Sunday, June 30, 2013

1. VII. 2013

La guardia que asignaron a la sala donde se encontraba Estanque de Marcela Armas nos pedía que tuviéramos cuidado con la pieza. "¿Cómo funciona?", preguntó un hombre. "No, no funciona...", empezó a contestar la guardia, cansada,"...es una pieza de arte", prosiguió. Me alejé cuando logró volver a pedirles que tuvieran cuidado con la pieza. La esposa del hombre, harta de que le pidieran que tuviera cuidado, empezó a dar unos grotescos brinquitos infantilizados al tiempo que gritaba: "¡Tendremos cuidado, tendremos cuidado!" Los lentes que llevaba colgando en el escote se le cayeron al estanque de aceite quemado. Hubo un escándalo. Fue muy desagradable.

Monday, June 24, 2013

El sentido recobrado


La muerte del padre es la primera entrega de un proyecto de seis volúmenes (en Noruega se publicó originalmente en 2009, con el título de Min kamp). Karl Ove Knausgård (Arendal, 1968) parte de premisas existencialistas para recuperar la sensación repleta de sentido de los días de infancia y juventud. El libro está dividido en dos partes, recorridas por minuciosos recuentos (al recordar su participación en una agrupación de rock no sólo relata anécdotas, cataloga nombres de instrumentos musicales, agrupaciones, discos, etc.; más tarde hará lo propio con las labores administrativas y de limpieza a las que él y su hermano Yngve se enfrentaron con la muerte de su padre) salpicados por reflexiones filosóficas. Sin estas disertaciones el ejercicio de enumerar experiencias y memorias, a ratos tedioso, sería fallido. Dos ideas cimientan este edificio de la memoria: una versa sobre el conocimiento del mundo adquirido con la experiencia y la otra sobre el último horizonte de sentido que puede encontrar un humano, la muerte.

A propósito de la primera, leemos: «Entender el mundo equivale a colocarse a cierta distancia de él. Lo que es demasiado pequeño para verlo a simple vista, como las moléculas, lo ampliamos; lo que es demasiado grande, como el sistema de las nubes, los deltas de los ríos, las constelaciones, lo reducimos. Cuando lo tenemos al alcance de nuestros sentidos, lo fijamos. A lo fijado lo llamamos conocimiento. Durante toda nuestra infancia y juventud nos esforzamos por establecer la distancia correcta de cosas y fenómenos. Leemos, aprendemos, experimentamos, corregimos. Y un día llegamos a un mundo en el que se han fijado todas las distancias necesarias, y establecido todos los sistemas. Es entonces cuando el tiempo empieza a correr más deprisa. El tiempo ya no se encuentra con obstáculos, todo está fijado, el tiempo fluye a través de nuestras vidas, los días desaparecen a toda velocidad, antes de suspirar hemos llegado a los cuarenta años, a los cincuenta, a los sesenta». Esta obra autobiográfica se resiste a ese viento del tiempo.


Aunque ocasionalmente uno se topa con frases de cierto lirismo (al describir el modo en que su padre encendió un cigarro: «La llama excava una pequeña cueva de luz en el crepúsculo gris»), la mayor parte de la narración se constituye de oraciones declarativas y acumulativas, una luz clara que se arroja sobre experiencias pasadas, homologándolas. Todo, parece, es banal. Pero una vez que ha pasado esta aplanadora, algunos picos brotan. Cuando se entera de la muerte de su padre: «No tenía ningún sentido. Lo entendí, lo acepté, y no es que fuera algo absurdo, en cuanto a que se trataba de una vida que había sido arrebatada, una vida que igualmente podría no haber sido arrebatada, sino en cuanto a que fuera un hecho entre otros hechos». Knausgård, al final, consigue mostrar algo: la realidad como es, los hechos registrados en la medida que nos importan.


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Esta reseña de La muerte del padre (Anagrama) fue publicada originalmente en La Tempestad 90, mayo-junio 2013.

Wednesday, June 19, 2013

El bosque, la cabaña



Cinco amigos se dirigen a una cabaña lejana, en el bosque. Conocemos esta historia. El género del terror regresa a ella insistentemente, es una de sus premisas paradigmáticas (algunos de los filmes más logrados del género –como The Shining– o que lo comentan iteligentemente –Cabin in the Woods, Cabin Fever, Antichrist, Funny Games…– la han explotado). Y sí, también el dispositivo narrativo es conocido (¿desde Diez negritos de Agatha Christie?): cada uno de los personajes irá desapareciendo, ¿cómo?, ¿cuál? Este es uno de los grandes placeres de la narrativa: entre más constreñidas las reglas, más inventivas deben ser las soluciones.

El caso de Evil Dead (2013) posee algunas particularidades: es una nueva versión de un filme que ya había sido retrabajado (Sam Raimi ensayó la idea en el corto Within the Woods, en 1978, la cristalizó en 1981, y posteriomente fue resumida en los primeros siete minutos de su secuela, de 1987, con algunas alteraciones). Sin embargo, es un animal distinto a la camada de nuevas versiones de filmes de horror que se han visto en la década pasada en el cine y que han retomado éxitos comerciales o de culto, especialmente de la década de 1970 y 1980. Contemos: The Chainsaw Massacre (de 2003) y en su estela una nueva versión del clásico de Romero, Dawn of the Dead (en 2004) y del de Carpenter, Halloween (dirigido en 2007 por Rob Zombie); en 2009 se volvió a presentar Friday the 13th y The Last House on the Left; un año más tarde se retomó otro filme de Romero, The Crazies, pero también I Spit on Your Grave y A Nightmare on Elm Street; y en 2011 se lanzó una nueva versión de Strawdogs, por mencionar un puñado. Evil Dead (2013), en este sentido, destaca por contar con el equipo creativo original detrás del proyecto: tiene la venia de Sam Raimi y Bruce Campbell –fungen como productores–, quienes escogieron al director, el uruguayo Fede Álvarez.

Demorarse en los aspectos narrativos de la película podría parecer necesario pues el proyecto fue concebido como una historia de fantasmas, el tipo de relatos que supuestamente se cuentan alrededor de fogatas desde tiempos atávicos. Naturalmente, Raimi, en entrevistas, ha insistido en este aspecto, quizá intentando ditinguir al proyecto de los refritos taquilleros que pululan en las salas de cine, subrayando que se trata de un filme que merecía presentarse con una mejor factura (dicho sea de paso, la versión de Alvarez, recaudó el pasado 7 de abril, en los EEUU un poco menos de 26 millones de dólares, la más taquillera de ese fin de semana –aunque, claro, con competencia del calibre como The Croods o G.I. Joe: Retaliation). Así, debe decirse, esta nueva versión cuenta con una narrativa más robusta que la original: un epílogo explica, sin obviedades innecesarias, la naturaleza del “libro de los muertos” que detona la historia. Además le da sentido a la presencia de los amigos en la cabaña, atendiendo una de las reglas tácitas del género, comentar algún temor social contemporáneo, como las drogas (los amigos se han retirado al bosque para ayudar a que Mia –Jane Levy– supere su adicción a la heroína).

El observatorio de medios de la asociación A Favor de lo Mejor (que busca “elevar” los contenidos de los medios de comunicación para que promuevan “lo constructivo, lo digno, lo mejor de nuestras tradiciones y costumbres”) descalifició rotundamente al filme en varias categorías en las que, sorprendentemente, incluyó “afirmación de valores”, a pesar de que el filme claramente afirma “valores familiares” o la importancia de superar adicciones. No es una sorpresa: el impulso censor de la derecha, como pudo verse con la respuesta ante los “video nasty” en Inglaterra, tiene una especial aversión a filmes que representan imágenes grotescas (Evil Dead muestra desmembramientos, cuerpos humanos ardiendo o hirviendo, cuchilladas, profusos desangramientos, automutilaciones faciales y otras imágenes impactantes). Últimamente un curioso ciclo noticioso ha vuelto a sugerir un vínculo entre la violencia real y la violencia representada (ver, por ejemplo “Horror film fanatic jailed for life after ‘sadistic’ killing of friend” o “’Ugly Thoughts’ Defense Fails as Officer Is Convicted in Cannibal Plot”). Este ciclo mediático sugiere que el tema es complejo: se enfrentan nociones como la libertad artística o de expresión ante la idea de que las imágenes que consumimos inciden en nuestros comportamientos. Pero la realidad es más sencilla: se busca condenar cierto tipo de fantasías (rara vez, en cambio, se procura analizar el origen social de tales fantasías, aunque no se necesita ser demasiado inteligente para determinar cuáles son…). Una postura más interesante (y conservadora) es la de Michael Haneke, quien ha señalado la forma en que las sociedades contemporáneas consumen imágenes violentas (“A veces la violencia se consume con cierto gusto; eso me parece asqueroso”). Debe decirse, sin embargo, que el filme de Alvarez (como el cine de Tarantino…) no representa tanto violencia como caricaturas de la violencia. En este sentido, la experiencia de ver Evil Dead es tan placentera y divertida como escuchar una pieza de Heavy Metal o como experimentar la velocidad antinatural a la que se someten cuerpos en montañas rusas, un placer menos complejo (pero tal vez más intenso) como el que pueden ofrecer espectáculos violentos de otro orden (una pelea de box, un partido de futbol americano o una corrida de toros). Las imágenes de Evil Dead (tanto de la original como de esta nueva y estilizada versión) son tan exageradas que son ridículas, divertidas y entretenidas. Y lo divertido o lo ridículo, debe recordársele a menudo a los reaccionarios, rara vez es peligroso. Adultos: vean Evil Dead, pasarán un buen rato. 

Thursday, June 06, 2013

Ya vámonos a comer

Llego a casa, a comer. Óscar no fue al trabajo. Está en casa. El sol brilla. Óscar vomita. No ha parado desde la mañana. Érika lo lleva al doctor. Como. Leo. Regreso a la oficina. Óscar ya está en la oficina. Le pregunto cómo le fue. "Voy a morir pronto", me explica. "Me hicieron una endescopia y descubrieron que tengo una mina dentro, gente minúscula trabajando, buscando carbón; el carbón se encendió y por eso traigo este ardor". Continuarán realizando estudios ante este magnífico descubrimiento. 

Monday, May 06, 2013

Un proyecto fantasmagórico






Entre 1952 y 1968 Mathias Goeritz emprendió en México un programa arquitectónico que cuestionaba el arte que estaba dirigido a un solo sentido (el “arte burocratizado”) y la arquitectura del Estilo Internacional. Abogó, así, por una “arquitectura emocional”, un proyecto para el cual adoptó distintas explicaciones teóricas, todas enmarcadas bajo la idea de una obra-de-arte-total (inicialmente Goeritz comprendió el término “emoción” como algo similar a lo que Edmund Burke comprendía por “asombro”; posteriormente la vería a partir de categorías religiosas totalizantes). Es a este periodo particular que Daniel Garza Usabiaga dedica su ensayo Mathias Goeritz y la arquitectura emocional. Una revisión crítica (1952-1968), pasando revista a obras como el Museo Experimental El Eco, la serie de los Mensajes y a La ruta de la amistad, así como a varios de los momentos problemáticos de la retórica de Goertiz.

Usabiaga dedica especial atención a las contradicciones estéticas en las que incurrió el arquitecto alemán. Ante los excesos de la razón ilustrada (con un talante preponderantemente romántico) Goeritz optó no por una crítica (y una arquitectura) de carácter espiritual (o emocional) que devino una obra tan reaccionaria como conservadora, incapaz de enfrentarse a su propio tiempo. “El recurso espiritual, en su caso”, señala Usabiaga, “no cuestiona ni busca cambiar los aspectos que determinan con mayor fuerza el estado de la sociedad, como sus formas de gobierno o su sistema de producción”, a diferencia de algunos de los autores a los que admiraba, como Hugo Ball y otros dadaístas. Así, por ejemplo, cuando emprendió la serie de Mensajes, piezas decorativas abstractas de superficies monocromáticas en las que utilizó láminas de oro, hizo referencias a la luminosidad que durante la Edad de Media estuvo vinculada con la espiritualidad y la virtud, siguiendo su programa de un “evangelio totalizante”, pasando por alto, sin embargo, el costado fetichista de un material como el oro. A su vez, Goeritz no pareció tener empacho en poner algunas de sus obras monumentales al servicio de la publicidad, como da testimonio su trabajo en las Torres de Satélite.

Su anhelo por este “evangelio totalizante” fue declarado abiertamente por Goeritz: “Me inclino a propagar la tremenda dictadura teocrática de algún nuevo faraón, al cual quisiera servir, esperando que me deje construir sus pirámides”.

Como señala Usabiaga en su apartado dedicado a La ruta de la amistad y las obras realizadas para las Olimpiadas del 68, no tardó en encontrar a este faraón en el PRI: “El diseño integral de la Olimpiada puede ser visto desde esta perspectiva como una forma de imagen espectacular que sirvió para ocultar, bajo un caleidoscopio de colores brillantes, la realidad del 68: un año convulso a nivel mundial, cuando los tanques tomaron el control de las calles de varias ciudades alrededor del planeta enfrentándose ante la unión de singularidades que rechazaban cualquier afiliación categórica mientras polemizaban a favor de la igualdad en distintos puntos del globo. Esta condición represiva llevó a que 1968 se instaurara como un año de represión, terror y muerte. En el caso de México se llegó a una matanza multitudinaria el 2 de octubre con tal de sostener el semblante de paz y amistad”. La obra-de-arte-total de Goeritz ocultó, durante este periodo, el estado real del mundo y de México.

Daniel Garza Usabiaga, Mathias Goeritz y la arquitectura emocional. Una revisión crítica (1952-1968), Vanilla planifolia, 2012, 369 pp.

(Esta reseña se publicó originalmente en el semanario Frente).

Como una canasta de mimbre

Esperaba sentado en el jardín de la escuela con la que sueño ocasionalmente. Esperaba algo cuando se me pedía que ayudara con el viejo que acababa de llegar, debíamos cargarlo, recostado sobre nuestros brazos, y pasearlo por las dieciocho casas que se encontraban en el jardín de la escuela. Depositaron al anciano sobre nuestros antebrazos de tal forma que iba acostado pero increíblemente incómodo, tanto que el hombre –larguirucho, cano y barbado– gemía dolorosamente. Podía escuchar cómo crujía su espalda. Desperté con un dolor en el lúmbago y ahora me inclino a pensar que el viejo era yo y que las dieciocho casas eran la mayoría de edad, que dejé hace tiempo atrás para enfrentarme a la lenta pero segura degradación de lo físico.

Wednesday, March 20, 2013

Tuesday, March 19, 2013

19. III. 2013.

Arcadas existenciales. Repulsión.

Otro mes. 

Wednesday, February 20, 2013

20.II.2013

Anoche soñé que visitaba una librería en provincia. Era muy grande. No entré. Estaba desierta. Pero afuera se encontraban unas estanterías repletas de libros. Me encontraba con títulos de la editorial de un amigo. Encontraba uno que me interesaba particularmente. El precio era demasiado alto. Como no vi a nadie consideré robarlo pero la decisión me contrariaba. Finalmente se acercaba una persona, encargado del local. Me preguntaba si todo estaba bien. Sí, le decía, todo bien, sólo estaba viendo. Finalmente se retiraba hasta la puerta de una bodega donde se llevaba a cabo una fiesta clandestina, donde había estado todo este tiempo. No robé el libro. Al poco rato me encontré con un amigo del trabajo, iba en un automóvil, me invitaba a subir con él. Le conté lo que me había ocurrido.

Tuesday, February 12, 2013

12.II.2013

Rarísimo, estaba lavando los trastes y de pronto comencé a lavarme la cara.

Thursday, February 07, 2013

7. II. 2013

Hace una noche soñé que tenía un encuentro furtivo en un baño. Después que era perseguido. "Ya te chingaste", me decía un hombre de bigote, mientras amarraba su cinturón sobre su mano. Estábamos en un callejón. Al despertar le informaba a E. que había tenido una pesadilla. Pero seguía soñando.

Tuesday, January 29, 2013

29. I. 2013.

Se acaba enero. Ha vuelto la rutina, insistente. Despertar a las 07:30. Despertar de nuevo a las 08:00. Asearse. Tender la cama. Desayunar. Leer un cuento de Schwob. El cuento debe iniciar así: "El tedio y el terror habían llegado a ser extremos". Pedalear hasta la oficina. Trabajar. Comer. Trabajar. Regresar a casa.

Tuesday, January 01, 2013

Playa

Un mercado editorial inundado por novelas de crimen o de intriga de tribunales bien reflejado en los anaqueles de los aeropuertos y algunas tumbonas de la playa. Alcanzo a distinguir el nombre de Michael Connelly. Es decir, un mercado editorial que a su vez refleja lo que es más popular en la televisión, series sobre crímenes y tribunales. Algunas mujeres, es cierto, leen 50 Shades of Gray pero la verdad es que veo a pocas personas leyendo. O que pueda discernir claramente que estén leyendo pues la mayoría coloca frente a sí, como antes solía hacerse con libros, alguna "tableta electrónica". Es decir, televisores pequeños. Pantallas, es lo que veo ahora. Ignoro si esta gente lee o no. Este es el verdadero mercado, al menos el de cierta clase media, aparatos capaces de distraer. Cabezas conectadas a audífonos, por todos lados. Me pregunto si esto dejará de entristecerme, algún día. Cuando no me distraen, estas personas tumbadas en la playa, consigo terminar Los sinsabores del verdadero policía y avanzar tanto en Moby Dick como en Farther Away. Me duele la cabeza.

Uno de los momentos más conmovedores de Los sinsabores del verdadero policía: cuando Rosa Amalfitano deja de leer y se convierte en una videoadicta.

Saturday, November 17, 2012

Tuesday, November 06, 2012

Rata

Íbamos en una barca. Hacía frío, iba cobijado, tanto que me costaba trabajo moverme. Cuando apareció la rata no pude moverme a tiempo, me mordió la nariz. En mi sueño de anoche. 

Sunday, October 28, 2012

...

Que el lector no entienda nada, no a la primera, ¡no a la segunda!, que uno se oponga al lenguaje sensacionalista y periodístico, que se problematice la escritura, que sea el esfuerzo sin recompensa, la lectura, y que se privilegie el pensamiento complejo. Que no sea inofensiva, la escritura. Que moleste. Que mine. No ser escritores de la época, anotó en Blogger. 

Wednesday, September 26, 2012

Fragmento de conversación

Son pasadas las diez de la noche. Oficinistas saliendo del trabajo. Creo que no son amigos pero que tienen tiempo de conocerse y que les gustaría ser amigos. Visten bien. Se ven cansados. Me pregunto si apenas están saliendo de la oficina.

-¿Y ya te compraste los de Dan Brown?
-Fui al Sanborns a preguntar cuánto costaban. Quiero comprar el de El código Da Vinci, me dijiste que es el primero, ¿no?
-No, el de Ángeles...
-¿Cuál?
-Ángeles y demonios.
-Ah sí. Y había algo de una fortaleza, ¿no?
-...
-¿O eso ya es otra cosa?
-Sí, es otra cosa. La fortaleza digital.
-Pues fui a preguntar y quiero ver para ver si están más baratos en otro lado. Pero ¿a poco sí te da tiempo para leer? ¿Estás leyendo algo?
-Sí ahora estoy leyendo a un... Stieg. Stieg algo.
-...
-Pero sí, o sea leo en el transporte.
-Pero sí duermes tus siete ocho horas, ¿no?
-Sí, sí.
-...
-...

Hypnos



Hegel, quien señaló que el hombre moderno en lugar de rezar una jaculatoria por las mañanas, leía el periódico. No es mi caso. Tiendo a enterarme de los acontecimientos por cascada, descubro que es así como me entero sólo de lo realmente importante. Probablemente esté equivocado, quizá la modernidad no es para mí. Por las mañanas lo que hago, en cambio, es leer algún pequeño relato o algún fragmento de un libro de paso. Agoté así los diarios del joven Pessoa y he avanzado morosamente con los Pensamientos de Pascal. Hoy tomé lo que tenía a la mano, los Sueños de Walser, después de levantarme y antes de bañarme, para leer "Fiesta en el bosque" que inicia con el narrador explicando por qué prefiere no leer un libro de un autor que, se sabía, disfrutaba, y que prácticamente depositan en sus manos: "'Pero también quiero disfrutar del domingo', dije, y me marché. Mientras caminaba, derribaba auténticos palacios de proyectos creativos, que se desplomaban sin ruido. Ese tipo de catástrofes acontecen en silencio". Más tarde describe la fiesta que se celebra en un bosque que le da nombre al relato y da cuenta de un joven que pasea solitariamente: "No muy lejos [de él] se besaba una pareja. Ellos eran más inteligentes. Porque ser feliz es lo más inteligente del mundo. No rechazar las pequeñas alegrías. Mantenerse sano y amar". Claro que uno no puede ignorar en este caso que Walser también pasea solitariamente por el bosque. Que fue Walser quien pasó el final de su vida en un sanatorio, solitariamente, ocasionalmente permitiéndose dar largos paseos en el bosque. Que Walser fue así, sospecho, feliz. Ah, las alegrías de invierno. Las aprecio más cuando estoy enfermo. Ahora mismo estoy resfriado. La condición me permite pasar más tiempo del debido, o precisamente el debido, en cama, con libros a la mano. Anoche, después de terminar A Naked Singularity de Sergio de la Pava, que recomiendo ampliamente, decidí leer Hypnos, el breve relato de Lovecraft que tanto alabó Loveman, quizá con la esperanza de que influyera en mi sueño (la noche anterior ANS logró que durante mis sueños me creyera Wilfred Benítez). Pero no, no pasó nada. No recuerdo, de hecho, si soñé. Y con esta línea me despido. 

Monday, September 03, 2012

Método ideal

"Si contemplamos la imagen del mundo en el espejo del periódico, el progreso resulta ser el método ideal para comunicar los unos a los otros, por la vía más rápida, todos los atrasos que pululan en el ancho mundo", reflexionó Karl Kraus para su artículo "El progreso", publicado en Die Fackel, el 22 de marzo de 1909. Lo vengo leyendo en el Metrobús cuando escucho a un hombre informar por teléfono celular que la enfermedad es progresiva, es decir, degenerativa, es decir, con el tiempo irán empeorando los síntomas y entonces decido poner mi atención en otra cosa pues no quiero seguir escuchando su conversación, que es privada, y volteo y veo que un grupo de especialistas en la "interrupción del embarazo" se anuncia en el vehículo sobre el cual me transporto y me pregunto si con "interrupción del embarazo" no querrán decir, en realidad, "especialistas en aborto", pues hasta donde sé los embarazos interrumpidos no pueden reanudarse así que más bien se refieren a otra cosa, pero entiendo que no quieran decir "aborto" pues la palabrita tiene su peso (especialmente, desliza la idea de que la muerte existe). "Alcanza tus metas", dice el anuncio también (en el entendido de que un embarazo las impide, cosa que por alguna razón deciden omitir). No me gusta la publicidad.