Wednesday, June 14, 2006

Esas cosas de todos los días

¿Les ha pasado que están en la oficina de Zagal y repentinamente tienen unas fuertes ganas de ir al baño pero en lugar de hacerlo deciden llamarle a una amiga para preguntarle algunas cosas sobre El Inquilino, cosas que ella sabe, y sin ninguna justificación ni verdadera explicación les parece pertinerte decir algo como "Tengo muchas ganas de ir al baño" a lo que ella, razonablemente, preguntará "Y... ¿por qué me lo dices?", a lo que ustedes, por las retorcidas y siniestras formas en las que funciona su cabeza, contestan algo de orden todavía más íntimo, algo que tiene que ver con la palabra hemorroides, provocando una gran carcajada incómoda pero sincera, así que hacen eso, cuelgan y finalmente corren al baño con un libro en la mano, y en el baño descubren que el mecanismo de las tuberías no funciona como debe, pero afortunadamente lo descubren antes de usarlo, así que corren a otro baño, un baño no tan solitario ni tan cómodo como en el que estaban y en el que, obviamente, todas las personas los ven con cara de "Esta persona trae un libro en la mano" y con cara de "Estoy sacando mis propias conclusiones sobre las actividades que esta persona realizará", pero con valentía y diciéndose a uno mismo "No me importa lo que piensen o la cara que pongan" entran al baño, y creen escuchar risas, pero tal vez sólo lo están imaginando, y entonces, en ese justo momento en que se sienten en paz y a solas, finalmente, alguien, Zagal, les habla por teléfono?

He vuelto.

Al D.F.

Tuesday, June 13, 2006

Más lluvia

Soy una persona de pocas necesidades, entre ellas se encuentra el sol, particularmente si uno se encuentra en la playa y desea lamerse el agua salada de sus barbas y bigotes. También necesito barba y bigotes. Y un caliente sol que me seque la espalda. Pero de nuevo, en esta posiblemente bella playa de Puerto Progreso, M. y yo hemos recibido lluvia. Y viento. Y lluvia. En una playa que de otra forma seguramente hubiera sido muy bella, anuncio-de-Corona bella. Ayer M. consiguió convencerme de que nadaríamos, independientemente de la lluvia. Afortunadamente, ayer ni el domingo llovió, sólo estuvo un poco nublado. No le dije nada a M. de los bragues, esos peces espinosos que se acercan a la costa cuando cae la tarde, pues sé que si se lo hubiera dicho no habría querido meterse al agua. Se lo dije hasta que salimos. Hoy, por supuesto, con lluvia helada cayendo, y para fortuna mía, no se animó a convencerme de nadar bajo la lluvia. Ahora, a una media tarde que seguramente en otras playas es soleada y llena de vida, veo a través de la ventana y pienso con nostalgia si podríamos haber nadado bajo la lluvia, cómo hubiera sido, tendríamos que haber nadado más cerca el uno del otro para no pasar frío, no hubiéramos llevado toallas --o tal vez sí y luego al ver que se mojaban, riendo, pensaríamos en lo absurdo de llevar toallas a una playa empapada. Pero los bagres.
Supongo que veremos el partido Brasil-Perdedor y leeremos un poco más y haremos las maletas y nos prepararemos mentalmente para regresar mañana al D.F.

Sunday, June 11, 2006

Una interrupción

Aclaremos algunas cosas. Creo que es momento de hacerlo. Hace unos días estuve tratando de convencer a unos amigos de que en realidad no me encontraba en Mérida sino en el D.F., pues ya alguna vez, en esta misma bitácora electrónica, había escrito sobre dos viajes falsos que había hecho al extranjero. Uno de ellos se descubrió, lo cual me pareció bien y sensato, pero otro no, lo cual me parece fantástico pues tomó una elaboración mucho más complicada, así como la complicidad de algunos amigos (Z.). Lamentablemente, para esta última tuve que faltar a la boda de una amiga. No sé precisamente por qué hago estas cosas.
Pero claro que sé. Supongo que me encanta la idea de crear mitos alrededor de mi persona, como alguna vez me lo hizo notar Alejandro Vázquez --una de las personas a quien traté, con bastante éxito, en mi opinión, de convencer de que me encuentro en el D.F. Ahora la trama se complica: me percato, poco a poco, de que mi situación se falsea un poco a la sombra de "An interruption", el postscript que Eggers introdujo en su novela You shall know our velocity, una especie de novella que introdujo en la segunda edición del mismo libro, bajo el nombre de Sacrament. En esas hojas, habla Hand, el personaje secundario de la novela, con la intención de desmentir los testimonios de Will, el protagonista. Siempre me pareció un ejercicio muy divertido, pero creo que lo que más me atrajo fue la idea de que alguien viajara a un lugar para encerrarse con la intención de postergar un trabajo, sólo para toparse, al llegar, con un terrible clima que lo obliga a trabajar en lo que planeaba postergar (aclarar la historia contada por Will, en este caso). También ahí, como ahora nos pasó, llueve continuamente --aunque debo decir que los dos días pasados el clima mejoró, podría ser mejor, pero al menos pudimos salir, M. y yo, a Mérida con Julián para beber por la noche con sus amigos y al otro día para comer mariscos y a comprar libros en la Dante (que, lamentablemente, casi no tiene nada).
La manera en que aquella lectura ha falseado mi narración: no planeaba escribir sobre las maneras en que me he divertido hasta ahora sino hasta más tarde, digamos por ahí del martes o miércoles próximo (regreso el jueves), pues así pasa en la novella relatada por Hand. La verdad es que cuando estoy con M. me resulta imposible aburrirme. Pero planeaba escribir como así fuera, como si inevitablemente la convivencia en interiores (que ya ha sido interrumpida en más de una ocasión) nos obligara a retirarnos a nuestros correspondientes rincones para leer nuestros libros --M. trajo algo de Lodge, a quien yo no he leído, y 2666, que le presté. Bajo el mismo espírito, confesaría que le arranqué las primeras cincuenta páginas y las últimas cincuenta a mi Moby Dick. Las primeras porque ya las leí y las últimas porque no pienso acabar el libro para entonces. Y pensaba escribir esto porque es uno de los gestos más literarios y práctico o curiosos que he leído de un personaje que disfruta leer (así lo hace Will en la novela de Eggers, con su biografía sobre Churchill, pues era el único libro que se llevaría en su viaje mundial de una semana de duración; no quería llevar demasiado bulto.)
Por supuesto, no le arranqué las hojas a mi libro. Y no es el único libro que traje. También viene La cartuja de Parma y ¡Tierra, tierra! Pero la verdad es que uno lee poco acá, a veces, más bien, por las noches, cuando ya no hay nada de qué platicar, ya no hay nada bueno en la tele, ya no hay ruidos que vienen del canadiense o ya no hay nada qué cocinar. Es buena la vida. Luego, a veces, poco narrable.

Thursday, June 08, 2006

Nuevo día, lo mismo.

Ay, queridos amigos. Los llamo queridos amigos porque sé que ustedes no tienen la culpa de esto. Vine a Mérida con la esperanza de pasar horas al sol, en compañía de mis amigos, probablemente salir a pasear por la ciudad y morirme de calor; algunas horas, no lo sé, frente a la televisión, algunas braceadas en el mar y algunas horas de escribir, como si me tratara de Ernest Hemingway, ¿saben? Con largas horas del ocaso sosteniendo una cerveza, permitiendo que la vida nos pasara de largo. Pero en lugar de esto se nos otorgó lluvia. Horas ininterrumpidas de lluvia. Sabía que cuando Julián, mi amigo, me informó que se trataba de la temporada de huracanas, debí haberlo tomado más en serio. Sabía que el precio para rentar este departamento era demasiado bajo (3,500 por semana y media). Pero parece que sólo yo ignoraba esto. Lluvia. Arriba, en el departamento inmediatamente superior, un canadiense retirado parece pasar horas y horas moviendo su mobiliario. Tal vez sea su hobby. Afuera: lluvia. En el Puerto Progreso: casas más o menos solas, muchas ventanas tapidas. Adentro: una televisión, conexión a internet, dos personas muy aburridas, una novela de Mellville (Moby Dick) y un tratado de Gianbatistta Vico (La nueva ciencia).
El cielo está nubladísimo y entre M. y yo conseguimos acabarnos la comida que debería durarnos al menos hasta pasado mañana. Excepto por los boquerones. Ni siquiera sé porqué compramos boquerones. No tenemos pan apropiado para comérnoslo y a M. no le gustan los mariscos o los pescados pequeños o cualquier cosa con textura similar a una almeja. Creo que compramos demasiados. En fin. Me despido. Ojalá mañana el sol salga al menos un rato, ¡o nuestros trajes de baño se quedarán en la maleta, a menos que nos animemos, como he sugerido, a nadar bajo la lluvia! ¡Ah! ¡La aventura de viajar a una playa para encerrarnos! ¡Ajúa!

Wednesday, June 07, 2006

Mérida, Yucatán

Si quieres tener una buena conversación en la casa que has rentado en Mérida Yucatán, deberás, amigo mío, comprar algunas películas piratas en el Puerto Progreso (X-Men 3, Criaturas rastreras y Poseidon), verlas, desear de nuevo que no estuvieras tan cansado ni que hubieras rentado la casa en una temporada que no fuera de lluvia. La conversación deberá ir más o menos así, mientras llueve horrores afuera:
-¿Qué preferirías, estar en un trasatlántico mientras se está hundiendo o en una ciudad infestada por zombies?
-Trasatlántico.
-¿Segura?
-Sí, ¡zombies! ¡Qué horror! ¿Tú?
-No lo sé. Depende. ¿Qué tipo de zombies?
-¿Cómo que qué tipo?
-¿El tipo de zombies que corren o el tipo de zombies que caminan?
-¡Zombies!
-Sea que fuera, yo preferiría la ciudad con zombies. Sobretodo si pudiera conseguir un coche. ¿No prefirías morir de un balazo o en un accidente a morir ahogada?
-No, prefiero morir ahogada. ¡Sólo son 20 segundos de agonía!
-¡Pero son los 20 segundos más largos de tu vida! Aunque, sospecho que la pasaría muy mal si mis familiares se volvieran zombies...
-¿Crees que mañana el clima siga así?

Sunday, June 04, 2006

Libros.

Compré:
1. La señora Dalloway, Woolf.
2. Al faro, Woolf.
3. Orlando, Woolf.
4. Un cuarto propio, Woolf.
5. Moby Dick, Mellvile.
6. La muerte de Virgilio, Broch.
Mientras buscaba Moby Dick y La muerte de Virgilio, sin mucho éxito al principio, Mariana me dijo que intentara buscarlos en la sección de los Ilegibles. Y añadió: De los clásicos. Hoy comencé La señora Dalloway y pronto regresé a ¡Tierra, tierra! de Sándor Márai pues lo había abandonado desde el fin de semana pasado. Después de un rato, fui a ver televisión. Regresé a mi habitación como tres horas después y prendí la computadora. Terminé una cosa que tenía que terminar y abrí una revista.
Otros Ilegibles que descansan en la eterna espera de mi librero pero que he visitado últimamente: Ulises, La montaña mágica, Infinite Jest, El hombre sin atributos, A la búsqueda del tiempo perdido.

Thursday, June 01, 2006

Desasosiego.

¿Les ha ocurrido que tienen amigos o amigas a quienes no han visto en mucho tiempo, digamos años o meses o semanas, no sé, depende de con cuánta frecuencia se ven usualmente, y que ya que finalmente los ven de nuevo se percatan de que han adquirido gestos o expresiones que antes no usaban y que saben que copiaron o aprendieron de alguien más y que desean con todas sus fuerzas que dejen de hacerlo?

Desazón.

¿Les ha pasado que tienen amigos, buenos amigos, o amigas, buenas amigas, y tienen algunas bromas que creen que sólo se dan entre ustedes dos pero luego resulta que no, que también estas personas comparten estas bromas, originadas en su núcleo de amistad, y que cuando escuchan o ven o leen o sienten que están llevando a cabo estas bromas con otras personas, personas que ustedes no conocen, lo experimentan como una especie de traición?

Wednesday, May 31, 2006

Kavka


La última vez que estuve en la habitación de Julián Zárate, en Mérida, me encontré con dos cosas: 1) con el número de The Believer de marzo que yo también tenía en mi habitación, de vuelta en el D.F., y con 2) que si uno dice "la última vez" antes de cualquier cosa, suena como si fuera una cosa que hiciéramos a menudo. En realidad no descubrí esto último la última vez que estuve en la habitación de mi amigo, sino la última vez que estuve paseando por los jardines de Versalles con otro par de amigos. Total, en el número de marzo de The Believer hay un artículo muy bueno de una persona que se llama Jeff Fort y que yo no había leído hasta hace poco. Es un artículo que trata sobre Kafka y su afán compartido con Walser por desapacer, mismo afán que ahora lo ha constituido una leyenda, casi una obligación por re-leer a Kafka. Yo no he leído todo Kafka. Algunos cuentos y el inicio de El desaparecido pero no lo suficiente como para decir que he leído bastante de Kafka. Si consultan este ensayo, y espero que lo hagan porque es una gran cosa (como ya me lo había advertido Julián), en la nota al pie número tres leerán cómo es que uno de los personajes de un cuento de Kafka, Gracchus, en realidad cifra el mismo nombre de su autor. Gracchus, en latín, es graculus, en italiano grachio, en alemán Dohle, en inglés jackdaw, en checo, kavka.
En español es corneja. Arriba, una fotografía de un hombre increíblemente similar a Zagal haciendo cetrería con una bonita corneja. Encontré la foto en www.cetreria.com

Tuesday, May 30, 2006

Los topos.

En algún lugar Enrique Vila-Matas hablaba de los topos literarios. No se necesita demasiada cabeza, por otro lado, para percatarse de que los túneles y lo subterráneo algo tiene que ver con lo oculto y lo inconciente. Así que bien. No hablaremos de eso. Mejor, escribiremos sobre Wisconsin y la primera mitad de la década de los noventas, cuando uno, yo, se encontraba en un campamento de verano en el que algunos chicos cazaban y mataban topos. El proceso era sencillo. Calentaban agua, luego vertían el agua ardiendo en una de las entradas de la madriguera, esperaban en la salida del otro lado de la madriguera, atrapaban al pobre topo, lo tomaban, lo aventaban al aire, esperaban a que aterrizara y se rompiera el cuello y eso era más o menos todo.

Tejón.

Sunday, May 28, 2006

Texto donde hablo sobre mi identidad.

Disfruto especialmente los textos autobiográficos, lo confieso. Aún más los que están bien escritos, con un lector en mente. Detesto las malas lecturas que buscan en los textos autobiográficos la partícula fría, el vacío, la "historia detrás de la historia", pues a menudo se le da mucha más importancia a estos pequeños agujeros a través de los cuales la gente cree que podrá encontrar algo más. Planeaba escribir sobre esto para una revista en la que pagan bien los textos y utilizaría las siguientes líneas de J.M. Coetzee como una especie de epígrafe: "La identidad no es un asunto puramente privado. No somos tan sólo nuestro yo secreto, somos también la caricatura que existe de nosotros en el espacio social".
Después, en el artículo que planeaba escribir, estaba decidido a emparentar los reality shows y las bitácoras electrónicas con la tradición en la que se insertan los testimonios hablados y escritos, las autobiografías y los diarios, las memorias. Afortunadamente, he decidido que ya no escribiré este texto. O bueno, uno nunca sabe.
Dejen les confieso algo: amo los textos autobiográficos y en ocasiones quiero más, enterarme, saber lo que la gente opina sobre las opiniones de las personas. Particularmente cuando se dicen con sensatez. Por esta razón las líneas de Coetzee me impactaron. Las leí en un texto donde criticaba a Sándor Marai, especialmente su Autobiografía de un burgués. No he leído este libro de Márai, pero en ¡Tierra, tierra! (una memoria que ahora leo un poco por encima del hombro, no puedo evitar hacerlo después del ruido que me han provocado las atinadas opiniones de Coetzee), di con las siguientes líneas: "La caricatura escondía a la persona que no podía o no se atrevía a mostrarse, puesto que uno no solamente es aquel que es, sino también su propia caricatura, invariablemente".
Cuando Coetzee escribió las líneas que copié al principio, afirmaba no haber leído aún ¡Tierra, tierra!, pues el libro aún no había sido traducido al inglés. ¿Pero no es sorprendente que ambos usen el término caricatura para referirse a la opinión que puedan tener los demás sobre nosotros mismos? Escribo esto después de ver Jarhead por segunda ocasión, una película basada en un libro autobiográfico, las memorias de un marine después de la Tormenta del Desierto. Como saben, hay un curioso montaje de escenas casi al principio de la película, donde se nos "impide" ver cómo fue que procrearon al protagonista, cómo eran las pláticas con su padre, también soldado, por las mañanas, en los desayunos; tampoco podemos ver las visitas al manicomio donde se encontraba su hermana, pero podemos ver cómo se acuesta con su novia, en su memoria (una novia que, claro, posteriormente lo dejaría). Y digo que son curiosas estas escenas supuestamente íntimas que no podemos ver, pues sin esos rápidos vistazos, se comprendería muy poco del personaje. Quiero decir algo con esto. No me cuesta trabajo pero hago como que me cuesta trabajo pues no me gusta dar la impresión, en la bitácora electrónica, de que escribo con confianza, de que hay algo detrás, y que eso se encuentra en la ascéptica voz que guarda datos en el diario que llevo a mano, nocturnariamente, en mi cuaderno Moleskine; una voz que, curiosamente, tampoco se acerca demasiado a mi verdadera identidad. Que, vamos, no existe para nadie. No en el sentido de absoluta privacidad.
¿Quién es ese monstruo que se guarda todo para sí?

Friday, May 26, 2006

La próxima actualización.

Será la número 300.

Envidia

Me da envidia que Lorena Mancilla, www.lorenamancilla.blogspot.com, haya ido a ver a los Flaming Lips en San Diego. Me da envidia que mucha gente esté dispuesta a invertir tiempo en aprender a poner los links sin necesidad de escribir la dirección completa en la página. Les debería dar envidia que me dieron la clase de ética en la preparatoria y que conozco aquella anécdota de Scheller en la que sus alumnos de ética, al saber que era una persona inmoral y desagradable, le preguntaron cómo podía dar esa clase, cómo se permitía a sí mismo impartir un credo en el que no creía, cómo era capaz de-- ¡Dios mío, presentarse como un profesor de ética! Scheller les diría, a estos perspicaces alumnos, que él no pretendía ser un ejemplo a seguir, sólo una especie de señalamiento de tráfico.
(Me dará envidia cuando alguien descubra que ésta no es una anécdota de Scheller sino, de, no sé, Schiller).

Y esto es todos los días...

Yo: Zagal, ya, ni te hagas, que eso sólo lo dices para llevarme la contraria.
Él: ¡Yo nunca llevo la contraria!
Yo: ...

Thursday, May 25, 2006

Convergencia

Hace varios, muchos años, un médico me introdujo una aguja en una uña para sacarme la sangre que se había acumulado porque, días atrás, me la había machucado con una puerta de squash. Una puerta de acero, madera y concreto. Es importante decir que fue hace varios muchos años, pues así no me da pena decir, no tanta, pues, que me dolió horrores y lloré proporcionalmente.
Bien. Así que ayer en la tarde, mientras buscaba un baño, me topé con dos amigos. A uno lo llamaré Mario y a la otra persona la llamaré Silvia, pues así se llaman. "¿A dónde van?", les pregunté. "A la enfermería, es que quiero que me revisen este dedo", me contestó Silvia. Vi su dedo. Y comprendí. Y les dije: "Pues yo voy al baño".
Ok. Entonces: uno de mis mayores miedos es que a mi novia, a quien llamaré Mariana, porque así se llama, un día le machuque uno de sus lindos deditos con la puerta de mi auto. Soy una de esas personas que le abren la puerta a su novia antes de que se suban. El hecho de que Mariana a menudo bromee con esto, haciendo como si la hubiera machucado, gritando como si tuviera los dedos prensados, me hacen considerar que ya no es tan buena idea abrirle y cerrarle la puerta cuando se sube a mi auto. Pero en fin. Supongo que es gracioso.
Total, que hoy leo en El Blog de Mariana (hay un link a la derecha), una amiga a quien llamaré Mariana porque así se llama, igual que mi novia, que se machucó el dedo en el coche de Julián, un amigo al que llamaré Raúl sólo para variarle un poco. Y pensé en todas estas cosas, en el golpe helado y eléctrico que le recorre a uno el brazo hasta la cabeza cuando se machuca un dedo. En la puerta del Squash. En mi novia y en el cuento de Juanito y el lobo, y en que, igual que Silvia, Mariana, mi amiga, tuvo que ir a la enfermería para revisarse su dedo. Pues bien. Supongo que esto constituye una especie de convergencia. Hoy hay una nueva en Mcsweeneys.net, veánla, está bien bonita.

Monday, May 22, 2006

Los recuerdos

Son muchos. Son pocos. Depende de la edad. Son buenos. Son malos. Depende de la persona. Son constantes. Son frágiles. Son espurios. Son como habitantes de un castillo construido bajo tierra, que se mueven libremente y nos hacen creer que nos llegan bajo nuestro mandato, cuando en ocasiones llegan por su propia cuenta, independientemente de lo que queramos o no recordar. Son dolorosos, a menudo, pero cuando se presentan de esa manera, como las películas de terror, no nos hacen tanto daño, así como no nos alegran necesariamente las ocasiones en que se nos presentan de manera alegre. Tal vez no son como habitantes de un castillo, sino como folios en carpetas, carpetas incompletas, carpetas rebosantes, carpetas que se rescataron de un incendio o de un submarino que se hundió en lo más profundo de las fosas marianas. Completamente enmohecidos, con ostras pegadas en los bahúles que los contienen. Tal vez no son como carpetas ni folios, sino como fotografías con múltiples pies de páginas. Los recuerdos llegan, ¿cómo llegan? No sé cómo llegan. Caminando, corriendo, cansados, trastornados, desfigurados, incapaces de reconocerse en el espejo. En ocasiones se quedan en la puerta de los sentidos, en ocasiones se quedan en el libro X, XI y XII de las Confesiones de San Agustín, en ocasiones se quedan en el inconciente, en los almacenes polvorosos de la memoria, en los anaqueles limpios y ordenados de la memoria, en el USB que llevamos a todos lados, en el cuaderno Moleskine, ligeramente engrandecidos y manipulados. Recuerdos prestados, también. Tomados de películas y anécdotas, de novelas y conversaciones que no debimos haber escuchado. De la radio. De la experiencia masificada. De lo que vemos con estos tremendos ojotes. No se llevan muy bien que digamos, los recuerdos en los cráteres de la memoria. Retozan en el lodazal, se golpean en la cabeza, se quitan el barro de los ojos --porque está lloviendo barro y granizo-- se muerden los brazos, los recuerdos, porque unos se llaman a sí mismos los recuerdos originales, otros también, pero son distintos. Así que se disputan la atención del recordante, que a menudo prefiere una tercera opción. Bonitos, los recuerdos.

Las confesiones

Es otra vez ese momento del día en el que me siento lo suficientemente satisfecho como para detenerme un momento, sólo unos minutos, en mi trabajo para poder escribir algo aquí, cualquier cosa, algo que me haga preguntar si tiene una relación directa o no con mi vida. Sin duda la tiene, en este momento --es la acción que me ocupa-- pero no la tendrá apenas la termine de escribir, al menos no como la tienen las anotaciones que hago en mi diario, que ahora escribo a mano, contrariando aquél excelente consejo sobre escribir a máquina para sentir una distancia, por mínima que sea, entre texto y autor.
¿Es tan buen consejo? Depende de lo que quieras, supongo. De cualquier forma, en la tinta hay distancia. Diría incluso que en la conversación, aunque considerablemente menor, hay distancia. Es más, en el pensamiento hay distancia.Sí lo ven, ¿no? Poco a poco me acerco a la paradoja del homúnculo, el representacionismo y todas esas inteligentes cosas que decimos cuando no sabemos realmente qué decir. Como ahora. Veamos si puedo cambiar de tema.
Me encanta la palabra "homúnculo". Y molusco. Y musculoso. Y omóplato. Y opúsculo. Y crepúsculo. Y me encantan los mariscos. No tanto su textura, tan similar a la del aguacate, como su sabor, especialmente cuando están bañados en salsa inglesa, un poco de tabasco y limón. Tal vez lo que realmente esté decidiendo es que los moluscos sólo me gustan bañados en alguna salsa. Confesión: de chico entraba a la alacena de mi casa, destapaba la salsa inglesa, vertía un poco en un vasito y me lo tragaba como si fuera un shot de tequila, haciendo arrrrrgh. Nueva confesión: lo que más me agrada de este último párrafo es que tuve que visitar los hondos senos de mi memoria para recuperar esta pequeña narración, y me gusta cómo se vive ahí, en esas bóvedas subterráneas, cálidas y húmedas, a veces iluminadas, a menudo olvidadas. Pero olvidadas de manera que uno al menos pueda recordar que hay algo ahí que quiere recordar, no olvidadas de manera que simplemente ya no están ahí.
Me pregunto qué sucedería si cayera en un suño hipnótico.

Thursday, May 18, 2006

Magritte, Witkin, besitos.


Dormir en los laureles de Beckett.

No se conecta. La maldita cosa no se conecta. Decide no conectarse, la maldita cosa. Es una maldita cosa, decido, porque no se conecta. Como observo que la maldita cosa decide no conectarse, advierto que le comienzo a atribuir algunas cualidades que evidentemente no posee. Las cualidades que evidentemente no puede poseer la maldita cosa, es la capacidad de decidir cosas, entre ellas, conectarse. La maldita cosa es una computadora que no decide, sólo ejecuta. Uno espera que ejecute. Entre las acciones que debería ejecutar la maldita cosa está la de conectarse, no como uno se conecta a otras personas, no, al menos no de manera idéntica, sino análoga; lo que queremos que ejecute la maldita cosa, bajo nuestro mandato, es una conexión a internet. Pero la maldita cosa parece decidir no conectarse, como si estuviera malhumorada. Finalmente se conecta. Finalmente puedo dejar de escribir. Finalmente puedo subir algo al blog. Me estoy durmiendo en mis laureles.

Fragmento de conversación.

Entre la voz que llevo dentro y yo:

Voz que llevo dentro: Ay sí, ahora cualquier pendejo puede ganar un concurso de cuento.
Yo: No soy ningún pendejo. Y yo sí. Sé. Qué. Pedo.

Wednesday, May 17, 2006

Anécdota de baño público.

Así que el otro día me encontraba en un baño público. ¿Conocen este concepto? ¿"Baño"? ¿"Público"? Por supuesto que lo conocen, es donde muchas personas orinan, defecan y se lavan las manos al mismo tiempo. No sé ni por qué estoy preguntando, es de lo más común encontrarse en un baño público, a lado de una persona mientras, si eres hombre o una mujer muy extraña, estás orinando de pie. A menudo haces esto con la vista puesta en el horizonte. En otras ocasiones no, estás viendo directamente hacia abajo, pensando en las distintas maneras en que la frase "El futuro del mundo está en tus manos" puede ser interpretada.
Total que el día del que estoy hablando salí del baño cuando una persona que se estaba lavando las manos me gritó: "¡Las manos!" El grito alargaba la última sílaba. ¿Fue pena? ¿Fue reconocer que esta persona tenía razón, que estaba a cargo de un buen argumento sanitario? ¿Una escondida ironía? No lo sé, pero fue algo en este grito y en esta persona lo que me obligó a regresar al baño, abrir la llave, lavarme las manos mientras asentía y le decía: "Tienes razón, tienes razón".
Soy como cualquier otro. En ocasiones, cuando salgo del baño apurado, no me lavo las manos, no me lavo los dientes después de comer, me ruborizo cuando me halagan, veo hacia abajo cuando me regañan. Este hombre lo sabía. Y por eso, cuando le dije que tenía razón me vio con cara de que por supuesto que tenía razón, y añadió: "Uno nunca sabe, después uno se toca los ojos, come algo... en fin". Le iba a decir que sí, que tenía razón, que, coincidentemente, estaba enfermo del estómago. Pero no le dije nada de esto, terminé de lavarme las manos y sin secármelas salí.
Y ya, es la última anécdota de baño público que tengo.

Taxi driver

Hoy que salí de la regadera y me vi en el espejo de cuerpo completo que tengo en mi cuarto (en esta ocasión lo hice ya que estaba completamente vestido) me encontré muy atractivo. Me sonreí y como quien no quiere la cosa me dije a mí mismo "Hola tigre". Después, me acerqué y noté que la expresión que puse, en el espejo, fue una ligera desazón, como si no diera por todo del cierto que esto tuviera algo que ver conmigo, ¿saben?, como cuando alguien les está hablando y sospechan que realmente no les están hablando a ustedes sino a la persona inmediata a nosotros, una persona que uno pensaría es mucho más atractiva que nosotros --pero no, realmente me estaba diciendo esto a mí mismo y realmente me estaba acercando con intenciones no del todo claras. Además, no había nadie más ahí, no había posibilidad de que le estuviera hablando a alguien más. Total que cuando me acerqué al reflejo que había encontrado tan atractivo me di cuenta de lo que sucedería a continuación --pero esto ya no se los platicaré, porque un caballero no tiene memoria.

Monday, May 15, 2006

Enfermedad para los enfermos.

Alegría para los alegres: hoy recibí el nuevo número del McSweeney's Quarterly Concern que viene en una caja para habanos y que cuando se agita suena a como si un montón de piezas sueltas se movieran en su interior. Esto es verdad. También es verdad que no he leído completa ninguna de las revistas que me llegaron con anterioridad, desde el número 17, me parece. Lo cual es difícil de comprender y triste a la vez. El tiempo se escapa o simplemente comienzo a perder interés. De cualquier forma, a esta grata alegría de recibir un nuevo paquete en el correo --cosa que debería alegrar a cualquiera, a menos que seas un inspector de sanidad o Kafka-- también recibí malestares estomacales. No todo es bueno en mi vida.

Catálogo magistral.

Hay maestros que ridiculizan a sus alumnos y maestros que son importantes en la formación no sólo académica sino afectiva, sentimental y vital de sus alumnos. Estos últimos son buenos maestros. Los otros son unos hijos de puta. Hay maestros de bricolaje y albañilería. Les llaman maestros. Hay maestros de música, de jabalina, de cetrería, de filosofía, de buceo, de matemáticas, de literatura. Hay maestros que visten muy mal, que llevan la misma corbata una y otra vez, con obstinación, al salón de clases; maestros que se manchan de gis las manos y el traje. Hay maestros a quienes no se les obliga vestir de manera tan formal ante sus alumnos y a quienes se les permite usar chanclas y guayaberas, dependiendo del clima. Hay maestros hippies que en lugar de enseñar geometría enseñan el juego de las formas y las estatuas a sus alumnos --alumnos que usualmente terminan siendo artistas o algo igualmente frustrado. Hay maestros terribles, maliciosos, que se acuestan con sus alumnas; hay maestros atormentados por sus jóvenes figuras y la incapacidad de acercarse a ellas. Hay maestros a quienes les llaman por las noches para pedirles ayuda. Hay maestros que quisieran ya no contestar, tener su propia vida, ser dejados en paz, pero que contestan, con un fuerte sentido de moralidad. Hay maestros de karate y maestros de judo, hay maestros de baseball y gramática que les enseñan a sus alumnos a valerse por sí mismos. Hay maestros de los que siempre nos acordamos y maestros que pasan por nuestra vida como si fueran una voz que a menudo confundimos con la nuestra. Hay maestros que nos acomodan bajo sus alas y maestros que arrojan a sus aguiluchos hacia el peñasco, para que aprendan a volar, alertas para rescatarlos en el último momento.

Thursday, May 11, 2006

Replicante 7 a la venta.


Con textos de: varias personas. Algunas de las cuales: conozco. Lo cual significa: que somos famosos.

Tuesday, May 09, 2006

Ya, ya, ya.

Siento como si estuviera embarazado de siete meses de mi segundo hijo. Quiero decir: sé que el sentimiento se me pasará pronto y que tendré nuevas y mayores alegrías, pero sólo sé esto porque ya me ha pasado antes y porque seguramente me pasará de nuevo. Quiero decir: siento calor, un fuerte dolor de cabeza y un hartazgo rutinario. Quiero decir: siento pataditas en el vientre y bochornos.
Yo no sé. Yo sólo quiero irme a vivir a la playa. Hace un par de noches estuve a punto de borrar el blog, en su totalidad, para nunca volverlo a abrir, pero ya se ve que no puedo parar.

Estoy harto.

De la bitácora electrónica.

Monday, May 08, 2006

Qué decir. Cómo decirlo.

Te ponen un casco de fútbol americano y te comienzan a golpear manos anónimas y te preguntas precisamente qué es lo que haces ahí, por qué te aferras a los últimos momentos y a los últimos tragos, pues en dos horas, en menos de dos horas, deberás levantarte de la cama del hotel en el que te estás quedando con tus padres para dirigirte al aeropuerto, solo, y tomar el avión de regreso al D.F.
En el avión: a) Dormirás con la boca abierta. b) Apestarás a alcohol. c) No desayunarás. d) Te darás cuenta de que en el hotel olvidaste: 1) Las guayaberas que te encargaron. 2) El libro de San Agustín de la biblioteca que sacaste. 3) Tu diario que estrenaste esa misma tarde, en uno de tus cuadernos Moleskine.
Cuando te quitas el casco tu amigo Julián y sus amigos dirán cosas confusas como Ya, ya párenle y cosas como ¿Estás bien? Y supondrás que estarás bien y fingirás un momento de la mejor manera y pensarás --Dios mío, estas personas, estas personas están aquí y están felices de estar las unas con las otras y mírenlas Dios mío, vean esos fuertes lazos que los unen, vean lo borrachos que estamos...-- y correrás al baño y orinarás y deseando no hacerlo te verás en el espejo y llorarás calladamente pues, a pesar de que sabes que sabrán, no querrás, en ese preciso momento, que te escuchen llorar, ni te que te vean llorar, así que esperarás un momento para recobrar la compostura y te preguntarás por qué siempre que bebes lloras y te preocupará un momento, pero no entonces, sino más tarde cuando escribas al respecto. Entonces: terminas de orinar, te lavas las lágrimas, sales y te sientas con los demás y procuras no hablar porque sabes que si lo haces tu voz sonará débil y alguien te dirá Guillermo, parece que el alcohol se te está saliendo por los ojos. Pensarás: carajo. Pensarás: jaja. Moverás: la mano y te quitarás la lágrima y saldrás a la calle porque, dices, el calor está horrible adentro, y es verdad pero afuera esperarás el momento ideal para pedirle a alguien que te lleve de vuelta a tu hotel.
Pensarás que esa tarde Julián te llevó a comer mariscos y te habló del puerto de Progreso, donde se quedó Zagal hace tiempo y fantasearás con quedarte una semana en alguna casa de ese puerto, rentado, como lo hace Hand en You shall know our velocity en una casa de Islandia. Pensarás en la ciénaga. Pensarás en que no hay palmeras en el puerto por el huracán y por lo que Julián te explicó sobre la plaga del Amarillamiento letal. Pensarás en la palabra amistad. Pensarás en los libros de Julián y en el sol rojo de aquella tarde y en su madre y en su hermana y en su perra Dora, a quien no conocías. También pensarás en el calor y en el sudor y en la arena blanca y en cómo se atascó un momento el auto en ella y en cómo no entiendes cuando los yucatecos hablan demasiado rápido y en cómo no entiendes tantas otras cosas y en el riesgo que tomarás más tarde, el mismo domingo, y casi lunes, al escribir sobre estas cosas sin pensar antes en qué decir ni en cómo decirlo.

Thursday, May 04, 2006

Algunas cosas que he descubierto y que he recuperado.

1. Un cariño desbordante por los ingenieros en sistemas que usan metáforas como: "Sí, mira, has de cuenta que sobre este escritorio --y golpea el escritorio de madera-- tomaste todas tus 'carpetas' y las aventaste y se desparramaron los 'documentos'".
2. Mis documentos.
3. La confianza en el universo.

Tuesday, May 02, 2006

Algunas cosas que probablemente he perdido para siempre.

1. El inicio de una novela que titularía El instituto Norfolk.
2. La versión más actualizada de una novela que titulé Cetrería.
3. Un libro de cuentos que titulé Las nubes crecen como montañas (en el fondo, agradezco esta pérdida).
4. Una memoria que titulé Pedaleando cuesta bajo (ciertamente estoy agradecido por esta pérdida).
5. Como cincuenta cuartillas de minificciones.
6. Varios ensayos cuya pérdida no me lastima demasiado, excepto por tres ("La responsabilidad del escritor: Roberto Bolaño y Sergio Pitol", "La vida afectiva del escritor" y "La humildad del escritor").
7. Dos fotografías de mi novia en versión digital.
8. Una fotografía de Refu en versión digital.
9. Algunas convergencias que planeba subir a esta bitácora.
10. Mi diario.
12. La confianza en las computadoras.

Sunday, April 30, 2006

Última nota del mes sobre cuadernos Moleskine.

Hoy vi que vendían cuadernos Moleskine. Aquí. En México. En una librería. No creí que me fuera a pegar tan duro, pero al verlos, contra todo lo esperado, contra la chaqueta mental que me hice durante semanas (me decía que eran cuadernos comúnes y corrientes, que no debería sorprenderme cuando viera a alguien con este tipo de cuadernos, que no era nada especial), entristecí.

Mierda en el parabrisas.

A alguien le pareció una buena idea, una idea sensata, divertida, tal vez, arrojar un pedazo de mierda de perro a mi parabrisas. Lo descubrí cuando salí de la nueva librería del FCE, que está re-bonita y deberían visitar. Al principio, como estaba derretida, creí que era un helado de chocolate derretido. Luego vi las moscas. Luego lavé el auto. Luego pensé en el tipo de personas que habitan la ciudad. Luego, ¿saben qué hice al respecto? Nada. Me quejé un poco con mi novia, y relaté lo acontencido aquí.
Tal es la utilidad de la literatura.
(Otras cosas que caen sobre los automóviles: 1. Saliva. 2. Sillas.)

Friday, April 28, 2006

Marcel Dzama y yo.

Perdí como siete o diez litografías que compré de Marcel Dzama. Entre varias de mis amistades, hace algunos años, repartí algunas. Luego perdí las mías. Estuve tentado a pedirle a algunas de mis amistades que me devolvieran algunas de las litografías que les había regalado, para que las pudiera enmarcar y colgarlas en mi cuarto y no en los suyos. El otro día visité el departamento de una amiga y su marido. En la recámara principal tenían una imagen de una chica muy bien ataviada ("Me recuerda a Coco Chanel", dijo él), a quien un vampiro le está chupando el brazo. Él, que se llama Claudio y es una buena persona, me dijo que le molesta un poco el cuadro, al grado que en ocasiones, por las noches, considera voltearlo contra la pared. Este es un ejemplo de las situaciones en las que creo que alguna de las litografías de Dzama que regalé estarían mejor en mi casa.
De mis amistades sólo Adriana Degetau me regresó las que le regalé.
Pero ya no necesito molestar a mis amigos con estas cosas. Es más, podría regresarle a Adriana las litografías (mismas que, por otro lado, probablemente me regresó porque, sencillamente, no le gustaban). Hace un par de noches encontré, en un cajón, arrumbadas, las litografías que creí perdidas. Y soy más feliz.

Thursday, April 27, 2006

Dinero.

En los pasados días, el único soporte de mi escritura, al menos el principal, ha sido la tinta de mi Zebra y el papel de mis Moleskine. He escrito, muy poco, sobre el primer tomo de Tiempo y narración, sobre el libro X, XI y XII de las Confesiones de San Agustín y he ideado, en mi cabeza, los lineamientos para un cuento de tema africano que seguramente saldrá mucho peor de lo que lo estoy imaginando. Lo cual es ligeramente triste. Siento, por otra parte, y es raro pues hago actualizaciones muy cercanas unas de las otras, que no he escrito prácticamente nada en mi computadora. Esto es verdad. Ahora no estoy en mi computadora, que se estropeó y la idea de que no puedo seguir, por una parte, con mi diario y, por otra, con mi bitácora electrónica --si bien lo hago, pero no me siento del todo cómodo pues no lo hago desde mi propio teclado sino asaltando el de alguien más-- en fin, la idea, decía, me mantiene en una constante ansiedad.
No quiero escribir ese cuento de corte africano en papel. No quiero dejar que pase más tiempo en el que me vea obligado a escribir en cuadernos. Temo que me gustará demasiado. Temo que cambiará mi escritura. Temo que me dedicaré a escribir microgramas a la Walser y que la borrachera tecnológica se me pasará demasiado pronto, igual que la distancia, la maravillosa distancia, que me brinda el soporte digital. La materialidad de estos soportes, la cercanía que tienen con nosotros, la necesidad --es tanta que desespera.
¿Han intentado, los que escriben y escriben en computadora, dejarlo por un tiempo? Es liberador como es liberador salir a la calle sin reloj o sin celular. Es liberador como, imagino, sería no usar calzones en un día caluroso. Y es igualmente peligroso, sospecho. Ay, vivir sin todas esas cosas que creemos necesarias.

Tuesday, April 25, 2006

Convergencia de Danny Erker

En el concurso de convergencias organizado por McSweeneys, Danny Erker, uno de los ganadores, diserta sobre la pintura de Goya en la que Saturno, el dios que movido por el miedo y borracho de poder se alimenta de sus propios hijos. "Gracias a Dios que sólo es una pintura", dice Erker.



Monday, April 24, 2006

Zebra G-301 Gel.

1994, sala de cine de Rolling Prairie Indiana, en la pantalla se proyecta la cara de un actor para mí totalmente desconocido y que por el momento interpreta a un enemigo de Bond, James Bond. En su mano, una pluma muy bonita y estilizada, nada demasiado pomposo, nada como una Mont-Blanc o una gorda pluma fuente. Oprime obsesivamente el mecanismo de retracción sin saber que lo que activa y desactiva es, a su vez, ¡una bomba!
El herman Shawn observa sin perder detalle y come palomitas y nos cuida a todos nosotros, los alumnos de la escuela semi-militarizada, LeMans. Adora los trenes, la fotografía y las películas de James Bond. Unas semanas más tarde, tanto es su amor por todo lo que tenga que ver con Bond, lo acompañaré a comprar una pluma Zebra G-301 Gel, ¡la misma que usa Boris, el enemigo de Bond!, en un viaje a McDonalds, a la escuela donde le doy clases a niños cuyo segundo idioma es el inglés, y de vuelta a la academia. Y hago todo esto porque soy uno de sus alumnos preferidos. Uno de los que mejor se comporta. Uno de los que no corren detrás del nuevo edificio gimnástico para fumar marihuana u oler pegamento.
Bien. Pasa una década. Compro cuadernos Moleskine. Inauguro uno con un pequeño estudio y resumen del primer tomo de Tiempo y narración. No me siento completamente en paz hasta que corro con Refu al Office Max más cercano a mi casa y busco, con éxito, una Zebra G-301 Gel, y oprimo con obstinación el mecanismo retractil. Escribe re bien.

Fragmento de conversación.

Entre Mariana Arce y yo:

G. No me gusta Placebo, creo que está sobrevalorado.
M. Una vez compré un disco de ellos y me decepcionó.
G. Sí, son malos.
M. Sí.
G. [...]
M. ¿Sabías que Brian Molko es bisexual?
G. ¿Quién es Brian Molko?
M. El cantante de Placebo.
G. Pues sí, lo parece.
M. Sí.
G. Sí.
M. [...]
G. Hace rato en una tienda de Valle vi que estaban solicitando personal de ventas. Pero parece que les va a costar mucho trabajo, pedían personas con ambos sexos.
M. [...]
G. Te amo.

Thursday, April 20, 2006

Esto es amor.

Como al Sergio Pitol de diciesiete años, hasta hace poco lo único que me interesaba del periódico eran los suplementos culturales y la cartelera del cine. Ahora también leo la sección Internacional --misma que, al menos en el periódico que llega a mi casa, envuelve, cálidamente, a la sección de Cultura.

Wednesday, April 19, 2006

Mis prejuicios.

Enlisto:

1. Tengo prejuicios.
2. Todos poseen prejuicios.
3. El término "prejuicio" no necesariamente es peyorativo.
4. A menudo mis primeras impresiones se anulan cuando estoy al tanto de ellas.
5. No es suficiente conocer o saber sobre un mal para que podamos solucionarlo.
6. El escritor no se identifica totalmente con lo que escribe.
7. La inteligencia no necesariamente es una virtud.
8. Los discursos que apuestan por la bondad llaman la atención, por lo poco frecuentes, pero pocos los toman realmente en serio.
9. Las chicas guapas, cuando amables, a menudo tienen una agenda oculta.
10. Escribir "las chicas guapas, cuando amables, a menudo tienen una agenda oculta" es suficiente para falsear la afirmación "las chicas guapas, cuando amables, etcétera".
11. Los tipos guapos a menudo son pendejos y ojetes.
12. Escribir "los tipos guapos a menudo son pendejos y ojetes" es suficiente para decir que realmente no me la creo.
13. Es preferible guardar silencio a opinar, pues la opinión puede cambiar fácilmente.

La lengua de las portuguesas

Me arden los ojos, estoy en una posición muy incómoda para escribir (acostado boca abajo) y me siento un poco tonto y deprimido por haber gastado más dinero de lo que debí en algunos libros que sé necesito pero probablemente no leeré jamás. Sin embargo, estoy dispuesto a hacer un pequeño esfuerzo y escribir un poco para ustedes, agradables y bellas personas que se toman su tiempo para distraerse de sus insignificantes, pasajeras vidas.
Bien. Ahora que tengo su atención escribiré lusofonía y escribiré Tabucchi y escribiré francés y escribiré Beckett. Y dejaré que rumien un poco el asunto. Perfecto. Ahora pensemos en esas oscuras partes de África donde, algunos países, han decidido tomar al portugués como su idioma oficial.
¿Se trata el portugués de la lengua más bella del mundo? Ignórolo.
¿Se trata cellar door de la más bella combinación fonética que pueda existir en cualquier lengua como dicen algunos? No lo sé. Sé que me gusta. Me gusta decirla y pensarla y escuchar cómo suena en mi cabeza, pero no sé si es posible hacer otras y mejores y más bellas combinaciones. De lo que sí estoy seguro es que ninguna de estas posibles y bellas combinaciones incluirían la palabra fax, que es horrible.
Lo que sí sé y de primera mano es que sospecho que los portugueses, a pesar de que saben y entienden el español a la perfección --sólo para divertirse, joder un poco a los turistas-- deciden no hablar el español pues les parece muy divertido cuando uno intenta darse a entender.
Disculpen que no sea más claro de lo que fui. En este preciso momento me cuesta escribir.

Tuesday, April 18, 2006

Alejandro Vázquez: cantautor.

Estas son algunas de las canciones que Alejandro Vázquez ha compuesto y que me gustan y que se escuchan particularmente bien cuando uno está en el extranjero usando el Ipod Nano que le ha regalado su papá, porque es un vulgar burgués. Esto no me hace sentir culpable, sólo quería escribirlo de manera que así pareciera. A continuación, enlisto las canciones en el orden de la que más me gusta a la que más me gusta menos:
1. Labrador (le ayudé con esta).
2. Canción Barril.
3. CNA.
4. Rocola existencial (aunque sólo conozco la versión original, no la nueva y remasterizada y, supuestamente, mejor).
5. Herisau 2000 (otra de mis colaboraciones).
6. Ay, Autores (también le ayudé con esta).

Wednesday, April 12, 2006

Ítaca

Está bien despertar en un cuarto oscuro sin saber dónde estás, pues te has acostumbrado a no saber dónde estás o a tardarte un momento en recordarlo, siempre y cuando, este nuevo lugar sea, finalmente, tu casa. Otra de las razones por las que no sabes dónde estás es que has dormido en la dirección contraria a las que acostumbras. Hace calor y es de madrugada y es México.
Tu novia no se ha visto en la engorrosa necesidad de destejer y tejer el mismo tejido, ni de contar una historia si fin, una y otra vez (viene siendo lo mismo); no has regresado de una guerra ni has escuchado el canto de las sirenas. El jetlag te hace sentir ligeramente como un zombie y no sólo es un problema de cambio de horarios sino también de temperaturas. Tu cuarto sigue más o menos igual a como cuando lo dejaste.
Desde el avión, entrando a la enorme ciudad, adviertes una cosa que nunca habías advertido antes: la mayoría de los tejados son rojos. Piensas en la palabra "imperbealización" y lo mucho que te cuesta escribirla.
Estás de vuelta. Te cuesta trabajo confesarlo, pero estabas aburrido.

Sunday, April 09, 2006

Más sobre mi vida de sultán.

Le di una moneda de cincuenta centavos a un mendigo, pues me la pidió. Noté que sus manos eran callosas. Me dio asco y luego vi mis manos y noté que no me daban asco, misma razón por la que las utilizo para variadas actividades, algunas de las cuales me producen placer. Mucho placer.
Estoy en la estación del tren, en la zona oriente de Lisboa. Estoy esperando a que llegue mi tren. Acabo de comprar un boleto. Me costó 140 euros pues incluye un compartimento privado con cama. Además de mis libros, esto es en lo que más he gastado durante todo mi viaje, en parte porque quiero llegar fresco al aeropuerto de Madrid, de donde parte mi avión hacia México. El miércoles debo estar en Valle de Bravo, para seguir con mi agotadora vida de Sultán.
Ahora debo irme para contemplar otro rato mis manos.

Lisboa.

Hoy, a manera de despedida, bebí una limonada en una plaza, como aquél famoso personaje, y a todos los hombres que veía me sentía obligado a otorgarles cualidades literarias, incluyendo a los dos ciegos que observé con frialdad y distanciamento, que me recordaron al posible Homero y a Ulises, supuesto fundador de estos lares.
También pensé en la cantidad de tonterías que hice con la única finalidad de poder contarlas. Como en aquél famoso viaje que realicé con dos de mis mejores amigos. Cosas cuya justificación existencial era únicamente fungir como símbolo (a la vez que pensaba: esto no simboliza nada).
Ayer, por ejemplo, enterré un libro en la arena, en Costa de Capariça. Entre sus hojas escribí algo y mi dirección electrónica. Era el nuevo libro de Brett Easton Ellis, que había terminado de leer la noche anterior. Un libro que no me atreví a quemar pero que ya no quería cargar conmigo. Recordé a aquél famoso escritor cuyo famoso personaje hace exactamente lo mismo, con una novela de Grisham, en aquella famosa novela. No diré aquí qué escribí en sus hojas, baste con decirlo. Eso, oh sí, me lo llevaré a la tumba. A menos que uno de ustedes vaya y desentierre el libro (está en la parte de "Plaça del Rey"). Que, finalmente, es lo que quiero. No es mi intención hacerles pensar otra cosa.
Me siento bobo.

Friday, April 07, 2006

Información de mi estado moral.

Evidentemente soy una mala persona. No conozco a Rogelio. Rogelio es una persona que generalmente está detrás de un link en el blog de una amiga, www.infogratis.blogspot.com, quien sí lo conoce. No hablo de Rogelio Villarreal.
Entonces, hice una cosa que no debí haber hecho. En una de las últimas actualizaciones que hizo Rogelio a su bitácora electrónica subí un comentario que a mi parecer, y seguramente pocos lo verán así, pues la mayoría de las personas posee una carne mucho más dura que la mía, era cruel y malintencionada. Escribí, en mi comentario, "McCultura", refiriéndome a las cápsulas de tres minutos que Mobuzz TV hace y que puedes descargar con facilidad a tu celular (al menos sospecho que se puede hacer con cierta facilidad, personalmente nunca lo he hecho, falta de paciencia, nuevas pruebas de mi maldad) con las cuales, de una u otra forma, entiendo por lo que he leído, Rogelio colabora. E hice esto, descubro ahora, sólo para poder escribir esto, que linda con una especie de confesión desinteresada pero que también funciona como una segunda ironía, y no me agrada descubrir esto. Lo hace todavía más claro. Soy una persona horrenda con una escala de valores que es oscura, donde las bromas mentales que me gasto a mí mismo tienen un lugar privilegiado. No soy una mala persona en el mismo sentido que lo era, no sé, Judas o Hitler, pero aún así lo suficiente como para destacar ante, digamos, Gandhi o Harrison Ford (quien seguro es un buen tipo).
En fin. Noten que no usé ninguna palabra con acento circunflejo. Esto lo considero una virtud.

Estallar en mil bellos pedazos.

La gente que se besa en los aeropuertos,
lo hace con premura y sin preocupación,
saben que se verán más tarde
pero que deben apurarse pues parte el avión.
Es mi opinión que deberían besarse
en casa y con tranquilidad,
con otro tipo de sentimientos
que bajo ciertas circunstancias
son igual de buenos
(como la desesperación).
También creo que deberían preocuparse
mucho
porque en cualquier momento
podría el avión--

Wednesday, April 05, 2006

Enfermito.

Está decidido, estoy enfermo, mal de la cabeza. Entré a una librería especializada en alpinismo, después de comer unas buenas chuletitas de ternera, para ver si conseguía más cuadernos Moleskine. Desde Barcelona he estado buscándolos y como hoy parto hacia Lisboa por la noche, quería aprovechar.
Un poco sin tomarme en serio, después de todo estaba en un librería especializada en alpinismo (he visitado librerías especialiazadas en náutica y en religión, es una cosa muy curiosa, estas librerías españolas y especializadas), le pregunté, pues, a la persona que estaba en la caja si tenía "cuadernos de viaje". Así, vagamente, pregunté. El hombre, pues esta persona era un hombre, estaba muy ocupado atendiendo una llamada telefónica en la que explicaba rutas de trekking y cómo conseguir mapas que marcaban senderos en un lugar específico del mundo cuyo nombre no alcancé a escuchar. Así que sólo me indició con un gesto que debía dar una vuelta en una estantería y ahí encontraría los cuadernos de viaje.
Y ahí esteban, en un pequeño atril de metal, formaditos, listos para que los tomara y los abrazara para hacer nuestra vida juntos: tres cuadernos Moleskine, lisos, color negro, que están ahora aquí, a mi izquierda, juzgándome en silencio pero con cierta simpatía y comprensión. Saben lo que quiero; saben que leeré a Ricouer y anotaré cosas sobre la autobiografía y mi posible tesis de maestría en sus blancas páginas carentes de acidez, y saben también que estoy un poco mal de la cabeza porque solté una desaforada carcajada que provocó miradas inquietas y malhumoradas hacia mí, cuando los encontré. Llevaba tiempo sin encontrarlos y necesitándolos. Sigo preguntándome si no necesitaré más, pero con mayor preocupación, si no los encontraré en el Lumen de México, o en Costco, a unos días de mi llegada.

Nuevas noticias desde el viejo continente.

Se me rompieron mis pantalones en la parte trasera, no sé cómo sucedió esto. Ahora los estoy usando.

Sunday, April 02, 2006

24

Más viejo, igual de prudente, más gordo, menos pelo, más apestoso, más tranquilo, igual de chaparro, más leído, más usado, menos sardónico, menos pesimista, con más personas a las que se les quiere.

Saturday, April 01, 2006

Tokio ya no nos quiere.

Por supuesto que las personas, después de un rato, dejan de extrañarte. Uno se despide con lágrimas en los ojos, o con la firme la intención de tener lágrimas en las ojos, y se sube al avión y procura pensar en algo que sostenga el sentimiento y la ansiedad de separación. Después de un rato, como es de esperarse, uno se rinde y advierte que las cosas siguen más o menos igual. Esto sirve para ambos lados. Los que se quedan y los que se van están tan igual que siempre. Diría que esto vale sólo para las personas que uno toma por sentado, pero algo, mi lado pesimista, comienza a decirme que no es así, no de manera exclusiva. Y se da cuenta de que las personas a las que más extraña también son las que más podrían lastimarlo a uno. Y eso no necesariamente es un sentimiento agradable.
Lo que significa, por otro lado, que estoy tan igual que siempre, sin importar dónde me encuentre.
A pesar de esto, cuando ultimamente abro mi correo y veo que ya no me llegan los once nuevos mensajes que antes me llegaban, los primeros dos días de mi ausencia de México, me siento mal y triste, olvidado, como si no valiera la pena o como si fuera una inmundicia humana, una partícula elemental, o no elemental sino más bien prescindible, algo que a pesar de ser tan pequeño alguien podría pensar que sobra y que el minúsculo espacio ocupado por mi cuerpo aún podría ser utilizado de una mejor manera.
Eso es lo que pasa cuando me siento. En otras ocasiones simplemente me siento y estoy, pero no mucho pues no me siento seguido, procuro estar en movimiento, mantener mi mente ocupada, pero ahora que mi compañero de viaje se encuentra ocupado orando y yo estoy aquí, en el café internet, y mi cerebro está muy despierto, pues sucede, en fin, que estos pensamientos asedian mi cabeza.
Es un poco bobo, lo sé. Así que terminaré la actualización aquí, al momento que escucho esa canción que Charlote Johansen cantó en Lost in translation.

Friday, March 31, 2006

Interesante.

Tal vez esto ya lo saben, sobretodo porque es probable que hayan leído Samuel Jhonson is indignant, pero por si no lo han hecho, creo que deberían saber que es natural que tengan amigos interesantes, tan interesantes como ustedes, amigos no tan interesantes y que frecuentan menos que sus amigos interesantes; y amigos mucho más interesantes, quienes procuran no frecuentarlos tanto como ustedes lo desearían.
Y bueno, si creen que es suficiente frecuentar a los amigos que son tan interesantes como ustedes, no, no lo es, pues en cualquier momento, y esto siempre lo están sospechando, estos, o ustedes mismos, se tornarán más interesantes (o menos, según sea el caso) y dejarán de frecuentarse.
Quería informar.

Thursday, March 30, 2006

Prometo Post post Portugal

Por lo mientras sólo diré que ya me voy preparando. Compré, en la bonita librería Gómez que se encuentra aquí, en Pamplona, misma que abandonaré a la una de la mañana rumbo a Barcelona, y que está regentada por tres agradables chicas libreras, los siguientes títulos:
1. Esplendor de Portugal, de Lobo Antunes.
2. La hora del diablo, de Fernando Pessoa (traducción de Perfecto E. Cuadrado).
3. Crítica, de Fernando Pessoa.
4. Portugal, editado por Lonely Planet.
También compré Lunar Park, de Brett Easton Ellis, pero eso no viene mucho a cuento con el viaje que realizaré, a no ser que seguramente se tratará del libro que leeré cuando vaya a los baños o a la playa, si es que voy a la playa, si es que voy a los baños.
Gasté, en los libros, 100 €, que es más de lo que he gastado en un hostal, en una comida o en un pasaje de tren. ¿No me hace esto un idiota? Tal vez. Pero sé que el post post Portugal será magnífico.

Wednesday, March 29, 2006

Cuadernos Moleskin.

Compré tres cuadernos marca Moleskin en Bilbao. Uno de los que venían empaquetados (sólo quedaba uno empaquetado, tuve que preguntar si tenían más; tenían más y venían empaquetados en plástico) traía una tira con la siguiente leyenda: "El legendario cuaderno que usaba Hemingway, Picasso, Van Gogh, Chatwin". Yo no sé quién era Chatwin pero, según la información que viene en una pequeña postal encontrada en el interior, cuando se enteró que la pequeña compañía francesa que los fabricaba y distribuía, dejó de existir en 1986, Chatwin compró muchos, muchísimos, para abastecerse.
"Le vrai Moleskine n'est plus", le dijeron. Y la verdad es que suena muy bien, esa frase, ¿no? La postal con esta información está ordenada de manera que todo lo que tenga que ver con la marca esta de cuadernos suene a gran anécdota literaria, a leyenda, a algo que podría entusiasmarle a cualquier babotas que se quiera dedicar, al menos por un tiempo, a la literatura. A cualquier babotas, en fin, que se parezca a mí. Chatwin, quien quiera que fuera, compró un chingo de estos cuadernos y no fueron suficientes.
Yo compré tres. No he visto esta marca en México, seguro la hay, pero nunca la he visto. Ahí, amontonados en mi mochila, me hacen sentir bien, especial, como si mi vida tuviera un significado mayor. No mayor que, digamos, la vida de Stalin o el Papa, pero al menos mayor que la tuya, lector, pues, vamos, tú, lo sabes, no tienes de estos cuadernos. Y si los tuvieras probablemente los usarías para escribir frases célebres de otros escritorsuelos y los mandados del día. Y tal vez hubieras elegido un cuaderno color verde o amarillo, pero no algo en color negro, como lo hice yo. Y seguramente hubieras escogido uno con hojas rayadas o cuadricaladas, algo así, absurdo, y no planas, como lo hice yo en toda mi magna sabiduría. Oh, cuadernos Moleskin, los amo. Amo el nombre de su marca, hago rodar las palabras en mi lengua como si fuera Homero. Simpson. Diciendo Rosquillas.
Moleeeeeeeeskiiiiiiiiin, me digo. Y repito. En mi cabeza e interior, para eterna satisfacción mía mientras paseo por las calles extranjeras, con estos cuadernos extranjeros en mi extranjera mochila y espalda. Moleeeeeeeeeeskiiiiiiin.
¿Qué escribiré en estos cuadernos? Oh. No lo sé. La historia del universo a través del punto de vista de una mosca, un ensayo sobre el viaje y la persecusión como gran tema literario, una reinterpretación de la Montaña Mágica, de Las Memorias de Ultratumba, un homenaje a Proust. O tal vez unas canciones. Una solución a un problema propuesto por Goedell o algún otro matemático importante.
(Y que exista, porque Goedell no existe ni existió, me acabo de inventar el nombre).
En fin, sólo quería presumirles que cometí la pendejada de comprarme un cuaderno sólo porque un papelito decía que era la misma marca que Hemingway usaba.

Tuesday, March 28, 2006

El lodo español.

Es igual que el lodo mexicano.

Boina.

La boina del soldado es verde oscura. Y no se le ve ridícula. Más bien, diría, lo hace ver guapo y peligroso. Al grado que cuando él y su compañero entran al autobús que nos lleva a San Sebastián, todo mundo guarda un silencio reverencial. Algunos, como yo, agachan la cabeza y se sumergen en la lectura de su McSweeneys. La historia que estoy leyendo es sobre una chica que no tiene piernas. Es interesante. Pero me distraigo, los soldados caminan por el corredor. El de la boina verde oscura se detiene a la altura de mi asiento. Me maldigo por no haber traído el pasaporte conmigo. Al chico que está en el lado extremo de la hilera de asientos donde me encuentro le pregunta si trae equipaje. El chico es un tipo con facha de independentista, creo que les dicen curros. No lo sé. Sé, por otra parte, que en México, con su peinado neo-punk y su playera negra, su Ipod, parecería, más bien, un chico condechi, un hipster. Acá le piden que baje con ellos y abra su equipaje, pues, asegura, trae equipaje. Es un retén antiterrorista.
Bajan a dos muchachos más. Al tipo de muletas que se encuentra detrás de mí le preguntan a qué viene a San Sebastián. "A ver al médico", contesta. "¿Trabajas en Pamplona?", le pregunta el hombre de la boina verde. "Sí", contesta. "¿Qué te ha pasado en la rodilla?", le pregunta. "Es un tumor", le contesta. Me pregunto, mientras escucho y leo McSweeneys, si yo me habría atrevido a contestar: "Preferiría no contestarle", como fantaseo que lo haría Bartleby. "Muéstrenos su equipaje", me dirían. "Preferiría no hacerlo", contestaría. Por supuesto que no contestaría. Abriría el equipaje. Y si estuviera leyendo, me distraería lo suficiente como para tener que releer la historia de la chica sin piernas ya que hubiera llegado a San Sebastián.
El chico con facha de independentista que obligaron a bajar, sube de nuevo, sube el resto, y el autobús avanza. "¿Hacen esto a menudo?", le pregunto. "Pues, se ponen de vez en cuando en distintos lugares", me dice. "¿Para qué?", le pregunto. "Son retenes antiterroristas". Y quiero agregar algo aquí, algo sobre cómo se experimenta el terror, algo irónico, ¿saben?, pero preferiría no hacerlo.

Monday, March 27, 2006

Más mentiras.

Estoy en España. Me compré una boina. Me veo ridículo con ella. La compré y la uso sin demasiado pudor cuando camino por las calles como una especie de broma que me gasto a mí mismo. Por supuesto, las personas, especialmente los jóvenes, me ven y parece que puedo notar en sus caras cierta desaprobación, pero no hay nada que pueda hacer al respecto. A mí me gusta. No la boina, no cómo me veo con ella, sino la broma que me gasto pues, debo decir, me da mucha risa, toda interna, es verdad, pero risa al fin. Las personas me ven y siento cómo su alma roda los ojos hacia arriba.
Me encontré con Zagal. Me dijo: "Te ves ridículo con esa boina". "Lo sé", le dije. Pero no me la quité. Me la intentó quitar, entre risas, pero no lo consiguió pues es de un cuerpo débil y marchito. Anoche que llegué aquí, a Pamplona, fuimos a un bar a beber unas cervezas. Pedí una caña. El camarero me la entregó y vio mi boina y creo que adiviné una sonrisa de sorna en su cara. Después, miré a la barra y vi una fila de chicas atractivas y chicos que parecían reírse de mí. "Mira a todos estos imbéciles", le dije a Zagal, "¿acaso nunca han visto alguien con boina?".
"Güey", me contestó, "tú eres el imbécil que está usando la boina... además de que dice 'I love Spain'".
Por supuesto, Zagal tenía razón.
Ahora, esto que sigue no me lo van a creer pero siento que debo contarlo: Zagal tuvo que defenderme pues después de unos cuantos tragos empecé a malacopear, y cuando le grité a un pinche españolito qué era lo que me veía y me dijo que lo ridículo de mi boina, me le aventé, alcancé a golpearlo, pero otro tipo con el que venía me golpeó y me tiró el último diente de leche que poseía. Las niñas, mientras, gritaban.
Qué bonito es España.
Número de cosas que son verdad en este post: 2.

Saturday, March 25, 2006

Verdad y mentira.

¿Qué necesito hacer para conseguir que la gente crea que aún estoy en México? ¿Debo inventar acaso que estoy en un viaje? ¿En Portugal? ¿En Timbuctú? ¿En España? Diré que en Aduana, para entrar a París, donde haría mi escala si es que estuviera en camino hacia Madrid (una escala muy extraña pues París está así como que mucho después de Madrid, pero digámoslo, total), diré, pues, que en Aduana un montón de españoles, que habrían de compartir mi vuelo, esperaban intranquilos a que las personas de Aduana se movilizaran. O tal vez no las personas de Aduana sino los oficiales eso que sellan los pasaportes, pasaportes que deberán ser exclusivos de miembros de la comunidad europea y que, por tanto, habrás de descubir, estás en la línea equivocada.
Así que haz de nuevo la línea, en una línea que antes era muy corta pero ahora es muy larga pues una gran cantidad de asiáticos acaban de desembarcar de su vuelo de Beijing o Tokio. Sí. Tokio. Y es curioso pues, al momento que te pones los audífonos de tu Ipod (quieres alienarte por la estupidez que acabas de cometer), al momento, decía, te darás cuenta de que todos los infantes de estos españoles que son miembros de la comunidad europea, los llevan en brazos y son de razgos orientales.
Parece que viajan en grupo hacia Asia para adoptar niños. ¿A poco no parece mentira?

Friday, March 24, 2006

Más ideas.

Buena idea: Ir a España y hospedarse en un hostal.
Mala idea: Ir a España, hospedarse en un hostal y haber visto "Hostal".
Pésima, terrible idea: Ver Hostal.

Wednesday, March 22, 2006

En ocasiones, me sorprendo a mí mismo.

Entro a mi cuarto, abro la puerta y me sorprendo a mí mismo, ahí, debajo de la cama, en mi ajuar completo de ninja, doy un salto y me ataco y me derribo y es terrible pero siempre me pasa, me sorprendo a mí mismo. Por supuesto que he intentado hacer algo al respecto, siempre enciendo la luz y busco en probables lugares donde me puedo encontrar agazapado, listo para el ataque, pero todos mis esfuerzos son inútiles, siempre estoy un paso adelante.
Desde hace días no puedo dormir tranquilo, cuando camino por las calles no puedo evitar voltearme, cuidándome de mí, evitando callejones oscuros--pero nada, termino siempre sorprendiéndome a mí mismo, ya sea bricando desde el techo o con golpe certero de chaco o takana ninja. No tiene sentido. Estoy en todas partes.

Tuesday, March 21, 2006

Para que sepan.

Cuando empecé a leer bitácoras electrónicas la única que me llamó la atención y que aún leo bastante sin que perteneciera a una persona que conozco, fue la de Lorena Mancillla, de www.lorenamancilla.blogspot.com
Después me enteré que algunos conocidos la conocían, como esta buena y agradable y sonriente persona que es Rogelio Villareal. Ayer descubrí un comentario de Lorena en esta bitácora y me sentí extrañamente feliz, como si fuera una escritora a la que admiro que me reconociera; lo curioso es que no consigo tomar este sentimiento del todo en serio, al final de mi pensamiento, al menos así lo experimento, me termino diciendo: "Pero si sólo es internet, sólo es internet, no vale, no cuenta". Trabajaré en ello para sentirme realmente alegre al respecto. Sin segundas intenciones.
Otro par de comentarios que me hicieron más o menos el día fue, primero, el de Alejandro Vázquez, en referencia a una actualización de hace unos días. Su razonamiento es: Si gracias a las vitaminas de complejo b que ahora tomo puedo ver el futuro, y si en este futuro que diviso advierto que moriré bajo un tren en las cercanías de Krakovia (¿existe Krakovia?), podré evitar la muerte simplemente nunca visitando el lugar. Lo malo es que el pequeño vislumbre del futuro no me permite identificar el medio en que llegaré, las elecciones que debo evitar. Pero francamente no me importa. Desde que tomo las pastillas, como decía, el temor a la muerte es completamente inexistente. Segundo comentario que me hizo el día: el de Enrique G. de la G. Si ahora lo deseara, podría comprarle zapatos.
Yo me compré zapatos. Los dos pares que compré son cafés. Unos son una especie de botín y los otros son unos tenis especiales para campo traviesa. Hoy me tomé la pastilla y vi que, en el futuro, compraré muchos, distintos pares, y todos los mediré con la vara de comodidad que estos me han proporcionado.

Más convergencias robadas de Wreschler.

El próximo sábado 24, si Dios me lo permite y no estoy demasiado jodido por el avión, debo tomar un tren desde la estación de Atocha hacia Pamplona.


Thursday, March 16, 2006

La pastilla.

Desde hace unos días tomo una pastilla diariamente, por las mañanas. La tomo envuelta en un material café y en un muy amarillo jugo de naranja, momentos antes de salir corriendo de casa para llegar al trabajo. Son vitaminas del complejo B. Me ayuda a no estar tan tenso, al menos eso me dicen, y gracias a ellas desde hace un mes aproximadamente ya no me tiembla mi ojo izquierdo ni me duele el cuello. También me ayudan a ver el futuro y a no temerle la muerte. Entre las cosas que veo en el futuro está, precisamente, mi muerte (debajo de un tren, en las afueras de Krakovia; es realmente horrible, pero, como ya he dicho, no me asusta). Otra cosa que veo en el futuro es que, como en Nueva Zelanda, eventualmente, sin poder decir precisamente cuándo, en México se pondrá de moda el no usar zapatos. Veo a gente caminar por los supermercados, restaurantes y centros comerciales totalmente descalsos, con las plantas de los pies completamente ennegrecidas, como si nos encontráramos en un pueblo. Y todos se ven contentos. También, en el futuro, veo la muerte de Refu, mi labrador chocolate, y que yo comienzo a usar barba. También veo a los cachorros de Refu, mi primera novela publicada y una figura muy similar a la mía, pero anciana y en cunclillas frente a una pequeña fogata, quemando un manuscrito de unas dosceintas hojas. La vitamina B, debo decir por otra parte, sabe a diablos.
Cuando tomo esta pastilla recuerdo la pastilla de Tokio ya no nos quiere y las pastillas de Un mundo feliz y la pastilla que se toma aquél cincuentón en aquél gran cuento de César Aira que se llama--oh, también esta es otra cosa que me provoca la pastilla, me distraigo fácilmente. Me gustaría ser un pajarito.

Wednesday, March 15, 2006

Actualización ofensiva.

En este momento me doy asco, hueva, igual que mi blog, enterito, nada salvable, me enojo con mi mismo, con mis lloriqueos y mis quejas de nena. Viviré y no pasará nada. Me quejaré y no pasará nada. Moriré y no pasará nada. Diré que a las personas les vale madres, no les valdrá madres y no pasará nada. Beberé agua y se me quitará la sed, me rascaré la pierna y se me quitará comezón, pensaré y seré una pasión inútil, me azotaré al suelo y me dolerá y pensaré en la cantidad de cosas que tomo por sentado, como el suelo en el que me siento para escribir estas líneas adolescentes, inmaduras, desaforadas, ligeramente decepcionantes.

Post inofensivo.

Leí Bartleby. Ahora trataré de usar lo más posible la expresión: "Preferiría no hacerlo". Eso es todo lo que tengo que decir por el momento.

Sunday, March 12, 2006

James Joyce

Estaba hojeando A portrait of the artist as a young man, que leí hace tiempo y según yo muy por encima, sin que me hubiera provocado demasiado, cuando me topé con esto, apenas en la segunda página:
--O, Stephen will apologize.
--O, if not, the eagles will come and pull out his eyes--
Pull out his eyes,
Apologize,
Apologize,
Pull out his eyes.
Así que supongo que algo se me quedó en la cabeza.

Buena idea, mala idea.

Buena idea: Escuchar una gran canción que te provoque brincar en la cama, como Big sensuality, de Bjork. Y brincar en la cama.
Mala idea: Escuchar una gran canción que te provoque brincar en la regadera, como Big sensuality, de Bjork, mientras te rasuras.

Thursday, March 09, 2006

La mayor parte del tiempo soy parte del mundo.

Diario pasan cosas. La gente encuentra y pierde amor. La gente ve películas que le recuerdan que suceden nuevas e importantes cosas, algunas de ellas en la playa, otras en una noche estrellada bajo una luz que parece divina o de un helicóptero en búsqueda de un Tiranosaurio Rex o un asesino serial, como si se tratara de una película de Spielberg o de David Fincher. En ocasiones explotan acueductos y se derriban edificios, batallas se libran en el desierto o personas deciden cambiar su vida por un libro, traicionar a su amigo por una mujer, asesinar a su madre, ganarse la lotería, entrar en coma, y muchas otras tantas cosas. Y también: cuando uno experimenta uno de estos sucesos, ¿no sienten como si ya los hubieran experimentador por alguien más? ¿Como si, simplemente, no estuvieran ahí sino en una novela de Camus o de Brett Easton Ellis o de Delillo; o en una película monótona y triste? O al revés, en un programa de concursos o en una serie televisiva, donde todo mundo sonríe y tiene grandes y bellas historias sobre felicidad y amor y arracheras con ensalada.

El constante esfuerzo por ser nuevo.

Hoy me encantaría decir que tengo nuevas e importantes cosas que decir, así que simplemente diré que tengo nuevas e importantes cosas que decir.
Dios, esto es agotador.

Monday, March 06, 2006

Julián Zárate y yo.

Si yo fuera George Steiner sería un anciano muy ególatra y muy judío. Tal vez no el tipo de judíos que aún se ruborizan cuando escuchan shoa o Heidegger, ni el tipo de judíos que defenderían a toda costa la circunsición, pero sí un judío que se interesa en los cuatro niveles de las palabras y su infinita polisemia. Ya saben. Ese tipo de judíos.
Así que si un amigo, un gran amigo, uno de los mejores amigos, me hablara sobre World Wide Suicide y después, realmente emocionado, escuchara el nuevo sencillo de Pearl Jam, pensaría más o menos en cómo es increíble que las palabras puedan tener ese doble filo, ¿saben?, sobre cómo uno puedo pensar en un suicidio masivo y terrible al momento que escucha una gran canción. ¿No es igual de sorprendente que una operación de bombardeo nuclear se llama Operación Sol Naciente? Oh sí, es igual de sorprendente.
Pero no soy George Steiner. Soy Guillermo y tengo amigos en Mérida que rockean duro y yo rockearía igual de duro si no tuviera este jodido dolor de cuello.

Go, Mordecai!

Friday, March 03, 2006

David González y yo.

David González y yo somos amigos. Nos vemos poco, en realidad. Seguiré pero antes creo que es conveniente decir que a instantes de escribir esto, David entró a la oficina desde donde lo escribo. Entró, me saludó y me entregó un ejemplar de etiqueta negra, prestado. Se lo pedí anoche y hoy me lo entregó. Este es el tipo de amigos que es David. Un buen amigo. ¿Los buenos amigos les prestan sus revistas a sus amigos? Claro. También se toman fotografías en Florencia, fotografías que guardamos, porque son muy bellas, y que vemos cada mañana en el vestidor. También creo que es conveniente decir que temía escribir sobre esto por temor a que sonara ligeramente homoerótico, particularmente después de mi entrada anterior, pero la amistad, es verdad, me lo repite una amiga a menudo, es una gran cosa. Yo no diría que es un tipo de relación mejor que la de esa exquisita combinación entre ágape y eros, pero sí diría que es una esfera distinta, que es una buena esfera y que es agradable.
Un fragmento de una conversación entre David y yo.
Yo: Mira, ya no usas gel.
David: Desde hace varios años.
Yo: Ah. Sí. Es verdad.
David: Daña la capa de ozono.
Yo: Y deja grumos blancos.
David: Creo que la ironía también daña la capa de ozono.
Yo:...

Convergencias.

En la última convergencia de Weschler, que aparece hoy en www.mcweeneys.net, están las dos imágenes de unos recientes números de Time y de The New Yorker que--Dios, vean las imágenes y ya. También pueden ver algo sobre esto en www.infogratis.blogspot.com




Wednesday, March 01, 2006

Los lectores

Hay lectores de niveles de radiación. Hay lectores de la velocidad a la que manejamos (les llaman velocímetros). Hay lectores de niveles de presión (barómetros). Hay lectores de literatura. Hay buenos lectores, hay malos, imprecisos, estúpidos lectores. Hay lectores que se sientan con el libro en las manos y no se deciden a comenzar, se paran un momento, regresan al asiento, se les antoja un refresco, abren el libro, lo cierran y corren por el refresco y regresan al libro y olvidan la página en la que iban. Hay lectores que abusan de la lectura, que leen a la luz de una vela, que leen entre semáforos, que leen mientras caminan e incluso, se rumora, que leen bajo la regadera y estropean sus libros. Hay lectores de literatura seria, de obras maestras, de obras menores de grandes maestros, y lectores que odian, detestan la vida y encuentran en sus libros una manera de sobrellevarla. Hay que lectores que sospechan que eso que están leyendo podrían haberlo escrito mejor. Hay lectores que jamás se atreverían a levantar una pluma o a aventar una piedra. Hay lectores que se sienten menos por no escribrir, y con razón, porque vamos, leer es para maricas y escribir es para machos. No. Perdón. Era broma. Sigue leyendo. ¿Lo ves? Broma. Jaja. Broma. Hay lectores que se toman las cosas muy a pecho, lectores que quieren conocer la historia detrás de la historia. Lectores bobos. Lectores muy inteligentes que le atribuyen a sus escritores favoritos cualidades que ellos mismos no poseen, cualidades que anhelan y que en última instancia son imposibles de llenar porque, vamos, sólo somos unas pequeñas, diminutas personalidades.

Tuesday, February 28, 2006

U.P.

La Universidad de los Payasos aceptaba estudiantes de todo el mundo y todo el que entrara, después de un riguroso proceso de selección, se sentía muy orgulloso de ser parte de esta buena y agradable institución. Podríamos usar aquí la expresión "los estudiantes de la Universidad de los Payasos se ponían, pues, la camiseta", pero en realidad no se ponían la camiseta sino los grandes zapatos de payaso, las largas o chatas narices rojas, el maquillaje, los pantalones bombachos y de cuadros y, de vez en cuando, algunos tirantes.
Se trataba de un grupo de buenos payasos. Algunos más talentosos que otros, pero en general eran buenos payasos. Con esto no queremos decir que fueran especialmente graciosos o diestros en el arte del malabarismo. Pocos eran guapos. Y los que lo eran, pronto abandonaban sus estudios de comedia para dedicarse al trapecismo. Oh, qué bellos trapecistas, se veían tan atractivos en sus mayones con lentejuales. Los payasos, por su parte, eran bondadosos. Les encataba esta cualidad suya, se regodeaban en su superioridad moral. Buenos, agradables, fieles payasos. Ahora, para comprender un poco mejor sobre su carácter: De entre las anécdotas favoritas de estos payasos, se encontraba aquella que tanto le gustaba contar a Kierkegaard. Una aldea arde. Todo mundo está ocupado en apagar el fuego. Así que mandan al único inútil del pueblo que no puede hacer nada realmente contra este fuego para que pida ayuda en la aldea vecina. El payaso, orgulloso y decidido a llevar a cabo esta misión, corre al pueblo vecino, grita por ayuda, les implora que lleven sus cubetas de agua, sus bomberos, ¡ayuda!, pero oh desgracia, todos creen que se trata de una broma. Que se trata, en fin, de un payaso que grita. El fuego no se detiene. Al contrario, se propaga.
Ambas aldeas se reducen a cenizas.

Sunday, February 26, 2006

Ningún hombre es una isla.

Es un poco complicado, trataré de aclararlo. En ocasiones, las personas me contactan. Personas distintas a ti querido lector, personas que no me conocen. No sé de dónde vienen estas personas, pero también sé que no debería sorprenderme y que debería ser mejor, ser amable, un buen tipo.
En este fin de semana me contactaron al menos dos personas de este tipo. Una de estas bellas almas lo hizo a través del correo electrónico. Había leído, me informó, el único texto que me han publicado las agradables personas de La tempestad. Y me dio la dirección de su bitácora electrónica. Y vi que ahí había una fotografía de una parte de mi texto, donde yo tuve la no muy sensata idea de transcribir una parte de una canción de los Flaming Lips. El segundo nombre de esta persona es Mariella. Así que esa es una.
La otra persona fue un chico que dejó un comentario a una de estas actualizaciones y que usa el nombre de Aristóteles como identificación. Entiendo que lee con regularidad la bitácora de un amigo que se llama Alejandro y que le pareció sensacional un comentario de Adriana, una amiga de carne y hueso. Así que esa es otra.
¿Qué más? Sí. Sobre lo de Marat y Jack Nicholson. Bueno, este es un tema aparte pero quiero aclararlo. No, no vi esto en la bitácora electrónica de Enrique G. de la G. Ni siquiera sabía que Enrique G. de la G. tenía una bitácora. Hay muchas cosas que ignoro de Enrique, como su talla de zapato, que seguro es enorme. Es más, me atrevería a decir que Enrique es un misterio. También me atrevería a decir que Enrique, de lo poco que lo conozco, me cae bien, si estuviera con ganas de atreverme a decir cosas. Pero: al menos ahora sé que mi idea de enlazar las imágenes es doblemente corriente. Lo cual supongo se lo debo agradecer a Mariana Martínez, quien también tiene una bitácora y quien seguro también debe recibir comentarios de personas a quienes no conoce.
Yo no sé. Supongo que quiero decir algo con todo esto. En todo caso, debo pensarlo un poco más. Pero es una noche tan, pero tan agradable que me dan ganas de seguir escuchando a los Clap your hands and say yeah! (¡Gracias bombón!) y pensar en si es correcto o no llamar a mi novia bombón ante tantos anónimos testigos. Así que dejémoslo así.

Thursday, February 23, 2006

Nuevas pruebas de la existencia del mal.

1. Se enferma Mariana y la pasa mal. 2. Te duele el cuello desde hace una semana. 3. Refu, tu juguetona perra, te mancha el saco minutos antes de salir, ya retrasado, hacia la preparatoria donde das clases. 4. Le pegas a Refu y te ve con ojos de tristeza. 5. Te roban el espejo del auto. 6.6.6. Te violan en el Ajusco.

Mirada pícara y benévola

Ambos saben. Pero no nos adelantemos, guardemos las energías. Detengámonos, por lo mientras, en el mundo de abetos, cipreses, pájaros y pequeños perritos que rodean a los amantes recostados en el jardín. No gastemos las energías en la descripción de los besuqueos ni en considerar si esto es un plagio de Walser, sólo digamos que están ahí, los besuqueos, y que son bastantes y que la mirada de los amantes es tan benévola como pícara. Ella entonces dice: "Gordo". Y él dice: "¿Gordo?". Y ella, con insistente travesura, afirma, abriendo mucho los ojos: "Sí, ¡gordo!". Y ambos ríen. Entonces él dice: "Puchunguis". Y ella dice: "¿Puchunguis?". Y él dice: "¡Sí! ¡Puchunguis puchunguita!". Entonces ella, bastante segura de sí misma y ligeramente desesperada, dice: "¡Pero eso ni siquiera es una palabra!". Así que él piensa, pero no dice, "No, pero en todo caso es mejor que hija de tu puta madre".

Wednesday, February 22, 2006

Ama y haz lo que quieras.

Cada vez se me dificulta más escribir, es un peso con el que debo luchar. Es casi como si este jodido espacio me exigiera un estado de ánimo muy distinto al que he tenido en los pasados meses, un estado de ánimo peor y somnoliento, muy alejado a la idea de buena vida y felicidad con la que ahora me dirijo. Estos textos (y los detesto por esto) me pide a gritos alguans lágrimas. No. Es broma. Perdón. No los odio, vuelvan. Sé que no es eso lo que me piden, sé que sólo quieren cierto distanciamiento y lejanía, más silencio y menos risas, más juicios certeros y ojetes que se expresan en mi callada mente. Sólo es eso. Lo sé. También sé muy bien que al principio me había prometido no subir imágenes al blog. Sé que estoy transgrediendo algo con estas imágenes (pero son bellas, algunas de ellas, y curiosas, deberían reconocer esto). Frunzo el ceño mientras escribo esto.
Confesión: en más de una ocasión he fantaseado con la posibilidad de matar este blog. "Delete all posts", click here. Está ahí como una píldora de cianuro para un agente de la CIA capturado en los ochentas en Beirut. Está ahí como un abanico en un cuarto pestilente. Como un órgano abierto pidiendo ser llenado. Pero he decidido no llenar este órgano, he decidido no abanicar la peste y ser torturado. Me vale madres, que salga toda la mierda de dentro (¡Ah! ¡Ahí estás, perra!). Porque, jodida madre, por un lado estoy falseando mi diario personal, el íntimo, el que no muestro, y por otro este también comienza a joderse a sí mismo. Sin embargo, no seré descarnado. No tiene sentido pensar que los caballos ya no correrán por pastizales verdes. No tiene sentido pensar en cómo estos caballos serán masacrados y cortados en pedacitos para fabricar pegamento. Rezaré para que llueva. Aunque llueva una sangre roja, ardiente y envenenada.

Tuesday, February 21, 2006

Me duele

La cabeza.

El original.


Fue curioso. Esas cosas pasan. Etienne estaba hojeando la Historia del arte de Gombrich cuando se topó con la imagen de arriba, Marat asesinado. Tiempo después, le comenté a una amiga sobre esto, sobre cómo se parecía tanto a la escena de Mr. Schmidt. Entonces, emocionado, busqué las imágenes en Internet para hacer una especie de ensayo tipo Lawrence Wreschler. El único lugar donde pude toparme con la imagen del personaje de Nicholson emulando la pose de la pintura fue en otro blog que ya había hecho lo mismo.
Es triste.

Sunday, February 19, 2006

Fragmento de conversación con Héctor Zagal

Yo: Doctor, ¿qué tal su domingo?
Él: Fui al circo.
Una pausa.
Yo: ¿Y lo dejaron salir?
Él:...
Yo: ¿O fue a pedir trabajo?
Él: Más bien fui a pedir informes para un amigo que va a estar desempleado a partir de esta semana.
Yo:...

Dudosas noticias de mi cuerpo.

1. Tengo un nuevo lunar.
2. Tengo un dolor en el cuello que parece no se quitará nunca.

Fragmento de conversación con Rubén Bonet

Yo: Pero entonces, tú con tu vida, ¿crees que improvisas o tienes un plan? ¿O acaso--?
Él: Yo creo que tú deberías de dejar decir tantas pendejadas y ser más inteligente.
Una pausa.
Yo: Rubén, me has herido los sentimientos. Ahora iré a la playa y me desgarraré las vestiduras y lloraré y--
Él: Jódete.

Friday, February 17, 2006

Julián Etienne y yo.

Julián Etienne y yo coincidimos en que la nueva presentación de los Rancheritos es horrible pero que siguen igual de buenos. Sin embargo, según el ahora los mismos rancheritos han sido modificados, no sólo la bolista, y vienen más grandes lo cual, aparentemente, dificulta la manera en que se comen. No estoy de acuerdo.

Más sobre mi condición socioeconómica

Anoche descubrí algo. Cuando hablo de la casa de campo, lo hago de maneras distintas dependiendo del público. Por ejemplo, si estoy contando la genial anécdota, aunque de difícil apreciación, sobre el origen de El Inquilino o del porqué se bautizó así (al menos, una de sus versiones), cuando menciono "la casa de campo", a veces, si estoy con amigos, digo, "en Valle", si estoy con personas a las que quiero impresionar por mi conciencia sobre mi clase digo "la casa que tienen mis padres en Valle de Bravo", como si esto me ayudara a distanciarme. Es curioso.