Breve siesta a la hora de la comida. Antes de regresar a la oficina leo algunas entradas en el diario de Pessoa. Ha faltado a clases pues hay un examen de geografía, tema del cual no tiene idea alguna. Detesta el trabajo impuesto. Lee constantemente en la biblioteca. Idea argumentos para su Metafísica. Lee Crítica de la razón pura. Lee partes de la Feria de las vanidades de Thackeray y libros de Julio Verne. Planea un poema en contra de la institución del matrimonio. Considera viajar a Londres, pero no antes de hacerse la circuncisión. Hacerlo sin ella, piensa Pessoa, no tendría sentido.
Monday, July 18, 2011
Tuesday, July 12, 2011
Martes
Anoche, camino a casa en bicicleta, después del trabajo, dos perros me persiguieron, uno en una cuadra, otro en otra. Ladraban y corrían. Cuando me detuve para ver qué le ocurría, en cada caso, el perro dejó de ladrar y correr. Leí, hoy por la mañana, antes de regresar a casa, algunas entradas en el diario de Pessoa. Dos de ellas, tras anotar lo que había hecho en el día, finalizaban con un "No hice nada de nada".
Friday, July 08, 2011
Viernes
Antes de salir al trabajo volví a leer un poco del diario de Pessoa. Anoche tuve sueños inquietantes. Anoche, antes de dormir, pensé en leer un poco pero me distraje con la computadora. Anoche, antes de llegar a casa después del trabajo, vi a los muchachos del taller de ensayo. Decir que vi a los muchachos del taller anoche podría dar la falsa impresión de que asisto al taller de ensayo con los muchachos desde hace tiempo, como si fuera una cosa usual. La realidad es que anoche fue nuestra primera sesión. Acordamos vernos en quince días para discutir un adelanto de algo que llevaré o, en su defecto, de algo que llevará alguien más. Por la mañana, después de leer a Pessoa, ya que me tomaba un yoghurt afuera del OXXO de la esquina, me pregunté si no sería feliz casándome con la muchachita que atiende en el OXXO, pero creo que no, que eso no me haría feliz.
Wednesday, July 06, 2011
Miércoles
Me despierto tarde pero con suficiente tiempo para llegar al trabajo a buena hora. En la regadera pienso en que soñé con ella pero en que no puedo recordar con exactitud lo que soñé y que no es lo suficientemente interesante como para escribir una historia a partir del sueño. También, me acaricio el pie, el tobillo, que sigue adolorido. Me visto -un pantalón de pana, el mismo que usé ayer, y una camisa limpia, morada, un suéter negro- y tiendo la cama. Por un momento considero usar los mismos tenis que ayer pero pienso que, por el tobillo, lo mejor sería usar algo con mayor soporte. Entre tanto, O. sale de su habitación y entra al baño: "O.", le digo, "estás aquí". "Aquí sigo, por ahora", me contesta. Antes de salir, alcanzo a leer una entrada del diario de Pessoa donde describe su día, su visita a una imprenta donde revisa las pruebas de un artículo que deben recortar para que pueda entrar en la publicación. A Pessoa, escribe, le parece bien. Salgo al trabajo, no sin abrir el refrigerador para descubrir que no hay comida apta para ser desayunada. Le recuerdo a O. que apague el boiler y bajo a la calle. Me encuentro con una vecina a quien no conocía, una señora que sale del más misterioso de los departamentos que se encuentran en el edificio donde vivo. Nos saludamos, se escurre dentro del departamento. En el OXXO compro un yoghurt para beber. Camino al trabajo, cerca de un centro deportivo, me compro un jugo de naranja que me tomo mientras espero a que se ponga el alto en la avenida. Más tarde, compro un café y lo coloco junto a la computadora, sobre el escritorio, frente al que ya me encuentro y donde continuaré hasta que dé la hora de la comida. Regresaré a casa, comeré, regresaré a la oficina y trabajaré hasta que den las siete, quizá un poco más tarde, dependiendo de los pendientes, como el que me ocupará apenas termine de escribir esto, revisar y editar el texto sobre la obra de Ignacio Uriarte que estaba trabajando anoche y que lidia, precisamente, con las pequeñas, rídiculas pero autónomas actividades del oficinista ineficiente.
Tuesday, July 05, 2011
Con disculpas a L.D.
Se encuentra indeciso de lo que le gusta de ella, si es cuando lo hace reír, si es cuando lo conmueve, si es cuando le habla de cosas serias o si es cuando no se comporta como una mujer infecta. Cuando se comporta como una mujer infecta y él la juzga, se preocupa de que su juicio alcance a dañar la imagen que tiene de la mujer que lo hace reír, de la mujer que lo hace reflexionar sobre el mundo y lo que considera cosas serias, la mujer que lo conmueve y en fin, las mujeres que son ella y de las cuales él quisiera ocuparse, y no así de esa otra mujer que a ratos se comporta como si fuera su enemigo, azotando puertas, truncando conversaciones, arrojando frases dolorosas. Pero son todas la misma mujer, de eso no puede tener dudas, pues su cariño descansa sobre esa certidumbre, y se encuentra indeciso sobre lo que significa su indecisión. Pero se recuerda, por otro lado, que la pureza de corazón nunca se encontrará en las certidumbres sino, siempre, en la duda.
Tuesday, June 28, 2011
El próximo domingo eterno

Termino de ver Menschen am Sonntag (Gente en domingo, de 1930), no en la edición de Criterion sino en la que viene, gratis, con la compra del número 79 The Believer (marzo-abril, 2011) y que tiene una duración de una hora y unos 15 o 14 minutos. El número incluye una introducción a cargo de Jessica Winter, quien no tarda en señalar el pedigrí del filme: Billy Wilder escribió el escueto guión (autor de Double Indemnity, Sunset Boulevard, Some Like it Hot, The Apartment...), fue dirigida tanto por Robert Siodmak (The Killers de 1946 y Criss Cross de 1949) como por Edgar G. Ulmer, de quien Winter destaca Detour, de 1945. El asistente de cinematografía, se nos indica, fue Fred Zinnemann, futuro director de High Noon (1952) y From Here to Eternity (1953).

El filme, de acuerdo a lo indicado al inicio del mismo, sigue a un grupo de actores no profesionales (se presenta como un "experimento" y no se tarda en señalar que los intérpretes, al final del filme, han regresado a sus trabajos normales, como lo hacen los 4 millones de berlineses del año de 1930 al término de cada domingo que esperan con ansia, y como lo seguimos haciendo nosotros, hombres modernos, tras dejar nuestros papeles domingueros). Los no-actores también se desempeñan como trabajadores que descansan de sus trabajos en la realidad del filme: Christl, una actriz que quiere ser extra en un filme; Wolfgang, o Wolf, un vividor (en los créditos de la edición de Criterion se dice que vende vinos, y que, como el resto del reparto, se interpreta a sí mismo); Briggite, dependienta de una tienda de discos y fonógrafos; Erwin, un taxista y Annie, una modelo, que se la pasa el domingo tirada en la cama, a diferencia del resto, que tienen una especie de cita doble en un lago cercano a la ciudad.

El filme, de acuerdo a lo indicado al inicio del mismo, sigue a un grupo de actores no profesionales (se presenta como un "experimento" y no se tarda en señalar que los intérpretes, al final del filme, han regresado a sus trabajos normales, como lo hacen los 4 millones de berlineses del año de 1930 al término de cada domingo que esperan con ansia, y como lo seguimos haciendo nosotros, hombres modernos, tras dejar nuestros papeles domingueros). Los no-actores también se desempeñan como trabajadores que descansan de sus trabajos en la realidad del filme: Christl, una actriz que quiere ser extra en un filme; Wolfgang, o Wolf, un vividor (en los créditos de la edición de Criterion se dice que vende vinos, y que, como el resto del reparto, se interpreta a sí mismo); Briggite, dependienta de una tienda de discos y fonógrafos; Erwin, un taxista y Annie, una modelo, que se la pasa el domingo tirada en la cama, a diferencia del resto, que tienen una especie de cita doble en un lago cercano a la ciudad.
Los mejores momentos del filme se encuentran, a mi gusto, precisamente en las estampas de la ciudad real, alejados de la historia, a ratos chusca, a ratos definitivamente aburrida, que le da coherencia al grupo de imágenes: automóviles, trenes urbanos, niños riendo, señoras riendo, hombres riendo, hombres chapoteando en el agua, niños chapoteando en el agua, mujeres chapoteando en el agua, etcétera.
Winter recuerda que, por su momento histórico, de entreguerras, el filme evoca un vago anhelo, una especie de nostalgia anticipada: "...a Berlín se le está acabando la luz del día". Brigitte, hacia el final del filme, le pregunta a Wolf (quien ya ha acordado verse con su amigo Erwin para un partido de fútbol el próximo domingo) si se verán el próximo domingo, con, escribe Winter, unos "ojos hambrientos de una esperanzada anticipación y la despreocupada y joven creencia de que existe un futuro".
Esto que sigue es de "Domingo", una entrada en Las reglas del juego (1948-1955) de Leiris. Es un poco largo pero creo que vale la pena:
"Por mi parte, debo poner mucho cuidado en esto, porque tengo demasiada tendencia a instalarme en la desesperación, a decidir que ahí me quedo y luego no moverme ya; también demasiada inclinación -después de haber sido atraído, en primer lugar, por todo lo 'moderno' [...], todo eso me atraía porque me parecía situarse en el punto extremo de la época y que había para mí, tan rebelde ante la idea de que algún día ya no sería joven, una especie de necesidad de acercarme a las últimas creaciones de la época-, demasiada inclinación a huir románticamente hacia la edad de oro que representan algunas formas de vida pasadas, que pueden ser la infancia (la de antes de la edad llamada 'de razón') o el estado de inocencia que se atribuye (sin haberse metido demasiado en ello) a los primitivos aún no corrompidos por nuestra civilización, incluso a todos los que no participan en nuestro frenesí mecanicista. Si pudiera soportar el vacío y la inacción de un domingo perpetuo, quizás me conformaría con eso. Pero la inmovilidad (incluso la de la felicidad) ya no significa para mí más que monotonía, transcurrir de un tiempo uniforme sin accidentes que obstaculicen mi mirada [...] sin nada de pintorequismo, si no para cegarme al menos para atraer mi mirada e impedir que se dirija directamente a la muerte inevitable que me espera al final de la calle.
[...]
Hoy, finalizada la guerra en nuestro continente y terminada la ocupación, ya no hay nada frente a mí, ni muralla de fuego que atravesar ni puerta opaca que derribar, nada que se levante en mi camino y le impida ir directamente hacia el foso; de suerte que, quizás, jamás me he sentido tan desamparado".
Leiris, tengo algo que decirte: no te equivoques.
Winter recuerda que, por su momento histórico, de entreguerras, el filme evoca un vago anhelo, una especie de nostalgia anticipada: "...a Berlín se le está acabando la luz del día". Brigitte, hacia el final del filme, le pregunta a Wolf (quien ya ha acordado verse con su amigo Erwin para un partido de fútbol el próximo domingo) si se verán el próximo domingo, con, escribe Winter, unos "ojos hambrientos de una esperanzada anticipación y la despreocupada y joven creencia de que existe un futuro".
Esto que sigue es de "Domingo", una entrada en Las reglas del juego (1948-1955) de Leiris. Es un poco largo pero creo que vale la pena:
"Por mi parte, debo poner mucho cuidado en esto, porque tengo demasiada tendencia a instalarme en la desesperación, a decidir que ahí me quedo y luego no moverme ya; también demasiada inclinación -después de haber sido atraído, en primer lugar, por todo lo 'moderno' [...], todo eso me atraía porque me parecía situarse en el punto extremo de la época y que había para mí, tan rebelde ante la idea de que algún día ya no sería joven, una especie de necesidad de acercarme a las últimas creaciones de la época-, demasiada inclinación a huir románticamente hacia la edad de oro que representan algunas formas de vida pasadas, que pueden ser la infancia (la de antes de la edad llamada 'de razón') o el estado de inocencia que se atribuye (sin haberse metido demasiado en ello) a los primitivos aún no corrompidos por nuestra civilización, incluso a todos los que no participan en nuestro frenesí mecanicista. Si pudiera soportar el vacío y la inacción de un domingo perpetuo, quizás me conformaría con eso. Pero la inmovilidad (incluso la de la felicidad) ya no significa para mí más que monotonía, transcurrir de un tiempo uniforme sin accidentes que obstaculicen mi mirada [...] sin nada de pintorequismo, si no para cegarme al menos para atraer mi mirada e impedir que se dirija directamente a la muerte inevitable que me espera al final de la calle.
[...]
Hoy, finalizada la guerra en nuestro continente y terminada la ocupación, ya no hay nada frente a mí, ni muralla de fuego que atravesar ni puerta opaca que derribar, nada que se levante en mi camino y le impida ir directamente hacia el foso; de suerte que, quizás, jamás me he sentido tan desamparado".
Leiris, tengo algo que decirte: no te equivoques.
Monday, June 20, 2011
Gazapo
Al salir de la oficina fui rápidamente a casa, dejé mi bicicleta, unos libros, y pasé a la oficina de una amiga quien tenía junta editorial. Afuera de sus oficinas, mientras esperaba a que me abrieran, me encontré con un conocido quien, resultó, trabajaba en la misma publicación que mi amiga como corrector de estilo, un trabajo más o menos similar al que realizo en la revista donde trabajo. Entramos juntos al edificio. Nos habíamos conocido unos años antes pues coincidimos brevemente en la Escuela Dinámica de Escritores. Desde entonces nos hemos topado aquí y allá, accidentalmente. Cada que nos vemos nos recodarmos nuestros nombres. Como la junta se prolongó, estuvimos platicando un buen rato sobre erratas, sobre la diferencia entre publicaciones semanales y bimestrales, sobre algunas erratas famosas (en El Quijote) y casos que, consideró, son imperdonables, como las erratas en titulares o apoyos editoriales. El tema no daba para mucho así que después de un rato se despidió y retiró. Yo saqué El silencio de los libros de George Steiner (lo llevaba en el bolsillo) y empecé a leer. Ahora que pienso en todo esto, me viene a la cabeza la frase ingeniosa de un conocido, "He visto las mejores erratas de mi generación". También me acuerdo de ese otro título de Steiner, Errata: el examen de una vida, su autobiografía, y de esto.
Me gustaría ser más simpático.
Tener un mejor humor.
Me gustaría ser más simpático.
Tener un mejor humor.
Monday, June 13, 2011
Hay razones por las cuales no converso
Me pregunta Óscar si me he fijado que los alienígenas de antes son buenos pero que ahora siempre llegan a destruirnos. ¿Cómo? Sí, me explica, en las películas, los aliens, cuando llegan en el pasado, siempre es para enseñarnos o darnos tecnología pero cuando aparecen en el presente siempre es para invadirnos. Más o menos en este punto (estábamos en el departamento, yo comía, él entraba recién e inició esta conversación) me di cuenta de que estaba hablando exclusivamente del modo en que se representa a los extraterrestres en ciertas películas de ciencia ficción, y no de los extraterrestres "en la vida real". Por alguna razón todo esto me llevó a decirle: "Pero no siempre". "Ay sí, a ver dime en qué película". "Pues, en Stargate (Roland Emmerich, 1994)...". "Ay, claro que no". "Pues sí porque allí las pirámides... ¿realmente quieres que te explique?" "No", me dijo. "Qué vergüenza", le dije, él reía, "cómo caigo en tus trampas".
Wednesday, June 08, 2011
Plataforma México, número de junio

Aquí la portada del número de junio de Plataforma México. Acciones para una ciudad mejor, una publicación mensual de Periscopio Media S.A. de C.V. (que hace, entre otras cosas, La Tempestad), editada por Lorena Villa Parkman (la versión de Monterrey la hace Karina Estrada). Ya comienza a circular, gratuitamente, en distintos puntos de la ciudad. En portada, miembros de la Galería del Comercio. Desde hace un par de números, en el espacio "La Convivencia" publico una columna de, digamos, interés urbano.
La más reciente se titula Fui al cine (trata sobre cómo fue que fui al cine, el otro día) y la pueden leer a continuación:Fui al cine...
Es temprano por la mañana y estoy formado en el estacionamiento del Centro Comercial Santa Fe bajo un sol de justicia que ilumina nuestras diminutas vidas y evapora líquidos insalubres. Lo apestoso no merma la alegría de las familias que esperan y que están a punto de desayunar hot dogs, palomitas y refrescos frente a una pantalla para ver la cuarta película en una serie que se ha distinguido por ofrecer lo mismo en cada entrega. Confieso: vine al estreno de Piratas del Caribe: En mareas misteriosas.
En unos minutos una mujer, ya dentro de una de las salas llenadas a tope, nos informará a través de un altavoz que México se adelanta un par de semanas al estreno mundial de esta nueva entrega en la franquicia. Creo que miente. Quizá sólo lo dice para provocar una oleada de gritos y aplausos. Pero antes de que eso suceda, de vuelta en el estacionamiento, una edecán guapa pero malacaruda me explica que todos tienen que usar el paliacate rojo que está repartiendo pues debemos tomarnos una fotografía con las personas que, unos metros más adelante, están disfrazadas como piratas. Tomo el paliacate pero no me lo pongo. La edecán me mira con odio y comprendo que la dimensión de mi rebeldía es ridícula. Esto no está bien: no puedo seguir así, si estoy preparando una reseña de la película (pues vine para verla y reseñarla), debería evitar los grandes prejuicios. Se supone que vine a pasar un buen rato. Pero cuando, más tarde, otro edecán, masculino y musculoso, me dice que aunque lo vea así, aunque esté enojado, insistirá en que debo usar el paliacate rojo sobre mi cabeza, decido que es imposible. La película que voy a ver va a ser un pedazo de mierda. ¿Por qué? Por culpa de los edecanes. Por culpa de todos. Por culpa del petróleo y el capitalismo y la violencia y la vida diminuta a la cual voluntariamente nos hemos sometido.
Cuando, ya en la sala, la mujer del altavoz se calla (¡no sin recordarnos que debemos decirle no a la piratería!) le cede el aparato a un hombre que lleva un paliacate azul quien, nos informa, representa a la marca Swarovksi (“vengo representando a Swarovksi”, dice). Celebrando el lanzamiento de la película, nos explica, se ha colocado, debajo de los asientos, un regalo –y entonces, con voracidad, el público comienza a buscarlo. Cunde el caos. La búsqueda no ha cesado cuando la mujer del altavoz y el hombre del paliacate huyen de la sala (“Quizá debí aclarar que sólo había un regalo”, le escucho decir al hombre). Se apagan las luces. Los niños que seguían buscando el regalo gritan. Ha iniciado la película. Pero algo sucede. Se ve mal. Y está doblada al español. La gente grita: “¡Cámbienle a inglés!”. La gente grita: “¡Se ve mal!” Grita mucho, esta gente. La sospecha recorre la sala: la película está en formato 3D. Nadie tiene los lentes necesarios para verla. Después de un rato se encienden las luces. La gente grita: “¡Trátenos como nos merecemos!” La sospecha de que nos tratan justo como nos merecemos cruza por mi mente. Entonces, un hombre entra a la sala. Es el gerente del cine. Nos explica que a él nadie le avisó pero que la película está en 3D y que nos repartirán lentes (gritos de la audiencia) y que esta dinámica tomará unos minutos más. Antes de retirarse, grita: “¡En breve continuará la magia del cine!”.
La magia del cine inicia unos quince minutos más tarde, el público entra en una especie de coma y entonces viene esta historia sobre un grupo de piratas en búsqueda de la fuente de la juventud… Y en fin, no vean esta película.
Sunday, June 05, 2011
...
Leo a Walter Benjamin. Esto de sus "Notas y textos hasta 1930", recopilado en Sueños:
El hombre no actúa "en vista" de aquello que viene, como si fuese algo que pudiera alcanzarlo, sino, antes bien, "con vista" a lo lejano, a lo cual se amolda. Y por eso consultar los astros -incluso entendido alegóricamente- tiene un fundamento más profundo que cavilar sobre lo inmediato. Pues lo lejano que determina la vida del hombre es la naturaleza como tal, y lo hace tanto más acabadamente cuando aquél es más puro. Podrá la naturaleza intimidar con su más leve seña al que es neurótico, guiar a los demoníacos con los astros, pero ella determina con sus armonías más profundas -y sólo con éstas- sólo a los piadosos.
***
Soñé que temblaba en la ciudad. Le marcaba por teléfono. El teléfono sonaba ocupado.
El hombre no actúa "en vista" de aquello que viene, como si fuese algo que pudiera alcanzarlo, sino, antes bien, "con vista" a lo lejano, a lo cual se amolda. Y por eso consultar los astros -incluso entendido alegóricamente- tiene un fundamento más profundo que cavilar sobre lo inmediato. Pues lo lejano que determina la vida del hombre es la naturaleza como tal, y lo hace tanto más acabadamente cuando aquél es más puro. Podrá la naturaleza intimidar con su más leve seña al que es neurótico, guiar a los demoníacos con los astros, pero ella determina con sus armonías más profundas -y sólo con éstas- sólo a los piadosos.
***
Soñé que temblaba en la ciudad. Le marcaba por teléfono. El teléfono sonaba ocupado.
Monday, May 30, 2011
La Tempestad 78: México, la mirada de los artistas
Ah, número de aniversario. Trece años. Vaya, vaya. Veamos. En Literatura: Como parte de nuestro tema de portada, Sergio González Rodríguez analiza el presente de la narrativa mexicana y su relación con las problemáticas actuales del país. Un cuento inédito en español de Donald Barthelme, "La Cama", puede leerse en la página 130, dentro del "Cuaderno para invenciones", además de poemas de Edgardo Dobry. En Cine: ¿De qué modo confrontan la realidad nuestros cineastas contemporáneos? Carlos Bonfil revisa cintas de directores jóvenes en el dossier "México". "Actualidad del arte" incluye una entrevista con Serguéi Loznitsa, así como reseñas críticas de películas de Cristi Puiu, Mohamed Al-Daradji y Pablo Larraín. Música: El siglo XXI es "El siglo de las compositoras", como hemos titulado otro de nuestros dossiers, donde se aborda la obra de Unsuk Chin, Olga Neuwirth, Kaija Saariaho, Rebecca Saunders y Helena Tulve. En "Estudio" visitamos el espacio de trabajo de Julio Estrada, con quien conversamos acerca de su proceso creativo. Arquitectura y diseño: El Museo Soumaya de Fernando Romero, recientemente inaugurado, es abordado por Nicolás Cabral en "Formas útiles". Por su parte, Alejandro Hernández Gálvez ofrece una reflexion sobre las relaciones entre la arquitectura mexicana reciente y las ciudades del país (p. 118). Artes visuales: Daniel Garza Usabiaga explora, como parte del dossier "México", obras visuales sobresalientes por el modo en que plantean los problemas más apremiantes del país. En "Cuaderno para invenciones", Javier Rivero entrevista a María Lind, influyente curadora que presentó en el Museo Tamayo la exposición Abstracción posible. Artes escénicas: "Violencia y representación", de Rodolfo Obregón, abre nuestro tema de portada con una perspectiva crítica sobre el teatro mexicano contemporáneo. "Actualidad del arte" presenta reseñas de obras de Dave St. Pierre, Heiner Goebbels, Noé Morales y Javier Daulte.Sunday, May 29, 2011
Tonto National Monument
Qué tonto.
Qué tonto fui.
Si lo fui, ¿lo soy?
Qué tonto soy.
Aunque quizá no es una cuestión de tener o no tener razón.
Qué tonto soy al creer que la razón tiene algo que ver con esto.
Es decir: ¿tiene que ver mi capacidad intelectual en el ser tonto?
Define tonto.
¿Tiene sentido pedirle a un tonto que defina algo?
Define tonto.
Tiene sentido: se es tonto, ocasionalmente. Se puede ser tonto, frecuentemente. Pero no se puede ser tonto todo el tiempo y reconocerse tonto.
Pues es claro que fui tonto.
Pero define tonto.
Tonto es quien para definir tonto necesita un diccionario.
Tonto es quien necesita un diccionario pero no lo tiene a mano.
Tonto es quien quiere definir lo que significa ser tonto y espera a que cargue la página de la RAE antes de definirlo.
Tonto es quien no sabe qué hacer en el aquí y en el ahora.
Tonto es quien siente lástima por sí mismo.
Así pues: quizá no es que sea un tonto.
Quizá soy un pendejo.
Define pendejo.
Pendejo es quien al esperar a que abra la página de la RAE abre la página de la Wikipedia como quien abre una página de horóscopos.
Pendejo es quien en lugar de buscar la definición de pendejo, cuando es lo que necesita, pues lo necesita, pues todo pendejo necesita algo, lee un modo de explicarle a un pendejo lo que es un tonto: "Eres medio tonto con las mujeres" podría aplicarse a un hombre inteligente, pero que por timidez comete errores con las mujeres. Lee también, en la Wikipedia: Así mismo "eres un completo tonto" se usaría para señalar a quien toma siempre la opciones o decisiones incorrectas. Lee también: "Poco tonto" se usa para quien por medio de tonterías se sale con la suya.
Quizá soy un poco tonto.
Pero definitivamente soy un pendejo.
Y ante todo esto, ¿qué?
¿Qué de qué, pendejo?
Qué tonto fui.
Si lo fui, ¿lo soy?
Qué tonto soy.
Aunque quizá no es una cuestión de tener o no tener razón.
Qué tonto soy al creer que la razón tiene algo que ver con esto.
Es decir: ¿tiene que ver mi capacidad intelectual en el ser tonto?
Define tonto.
¿Tiene sentido pedirle a un tonto que defina algo?
Define tonto.
Tiene sentido: se es tonto, ocasionalmente. Se puede ser tonto, frecuentemente. Pero no se puede ser tonto todo el tiempo y reconocerse tonto.
Pues es claro que fui tonto.
Pero define tonto.
Tonto es quien para definir tonto necesita un diccionario.
Tonto es quien necesita un diccionario pero no lo tiene a mano.
Tonto es quien quiere definir lo que significa ser tonto y espera a que cargue la página de la RAE antes de definirlo.
Tonto es quien no sabe qué hacer en el aquí y en el ahora.
Tonto es quien siente lástima por sí mismo.
Así pues: quizá no es que sea un tonto.
Quizá soy un pendejo.
Define pendejo.
Pendejo es quien al esperar a que abra la página de la RAE abre la página de la Wikipedia como quien abre una página de horóscopos.
Pendejo es quien en lugar de buscar la definición de pendejo, cuando es lo que necesita, pues lo necesita, pues todo pendejo necesita algo, lee un modo de explicarle a un pendejo lo que es un tonto: "Eres medio tonto con las mujeres" podría aplicarse a un hombre inteligente, pero que por timidez comete errores con las mujeres. Lee también, en la Wikipedia: Así mismo "eres un completo tonto" se usaría para señalar a quien toma siempre la opciones o decisiones incorrectas. Lee también: "Poco tonto" se usa para quien por medio de tonterías se sale con la suya.
Quizá soy un poco tonto.
Pero definitivamente soy un pendejo.
Y ante todo esto, ¿qué?
¿Qué de qué, pendejo?
Friday, May 27, 2011
Puentes colgantes
Dormí con la ventana abierta, soñé que emprendía una carrera de obstáculos. La pista, una serie de puentes colgantes y redes, estaba construida en el interior de una casa, en una gran sala. Había candelabros y alfombrados, como si fuera un salón de conferencias en un hotel que intentaba pasar por lujoso. Competía contra una persona disfrazada como un hombre de la realeza quien, al inicio de la competencia, caía en una de las trampas de la pista. Al caer sobre el alfombrado su cuerpo se rompía como si estuviera hecho de barro pero, de inmediato, los fragmentos se evaporaban, dejando atrás pequeñas nubecillas de polvo marrón. Los tablones de los puentes colgantes se abrían apenas uno los pisaba. Comprendí, entonces, que para hacer el recorrido debía avanzar agarrado de las cuerdas que los suspendían, como si fuera una changuera. Desperté mientras avanzaba.
Wednesday, May 25, 2011
En la librería
A punto de dar las 6.00 a.m. Soñé que, como había faltado a la boda de una amiga de infancia, sus padres me pedían que los acompañara a cenar. Una serie de complicaciones me lo impedían, complicaciones familiares. Todo esto sucedía de noche y tiene su espejo en la realidad, relativamente; el fin de semana pasado no pude asistir a la boda de una amiga de infancia por cuestiones laborales. También soñé que era el último en salir de una oficina que a la vez era una casa humilde que se encontraba en provincia. Tengo una idea vaga de lo que esto significa. No es importante. También soñé, para variar, con una librería, creo que basada en el Péndulo que se encuentra en la colonia Condesa. Me encontraba allí con mi hermana, no la mayor, la otra (la noche anterior había soñado con la mayor), me ayudaba a encontrar una edición del único volumen de las aventuras de Tintín que, en la realidad de mi sueño, yo no poseía. No lo encontrábamos. Al menos, no precisamente. Encontrábamos versiones en francés, lengua que yo no conozco. Luego encontrábamos engargolados con los diálogos traducidos del francés al inglés y al español pero los engargolados no traían imágenes, sólo eran fotocopias. "Quizá me convenga más comprar esto", le decía a mi hermana, mostrándole otro volumen que prometía reunir material inédito relacionado con Tintín, incluyendo imágenes de producción de distintas versiones fílmicas basadas en el cómic. Este volumen también mostraba la relación entre las aventuras de Indiana Jones (otro de mis héroes de infancia) y las de Tintín. En mi sueño, entre las explicaciones, se mostraba una serie de escenas que se llevaban a cabo en escenarios que ocurrían dentro de las aventuras de Tintín (desiertos, montañas nevadas, cañones; recuerdo especialmente la de un espejo enorme, curvo, que se encontraba incrustrado en la boca de una cueva, en el interior de un cañón; recuerdo también la representación de una serie de gorilas que esperaban, sus ojos rojos como la cereza de un cigarro, sentados a la orilla de un río de lava). No sé si lo que voy a decir a continuación también lo soñé o si, al contrario, lo pensé entre sueños, ya más del lado del mundo de la vigilia. Y es que se me hacía claro, pero no recuerdo dónde, insisto, que corría un río oscuro detrás de esta búsqueda, donde se hermanaba la producción de Hergé y la de Karl May, el autor, se dice, favorito de Hitler. Más sobre esto, acá.
En mi sueño tenía toda la intención de comprar el libro. "Pero está muy caro", me decía mi hermana. Eran, recuerdo, 300 pesos exactos. Recuerdo, también, que buscábamos el X'ed Out de Charles Burns y que no lo encontrábamos.
6:09 a.m. Me voy a correr.
En mi sueño tenía toda la intención de comprar el libro. "Pero está muy caro", me decía mi hermana. Eran, recuerdo, 300 pesos exactos. Recuerdo, también, que buscábamos el X'ed Out de Charles Burns y que no lo encontrábamos.
6:09 a.m. Me voy a correr.
Tuesday, May 24, 2011
Petra
Otro sueño recurrente, mi familia y yo (mis padres, mis hermanas) visitamos una casa en el bosque. Cerca de esta casa se encuentra una cantera en cuyo fondo hay un profundo estanque de agua. Alrededor de la cantera, un bosque. En la parte baja de la carretera -hay una carretera- que rodea la cantera, un pueblo. Algunas casas, sin embargo, se encuentran en las crestas de las colinas que también rodean la cantera. Podría dibujarlo, me cuesta trabajo describirlo. Una media luna de bosque, rodeando una cantera con un profundo estanque en su fondo. Algo así. En algunos sueños subo en bicicleta hasta el punto más alto de la cantera y me arrojo al agua, es una actividad que los habitantes del pueblo (un destino turístico de fin de semana, de descanso) realizan con cierta regularidad. Diversión. Peligro. En otros sueños visito las casas y los establecimientos -restaurantes, en su mayoría- del pueblo, formaciones en tierra caliza, cuevas a las que les pega el sol, como, imagino, sucede en Petra o algunas islas griegas. En el sueño de anoche camino con mi familia (mis padres, mi hermana mayor) por las faldas de la colina, por un camino de terracería que lleva al pueblo. Entonces, un deslave de lodo cubre a mi hermana mayor. Pienso, recuerdo, que ella sola podrá librarse del lodo -no parece una capa muy pesada, más bien líquida. Pero pasa el tiempo y no logra emerger. Qué curioso que use la palabra emerger, el término librarse. En mi sueño corro e intento sacarla. Mis padres están detrás de mí, tengo la impresión de que quieren ayudarla también. Llevo los guantes que utilizo para andar en bicicleta. Me angustio. Despierto antes de poder sacarla.
Monday, May 23, 2011
Anoche
Anoche soñé que me pedía hacer un trabajo que yo no quería hacer. Se sentaba directamente tras de mí en una posición en la que, de querer, podía ver la pantalla de mi computadora pero de tal forma que yo no pudiera ver si me estaba monitoreando o no. Soñé otras cosas también pero las he olvidado.
Wednesday, May 18, 2011
Fui al banco
Hace rato fui al banco para hacer un pago y mientras esperaba en la fila me fijé en un cartel que decía: "Por su seguridad, está prohibido el uso de gorras, lentes oscuros y celulares en las oficinas bancarias". Pensé que, por nuestra seguridad, quizá sería bueno también prohibir el uso de armas de fuego o máscaras o estas grandes bolsas de cuero que tienen pintado un signo de dólar, dentro de las oficinas bancarias. Y que los robos, que esos también los prohíban.
Monday, May 16, 2011
...
Bataille tiene unos 27 o 28 años cuando le escribe a su joven amigo Michel Leiris, entonces de 23 o 24, esta carta:
Querido amigo,
¿Se sigue aburriendo? Estoy demasiado solo para tomar en serio por mi parte esas historias de aburrimiento. Las influencias que uno sufre en París por amistad o por cualquier otra razón son imbéciles. Si me expreso diciéndole algo diferente de lo que tengo que decir, discúlpeme: o sea que esas historias siguen siendo tan enmarañadas como lo son. Tampoco creo que las simplificaciones extremas a las que llego por mí mismo signifiquen algo, pero no soy tan complicado que no sepa cómo alcanzo a desdeñar todas las perspectivas en las que uno termina creyendo en París. Por supuesto, no se trata ya de procedimientos confesables, pero si a fuerza de hipocresía uno no arriesga nada más que la convicción de haber llegado al colmo del ridículo en caso de fracaso, igualmente me gusta jugar y perder: estoy acostumbrado. Evidentemente, nada más consecuente que escribir por ejemplo esta página.
Muy amistosamente,
Georges Bataille.
Unos siete años más tarde Leiris le escribe a Bataille en una carta: "Cree en toda mi amistad -a pesar de las "muchas cosas" a las que me dices que has sido sensible- y puedes estar seguro de que no hay otro móvil para todas mis acciones que una lucha terrible contra el tedio".
Leiris no aprende.
Querido amigo,
¿Se sigue aburriendo? Estoy demasiado solo para tomar en serio por mi parte esas historias de aburrimiento. Las influencias que uno sufre en París por amistad o por cualquier otra razón son imbéciles. Si me expreso diciéndole algo diferente de lo que tengo que decir, discúlpeme: o sea que esas historias siguen siendo tan enmarañadas como lo son. Tampoco creo que las simplificaciones extremas a las que llego por mí mismo signifiquen algo, pero no soy tan complicado que no sepa cómo alcanzo a desdeñar todas las perspectivas en las que uno termina creyendo en París. Por supuesto, no se trata ya de procedimientos confesables, pero si a fuerza de hipocresía uno no arriesga nada más que la convicción de haber llegado al colmo del ridículo en caso de fracaso, igualmente me gusta jugar y perder: estoy acostumbrado. Evidentemente, nada más consecuente que escribir por ejemplo esta página.
Muy amistosamente,
Georges Bataille.
Unos siete años más tarde Leiris le escribe a Bataille en una carta: "Cree en toda mi amistad -a pesar de las "muchas cosas" a las que me dices que has sido sensible- y puedes estar seguro de que no hay otro móvil para todas mis acciones que una lucha terrible contra el tedio".
Leiris no aprende.
Sunday, May 15, 2011
Pues los sueños también participan de la historia
De un tiempo para acá sueña que conduce un automóvil a altas velocidades y sabe que debe dar vuelta en una calle, pues maneja en una gran ciudad, pero se pasa y entonces se da cuenta de que no puede parar el automóvil pero, me dice sorprendido, no choca. En otras ocasiones sólo sueña que está perdido en la ciudad. Imagino que se trata de una ciudad extranjera, desconocida, pero no se lo digo. A cambio le cuento mi sueño lúcido recurrente, que ocurre en una ciudad también, pero es una ciudad extranjera que, sin embargo, he visitado varias veces. En mis sueños, quiero decir, a lo largo del tiempo. No me siento perdido en la ciudad, le aclaro, pero en esa ciudad hay una librería y a veces la librería está cerrada o cuando está abierta y estoy buscando el libro que quiero, nunca lo encuentro. Termino tomando otros libros, me percato ahora. Y ese es mi sueño, le digo a mi padre, y mi padre sólo levanta las cejas.
Friday, May 13, 2011
Wednesday, May 11, 2011
Anoche
Leía en la cama, temprano, como a las 10:30. Me quedé dormido. Desperté a las 2.30. De nuevo a las 3.30. Siempre me ataca la decepción y el optimismo, cuando despierto a horas extrañas -ya que no puedo dormir, pienso, puedo hacer otras cosas, como leer. Pero no lo hago, me quedo dando vueltas sobre la cama, ensayando posiciones, pensando en el día y en las personas que quiero. No recuerdo a qué hora volví a conciliar el sueño, recuerdo que tuve sueños, pero no los sueños. Desperté unos cinco minutos antes de que dieran las 8.30.
Saturday, April 30, 2011
Los serenos fines de semana
Terminé de leer el libro de un amigo. Me tumbaré un rato a ver el punto de mi habitación donde el techo y el muro se unen. Pensaré en el futuro.
Tuesday, April 26, 2011
26. IV. 2011
Mi estómago manda, por segunda ocasión, señales claras de que es hora de levantarse, casi una hora antes de lo normal. En el baño leo en la nueva Vanity Fair que existe una aplicación, RunPee, que indica cuál es el mejor momento para correr al baño durante una película. "A esto hemos llegado", formula mi mente, aún despavilándose. Momentos más tarde, en la regadera, se me ocurre que es el estómago y no el cerebro nuestro auténtico corazón. En ese momento, recuerdo, la ocurrencia tiene sentido pero no más tarde, cuando salgo ya de la regadera y me preparo mentalmente para ir al trabajo. Prepararse mentalmente para el trabajo significa medir tiempos y enlistar pendientes urgentes pero me gustaría que significara también algo que tuviera que ver con una especie de meditación trascendental que me ayudara a concentrarme en el momento, en no luchar contra mis ocurrencias y dejar que, sencillamente, las cosas ocurran. Comienzo a recordar que la noche anterior, después de trabajar una reseña que me dejó insatisfecho, soñé con Jessica Alba y un complejo de alta seguridad que se encontraba en el corazón de una especie de selva tropical. Era de noche, llovía, en mi sueño. También, la noche anterior, Óscar me pasó el video del "éxito" más reciente de Galatzia, "Me enamoré de un Avatar", que, creo, lanzó durante semana santa. Galatzia se ha vuelto parte del ethos cotidiano de la revista donde trabajo, quizá por las demasiadas veces que hemos escuchado su "Tachas y perico". Otra parte del sueño que tuve involucraba a mi padre, un gran centro comercial y una librería que se encontraba allí. La primera vez que me levanté, hoy, aún estaba oscuro pero ya cantaban los pájaros. Pensé que sería buena idea salir a correr pero regresé a la cama. Óscar se acaba de levantar. Me voy al trabajo.
Sunday, April 17, 2011
Anécdota
Mi hermana marca un teléfono, hace años, pero es hasta ahora que me me cuenta, y el teléfono que quiere marcar es el del servicio de la cartelera de los cines sólo que lo marca mal y contesta una persona, es decir, una persona que no está relacionada con el servicio telefónico que ofrece el conglomerado de cines que buscaba mi hermana. La persona al otro lado del teléfono le dice que está equivocada y que es algo que pasa seguido, en lugar de marcarle al servicio de cartelera le marcan a él pero que no se preocupe y que qué película quiere ver pues tiene la cartelera a la mano -imagino que el periódico- y que él le puede decir dónde y a qué hora está la película que quiere ver. La anécdota no se detiene aquí, no para mí, pues me recuerda que lo mismo le sucedió a Kramer, cuyo nombre al revés deletrea remark, el personaje de Seinfeld, en un episodio que vi hace años. Kramer está tan encantado con que le llamen, aunque sea por equivocación, que atiende a las personas y les dice, cartelera en mano, dónde pueden ver la película que están buscando y en qué horario. Supongo que hay un grado de neurosis en esto, provocada por la ciudad, gente encerrada que agradece incluso cuando se les llama por equivocación, gente que recuerda haber visto o leído algo que ahora le relatan o que ve en lo que se llama "la vida real".
Friday, April 15, 2011
Una preocupación repentina
Ha repetido en distintas ocasiones, quizá con la intención de reafirmarse un principio al comparar las reacciones, una reflexión en torno a la distracción, la atención y lo que significa estar aburrido. La reflexión postula que la idea popular "sólo los tontos se aburren" -a la cual, en el fondo, le brinda cierto grado de verdad- es incorrecta. Pues, ofrece a sus escuchas, generalmente en las escuelas son a los pupilos destacados, los listos, a quienes cambian de salón, a quienes avanzan en el grado de matemáticas -esa disciplina de reglas inevitables y armoniosas- para evitar, precisamente, que se aburran y se tornen inquietos.
"Al contrario", afirma, "son los tontos los que no se aburren", y en su cabeza imagina polillas cegadas por luces, perros distraídos por sutiles sonidos triviales, cabezas huecas en las que resuenan los tintineos. No se le escapa el componente romántico. No se le escapa el juego de palabras. No olvida que la soberbia es un vicio. Y especialmente no pierde algo de vista: está, sobre todo, tratando de convencerse a sí mismo, contándose historias, permitiendo que la voz en su cabeza continúe dictando modos irresponsables de abstraerse de la realidad -pero, a la vez, ¿no es esta idea parte de la realidad? De serlo, ¿qué significa que haya quienes lo nieguen?
Significa que aún existen los idealistas, las buenas personas.
"Al contrario", afirma, "son los tontos los que no se aburren", y en su cabeza imagina polillas cegadas por luces, perros distraídos por sutiles sonidos triviales, cabezas huecas en las que resuenan los tintineos. No se le escapa el componente romántico. No se le escapa el juego de palabras. No olvida que la soberbia es un vicio. Y especialmente no pierde algo de vista: está, sobre todo, tratando de convencerse a sí mismo, contándose historias, permitiendo que la voz en su cabeza continúe dictando modos irresponsables de abstraerse de la realidad -pero, a la vez, ¿no es esta idea parte de la realidad? De serlo, ¿qué significa que haya quienes lo nieguen?
Significa que aún existen los idealistas, las buenas personas.
Wednesday, April 13, 2011
Paseo en bicicleta
Salgo de la oficina, tomo la bicicleta, pedaleo hasta casa dando rodeos, así que primero paso a un vivero, veo plantas, no paso mucho tiempo en el vivero, veo a la gente correr, mujeres con iPods unidos a sus cabezas a través de audífonos, dejo atrás personas, dejo atrás perros, dejo atrás puestos de naranjas, me dirijo a casa, sudo. Tráfico. Departamento. Saludo a Óscar. Leo. Descanso. Me despido de Óscar. De nuevo, la bicicleta, menos gente corriendo, más automóviles en la calle, mayor dificultad para distinguir irregularidades en las banquetas -raíces que levantan asfalto, cunetas- ha oscurecido. Un largo camellón, el lento ceder del pedal, la rodilla mala pasando a saludar, amarrar la bicicleta, encontrar a los amigos, cenar, convivir en la medida de lo posible (soy humano). Regresar a casa, el estómago lleno, endorfinas, me tardaré en dormir.
Thursday, April 07, 2011
R&R
Después de comer y asearnos nos llevaban de vuelta al edificio de la escuela, a la biblioteca, donde nos sentábamos en mesas -unos cuatro en cada una, de distintos grados y rangos- para poder trabajar en nuestras tareas. Era una hora, más o menos, el tiempo que pasábamos ahí, justo antes de deportes, vestidores, cena y las regaderas. Lo llamaban "reading and research" aunque algunos de los prefectos que nos veían caminando en filas hacia la biblioteca, en más de una ocasión nos dijeron algo con tono jocoso como "About to do some rest and relaxation, huh?", y es verdad que a menudo, en lugar de hacer tareas (había más tiempo por la noche, ya que nos regresaban a los dormitorios, después de las regaderas, justo antes del lights out y TAPS) dibujábamos o platicábamos entre nosotros -recuerdo especialmente la descripción gráfica de la fantasía que un amigo me confesó y que involucraba a una de las maestras que daban clase en la escuela, la menos fea. A veces, cuando recuerdo la academia, considero que esas fueron las horas más felices que tuve durante aquel año. Constantemente me lo recuerdo.
Tuesday, April 05, 2011
El niño muerto
Hay una cafetería frente al edificio donde vivo, hoy la visité por segunda ocasión. La primera vez pedí un café, era temprano por la mañana e iba a la oficina. Hoy entré para cenar algo. Cuando me senté a la mesa, con mi libro de historias de terror, me dijeron que cerraban a las 9. Eran las 8:30. Estaba a punto de sacar mi reloj cuando la mesera me dijo: "son las 8:30". Acto seguido prendió la lámpara que estaba detrás de mi mesa para que me alumbrara y pudiera leer. Leí un rato sobre una historia donde se hablaba de un ratón y en la que se describían sus patas como espinas. Cuando me trajeron lo que pedí dejé de leer. Estoy dejando fuera de esto muchos detalles, por alguna razón. Lo cual es curioso pues en el momento me parecían importantes. "Si escribo más tarde sobre esto", pensé, "hablaré sobre tal y tal".
No dejaré esto fuera, sin embargo: cuando estaba por terminar, entró a la cafetería Óscar, la persona con la que vivo, para pedirme un favor. Sabía que estaría ahí pues yo había pasado rápidamente por el departamento. Se fue, con prisa.
Mi libro en realidad no es de historias de terror.
Hace poco leía, en otro libro, una tesis sobre el desarrollo de la carrera cinematográfica de Spielberg en la que se sugería que su niño interior finalmente se había muerto aunque, ocasionalmente, era probable que el niño aún le susurraba algunas cosas al oído. Cuando lo leí pensé en algo con lo que Óscar y yo bromeábamos cuando nos mudamos al departamento donde ahora pasamos gran parte de nuestro tiempo. Al principio nos percatamos de que se escuchaban pasos de niño, en la azotea. "El niño muerto", decíamos. Nos daba risa.
Los días de la primera semana que dormí aquí desperté puntualmente a las 5:30.
No dejaré esto fuera, sin embargo: cuando estaba por terminar, entró a la cafetería Óscar, la persona con la que vivo, para pedirme un favor. Sabía que estaría ahí pues yo había pasado rápidamente por el departamento. Se fue, con prisa.
Mi libro en realidad no es de historias de terror.
Hace poco leía, en otro libro, una tesis sobre el desarrollo de la carrera cinematográfica de Spielberg en la que se sugería que su niño interior finalmente se había muerto aunque, ocasionalmente, era probable que el niño aún le susurraba algunas cosas al oído. Cuando lo leí pensé en algo con lo que Óscar y yo bromeábamos cuando nos mudamos al departamento donde ahora pasamos gran parte de nuestro tiempo. Al principio nos percatamos de que se escuchaban pasos de niño, en la azotea. "El niño muerto", decíamos. Nos daba risa.
Los días de la primera semana que dormí aquí desperté puntualmente a las 5:30.
Leyendo

Samuel Johnson is Indignant (2001) es el único libro de Lydia Davis que he leído a la fecha. También había leído algunos cuentos sueltos, como "Mr. Burdoff's Visit to Germany", creo que en una Granta, texto que, como los que componen Samuel Johnson... y otros volúmenes de cuentos (Break it Down de 1986, Almost No Memory de 1997 o Varieties of Disturbance de 2007) se incluyen en este libro. No así The Cows, que apareció este año (más sobre esto, acá, en el blog de Luis Panini, uno de los grandes entusiastas de Davis).
El libro me lo regaló, amablamente, Mauricio Salvador. Ahora que terminaba de comer leía "Break it Down", el cuento que le da título a Break it Down. Dos fragmentos:
There weren't any bad times with her, though maybe there was one bad time, when I told her I loved her. I couldn't help it, this was the first time this had happened with her, now I was half falling in love with her or maybe completely if she had let me but she couldn't or I couldn't completely because it was all going to be so short and other things too, and so I told her, and didn't know of any way to tell her first that she didn't have to feel this was a burden, the fact that I loved her, or that she didn't have to feel the same about me, or say the same back, that it was just that I had to tell her, that's all, because it was bursting inside me, and saying it would begin to take care of what I was feeling, really I couldn't say anything of what I was feeling because there was so much, words couldn't handle it, and making love only made it worse because then I wanted words badly but they were no good, no good at all, but I told her anyway, I was lying on top of her and her hands were up by her head and my hands were on hers and our fingers were locked and there was a little light on her face from the window but I couldn't really see her and I was afraid to say it but I had to say it because I wanted her to know, it was the last night, I had to tell her then or I'd never had another chance, I just said, Before you go to sleep, I have to tell you before you go to sleep that I love you, and immediately, right away after, she said, I love you too, and it sounded to me as if she didn't mean it, a little flat, but then it usually sounds a little flat when someone says, I love you too, because they're just saying it back even if they do mean it, and the problem is that I'll never know if she meant it, or maybe someday she'll tell me whether she meant it or not, but there's no way to know, and I'm sorry I did that, it was a trap I didn't mean to put her in, I can see it was a trap, because if she hadn't said anything at all I know that would have hurt too, as though she were taking something from me just accepting it and not giving anything back, so she really had to, even just to be kind to me, she had to say it, and I don't really know now if she meant it.
***
I guess you get to a point where you look at that pain as if it were there in front of you three feet away lying in a box, an open box, in a window somewhere. It's hard and cold, like a bar of metal. You just looke at it there and say, All right, I'll take it, I'll buy it. That's what it is. Because you know all about it before you even go into this thing. You know the pain is part of the whole thing. And it isn't that you can say afterwards the pleasure was greater than the pain and that's why you would do it again. That has nothing to do with it. You can't measure it, because the pain comes after and it lasts longer. So the question really is, Why doesn't the pain make you say, I won't do it again? When the pain is so bad that you have to say that, but you don't.
***
Quizá también interese esto y supongo que esto.
También me regalaron la primera temporada de Bored to Death (M); Trenes rigurosamente vigilados de Bohumil Hrabal (B) y un libro sobre Steven Spielberg, en la serie Maestros del Cine de Cahiers du Cinema (A., que ya leí), pues cumplí 29 años.
El libro me lo regaló, amablamente, Mauricio Salvador. Ahora que terminaba de comer leía "Break it Down", el cuento que le da título a Break it Down. Dos fragmentos:
There weren't any bad times with her, though maybe there was one bad time, when I told her I loved her. I couldn't help it, this was the first time this had happened with her, now I was half falling in love with her or maybe completely if she had let me but she couldn't or I couldn't completely because it was all going to be so short and other things too, and so I told her, and didn't know of any way to tell her first that she didn't have to feel this was a burden, the fact that I loved her, or that she didn't have to feel the same about me, or say the same back, that it was just that I had to tell her, that's all, because it was bursting inside me, and saying it would begin to take care of what I was feeling, really I couldn't say anything of what I was feeling because there was so much, words couldn't handle it, and making love only made it worse because then I wanted words badly but they were no good, no good at all, but I told her anyway, I was lying on top of her and her hands were up by her head and my hands were on hers and our fingers were locked and there was a little light on her face from the window but I couldn't really see her and I was afraid to say it but I had to say it because I wanted her to know, it was the last night, I had to tell her then or I'd never had another chance, I just said, Before you go to sleep, I have to tell you before you go to sleep that I love you, and immediately, right away after, she said, I love you too, and it sounded to me as if she didn't mean it, a little flat, but then it usually sounds a little flat when someone says, I love you too, because they're just saying it back even if they do mean it, and the problem is that I'll never know if she meant it, or maybe someday she'll tell me whether she meant it or not, but there's no way to know, and I'm sorry I did that, it was a trap I didn't mean to put her in, I can see it was a trap, because if she hadn't said anything at all I know that would have hurt too, as though she were taking something from me just accepting it and not giving anything back, so she really had to, even just to be kind to me, she had to say it, and I don't really know now if she meant it.
***
I guess you get to a point where you look at that pain as if it were there in front of you three feet away lying in a box, an open box, in a window somewhere. It's hard and cold, like a bar of metal. You just looke at it there and say, All right, I'll take it, I'll buy it. That's what it is. Because you know all about it before you even go into this thing. You know the pain is part of the whole thing. And it isn't that you can say afterwards the pleasure was greater than the pain and that's why you would do it again. That has nothing to do with it. You can't measure it, because the pain comes after and it lasts longer. So the question really is, Why doesn't the pain make you say, I won't do it again? When the pain is so bad that you have to say that, but you don't.
***
Quizá también interese esto y supongo que esto.
También me regalaron la primera temporada de Bored to Death (M); Trenes rigurosamente vigilados de Bohumil Hrabal (B) y un libro sobre Steven Spielberg, en la serie Maestros del Cine de Cahiers du Cinema (A., que ya leí), pues cumplí 29 años.
Wednesday, March 30, 2011
Tempestad 77: La cultura del consumo
Óscar Benassini, uno de nuestros coeditores, subió estas imágenes anoche a su perfil de Facebook. Son del nuevo número de La Tempestad. En esta edición se inaugura una nueva sección: Estudio, "concentrada en un aspecto fundamental de la producción creativa: el espacio de trabajo, a la vez físico y mental", según explica nuestro director editorial, Nicolás Cabral, en su editorial (este número incluye una editorial dado que estamos a un par de meses de alcanzar el aniversario número 13). Para inaugurar Estudio se visitó el espacio de trabajo de Carlos Amorales. Texto de Alexis Salas, fotografías de Isabel Ruiz:
El dossier central gira en torno a esta pregunta: ¿permitiremos que la experiencia estética sea sustituida por experiencias de consumo? En nuestro dossier lateral se aborda el nuevo cine documental.De este modo, en literatura: Ruido de fondo, de Don DeLillo, explora la pulsión consumista de las sociedades contemporáneas; a partir de esta novela, Sergio González Rodríguez introduce nuestro tema de portada. En "Actualidad del arte" se incluyen reseñas de libros de Herta Müller, Kurt Vonnegut (que escribí yo), Peter Stamm y J.M. Coetzee. Además: nuestra selección anual de lo mejor que se publicó entre febrero de 2010 y enero de este año.
En el dossier lateral, el de cine documental, se explora el trabajo de Andrés Duque, Serguéi Loznitsa, Deborah Stratman y Wang Bing. Larissa Ferrer lee la obra de David Fincher como síntoma de la sociedad de consumo. Además, reseñas de obras recientes de Christoffer Boe, Apichatpong Weerasethakul, Constantin Popescu y Jia Zhang-ke. En música: en la página 106, Juan Carlos Reyna estudia la relación entre música y crítica del consumismo en la obra de Matthew Herbert, como parte de nuestro tema de portada. La sección de actualidad se acerca a producciones de Alberto Posadas, Nico Muhly, The Pack y Álex Otaola. En arquitectura y diseño: entrevistamos a Rory Hyde con el fin de establecer una relación entre la sociedad de consumo y las propuestas de la llamada "arquitectura no solicitada". Por su parte, Miguel Romero analiza las implicaciones de la Ciudad de la Cultura de Galicia de Peter Eisenman en "Formas útiles". En artes visuales: Daniel Garza Usabiaga vincula las obras de Stefan Benchoam y José Antonio Vega Macotela a la crítica de la cultura consumista. Una entrevista con Anri Sala en la página 18. En artes escénicas: Rodrigo García se ha aproximado, desde una postura crítica e irónica, al consumismo: Alberto Villarreal explora su trabajo como parte del tema de portada. La sección de actualidad contempla las propuestas escénicas de La Comedia Humana, Rara Avis Escena, Lagartijas Tiradas al Sol y la dupla de Rafael Cruz y Ricard Gázquez.
En el dossier lateral, el de cine documental, se explora el trabajo de Andrés Duque, Serguéi Loznitsa, Deborah Stratman y Wang Bing. Larissa Ferrer lee la obra de David Fincher como síntoma de la sociedad de consumo. Además, reseñas de obras recientes de Christoffer Boe, Apichatpong Weerasethakul, Constantin Popescu y Jia Zhang-ke. En música: en la página 106, Juan Carlos Reyna estudia la relación entre música y crítica del consumismo en la obra de Matthew Herbert, como parte de nuestro tema de portada. La sección de actualidad se acerca a producciones de Alberto Posadas, Nico Muhly, The Pack y Álex Otaola. En arquitectura y diseño: entrevistamos a Rory Hyde con el fin de establecer una relación entre la sociedad de consumo y las propuestas de la llamada "arquitectura no solicitada". Por su parte, Miguel Romero analiza las implicaciones de la Ciudad de la Cultura de Galicia de Peter Eisenman en "Formas útiles". En artes visuales: Daniel Garza Usabiaga vincula las obras de Stefan Benchoam y José Antonio Vega Macotela a la crítica de la cultura consumista. Una entrevista con Anri Sala en la página 18. En artes escénicas: Rodrigo García se ha aproximado, desde una postura crítica e irónica, al consumismo: Alberto Villarreal explora su trabajo como parte del tema de portada. La sección de actualidad contempla las propuestas escénicas de La Comedia Humana, Rara Avis Escena, Lagartijas Tiradas al Sol y la dupla de Rafael Cruz y Ricard Gázquez.

También, en Cuaderno para invenciones, poemas de Kate Hall, un ensayo de Massimo Rizzante sobre la figura del poeta en la obra de Roberto Bolaño, poemas de Manuel Parra Aguilar, un cuento de Óscar Benassini y un breve ensayo de Carlos Jesús González. Creo que pueden ver un par de imágenes más en el FB de Óscar. Y pueden comprar la revista a partir del lunes entrante, si todo sale bien. Todo saldrá bien.
Friday, March 25, 2011
25. III. 2011
Comí con Abel, Nicolás y el otro Guillermo en un japonés que me cayó pesado. En lugar de acompañarlos a tomar el café caminé para bajar la comida. Cuando me sentí mejor entré por un café al establecimiento de cupcakes que está cerca de la oficina y empecé a leer un texto, "The Crying of Page 45", de Reif Larsen, que inicia hablando de Maze, un libro en el que "cada página muestra una habitación distinta del laberinto en un intrincado grabado, y cada habitación tiene una serie de numerosas puertas que llevan a otras habitaciones. Cuando eliges la puerta 20, por ejemplo, debes ir a la página 20, donde un nuevo cuarto con nuevas puertas te esperan".

No avancé mucho en el artículo, me entregaron el café y regresé a la oficina, la pesadumbre volviendo al estómago. Apoyé mi cabeza en un pilar del edificio mientras esperaba a que bajara el elevador. El tablero indicaba que se encontraba aún en el segundo piso cuando se abrieron las puertas. Entré junto al mensajero de la editorial que se encuentra en el tercer piso.
-Al tercero, ¿verdad?, le pregunté.
-Sí, gracias.
Oprimí el botón para el tercer piso, para el quinto, las puertas se cerraron pero el elevador no se movió de su lugar. Entonces, hombre de acción, el mensajero abrió las puertas manualmente. Volvieron a cerrarse, volví a oprimir el botón para el tercer piso y el tablero indicó que del segundo subimos al quinto -cuando, en realidad, sólo subimos de la planta baja al tercero. Ambos nos bajamos en ese piso (el elevador ya no tenía intención de moverse) regresé a la oficina y empecé a escribir esto.

No avancé mucho en el artículo, me entregaron el café y regresé a la oficina, la pesadumbre volviendo al estómago. Apoyé mi cabeza en un pilar del edificio mientras esperaba a que bajara el elevador. El tablero indicaba que se encontraba aún en el segundo piso cuando se abrieron las puertas. Entré junto al mensajero de la editorial que se encuentra en el tercer piso.
-Al tercero, ¿verdad?, le pregunté.
-Sí, gracias.
Oprimí el botón para el tercer piso, para el quinto, las puertas se cerraron pero el elevador no se movió de su lugar. Entonces, hombre de acción, el mensajero abrió las puertas manualmente. Volvieron a cerrarse, volví a oprimir el botón para el tercer piso y el tablero indicó que del segundo subimos al quinto -cuando, en realidad, sólo subimos de la planta baja al tercero. Ambos nos bajamos en ese piso (el elevador ya no tenía intención de moverse) regresé a la oficina y empecé a escribir esto.
Wednesday, March 23, 2011
Atención
Es como si se fuera a instalar, el peso, pero su existencia es breve. Más bien: se asoma, como un órgano tierno. Si le presto atención permanece. Parece un opresión del diafragma pero luego se aclara su forma, la sensación de acidez, como un susto contenido, distendido aunque persistente, una mancha de tinta, humor en el agua.
Puedo provocarlo.
No quiero provocarlo.
Le veo ventajas pero-
También hay una sensación física en mis costados, no sólo en el pecho. La misma idea: la idea fija. ¿Cómo atender la sensación tenue sin ajarla? No es algo que pueda mirarse insistentemente sin atravesarla, esa tela de araña.
Sin quererlo, en el pasado, me he abandonado a la sensación. Ahora que comienza a remojarse en la espesa salsa del sentido común es cuando puedo considerarla, debilitada.
La impresión de sensaciones que se alimentan de otras, parasitarias.
Puedo provocarlo.
No quiero provocarlo.
Le veo ventajas pero-
También hay una sensación física en mis costados, no sólo en el pecho. La misma idea: la idea fija. ¿Cómo atender la sensación tenue sin ajarla? No es algo que pueda mirarse insistentemente sin atravesarla, esa tela de araña.
Sin quererlo, en el pasado, me he abandonado a la sensación. Ahora que comienza a remojarse en la espesa salsa del sentido común es cuando puedo considerarla, debilitada.
La impresión de sensaciones que se alimentan de otras, parasitarias.
Monday, March 21, 2011
Historias rotas, ideas fijas
No soy una persona paciente.
En mi diario: "Volví a Lovecraft a falta de televisión".
Leí The Nameless City, donde se lee:
That is not dead which can eternal lie,
and with strange aeons even death may die.
Terminé The Victim de Saul Bellow. Disfruté más Dangling Man. Me gustó esto, sin embargo:
...affected as a candle flame is by varying amounts of air, as all that wants to be what it was made responds to whatever feeds or endangers it.
I know what really goes inside me. I'll let you in on something. There isn't a man living who doesn't. All this business, 'Know thy self'! Everybody knows but nobody wants to admit.
How to keep -is there any, is there non such,
nowhere known some, how or brooch or braid
or brace, lace latch or catch or key to keep
Back beauty, keep it, beauty, beauty, beauty, beauty...
from vanishing away?
La sensación momentánea de encontrarse en una ciudad extranjera.
En mi diario: "Volví a Lovecraft a falta de televisión".
Leí The Nameless City, donde se lee:
That is not dead which can eternal lie,
and with strange aeons even death may die.
Terminé The Victim de Saul Bellow. Disfruté más Dangling Man. Me gustó esto, sin embargo:
...affected as a candle flame is by varying amounts of air, as all that wants to be what it was made responds to whatever feeds or endangers it.
También recuerdo un momento donde describe el resplandor de la llama azul del piloto, iluminando el cavernoso y arácnido interior del calentador de agua.
Y esto otro, en palabras de Albee, un borracho que busca venganza, mentiroso irredento:
Y esto otro, en palabras de Albee, un borracho que busca venganza, mentiroso irredento:
I know what really goes inside me. I'll let you in on something. There isn't a man living who doesn't. All this business, 'Know thy self'! Everybody knows but nobody wants to admit.
La impresión de haber leído The Victim en dos partes, por decir. Una con atención y otro con atención en otra cosa, en una idea fija. El problema de las ideas fijas. Descansé un poco de Bellow para leer un poco de Elizondo que, descubro, no me gusta. Mejor, para el caso, leer a Valéry. Pero le puse atención a esto de Elizondo:
Durante los últimos doce meses he sido presa de violentas distracciones. Solamente en el vacío de la atención puede nacer la idea interesante o el proyecto de imposible realización digno de considerarse unos instantes más o de ser arrojado al cesto.
Proyectos imposibles.
Cambiar ideas fijas por ideas fijas.
Elizondo cita esto de Hopkins, de su The Leaden Echo and The Golden Echo, que me gusta:
Cambiar ideas fijas por ideas fijas.
Elizondo cita esto de Hopkins, de su The Leaden Echo and The Golden Echo, que me gusta:
How to keep -is there any, is there non such,
nowhere known some, how or brooch or braid
or brace, lace latch or catch or key to keep
Back beauty, keep it, beauty, beauty, beauty, beauty...
from vanishing away?
La sensación momentánea de encontrarse en una ciudad extranjera.
Thursday, March 17, 2011
...
Guillermo Íñigo dice: (12:15:30 p.m.)
No me vayas a voltear a ver.
Guillermo Íñigo dice: (12:15:34 p.m.)
Estoy escuchando "I Wanna be Adored"
Guillermo Íñigo dice: (12:15:37 p.m.)
Y pongo caras de intensidad.
Óscar. dice: (12:15:46 p.m.)
...
Guillermo Íñigo dice: (12:15:50 p.m.)
Ya, ya acabó.
Óscar. dice: (12:15:50 p.m.)
Las he visto.
Guillermo Íñigo dice: (12:15:54 p.m.)
Si quieres veme.
Óscar. dice: (12:15:55 p.m.)
Sé de qué hablas.
Óscar. dice: (12:16:09 p.m.)
No me gusta verte intensear.
Guillermo Íñigo dice: (12:16:24 p.m.)
¿Te gustaría que yo fuera un superhéroe que se llamara INTENSO?
Óscar. dice: (12:16:44 p.m.)
No, Guillermo.
Guillermo Íñigo dice: (12:16:48 p.m.)
Y que fuera mi grito de guerra.
Guillermo Íñigo dice: (12:16:53 p.m.)
INTENSOOOOOOOOOOOOOOOOO
Óscar. dice: (12:16:59 p.m.)
...
No me vayas a voltear a ver.
Guillermo Íñigo dice: (12:15:34 p.m.)
Estoy escuchando "I Wanna be Adored"
Guillermo Íñigo dice: (12:15:37 p.m.)
Y pongo caras de intensidad.
Óscar. dice: (12:15:46 p.m.)
...
Guillermo Íñigo dice: (12:15:50 p.m.)
Ya, ya acabó.
Óscar. dice: (12:15:50 p.m.)
Las he visto.
Guillermo Íñigo dice: (12:15:54 p.m.)
Si quieres veme.
Óscar. dice: (12:15:55 p.m.)
Sé de qué hablas.
Óscar. dice: (12:16:09 p.m.)
No me gusta verte intensear.
Guillermo Íñigo dice: (12:16:24 p.m.)
¿Te gustaría que yo fuera un superhéroe que se llamara INTENSO?
Óscar. dice: (12:16:44 p.m.)
No, Guillermo.
Guillermo Íñigo dice: (12:16:48 p.m.)
Y que fuera mi grito de guerra.
Guillermo Íñigo dice: (12:16:53 p.m.)
INTENSOOOOOOOOOOOOOOOOO
Óscar. dice: (12:16:59 p.m.)
...
Monday, March 14, 2011
Gato hidráulico
Ayer domingo cambié por la mañana la llanta que ponché el sábado por manejar demasiado rápido. Aunque hay un gesto de imprudencia en el manejar rápidamente a lo que solía llamar las "altas horas de la noche", como si fuera un espacio del tiempo que no tiene gran relación con el resto de mi vida, mi vida normal, debo decir que ahora comienzo a dejar de ver las cosas como si hubiera un mundo escindido. Y más como si todo fuera parte de una continuidad con sus respectivos vasos comunicantes y explicativos.
Pocas acciones tienen un sentido tan claro como cambiar una llanta. Es importante cambiar llantas, de vez en cuando. Debo haberlo hecho unas cuatro veces en mi vida y siempre que lo he hecho me he sentido útil y con propósitos claros -todavía recuerdo aquella ocasión en que llevando a una amiga al aeropuerto se ponchó la llanta poco antes de que se fuera su vuelo. Todo, sin embargo, salió bien.
Comienzo, una vez más, a ver por dónde va la cosa y creo que la cosa va bien. No creo, sin embargo, que vaya a ser fácil, pero carajo, cambiar la llanta no fue fácil, ¿por qué habría de serlo también las cosas que me importan realmente? Todavía me duele la espalda. Fue un buen fin de semana.
Hoy no me rasuré.
Comienzo, una vez más, a ver por dónde va la cosa y creo que la cosa va bien. No creo, sin embargo, que vaya a ser fácil, pero carajo, cambiar la llanta no fue fácil, ¿por qué habría de serlo también las cosas que me importan realmente? Todavía me duele la espalda. Fue un buen fin de semana.
Hoy no me rasuré.
Sunday, March 13, 2011
El futuro

A través del NYT llego a esta imagen, donde fuerzas de defensa japonesas caminan en Otsuchi, de la prefectura Iwate, afectada por el tsunami. Me recordó esto.
El sábado un amigo me estuvo hablando sobre la maestría que está estudiando y algunas consideraciones generales sobre áreas de filosofía de la ciencia, filosofía de las matemáticas y sobre todo del poder que tiene, hoy en día, la lógica inductiva. Hablamos un poco sobre la relación que tiene ello con las grandes filosofías de la sospecha, con la necesidad, la verdad, la realidad y me explicó dos posturas antagonistas. Ya no lo tengo muy claro, pero era plantearse el problema como un tema epistemológico, con límites claros, o bien, creer, según entiendo, que existe la posibilidad de una teoría unificadora que pueda ayudarnos a interpretar el caos.
Saco algo en claro: el futuro no será aburrido.
Saco algo en claro: el futuro no será aburrido.
Friday, March 11, 2011
Errar
Eduardo Milán en la segunda parte de Errar:
Los hechos hacen lo que pueden. Habito
un hecho. No tiene techo ni antena ni
veleta con gallo que la girara. Ni cara.
Es difícil mostrar la cara de un hecho
de la boca a las pestañas. La luz de la
mañana levanta sus pestañas, suspende el sueño.
Por ahora es un hecho desamparado en la ausencia
de pájaro en el tejado. Pero es un hecho sin quejas,
sin cajas de rencor donde la Pandora se aloja con
sus muñecas rojas, con su pelo viejo. El consejo
es dejar pasar -no ponerle jardín con su jardinero-,
dejar pasar el tiempo. Porque el hecho queda lejos.
***
Nadie tiene la culpa de nada. Las cosas,
simplemente, suceden. Y sucedió, eso fue todo.
El ejemplo del pájaro: el pájaro en su nido, sucede.
Como todos sucedemos y no terminamos de suceder. Nunca.
¿Para qué terminar de suceder? ¿Cesar de suceder? Dale
al César lo que es del César para que ellos, los ánsares,
los cuasares, los sinceros y los de oro no dejen,
nunca dejen de sucederse en el trono, en el trueno, en el
trino. Y ahora vuelve el ejemplo del pájaro.
Los hechos hacen lo que pueden. Habito
un hecho. No tiene techo ni antena ni
veleta con gallo que la girara. Ni cara.
Es difícil mostrar la cara de un hecho
de la boca a las pestañas. La luz de la
mañana levanta sus pestañas, suspende el sueño.
Por ahora es un hecho desamparado en la ausencia
de pájaro en el tejado. Pero es un hecho sin quejas,
sin cajas de rencor donde la Pandora se aloja con
sus muñecas rojas, con su pelo viejo. El consejo
es dejar pasar -no ponerle jardín con su jardinero-,
dejar pasar el tiempo. Porque el hecho queda lejos.
***
Nadie tiene la culpa de nada. Las cosas,
simplemente, suceden. Y sucedió, eso fue todo.
El ejemplo del pájaro: el pájaro en su nido, sucede.
Como todos sucedemos y no terminamos de suceder. Nunca.
¿Para qué terminar de suceder? ¿Cesar de suceder? Dale
al César lo que es del César para que ellos, los ánsares,
los cuasares, los sinceros y los de oro no dejen,
nunca dejen de sucederse en el trono, en el trueno, en el
trino. Y ahora vuelve el ejemplo del pájaro.
Wednesday, March 09, 2011
Leí La pesquisa (...minotauro...)

Salí del trabajo y caminé un rato. Entré a un par de librerías, sobre todo para ver si me encontraba a alguien (no encontré a nadie) y al final regresé a casa, aburrido. Sin mucha hambre, como para entretenerme, me hice de cenar y me senté a, finalmente, terminar el único libro de Juan José Saer (1937-2005) que he leído. No se trata de su mejor obra, según me explicó Nicolás nunca-me-aburro Cabral un lector de Saer, pero, considera, es una buena introducción. Disfruté mucho La pesquisa (1994), especialmente habiéndolo leído después de Diálogo (ver, ay, la entrada anterior) que contiene algunas conversaciones entre Saer y Piglia (La pesquisa está dedicada a Piglia, quien, creo, ha ahondado más en el género policíaco).
Y ahora viene esta cosa de querer leer más de Saer.
Y a Piglia.
No olvido que mi amigo Julián Zárate, hace tiempo ya, me había dicho que debía leer a Saer.
Está esto, por ejemplo, donde el narrador observa a consumidores en la víspera de Navidad:
"Previstos rigurosamente de antemano por cuatro o cinco instituciones petrificadas que se complementan mutuamente -la Banca, la Escuela, la Religión, la Justicia, la Televisión- como un autómata por el perfeccionismo obsesivo de su constructor, el más insignificante de sus actos y el más recóndito de sus pensamientos, a través de los que están convencidos de expresar su individualismo orgulloso, se repiten también, idénticos y previsibles, en cada uno de los desconocidos que cruzan por la calle y que, como ellos, se han endeudado en una semana por todo el año que está por comenzar, para comprar los mismos regalos en los mismos grandes almacenes o en las mismas cadenas de marcas registradas, que depositarán al pie de los mismos árboles adornados de lamparitas, de nieve artificial y de serpentina dorada, para sentarse después a comer en mesas semejantes los mismos alimentos supuestamente excepcionales que podrían encontrarse en el mismo momento en todas las mesas de Occidente, de las que después de medianoche se levantará, creyéndose reconciliados con el mundo opaco que los moldeó, y trayendo consigo hasta la muerte -idéntica en todos-, las mismas experiencias concedidas por lo exterior que ellos creen intransferibles y únicas, después de haber vivido las mismas emociones y haber almacenado en la memoria los mismos recuerdos".
También está esto otro, fragmento de una descripción de un sueño:
"...se encontró vagando por la penumbra crepuscular, acerada por la reverberación de la nieve, de la ciudad levemente transformada por la alquimia ruinosa de su sueño. Los templos achatados en los que había que entrar casi en cuatro patas revelaban la esencia verdadera de sus dioses, y los monumentos públicos, borroneados por la indecisión de sus ideales o por la erosión, erigían formas confusas, efigies ecuestres o centauros, pulpos gigantes o esfinges, ángeles o águilas carniceras, héroes o mamuts. Las caras alargadas de los habitantes, grises y poco diferenciadas unas de otras, volvían remota la posibilidad de encontrar una que despertase simpatía..."
En mis peores momentos, que me obligan a confundirlos con los mejores, imagino que así es mi vida. Es decir: una vida donde uno vaga por calles conocidas, o que cree que son conocidas, para descubrir que esas calles no son las de la ciudad sino las de la maqueta de la ciudad que uno ha creado en su interior. Pero no debería ser así.

En fin, terminando de leer a Saer tuve, como quien dice, antojo de leer a Lovecraft y empecé The Dreams in the Witch House and Other Weird Stories. Pospongo así mi regreso a Bellow. (..."well, the world was a busy place -he scanned the buildings, the banks and offices in their Saturday stillness, the pillars ribbed with soot, and the changeable color of the windows in which the more absolute color of the sky was darkened, dilated, and darkened again"). Leí así, pues, "Polaris", que me gustó, "The Doom that Came to Sarnath" que medio me gustó y "The Terrible Old Man" que es muy breve y quizá por eso me gustó. Tanto en "Polaris" como en "The Doom..." se describen ciudades distantes, geográfica o temporalmente, con sus domos y pilares, sus bóvedas y en fin, toda esa cosa borgeana laberíntica que puede inspirarle horror al hombre moderno. Estoy harto de la ciudad que llevo dentro.
Y ahora viene esta cosa de querer leer más de Saer.
Y a Piglia.
No olvido que mi amigo Julián Zárate, hace tiempo ya, me había dicho que debía leer a Saer.
Está esto, por ejemplo, donde el narrador observa a consumidores en la víspera de Navidad:
"Previstos rigurosamente de antemano por cuatro o cinco instituciones petrificadas que se complementan mutuamente -la Banca, la Escuela, la Religión, la Justicia, la Televisión- como un autómata por el perfeccionismo obsesivo de su constructor, el más insignificante de sus actos y el más recóndito de sus pensamientos, a través de los que están convencidos de expresar su individualismo orgulloso, se repiten también, idénticos y previsibles, en cada uno de los desconocidos que cruzan por la calle y que, como ellos, se han endeudado en una semana por todo el año que está por comenzar, para comprar los mismos regalos en los mismos grandes almacenes o en las mismas cadenas de marcas registradas, que depositarán al pie de los mismos árboles adornados de lamparitas, de nieve artificial y de serpentina dorada, para sentarse después a comer en mesas semejantes los mismos alimentos supuestamente excepcionales que podrían encontrarse en el mismo momento en todas las mesas de Occidente, de las que después de medianoche se levantará, creyéndose reconciliados con el mundo opaco que los moldeó, y trayendo consigo hasta la muerte -idéntica en todos-, las mismas experiencias concedidas por lo exterior que ellos creen intransferibles y únicas, después de haber vivido las mismas emociones y haber almacenado en la memoria los mismos recuerdos".
También está esto otro, fragmento de una descripción de un sueño:
"...se encontró vagando por la penumbra crepuscular, acerada por la reverberación de la nieve, de la ciudad levemente transformada por la alquimia ruinosa de su sueño. Los templos achatados en los que había que entrar casi en cuatro patas revelaban la esencia verdadera de sus dioses, y los monumentos públicos, borroneados por la indecisión de sus ideales o por la erosión, erigían formas confusas, efigies ecuestres o centauros, pulpos gigantes o esfinges, ángeles o águilas carniceras, héroes o mamuts. Las caras alargadas de los habitantes, grises y poco diferenciadas unas de otras, volvían remota la posibilidad de encontrar una que despertase simpatía..."
En mis peores momentos, que me obligan a confundirlos con los mejores, imagino que así es mi vida. Es decir: una vida donde uno vaga por calles conocidas, o que cree que son conocidas, para descubrir que esas calles no son las de la ciudad sino las de la maqueta de la ciudad que uno ha creado en su interior. Pero no debería ser así.

En fin, terminando de leer a Saer tuve, como quien dice, antojo de leer a Lovecraft y empecé The Dreams in the Witch House and Other Weird Stories. Pospongo así mi regreso a Bellow. (..."well, the world was a busy place -he scanned the buildings, the banks and offices in their Saturday stillness, the pillars ribbed with soot, and the changeable color of the windows in which the more absolute color of the sky was darkened, dilated, and darkened again"). Leí así, pues, "Polaris", que me gustó, "The Doom that Came to Sarnath" que medio me gustó y "The Terrible Old Man" que es muy breve y quizá por eso me gustó. Tanto en "Polaris" como en "The Doom..." se describen ciudades distantes, geográfica o temporalmente, con sus domos y pilares, sus bóvedas y en fin, toda esa cosa borgeana laberíntica que puede inspirarle horror al hombre moderno. Estoy harto de la ciudad que llevo dentro.
Wednesday, March 02, 2011
Leyendo: Diálogo, Piglia-Saer

Leo Diálogo, un libro publicado por Mangos de hacha en el cual se recogen algunas de las conversaciones entre Ricardo Piglia y Juan José Saer ("el improbable encuentro entre Emilio Renzi y Pichón Garay", dice Nicolás Cabral en Contornos de una amistad, el texto introductorio). Inicia Piglia: "La relación entre diálogo y la literatura es una relación conflictiva. La literatura ayuda a desconfiar del diálogo: no es cierto que hablando la gente se entienda. Quizás escribiendo se entiendan un poco mejor, pero tampoco es seguro".
Leía y me encontré haciendo una pequeña marca en la página para volver a lo siguiente, que me recuerda el análisis que hace Piglia de una mala traducción del Ulises de Joyce en, creo, El último lector. Acá, hablando sobre Faulkner, se detiene en la traducción que hizo Borges de Las palmeras salvajes:
"...lo que uno encuentra en esa traducción es una 'lucha' entre el estilo de Borges y el estilo de Faulkner. Uno puede encontrar la tensión entre ese estilo desaforado y abierto que tiene Faulkner y el intento de contención de Borges que a menudo interviene, falseando, las intenciones de Faulkner. Por ejemplo, si observamos el primer párrafo de Las palmeras salvajes ocupa casi toda la página, y Borges, que no puede soportar esto, pone un primer párrafo aparte. Hace más limpio el tipo de enunciación. La primera escena de Las palmeras salvajes es un hombre, un médico que baja con un farol una escalera en una casita en el campo. Cuando en Faulkner empieza a bajar esa luz, no se sabe de quién se trata, si se trata de un hombre o de un fantasma, si están en la playa, si ese individuo está bajando o subiendo, si eso es un sueño. Porque es así como está narrado. Uno se va dando cuenta de que hay una luz, en un lugar, y de que hay una persona, o algo, que baja por una escalera. Y, cuando termina el párrafo, se empieza a percibir lo que pasa. Lo que hace Borges con sus cuentos, qué es lo que está por pasar. A partir de ahí empieza a existir una suerte de combate entre esa prosa llena de paréntesis y de subordinadas de Faulkner y el intento de Borges de aclarar esa sintaxis".
Leía y me encontré haciendo una pequeña marca en la página para volver a lo siguiente, que me recuerda el análisis que hace Piglia de una mala traducción del Ulises de Joyce en, creo, El último lector. Acá, hablando sobre Faulkner, se detiene en la traducción que hizo Borges de Las palmeras salvajes:
"...lo que uno encuentra en esa traducción es una 'lucha' entre el estilo de Borges y el estilo de Faulkner. Uno puede encontrar la tensión entre ese estilo desaforado y abierto que tiene Faulkner y el intento de contención de Borges que a menudo interviene, falseando, las intenciones de Faulkner. Por ejemplo, si observamos el primer párrafo de Las palmeras salvajes ocupa casi toda la página, y Borges, que no puede soportar esto, pone un primer párrafo aparte. Hace más limpio el tipo de enunciación. La primera escena de Las palmeras salvajes es un hombre, un médico que baja con un farol una escalera en una casita en el campo. Cuando en Faulkner empieza a bajar esa luz, no se sabe de quién se trata, si se trata de un hombre o de un fantasma, si están en la playa, si ese individuo está bajando o subiendo, si eso es un sueño. Porque es así como está narrado. Uno se va dando cuenta de que hay una luz, en un lugar, y de que hay una persona, o algo, que baja por una escalera. Y, cuando termina el párrafo, se empieza a percibir lo que pasa. Lo que hace Borges con sus cuentos, qué es lo que está por pasar. A partir de ahí empieza a existir una suerte de combate entre esa prosa llena de paréntesis y de subordinadas de Faulkner y el intento de Borges de aclarar esa sintaxis".
Friday, February 25, 2011
Libros
En el Péndulo de la Condesa tienen un par de ejemplares de Freedom de Franzen, por si a alguien le interesa saber. También hay tres ejemplares de distintos libros de Chuck Klosterman, también en su lengua original. Me lo habían recomendado y le di una hojeada a uno de ellos. Lo que leí me gustó mucho pero estoy a dieta de libros así que esperaré un poco para comprarlo. En el Péndulo de Polanco, por otra parte, tienen un paquete con los cinco volúmenes de la biografía de Dostoievski escrita por Joseph Frank. Cuesta un poco más de 2000 pesos (no sé cuánto cueste en el FCE, imagino que más barato). Me dijeron que tenían un par más en el Péndulo de Santa Fe y en el que recientemente se inauguró en la Roma. Escribo esto por si a alguien le interesa y también porque no sé qué otra cosa escribir. En el Péndulo de Polanco también tienen algunos ejemplares importados de una conferencia que dio Badiou en el 68, sobre la noción de modelo. He olvidado cómo se titula.
Mientras tanto, sigo con Bellow.
Mientras tanto, sigo con Bellow.
Tuesday, February 22, 2011
Parafraseo
La tragedia de querer desempolvar la casa, atender el jardín y que la única herramienta a la mano sea un hacha.
Saturday, February 19, 2011
Cannibalistic things
Leo The Victim, la segunda novela de Bellow, mientras espero a que sea mi turno para cortarme el pelo. La peluquería está a unos diez minutos caminando de casa, en una esquina que da a la calle y que tiene unos ventanales que permiten ver a la gente que pasa. A esta hora, acercándose al mediodía, gente corriendo, paseando perros, con decisiones resolutas. En la peluquería hay un refrigerador con coca-colas, revistas y un televisor en el que pasan un partido de futbol interrumpido por anuncios y por alguna razón permanece en mi memoria la frase con la que inicia el de un aparato de comunicación, diseñado para parecer un avance de cine, y que reza "Un hombre en una carrera contra el tiempo". Leo cómo Leventhal, en The Victim, reflexiona sobre la disposición reservada que ha adoptado, mientras espera a su sobrino Philip, a quien ha decidido darle un paseo para distraerlo de la enfermedad de su hermano y la histeria de su madre:When you didn't want to take trouble with people, you found the means to turn them aside. Well, the world was a busy place -he scanned the buildings, the banks and offices in their Saturday stillness, the pillars ribbed with soot, and the changeable color of the windows in which the more absolute color of the sky was darkened, dilated, and darkened again. You couldn't find a place in your feelings for everything, or give at every touch like a swinging door, the same for everyone, with people going in and out as they pleased. On the other hand, if you shut yourself up, not wanting to be bothered, then you were like a bear in a winter hole, or like a mirror wrapped in a piece of flannel. And like such a mirror you were in less danger of being broken, but you didn't flash, either. But you had to flash. That was the peculiar thing. Everybody wanted to be what he was to the limit. When you looked around, that was what you saw most distinctly. In great achievements as well as in crimes and vices. [...] You couldn't expect people to be right, but only try to do what they must. Therefore hideous things were done, cannibalistic things. Good things as well, of course. But even there, nothing really good was safe.
There was something in people against sleep and dullness, together with the caution that led to sleep and dullness. Both were there, Leventhal thought. We were all the time taking care of ourselves, laying up, storing up, watching out on this side and on that side, and at the same time running, running desperately, running as if in an egg race, with the egg in a spoon. And sometimes we were fed up with the egg, sick of it, and at such a time would rather sign on with the devil and what they called the powers of darkness than run with the spoon, watching the egg, fearing for the egg.
Cuando llegó mi turno aún estaba pensando en por qué Bellow habría elegido el término "cannibalistic". Y entonces me llamó mi hermana al celular para preguntarme si me gustaría ir al cine con ella por la noche. Le pregunté qué quería ver, me dijo, le dije que claro, me dijo a qué hora y dónde y yo le dije que la vería ahí y cuando colgamos me pregunté, en mi cabeza: ¿Juay de Rito?
Friday, February 18, 2011
Entrada 1491
P.V.:
Mi propensión, mi vicio, mi naturaleza, mi ley de la menor acción -es librarme de todo por producción de ideas. Esta secreción, o emisión, o formación, es mi arma natural -Y yo he encontrado - (mi Yo no pensado, espontáneo) en la noción de conciencia-de-sí una exaltación maravillosa de esta función natural.
Me quedo sin recursos en todas las ocasiones en que la invención no sirve de nada, o es imposible (1935. Sin título, XVIII, 105).
29-7-35. W.
Esta noche me siento de un solo, de un sombrío, de un triste extremos.
Me cayó esto de repente sobre el alma hacia las 8 como una niebla cae bruscamente sobre el mar.
Sin embargo hay que comer, casi hablar, a pesar de un enajenamiento tan poderosamente instalado, tan fuerte contra toda palabra, e incluso contra todo pensamiento positivo. Del mismo modo que tememos mover lo más mínimo el miembro que nos duele, que nos dolería, así presentimos los pensamientos que vendrían, que están ahí, y este nosotros se inmoviliza en una especie de estupor, en medio de un bosque de posibles ultrasensibles.
De ahí surgen ganas de gemir, -sombras de insultos- fantasmas de gritos, -rabias sordas.
Y luego: ¿hay algo más tonto que la tristeza? piensa -y la sensación de esta tontería viene a sumarse a la amargura del mal día, a perfeccionarla... (Íbidem, XVIII, 234).
Mi propensión, mi vicio, mi naturaleza, mi ley de la menor acción -es librarme de todo por producción de ideas. Esta secreción, o emisión, o formación, es mi arma natural -Y yo he encontrado - (mi Yo no pensado, espontáneo) en la noción de conciencia-de-sí una exaltación maravillosa de esta función natural.
Me quedo sin recursos en todas las ocasiones en que la invención no sirve de nada, o es imposible (1935. Sin título, XVIII, 105).
29-7-35. W.
Esta noche me siento de un solo, de un sombrío, de un triste extremos.
Me cayó esto de repente sobre el alma hacia las 8 como una niebla cae bruscamente sobre el mar.
Sin embargo hay que comer, casi hablar, a pesar de un enajenamiento tan poderosamente instalado, tan fuerte contra toda palabra, e incluso contra todo pensamiento positivo. Del mismo modo que tememos mover lo más mínimo el miembro que nos duele, que nos dolería, así presentimos los pensamientos que vendrían, que están ahí, y este nosotros se inmoviliza en una especie de estupor, en medio de un bosque de posibles ultrasensibles.
De ahí surgen ganas de gemir, -sombras de insultos- fantasmas de gritos, -rabias sordas.
Y luego: ¿hay algo más tonto que la tristeza? piensa -y la sensación de esta tontería viene a sumarse a la amargura del mal día, a perfeccionarla... (Íbidem, XVIII, 234).
Thursday, February 17, 2011
Tuesday, February 15, 2011
Posibles causas...
...del sangrado de nariz que me aqueja:
1. Hipertensión.
2. El estrés es tal que somatizo mis preocupaciones.
3. Traumatismo nasal.
4. Soy pirokinético y haré que la ciudad arda en llamas.
1. Hipertensión.
2. El estrés es tal que somatizo mis preocupaciones.
3. Traumatismo nasal.
4. Soy pirokinético y haré que la ciudad arda en llamas.
Monday, February 14, 2011
Fragmento de conversación
Óscar dice: (06:44:48 p.m.)
vete a la [...] a celebrar el día de la amistad con...
Óscar dice: (06:44:49 p.m.)
pues con nadie
Óscar dice: (06:44:53 p.m.)
porque no tienes amigos
Óscar dice: (06:44:54 p.m.)
ni nada.
Óscar dice: (06:45:00 p.m.)
púdrete.
Óscar dice: (06:45:04 p.m.)
en tu cama bien tendida
vete a la [...] a celebrar el día de la amistad con...
Óscar dice: (06:44:49 p.m.)
pues con nadie
Óscar dice: (06:44:53 p.m.)
porque no tienes amigos
Óscar dice: (06:44:54 p.m.)
ni nada.
Óscar dice: (06:45:00 p.m.)
púdrete.
Óscar dice: (06:45:04 p.m.)
en tu cama bien tendida
Algunas notas a pie de El mar de iguanas

Alguna exageración: en la nota a pie número 78, que corresponde a los Noctuarios, haciendo referencia a Finnegans Wake, se lee:
Obra de James Joyce, traducida por el propio Elizondo.
Hasta donde sé, Elizondo tradujo una página de Finnegans Wake, la primera. Pero, bueno, no sé.
Algunas verdades triviales, en la nota 116, correspondiente al término highball:
Nombre de un cóctel consistente en un licor mezclado con agua, soda o algún refresco, y que se sirve en vaso largo y con hielo.
***
No entiendo la naturaleza de estas notas. Tengo una sospecha. Dado que no son notas de Paulina Lavista (cuando lo son, se indica) ni del editor (tampoco se indica), igual y son del propio Elizondo. Lo cual quizá sea indicio de que eran chistorines de hombre de la tercera edad.
Thursday, February 10, 2011
Aventuras con Kurt Wolff y James Joyce

James Joyce le mandó una carta a Kurt Wolff en 1920. Wolff, de casualidad, la conservó. Recordándola, escribe en sus memorias al respecto, añadiéndola a esas aventuras del "qué hubiera pasado si...":
De plantearme algo al leer estas líneas en 1920 debió de ser algo así: ¿quién es este profesor chiflado que, en mal alemán me envía desde Trieste un libro en inglés para que lo edite en alemán? Es posible que incluso me informase y averiguase que Joyce no sólo parecía un completo desconocido en los países del continente europeo, sino que tampoco en Inglaterra se tenía gran noticia de él. Cuál era "esta novela" enviada por Joyce es algo que ya no recuerdo. Hasta 1920, Joyce sólo había publicado dos libros que apenas habían llegado a impresionar a un círculo reducido: Dublineses y Retrato del artista adolescente. El Ulysses no aparecería hasta dos años después en la editorial de Sylvia Beach, Shakespeare & Co., de París.
La aventura fue, en este caso, encontrar de nuevo aquella carta cuarenta años después y tomar conciencia de que si la editorial Kurt Wolff hubiese publicado un libro temprano de Joyce, sin duda también habría contado con el Ulysses, el libro más importante escrito en inglés de nuestro siglo.
Georg Trakl envía telegrama a su editor, Kurt Wolff

Cuenta Wolff:
El 9 de octubre llega un telegrama de Trakl desde el lazareto militar de Cracovia, donde había ingresasdo el joven, incapaz de superar los horrores de la guerra. El famoso telegrama rezaba:
SERÍA UNA GRAN ALEGRÍA PARA MÍ SI PUDIERA ENVIARME UN EJEMPLAR DE MI NUEVO LIBRO SEBASTIÁN EN SUEÑOS. ENFERMO EN EL HOSPITAL DE CRACOVIA. GEORG TRAKL.
No pudimos darle esa alegría. El libro aún no estaba terminado. Y, tres semanas después, el poeta se quitaba su vida. Se envenenó.
***
Wolff también fue editor de Max Brod, Robert Walser y Franz Kafka.
SERÍA UNA GRAN ALEGRÍA PARA MÍ SI PUDIERA ENVIARME UN EJEMPLAR DE MI NUEVO LIBRO SEBASTIÁN EN SUEÑOS. ENFERMO EN EL HOSPITAL DE CRACOVIA. GEORG TRAKL.
No pudimos darle esa alegría. El libro aún no estaba terminado. Y, tres semanas después, el poeta se quitaba su vida. Se envenenó.
***
Wolff también fue editor de Max Brod, Robert Walser y Franz Kafka.
Wednesday, February 09, 2011
El muerto viviente
Hace unos días tuve una noche pésima. Soñé que alguien me repetía el nombre "Fiodorov, Fiodorov, Fiodorov". Creo que me sentí culpable porque no sabía lo suficiente para escribir este texto. Anoche, ya que lo había mandado, quizá por lo mismo, busqué "Dostoievski + Tarántula" en Google y encontré, además de una mención en los Karamazov, este fragmento de El idiota, la novela que terminó en Florencia:
Lo más extraño era la singular y apasionada pregunta que sugería la vista de este cadáver... ante una visión semejante..., ¿puede la imaginación revestir de una forma determinada lo que en realidad no la tiene? Me parecía, por momentos, ver esta fuerza infinita, este ser pesado, tenebroso y mudo, materializarse de una manera extraña e indestructible. Recuerdo haber tenido la misma expresión que si me cogiese alguien de la mano y con una luz me enseñase una tarántula enorme, asegurándome que aquello era un ser a la vez tenebroso, sordo y todopoderoso y se riese ante mi indignación.
El fragmento recupera la impresión que Dostoievski se llevó ante El cuerpo de Cristo muerto en la tumba de Hans Holbein, el Joven. Un detalle:

Estaba leyendo en The Possessed de Batuman que hay una obra de Tolstoi, El cadáver viviente, sobre un hombre que finge su muerte para que así su amada pueda estar libre de casarse con quien quiera. Durante mucho tiempo se pensó que la obra estaba basada en la resurrección de Cristo. Otros creían que se basaba en Dostoievski -pues había sobrevivido al paredón (aunque tuvo que escuchar los tiros) y a la Casa de los Muertos, en Siberia. Batuman conjetura que quizá se basaba en el filósofo Nikolai Fyodorovich Fyodorov, quien, entre otras cosas, afirmó que la raza humana del futuro debería abocar todos sus esfuerzos a vencer la enfermedad y la muerte y revivir a todos los muertos de la historia, todos a quienes habíamos perdido, y poblar el universo. Pero en realidad, revela finalmente Batuman, la obra se basó en un caso real de un hombre que arrojó sus ropas a un río y dejó tras de sí una nota suicida. Más tarde, cuando el hombre se entera de que existía una obra basada en él -la de Tolstoi- buscó al escritor, quien, se supone, lo ayudó a enderezar su vida. Fin.
Tuesday, February 08, 2011
...
Alguien practica el violín. Pasa cuarto de hora después de las diez de la noche. Aún no tengo deseos de dormir. La inercia de vivir. El odio.
Monday, February 07, 2011
Una colección especializada en teratología

Estaba leyendo en The Possessed de Elif Batuman que Pedro el Grande (1672- 1725) tenía un fuerte interés en la teratología y que en su Kunstkamera poseía varios especímenes. "Para Pedro", explica Batuman, "el gabinete teratológico representaba una redención de la oscuridad, el revés y la malformación rusa. Preservadas en jarras utilizando las últimas técnicas europeas, las deformidades se transformaban en información, enlistados en un gran proyecto humanista de arte y ciencia". La idea era promover simultáneamente el estudio de la forma biológica y combatir la idea popular de que las malformaciones genéticas eran provocados por el demonio.
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Saturday, February 05, 2011
12 horas con Los demonios
Elif Batuman sobre una puesta en escena de doce horas de Los demonios de Dostoievski, acá, en el blog de The Paris Review.
Friday, February 04, 2011
Leyendo parábolas con moraleja

Leí "Prisión perpetua" el primer texto que compone este libro. Lo leí anoche, al filo del sueño. No recuerdo haber señalado el siguiente párrafo, pero lo hice, antes de apagar la luz:
"Esa mujer me enseñó todo lo que sé. Me enseñó a no confundir la realidad con la verdad, me enseñó a concebir la ficción y a distinguir sus matices".
Sí recuerdo, en cambio, haber leído esto:
"El matrimonio es una institución criminal, dijo después. Una institución pensada para que con lazos se ahorque uno de los cónyuges. Ése es el sentido de la sentencia 'hasta que la muerte nos separe'. El crimen femenino es su resultado lógico. Las suicidas como Madame Bovary o Ana Karenina, dijo Steve, son utopías masculinas. Proyecciones invertidas del terror que les provoca a los hombres captar la mirada asesina de sus mujeres. ¡Entonces las convierten en suicidas! Esas historias son cuentos de hadas para varones, fábulas tranquilizadores, parábolas con moraleja".
Sí recuerdo, en cambio, haber leído esto:
"El matrimonio es una institución criminal, dijo después. Una institución pensada para que con lazos se ahorque uno de los cónyuges. Ése es el sentido de la sentencia 'hasta que la muerte nos separe'. El crimen femenino es su resultado lógico. Las suicidas como Madame Bovary o Ana Karenina, dijo Steve, son utopías masculinas. Proyecciones invertidas del terror que les provoca a los hombres captar la mirada asesina de sus mujeres. ¡Entonces las convierten en suicidas! Esas historias son cuentos de hadas para varones, fábulas tranquilizadores, parábolas con moraleja".
Tuesday, February 01, 2011
La cruzada de los niños
Me pasaron Slaughterhouse Five y empecé a leerlo y, ¿ven cómo pasa cuando uno está leyendo algo y comienza a pensar en otra cosa sin dejar de leer pero que permanece la duda de si realmente estamos leyendo?, me pasó, leyéndelo, y en lo que pensé fue en esa gente que se indigna cuando descubre que los Niños Héroes no eran realmente niños. No entiendo a esa gente. Es bueno que no hayan sido niños, ¿no?
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