Wednesday, February 17, 2010

Escritor inexistente

De "Apología del escritor inexistente" de Jesús García Gabaldón, que precede a la antología La nieve roja y otros relatos, de Sigismund Krzyzanowski:

"...quizá por ese motivo no llega a estrenarse su adaptación de Eugenio Oneguin para la ópera, con música de Prokófiev. Adapta para el teatro la novela Hady Murat, de Lev Tólstoi. No pasa la censura. En 1937 escribe la obra de teatro Ése, el tercero. No se estrena. En 1938 escribe el libreto Kola Bruñon, con música de Kabalevski. Tampoco se estrena. Entre 1937 y 1940 escribe el libro de microrrelatos o relatos hiperbreves A cual menor. Ni siquiera intenta publicarlo".

Saturday, February 13, 2010

Fin de semana de soltero

Pizza, Dr. Pepper, Diary of the Dead, libros, 8:34. p.m, "Yo te puedo poblar, soledad mía".

Thursday, February 11, 2010

Entrada 1300

Hoy, justo antes de entrar a la oficina, fui a comprar un café que al final no pudieron entregarme porque no tenían cambio (no se preocupen, más tarde conseguí cafeína, asegurando mi desempeño laboral). Mientras lo hacía me fijé en que el único televisor encendido estaba puesto en lo que parecía un canal serio donde transmitían entrevistas. Hablaba una cabeza con rostro barbudo. Puse atención. Descubrí que era un actor de telenovelas hablando muy seriamente de la mujer de quien recientemente se había divorciado y la supuesta adicción a las drogas que tenía esta mujer (pasaban imágenes de ella, acompañando las palabras del actor, caminando junto al Camino Real de Polanco, se veía muy decente) y los "graves problemas emocionales" que tenía. Todo esto pude ver, en la fracción de segundos que puse atención. Cuando no pudieron venderme el café aseguré que no había problema -no lo hubo- y vine aquí, a la oficina. Y ahora estoy pensando en que anoche que estaba esperando a que empezara Entourage le estaba cambiando a los canales del cable y me detuve un momento en The Girls of the Playboy Mansion. Lo que vi fue un momento del viaje que estas chicas hicieron con Hugh Hefner a Las Vegas y la visita al museo de cera que allí tienen. Las chicas y Hefner se tomaban imágenes junto a las estatuas de cera (un decir, eran figuras hechas con silicón -["como mis senos cariño", gritaba una de ellas]) y por supuesto llegó el momento en que las chicas y el Hefner de carne y hueso posaban junto al Hefner de silicón sobre una cama falsa y el consecuente momento en que me vi diciendo, a mis adentros, Don DeLillo podría escribir una novela a partir de este momento, como si hubiera algo allí, secreto y cifrado, aunque muy probablemente no sea así, muy probablemente lo único que había en ese momento era una persona un poco cansada del día laboral que estaba esperando el momento en que su programa sobre una estrella de cine y sus amigos y sus aventuras en Hollywood iniciara.

Tuesday, February 09, 2010

El néctar y el pus

Hace años que le hago la guerra a la cultura del yo. Mucho más ahora, en que existe ese amplificador de yoes baratos que es Internet. William Burroughs manejó la consigna de exposición total: abandonar las líneas de asociación del pensamiento lógico, dejar que fluya todo lo que es uno, lo bueno, la porquería, el néctar y el pus. En vez de eso, como podría haberse imaginado, Internet ofrece la posibilidad -ahora triunfante- de exhibir la marca mundial que es cada persona.

Marcelo Cohen, en esta entrevista.

Monday, February 08, 2010

La vida sedentaria, una exageración

La ruta diaria que me lleva de mi casa a la oficina comienza a trazarse en mi cabeza aproximadamente una hora antes de que suba al Metrobús, cuando comienzo a despabilarme bajo la regadera. Ya encaminado, después del desayuno y un poco de lectura (en los mejores días, cuando me he despertado a tiempo), recorro el camino de siempre, una línea tan bien establecida como los patrones de conducta de una persona adulta, rara vez alterada.
Viajo de pie, lo cual me provoca la engañosa sensación de que mi recorrido se realiza en su entereza a pata. Me vuelvo así una parte orgánica de la ciudad, un hombre de la calle, como quien dice. En el camino (a saber, lo que realmente recorro a pie, ya sea antes de la estación que funciona como paréntesis que abre hasta cerrarse en la segunda estación paréntesis, donde me bajo) me doy cuenta de una obviedad: nos sobra y falta energía constantemente, en una dinámica que sigue reglas no siempre evidentes. Y es que el camino está plagado de cafeterías y gimnasios (en mi ruta, interrumpida por el paréntesis Metrobús, cuento al menos dos locales dedicados exclusivamente a Pilates).
No se trata, en realidad, de una distancia muy grande, la que me separa del trabajo y mi hogar: va de la estación ubicada sobre Francia, custodiada por una estatua de Juan Pablo II (la segunda estatua del Papa que está allí; la anterior, que según recuerdo sólo era un busto, fue derribada no hace mucho por un borracho, después de atropellar a un policía que, en un arranque de heroísmo, intentó detenerlo cuando se dio a la fuga del alcoholímetro; esto no es gracioso) hasta Campeche, ya en Insurgentes Norte. Aún así, el tiempo que paso dentro me permite advertir una serie de cosas. Una de ellas es que soy un sentimental. Verán: no hace mucho leí en el New York Times un simpático texto, escrito por Verlyn Klinkenborg, “Baby Faces” se titulaba, y en él se señalaba que la máscara estólida que adoptamos cada vez que nos trepamos a un medio de transporte público se deshace cuando descubrimos que entre los usuarios se encuentra un bebé de brazos (me imagino que esto pasa sólo con bebés bonitos). De acuerdo con esta señorita, frente a la mirada del niño, todos, conmovidos, intentamos hacerle pasar un buen rato -aquí, se entiende, fingimos caras infantiles y hacemos ruidos, balbuceos, con la esperanza de ser recompensados, a su vez, con un ruido o una risa infantil. Esto es algo que nunca me he expermentado. Me ha tocado ver niños, sí, en el Metrobús; dormidos, la mayoría de las veces; llorando, frecuentemente. Pero he experimentado el abandono de esa cara estoica, cada que veo a un lector. Es algo, en efecto, enternecedor.
Señalar esto, me temo, se ha vuelto una especie de lugar común diseñado para elevar a quien lo subraya a la siempre respetable posición del Lector Que Lamenta que Nadie Lea en Su Camino al Trabajo. El lamento, en realidad, no tiene mucha cabida. Seamos justos: el Metrobús no es el lugar ideal para emprender una lectura (en mi caso, me limito a cuentos cortos o artículos de revista, si estoy de buenas); el tiempo que uno pasa allí no es tanto; la luz, de noche, es deficiente; las multitudes, se sabe, son frecuentes; y Ay TV’s, la programación que varios de los camiones transmiten en sus pequeñas televisoras, lo impide. Recuerdo un verano no muy lejano en el que el riff de “A-Punk”, de Vampire Weekend, era utilizado para señalar que una nueva nota informativa o de entretenimiento sería transmitida de inmediato. Me resulta imposible escuchar la canción ahora sin asociarla con el Metrobús.
Hace poco me permití ver algunas de las cápsulas de entretenimiento (la mayoría de ellas, bloopers) y cultura que se transmiten en un ciclo sin fin. Anoté algunos de los datos interesantes que se presentaban anticipados por la pregunta: “¿Sabías que...?”. Por ejemplo, ¿sabían que los búhos poseen una visión muy desarrollada? ¿Sabían que Gustavo Cerati es diestro porque nunca aprendió a tocar con la zurda? Esto lo sé porque es el tipo de interesantes datos que se le informan a los usuarios del Metrobús. No pierden detalle. También había una cápsula dedicada a la historia del cepillo de dientes. ¿Han visto ese pequeño corto de Pixar donde un enorme pajarraco se sube a un cable de luz en una carretera y es despreciado por los pequeñitos pajaritos snobs que lo ocupaban? El otro día lo pasaron, en Ay TV’s. Un par de jóvenes albañiles, desde su asiento, lo veían y reían y reían. Tuve ganas de abrazarlos. Pues era, también, enternecedor.
Pero hay, sí, lectores. En una ocasión incluso cometí el error de hablarle a uno de ellos. “¿Te gusta Bukowski?”, pregunté, inocentemente. “Sí, es un maestro”, me contestaron con solemnidad. Era un hombre pasada la medianía de la treintena. Varios minutos después me costó trabajo explicarle a este lector entusiasta que mi bajada se acercaba. Recuerdo que comenzó a producir de su mochila libro tras libro. Me los enseñaba y reseñaba todos. Disfrutaba especialmente la poesía de Bukowski, me informó. Yo asentía, creo, con amabilidad. Es algo curioso, esto de leer frente a otros, casi un acto de vanidad. No hace muchos meses, un joven, digamos, bohemio, se subió acompañado de una señorita y al notar que yo leía a Bulgákov (apenas entendía que leer novelas en el Metrobús es mala idea) dijo en voz alta: “¡El maestro y Margarita! ¡Ese libro es buenísimo!”. Asentí y sonreí, pero con temor esperé, a continuación, una conversación. La señorita que lo acompañaba le preguntó entonces, en un gesto que agradecí, si él lo había leído. El joven dijo que no, su entusiasmo disminuyendo, su mirada alejándose. Noté que el joven -era de mi edad, no sé por qué insisto con eso de “joven”- quería decir algo más. Las circunstancias se lo impidieron.
Sospecho que estas impresiones y pequeñas anécdotas no nos dicen gran cosa ni nos llevan a ningún lado. Es lógico: usar una misma ruta diario es como dar vueltas dentro de un mismo cuarto, cual tigre encerrado, la cola sangrante de golpear el mismo barrote. Concluyamos, entonces. Si este texto fuera como el Metrobús y este párrafo la última estación –no; si este texto fuera una ruta fija, como el hábito constante de un necio –no; si yo fuera el pasajero que observa con desapego a sus contemporáneos –tampoco; mejor aquí lo dejamos, en la inmovilidad del punto final.

Laguna negra

El sábado subí en moto rumbo a la torre Telmex, en Avándaro. En el camino me encontré -nos encontramos- a un ciclista que nos dijo que aún "le roncaba" pero nos dio algunas direcciones ("pasarán la Laguna negra, un lugar precioso, una casa, unas piedras, no hay pierde"). Después de un rato dimos con la laguna y estuvimos tumbados allí un rato, viendo la casa que se encuentra al otro lado, como si estuviéramos en una pintura de Peter Doig -en esa casa un alemán se dio un tiro hace tiempo, según cuentan- y los patos y las cacas de vaca. Después seguimos avanzando hacia arriba, rumbo a la torre de teléfonos. No la encontramos pero trepamos un peñasco. De regreso tuvimos un encuentro cercano del tipo bovino.

Tuesday, February 02, 2010

¿Montaña o playa o fondo marino?

En cierta ocasión, si mal no recuerdo, estaba en una reunión de ex numerarios. La mayoría experimentaba algún grado de rencor dirigido directa o indirectamente hacia la Obra, el Opus Dei, pero, simultáneamente, podía apreciar cierta, digamos, tranquilidad, en todos ellos, misma que crecía en la medida que todos hablaban sobre el tema. No era, claro, la primera vez que me encontraba en una situación así. En otra reunión similar, incluso se me llegó a llamar ex numerario de facto, pues, debe decirse todo, yo pasé la mayor parte de mi educación primaria y superior en instituciones que estaban estrechamente relacionadas con el Opus. Aquella no fue una reunión agradable. Ahora, sin embargo, había algo distinto en el ambiente. Quizá una mayor soltura, por decirlo de algún modo. La reunión era una celebración. Yo había llegado tarde. Conté varias botellas vacías sobre la mesa, al llegar. Y quizá esto no me lo creerán, pero al poco tiempo de que llegué comenzó a discutirse el carisma de San Josémaría Escrivá de Balaguer, con cierta admiración, noté, en contraposición al carisma de otras figuras públicas -específicamente, Franco y Hitler. Se formuló la pregunta: ¿quién era más carismático? ¿Hitler o Escrivá? No atendí los detalles ni los matices de la discusión (ni, lo dudo, si había una ironía subterránea en la conversación) así que decidí llevar la conversación por otros rumbos, con un amigo, aparte. En un arrebato de apofenia, sin embargo, se me ocurrió volver al río conversación y preguntar si San Josemaría hablaba a menudo de la impresión de que se sumergía, o si hablaba de inundaciones en sus discursos. Creo que lo pregunté porque, en el cruce del fascismo y el Opus Dei (carismático), recordé algo que había escrito Roberto Bolaño. Hablar de la relación de Bolaño y el Opus Dei quizá sea obvia, especialmente a la luz de algunos pasajes de Los detectives salvajes o Nocturno de Chile, aún más, a la luz de su afán general por provocar. Sin embargo, lo que me lo recordó aquella noche, específicamente, fue un párrafo de "Dos cuentos católicos", que se encuentra en El gaucho insufrible, en el cual Bolaño imposta la voz de un joven, jovencísimo, Escrivá:

"A veces sentía mareos. Ganas de vomitar. Juanito hablaba de la última película que habíamos visto y yo asentía con la cabeza y notaba que me estaba ahogando, como si los sillones estuvieran en el fondo de un lago muy profundo. Recordaba el cine, recordaba el momento de comprar las entradas, pero era incapaz de recordar las escenas que mi amigo, ¡mi único amigo!, rememoraba, como si la oscuridad del fondo del lago lo hubiera invadido todo. Si abro la boca tragaré agua. Si respiro tragaré agua. Si sigo vivo tragaré agua y mis pulmones se encharcarán por los siglos de los siglos".

Decir que la relación de este fragmento de "Dos cuentos católicos" con el Opus no es obvia quizá sea pedir demasiado. Después de todo, la segunda parte de "Dos cuentos católicos" (y el final de la primera) es una provocadora vuelta de tuerca al conocido -y muchas veces contado- momento en que Escrivá obtuvo la vocación. Pero el fragmento que recordé aquella noche siempre tuvo para mí algo de oculto -¿sabía Bolaño algo de Escrivá relacionado con inundaciones que yo no supe a pesar de todos los años que pasé cerca del Opus?- y con ecos, claros, en otras partes de la obra de Bolaño, por ejemplo, en este momento de 2666, en el que se describe la niñez de Hans Reiter (Benno von Archimboldi):

"En 1920 [apenas dos años antes sucede el momento vocacional de Escrivá, pero no viene a cuento] nació Hans Reiter. No parecía un niño sino un alga. Canetti y creo que también Borges, dos hombres tan distintos, dijeron que así como el mar era el símbolo o el espejo de los ingleses, el bosque era la metáfora en donde vivían los alemanes. De esta regla quedó fuera Hans Reiter desde el momento de nacer. No le gustaba la tierra y menos aún los bosques. Tampoco le gustaba el mar o lo que el común de los mortales llama mar y que en realidad sólo es la superficie del mar, las olas erizadas por el viento que poco a poco se han ido convirtiendo en la metáfora de la derrota y la locura. Lo que le gustaba era el fondo del mar, esa otra tierra, llena de planicies que no eran planicies y valles que no eran valles y precipicios que no eran precipicios".

Poco más adelante, podemos leer:

"Al principio caminaba con pasos inseguros y el médico del pueblo dijo que eso era debido a su altura y aconsejó darle más leche para fortalecer el calcio de los huesos. Pero el médico se equivocaba. Hans Reiter caminaba con pasos inseguros debido a que se movía por la superficie de la tierra como un buzo primerizo por el fondo del mar. En realidad, él vivía y comía y dormía y jugaba en el fondo del mar".


Otro que vive, come y duerme, y sobre todo, juega, en la tierra como si estuviera en el fondo del mar (aparentemente, sin problemas) es el alemán Udo Berger, protagonista de El tercer Reich (una novela publicada póstumamente, anterior, si entiendo bien, a La pista de hielo). Hay un momento en la novela (la busqué pero ya no lo encontré, debí hacer la anotación en su momento) en que Berger se plantea la disyuntiva playa/montaña y termina reconociendo que él es un hombre de las montañas, del bosque, aunque a menudo la vida del agua marítima parece llamarle (como le llama Conrad, su amigo que porta, obviamente, el nombre de uno de los autores que más amaron el mar -ese espejo de los ingleses- y que veían en el trabajo del marinero algo cercano a la santidad), ya sea en visiones curiosas donde ve a El Quemado (¿acaso un sudamericano que escapó de una tortura?) caminar como si se arrastrara por el fondo del mar, o esta, con la cual me acabo de topar y que dio pie a todo esto:

"¿Quién es?, preguntaba. Soy Florian Linden, detective privado, respondía un hilillo de voz. ¿Quiere entrar?, preguntaba. ¡No, no abra la puerta por nada del mundo!, insistía, con más energía, aunque no mucha, se notaba que estaba herido, la voz de Florian Linden. Durante un rato ambos permanecíamos en silencio, intentando escuchar, pero la verdad es que no se oía nada. El hotel parecía sumergido en el fondo del mar. Incluso la temperatura era distinta, ahora hacía frío y como vestíamos ropa de verano lo sentíamos más".

(Otra "razón" por la que pensé en un "vínculo" [¿pero no es esto una obviedad?] entre 2666 y El tercer Reich es la mención en la segunda de un ojo abierto, "un ojo, sólo uno, el izquierdo, creo, enorme y superazul, y no me lo quitaba de encima, a donde yo me moviera me seguía" que tiene, en mi cabeza, un eco con el inicio de la parte de Archimboldi: "Su madre era tuerta. Tenía el pelo muy rubio y era tuerta. Su ojo bueno era celeste y apacible, como si no fuera muy inteligente, pero en cambio buena, un montón".)

Aquella noche, recuerdo, me dieron una respuesta a mi pregunta. Al principio me dijeron que no, que Escrivá no hablaba a menudo de inundaciones ni era un tópico o una fijación que tuviera. Sin embargo, me dijeron aquella noche, había algo. Y es raro, pues me contestaron, con una respuesta concreta que aquella noche me pareció clara y lógica. Lo extraño de todo esto es que lo he olvidado pero no he olvidado que al poco rato de esta conversación decidí marcharme (pues de Escrivá pasamos a Bolaño y pocos lo habían leído y quienes lo habían hecho lo consideraban sobrevalorado, especialmente si se le comparaba con Baltasar Gracián, a quien tenían en una gran estima como, imagino, debe ser). Tomé el Metrobús rumbo a casa y cuando finalmente di con mi calle -llovía, poco- escuché un ruido atronador (un transformador se había reventado) y se fue la luz en la colonia entera. A lo lejos pude ver un brillo ambarino que provenía de la iluminación de edificios lejanos, que se esparcía por las nubes de la ciudad. Era de noche pero el cielo tenía ese curioso y tímido fulgor. Por un momento pensé que había invocado algo. No mucho después (aunque las suficientes noches como para que dude que tenga algo que ver) soñé que me encontraba en Valle de Bravo, en mi bicicleta, y que ascendía al mirador donde se encuentra la torre de teléfonos de Telmex y una casa solitaria -donde, me contó mi padre, encontraron el cuerpo del dueño, ya con un par de semanas descomponiéndose- y desde donde pueden verse varias lagunas, incluyendo la de Santo Tomás de los Plátanos, donde hay un poblado sumergido. En mi sueño experimentaba ansiedad porque, al meterme al agua (en un estanque que, en realidad, se encuentra a unos pasos de la casa solitaria) se me pegaban unas sanguijuelas.

Friday, January 29, 2010

La Tempestad #70

El nuevo número de La Tempestad llegará pronto a las tiendas. Mientras, pueden verla en línea -que, sabemos, es incómodo, pero por mientras, está- en este sitio. A continuación, los contenidos.

LITERATURA

Como parte de nuestro tema de portada, Yanna Hadatty Mora explora el universo narrativo de Efrén Hernández, de quien publicamos fragmentos inéditos en el “Cuaderno para invenciones”. En la sección de actualidad se revisan títulos recientes de Ricardo Zelarayán, Gabriel Bernal Granados, Lionel Tran y Evelio Rosero.

CINE
Gabriel Figueroa creó imágenes deslumbrantes que develan las vertiginosas transformaciones del México posterior a la Revolución de 1910; Ceri Higgins estudia su obra en el dossier “Mexicanos radicales”. Filmes de Jim Jarmusch, los hermanos Coen, Enrique Rivero y Bruno Dumont se reseñan en “Actualidad del arte”.

MÚSICA
Roberto Kolb describe los rasgos más radicales del discurso estético y político de Silvestre Revueltas, como parte de nuestro dossier sobre la vanguardia artística de la Revolución Mexicana. Comentarios sobre las novedades de Radian, Leif Ove Andsnes, The Flaming Lips y David Sylvian pueden leerse a partir de la página 26.

ARQUITECTURA
Juan O’Gorman se propuso transformar la realidad mexicana a través de una arquitectura eficiente y vanguardista; Víctor Jiménez, que restauró las casas de Diego Rivera y Frida Kahlo en San Ángel, reflexiona sobre el tema. En “Formas útiles”, una mirada al trabajo del estudio REX.

ARTES VISUALES
Los murales y las pinturas de David Alfaro Siqueiros representan una de las búsquedas más innovadoras del arte del siglo XX; en la página 68, Irene Herner se detiene en sus contribuciones. Además, reseñas de exposiciones recientes de Gabriel Orozco, Jimmie Durham, Yoshua Okón y la Colección Jumex.

ARTES ESCÉNICAS
De corta existencia, el Teatro de Ulises transformó la escena mexicana a finales de los años veinte, como lo explica Gonzalo Valdés Medellín dentro de “Mexicanos radicales”. Ohno Cooperation, Robert Wilson, Josef Nadj y Diana Theocharidis figuran en “Actualidad del arte”.

Una debilidad de nuestra imaginación

Ayer que bajaba en mi estación del Metrobús y que vi uno de los muchos OXXOs que están por mi casa pensé en la no muy lejana noche cuando me acerqué a comprar unas cervezas a través de la diminuta ventanita con la que está equipada la mayoría de los OXXOs -ya era noche- y que durante la transacción el hombre del OXXO me preguntó si había un hombre acostado junto a mí. Es decir, sobre la calle, oculto. Revisé (igual y estaba y no lo había visto, estas cosas pasan) y le dije que no, que no había nadie; se lo dije casi riendo, pero también preocupado -apenas preocupado- por el tipo de cosas que este hombre del OXXO tiene que pasar. Cuando se lo dije hubo una pausa y entonces el hombre decidió asomarse. No podía ver del todo, pues la ventana que lo mantenía seguro también reducía su campo de visión, pero aún así hizo su esfuerzo. No sé por qué hizo esto. Es decir, ya le había dicho que nadie estaba allí. ¿Para qué cerciorarse? ¿Por qué no confiar en mí? Tampoco sé por qué he estado pensando mucho en aquella mañana de septiembre cuando me encaminaba, hace años, a la universidad. Mi madre estaba ejercitándose en el gimnasio (hay un gimnasio en casa) al tiempo que veía la televisión. Normalmente veía programas de revista pero aquella mañana estaba viendo las noticias. Me despedí de ella pero antes de hacerlo, me preguntó "¿Ya viste lo que pasó?". Y vi, entonces, lo que estaba pasando, a través de la televisión. No dijimos mucho, mi madre y yo. Sólo veíamos. Pensábamos que era un accidente. No recuerdo mucho más de aquél día excepto que, en la universidad, la gente estaba preocupada y que yo no supe qué tan preocupada estaba la gente hasta que en clase de teología (estudiaba filosofía en la Universidad Panamericana) el sacerdote que nos daba la clase nos pidió que tomáramos un minuto para orar por las personas que estaban pasando por lo que vi en la televisión. Y rezamos, recuerdo.

Monday, January 25, 2010

Sunday, January 24, 2010

Si yo fuera un automóvil y un líder de opinión


Una persona que se llama Daniel me mandó esto, a partir de un texto -un texto breve y tonto- mío. Pueden ver Gallina Volteada, de Daniel, acá.

Friday, January 22, 2010

La inercia que me ata a la oficina

Siempre, sin importar la hora, cuando estoy por dejar la oficina, dudo.

Thursday, January 21, 2010

Ascetismo

En relación a las dos entradas anteriores, leo en el texto de Joyce Carol Oates sobre Lovecraft:

Lovecraft took ascetic pride in eating frugally, estimating that he could subsist on thirty cents a day, $2.10 a week; often he ate unheated food out of cans and aged, even spoiled food. A lifelong phobia against doctors and hospitals prevented his intestinal cancer from being diagnosed until it was too late; but, in true Lovecraftian fashion, despite being in terrible agony he kept a "death diary" until he could no longer hold a pen.

Wednesday, January 20, 2010

Joyce Carol Oates sobre S.T. Joshi

La reseña "The King of Weird" sobre la biografía que escribió Joshi sobre Lovecraft y textos editados también por Joshi -de Lovecraft- puede leerse acá.

Dinero


Leo en The Thing on the Doorstep de H.P. Lovecraft:

In self-realiance and practical affairs, however, Derby was greatly retarded because of his coddled existence. His health had improved, but his habits of childish dependence were fostered by overcareful parents; so that he never travelled alone, made independent decisions, or assumed responsabilities. It was early seen that he would be no equal to a struggle in the business of professional arena, but the family fortune was so ample that this formed no tragedy.

Leo el eco de esto en la vida de Lovecraft (como un anhelo) con especificidad (obviando, pues, cómo The Thing on the Doorstep puede entenderse como una versión velada de la vida que llevó Lovecraft inmediatamente después de la muerte de su madre, incluyendo un matrimonio pasajero o el regreso a Providence en 1926, después de una estancia fuera) de acuerdo a como lo hace notar S.T. Joshi, en una carta de H.P.:

No one more annoyingly lacks the least rudiments of remunerative enterprise or commercial aptitude than I. I simply don't know how to gather cash except incidentally and accidentally. I made the mistake in youth of not realising that literary endeavour does not always mean an income.* I ought to train myself for some routine clerical work... affording a dependable stipend yet leaving my mind free enough for a creative activity** -but in the absence of immediate need I was too damned a fool to look ahead. I seemed to think that sufficient money for ordinary needs was something which everyone had as a matter of course -and if I ran short, I 'could always sell a story or poem or something.

(S.T. Joshi cita del quinto volumen de Selected Letters, p. 363; publicado por Arkham house entre 1965 y 1976)

*Esta frase me perturba.
**Esta también, pensando en el trabajo que tengo y la cantidad de horas que paso frente a un monitor.

Lovecraft, de acuerdo a Joshi, se casó con una mujer que tenía una tienda de sombreros. Cuando la tienda se fue a la ruina (muy pronto), Lovecraft intentó buscar trabajos. Pero Nueva York (ciudad de la que terminaría huyendo, sin su mujer) no tenía nada para él. Lo intentó como vendedor y algo que se llama "lamp-tester" (ignoro qué sea esto); ni siquiera en agencias de publicidad lo aceptaron. Estos problemas, extrañamente, desaparecieron apenas volvió, hijo pródigo, a Providence. Hasta donde sé (es poco lo que sé) allí se dedicó sólo a escribir.

S.T. Joshi tiene un texto de 1979 que se titula "Autobiography in Lovecraft", apareció en el primer número de Lovecraft Studies. Pero, como pueden ver acá, no está en línea. O igual y sí, no he buscado bien. Acá pueden encontrar un poco de fetichismo lovecraftiano. Acá, un poco de fetichismo del fetichismo lovecraftiano. Me intriga el perfil de la persona que administra dicho blog: "A PC game and level designer for many years, I worked on games such as The Ultimate DOOM for id Software and Unreal for Epic. I based much of my work on Dante's INFERNO, coming from an English lit background". Pero me intriga especialmente la última línea: "I live with my cat, Pooki, near Pittsburgh". Noto con desconcierto que me vuelva el interés por Lovecraft ahora que las aguas de mi soltería han vuelto a asentarse. Shivers.

Dúo para pato y canario (convergencia)

Ver también este video, a partir (especialmente en el minuto 2,41) o esta entrada. La imagen es un detalle de La soprano, de Antonio Ruiz.

Tuesday, January 19, 2010

Siniestro

Ese gato gordo que no he visto pero que escucho desde hace varias semanas maúlla ahora. Cuarenta minutos pasada la media noche, escucho ruidos; siempre, aunque hayan pasado ya varias semanas de esto, me llegan con sorpresa, interrumpiendo. Primero es el movimiento de las ramas del árbol de los vecinos que da a mi ventana, luego los pasos, o trotes, sobre el tejado. Viene entonces un rato de silencio. Pero regresan, entonces, los maullidos, esa mala imitación de los quejidos de un bebé, pero no cualquier bebé, sino un bebé cuya presencia suponemos existe y no es -como también sospechamos, en otro nivel- sólo la imitación de una madre desconsolada en un hotel anónimo de un cuento famoso de un autor argentino.

Una breve historia del amor

Se acaba.

Los chavos de ahora (o un poco de ingenio por la tarde)

¿Alguien puede explicarme cómo utilizar la aplicación que me permite taggear fotos a través del Twitter pero sin que se actualice mi estado en la cuenta del Facebook para que pueda compartir al mismo tiempo un archivo en el iPhone, mi Kindle y otros e-readers? ¿O necesito bajar un torrent específico? De ser así, ¿me mandan una invitación al Google Chrome?

Monday, January 18, 2010

El peso de las influencias

Lawrence Weschler enlista las distinciones entre tipos de "convergencia", acá. Así, se definen y distingue la apofenia, la coincidencia, la causa simultánea (fractalización e identificación), influencia directa (hacia delante o hacia atrás), influencia consciente, influencia inconsciente, la alusión, la cita, la apropiación, la criptomnesia y, finalmente, el plagio.

La representación del dolor en los medios, más

Hoy podemos leer una nota sobre los Globos de Oro, en el NYT, que inicia con este párrafo:

"A rain-drenched Hollywood paused in its efforts to raise money for Haitian earthquake victims on Sunday long enough to focus on the Golden Globes, perhaps the most frivolous of the high-profile stops on the entertainment industry’s awards trail".

El resto del texto, acá. Es curioso cómo ese párrafo entinta de tal modo el resto del texto, a un grado que es difícil leerlo sin pensar que uno está haciendo algo, digamos, mal. A la vez, esto me hizo pensar en aquella exageración (creo) de Peter Singer que reza algo así como que no hay justificación moral para ir al cine o al teatro mientras haya gente muriendo de hambre; y creo que se trata de una exageración principalmente porque esa postura se niega a reconocer las virtudes o bondades de ir al cine o al teatro, entendiendo que éstas no se reducen, o no deberían reducirse, al puro entretenimiento -entendido en su peor veta, pues, dicho sea de paso, también podría defenderse que el entretenimiento es positivo, moralmente. Traté de buscar la cita completa, pero no está en línea -apareció en una entrevista de The Believer, hace tiempo- pero hay un párrafo parecido, que encontré acá:

"I give a third of my income to Oxfam and other organizations working in the field. I still feel that, as comfortably off as I am, I should be giving more. We still take family vacations to nice places. We could spend time somewhere less expensive. Also, I'm still prepared to have a bottle of wine or go to the theater or to some kind of concert. If you think about what that money can do for people in extreme poverty, it's hard to justify that type of spending".

En fin, seguimos al pendiente.

Sunday, January 17, 2010

El dolor en los medios, ¿cómo representarlo?


Ayer publicaron este texto en el NYT, "Broadcast Coverage: Compassion and Self-Congratulation" de Alessandra Stanley. Hoy, en el mismo periódico, publicaron un texto de Michael Kimmelman sobre cierta propaganda utilizada en Suiza, que pueden leer acá (hay una imagen que me recordó algo que me contaba Alejandro Vázquez, creo, sobre un póster del Anglo Americano o de Interlingua -caray, no recuerdo de qué escuela de idiomas- en la que se presentaban a varios pollitos hablando inglés, uno de ellos, el único café, no lo hablaba). Busqué un poco más de Kimmelman, también en el NYT. Encontré este texto del año pasado que, como leerán, le debe lo suyo a Ante el dolor de los demás, de Sontag.

(En imagen, el modo en que la sección The Big Picture de Boston.com presenta imágenes con contenido "gráfico" o "censurable"; en seguida, la invitación a verla, a través de un clic.)

(Al mismo tiempo que escribo esto, en la televisión pasan la película Live from Baghdad, con Michael Keaton).

Thursday, January 14, 2010

Haití en los medios

David me pasa este apartado de un texto de The Guardian:

Papa Doc's regime is widely seen as one of the most corrupt and ­repressive in modern history. He ­exploited Haiti's traditional belief in voodoo to establish a personal militia, the feared and hated Tonton Macoutes, said to be zombies that he had raised from the dead.

El texto completo, "Haiti, a long descent to hell", puede encontrarse acá. De Papa Doc había leído algo en un texto de Pablo Biffi, a partir del cual escribí esta vieja entrada, "Hotel zombi". Aquél texto de Biffi se encontraba en un número de Granta titulado Hotel América y se titulaba, sencillamente, Zombi. Ahora encuentro un nuevo texto de Biffi -donde, entre otras cosas, menciona el Hotel Montana- que pueden encontrar acá.

***

Anoche, al regresar a casa, pasé, como casi siempre paso, frente al Bar Gato Calavera. Ofrecían una promoción (un lugar que, he notado, es frecuentado por emos). Entre los platillos que anunciaban se encontraban unos nachos (¿o eran cheese fingers?) a los que habían nombre como "Nachos zombis". También ofrecían una bebida especial, algo así como "[Bebida] pirata del caribe". Entonces, me di cuenta de que no era Halloween. Y pensé: ah, qué mal gusto. Pero quizá se me fue la mano en la sospecha.

Wednesday, January 13, 2010

¡Buenos días alegrías!

Al entrar hoy por la mañana a la oficina y escuchar Walking on Sunshine a todo lo que dan las bocinas de mi computadora, Abel, como si fuera algo malo, afirma: "Hay mucha felicidad en esta oficina".

Tuesday, January 12, 2010

Cantidad de entradas

En 2009 escribí 269 entradas, el año anterior una más que esa, 270, el anterior, 2007, fueron 273, en 2006 fueron 240. 166 en 2005 y pocas en 2004. Recuerdo pocas, lo cual seguramente significa que me he repetido en más de una ocasión. Traigo una cancioncita en la cabeza, es molesto. También, esto pensaba escribirlo en mi Facebook, pero lo pongo aquí: ¿no es raro que cuando alguien habla sobre algo, digamos, de la cultura, ya sea popular o no, otro, con aire de superioridad, diga, "a mí me gustó primero"?

Saturday, January 09, 2010

Ayer en el Reforma

El titular reza, imprecisamente, "Va SSP contra Twitter", y la noticia, redactada por Juan Corona es que "Luego de que la Policía del DF detectara que la red social Twitter es utilizada para burlar el alcoholímetro, las autoridades prevén mover sus puntos de revisión". Siguiente párrafo: "Funcionarios de la Subsecretaría de Participación Ciudadana y Prevención del Delito, encargada del programa Conduce sin Alcohol, explicaron que cambiarán los retenes más de tres veces durante las jornadas nocturnas". Siguiente: "Bajo el nombre Anti Alcoholímetro, mil 754 seguidores de Twitter conocieron la ubicación de los puntos de revisión en la época navideña y solicitaron a sus lectores que notificaran si detectaban algunos más". Luego: "Hasta ayer, en la página había 442 mensajes de alerta sobre lugares donde la Policía instaló los retenes". Finalmente: "Del 16 de diciembre al 6 de enero se instalaron 20 puntos de revisión, donde se aplicaron 9 mil 813 pruebas; en éstas, mil 839 automovilistas dieron positivo, por lo que fueron remitidos a un juez y, posteriormente, el centro de detención El Torito".
También, ¿esto sigue como programa? ¿Bacardí aún lo apoya? En el sitio electrónico la última noticia es de septiembre de 2009.
¿Hubiera sido, me pregunto ahora, más apropiado que la nota de Corona dijera "Va SSP contra Anti Alcoholímetro"? ¿O "SSP: Anti Anti Alcoholímetro"? ¿No sonaría eso como un invento del Dr. Chunga? (Estoy repitiendo un chiste que hice hace como una semana cuando alguien me contaba de un auto que posee un radar que detecta radares y que no puede ser desactivado por otros radares, un "radar anti anti radar", por si les interesa saber.)

Thursday, January 07, 2010

Nunca había hecho esto

Estaba leyendo en lo que puede leerse de The Believer a través de la red un texto de Chris Bachelder (autor de la única novela electrónica que he leído en mi vida) sobre la sorpresa, cuando me di cuenta de que estaba haciendo algo que nunca antes había hecho en mi vida, lo cual puede sonar a una obviedad pues siempre estamos haciendo algo que nunca habíamos hecho antes, pero ustedes entienden bien lo que quiero decir pues habitan ya desde hace tantos años dicha paradoja siempre-nunca/nuevo-constante que ni la toman en cuenta, pero por alguna razón me sonó particularmente, ¿cómo decir?, nuevo y único, este momento (¿sueno peligrosamente aquí al borde del pensamiento mágico?). Y la cosa es: me encontraba no sentado en la cama sino acostado de modo que podía levantar los muslos para apoyar la computadora en la que leía el texto al tiempo que llovía. Y escuchando cómo llueve, afuera, me sentí extraño. Pues he hecho esto antes, de llevarme la computadora a la cama para leer o tontear, pero nunca, y digo nunca con certeza, había adoptado esta posición. Y quizá no sea tan importante como para que la empiece a recomendar, pero sucede que las dimensiones irrepetibles que poseo, físicamente, sólo se han acomodado en esta posición; es decir, nunca me había encontrado tan cómodo en la cama leyendo algo en la computadora. Quizá estoy imaginando todo esto, ¿pero no es eso también algo para ser tomado en cuenta? ¿Que hoy, novedad de novedades, encuentro singularidad en lo efímeramente nuevo?

1,539 signos de exclamación

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Wednesday, January 06, 2010

Red laberíntica subterránea

Hablando del temor a lo que puede o no encontrarse bajo tierra, pueden leer esto, que apareció hoy en el NYT. Y esto otro, en The Believer, hace tiempo.

Tuesday, January 05, 2010

Lovecraft en el avión


Leer a Lovecraft en el avión de regreso a casa es así: al poco rato de retomar la lectura de "The Case of Charles Dexter Ward" incluido en el volumen de cuentos The Thing on the Doorstep and Other Weird Stories, compilado por S.T. Joshi (cuyas exhaustivas notas obligan a este lector a tener dos separadores de tal modo que está constantemente yendo del final del libro al cuento que se esté leyendo; el libro, una edición de bolsillo de Penguin, está consecuentemente maltratado y es por ello, también, que a este lector no le importa rayar pasajes que le parecen importantes o utilizar el libro como una especie de portafolios -además de los separadores, mete el boleto de avión y el pase de abordar y otros papeles entre sus hojas; cuando lo levanta, algunos de estos documentos caen y es endemoniadamente difícil leerlo así, en el avión-) uno tiene que prender la luz (la individual, pues las azafatas han apagado la, digamos, general), decía, al poco rato de retomar la lectura que se interrumpió cuando el avión llegó a Mérida (en casa del amigo en donde se quedó encontró otra lectura que le llamó la atención y dejó no sólo a Lovecraft de lado sino los otros libros que, ilusamente, este lector llevó consigo en sus breves vacaciones) y que se reinició, como ya se mencionó, en el vuelo de regreso a casa. Así pues: en el avión lo que uno hace es ver esta lectura a través de los ojos de alguien que ha pasado tiempo en Mérida recientemente. Es así que uno recuerda no sólo que la noche anterior, en casa de uno de los amigos que vio, el padre de éste mencionaba a Lovecraft como una lectura de infancia (a la vez, uno recuerda a otro amigo, a David, quien para términos generales fue quien introdujo a este lector a la obra del autor que fue Providence), sino también que cuando visitó una serie de ojos de agua, o cenotes, en compañía de varios de estos amigos, la novia de uno de ellos (lectora de Lovecraft también, dicho sea de paso) imaginó que un tentáculo salía de las profundidades del ojo de agua y atacaba a quienes se habían metido al agua (ella no se metió). Quizá esto no lo sepan, pero los ojos de agua pueden ser abiertos, cerrados o semiabiertos y están conectados entre sí en lo que este lector supone es un intrincado sistema de ríos subterráneos, con sus propias corrientes y ecosistemas (¿acaso los esqueletos de algún buzo aventurero desdichado?[incidentalmente, uno de estos buzos, es decir, desdichados, murió no allí, en los cenotes, que conocía bien -realizaba exploraciones submarinas aquí, si es que entendí bien la anécdota que me contaron- sino en el drenaje profundo de la Ciudad de México, en una operación, fallida, de rescate, a la cual su presencia, fue fatídicamente solicitada; y por qué, preguntemos ahora, es que el rescatista mexicano es tan conocido por sus habilidades subterráneas; pregunto esto a la luz no sólo de estos buzos yucatectos sino, por ejemplo, el grupo de rescate Los Topos]). En el cenote que estuvo este lector era -al menos uno de ellos- semiabierto y cavernoso y hacia el fondo del mismo se adivinaba una entrada (a la entrada del parque donde se encontraba el cenote se anunciaba, también, que era ideal para espeleología submarina) oscura y enorme y propensa a disparar imaginaciones donde los tentáculos son rey. Y finalmente, es en esa zona donde el Aluxe forma parte del imaginario colectivo, el sur de la República, como pueden recordar, por ejemplo, acá. El caso es que cuando uno lee a Lovecraft en el avión (especialmente líneas como The thought of being lost in utter darkness without matches amidst this underground world of nightmare labyrinths...) y piensa en estas cosas y pasa por una pequeña, ligera, bolsa de aire que provoca ciertos rumores y asociaciones interiores, la sensación general es que en efecto hay un mundo subterráneo que bien podría ser terrible y desastroso, un mundo más vasto y oscuro y terrible y cercano.

Sunday, January 03, 2010

La infelicidad de Ben Turnbull

Leo en Consider the Lobster de DFW la reseña que escribió de Toward the End of Time de Updike. Un subrayado:

"...the bizarre, adolescent believe that getting to have sex with whomever one wants whenever one wants to is a cure for human despair. And Toward the End of Time's author, so far as I can figure out, believes it too. Updike makes it plain that he views the narrator's final impotence as catastrophic, as the ultimate symbol of death itself, and he clearly wants us to moarn it as much as Turnbull does. I am not shocked or offended by this attitude; I mostly just don't get it. Ramplant or flaccid, Ben Turnbull's unhappiness is obvious right from the novel's first page. It never once occurs to him, though, that the reason he's so un happy is that he's an asshole".

Saturday, January 02, 2010

Tuesday, December 29, 2009

"The power of love"

Cómo es cuando uno está harto. Imagina lo que podría escribir, si tuviera ganas. Le da vueltas y no toma, como quien dice, el problema por los cuernos. Hace horas, al entrar a la privada después de regresar de no les diré dónde pensó en finalmente escribir sobre la no muy distante mañana en que se encontró con el portero de la privada donde vive cubriendo un pequeño, diminuto, para Pitufos, puente de madera con pintura color carne. Por la noche de aquél día, recuerda ahora, encontró que detrás de la caseta donde vela las noches el portero de la privada donde vive, se había colocado un nacimiento con ríos de papel aluminio y una especie de explanada hecha a partir de musgo y papel arena; el puente color carne esaba allí también, acompañado de figuritas de animalitos y luces de colores que parpadeaban. El pesebre tenía en su centro una cuna hecha a partir de una lata de Coca Cola cortada a la mitad. Figuritas que representaban a San José y a la Virgen María miraban con atención la lata vacía (unos días más tarde un muñeco demasiado grande estaría en su lugar, representando a un niño recién nacido). Guillermo, pues hemos estado hablando de Guillermo todo este tiempo, miró la lata de Coca Cola -inspeccionando con discreción, temeroso de que el portero saliera de su caseta e iniciara una conversación que se vería obligado, Guillermo, a interrumpir para finalmente retirarse a su casa- y pensó "El ingenio" y pensó "Los esfuerzos" y pensó que todo eso estaba muy bien. Lo hizo sin sentirse mal (pensar estas cosas) pues no había más que una brisa de ternura en su cabeza, nada más; el reconocimiento, la empatía, el imaginar al portero recortando con esmero una Coca Cola por la mitad. Quizá había otras cosas, en su cabeza, además de la titilante ternura, pero de tanta costumbre (tan familiares eran dichos sentimientos) pasaron como un mal hábito, desapercibidos.
Y también le hubiera gustado escribir de algo más, a Guillermo. Pues hace rato que veía la televisión pasaron Volver al Futuro II y Guillermo pensó por un largo rato en lo que pensó el cartero después de encontrar a Marty McFly en la carretera, bajo la lluvia, tal y como habían dicho las indicaciones con más de 70 años. ¡Eran precisas! ¡Contra toda probabilidad, había alguien ahí, un joven atolondrado en una chamarra de cuero y con rostro de consternación! "Sólo un hombre puede ayudarme", le dijo ese muchacho antes de correr hacia la oscuridad, empapado, dejando al cartero solo con su automóvil. Y al regresar a casa, ese cartero, ¿con qué cara lo haría? ¿Pensaría durante mucho rato en el muchacho, evidentemente desequilibrado, que se encontró en la carretera sin arrojar luz alguna sobre el misterio de la carta con más de 70 años? Sería una historia interesante, averiguar las respuestas a estas preguntas. Y quizá también sería interesante averiguar por qué Alice Braga -pero esto sólo es una impresión- aparece en lo que parecen ser películas exclusivamente apocalípticas o distópicas como Blindness (2008), I Am Legend (2007) y próximamente Repo Men (2010). Igualmente interesante sería averiguar si es significativo que el personaje de Sean Connery en Der Name der Rose (1986) se llame William, igual que en Finding Forrester (2000) y que en ambas películas su enemigo intelectual sea intepretado por F. Murray Abraham. ¿Por qué es esto? ¿Por qué repentinamente estas preguntas, estas ansias, este hartazgo? No lo entiende, no lo entiende.

Monday, December 28, 2009

Lecturas de 2009

En el blog de Hermano Cerdo continúan con el especial de las lecturas del año. Acá las más memorables de las que hice. Luis Panini, David Miklos, Javier Moreno, René López Villamar y muchos varios otros enlistaron las suyas.

Wednesday, December 23, 2009

Feliz navidad

No hay una razón particular por la cual ahora deba ponerme a contarles esto, ahí les va, sin embargo; paren oreja. El otro día manejaba a casa y me subí a un distribuidor vial que fue construido a modo, digamos, de parche, con una planeación, digamos, de muy en el ahora y el aquí; así la cosas, desde este camino uno puede ver dentro de edificios de departamentos que se han visto obligados ahora a sacarle más provecho a sus cortinas. Como a la mitad del camino vi que un motociclista se había detenido, era de noche y llevaba una chamarra negra, pantalones negros, casco negro y motocicleta negra. Estaba allí, pegado a uno de los extremos laterales del distribuidor, de pie, el motor aún en marcha. Lo pasé de largo y ya que lo iba dejando atrás concluí que el motociclista se había detenido no por un desperfecto ni para atender una llamada, sino porque estaba viendo algo -estaba viendo, en efecto, hacia lo que estaba más allá del distribuidor, un hotel de paso cuyas ventanas daban ahora al distribuidor vial. No pensé de inmediato que estaba intentando ver dentro de una de las habitaciones, ni imaginé qué es lo que podía o quería ver, pero sí pensé que quizá -es muy extraño esto- era un detective en una misión, un detective privado a quien se le había encargado vigilar a un hombre de negocios o a una mujer y que la pista lo había conducido a ingeniárselas para ver, o intentar ver, dentro de una habitación, desde un distribuidor vial. Después pensé, nomás, que era un pinche cochino pero no dejó de sorprenderme que funcionara así mi mente.

Tuesday, December 22, 2009

Una simple formalidad

En las noticias, esto:

"El actor francés Gérard Depardieu fue interrogado por la Policía de una comisaría de París después de haber causado graves desperfectos a un vehículo".

Y esto otro:

"La justicia estadounidense reachaza abandonar la persecución contra Polanski"




Anotaciones

Leo Under the dome de Stephen King. No sé por qué. También empecé a leer El estudio en escarlata, de Arthur Conan Doyle. Para leer estos libros interrumpí la lectura de El Don apacible.

Monday, December 21, 2009

Los peces en el río

"Beben y beben y vuelven a beber, pero mira cómo beben de ver a Dios nacido".

Friday, December 18, 2009

Mythobarbital



Vía OB. Un adelanto de "Mythobarbital / Fall of the Titans", de la compañía Abattoir Fermé.

Wednesday, December 16, 2009

Friday, December 11, 2009

Colaboré en Istor


El número actual de Istor está dedicado a la Historia Antártica, celebrando los 50 años del Tratado del Antártico. Colaboré con un detallado reporte sobre mi expedición más reciente a ese tierra de nadie. También colabora Adrian Howkins con su texto Las sombras de Amundsen, Scott y Shackleton. Mi colega Cornelia Lüdecke colabora con su Exploración científica de la Antártida. También pueden leer el texto de Jorge Berguño, Evolución y perspectiva del Sistema Antártico y a Klaus Dodds con La administración del continente polar. Igualmente, encontrarán textos de Robert Musil, Rafael Rojas, Joseph Hodara y al inmortal César Albarrán.

En realidad lo que hice fue reseñar Recordatorio de Federico Gamboa de Álvaro Uribe. A continuación un fragmento no de mi reseña ni de Recordatorio... sino del diario de Gamboa, en el que anota sus impresiones al visitar las catacumbas de París:

"Estremece el pensar lo que significa contubernio semejante; pensar que una mano extraña haya colocado junto al fémur de un criminal la tibia de una virgen, que la calavera de un santo corone el esqueleto de una prostituta, que los niños anden revueltos con impurezas y pecados, y que el todo sirva de exhibición al vulgo, a cualquiera que obtiene una tarjeta, a ignorantes que se las dan de espíritus superiores y a señoras que chillan ante la mirada negra y la eterna mueca de los pobres cráneos, colgados aquí y allí, cual condenados por delitos ignotos a la peor de las picotas: la curiosidad malsana de las multitudes".

Si a usted le da curiosidad leer esta excelente revista, ¡corra a comprarla!

Wednesday, December 09, 2009

Me compré un café

Tengo aquí a la izquierda el segundo café del día, normalmente lo tomo inmediatamente después de comer pero hoy no comimos juntos, los compañeros de la oficina y yo, como normalmente hacemos (uno de ellos comió en compañía de su encantadora novia y el otro, sospecho, se fue a ver un partido de fútbol a su casa; lo hubiera acompañado a verlo en el restaurante de comida yucateca como hemos hecho en el pasado, pero quiso la fortuna que mi padre me hablara para invitarme a comer con mi hermana). Así, después de comer en familia, caminé hasta el puesto del café que se encuentra junto a los tacos de guisado a los que a veces vamos, los de la oficina y yo y el resto de los oficinistas de la zona a quienes se les apetezca, y me encontré con la simpática vendedora de café que usualmente se encuentra allí no en las tardes sino en las mañanas. Dadas las circunstancias, me animé a preguntarle: "¿Ahora estás en las tardes?". "No, es que en la mañana fui a hacerme un nuevo look". Acompañó la frase con una especie de saludo marcial para subrayar el mohawk que ahora adorna su cabeza. "¿Veniste en la mañana?", me preguntó. "Sí", le dije. Y añadí, "Pero ahora me voy a llevar el café a la oficina...". En este momento, me percaté, bajé la voz y decidí que sería mejor no ahondar en explicaciones -no sé por qué decidí esto. Nos despedimos y ahora estoy aquí, en la oficina, esperando a que el resto de los compañeros regresen de donde se encuentran. Pero, todo esto, ¿le interesa a alguien? En la última entrada escribí que me había cortado el pelo. Y es verdad, me lo corté. Pero, ¿para que estás tú ahí leyendo esto? No lo entiendo. Es un misterio.
Ah, pero qué bien me sentí ayer cuando René pasó a visitar a la oficina (es un decir, en realidad vino a tratar asuntos y negocios de suma importancia) y me dijo que había leído que me había cortado el pelo. Uno continuamente descubre, con sorpresa, que posee un ego.
Ya cambiado el tema, no olviden leer "El clon", el texto que René escribió para el número más reciente de La Tempestad (en cuya oficina, como ya adivinaron, es donde me encuentro). Creo que es el único texto en la historia de la revista en el que se menciona a Arnold Schwarzenegger desde el primer párrafo. Normalmente no se le toma en cuenta sino hasta como la mitad del cuerpo de los materiales que nos envían. Me despido con ese chiste.

Saturday, December 05, 2009

Me corté el pelo

Me sorprendió encontrar la peluquería vacía excepto por un par de peluqueros. Obligado a hacer conversación -aunque después de un rato se disculpó por no permitirme leer con lo que consideró interrupciones- el peluquero me contó el modo en que la crisis les había pegado, ahora las personas espaciaban más sus visitas mensuales y dejaban pasar más tiempo entre corte y corte (así fue como me recibió: "¿Ya había pasado tiempo desde la última vez que viniste, no?", "Pues, el mes", le dije, "No", me dijo, "creo que tiene más tiempo"; estuve a punto de explicarle que quizá se debió al fin de semana que pasé en cama enfermo -ahora sólo puedo cortarme el pelo los fines de semana- pero no quise insistir con explicaciones). Le dije algo así como que finalmente a todos nos había pegado la crisis y que al menos el pelo no dejaba de salir, pero me encontré con una persona que sólo asentía y esperaba el momento en que se viera libre de la necesidad de hablar por cortesía, o al menos esa fue mi impresión; nada, ningún conocimiento, iba a salir de nuestro pequeño intercambio, nutrido por la cortesía de quienes se embarcan en una relación servicial. Cuando callamos, en el libro que leía antes de empezar a hablar con el peluquero, El nacimiento de Alexéi Varlámov, leí la última frase de un capítulo: "Lo único que deseaba era que terminaran la espera, los miedos, los sueños, esta gravedad, no en vano llamada así por su peso".

Thursday, December 03, 2009

Sueño recurrente

Anoche volví a soñar que visitaba una tienda de cómics que a veces era librería. Es un sueño recurrente. Encontraba varios números atrasados de revistas que no llegan a México pero que siempre quiero. Es un espacio curioso, el de esta librería con la que sueño a veces. Me ha pasado que entre las noches que lo sueño y las que no, pasan meses o incluso años y cuando vuelvo a soñar con el local, a veces sé, sencillamente, que ha cambiado de administración o que el catálogo entero de lo que venden ha sido modificado. He llegado a soñar que visito el local pero está cerrado, clausurado, orillados a la bancarrota por la falta de negocio. Anoche, sin embargo, cuando soñé, la tienda era visitada por mucha gente y el negocio parecía próspero.

Ayer me subí a una báscula

Subí de peso.

Monday, November 30, 2009

Omnibús de anécdotas


Acompañado de mi tos de perro me formo en la fila para recargar la tarjeta del Metrobús, esta noche, de regreso a casa. Pienso en la cantidad de textos que he escrito que tienen que ver con el medio de transporte e incluso llego a fantasear con llegar a casa y escribir un texto largo sobre la relación que ha crecido entre el Metrobús y mi vida en los últimos meses, cuando lo he utilizado con mayor regularidad. Imagino que vincularé la entrada que escriba con el resto de las entradas que he escrito que estén relacionadas, aunque sea tangencialmente, con el tema. Recuerdo algunas, en este momento. Abandono la idea. Pero no abandono la otra fantasía -el tipo de fantasía que uno dibuja con el objetivo de mantenerla a raya- donde una revista o un periódico o cualquier medio interesado en la experiencia urbana me contacta para preguntarme si estaría interesado en escribir una columna semanal o mensual o bimestral en la que yo escribiría sobre algo, alguna experiencia común, interesante para el "lector de a pie", y yo aquí interrumpiría al editor invitador para sugerirle, ¡espera!, ¿por qué al lector de a pie y no al lector en tránsito, el lector que como millones de otros se sube a un medio de transporte y comparte la experiencia común de padecer el accidentado avanzar que no lleva a ningún lado sino a la rutina? El editor invitador se deprime y cuelga.

*

En la preparatoria en la que estudiaba se publicaba un pequeño periódico de cuya redacción eventualmente formaría parte sólo para descubrir que mi ortografía era pésima -creo que no tuve una ortografía más o menos decente sino hasta la universidad- y en el cual, recuerdo, alguna vez se publicó un texto donde un estudiante había escrito una historia que giraba en torno a un joven que se subía a un colectivo y usaba calcetines blancos con zapatos negros. Se insistía mucho en esto pero nunca se hacía claro, se daba por entendido, que usar calcetines blancos con zapatos negros era naco. El texto, según recuerdo, así se titulaba: "calcetines blancos y zapatos negros". Cuando el editor del pequeño periódico pasó a mi salón para distribuir el número que le seguía a ese un compañero se quejó de la publicación en general y de dicho texto en particular -el resto de los textos eran más bien de opinión y este era el único, digamos, descriptivo, con aspiraciones literarias; un texto, recuerdo, que se demoraba en las atmósferas con una mirada que buscaba ser irónica (emulaba conversaciones, impostaba términos y tonos, acentos, el tipo de textos que imitan el "ay manito" citadino y el olor a garnacha en mor de una mal entendida autenticidad). El editor, un alumno de la preparatoria, contestó: ¡Ese texto pudo haber aparecido en cualquier suplemento cultural del país!

*

Abro el libro que leo mientras espero al Metrobús y temo humedecerlo con residuos del gel antibacterial que se ofrece gratuitamente a la entrada de la estación. Ahora que lo uso estoy más al tanto de todo lo que toco y no quiero tocar nada, incluyendo mi rostro o mi cabello. Padezco comezón en la cara todo el trayecto. Evito rascarme con las uñas o la palma y el dorso, que imagino más higiénico que la palma, no alivia gran cosa, o al menos imagino que no alivia gran cosa. Ya dentro decido no sentarme ("llevo todo el día sentado", calculo) y busco equilibrio contra uno de los pasamanos que se encuentran en el gusano que es el estómago del Metrobús, al mismo tiempo que acerco mi libro a mis ojos, aprovechando al máximo la luz. Antes de llegar a la siguiente estación, el Metrobús se detiene pero no lo hace por un semáforo sino porque algo le impide avanzar. Cuando noto que ha pasado demasiado tiempo y que algunos de los usuarios comienzan a impacientarse, me preocupo. Un atropellado. Un choque. Una manifestación. Una catástrofe. Me asomo por el gran ventanal al frente del camión y veo a dos uniformados cruzando la calle con apuración. Carajo, pienso. Carajo, me estoy imaginando cosas de nuevo; no son uniformados, o sí lo son, pero son meseros del Garabatos que está al frente. Pienso, por un momento, en Calcetines blancos, el texto malito de la preparatoria, de nuevo. Vuelvo a mi libro. Eventualmente, el Metrobús avanza. Me distraigo. Es la ironía y el ridículo. Me distraigo porque un Sport Billy en pants y tenis enciende su celular y le dice con una voz muy varonil: "Hola nena, ¿dónde estás?". Está hablando en serio, con toda la seriedad posible. "Ya pasan de las ocho y se me hizo raro que no me hablaras". Vuelvo, intento con todas las ganas, volver a la lectura pero él dice más tarde "Sí, ese día la regamos horrible, debimos habernos quedado en La ostra y luego haber ido al SPA. Hubiera estado increíble". El pensamiento cruza mi cabeza: quizá esto es la envidia. Estar leyendo un libro, sin nadie con quién hablar, y escuchar con odio y tirria la llamada casual que un enamorado le hace a su enamorada. Visto así, cualquier cosa podrá sonarme ridícula. Y entonces me animo: bueno, bien por él y la raza humana. Qué gusto que se encuentren y se hablen, decido. Qué bueno soy. Es bueno que vea lo bueno que puede ser el mundo. Y caray, es sensacional que se ejercite, este joven fortachón que carga con su celular y su bebida energizante, que encuentra el tiempo para hablarle a su novia. Dejo de leer. Miro al resto de los usuarios. Algunos leen. Otros están cansados. Son mis hermanos, los humanos.

Sunday, November 29, 2009

Fin de semana de soltero

"Quedarse en casa no es de ningún provecho. De ningún modo debe hacerlo".
Dostoievski, El doble.

Thursday, November 26, 2009

Caricaturizado

Leo a través de Facebook, ese lugar donde uno muestra su cara y lo que esté pensando, una cita de Houellebecq: "No es muy importante ser algo cuando uno escribe... Lo que nunca hay que olvidar es que lo que los demás piensan de uno no es problema de uno, sino de los demás".

Pero también, Coetzee: "La identidad no es un asunto puramente privado. No somos tan sólo nuestro yo secreto, somos también la caricatura que existe de nosotros en el espacio social".

Esto otro, de Sándor Márai: "La caricatura escondía a la persona que no podía o no se atrevía a mostrarse, puesto que uno no solamente es aquel que es, sino también su propia caricatura, invariablemente".

Cierto temor en el Metrobús

Anoche al salir del trabajo me dirigí a la estación del Metrobús. Cuando se acercó el que no se detiene en la Colonia del Valle sino el otro, el que pasa incluso más allá de la estación donde me bajo, hacia El Caminero, cerré mi libro, me levanté de la banca y vi por la ventana del Metrobús que se acercaba a una mujer de cejas tatuadas y rostro flaco que me hizo pensar en un galgo, la mirada fija hacia el frente. Dudé. La conocía. Me di cuenta de que era una loca junto a la cual me había sentado alguna vez. Permanecí sobre la plataforma hasta que se cerraron las puertas del Metrobús. Dejé pasar uno más, y otro más, y de ese modo no me subí hasta el tercero.

Tuesday, November 24, 2009

Mujeres

Leo en el cuento Serenade de Kevin Moffett:

Women jogging in place at intersections until the light changes, maintaining their heart rate, trying so hard, aspiring, succeeding. How clearly they are succeeding. Tiny headphones plug their ears. What is the secret? When the light changes so do they. There is no secret.

Más adelante:

I worry that women with dogs do not need me. I worry that women with children do not need me. Smiling women, women with talent, women with any talent whatsoever. I worry that women have a No Vacancy light they can switch on and off whenever they want. Lately all women I meet sound like my ex-wife. This may not be uncommon, except: I don't have an ex-wife.

Tempestad #69, Estéticas de la Catástrofe


A continuación, los contenidos:

LITERATURA
Como parte de nuestro dossier “Estéticas de la catástrofe”, Mauricio Montiel Figueiras analiza los relatos que han explorado los territorios de la distopía. En la sección de actualidad se reseñan libros recientes de László Krasznahorkai, Clarice Lispector, J.M.G. Le Clézio y Martín Caparrós.

CINE
“‘Héroes’ de nuestro tiempo” se detiene en seis figuras que materializan las ansiedades del presente: el zombi, el clon, el alienígena, el vampiro, el ciborg y el mutante. Gerardo Yoel y Alejandra Figliola reflexionan sobre la posición del espectador en el cine catástrofe. Una lectura de El listón blanco de Michael Haneke en la página 44.

MÚSICA
¿Música y catástrofe? Jeremy Glazier reflexiona sobre esa problemática relación en la música minimalista, especialmente en John Adams. En “Actualidad del arte” se revisan la reedición de la obra completa de The Beatles, las producciones recientes de Oumou Sangare y Marino Formenti y una grabación con piezas de Gérard Grisey.

ARQUITECTURA
Alejandro Hernández Gálvez estudia los significados de la noción de catástrofe en la arquitectura contemporánea. En la página 66, dentro de “Formas útiles”, se analizan las conexiones entre vivienda y ciudad en el complejo Linked Hybrid de Pekín, diseñado por Steven Holl Architects.

ARTES VISUALES
Ciertas tendencias catastrofistas en las artes visuales parecen operar en concordancia con el orden dominante, explica Benjamín Valdivia dentro de “Estéticas de la catástrofe”. La retros-pectiva de John Baldessari y exposiciones de Abraham Cruzvillegas, Ariel Guzik y Wolfgang Laib son reseñadas en la sección de actualidad.

ARTES ESCÉNICAS
Además de trabajos recientes de Àlex Rigola y Daniel Veronese, revisamos dos obras presentadas en el Festival Cervantino: Hamlet y El proyecto Andersen, de Meno Fortas y Ex Machina, respectivamente (pp. 34 y 35). Dentro del dossier principal, Noé Morales Muñoz medita sobre la problemática relación entre teatro y cataclismo.

A continuación, una de las portadillas interiores (el desplegado corresponde a las páginas 12-13 de la revista; a la derecha, una imagen de The Day of The Dead, con Bob, uno de los pocos zombis en la historia del cine zombi que tiene un diálogo; a la izquierda, un anuncio de Tag Heuer). Quizá les interese verlo a la luz del texto Ante el dolor de los demás de Susan Sontag, especialmente donde escribe sobre la famosa fotografía de Robert Capa en la que retrata a un soldado caer durante la Guerra Civil española y el modo en que fue presentada en la revista Life. Tanto Lawrence Weschler como John Berger tienen textos sobre el tema.


"The race is endless"

Pueden ver el número en línea, acá.

Monday, November 23, 2009

Las tuberías detrás de las paredes


Es un sonido ascendente y burbujeante, el que recorre los muros de mi casa. Es agua que sube al tinaco automáticamente desde la cisterna, recorriendo las tuberías que se elevan caligráficas, como ramas de un árbol de metal, lo que escucho ahora. Hay noches que este sistema sanguíneo pasa desapercibido, como pasa desapercibido la mayor parte del tiempo el sonido que hace mi corazón bombeando ininterrumpidamente sangre a través de las hebras que son mis venas. Por supuesto, a lo largo de los años, el sonido del agua se ha vuelto familiar pero por alguna razón este año me llegó como una sorpresa -como si sólo hubiera sido hasta hace unas cuantas semanas de este mes que lo hubiera descubierto, ese sonido que en mi cabeza dibuja un sistema intricado de tubos (los imagino detrás de las paredes, como las ratas en el cuento de Lovecraft, agitándose, oxidadas). A veces el sonido viene del lado derecho de mi habitación (me encuentro sentado en mi cama, escucho el agua detrás del librero que se encuentra en el extremo derecho más distante del cuarto) a veces del muro que tengo inmediatamente a mi izquierda. Pero ahí el sonido, cuando aparece, es descendente y rápido, agua que se pierde rumbo al desagüe que imagino vasto y lejano, debajo del suelo, abarcando la ciudad entera como una mano de innumerables articulaciones.
Me hizo pensar en el proyecto de David Byrne, Playing The Building.

"Zombi", un tropo


David me pasó este texto sobre cómo un audiolibro de David Sedaris fue lanzado en formato de disco de vinilo. El texto termina así: "We had a funeral for one format, but you can think of this as the ultimate zombie,” Ms. Thomas said. “The record is coming back from the dead".

Saturday, November 21, 2009

Unfriendly alien children posing as humans

La plancha aún despedía un poco de calor en nuestra estación de teppanyaki cuando vi cómo se acercaba un mesero, dirigiéndose a una familia sentada cerca de nosotros. Una mancha negra y morada, como un moretón, comenzaba a desdibujarse del acero inoxidable al tiempo que bebía mi café y veía al mesero tropezar -con su propio pie, aparentemente- para apoyar el peso de su cuerpo sobre su mano, sobre la plancha aún caliente de la estación vecina. La quitó en el acto, gesto de dolor correspondiente. Le salió un sonido de los labios similar al que uno hace cuando se enchila pero más extendido, mismo que me recordó al sonido de líquido hirviendo que se escucha en aquella escena de Amores Perros, cuando la sangre de la víctima, asesinada por el sicario, se desparrama sobre la plancha de un restaurante japonés. Casi de inmediato recordé la versión que John Carpenter hizo en 1995 de The Village of the Damned (la última película en la que Christopher Reeve actuó antes de su accidente a caballo), original de 1960, específicamente en el momento en que el pueblo despierta del sueño inducido para descubrir que algunos de los habitantes durmieron al tiempo que hacían actividades como manejar o bien, horror, cocinar una parrillada (el cuerpo de un hombre es descubierto asándose sobre el metal). El mesero nos llevó la cuenta pocos minutos más tarde, sonrisa en la cara, mano herida.

Thursday, November 19, 2009

Apestaba

Regreso de tomar un café. Frente al monitor de la computadora me percato de que mi ropa se impregnó del olor a plástico quemado que inundó repentinamente el café donde estaba. La gente parecía muy preocupada pero nadie sabía de dónde provenía el olor a chamusquina. Decidieron apagar las luces y esperar.

Me gusta cuando leo en libros que algo huele a cordita. Nunca la he olido.

Monday, November 16, 2009

...

Como un cangrejo me he desplazado del estudio donde escribía hasta hace poco de vuelta al escritorio en mi recámara, con la esperanza de volver a escribir. Escribo a diario pero no para mí. Lo más cercano que llego a eso se encuentra aquí, en esta bitácora; pero apenas pasan unos días sin tocar el procesador de texto que me permite escribir en este espacio, siento que le he perdido el gusto -abrí otro lugar donde en realidad no escribo, apenas copio citas de libros que me gustan, y lo disfruto mucho más- y mi cuaderno personal hace ya semanas que no lo abro ni para registrar el paso cotidiano. Vacas flacas.

Thursday, November 12, 2009

"No podemos entenderlo, no podemos imaginarlo"


Más de Ante el dolor de los demás de Susan Sontag, ahora a partir de una pieza de Jeff Wall, Dead Troops Talk (A vision after an ambush of a Red Army patrol, near Moqor, Afghanistan, winter 1986), (1992): "No han vuelto a la vida tambaleantes para denunciar a los hacedores de la guerra, los cuales los enviaron a matar y a morir a manos de otros. Y no son aterradores para los demás, pues entre ellos (en el extremo izquierdo) se sienta un saqueador afgano vestido de blanco del todo absorto en hurgar en la mochila de alguno, en quien no reparan, y sobre ellos (arriba a la derecha) en el camino sinuoso que baja de la aldera, dos afganos entran en la foto, tal vez soldados ellos mismos, los cuales al parecer, por las Kalashnikov reunidos a sus pies, han despojado a los soldados muertos de sus armas. Estos muertos están desinteresados del todo en los vivos: en quienes les han quitado la vida; en los testigos y en nosotros. ¿Por qué habrían de buscar nuestra mirada? ¿Qué podrían decirnos?".

Wednesday, November 11, 2009

Cuando se habla del buen gusto

Susan Sontag en Ante el dolor de los demás, a partir de la imagen de una mano mutilada que estaba entre los escombros del WTC y que apareció en el Daily News sin volver a reproducirse en otros medios (que pueden ver, si así lo quieren, aquí):

"Esta insólita insistencia acerca del bueno gusto en una cultura saturada de incentivos comerciales que reducen los criterios del buen gusto, acaso sea desconcertante. Pero tiene sentido si se entiende como la ocultación de un conjunto de preocupaciones y ansiedades sobre el orden y el ánimo públicos que no es posible nombrar, así como una indicación de la incapacidad, por lo demás, para formular o defender las convenciones tradicionales acerca de cómo llorar la muerte. Lo que puede mostrarse, lo que no debería mostrarse: pocos asuntos levantan tanto el clamor público".

Acá, un afiche de una película y otro de la misma serie.

Monday, November 09, 2009

Entrada 1240


Leyendo dummy

"Sólo los animales son felices y tienen muchos hijos".

Friday, November 06, 2009

La mente ilustrada

"Get answers to every single question about this horrible incident".

Tuesday, November 03, 2009

Tomar a los monstruos en serio

Enrique, de nuevo, me mandó un vínculo hacia este texto ("Monsters and the Moral Imagination", de Stephen T. Asma) que no había podido leer hasta hoy. Un acercamiento distinto al de Newitz en Pretend We're Dead, que está marcado por una lectura económica y de sospecha; el de Stephen T. Asma parece tener a la filosofía clásica detrás (en especial, la ética y poética aristotélica) como puede verse en los siguientes párrafos:

In a significant sense, monsters are a part of our attempt to envision the good life or at least the secure life. Our ethical convictions do not spring fully grown from our heads but must be developed in the context of real and imagined challenges. In order to discover our values, we have to face trials and tribulation, and monsters help us imaginatively rehearse. Imagining how we will face an unstoppable, powerful, and inhuman threat is an illuminating exercise in hypothetical reasoning and hypothetical feeling.

You can't know for sure how you will face a headless zombie, an alien face-hugger, an approaching sea monster, or a chainsaw-wielding psycho. Fortunately, you're unlikely to be put to the test. But you might face similarly terrifying trials. You might be assaulted, be put on the front lines of some war, or be robbed, raped, or otherwise harassed and assailed. We may be lucky enough to have had no real acquaintance with such horrors, but we have all nonetheless played them out in our mind's eye. And though we can't know for sure how we'll face an enemy soldier or a rapist, it doesn't stop us from imaginatively formulating responses. We use the imagination in order to establish our own agency in chaotic and uncontrollable situations.

Quizá, como puede verse hacia el final del artículo al que me mandó Enrique, Asma es un poco rápido e ingenuo al despachar el tema de si podemos o no definir a un hombre como monstruoso. En fin, se tendría que leer su libro On Monsters: An Unnatural History of Our Worst Fears.

Monday, November 02, 2009

Cetrero

Enrique me pasó esta imagen, con un simpático mensaje y una aliteración: "Estaba viendo la Cappellone deglo Spagnoli en Santa Maria Novella, y vi una imagen de un tipo con su halcón, así que te envío una imagen, aunque no sea la mejor resolución". El cetrero, de blanco y con un sombrero como de cucurucho, se encuentra sentado, entre la mujer que carga un simio y la que toca el instrumento.