretenida" y con ello significar a la vez que me pareció genial y a la vez que es una opinión que no defendería a muerte. En parte porque sé que eso de andar defendiendo opiniones es como andar defendiendo colores y en parte porque el significante "entretenimiento" ya da para cualquier lado. Todo esto a raíz de la defensa del entretenimiento de Chabon, en la introducción de su Maps and Legends. Donde se hace ver que lo entretenido se reduce, en suma, a lo placentero. De ahí que en realidad cualquier cosa pueda resultarnos tan entretenida como algo que finalmente ha estragado nuestro gusto. Ah, esa pequeñeces que nos gustaría que fueran infinitas.
Le recuerdo que escribí esto para hacer tiempo. Pero ya luego escribo más, no se apuren.

Thursday, September 25, 2008

Entretenimiento

En Awake de Tobias Wolff leo:

"They were just having fun, that was how he’d seen it, the two of them having some fun before going their separate ways, as people did, people their age with their whole lives still ahead of them. You didn’t want to get tied down now, when you didn’t know who you might still meet and what might open up, what chances and adventures".

En el recuerdo de Marco Cassini sobre David Foster Wallace, leo:

"At one point, he confessed with obvious embarrasment that he and his girlfriend had recently gotten cable TV, wich he had for a long time resisted getting, and he told me how every time he found something good to watch, he immediately feared that there might be something better to watch on the next channel, and therefore he would never stop zapping, and never really watch anything at all, which usually resulted in an argument with his girlfriend".

Kierkeegard tiene un nombre para esto.

Pero, ay, no una una solución.

Wednesday, September 24, 2008

Monday, September 22, 2008

Ciudad de México

Hoy bajé del Metrobús y me encaminé a casa. Pasé por una calle oscura en la que una mujer esperaba con su hija a que pasaran clientes potenciales como su servidor para los esquites que vendía. El olor a agua caliente y enlimonada, con un fuerte toque de elote flotante llegó a mi nariz a unos metros del puesto. Regresé envuelto en un recuerdo de kermés y puestos de cartón donde niños de secundaria juegan a casarse con niñas de secundaria. "¿Lo quiere con todo?", me preguntó. "¿Qué es todo?", contesté preguntando. "Mayonesa, chile, limón, queso...". Lo pedí sólo con chile y limón y recordé aquella vez que saliendo de la universidad, donde ya no estudiaba sino trabajaba como asistente de un profesor, me encontré a una amiga, o un poco más que eso, pero habiendo dejado de ser un poco más que eso, al poco tiempo de que dejara de serlo, entrándole sabroso a una mazorca con su chile, su limón y su crema -pedazos en los bráquets- y ahora me arde la panza pero entonces, hace rato, estaba muy rico y no sólo eso, también me hizo sentir seguro; me imaginé que si un pillo, un amigo de lo ajeno, me sorprendiera en una esquina y me amenazara con un "Guárdame este fierrito", yo tendría tiempo de arrojarle agua caliente y enchilada a los ojos y salir corriendo. Por las mañanas experimento la misma sensación cuando llevo café caliente.

Estar atento

Friday, September 19, 2008

Guillermo regresa películas

El personaje moderno del cual me ocupo ahora y al que llamaré Guillermo, pues es un nombre con el que me siento cómodo y familiarizado, puede ser visto saliendo de la oficina hacia la noche de la ciudad de México, encaminándose a su automóvil donde le aguardan el par de películas que debe regresar al Blockbuster y que dejó allí desde la mañana, cuando llegó a la oficina, con la intención de regresarlas aquella noche. Casi lo había olvidado, por supuesto, y cuando las ve, esperándolo en el compartimento sin compuerta diseñado para guardar distintas cosas -acaso cajas de DVD- en la puerta de su automóvil, no sólo recuerda que aún tiene ese pendiente sino que se sorprende también de su curiosa capacidad previsora; no es sólo el saberse capaz de adivinar que si las hubiera dejado en casa le hubiera costado mucho más trabajo tomar el auto, al salir de la oficina, encaminarse a casa y llevarlas lo que le sorprende, sino que esa previsión también llevaba oculta un pequeño placer: estando en el Blockbuster podrá, por qué no, rentar una nueva película. Esto, decide Guillermo ya que se encamina hacia el Blockbuster y se desliza en el tráfico y se somete a sesiones ligeramente idiotas de locutores en la radio, podría ser el cuento de nunca acabar: rentar, regresar, volver a rentar y piensa, aunque -debe decirse- momentáneamente, como este sistema todavía tiene la ilusión de libertad (uno puede dejar de rentar cuando quiera) a diferencia de otros sistemas de renta -sólo se le ocurre, en realidad, otro- como los ofrecidos en línea, como Netflix, quienes mandan, constantemente, películas, sin parar, siempre algo esperando en el reproductor de DVD. Ah, la invasión de nuestras pequeñas libertades.
Varios minutos y pensamientos más tarde, Guillermo se estaciona en el Blockbuster, se baja del automóvil, piensa en un posible secuestro -pues sabe, porque lo reconoció en la pantalla, que en ese mismo Blockbuster filmaron la escena del secuestro en Amores Perros- entra al establecimiento, deja las películas que iba a regresar y pasea en silencio y en solitario no por los anaqueles del centro del establecimiento -rara vez lo hace ya- y se dirige directamente a las secciones de estreno. Toma una película de Woody Allen que no había visto pues la quitaron muy rápido del cine y está a punto de gritarle a un par de idiotas -se descubre estresado- que gritan cuando hablan. Son gordas y hablan por teléfono, un solo teléfono, al mismo tiempo con alguien que está en altavoz. Y cuando gritan, cacareando entre ellas, una dice: "¡Todo el mundo me está escuchando, saludos a todo el Blockbuster!" Y Guillermo supone que, bueno, debería tomarse las cosas con más calma; ella con su autoconciencia y él con el estrés y sus recriminaciones excesivamente escrupulosas (de vez en cuando debería permitirse odiar a la gente sin verse en la necesidad de narrar algo para dejarlo pasar).

Wednesday, September 17, 2008

Entrada 920

El procesador de texto en el que trabajo durante el día en la oficina de la Mac cambia la palabra iTunes por atunes. Esto es algo que descubrí hoy, que cuando el procesador de texto de la Mac automáticamente me propone lo que con probabilidad es una mejor palabra y en lugar de, como decía, iTunes pone atunes en la pantalla en mi cabeza no leo atunes sino tunas y es raro que no sea hasta después de un tiempo -un instante- que me percato de que no es la fruta sino el pez, el pescado que se come, el atún, que viene en lata y no la tuna que espina al águila.

Tuesday, September 16, 2008

Forzarse a seguir leyendo, curarse con exceso

Hoy que inicié -sería tonto decir que reinicié- Infinite Jest pensé en aquella vez cuando, en la preparatoria, un amigo, a quien mantendré en el anonimato, decidió empinarse un costalito de azúcar porque estaba al tanto de que consumía demasiada y pensaba que la experiencia sería lo suficientemente traumática para dejar de comer que sus galletitas, sus pastelitos, sus Gansitos, sus golosinas diarias. Así que eso hizo y vomitó y más tarde descubrió que el ejercicio no había funcionado.
En "Year of the depend adult undergarment", casi al inicio de I.J.:
But he would force himself to do it anyway. He would smoke it all even if he didn't want it. Even if it started to make him dizzy and ill. He would use discipline and persistence and will and make the whole experience so unpleasent, so debased and debauched and unpleasent that his behavior would be henceforward modified, he'd never even want to do it again because the memory of the insane four days to come would be so firmly, terribly emblazoned in his memory. He'd cure himself by excess.

Monday, September 15, 2008

Avanza la ironía

Desperté por un mensaje en el celular. Ahora saco el aparato para leerlo: "Foster Wallace se ahorcó". No era temprano. Volví a la cama después de anotar un "no mames" en la pantalla y devolver el mensaje. No registré, en realidad, lo que esto me hacía sentir y me sumergí rápidamente en el sueño. Minutos, instantes más tarde, un nuevo mensaje de otra persona: "¡Se ahorcó Foster Wallace amigo!". Aquella mañana en la preparatoria, recordé entonces, cuando bajé a la cocina para encontrar a mi madre en bata, preparando el desayuno de mi padre. "Se murió ese director que te gusta", me dijo. Hablaba de Stanley Kubrick. Un sentimiento similar. Ya no habrá más producciones de Stanley Kubrick, pensé aquella mañana, sin haber visto aún Eyes Wide Shut ni imaginar Inteligencia Artificial, más tarde. Cuando murió Bolaño yo no imaginaba 2666 ni El secreto del mal ni La Universidad Desconocida. Sólo había leído Los detectives salvajes y algunos de sus libros de cuentos. Son pocos los autores que me gustan que mueren. ¿Pero me gusta Foster Wallace? El trance y reto de Brief interviews with hideous men era más un golpe de certeza de su influencia en otros escritores que me gustaban (había leído que Eggers era fan -aquí una conversación entre ellos*). Quizá no es que haya muerto lo que me sorprendió, al menos no tanto como que, precisamente como señalaron aquellos dos mensajes matutinos y telefónicos, se hubiera muerto por su propia mano. "Mr. Wallace was an apparent suicide", leo ahora en el New York Times. Y más abajo: "A versatile writer of seemingly bottomless energy". Parecen casi contradictorias, estas líneas. Y a la vez, no. Algo encierran, la sospecha de que Wallace sabía algo que nosotros no sabíamos. No sabemos. Esto es tonto. Escribir esto. David Foster Wallace falleció, yo llegué a leer algunas cosas suyas, me gustaron, otras no tanto, no he leído, sin embargo, la mayor parte de su obra (y hoy saqué, al llegar de la casa de campo, el pesado volumen de Infinite Jest del librero sólo para hojearla y devolverlo a su lugar, no sé cuándo vaya a leerlo) y en fin, comienzo a sentirme como una, sí, rémora junto al cadáver de un tiburón que sin embargo avanza. Esto es tonto.
*Allí escribe Foster Wallace (y es doloroso notar la sincronía de mis entradas) lo siguiente, sobre los argumentos entre políticos: "It’s all become like Zinn and Chomsky but without the immense bodies of hard data these older guys use to back up their screeds. There’s no more complex, messy, community-wide argument (or “dialogue”); political discourse is now a formulaic matter of preaching to one’s own choir and demonizing the opposition. Everything’s relentlessly black-and-whitened. Since the truth is way, way more gray and complicated than any one ideology can capture, the whole thing seems to me not just stupid but stupefying. [...] How can any of this possibly help me, the average citizen, deliberate about whom to choose to decide my country’s macroeconomic policy, or how even to conceive for myself what that policy’s outlines should be, or how to minimize the chances of North Korea nuking the DMZ and pulling us into a ghastly foreign war, or how to balance domestic security concerns with civil liberties? Questions like these are all massively complicated, and much of the complication is not sexy, and well over 90 percent of political commentary now simply abets the uncomplicatedly sexy delusion that one side is Right and Just and the other Wrong and Dangerous. Which is of course a pleasant delusion, in a way—as is the belief that every last person you’re in conflict with is an asshole—but it’s childish, and totally unconducive to hard thought, give and take, compromise, or the ability of grown-ups to function as any kind of community".

Thursday, September 11, 2008

Contra la ironía

En el Segundo Piso, casi despejado de otros autos a eso de las diez y tantos de la mañana, veo el casi despejado cielo de la ciudad de México, azul y con nubes, casi completamente libre de ironía y anuncios espectaculares, excepto por -cuento- unos siete, dos de productos de belleza y unos cinco del Gobierno de la ciudad de México. Los cinco del Gobierno de la ciudad de México son el mismo y en todos se anuncia que gracias a una campaña del mismo gobierno (se están dando sus propias palmaditas en la espalda, no se les escape) se despejó el segundo piso y el periférico de contaminación visual.
Muchas gracias.

Tuesday, September 09, 2008

Releo

Algunas entradas de esta bitácora electrónica, de hace unos tres años. Parecía menos preocupado aunque ahora mi vida parece más sencilla. Probablemente un mecanismo de defensa. Extraño esa juventud. La certeza idiota de que no sería feliz, pues aún albergaba una esperanza -de ahí su idiotez, quiero decir. Ahora que probé las cosas que entonces pensé me harían feliz, la paz y el orden, debo decir que podría atisbar cierta desesperación en el horizonte, si no fuera porque sencillamente no es así. Lo único que siento es una paz y un orden de un distinto, digamos, orden. Me gustaba experimentar pocas certezas.
Hay tantos libros que me gustaría releer pero no sé si el número es superior o el sentimiento de mayor intensidad que el provocado por los libros que no he leído pero quiero leer.

Awake, un cuento de Tobias Wolff


Leo un cuento en una revista. No en una revista impresa sino en la versión electrónica. Lo leo sentado, aquí en la oficina. Es un cuento de Tobias Wolff. No lo he terminado. Me distraigo (con el trabajo). La revista es The New Yorker. Es una buena revista, nunca he comprado una, me la han prestado -una vez que Eggers sacó un texto sobre películas de verano, hace como uno o dos años- y en fin, el cuento de Wolff inicia con el personaje leyendo la Odisea, aburriéndose, esforzándose por leer el texto pero incapaz porque es uno de esos libros que aburren, aparentemente, y está leyéndolo en la cama -que, como sabemos es uno de los peores lugares para leer, así como es terrible leer en la oficina (por no decir imposible)- y en fin el libro, descubre el personaje, es un libro de biblioteca. "Era un libro de la biblioteca", escribe Wolff, "Estudió las fechas en que lo sacaron -pocas y distantes entre sí- luego lo cerró y lo regresó a su lugar".
No termino de leer el cuento, me voy a casa.

Friday, September 05, 2008

Thursday, September 04, 2008

Desierto y aburrimiento

Originalmente éste iba a ser un correo electrónico dirigido a un amigo pero leer otros blogs me estimularon a escribir lo que yo puedo juzgar, sin demasiado distanciamiento, como una honestidad mediocre que me puede llegar a preocupar en los momentos en que sin estar escribiendo estoy narrando, pero no es esto de lo que quiero hablar. Va más por el lado de que voy en el camión leyendo Huesos en el desierto, que me prestó un compañero de la oficina, y leo y leo sobre los crímenes pero la verdad es que me pierdo en los datos, en la falta de historia y en palabras con un peso específico, en expresiones clínicas y desapegadas como "decúbito ventral" que por supuesto me refieren a catálogos ficticios, pero no sin menos peso, como el del extenso capítulo-novela que se encuentra en 2666, "Los crímenes". Me pierdo también en el camión, entre todas las personas. Pero no es camión, es el Metrobús, y alguien apuntaba en que ir en el Metrobús ciertamente no es como ir en el camión. Mucho menos como ir en el metro. Uno, en el Metrobús,no le dirigirá la palabra a otro pasajero a menos que se tope con el caso raro de una persona que está leyendo un libro que uno conoce (se sentirá abochornado por esto, no lo olvide) ni olerá las cajas de unicel que utilizaron los meseros que ahora descansan para transportar pescado del restaurante donde trabajan (como en el metro, para gran risa de ancianas y chicas morenas y rellenitas) sino que le mandará un mensaje irónico y chistoso al amigo que se quedó encerrado en la oficina, llamándolo "lacayo" -y pensando, todo el tiempo, no, resguardando en su interior la memoria enterrada del cuento Los crímenes, que sucede a altas horas en una oficina en El secreto del mal, también de Bolaño. Uno en el Metrobús, pues, sin nadie a quién hablarle, sentirá miedo. Hasta aquí, pues, mis azotes socioeconómicos.
Me pierdo, decía, entre la muchedumbre del Metrobús y observo entre página y página a una güerita que por azares del destino no pudo subirse en la parte de las mujeres sino en la parte de los hombres y mientras la veo atentamente preguntándome cómo es que no se ve incómoda y cómo es que no se le arriman -como en todas las historias que he escuchado- me sorprendo a mí mismo mirándola con atención y ella volteándose, sintiéndose incómoda por mi mirada.
Por supuesto, mi padre se compró un automóvil. No sólo un automóvil sino uno que me hará sentir incómodo cada vez que él se queje sobre la inseguridad en la ciudad y en el país pero sobretodo cuando estoy utilizando la curiosa anécdota como eso, una curiosa anécdota que presento a los demás como algo digno de contarse, un signo de los tiempos en los que vivimos. Contrastes, ironías, todo agotador. Así que busco en otro lado y donde busco es en mi adolescencia, aquella vez que en el Bull Dog, a punto de estar borracho, me perdí de la conversación de los amigos de entonces para poner mi atención en el mural del bar y leer en algún lugar, allá arriba, la frase "desierto de aburrimiento" que ahora me suena (en el correo que iba a mandar a mi amigo iba a añadir algunos detalles sobre aquella noche que son, veo, demasiado bochornosos como para escribirlos acá).
Mucha gente, mucho espacio. El tedio nos orilla. Comienzo a anotar con palabras cortas, menos apuradas, cuando no tengo absolutamente nada sensato que decir sobre una situación. Cuarenta días en el desierto está bien, una ciudad entera toda una vida no tanto.

Wednesday, September 03, 2008

Almas bellas, sensibles

Leía sobre un condenado a muerte que cedió su cuerpo para que fuera parte de una obra de arte, en caso de que su última apelación no enmendara la condena. No recibió el perdón. Ahora abogados están revisando el testamento para ver si es válida la entrega de su cuerpo al artista. Los abogados no revisaron su confesión, en cambio, en la que se retractaba de acusar a un amigo como cómplice del asesinato que cometió -cosa que hizo con la esperanza de que no lo castigaran con la pena de muerte- pero como no entregó el documento en el que se retractaba dentro de un plazo determinado de días, las autoridades, ay, se vieron obligados a condenar también a su amigo, quien falleció por inyección letal. Una vez, de paso se les informa, arrestaron al artista a quien cedió su cuerpo por intentar pintar de rojo la cima de Mont Blanc, con aerosol -cosa que hizo con un iceberg. Ah, el arte. Hay gente que cede su cuerpo a la ciencia. Por otra parte, cuando se le preguntó al artista si le parecía ético el uso que le daría al cuerpo del condenado a muerte (piensa congelarlo y procesarlo para convertirlo en comida para peces; después, invitará a los asistentes de su exhibición a darle de comer eso a peces) contestó que ese no era el problema, el problema esencial es que seguía existiendo la pena de muerte.
En otras noticias relacionadas con el arte, Yoko Ono invitó a que se entreguen escalinatas de madera que ya no se usan para su exhibición que consiste en una especie de bosque de escalinatas. Yoko Ono es conocida porque desde la década de los sesenta involucra al público activamente en sus exhibiciones. Como cuando los invita a bailar una pieza con ella, según leo, o como cuando los invita a tijeretear su ropa.

Monday, September 01, 2008

Simio en la televisión

En la televisión The Ape, una película con James Franco de hace tres años. No la veo de corrido porque busco constantemente algo en otros canales que valga la pena. Pero tirado sobre el sofá, como un orangután agotado, el control en mano, entiendo que la película trata sobre un hombre que aspira a ser escritor, así que deja su trabajo, su mujer y a su hijo para mudarse a un departamento pequeño y escribir. Su más grande influencia, Dostoievski.
Por supuesto, en el mismo departamento vive un simio, su oscuro hermano gemelo y luego el simio le hace la vida imposible haciéndole creer que le ayudará a su vida literaria. La película termina en que ambos se destruyen.
También estaban pasando Entourage. No era capítulo de estreno pero estuvo bueno.

Sunday, August 31, 2008

Algunos eventos extraños

Suena el teléfono. Estoy en casa. No suena, vibra para anunciar un mensaje de voz. El mismo se mandó, según indica el registro, a la media noche del seis de enero. Me ha llegado tantas veces este mensaje que ya no me molesto en escuchar que no hay mensaje, lo borro directamente. Así desde hace un mes, aproximadamente. El teléfono hace esto sólo cuando estoy en casa.
Refu le ladra a la puerta y a un muro. Después de un rato para.

MacGuffin

Hoy por hoy, a estas alturas, la tesis.

Friday, August 29, 2008

"Los simios escribirán una gran obra"

Finalmente, Miguel Ángel Marcos rescató del imaginario universitario, que comenzaba a fragmentarse, la "Constitución de una gran comunidad no utópica" en la que se estableció, por ejemplo, que el lenguaje nacional de dicha comunidad será el corporal, que Isabel Allende no existe, que la mayoría de edad se determinará por el pelo axilar, que habrá un pastelero y que los Simpsons serán considerados parte del cánon Occidental, entre otras sensateces. La constitución entera, acá.

Thursday, August 28, 2008

Wednesday, August 27, 2008

Tuesday, August 26, 2008

Primate emparedado

Hace tiempo que no escucho el tecleo del chango de la pared. Esto bien podría ser una aseveración falsa a no ser que con ello lo que realmente quiero decir es que a pesar de que escucho un sonido que viene del rincón de la oficina del que antes venía el sonido del tecleo del primate en la pared ahora escucho, en su lugar, el sonido que hace el secador de manos -o el aire acondicionado- del baño de mujeres que colinda con la oficina. De este modo, aunque escucho el mismo ruido, el mismo ruido blanco de todos los días, ahora lo hago de distinta forma, con significado diferente. Y aunque hoy tampoco escuché ese ruido -vaya usted a saber por qué- recordé que antes de esa esquina de la oficina venía un ruido que yo imaginaba se trataba de un simio que teclea, como tecleo yo ahora y como tecleo a toda hora en la oficina donde trabajo, sobre una máquina de escribir.

Todo se debió a que en la red me topé con la portada del número de otoño de 1943 de Startling Stories, una vieja revista de ciencia ficción. Es la de arriba. Fue un buen rato que esto me atrapó, dejen les digo de paso: algunos ejemplares de la revista presentaban textos de autores que yo leía en mi adolescencia -Isaac Asimov y Arthur C. Clark, a saber- y textos de un autor que seguramente leeré en esta curiosa regresión que estoy experimentando de mi adolescencia -Ray Bradbury- y que ahora se venden, a través de la misma página, en precios que van de los 15 a los 30 dólares. En fin. Entre los contenidos, según el catálogo que leí acá, se encuentra el cuento The Monkey and the typewriter de un William Morrison. E intenté buscar el cuento en la red (puse William Morrison en Google y el título del cuento) pero pronto me dio pereza. Sí di, sin embargo, con información de Wikipedia no sobre Morrison sino sobre la idea del mono que escribe y da con una novela -relámpago conceptual de paso donde la red es una especie de novela escrita por millones monos- lo cual me sorprendió mucho pues incluso cuando tuve la locura de buscar el cuento Skule Skerry, de John Buchan, en la red, al menos di con una biografía del escritor (quien resultó ser un escritor inglés a la Lovecraft (y a quien busqué porque había leído su nombre en Seymour an introduction de Salinger (donde, por cierto, se define al lector de Salinger como un amante de pájaros, esas vibrantes criaturas que van de un lado a otro sin aparente ton ni son (y donde, dejen termino, se concluye entregando a lector un bello ramo de paréntesis)))).

Zombies en la academia

En Zombies en la academia: ¿puede existir una teoría de la autobiografía? escribe Nora Catelli:

"La teoría de la autobiografía parece destinada a convertirse en un gran paquidermo académico, desde que Georges Gusdorf, James Olney, Jean Starobinsky, Philippe Lejeune, Paul de Man y Jacques Derrida escribieron sobre su poética y su retórica. El gesto, la condición, el recurso, el género, la impostura, la mentira, la ficción el contrato, el pacto, la semejanza: todo lector que transite por bibliografías al uso reconocerá cada uno de los matices de estas palabras claves. Ya hay expertos: se clasifican, se juzgan, se establecen y se buscan invariantes [...]" .

También: "Podría decirse así que lo autobiográfico y lo biográfico son zombies románticos, incansables y peligrosos, que se alimentan de hechos. De crasos hechos insoportables", un cuerpo que, "aun muerto se escapa y sigue viviendo a costa de los otros".

"Zombies en la academia", en CATELLI, Nora, En la era de la intimidad, Beatriz Viterbo Editora, Rosario, Argentina, 1a, 2007, pp. 59-69. Palabras clave: zombies, paquidermos, autobiografía.

Sunday, August 24, 2008

Otro domingo.

Otro servicio a domicilio.

Friday, August 22, 2008

Juguetes -y juegos- dentro de un clóset

Anoche vi, finalmente, completa, Who's Afraid of Virginia Woolf? Se debe tener, nos explican, un cerdo para encontrar trufas.







Tuesday, August 19, 2008

Entrada 901

Al regresar del trabajo enciendo la televisión y pasan un segmento donde recuerdan atletas agotados que llegan o no a la meta para tirarse al suelo y llorar, para desplomarse en los brazos de jueces, para permanecer quietos, la respiración agitada, los cuerpos torcidos. Al regresar del trabajo, con dolor en las muñecas de teclear y la espalda hecha nudos, enciendo la televisión y veo lo que les digo que vi y en seguida un comentador, al tanto de la naturaleza de los videos que acaban de presentar, se arranca sin decir agua va en una defensa: "¡Ustedes dirán, qué locura! ¿Para qué sufrir? ¡Pues no señores! ¡Es una elección de vida y hay que ser consecuentes hasta el final!". En el Metrobús, personas viendo a través de las ventanas, callados, los ojos amarillos. Al regresar del trabajo me tiro en el sofá a ver la televisión sin ganas de abrir un libro ni de encender la computadora para continuar con la recién empezada novela o con las postergadas correcciones y no sólo no pienso en los consejos de algunos amigos sino que cuando le cambio de La Jugada Olímpica a una entrevista con Billy Crystal me tardo en registrar su discurso sobre el sacrificio por las artes y por supuesto no recuerdo en ese momento que en la comida le dije a Nicolás que ser un atleta profesional era una mala elección de vida. Y llego, les digo, cansado del trabajo, con un cuello tieso y la vista nublada, para cenar, ver la televisión, no pensar en nada y sentarme a escribir un texto en el que realmente no creo: no me siento agotado como se sienten agotados los atletas ni siento el romanticismo de quien eligió una vida para no poder abandonarla ni me trago esta onda de vidas paralelas mediadas por la televisión, sólo me pongo a escribir y veo cómo se mueven mis manos, ocupadas, muy ocupadas sobre el teclado, sin importarles que tengo una horrorosa comezón en la oreja izquierda. Me detengo, pues, un momento, me rasco la oreja y cambio de posición.

Sunday, August 17, 2008

Talking Heads

Un domingo no muy distinto a este, con menos truenos y menos lluvia, me dispuse a ver una película en un canal de la televisión en el que sólo pasan películas y series viejas. La película se llamaba The Brain that Wouldn't Die o El cerebro que no moría. En IMDB resumen la trama así: "Un doctor experimentando con técnicas de transplante mantiene la cabeza de su novia viva después de que fue decapitada en un accidente automovilístico". Recuerdo que no terminé de verla, era muy lenta, pero sí recuerdo que gran parte del asunto giraba en torno al modo en que este Frankenstein moderno buscaba nuevos cuerpos para su novia y cómo algunos experimentos anteriores habían fallado. En una escena el doctor asistía a un concurso de belleza -buscando cuerpos- y en otra -y sólo las menciono porque son de las memorables- la cabeza de la novia descubre que tiene un poder psíquico, como E.T. con Elliot, a través del cual puede dirigir a uno de los "experimentos fallidos" (un ser monstruoso que, en una escena que debió ser bastante violenta para el público de 1962, le arranca el brazo al ayudante del doctor).
Creo que una de las razones por las que me interesó aquella película fue la escena de la cabeza de la novia descansando sobre una mesa de quirófano, que de algún modo ya estaba impresa en mi mente -en mi cabeza- no sólo por las parodias que se han hecho de la misma -la que más recuerdo, y que vi antes de The Brain That Wouldn't Die es la de esa gran obra del pastiche que es Mars Attacks! de Tim Burton en la que no sólo se recrea la escena de la cabeza descansando sobre una bandeja -a la Juan Bautista- sino que además se muestran las aberraciones de los experimentos de los simpáticos marcianos de Burton (al final de la película colocan la cabeza de la víctima, interpretada por una chillona Sarah Jessica Parker, sobre su chihuahueño).Este domingo, de lluvias y truenos, me encuentro saliendo del cine con la cabeza en otra parte. Fui a ver la nueva película de los X-Files. Que por supuesto no sólo es la más lograda ñoñada de la década de los noventa, sino que también es el auténtico heredero de series como The Twilight Zone, Outer Limits, Amazing Stories y otras. Lo cual, por supuesto, equivale a decir que es la serie que mantuvo, sutilmente, viva la tradición de cuentistas como Poe y Lovecraft. La película, que creo que sólo vale la pena si son fans, habla de lo que uno está dispuesto a hacer por amor y el momento en que esas decisiones rayan en la obsesión. Lectura sugerida: cualquiera de los cuentos de Lovecraft sobre otro Frankenstein moderno, su Herbert West, el "reanimador". Especialmente The Horror From The Shadows.

Veré si consigo--

--no prender la televisión y abrir un libro. Cada vez más libros, menos tiempo para leer. Entre más anoto aquí menos leo allá.

Thursday, August 14, 2008

Incesantes y míseras actualizaciones

Anoche veía Historia de la Fotografía en la televisión. Pasaron el trabajo de algunos "grandes maestros". Me llamó la atención Rodchenko, sus composiciones al servicio del estado y los varios retratos, como este del poeta "aparatchik" Mayakovsky (fotografiado en 1924) .

Al mismo Rodchenko se le pediría, años más tarde, ya convertido en una de las figuras más importantes de la vanguardia rusa a partir de la revolución, retratar a varios de los líderes uzbecos en 1935. Pero poco a poco todos estos líderes, cuyos rostros habían sido coleccionados en un álbum que celebraba los diez años de gobierno ruso sobre Uzbekistán, fueron liquidados en las Grandes Purgas de Stalin. Así, apenas dos años después de que Rodchenko tomara las fotografías, se vio obligado a destruir el trabajo. El álbum se volvió un libro prohibido. Los ciudadanos que lo poseyeran caerían en prisión a menos que lo destruyeran o desfiguraran, como lo hizo Rodchenko, quien vandalizó su propio trabajo -sin quemarlo, sin tirarlo al agua- soltando grandes manchas de tinta negra sobre cada uno de los rostros de los antiguos líderes. En la televisión se mostraban las filas de los rostros, por un lado, y luego las manchas densas de tinta negra sobre las caras, pero sólo sobre ellas, dejando los trajes fuera, a veces pedazos de pelo. No encontré ninguna de estas imágenes en la red, pero encontré esta en Ffffound, hace rato, de casualidad, que fue más o menos cuando recordé todo esto. ¿A poco no está interesante? Pido un aplauso no irónico.

Tuesday, August 12, 2008

"El País, un periódico bajo y vil"

El País, el periódico español que arroja sus redes de araña venenosa desde Madrid tiene mala leche editorial. Cuando, por ejemplo, hoy, anota sobre la retrospectiva de Tracey Emin en Edinburgo, pasan la noticia con el siguiente titular: "¿Es Tracey Emin un genio o sólo una provocadora vocacional?". Leo de pasada el titular y siento desesperanza. ¿Por qué escriben "o sólo" en el titular? ¿Está peleado ser genio con provocador social? Ay, esas loquitas ganas de encontrar polémica en todo, de que toda historia tenga su revés. También, en el primer párrafo del cuerpo de la nota: "la que muchos acusan de egocéntrica, obsesa del sexo y victimista. De origen turcochipriota por parte de padre y nacida en Londres en 1963". ¿Quiénes son estos 'muchos'? ¿Acaso "el historiador del arte Julian Stallabrass, autor de un libro tremendamente crítico sobre el llamado Joven Arte Británico" quien "la ha acusado de 'comercializar sus traumas'? No pierdan de vista el "tremendamente crítico". ¿Por qué es relevante el "origen turcochipriota" de Emin? Recuerdo una nota del otro día en la que cubrían un concurso internacional de piano donde, para ellos, lo más relevante es que los más virtuosos y la mayoría de ganadores eran de "origen asiático" y que esto era una especie de prueba de la decadencia de occidente, como si los bárbaros estuvieran en la puerta.
Por el gusto de seguir, más sobre Emin. Escriben: "Los aficionados a su obra, según ha admitido ella misma, son en su mayoría mujeres de menos de veinticinco años que se identifican con sus experiencias". Analicemos: "según ha admitido ella" supone que se le acusa de algo y que ella le da la razón a quienes lo hacen. Aquí el crimen tácito es que gusta a "mujeres de menos de veinticinco años que se identifican con sus experiencias". Lo cual, obviamente, es terrible porque esas mujeres, se entiende, no saben lo que hacen.
Exagero. Pero esto sólo es una nota sobre artes -que generalmente son las únicas que leo porque son informativas- me cuentan que en las de política a menudo los encabezados poco tienen que ver con los contenidos y que también, a menudo, se ilustra con imágenes que no corresponde a las notas. En fin, es para pensarlo. Solución práctica: leer varios periódicos y a menudo y callarse la boca.
Haré eso.

Monday, August 11, 2008

Árboles a través de la ventana

Al inicio de su memoria A Heartbreaking Work of Staggering Genius Dave Eggers, recuerdo, habla sobre unos árboles que ve a través de la ventana en los siguientes términos: "Through the small tall bathroom window the December yard is gray and scratchy, the tree calligraphic".
Ya había hablado sobre esto, me parece, específicamente sobre el modo en que adjetiva el árbol. Hace unos momentos, mientras cenaba con mi padre y me hablaba sobre el Árbol de Porfirio y las categorías aristotélicas, lo volví a recordar. Comienzo a sospechar que de alguna torcida y nada clara manera, el árbol, sus ramificaciones, representa el modo no sólo en que pensamos sino también en el que recordamos. La mayoría de las veces así, garabateadamente. Me impresiona, sin embargo, que Eggers comience escribiendo sobre árboles a la distancia, caligráficos, en el capítulo más fuerte -en el sentido de que es uno de los mejores- de su memoria, el más doloroso también. ¿No dijo Wittgenstein algo sobre el dolor? ¿Sobre el modo en que es una de las pocas sensaciones claras y expresables? No lo sé.
Buscando una imagen que acompañara este texto y que mostrara el modo en que los árboles son caligráficos recordé el segmento de Everything that rises de Weschler titulado "Trees, Neurons, Dendrites". Me encanta ese capítulo. Pueden leer una coda sobre el mismo acá, en el que Weschler habla también sobre el ojo y la cámara a partir de algunas consideraciones que había anotado en su libro. En fin, di con la imagen de arriba metiendo, precisamente, en el buscador de Google las tres palabras "Trees, Neurons, Dendrites". Di con un artículo que me imagino es denso -no lo leí- sobre las neuronas (de un libro que se llama Beyond Biology: Inside the Neurons, de un Yanofsky). Me fui saltando párrafos hasta que di con aquella, la imagen 11. En un pie de página, la metáfora comparativa obvia: "Neurons and trees look similar. Branches are like dentrites that coalesce at the trunk, analogous to the cell body and axon. The cell body may not be prominent." No pase por alto que en este momento del artículo se habla sobre el Alzhaimer.
No olvide tampoco que ayer voy saliendo de comer con mi familia y que llevo en mi mano la "novela" What is the What, la más reciente de Dave Eggers. Estoy leyendo distraídamente, viendo los árboles por la ventana y subrayando que no es una novela sino una autobiografía contada a una tercera persona. La autobiografía de Valentino Achak Denk, como puede leerse en el subtítulo. De acuerdo con una entrevista, Eggers pasó meses entrevistando a Achak no sólo para recopilar los datos de su historia, ni para ordenarla cronológicamente, sino para aprender a emular los modos de voz y la visión particular que tiene Valentino sobre el modo en que observa y recuerda el mundo. En el momento de la historia en la que estoy, Valentino está en camino al hospital con una herida dolorosa en la cabeza, en el asiento trasero de un automóvil. Y escribe: "I lie down, hoping that doing so will ease the pain in my head. I watch the passing sky, bare trees spidering across the window, but the pain only grows".
¿Puede alguien escribir la autobiografía de alguien más? Escribir, no contar. Añadirle las propias herramientas narrativas, digamos. Me encanta ese "spidering". Me hace pensar en mi mente como un mono enjaulado, un mono araña. Mis ideas como un grupo de monos violentos que atacan una población o la comisaría de mi concentración.

Thursday, August 07, 2008

Otra conversación con Nicolás Cabral

Para leer una entrevista más con el elusivo autor, pueden dirigirse aquí. La presente conversación se llevó a cabo una media hora antes de las dos de la tarde del día de hoy a través del MSN sin motivo aparente.

Estimado Nicolás Cabral, entiendo que además de escritor y editor eres entrevistador. ¿Recuerdas la entrevista que más gusto te ha dado hacer?
Paradójicamente, hace un momento recibí una invitación para participar en un libro de autoentrevistas. Así que, megalómanamente, debo decir que esa será la más placentera

Leía que José de la Colina hizo una de esos. No sé, francamente, qué pensar al respecto. Hablemos de otra cosa. Tienes diarrea, ¿no?
Seré yo quien cambie el tema, ante tu impertinencia. Una vez entrevisté a Fogwill por correo y, ante la pretendida perspicacia de mis preguntas, terminó acusándome de ser un interrogador policial. Al final la entrevista quedó muy bien, ya que me había insultado dos o tres veces.

Me estoy comiendo unos rancheritos con salsa valentina. ¿No te da envidia?
Mucha, sería feliz de poder comerlos. Pienso que sigues siendo impertinente.

A mí no me da envidia lo de Fogwill.
No, porque has tenido la oportunidad de entrevistarme dos veces.

No sé si es eso. Pero pensémoslo. Ahora una amiga me pedía un libro de Salinger. Y pensaba en las contadas personas que han conseguido entrevistar a Salinger. Me siento un poco así.
Bueno, este... yo qué sé. Lo que sospecho es que, dado el éxito que obtuvimos la vez pasada, intentas volver a subir el rating de tu blog. ¿Crees que esto cause celos a Zagal, a Miklos, a Ortuño?

No.
¿No causará celos o no lo haces por la baja de tu rating?

No lo hago ni por lo uno ni por lo otro. Lo hago porque ayer vi una imagen y pensé: Carajo, esa imagen iría muy bien si hubiera entrevistado a Nicolás. Así que, pues, lo hago para poder subir la imagen.
¿Y qué imagen es?

Al rato ves.
(Esta es la imagen)

Creo que estamos inaugurando el género de la entrevista free-style. No tenemos nada que decirnos, soltamos cualquier ocurrencia. Mejor así.
¿Has leído alguna vez una entrevista que te hizo pensar 'carajo, qué buena entrevista'?

Bueno, sí, algunas de esas del Paris Review. Una a Pound. Aunque creo que me impresionó sobre todo porque en la introducción hablan de su confinamiento por traición a la patria, en una jaula.
Ah, yo leí un cuento tuyo donde hablas de eso. En Cuaderno Salmón, a saber. ¿Y si ahora haces como que tú eres Miklos y yo te entrevisto?

No sé emular, por desgracia. Pero mira: Así las cosas.
¡Pero si te sale! A ver, cuéntame de tu más reciente novela. ¿Es portentosa? ¿Literatura en estado puro?

Es muy buena, La hermana falsa. Pero eso lo digo yo, no David. ¿Tienes una hermana falsa, tú?
Tengo dos hermanas de verdad. Y un ejemplar de la novela, si eso preguntas.

Creo que estoy mejorando paulatinamente del estómago. Tal vez cuando llegue al doctor, más tarde, esté sano y me considere un hipocondriaco.
Ya me acabé mis rancheritos.

Yo también sé entrevistar, Memo, cambiemos los papeles. ¿Te gusta la música experimental que pone Óscar y que a veces yo le presto?
Me gusta, sí. Creo que esto no es precisamente una entrevista sino una conversación. De las conversaciones que más me han gustado recuerdo la de Ian McEwan con Zadie Smith. La de Hemingway con el entrevistador de la Paris Review.

Es el ideal de la entrevista, la conversación. Pero para eso tiene que haber un interlocutor enfrente. Y ya casi no quedan en el periodismo cultural. Ahora te preguntan el origen de tu apellido y si tienes hijos. ¿De dónde proviene Núñez, por cierto?
No sé. Pero sé de un pueblo Jáuregui. Ahí vive un señor al que le dicen El Medallas. Te he hablado de esto. ¿Cuál es, em, tu color favorito?

El azul. Y ahora hablaré de mi apellido, me importa un bledo si no pensabas preguntarme sobre su origen. Al parecer proviene de Galicia, lo cual me inquieta un poco. Pero creo que los Cabral de los que provengo salieron de Portugal. Mi padre dice que conquistaron Brasil y yo le creo.
Te iba a preguntar si te gustaban los largos paseos por la playa. ¿Conoces Portugal? Una vez di un largo paseo por una de sus playas. Quería ir a una playa nudista pero me cansé y regresé a mi hotel. Antes de llegar, enterré un libro en la arena.

Qué romántico. Lo único que lograste fue ensuciar, unas horas después la marea llenaba la playa de bolas de papel. Qué cochino.
Equis.

Y no, no he ido a Portugal. Vamos a comer, tengo que encontrar un consomé.
Yo debo irme a cortarme el pelo. Vámonos, sí.

Vamos. (No se mueven.)

Ah, espera. ¿Cuál es la primera pregunta que te harás?


Ni idea. La verdad esto hubiera quedado mejor con mi final beckettiano. Allá tú.
Lo haré mejor la próxima vez. No podré. Lo intentaré. Lo haré. Fallaré.

No era medianoche. No llovía.

Wednesday, August 06, 2008

"Qué padre que nos vemos todo el día, comemos juntos y todavía chateamos en la noche"

Husmeaba en la carpeta donde guardaba imágenes de esta computadora y no encontré ninguna que pudiera acompañar este texto. Es una computadora vieja, para los estándares de computadoras. Es PC. Hace meses derramé Orangina sobre el teclado y hasta ahora la tecla de Enter comienza a recuperarse. Las demás, excepto la de Backspace, están bien y les mandan saludos, que a ver cuando se paran por la casa porque hace mucho que no los ven y la verdad es que no tengo nada sobre qué escribir. Enumeraría los libros que tengo aquí, sin leer, sobre el escritorio, si creyera que eso me ayudaría a realizar un texto con el cual yo estaría medianamente conforme. He estado, últimamente, pensando mucho en Joyce. James Joyce. Hoy fue una persona a la oficina, a quien llamaré Tryno Maldonado, y nos contó algunas cosas y escuché con atención. Pasó a saludar. También fue otra persona, a quien llamaré Raúl, y creo que fue a preguntarle algo a nuestro jefe de redacción, a quien hoy llamaré Abel (aunque a veces se le llama el Madero Cervantino). ¿Escribiré más sobre esto? No creo.
Me rasco la nuca. Necesito cortarme las uñas y el pelo. Pensar momentáneamente en un cadáver, el pelo y las uñas creciendo. Pensar momentáneamente en un féretro. Pensar también en Our Time de los Yeah Yeah Yeah's. Our time to be hated. Vaya. En fin, les voy a contar un sueño que tuve anoche. Estoy en una fiesta en una casa vieja, la luz es azul y recuerda un poco un video noventero, de grunge, para mayores referencias. Y hay una especie de reunión familiar pero no es familiar precisamente porque hay gente que no es de la familia -como yo- y me siento fuera de lugar porque, bueno, soy un invitado pero pronto noto que todo mundo se conoce desde hace tiempo y comparten costumbres, opiniones y platillos. Estoy en el extranjero. Esto ahora lo sé porque acabo de recordar otra parte del sueño y carajo también un sueño de hace unos meses en el que todo es más o menos lo mismo. Diré que en mi sueño estoy en Viena. Y sé lo que esto significa (significa que estoy en un país donde la literatura es lo más importante). Resumiré: en la fiesta me encuentro con un cuate que pronto me acerca un plato de pasta. Me sentí, recuerdo ahora, como aquella ocasión en que el papá de un amigo le pidió a la muchacha que me calentara la empanizada que me estaba comiendo. Yo estaba pequeño y avergonzado, no quería decir nada pero el papá de mi amigo (¿sólo estábamos los dos en la mesa?) dedujo que mi plato estaba frío porque el suyo lo estaba.
Soy escoria.

Monday, August 04, 2008

Tan fácil

Walser: Las gallinas ponen huevos, y en agradecimiento a esa deferencia encima las sacrificamos y nos las comemos. En el fondo esto significa que por una parte somos pragmáticos y por otra desconsiderados. Pero al mismo tiempo hay que analizar la cuestión de la alimentación, que es de vastas dimensiones. Con cierta perspicacia e inteligencia vemos claramente que los animales deben sacrificarse al apetito de los humanos. Los animales se crían artificialmente para aprovecharlos como alimento o como diversión. ¿Qué mal han hecho gansos, patos, etc., para tener que matarlos? El delito de estas criaturas consiste en ser comestibles, en parte incluso en constituir un bocado exquisito para los insaciables humanos, que nos adornamos tan fácil y gustosamente con la medalla de la humanidad y la cultura.

Sunday, August 03, 2008

Ajedrez

Nada que decir. Me levanto tarde. Es domingo. Pero digo cosas. Y veo cosas sobre mi librero, además de los libros, las cajas que guardan cuardernos y las tesis de mis compañeros de licenciatura -que son, supongo, libros- y la caja donde guardo un ajedrez que no he abierto en mucho tiempo. Aprendí a jugar pero no sé jugar. ¿Se comprende esto? Para quien sepa jugar ajedrez, se comprende. Para quien haya conocido las limitaciones de su propio juego, también. Y también para quien entienda lo que estoy diciendo sin que haya tocado alguna vez un tablero de ajedrez. Diría que releí el texto de Luigi Amara sobre la relación entre ajedrez y literatura que apareció en la más reciente La Tempestad si lo hubiera hecho. Pero no lo hice. Me hubiera dado pie a una entrada mucho mejor. Pero la verdad es que tenía ganas de subir unas imágenes y soy aparentemente incapaz de no acompañar imágenes con texto. Las imágenes, que pensaba subir en una actualización hace tiempo pero que no hice porque se tardaba mucho mi computadora, vienen del cuaderno que acompaña al The Berliner Ensemble Thanks You All de Marcel Dzama, y que me llegó hace unos días. El cuaderno se titula The top heavy, overintellectual scrap book. Como es muy bonito ustedes, los que no lo tienen y lo quieren, deberían envidiarme. La portada trae a una especie de drácula enmascarado. Aquí la contraportada del cuaderno:
Escogí sólo algunas imágenes que tienen que ver con ajedrez. Como esta, que tiene a un hombre árbol y un diagrama de movimientos.
O esta otra, que supongo podría recordarles a todos ustedes que, finalmente, el ajedrez es un juego bélico.Es domingo aún. Voy a comer algo. Aunque podría quedarme aquí y contarles anécdotas sobre Duchamp y el ajedrez. O sobre aquella sesuda conversación que tuve con Benassini sobre cómo muchos artistas tienen obra plástica en torno al ajedrez. Pero en lugar de eso, y la verdad porque es un poco de hueva, iré a ver mis cosas de Dzama y a comer mientras me sedo ante la televisión. Por cierto: en el cuaderno de Dzama viene una foto de Scarlett Johansson.