Wednesday, May 25, 2005

Coughing, wishing

Coughing blood, I wish I were. Good advice: to read Saul Bellow when writing, avoid Eggers and remember that Foster Wallace still lives.
Nonsense.
Also, perhaps the blog that I like the most, of the few I ever read, is Batahola, by Lorena Mancilla. I suspect blogs are meant only to be written. Readers are pussies, writers, on the other hand...
Will 2666 ever be translated to english? I hope so. Why? I do not know.
My ear still hurts. As well as my back, my throat and my joints. And I'm wearing a suit, quite unconfortable.
Met Villarreal last night. Older than I expected, reminded me of my father, only funnier and less pragmatic. I feel I'm writing a telegram.
Yesterday I was told something I had forgotten. In the elementary school which I attended, owned by the Opus Dei, lived an old person who suffered a stroke a few years ago. He could no longer move or read and could only pronounce two words. One of them was "Pendejo". A male nurse attended him and strolled him into the courtyard so that he could hear mass or our pledges to the flag. I remember that. He used to wear a beret and whenever he got bored started screaming. I can't believe I didn't remember that. His name was Manuel and died last year.

Tuesday, May 24, 2005

Dos nuevas noticias sobre mi cuerpo

Ahora me duele el oído izquierdo.

He comenzado a usar unos pantalones de mezclilla demasiado apretados. Al final del día me duele la entrepierna.

Monday, May 23, 2005

Sobre Paul Ricouer y lo feo que soy

Paul Ricouer está muerto. Coincidentemente, en el último número de la revista Tópicos Vicente de Haro hace una reseña de su libro La memoria, la Historia, el olvido. Hay una errata en el título. Dice: "Hstoria" en lugar de "Historia". He comenzado a leer la reseña. Y mientras lo hago, recuerdo no sólo que Vicente fue lo suficientemente amable como para prestarme Tiempo y narración, también recuerdo que no entendí nada de aquél libro y nada de esta reseña.
De Haro tiene otra reseña en este número de Tópicos, dedicado al tema de Dios. La otra reseña es sobre Deleuze. Deleuze tenía las uñas larguísimas. ¿Han visto alguna de sus fotografías? Vi una en el número de mayo de La Tempestad. Da asco. ¿Cuánto más le habrán crecido en su ataud? ¿Tuvo ataud o lo incineraron?
Entonces, Ricouer está muerto y yo estoy feo. Y De Haro tiene una mente privilegiada y le va al América. Una cosa no está relacionada con la otra. Hoy, al llegar al trabajo (me gusta esto de "llegar al trabajo", suena como si fuera una persona muy estable y muy normal), me lo encontré en los pasillos de la facultad. Lo saludé con alegría porque lo considero mi amigo y él, resplandeciente, me dijo: "¿Cómo viste a esa máquina imparable que es el América? Nadie nos puede detener". Estuve a punto de decirle que no me gustaba el fútbol pero me pareció inútil.
Su reseña sobre Deleuze es sobre el libro Diferencia y repetición, dos conceptos que no comprendo pero que me vendría útil comprender para la tesis que trabajo. He comenzado a leer esta reseña y entiendo más que sobre la de Ricouer. Pero no los aburriré con esto.
Soy feo, decía. Me prometí escribir sobre esto, a pesar de que en este momento no es algo que vea claro y distinto. Es decir, en este preciso momento no me considero del todo feo, ni nada, para esos efectos, pero recuerdo que hace un par de días me di cuenta, como si fuera una gran verdad en un claro que se hubiera revelado, que soy feo. No sólo que no soy atractivo, no, sino que puedo llegar a ser repulsivo. Y me pregunté qué era lo que me vieron el par de niñas que conozco y a las que les he gustado. Tal vez lo semejante llama a lo semejante. O tal vez adivinaron, sobretodo las que nunca me dijeron que me consideraban guapo pero a quienes les gustaba pasar tiempo conmigo, que era inseguro. Mi gran atractivo, podría ser, es mi personalidad. ¿Mi sentido del humor? ¿Mi franqueza? ¿La poca autoestima? Puedo imaginar perfectamente a una depredadora interesándose en una frágil criatura con poca autoestima.
¿Cómo se junta la gente fea? ¿Es una resignación? Debe serlo.
En realidad conozco pocas personas atractivas. De mis amigos sólo algunos tienen simetría en sus rostros. Yo tengo simetría, pero mi perfil es, digamos, torpe. Cuando voy en el auto y tengo a una amiga en el asiento del copiloto me pregunto cómo me verá de perfil, y me siento incómodo.
Estoy exagerando, estoy forzando esto, no me trago nada de lo que he escrito, a pesar de que sé que es verdad. Oh, qué sabia es la naturaleza.
Resumen: Ricouer está muerto, soy feo, mi amigo Vicente de Haro escribe reseñas en una revista de filosofía y Deleuze tenía las uñas tan largas que se le enroscaban.

Friday, May 20, 2005

Thursday, May 19, 2005

Las ganas de escribir

Me duele la garganta y la cabeza menos porque tomé un par de aspirinas. Los momentos que más me gustan del día son las mañanas, mientras me baño, y las noches, en las que a veces escribo o leo o veo pornografía, porque la verdad es que el sexo, indiferentemente, me alegra. También el cine y los libros. Y mi escritorio, al que amo, y mi perra y mi laptop, pero estas cosas son frías, es la verdad. Excepto tal vez mi perra, que no es precisamente fría. Es muy agradable y cálida, mi perra. Pero en justo sentido no corresponde el cariño que le tengo, como no lo hacen mis cosas. Sudo ahora. Probablemente sólo tenga calor, probablemente tengo fiebre.
Hoy fui al cine, solo. Al salir me encontré a una amiga y a su novio. Platicamos. Me invitaron a sentarme en su mesa, para comer. Les di las gracias por la invitación y me despedí después de recomendarles la película de la que recíen salía, solo. Le hablé a una amiga, a mi mejor amiga, para ver qué hacía. Fui a su casa y comí pizza. Bebí coca cola. Observé mientras dormía, y vi un pedazo de una película que ya había visto y que siempre, aparentemente, le provoca el sueño a mi amiga. Consideré varias cosas, al observar cómo dormía, y después tomé un libro para leerlo. No lo leí. Despertó después de un rato.
Tengo sed. Aún me duele la garganta y un poco la cabeza. Ya no tengo ganas de escribir, no sé sobre qué escribir. Es raro, pero me siento feliz.

Monday, May 16, 2005

Alguien está aquí, a mi lado, y piensa.

Piensa que piensa que está pensando. Escribe "piensa que piensa que está pensando" y acaba de colgar el teléfono, que en realidad no cuelga sino que desliza hasta que se cierra. Es un bonito modelo, este, el de su teléfono, que en lugar de colgar (en realidad, no recuerda ningún teléfono que se "cuelgue", todos más bien se colocan, cierran o, en este caso, se deslizan) se cierra como una almeja o, más bien, como una baraja de cartas. Algo así.
Entonces: termina de hablar con su madre y se pregunta si no habrá cometido un error. Habló para preguntarle si querría comer con él pues hace mucho que no platica con su madre. Es decir, ve a su madre practicamente diario pero sólo es eso. Verla, saludarla, preguntarle cómo ha estado si, seamos honestos, estar realmente interesado porque lo que realmente le interesa en ese momento en que pregunta cómo ha estado es ir a su cuarto, encerrarse y dormir o leer o ver pornografía o masturbarse o bañarse o cagar o escribir o cambiarse de ropa o pensar en otras personas a quienes también quiere pero que no son su madre. Hoy decide que no hará eso así que habla con su madre y le pregunta si quiere comer con él, en un restaurante de carnes en el sur de la ciudad al que su madre ha estado queriendo ir desde hace unas semanas. Así que su madre le contesta y por un momento él tiene la impresión de estar invitando a salir a una niña y agradece enormemente cuando esa impresión se disipa en el cariño filial que siente por su madre. Su madre le dice que lo verá alrededor de las tres, cuelga, o coloca el teléfono en su lugar, y se despiden y es cuando se pregunta si no habrá cometido un error porque, ahora piensa, le da un poco de pereza salir a comer con su madre.
Tal vez sería mejor ir a casa, comer en un lapso menor a una media hora, y luego trabajar en su tesis o hacer lecturas sobre su tesis o leer la página del McSweeneys de ese día o leer a César Aira o escribir más sobre su novela o hacer una nueva actualización en su bitácora o cagar, o masturbarse aunque no, eso no, casi nunca lo hace por las tardes, de hecho, es muy rara vez que lo hace durante el día, así que tal vez sólo se recostará en su cama y pensará en personas a las que quiere o por las que se interesa o por las que se preocupa y que no son su madre. O tal vez no suceda nada de esto y comience a pensar sobre sí mismo o tal vez no piense en nada y se aburra o sienta angustia porque está ¡ante el ser y ante sí mismo!, o tal vez tema por su muerte, como sospecha lo hace su padre, o tal vez se ponga a escribir sobre todas esas cosas que podría sentir y entonces decida que, para distraerse, verá la televisión.
Verá a su madre. Comerán. Hablarán de el resto de los familiares. Del día laboral. De lo que le falta para terminar su tesis. Evitará hablar sobre sus relaciones sentimentales. Evitará hablar sobre su sexualidad, porque, simplemente, no es algo que discutiría con su madre. Ni siquiera con su padre, tal vez en otro momento, si ambos estuvieran bebiendo, pero no lo haría principalmente porque no le gustaría que su padre sintiera la misma confianza con él y le comenzara a hablar sobre su propia sexualidad. Teme que le daría asco. Así que no hablarían de eso. Su madre y él, en cambio, tal vez hablarían de su padre, no de su sexualidad ciertamente sino de su modo de ser, o uno de sus modos de ser, sobretodo los que les irritan. ¿Con quién discutiría sobre su sexualidad? Con otras personas a las que quiere pero que no están relacionadas con él de manera sanguínea. A no ser que fuera uno de sus primos. Y de los más pequeños. Y de los más curiosos. A ellos les hablaría algo, pero no en un sentido cómplice sino explicativo. De hecho, ha hecho esto. No: hablaría al respecto con alguno de sus amigos, sobretodo para reafirmar su hombría o para exponerle algunas dudas. Hablaría con alguna de sus amigas, un poco con las mismas razones, pero sobretodo porque siempre es algo exótico.
Decide que esto es gracioso. Esto de hablar sobre las cosas que haría y hacerlo en tercera persona. Porque es un poco trágico y triste. No sabe por qué pero es un poco sí, pero escrito así, y es trágico y triste y además le está sucediendo a alguien más. Es trágico y triste porque a la persona a la que le están sucediendo estas csoas, son él mismo, pero parece que no lo son. Sabe, como todo mundo, que la comedia es algo terrible que le sucede a alguien más. También sabe, como todo mundo, que cuando dice "todo mundo" es una manera de diluirse en el anonimato. Esto también lo sabía Heidegger. No quiere hablar de Heidegger porque teme parece demasiado pomposo y presumido y mamón y estúpido, sobretodo estúpido. Su mejor amigo sabe que aparentar saber cosas es algo que está mal. Mal y retorcido y asqueroso. Ya no quiere hablar. Ya no quiere escribir. Se dentendrá.

A ese ojete que tiene mi copia de Rushmore:

Devuélveme mi película, quienquiera que seas. Dámela o algo terrible y funesto te sucederá y le sucederá a tu familia. Tienes veinte días. No es bueno esto de aprovecharse de las bondadosas personas que poseen una deficiente memoria. Tal vez debo llevar una base de datos, como me lo sugirió Adriana, o tal vez, simplemente, no debo andar prestando mis cosas. O tal vez, como eres un ojete, no te presté nada y entraste un día a mi cuarto y me robaste esa maravilla del mundo cinematográfico que es Rushmore, del siempre grande Wes Anderson quien, ¿sabían esto?, se siente incómodo al escribir en sus guiones cualquier cosa que esté relacionada con la sexualidad. ¿No es esto extraño? Un poco, sí, pero no es algo malo ni ojete ni que merezca la muerte como robarle un objeto preciado a una buena e inocente persona como yo.
Con cariño,
Guillermo.

Tuesday, May 10, 2005

El cerdo asqueroso escribe en tercera persona.

Y tienes unas insoportables ganas de cagar. Y no sabe qué hacer. Le parece importante aclarar que estos dos eventos no están relacionados. Sería un poco imbécil que no supiera qué hacer ante las insoportables ganas de cagar, de hecho, está exagerando porque no son insoportables. Con el no saber qué hacer se refiere al ahora, el momento en que escribe estas líneas, pues no tiene una idea clara sobre a dónde va con todo esto.
Así que se interrumpe un momento y se levanta de la silla en la que ha estado sentado y se dirige al baño que está en su propio cuarto. Abre y cierra la puerta después de entrar, levanta la tapadera del baño y no se quita los pantalones pues decide que aún puede regresar a escribir un poco más en su bitácora electrónica, así que sólo orina y esto lo hace sentir un poco más ligero, lo suficiente como para no sentirse demasiado apurado como para tener que cagar inmediatamente.
Está dispuesto a disfrutar de una buena cagada, en unos minutos. Después de terminar de escribir lo que escribe y de leer unas cosas que tiene "abiertas" en su computadora --una novella de un amigo suyo, y un cuento en el que está trabajando. También: quiere esperar a bajar la música que ha estado "bajando" de la red.
Ha descubierto algo. Después de un rato de "navegar" en la "red" pierde interés en los contenidos, tal vez porque sabe que las relaciones que hay entre "páginas" y "páginas" pueden ser o parecer infinitas. Así que pierde interés. Generalmente cuando esto sucede es cuando abre una "página" pornográfica. Esto es lo que descubrió. Así que en esta ocasión, después de haber perdido interés, decide no ver pornografía sino escribir un poco. Para su gran puta sorpresa, es mucho más productivo escribiendo pendejadas que viendo porquerías, en la "red"; al grado de que se impide a sí mismo ir al baño con tal de terminar unas cuantas líneas más o de leer algunos textos cuya lectura ha postergado. Ha descubierto otra cosa: cuando habla sobre sus hábitos, buenos o malos, procura hacerlo en tercera persona porque, considera, esto le da una libertad que la primera no le brinda. Le encanta la tercera persona. Le gustaría que pudiera vivir en tercera persona. Es decir, ser invisible y poder entrar a, no sé, digamos los baños del Sport City de Loreto o al cine sin tener que pagar o a la casa de personas que conoce y cuyas vidas privadas le interesan al grado de que desearía estar a su lado aún cuando estuvieran realizando actividades nimias, como cocinar, pensar, bañarse o escribir.
Se pregunta si su moralidad cambiaría si se supiera invisible y después se pregunta por qué en ocasiones se pregunta este tipo de cosas, o cosas como la vida en otros planetas o a qué edad morirá o si su mascota puede entender lo que le dice o si las cosas que escribe tendrán alguna importancia para alguien, o si las hormigas poseen una sola mente o si es posible que algún ser vivo sobreviva a un hoyo negro. Y no tiene respuesta para esta pregunta, que pronto, al menos normalmente, olvida.

Thursday, May 05, 2005

Beckett

Ahora estoy en la oficina de mi jefe. No sé cómo fue que llegué aquí. Debí haber recibido ayuda. Y ahora que estoy en la oficina de mi jefe pienso en la sonrisa de Samuel atrapada en una fotografía que pegué en mi armario, a donde camino desnudo después de bañarme para revisarme, así, como que no quiere la cosa, frente al espejo de cuerpo completo que tengo ahí. Y cuando advierto la sonrisa de Samuel, que se parece tanto a la de un amigo, que se llama Julián, siento que algo no está bien, que es incómodo e incorrecto y retorcido que esté pensando en la sonrisa de Beckett y en la sonrisa de mi amigo Julián cuando estoy desnudo en mi armario, después de bañarme, el mismo sentimiento que sufro cuando, en ocasiones, después del trabajo o las clases en la Casa del Refugio del Poeta, llego a casa cansado y entro al baño que está cerca de la cochera y orino con la puerta abierta por la que entra, invariablemente, mi perra y me ve con sus enormes ojos café orinar. Y pienso, mientras orino y me reviso frente al espejo: Esto no puede estar bien. No sólo no puede estar bien sino que no está bien que sienta que no está bien moralmente, no puedo sentir culpabilidad ahora, ahora que pienso en mi amigo Julián y su sonrisa y ahora que veo que mi perra presta mucha atención a la manera en que orino. Y diré que después esto dejo de sentirlo y que deja de preocuparme, pero sólo lo diré para darle cierta tranquilidad a las personas que me conocen y a Julián, a quien seguramente no le agradará saber que a veces pienso en él cuando estoy desnudo, si bien no lo hago, de esto estoy seguro, en un sentido sexual. Claro que esto ya lo hará comenzar a dudar (esto de tener que afirmar que no pienso en él en un sentido sexual cuando estoy desnudo) particularmente desde aquél otro día en que le di una nalgada con unos cables, en mi casa, y me advirtió: Guillermo, no vuelvas a hacer eso, es lo más maricón que has hecho jamás en tu vida, o algo por el estilo, menos exagerado y con mayor comprensión pues sabía que estaba borracho. Es una gran fotografía esa, la de Beckett. Es la misma que salió en los calendarios que regaló o vendió la librería Gandhi en el 2001. Pero lo que más me gusta de esa fotografía no es el saber que el humor de Beckett superaba el absurdo y era, digamos, bondadoso, sino la manera en que el pelo de Beckett está parado, como si fuera una flama, como si cabeza estuviera ardiendo. A mí me gustaría tener el pelo así. Tal vez, cuando me vuelva a crecer, pueda moldearlo con un poco de mousse. Hace tiempo que no uso ningún tipo de fijapelo. Y no parece que Beckett lo haya utilizado. Eso es lo que me agrada, que naturalmente su pelo flote o se eleve como una flama. Julián fue la primera persona que conozco que leyera a Beckett no porque fuera una lectura obligada, ni porque dijera que le divertía y en realidad no lo hiciera pero como todo mundo decía que era divertido leer a Beckett comenzó a leerlo (así comencé a leerlo yo, había escuchado que era divertido y a mí no me pareció precisamente divertido, no hasta después de la tercera lectura; antes de eso me pareció perfecto, construido milimétricamente, y casi líquido; pero no precisamente divertido, si bien a veces, leyéndolo, me reía). A Julián le gustaba Beckett, o le gusta, porque lo hizo reír tal vez desde su primera lectura. La verdad es que no lo sé. Pero ahora sé que me gusta más leer a Beckett de alguna rara manera influido por las lecturas que hizo Julián de él. Beckett, digamos, es su Bolaño. Pero no puede ser su Bolaño porque Bolaño le gusta a su manera. Tal vez es su Eggers. Pero no, tampoco (ambos sabemos que Beckett es superior a Bolaño y a Eggers, y a Foster Wallace, pero no sé cómo es que podemos saber esto y seguir leyendo a estos otros con el mismo entusiasmo. Tal vez esto sea falso). Ya no me está gustando esto. Estaba más divertido cuando estaba desnudo frente al espejo de mi cuarto, hoy por la mañana, y que hacía calor y había desayunado un par de huevos y me sentía gordo y pesado porque casi nunca desayuno. Acaba de salir la jefa de mi jefe de la oficina. Entró para buscar un libro de ética, de Aristóteles. No había ninguno. Le dije: No hay ética en esta oficina. Pareció divertirle. Cuando venga tu jefe, me dijo, dile eso. Que no hay ética en esta oficina. Y cerró la oficina y la escuché repetir: no hay ética aquí, no hay ética aquí, casi como un mantra.

Tuesday, May 03, 2005

Corte de pelo

Anoche permití que un peluquero me cortara el pelo y ahora parezco el mismo cadete que fui en el año de 1996, o pseudo cadete pues la academia no estaba reconocida, en realidad, por ningún sistema militar, así que era, digamos, semi-militar.
No soy el tipo de personas que hablan con personas que no conocen, a no ser que tenga un disposición especial. Anoche no la tuve. El peluquero repitió en dos ocasiones la siguiente frase, refiriéndose a mi corte: "Es mejor así, ¿no? Para el calor". Asentí en silencio y escuché las conversaciones de los otros peluqueros, que hablaban de viajes a Europa (el dueño de la peluquería) y sobre espeleología (el peluquero más joven quien usualmente me corta el cabello).
Debe ser aburrido cortar el pelo.
Una de las sensaciones más placenteras que he experimentado: sentir fragmentos de cabello caer con regularidad sobre mi nariz, como si fuera ceniza en una expulsión de los volcanes, o ceniza que cae de la frente en un Miércoles de Ceniza, y no poder quitártela porque tienes las manos debajo del delantalal y esperar hasta el último momento, cuando estás a punto de estornudar y haces cara de roedor, para pedirle al peluquero que quite algo del cabello que te ha caído en la cara con esa pequeña escobita que guarda en su chaleco de trabajo. Y lo hace y sientes la gloria y unos pelitos picándote en la nuca.
Anoche estuve revisando unos textos, después de regresar a casa, y vi cómo caía pelo sobre el papel y caía uniformemente pero sin patrón alguno. ¿O no parece que quiero decir algo con esto? ¿No parece una metáfora para una verdad que espera ser develada? Me pregunto si los más viejos odian mi juventud llena de posibilidades.
Me estoy quedando calvo. Se nota más cuando traigo el pelo corto.

Quejas

1. El mal existe.
2. El mal existe en la forma de calor.
3. Los nativos de Mérida, el Sahara y Bangladesh sufren de un calor peor del que sufro yo y esto no me da consuelo alguno.
4. Las personas que visitan Mérida, el Sahara o Bangladesh y que no son nativos y que no están acostumbrados a ese tipo de calor la pasan aún peor que yo y sólo puedo sentir una distante y desapegada lástima por ellos.
5. No conozco a Bárbara Mori.
6. No soy un buen escritor.
7. No soy una buena persona.
8. No corro tan veloz como me gustaría correr.
9. Tengo el sabor del café en mi boca y un ligero dolor de cabeza.
10. Me quejo por todo.
11. Las quejas no añaden nada a mi vida, ni siquiera un consuelo.
12. Me engaño a mí mismo y miento a menudo.
13. El sexo me hace sentir culpable.
14. Estoy aburrido.
15. Aún no termino mi tesis.
16. No tengo deseos de terminar mi tesis.
17. Mis planes a futuro son irreales.
18. La realidad existe.
19. La vida me sonríe y no lo aprecio.
20. Tengo comezón.

Sunday, May 01, 2005

Actualización hecha por inercia

No he escrito nada aquí desde hace unos días porque he estado preocupado. La primera preocupación, la más urgente pero sin duda una de las menos importantes, es que me había prometido no escribir nada hasta que pusiera una lista con los clasificados más curiosos de la sección de "Masajes" que aparece en el Reforma. La primera vez que vi esta sección fue recogiendo la mierda de mi perra. Masajes ejecutivos, decían algunas, sensuales, decían otras. Se prometían jovencitas iniciándose, trasvestis que te harían cosas muy específicas hasta que vieras chispas, también se prometía discreción y que se trabajaba incluso en domingo.
Pero me dio hueva transcribir los clasificados. Y no es algo tan extravagante, gracioso o interesante como creí que lo sería al principio.
La otra noche cometí un error. Dejé a M. en su departamento, platicamos un rato, fumó un cigarrillo, nos despedimos, regresé a mi casa, encendí el televisor y, sí, es verdad, vi Big Brother.
Leí un artículo, en alguna ocasión, en el que se conjeturaba que el Big Brother Orwelliano había llegado sin avisarnos, pero con un nueva cara, no con la predicción apocalíptica de 1984, sino con una peor y más seductora. Big Brother no nos sometería con el temor panóptico sino con un espectáculo estupidizante, Big Brother nos hipnotizaría con un baile. Era un artículo muy chistoso.
Hoy salí a pasear con mi perra y estuvieron a punto de violarla. No fue una bonita experiencia. Hace un maldito calor. Me ha noqueado estas últimas tardes. No duermo tranquilo. Y estoy aburrido como una ostra.

Aburrido

Estoy aburrido.

Friday, April 22, 2005

Nueva palabra

Hoy aprendí una palabra. El proceso fue el siguiente.
Le pregunté a Mauricio, un amigo, si me querría acompañar al cine. Me contestó que se encontraba un poco indispuesto y me lo demostró con su mala actitud. Le pregunté si estaba enojado, un poco en broma, un poco en serio; la parte de la broma fue que en realidad no me importa, la parte en serio era que, tal vez, en realidad, en el fondo, muy en el fondo, pero no tanto como para que no se note, sí me importa.
Me contestó que sí, estaba enojado.
¿Qué lo hizo enojar?
¿Me actitud?
No.
¿El clima?
Tampoco.
"La estulticia de la humanidad".
Busqué estulticia en el diccionario y resulta que es algo así como necedad y tontería. Creo que Mauricio hizo un apropiado uso de la palabra. La próxima vez que tenga oportunidad, la utilizaré, así como uso, cuando puedo, pletórico y oleaginoso.

Monday, April 18, 2005

4:53 p.m. (Llegué a la oficina...)

Llegué a la oficina después de comer unas tortas enormes y de entregar una película y de sostener pláticas modorras y escribí esto: "Hacía calor, abrí la ventana". No hacía calor, no abrí la ventana.
En realidad sí hace calor, ¿a quién engaño? Y he abierto la ventana y ahora escucho los pajaritos de Mixcoac y bebo agua porque tengo sed y aún ronda el sabor de la torta, sus frijoles y su grasa, en mi boca. Hablé sobre Derridá durante la comida. No sé cómo no me dio indigestión, tal vez porque estaba con Mariana.
Es nefasto esto, esto de escribir cosas que pueden ser pero que en realidad no lo son. Pues a mí Derridá ni me da indigestión ni tengo una opinión concreta sobre él. Creo que sólo quería escribir aquella exageración para poder mencionar a M. y para que después las personas que leen mi blog puedan actuar con indiferencia y no me pregunten nada sobre M. aunque quieran hacerlo. La misma M. podría leer mi blog y después hacerme algún comentario o casualmente evitar hacerlo.
Soy alguien en el mundo y la manera en que ocupo espacio en él afecta a los demás. Igual que Derridá lo hace aún después de su muerte, o el resto de los muertos que vienen a visitarme seguido en mi cabeza, como Joyce y Cortázar, Jesús y Gandhi, Beckett y Paco Stanley, Churchill, Roosevelt, Newton, Einstein, Copérnico, Aristóteles, Santo Tomás, San Agustín, Juana de Arco, Marilyn Monroe, Mae West, Bolaño, pobre Bolaño, Roberto Bolaño, Stanley Kubrick, Kurt Cobain, John Lennon, Salinger, ah, no, Salinger sigue vivo, igual que Foster Wallace, pero parecen muertos, vivientes.
Quiero:
1. Leer el libro de entrevistas publicado por los libros de The Believer, de McSweeneys, para poder leer la conversación entre Robert Foster Wallace y Dave Eggers.
2. Rascarme, porque tengo comezón.
3. Beber más agua.
4. Ir a casa y terminar de escribir mi tesis.
5. Ir a casa y terminar de escribir mi novela.
6. Ser invisible.
7. Poder volar.
8. Hacer todas estas cosas, simultáneamente.
Me he rascado y ya no tengo comezón. Ahora iré por más agua. Reduciré mi lista de cosas que quiero hacer, día a día.
Mañana no trabajaré. Ahora que estoy aquí, en el trabajo, no trabajo. Mañana, quise decir, pues, no vendré a la oficina. Pues es mi día libre. Todos mis días son libres. Bonito corolario. Pseudo corolario. Bonita oportunidad para poder utilizar la palabra corolario.
Maldito calor.
Abriré mi ventana. Y ahora que está abierta, hablaré de Refu, mi perra, quien corrió en el Ajusco ayer por la mañana y se cansó y sudó, pues sigue muy viva a pesar de lo que haya afirmado hace unos cuantos blogs, y se tiró en un charco de lodo que olía pestes pero que aparentemente la refrescó bastante y a mí me incomodó un poco más pues debía bajar del Ajusco a la ciudad rápidamente y no podía esperar a que la perra se secara así que no lo hice y la subí igual de cerda a la camioneta, pues no usé mi coche sino la camioneta que utilizaba mi hermana antes de que se fuera a Alemania y perdón Mónica, hermana querida quien lee estas líneas desde bien requetelejos, pero tu Jeep sigue igual de asqueroso pues no me ha dado tiempo de lavarlo pero sobretodo me da flojera.

Thursday, April 14, 2005

Bolas

Anoche cené en casa de unos amigos unas especies de tapas. Mientras veía cómo las preparaban, además del hambre creciente, noté que algo se expandía en mi interior, la sensación de ser inútil y que si me tiraran en el bosque moriría de hambre. Exagero. Cuando me fui, con la excusa de que tenía que ir a casa para ver a mi familia, me dirigí al centro a escuchar a unos amigos tocar.
Rockearon.
Rockearon duro. Moví mi cabeza en la oscuridad y sentí la gente alrededor como seguramente los pájaros sienten el aire bajo sus alas o los peces el agua alrededor de ellos, o nosotros, defeños, el calor pegajoso, húmedo y oleaginoso de esta temporada. Fue agradable. Me emborraché un poco, no demasiado, regresé a casa en vivo en el auto de un amigo (debo regresar al Centro para encontrar el mío), y antes de bajarme me dijo: "Espera, debo darte algo". Y se bajó también. Escuché los primeros trinos de los pájaros en las copas de los árboles. El cielo parecía el párpado cerrado de un gigante, visto por dentro. Abrió la cajuela y sacó un costal. Comencé a sentirme nervioso. Algo se movía dentro. Lo abrió y empezó a sacar bolas de distintos tamaños. Eran muchísima. "¿Lo ves?", me preguntó mi amigo. Tenía la cara desenfocada. Bolas y bolas y bolas de mentiras.

Wednesday, April 13, 2005

10.43 a.m.

Después de todo el olor que percibí anoche no fue gas. Sigo vivo. No sé qué fue. Después de llegar aquí, a la oficina de mi jefe, alegrarme porque no estaba, servirme un café, chacotear con las secretarias y regresar a la oficina para ver mi correo electrónico, he descubierto que hay un nuevo olor. Hago caras. Salgo de la oficina para hablar con las secretarias: "¿Saben si fumigaron en la oficina?" Ambas hacen cara de conejo y preguntan: "No. ¿Por qué? ¿Huele?". Aparentemente, no huele. Yo lo huelo, pero sólo en la oficina. Regreso. Abro las ventanas. Prendo la computadora, escribo esto, bebo café, me pregunto qué cosas debo hacer aún. Comienza a dolerme la cabeza. Fumigaron.
No, no me duele la cabeza. Y el olor ya casi no está. Considero que todo esto es muy extraño.

Anoche dormí como tronco.

2.27 a.m.

A punto de cerrar, apagar, irme a dormir y noto que huele a gas. Ahora trabajo en convencerme que no huele a gas, que es otra cosa la que huele, tal vez soy yo. Pero huele. A gas. Y temo morir en mis sueños. Ahora veo que la pereza huele más que mi temor a la muerte. Cada día se aprende algo nuevo. No bajaré a la cocina ni revisaré los calentadores. Cerraré las ventanas, apagaré la computadore y me iré a dormir.
Fue un gusto.

Monday, April 11, 2005

Nueva Lista


Lista de libros tullidos que he comprado:

1. Lecciones para una liebre muerta, Mario Bellatin (faltan las páginas 32 a 64, ya lo cambié).
2. Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española, segundo tomo (el que comienza con la letra h. y termina con la palabra zuzón. Está impreso de cabeza y seguramente le falta alguna palabra. No lo he cambiado y creo que no lo haré).
3. McSweeneys Quarterly Concern Issue #11 (¡el del DVD!), está mal impreso. La entrevista con los especialistas sobre calamares gigantes está repetida y se yuxtapone con el cuento de T.C. Boyle. He intentado cambiarlo, no he podido.
4. La broma infinita, de Foster Wallace, las páginas 61-64 están en blanco. No lo he cambiado.
5. You Shall Know our velocity, tiene hojas en blanco, igual que Tristram Shandy y Samuel Jhonson is Indignant. Pero esos deben ser así.

Thursday, April 07, 2005

Mi segundo nombre debería ser Optimismo

Lo que hago ahora:

Finjo trabajar, escucho a los Flaming Lips y pienso en El Inquilino como la solución a un problema en particular que nos acosa sobretodo cuando estamos solos y encerrados, a oscuras.
Lo que debería estar haciendo:
Trabajar, hacer unas reseñas para una revista de cine y una revista de la farándula y revisar un texto de mi jefe.
Lo que quiero hacer:
Vivir en la playa, saber pescar y aprender a disfrutar el sabor del pescado. Y también: leer. Y esto otro: Contarles sobre el trío de adolescentes que vi ayer caminando en la calle, que caminaban al mismo ritmo, hombro a hombro, compartiendo, lo juro, un cartón de jugo Jumex, de mango. Se lo pasaban de mano en mano. Uno eructó y el otro hablaba sobre una persona a quien admiraba porque tenía un departamento en Acapulco y una lancha, güey. Sentí ternura, asco y una esperanza guardada en una caja de plomo. Bajo tierra.
Manden textos de reseñas a revistaelinquilino.gmail.com

Sunday, April 03, 2005

Cursi hijo de puta

Recomiendo La broma infinita de Robert Foster Wallace. Pero informo: ya no encontrarán copias en el Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo, o al menos no pronto, porque Isolino, Julián y yo compramos todas. Las apartamos desde la semana pasada. La mía no tiene las páginas sesenta y uno a sesenta y cuatro. Sí, compramos las ochenta y cuatro copias que tenían y decidimos que las vamos a vender al doble.
Conozco a una niña a quien le gusta la trova. A mí no me gusta la trova. El otro día bebí en un bar de trova. No noté la trova. Iba con ella. Esto fue después de que unos amigos me mantearan. Había olvidado que había sido manteado. La última vez que fui manteado fue durante un concierto de Joaquín Valverde que se dio a faldas del cerro del Cubilete, durante una perenigración. Los momentos más espirituales de mi vida. Tal vez desde entonces perdí la sensibilidad y el gusto por la trova. ¿Debo agradecerle a Dios por esto? La niña a quien conozco y a quien le gusta la trova sabe que escribí una especie de novela que no ha leído. No la ha leído porque no sólo me preocupa su opinión sino porque ya no enseño esa madre. Ella opina que los libros de los que uno está avergonzado son como hijos mongolitos a quienes encerramos en un cajón. ¿No es esto gracioso? Un poco.
Algo es verdad: de vez en cuando hay que sacar a los niños a la calle, sino la cara se les pone pálida de tanto no ver el sol. Escribí esto hace tiempo (de la página 143):
"Soy delgado y ligero, por eso tengo el privilegio de estar hasta arriba. No es una razón meritoria, pero es la única práctica. Aún así, caigo de espaldas sobre la tierra. Y está bien, había riesgo, lo sabía. Sigamos, sigamos, hay más. Sigamos. El dolor es una ilusión.
Mi cuerpo vuela. Veo el suelo, intento dirigir mi caída. Pienso en el clínamen estoico. Pienso en la gravedad. Y estoy de nuevo en la tierra, sobre una manta de brazos. Un codo se ha clavado en mi costilla, duele. Duele como la puta madre duele. Pero nadie se puede dar cuenta, mis gritos se confunden con los de la muchedumbre. Federico, Juan, Abel, Luis, El compa, Daniel, todos gritan: ¡Eh, eh, eh, eh! No comprendo muy bien. Sólo intento no caer sobre la cara de alguien. Me desplomo finalmente sobre Abel, después de que me hubieran lanzado metros arriba, más de cinco veces seguidas. La velocidad, el vértigo, esto despierta mejor que un café express doble. Esto sólo es el rito iniciativo, como a su manera lo es el concierto de Valverde —que no escucho porque mi grupo de jóvenes cristianos, Saulo, recién estrenado, decide que es mejor adelantarse en la caminata. Me parece prudente. Nunca me ha gustado la trova, mucho menos la cristiana. Estamos listos para el Cubilete."
Ahora escucho a Damien Rice. Es como si me estuviera esforzando por ser cursi.
Entonces: me han "manteado" tres veces en mi vida. O recuerdo tres. La última fue la de hace dos noches, la anterior fue durante la preparatoria (que no fue, en rigor, una manteada pues no usaron una manta, sino una especie de cama a base de brazos) y la primera que recuerdo fue en casa de mis abuelos, bajo la responsabilidad de dos primos que después decidieron irse al norte para trabajar. Me descalabraron y lloré mucho.
Ahora escucho "You can't hurry love", de The concretes. Es una gran, gran, gran canción. Después de eso, lo consulto en mi reproductor de mp3, escucharé a The libertines, Rebel Rebel (en su versión portuguesa), The Zombies, Iggy Pop, Anorexia y sus flaquitas, Tremendo Insecto y una canción que se llama Queen Bitch. Tengo mil madres por hacer, muchas lecturas. Cosas que necesito escribir. Perdí un documento importante. Unas llaves. Quiero ir a un concierto y no he comprado boleto. Y faltan las cosas importantes. Y hace calor. Y sudo y apesto.

Saturday, April 02, 2005

Dos de abril

Hoy cumplí un año nuevo. Se murió el Papa, también. Fui al cine, después de comer. Pensé que tembló, pero no fue así. Anoche bebí un poco más de la cuenta. Es un mal signo que cuando regresas a un bar para preguntar si no encontraron las llaves que, piensas, dejaste ahí anoche, en las afterhours, te reconozcan y llamen por tu nombre. "Ya no tomes tanto, Guillermo", te dices. Y sonríes. Porque es gracioso. O al menos te haces pensar que es gracioso. No hablan en serio.
Náuseas en el auto rumbo al centro para comer en el Cardenal con mis padres. No quieres ir al centro porque temes encontrarte con tu amiga, la amiga que también nació el dos de abril de 1982, y con quien hablaste unas horas antes para felicitarla y preguntarle qué iba a hacer, cómo celebraría. Temes que piense que has ido al centro de la ciudad sólo para buscarla. Que fuiste tú quien sugirió comer en el centro, con tu familia. Pero no fue así. Fueron ellos, tu padre y tu madre, quienes eligieron el lugar. Tú hubieras preferido quedarte en casa. Tampoco quieres decirles: "No, no hay que ir al centro. Una amiga va a estar ahí y temo encontrarla porque no quiero que piense que la estoy siguiendo". Así que no lo dices. Te subes al auto, abres Monsieur Pain lees un poco y sientes las náuseas y esperas que tus padres, de un momento a otro, te pregunten qué fue precisamente lo que sucedió anoche, porqué llegaste tan tarde, dónde dormiste, etc. Escuchas una campana de Iglesia y en la radio anuncian la muerte del Papa. No se te ha ocurrido que, simplemente, el centro es lo suficientemente grande como para que no te encuentres a tu amiga. En el fondo esperas encontrártela, decirle algo como "Te estoy siguiendo". Y luego, "No, no es cierto. Mis papás eligieron el lugar". No la encuentras. Te sorprendes con lágrimas en la cara porque hay un informe no confirmado de que el Papa pidió, con un hilo de voz, que no estuviéramos tristes, que estaba feliz y preparado. Consideras un momento volver a practicar el catolicismo.
Se te pasa pronto y la náusea vuelve y sabes que estás deshidratado. Un taxista, en el tráfico, escupe de su auto a la calle. Te sientes en todas partes. Te sientes triste. Sabes que se te pasará en unas horas. Y que cuando las cosas que suceden más tarde que te ponen feliz, suceden, finalmente, imaginas, también, las horas venideras en las que escribirás al respecto mientras escuchas The way I feel inside de The Zombies. También piensas en la fiesta de anoche y cuánto te caga dar fiestas y ser un buen anfitrión. Piensas en Ratzinger. En Habermas. En Wojtila. En tu educación sentimental. En tu escuela católica. En tus planes a largo y corto plazo. En el dolor que tienes en la espalda. En la palabra "lumbago". En cómo el cuerpo se descompone. En Nicole Kidman y la película en la que la viste hace poco. En que una vez que actualices tu bitácora la leerás y no te va a gustar y pensarás que tal vez debiste haberla revisado mejor.

Tuesday, March 29, 2005

Carajo

Ya van dos veces. Intento publicar y no puedo, en este maldito blog. Borré dos maravillosas actualizaciones que ya nadie verá, como algunas de las costas de Magallanes. La próxima vez que quieran llorar, piensen en esto.

Hace poco le compré un libro de Cortázar a un primo que tiene la hormona alborotada y no sabe qué hacer con su tiempo. Recuerdo que yo leí a Cortázar a su edad. Cumplo años este sábado. Me siento viejo. Me gusta ese sentimiento.

También: Anoche una amiga me dijo que alguien estaba dejando mensajes perversos en su máquina contestadora. Uno de ellos decía "Te voy a coger mamacita". Le prometí que no era yo.

Las cosas que deseo para este año (algunas):
1. Que salga El inquilino
2. Ser Dave Eggers
3. Que alguien me renueve la suscripción a McSweeney's
4. Comprar y terminar El hombre sin atributos
5. Terminar mi novela
6. Conocer a Bárbara Mori
7. Dejar de pensar en la seducción como un sistema de retribución narcisista
8. Que mi perra aprenda a hablar
9. Que la gente distinga cuando hablo en serio de cuando no lo hago
10. Ser menos barrigón

Mis blogs pasados era más largos que este.

Saturday, March 19, 2005

Se terminó de escribir a las 2.25

Dos de la tarde pasados diez minutos. Mi padre grita en un cuarto contiguo, le grita a mi madre, le grita porque no entiende lo que dice, una mala conexión telefónica. Mi madre viene en camino, por carretera, y a su llegada partiremos. Semana que es santa. Semana que es vacacional. Una lista de lecturas planeadas y que no terminaré:

1. Caminos de bosque, Heidegger
2. ¿Qué es la metafísica?, Heidegger
3. Nietzsche, Heidegger
4. La montaña mágica, Mann
5. I., Stephen Dixon
6. Tristram Shandy, Sterne
7. McSweeney's Quarterly Concern Issue #15, varios.
8. The Fortress of Solitude, Lethem

Le voy a prestar a mi padre 2666 para que lo lea en vacaciones. No le va a gustar. Anoche tuve una pesadilla. En algún momento yo era Adrian Brody (pero como aparece hacia el final de El pianista) y en otro estaba en una especie de misa negra. También: me peleaba con un amigo al que estimo. La pelea tenía que ver con la manera en que trataba a su hermano. Mi amigo, en la realidad, no tiene hermanos. Amanecí con un arañaso en el hombro. Mi hermana me preguntó, por la mañana, por qué gritaba en la noche. Le expliqué que había tenido una pesadilla. Esto le pareció gracioso.
Por otro lado, creo que estoy enamorado. También creo que es algo puedo decidir, elegir. Cambiaré de tema.
Anoche bebí dos cervezas y un poquito. Abrí una y estuvo bien. Abrí otra y me supo a madres, a químico, a jabón. Abrí otra y me supo mejor. Las tres estaban un poco tibias. Quiero seguir escribiendo porque cuando deje de hacerlo comenzaré a organizar las cosas que debo organizar antes de irme (comprar la comida, el equipaje que falta, ponerle gasolina al coche).
En fin. A lo que sigue.

Monday, March 14, 2005

Por supuesto que no lo vale

Finalmente ordené mis libros cromáticamente. Rojos hasta arriba. Naranjas y amarillos de inmediato. En el anaquel inferior, los libros cuyo borde es blanco y que son de los que más tengo. Debajo: verdes, azulosos, azules de verdad, azules oscuros, negros y en el otro librero una hilera pequeña de libros negros. Muchas gracias a Adriana Degetau por su ayuda. Al ver todos estos libros siento una tranquilidad que pronto se deforma para recordarme la cantidad de libros que están ahí y que no he terminado o no he comenzado.
En Valle de Bravo: olvido las cosas que debo hacer (una traducción que he postergado y un espantoso trabajo sobre ecología que aún no comienzo) y leo el último número de McSweeneys. Momentos más tardes escucho el retumbar de una batería y dos guitarras. Intentan tocar los acordes de una viejísima canción de Green Day. Una voz, de una casa cercana, les grita que se callen. Si mi perra siguiera viva y estuviera ahí hubiera comenzado a ladar, sobretodo por las vibraciones de la batería, y después correría por el jardín con su enorme tranco y daría curvas sin dejar de acelerar en las esquinas de la casa. Tendría que sacarla a pasear y tendría que llevar una rama para golpear a los perros que se le acercaran con segundas intenciones. Después, en el pueblo, la dejaría amarrada afuera de una heladería y cuando saliera con lo que hubiera comprado (no sería un helado sino un refresco, frío) un par de adolescentes, chicas, la estarían acariciando y diciendo: Qué bonita perra. Porque era una bonita perra. Y por supuesto, yo no diría nada, simplemente la desamarraría y caminaría de nuevo hacia la casa de campo, recriminándome por no decirles nada.
El último número de McSweeneys incluye un gran cuento que se titula Counting under water escrito por Kiara Brinkman y otro, que se llama Sales de Judy Bunitz. Ambos son muy pero muy buenos. También recopila historias de autores islandeses, que no he comenzado a leer.
Soy un desordenado. Debo dejar de escribir esto y comenzar mi trabajo. También: debo conseguir dinero. Aplicaré a la Gran Casa de las Becas Latinoamericanas y buscaré respetabilidad y cerraré los ojos ante el vacío y me cagaré hacia dentro. Pero tendré dinero. Me pregunto si lo vale.

Tuesday, March 08, 2005

La utilidad de los libros

Cuando voy al cine solo, que es a menudo (y con eterna tristeza fingida), utilizo el libro que llevo (porque siempre llevo un libro, que a veces ni abro) para sostener mi refresco y mis nachos. Me gustan mucho los nachos. Siempre los pido con queso encima. También me gusta el queso de los nachos.
Según Grabriel Zaid su biblioteca está conformada de libros que quiere leer. Los que ha leído, dice, los regala o pierde. También habla sobre esas bibliotecas que se tienen sólo para impresionar. Yo quiero ordenar mis libros (que están, en este preciso momento, detrás de mí y hablando pestes de mí) por colores.
Pero no he recibido ayuda.
Espero ayuda.
Resulta que mi emoción por leer el cuento de Bolaño que, según yo, no había leído nunca, se desvaneció cuando resultó que sí había leído el cuento. Pero es un buen cuento. Lo leí hace rato, mientras esperaba.
Cerca de mi casa hay una tienda que se llama La cabaña. Venden tortas que nunca he probado pero que se venden bien. Siempre hay gente pidiéndolas. Albañiles, primordialmente. Me cae bien la señorita que atiende pues cuando vivía mi perra no le importaba que entrara con todo y perra para comprar un Dr. Pepper y unos Rancheritos. Ahora escribiré una lista sobre las cosas inútiles que he hecho últimamente (en orden deprimente):
1. Leer.
2. Escribir.
3. Decir que a veces sufro porque no tengo lo que quiero
4. Vivir

Sunday, March 06, 2005

El plan

Las primeras ideas, el borrador de un plan, fueron escritas en un hoja cuadriculada sobre la barra de Hooters, hace un par de días. Julián Zárate y Guillermo, el otro Guillermo, estaban presentes. Ahora descubro que es difícil hablar de esto. Lo que sé es lo siguiente: Somos varios y tenemos ideas similares. Creemos: que debemos hacer algo. ¿No lo tomamos en serio? No demasiado. ¿Creemos que ésta es una virtud? Sí. (Pero no). ¿Tenemos esperanzas? Algo muy parecido a la esperanza. Y al optimismo. Y a un entusiasmo disfrazado de indiferencia.
Escribí:
METAS A LARGO PLAZO: Crear una Editorial y una Revista semestral.
METAS A CORTO PLAZO: -Crear público. -Comenzar con pérdidas, público cautivo. -Recordar Might, no hacer una revista de acceso difícil. -Invertir para ganar credibilidad. -Difusión (UNAM, Chopo, IBERO, Cholula) -¿Anuncios? Anuncios. -Crear una red: A través de un blog, del boca a boca, correo masivo, tener un historial. -Definirse. -Hacer un DUMMY:
Personas que podrían interesarse:
-Vinicio, little Jesus.
-Zagal.
-Piú.
-Salazar.
-Insolentino, saludos de su parte.
-Chema.
-Pavel.
-Adriana.
-EDE (Daniel? Rafael? El librero Víctor? Se llama Víctor?)
-Las personas de El Inquilino (Alejandro, Alejandro, Ingrid)
-Guillermo, el otro Guillermo.
-Luis.
-El Reyezuelo.
También, por alguna razón escribí "aurático". No sé por qué hice esto.
La revista semestral estaría dividida en tres partes: Narrativa, Reseñas y Sugerencias, Ensayo y Opinión. No habría poesía. La poesía se hace en casa. Y a solas. Y en un cuaderno que nadie debe leer.
Ahora pienso que también debemos añadir a Miguel Ángel, comandante de nuestra sociedad no-utópica, y a Silvia, secretaria de nuestra comunidad no-utópica, y a Palma, por ser uno de esos gordos que no desagradan tanto como otros gordos pero sobretodo porque es una gran persona --no pun intended.
¿Y a quien haríamos presidente? A mi perra Refu, si aún estuviera viva.
Comentarios y sugerencias al: guillermoinj@yahoo.com

Friday, March 04, 2005

Lista de libros por leer

(Y que compré en esta semana que termina)

1. La rosa, Robert Walser.
2. Austerlitz, Sebald.
3. Tristram Shandy, Laurence Sterne.

(Y que se añaden a los otros libros que estoy leyendo o aún no comienzo pero que están en mi escritorio esperando)

1. Don Quijote de la Mancha, ¡lo sé! ¡A quién engaño! ¡No lo terminaré porque me da pereza pero diré que lo he terminado!
2. Señores y sirvientes, Michon
3. Nacimiento de los fantasmas, Darrieussecq
4. Sobre la historia natural de la destrucción, Sebald
5. La montaña mágica, Mann (¡otro!)
6. Ferdydurke, Gombrowicz
7. Timothy McSweeneys Quarterly Concern # 15 (probablemente sólo lea este)

Estómago deshecho

Dos noticias:
La buena, encontré un cuento de Bolaño que no está en ninguno de los libros de cuentos de Bolaño que tenía. El librero de la casa del refugio del poeta, en Zitlatépetl, la Condesa, me regaló la revista en el que viene y le estoy eternamente agradecido. Una gran persona, este librero. Creo que se llama Víctor.
La mala noticia es que tengo el estómago deshecho.
Estómago desecho, a.k.a. mi amiga Adriana, se levantó del sofá en que el estaba acostada y se fue corriendo. Esto sucedió hace un par de días. Cuando lo hizo me pregunté si olía mal, yo. Y tal vez, pensé, por eso se había tan derrepente, corriendo. Fue un gesto extraño. Adriana me odiará por decir esto, pero me recordó exactamente a mi perra, cuando estaba viva. Mi perra era capaz de levantarse e irse corriendo cuando algo llamaba su atención (un ruido que yo no escuchaba, un movimiento en el pasto que yo no notaba). Pues así fue. Más tarde me enteré de Adriana tuvo que irse corriendo porque debía vomitar. Por segunda vez.
Este blog es educativo.
Presten atención.
El estómago desecho es el estómago que sólo contiene una mínima cantidad de lo que contenía antes. Desecho, pues, es sólo una partícula, vil, pequeña, inmunda; un residuo.
Yo no tengo el estómago desecho. Yo tengo el estómago deshecho, gracias a unas jodidas Buffalo Wings que comí anoche en Hooters. Y todo porque Guillermo, el otro Guillermo, ese Guillermo que no soy yo pero también es amigo de mi amigo Julián, decidió alburear a la camarera. Lo sé. Suena como si este Guillermo fuera mi oscuro hermano gemelo. No es así. Este Guillermo es tan real como las agruras que siento. Guillermo pidió unas buffalo wings con picante. Después le preguntó a la camarera si ella comía picante. Etcétera. Nos trajeron un plato de buffalo wings muy picantes y un plato de buffalo wings enfermizamente picantes. La salsa de esas tres buffalo wings que se crearon en el infieron fue elaborada a base de habanero. Y como no las probé (sólo olí la salsa y la probé en la punta de mis dedos) fui reprimido. Me llamaron Poco hombre. Me llamaron Mujerzuela. Me dijeron: "Primero no tomas Pulque y luego no comes esto. Es el colmo". Probé Pulque. No sé por qué Julián decidió que yo no probé pulque aquella vez que probamos pulque. Oh. En fin. Las otras buffalo wings me hicieron llorar y sudar. Guillermo, el otro, afirmó que comer esas buffalo wings después de las buffalo wings con salsa de habanero era como comer caramelos.
Dijo: caramelos, con voz de Homero Simpson.
También: la mesera me pidió una identificación, como es costumbre. Me preguntó mi edad. 22, le dije. Después dijo que tenía cara de niño. Más tarde, en algún momento, me llamó babyface. Creo que Babyface era un rapero. Y que los cara-de-niños son unos bichos. También me preguntó si tenía algo de francés, cuando me vio, dijo, creyó que era francés. Lo cual, como sabe cualquier persona que me conoce, es simplemente ridículo.
Hooters es ridículo.
Nací un dos de abril de mil novescientos ochenta y dos. Lo cual significa que fui concebido en septiembre de mil novescientos ochenta y uno (soy sietemesino). Me pregunto si mis padres decidieron tenerme. Es decir: sé que decidieron conservarme, pero ignoro si decidieron: En esta ocasión tendremos un niño. Quise hablarahora sobre esto porque creo que ya es tiempo de que conozcan mis orígenes ad Ovom pero también porque sé que a nadie le gustan los relatos que comienzan por el principio.
Ahora lo saben.

Tuesday, March 01, 2005

La bondad humana no conoce límites

¡Gracias Ingrid! ¡Horas de insomnio! ¡Ajúa!

Thursday, February 24, 2005

Krankenhaus

Hay maneras de decir las cosas que no conozco. Maneras sutiles. Finalmente he recordado lo que quería contar ayer, cuando hablé sobre el hospital y mi hermana operada. Mi hermana sigue en reposo y los ojos cada vez más hinchados. Recuerdo estar en la cafetería del hotel, una cafetería con vista a la ciudad, una vista que mi hermana no pudo haber visto, cuando se me ocurrió algo que pude haber escrito. Hice una nota mental al respecto porque aún no consigo un cuaderno de notas para este tipo de cosas. El cuaderno de notas que quiero conseguir corresponde a una idea clara, fija y distinta. Debe ser de un tipo en especial, como el cuaderno que usa Indiana Jones en Los cazadores del arca perdida (en la escena de la excavación, cuando baja a la cámara secreta que contiene una maqueta de la ciudad perdida de no sé qué diablos) un cuaderno delgado amarrado con una liga. O bien, un libro pequeño de pasta dura, tamaño esquela. O bien, cuadernillos, también de pasta dura, tal vez forrados en piel, como los que usa el joven personaje de Finding Forrester. Como no tengo ninguno de esos cuadernos olvidé la idea mientras esperaba a que bajara el elevador. En ese momento me percaté de que olvidaba la idea pero no me importó demasiado porque se me había ocurrido algo todavía más interesante: Cómo es que en Alemania a los hospitales les llaman la casa de los enfermos (Krankenhaus) y cómo eso es algo demasiado cruel y deprimente. Por una razón a Maternidad le llaman Maternidad y no La Sala de Infantes Que Esperamos No Se Nos Mueran. Lo mismo con Cuidados Intensivos.
En eso estaba pensando mientras esperaba el ascensor y me distraía leyendo el directorio de la clínica. Y entonces vi un piso que se llamaba Fertilización Asistida, y me pareció de poco tacto, también, pero no tanto como este otro: La Clínica Del Dolor.
Suena a novela de Bellatin o a película de terror porno.
En el cuarto de recuperación le dije a mi hermana "Mira qué bonita vista te dieron", porque soy una mala persona. Y también: "¿De aquí quieres que vayamos al cine?". "Cállate baboso". "Vamos, te cuento la película". "Eres un idiota". Supe entonces que mi hermana aún estaba bajo los efectos de alguna droga porque normalmente no es tan agresiva. "Estoy tratando de hacerte reír. Soy como Patch Adams. Llámame Patch", le dije. Regresé a la cafetería.
En la cafetería recordé un mal anuncio publicitario. Un grupo de chicas guapas se sientan en una cafetería y platican. Recuerdo esto pero no el producto, ergo, mal anuncio. También recuerdo que había un momento en que la cámara iba en slow motion sobre la cara de una de estas chicas guapas. En el momento preciso que reía y que mostraba la lengua. Y recuerdo con mucho, mucho asco, que tenía la lengua amarilla por la cafeína. ¿No deben cuidar estos detalles los directores de anuncios publicitarios? ¿No deben los publicistas preocuparse por mostrar un mundo normal pero no cotidiano, perfecto, y sin manchas de cafeína? Deben. Es su labor, ésta. No mostrar la realidad, seducirnos, endulzarnos el día para que estemos dispuestos a recordar eso que venden, para que después se nos antoje compralo con la idea de que responde a una realidad mejor a ésta en la que cuando fumamos demasiado o bebemos cafeína la carne se torna amarilla. Si ni siquiera pueden hacer esto, ¿por qué seguir? Esto me hace sentir enfermo.
No puedo seguir.
No voy a seguir.

Wednesday, February 23, 2005

Ahora que tengo ganas de cagar decido comenzar a escribir y a percatarme de que es un error porque me molesta, a veces, escribir con prisa. Puede servir cuando no tienes nada que contar pero si tienes una idea la prisa cada vez te aleja más de ella. No tengo una idea, es cierto. Pero sí algo que intuí hace rato mientras operaban a mi hermana de los ojos. Algo que tenía que ver con la velocidad, particularmente después de que salió de recuperación y finalmente la dieron de alta y bajamos por el ascensor con un enfermero y una silla de ruedas. Le pregunté al enfermero si quería echar unas carreritas, él empujando a mi hermana y yo en otra silla de ruedas y me dijo que sí y sonrió y me vio atentamente. Estuve a punto de decirle: Pues vamos. Pero al ver que sólo estaba siendo amable decidí que sería una mala idea insistir.
Mi hermana es enfermera y ahora estudia derecho, no ahora que está acostado descansando de la anestesia, sino ahora, en esta época de su vida. No le gusta el derecho pero lo estudia. Gran fuerza de voluntad.
O justamente lo contrario.
Hay un escritor que no es Enrique Vila-Matas sino el escritor de Peter Pan, creo que se apedillaba Barry, quien dijo que cuando escribía con la mano izquierda normalmente le salían palabras siniestras, macabras, y con la derecha literatura muy optimista. Digo que no fue Vila-Matas quien dijo esto pues es algo que bien pudo haber dicho. Creo que Vila-Matas explota demasiado ese autoplagio del doble y el oscuro hermano siniestro y utilizar personas reales para sus personajes. Pero le sale bien, como si, igual que Barry, fuera escritor ambidiestro.
De chico también yo fui ambidiestro y tenía un problema para pronunciar las letra erre. Me llevaron con una maestra para corregir esto y mi madre me pidió que no hablara al respecto. Tal vez temían que la gente pensara que yo era idiota.
Últimamente no le preocupa esto.
Mi madre acaba de entrar al cuarto para decirme que se meterá a la regadera y pedirme que esté al pendiente del teléfono y de mi hermana, en ese orden. Espera salir de la regadera antes de que yo salga a la calle. Saldré a la calle, como en media hora. Pero antes debo cagar.
Regreso del cuarto de mi hermana donde ha sonado el teléfono. Mi madre tenía razón. Llamó una amiga de mi hermana para, supongo, ver cómo se encontraba. Transcribo la conversación:
-¿Sí?
-¿Sí?
-¿Quién habla?
-Pili
-Hola Pili, ¿cómo estás?
-Bien, ¿y tú?
-Bien también. ¿Cómo está tu familia?
-Ay muy bien, ¿y la tuya?
-A todo dar.
-¿Cómo está [tu hermana que no es la hermana de quien soy amiga y que se casó hace poco]?
-Oh, está bien. ¿Cómo están las tuyas?
-¿Las mías qué?
-Tus hermanas.
-Ah, pues muy bien.
-Qué bien. Bueno. ¡Adiós!
-¡No, espera! ¿Cómo le fue a [tu hermana que operaron]?
-Bien. Está aquí, camina hacia el teléfono como zombie. Ahora te la paso. Te cuidas.
-Ay, pobre. Bueno, adiós Memo te cuidas.
-Igual.
No. Simplemente no me llega. Aquello que quería contar. Lo pensé en la cafetería del hospital y seguro tenía que ver con lo silenciosos y deprimentes que son los hospitales. O tal vez con la vanidad, porque la cirugía de mi hermana fue, en parte, estética. Carajo.
Debo comprarme un cuaderno de notas.

Sunday, February 20, 2005

Adiós Refu, te extrañaremos

Mi perra ha muerto. No pudo haber sucedido en un mejor momento. Apenas hace una o dos noches un amigo me recomendó que dejara de escribir en mi blog sobre ella. "Deja de escribir sobre tu pinche perra", me dijo. Estábamos borrachos. La tienda de mascotas tiene una garantía por muertes accidentales, si sucede dentro de los quince días después de la compra. No sé si llamaré a mi nuevo perro como llamé a éste, pero creo que no. Estoy triste pero también siento otras cosas, una especie de alivio estúpido. Trato de poner atención a lo que siento.
Ya no sé si quiero otro perro.
Comenzábamos a tener nuestras costumbres, mi perra y yo. Pasear por la mañana a un jardín que está cerca de la casa. Correr de la puerta de mi casa a la puerta del fraccionamiento, sin correa. Caminar con correa hacia el parque para soltarla de nuevo ahí y esperar a que pasara media hora, al menos. La misma correa, perros distintos.
No quiero otro perro, he decidido.
Dos noches de beber demasiado, hechos que no tienen relación alguna con la muerte. Salimos a rockear, en tributo a Guns and Roses, que nunca me gustó. Hablé con una niña que conocí ahí, un rato. Y cuando comenzó a tocar la banda me dijo ahora vuelvo y no volvió. Esa noche y la siguiente estuve rodeado de amigos a los que no veo a menudo, cuyas vidas han cambiado poco a poco, atendiendo distintas obligaciones. Los mismos perros, distintos collares.
Esa noche regresé a casa y me metí a la cama. Sentí mi estómago, pesado y tuve que levantarme de nuevo. Molesto por esto. No me agrada cuando pasa esto. Entré al baño, vomité y sentí mi nariz ardiendo. Terminé y regresé a la cama. Dormí.
Al día siguiente me levanté temprano por la llamada telefónica de un amigo. Quería ver si aún andaríamos en bicicleta. Por mi voz, intuí, esperaba que le contestara que no, así que contesté que sí y me levanté, crudo, vivo, una almeja caminando. Preparé mis cosas y me lavé la cara. Bebí un Gatorade y salí rumbo a casa de mi amigo quien momentos antes de que yo llegara a su casa llamó a mi celular para cancelar. Regresé a mi cama.
Más tarde le hablé para que me acompañara al cine. Vimos la nueva película de Wes Anderson y eso me hizo sentir feliz. No mencioné a mi perra.
La alegría, descubrí al llegar a mi casa después de ver la película y dejar a mi amigo, también viene en forma de libro. La nueva McSweeneys Quarterly Concern había llegado por correo. Leí un cuento que se titula: Lie down and die. Es un cuento de sólo dos hojas. Después jugué Playstation, un rato y como a las diez de la noche recibí un mensaje en mi celular. Estoy comunicado con el mundo.
Otro amigo me invitó a una fiesta. Cuando llegué bebí, vi a mi amigo y a otras personas que veo, siempre, las mismas niñas, los mismos tipos, en todos lados, en todas las fiestas. Mi amigo se fue poco tiempo después de que yo llegara y cuando se retiró intenté incorporarme a distintas pláticas que se sostenían en la casa. Era un casa bonita, limpia. Me fui sin despedirme, en silencio, cuando otro amigo me llamó para que fuera a jugar dominó a su casa. Consulté el reloj y decidí que la noche aún era joven, que no sería necesario editarlo todo más tarde para hacerlo ver más alegre o más triste, según mi estado de ánimo.
No jugamos dominó, hablamos sobre libros. Victor Isolino, alias el Vila-Matas, Julián, quien me pidió que dejara de hablar sobre mi perra, y Vinnie, quien hace poco se cortó el pelo. Continué bebiendo ron y en algún momento, recuerdo, estuve amarrado a una silla, una revista pornográfica frente a mí. Y es extraño, pero no me pareció extraño que ese tipo de cosas sucedieran en mi vida.
Regresé a mi casa y no vomité.
Ahora escucho The blowers daughter, canción que escuché por primera vez en el cine durante una escena en slow motion. En esa escena Natalie Portman camina. Y sonríe. Y camina. Cuando escuché la canción creí que la conocía, pero no es así, sólo se parece a otras canciones. Un poco. De la película de Wes Anderson, cambiando de tema, recuerdo algunas buenas canciones de Bowie interpretadas en portugués. Hubo al menos un momento de la película durante el cual no supe si debía llorar o reír. Hubo otro momento, después de la película, en el que mi amigo, quien es contador, me invitó a una fiesta de contadores. Hace poco se cambió de trabajo y gana el doble de lo que ganaba. Fantaseo con que años más adelante sea mi mecenas. Por supuesto, no va a ser así. Como van las cosas, se casará con una mujer a la que respetará pero que realmente no conoce. Tendrá a unos hijos a los que amará y con los que sentirá una obligación, misma que lo llevará a gastar dinero en su educación. Y no tendrá dinero para mí. Estas cosas, las sé. Así que tal vez sea mejor que me dedique a otra cosa. No sé, tal vez deba estudiar para ser abogado. Decidí que no quería ir a la fiesta de contadores. ¿De qué hablaría durante una fiesta de abogados? Hablar con amigos que leen es sencillo, sólo debes opinar sobre libros. ¿Se debe opinar sobre contaduría? ¿Sobre los números? ¿Debo filosofar, en una fiesta así? ¿Qué son los números?, preguntaría. ¿Creen que los números estén en la naturaleza o que son un ente intelectual?, preguntaría. Me verían con atención y tratarían de averiguar si hablo o no en serio. Mi amigo comentaría: "Me impresiona tu capacidad para desconcertar a las personas". Pero yo insistiría: Los fractales, las proporciones perfectas de las escamas de un pez, estas cosas, estos números... ¿No son algo impresionante? ¿Cuál es el número finito de encimas existentes? ¿Cuál es el número finito de las cosas? ¿Es el universo algo limitado? ¿Cuántas veces late mi corazón por minuto? ¿Pueden hacer un estimado, contadores? ¿A qué velocidad se mueve mi cabeza? ¿Pueden monitorear ese tipo de movimientos, contadores? ¿Cuántas mentiras he escrito hoy?
Una.

Wednesday, February 16, 2005

La vida virtuosa

Si hubiera sabido de la alegría que me iba a dar Refu, mi perra, la hubiera buscado muchos años antes. Es verdad que en ocasiones mentas madres cuando te muerde o cuando hace un desmadre el jardín, pero sobretodo cuando debes levantar su mierda. Porque caga. Caga horrores negros que están en todos lados, después de que come, muy temprano en la mañana y por la noche. Caminas por el jardín y siempre hay uno ahí, un montículo de mierda dura y negra que te ve y te domina y parece decirte: Olvídalo, este terreno es mío, me apoderaré de él poco a poco, como un mal pensamiento que se oculta en el fondo de tu cabeza y que se materializará con el paso de los años. Pero hago lo que puedo, levanto, lavo y me lavo las manos, porque la perra es buena, me sigue, me reconoce y me muerde con cariño. En ocasiones me pregunto si esto está mal, si estoy transfiriendo todo el cariño que tengo por dar (!), como dice uno de mis amigos críticos, a mi perra. Y debe estar mal. Lo sé. Sobretodo cuando entro al baño del jardín, después de jugar con la pelota de la perra --una pelota naranja que tiene un cascabel dentro, una pelota que Refu sigue y muerde como si fuera algo vivo que quiere matar. Así que entro al baño, me lavo las manos de sus babas y orino. Y la perra entra también y es cuando comienzo a dudar. ¿Está esto mal? ¿Debe verme orinando? Sólo se sienta ahí y pone atención al ruido del agua y de vez en cuando me ve a los ojos. Esto no puede estar bien, me digo. Y le grito. No entiende nada de esto, por supuesto, pero le grito que se salga, carajo, pero no lo hace. Termino, me lavo las manos y salgo del baño y seguimos jugando y es como si no hubiera sucedido.
Debo buscarme una mujer.
Ahora que tengo a la perra me levanto temprano y no duermo tan tarde. Tampoco veo tanta pornografía como antes y como mejor. Desayuno. Anoche comencé a hacer abdominales. El otro día sentado en el retrete vi mi estómago y no era el mío, mi estómago estaba debajo de esa masa informe que estaba viendo, pero era extraño porque esta nueva masa también tenía un ombligo, un ombligo como el mío, y la misma pigmentación que el resto de mi cuerpo. Hoy desperté con un dolor en el abdomen. No debí esforzarme tanto y tan rápido. También comencé a levantar pesas. He vuelto y sé a quién debo agradecerle.

Sunday, February 13, 2005

Lista canina

Lista de libros sobre perros que no he leído a pesar de que en su momento me pareció que debí hacerlo:
1. Colmillo Blanco, de Jack London.
2. Timbuctú, de Paul Auster.
3. Cachorro (no recuerdo el autor pero sí la portada del libro en la que un pastor alemán sacaba la lengua y parecía estar muy contento consigo mismo).
4. El país de las sombras largas (un libro que trata sobre esquimales y que no leí pero del que estoy seguro es el tipo de libros en el que necesariamente debe tocar el tema canino en algún momento, preferiblemente en un momento climático), de Hans Ruesch.
5. Perro amarillo, (tampoco recuerdo el autor).
Ahora una lista de libros que leí en los que se escribe de perros pero no necesariamente tratan sobre perros:
1. ¿Quieres ser mi perro?, de Arthur Bradford.
2. Perros héroes, de Mario Bellatín.
3. "After I Was Thrown In The River And Before I Drowned", que aparece tanto en How we are Hungry y Conversaciones con el ángel, en versiones ligeramente distintas. Este cuento de Dave Eggers es un gran cuento que habla sobre un perro muy velo al que le gusta brincar y comer pizza y que vive en su cuerpo en el fondo de un río como si se tratara de un costal de carne y huesos, después de que lo aventaron para que muriera. Gran cuento. Eggers toma alguno de los tópicos de este cuento para escribirle a distintos CEO's de varias transnacionales que comienzan con una entrada similar a esta:
"Estimado [señor importante de transnacional],
sé que es un hombre importante y no quiero quitarle demasiado tiempo. Quería informarle que desde hace tiempo escribo pequeñas historias de un perro muy veloz al que le gusta comer pasto y pizza. Aquí hay un ejemplo:
[ejemplo]
Muchas gracias por su atención."
¿No es esto fabuloso? Oh sí que lo es. A su manera.
Finalmente, una lista sobre las cosas que hace mi perra Refu que me hacen enojar:
1. Cuando me muerde la entrepierna.

Wednesday, February 09, 2005

La Refugiada

Tiene los ojos cafés, almendrados. El pelo es abundante y de un café clarísimo, como el chocolate. Es muy inquieta, ligeramente nerviosa. Tal vez por la edad. Cada vez que tiene oportunidad, se me brinca encima y tiene la terrible costumbre de caminar demasiado cerca de mí, a veces entre mis piernas. Es mi perra. Me encanta esto. Tener a la perra más veloz del mundo, porque deberían verla. Ayer, cuando estábamos en la terraza del jardín, la primera vez que estuvo ahí, brincaba del jardín a la terraza y corría formando un círculo perfecto alrededor mío; corría de la terraza al jardín y del jardín a la terraza y de nuevo, a toda velocidad, era increíble pero no se dio con ninguno de los pilares que sostienen el tejado. Corrió entre las macetas y brincó el desnivel, librándolo a penas, el pecho contra el suelo, la lengua de fuera y con los ojos atentos a mi espalda, en la terraza, y a mi cara, en el jardín.
Se ha apoderado de una pelota morada que antes de su llegada me mantenía cuerdo en noches de insmonio y falta de inspiración, noches en las que me obligaba a caminar en círculos en mi cuarto, de mi librero a la pared del baño, de la pared sobre la cama y al escritorio y de nuevo al librero, botando la pelota que ahora muerde y babea para mi eterno asco cuando se la arrebato del hocico. Un hocico rosado y con esos grumos o protuberancias que tienen todos los perros en las comisuras, un hocico que apesta, como ella, toda, a comida de perror. A croquetas. Ayer yo también apesté a perro y sé que con el tiempo esto me molestará, cada vez más, sobretodo cuando salude a otras personas y me tenga que disculpar por el olor, pero, ¿qué se le va a hacer? ¿Cierto? Es una perra y no tiene control sobre sí y no sólo eso sino que es la perra más veloz del mundo, y tal vez debí nombrarla después de haber notado esto, debí haberla llamado Centella o Relámpago o Rayo, pero no, porque así se llama mi hermana, así que tal vez algo menos complicado, más corto, Borrón, Dash, Veloz, Perra Veloz, La perra Más Veloz que Hayas Visto Jamás; aunque ahora que lo pienso no hay nombre apropiado para su velocidad, a no ser que me refiera a partículas elementales, como los Quark, o Electrón, o Positrón; aunque la verdad es que ninguno de ellos suena a algo veloz, tal vez Quark, pero en todo caso suenan más a planeta extraño de la serie Flash Gordon. Ahí está. Qué tonto. Flash.
Pero se llama Refu y debo acostumbrarme a llamarla Refu. Ven Refu, le digo y no me hace caso y ataca su pelota con toda la torpeza de sus dos meses. Que ya es bastante. Refu. Refu. Refu mi perra Refu no se está en paz. Y le tenía todo el cariño posible, ahí, tendida frente a mí en la terraza y en el jardín, junto a su nuevo plato para el agua que no le va a durar ni dos días porque lo muerde, aunque la regañe y le pegue, lo muerde como si no hubiera mañana. Entonces, estamos ahí, ella con su plato y yo con mi Coca Cola y empiezo a verme anciano, o un poco maduro, no demasiado, frente a una chimenea o un librero atiborrado de libros por leer y ella a mi lado, con su plato de agua y yo con mi tasa de café o mi pipa o mi Whiskey o una Coca Cola (porque me encanta la Coca Cola, a todo mundo le encanta la Coca Cola, de la misma manera en que todo mundo adora a los perros) y todo es paz. Así que ensayo y cuando ella está cerca, a mis pies, comienzo a leerle del libro de Vila Matas que estoy leyendo. Lo hago con una voz seria, ebria de posibilidades. Leo: "En el fondo, sólo los grandes tímidos son personas realmente atrevidas, capaces de cualquier cosa, créame". Refu se levanta, distraída y comienza a correr para inspeccionar detrás de un árbol que está en mi jardín. No le interesa. No se está en paz. Pinche perra.
Está bien. Con el tiempo se cansará y dejará de correr y se tirará a mi lado y entonces me podrá escuchar leer o teclear o escuchar música, también, en mi cuarto o en un estudio. Mientras podremos salir a la calle y a correr, a la montaña a andar en bicicleta, con mis amigos, al mar, sí, al mar, la perra más veloz del mundo con arena en las patas y mojada con agua salada, diablos sí, sería fabuloso, con freesbes y chicas en bikini preguntándome cómo se llama y contestarles, a punto de permitirles que la toquen, pero ella, celosa, correrá y ladrará y volverá al mar una y otra vez rápida como un quark.
Refu. Refu. Refu espantará los gatos, las ardillas y no le temerá a las águilas, que, por cierto, ya no se ha aparecido por mi casa.

Monday, February 07, 2005

Carnestolendas

Platiqué con un primo. En el pueblo de mi primo, cuando todo está aburrido, se dice que no hay sangre. Cuando pasan cosas, es que hay carne. Desfile de carne humana, dice.
La última vez que estuve en Venecia me comporte de manera que años más tarde pudiera hacer afirmaciones que comenzaran con "la última vez que estuve en Venecia", como si se tratara de algo normal y cotidiano, el tipo de cosas que le suceden a uno cuando está fuera o cuando es joven. Así, por ejemplo, conté chistes tontos y conocidos, el tipo de chistes que uno cuenta cuando está borracho, pero lo hice en situaciones clave: encima de una góndola o mientras corría sobre el enorme puente de madera de La Academia en Venecia. ¿No es esto fabuloso? Lo es. Y calculado. Y enorme y nos supera a todos, esta velocidad sobre los puentes en Venecia. Y por supuesto no me subí a una góndola en Venecia. Nadie en sus cinco sentidos se ha subido jamás en una góndola en Venecia, mucho menos durante verano, la época en que el agua estancada y las inundaciones consiguen que Venecia hieda como lo hace cualquier desagüe de cualquier ciudad que se precie de serlo. Pero la velocidad estuvo ahí, en la plaza de San Marcos, cuando corríamos, porque estas cosas sólo se hacen en compañí de otros, y espantábamos las palomas o tropezábamos con ellas --porque jodidas palomas, ¡son como ratas! ¡Como las ratas de los mercados de la ciudad de México! ¡Están en todos lados! ¡En las catedrales y en los hoteles y en los departamentos que ya son parte del patrimonio nacional pero que aún son ocupados por ancianas obesas, ancianas que seguramente ya están solas y muertas y que malvivían de rentas congeladas y que nos obligaron a escuchar sus penas mientras nos comíamos un helado frente a una plaza, una plaza sin nombre y atestada por más palomas y más iglesas y muchos sacerdotes y monjas! No hubo carnaval. No hay carnaval en verano en venecia pero hubo la filmación de un anuncio. Y como eramos turistas, y no cualquier tipo de turistas sino el tipo específico de turistas que no quieren hacer cosas demasiado turísticas pero lo suficientemente turísticas como para que se amarren a nuestros recuerdos, nos acercamos con sigilio a la filmación del comercial. Era una promoción para Master Card en la que unos turistas, turistas normales, se fotografiaban y gritaban en medio del carnaval típicamente veneciano. Pero como no era época de carnaval (era junio o julio, pero ciertamente no era febrero) el carnaval que estaba ahí era falso y las personas detrás de las máscaras eran falsas, es decir, era actores y los turistas normales también eran falsos. Todo era falso. Excepto nosotros y nuestras enormes sonrisas estúpidas y borrachas (porque bebimos en una fonda atendida por una señora malhumorada y ojete que nos corrió cuando vio que sólo pedimos una cerveza y pasamos horas o intentamos pasar horas en su mesa hasta que nos corrió, esperando turistas más normales y más ricos que pudieran desperdiciar más tiempo y dinero que nosotros), en fin, excepto nosotros que sí nos acercamos y nos tomamos fotografías entre los actores con máscaras venecianas --esas máscaras tan chingonas, tan Eyes Wide Shut, tan narigonas y fálicas y tenebrosas-- como si realmente fuera febrero y no el apestoso veranos que pasamos ese día ahí.
Tuvimos que hacer todo rápido, aquella vez, la visita a la plaza de San Marcos, y los tópicos sobre los puentes, y la cerveza, y el espantar a las palomas, porque ni siquiera estábamos durmiendo en Venecia sino en tierra firme, en un cochambroso hotel que se llamaba Mini Miami. Terrible.
Y en parte es mejor porque seguramente el carnaval de verdad me hubiera decepcionado. He estado leyendo Lejos de Veracruz, de Vila-Matas, a sugerencia de un amigo. El mismo amigo que llegados a Veracruz, hace unos meses, se decepcionó en cierta medida pues creía que todo sería mambo y cha-cha-chá y Rosita Boom Boom Romero, pero no lo fue, sólo fue un poco de café con leche en los portales y diarrea en el baño del hotel (al menos para mí). Y calor. Algo de calor tropical, pero ni demasiado ruido ni demasiado me siento el rey del mambo. El personaje de Lejos de Veracruz, Enrique, afirma por eso, al principio del libro, lo siguiente: "No todo el mundo sabe que a Veracruz y a sus playas lejanas no pienso en la vida nunca volver".
Mi hermana está en Venecia, ahora. Fue a visitar el carnaval. Era una sorpresa. No se lo podía decir. La llevó su marido. Suena muy bien, eso, ¿no? Eso de tener a alguien y poderla aún sorprender con viajes como si aún estuvieran de luna de miel, aunque ya no lo están, pero están lejos y a salvo de mis juicios.
Por ahora.
Una amiga, recuerdo, me dijo una vez, en broma, que tal vez sería mejor que no nos conociéramos tanto para que así se mantuviera "perfecta en mi memoria". Creo que había cometido el error de decirle que era perfecta, en mi cabeza. No. No pudo haber sido eso, lo que le dije. Nadie dice eso. Nadie es tan desesperado como para decir eso ni tan atrabancado ni tan estúpido ni tan imprudente. Debí decir algo como Eres buena persona, en mi cabeza. O Eres a todo dar, en mi cabeza. Algo más moderado. Parece que quiero decir algo con esto, que tengo un punto, pero no es así. Sólo me parece curioso que haya leído a Vila-Matas por sugerencia de un amigo que se decepcionó más o menos de sus playas, y que Vila-Matas ponga a Sergio Pitol como personaje de su libro y que a Sergio Pitol lo haya conocido alguna vez y haya orinado en su baño y haya estado tentado a robar uno de sus cepillos --no así uno de sus peines-- y que todo en mi mente siga siendo unitario y femenino y sin hendiduras. O tal vez con algunas grietas, sobretodo en los bordes, pero que casi no se notan porque les puse mucha cola.

Thursday, February 03, 2005

Los amigos

Están en todos lados. Algunos aquí en la ciudad, otros en el campo, otros en Europa, alguno en Georgia y temo que alguno ya no esté por aquí y yo no lo sepa. Uno de ellos está en el norte del país y cuando lo conocí tenía el pelo largo y no lo consideraba mi amigo. Ahora que está lejos, extrañamente, mi estima por él ha crecido. Tengo amigos raros, ordinarios, normales y peculiares. Tengo amigos que la mayor parte del tiempo son normales pero de vez en cuando no lo son, y amigos que normalmente son extraños pero que de vez en cuando se comportan con entusiasmo de zombies. Conozco personas con quienes he mantenido amistad por placer, porque nos conviene ser amigos entre nosotros, y otros porque son virtuosos; a veces los confundo entre sí. Es decir, en ocasiones las personas a las que estimo, a las que les tengo un cariño amistoso porque son virtuosas, me dan placer. Esta es la más acuosa de las características de mis amigos. Tengo amigos de quienes soy amigo sólo porque escuchan la misma música que yo. Otros porque hablamos de temas parecidos. Otros porque nos gustan las mismas películas, los mismos tipos de personas o los mismos libros. También tengo amigos de quienes soy amigo porque leen, ven y escuchan lo mismo que yo pero sobretodo por otra cosa que no logro precisar y que tal vez tiene que ver más con la cantidad de tiempo que podemos estar cerca y en silencio sin empezar a sentirnos incómodos.
Tengo un amigo virtuoso que escribió una tesis sobre la amistad. Tengo algunos amigos médicos, un amigo dentista, un amigo contador, un par de amigos sacerdotes, amigos escritores, amigos abogados y muchos amigos filósofos que probablemente se deberían dedicar a otra cosa porque me preocupan.
Muchos de mis amigos hablan con lentitud y calculan sus palabras, como yo. Tengo al menos una amiga que habla con una voz demasiado aguda, pero a la que ya me acostumbré, y de vez en cuando habla con rapidez. A veces no habla porque no tiene nada importante que decir, y lo sabe, y en otras ocasiones habla con levedad. Tengo otra amiga que también habla con mucha rapidez, cuando no está preocupada, y que habla sola cuando está preocupada y cree que nadie la está escuchando. Tengo varios amigos que hablan en la noche, cuando están dormidos, y amigos y amigas que roncan. Algunos de ellos ya se corrigieron el problema con una intervención quirúrgica. Tengo un amigo con almorranas. Varios amigos con familiares enfermos. Varios amigos que se someten a terapia. Varios amigos feos, varias amigas feas, varios amigos bien parecidos y varias amigas guapas que me ponen nervioso. Entre todos se lee al imbécil de Dan Brown, a J.R.R. Tolkien, a Shakespeare, al aburrido Rodrigo Fresán, a Michel Houellebecq, a Dostoievsky, a Bloom, a Joyce y Beckett y Bukowski y Fadanelli y Camus, a varios beatniks y a Wells y Welsh y Wittgenstein y Stephen King y Stoker. A Bolaño por supuesto, a Eggers, a españoles que no conozco, a un idiota gringo que escribe libros de guerra y espionaje, al tipo que escribió Momo, a Borges, a Cortázar, a Piglia, a Vila-Matas, a Auster, a Dixon, a Walser, a Gombrowicz... Tengo amigos a los que no les importa que escriba bien y mal.
También tengo amigos que no leen los demasiados autores. Tengo amigos tontos y amigos mucho más inteligentes que yo. Tengo un amigo que me paga los libros y no me regaña cuando llego tarde al trabajo y que odia a las mujeres. Creo que debería mencionar a una persona que a veces lleva galletas al trabajo pero tal vez no porque creo que ya sé quién es y creo que en el fondo no me cae bien. Y cuando me como esas galletas, lo hago con ganas de hacerle daño. Muchas de mis amistades aplaudirían este gesto porque la mayoría poseen algo de malicia.
Tengo amigos a los generalmente, o al menos ultimamente, sólo veo en la noche, en espacios cerrados y atiborrados de gente y alcohol. Son los menos. Tengo un amigo que cuando me ve me platica de nuestra amistad de la infancia y en lo que ha devenido, con un poco de culpa en la voz. A este amigo le preocupa que cada vez que nos veamos y estemos borrachos me diga siempre lo mismo. Tengo un amigo que antes vivía con otra pareja. Muchos amigos y amigas con pareja. Algunos sin pareja y que la buscan con desesperación. Tengo amigos y amigas que me han visto llorar, que también son pocos. Algunos de ellos, los mismos, me han hecho llorar. Tengo amigos con los que hago deporte. Otros con los que me quejo. Muchos me dan consejos: sentimentales, literarios, filosóficos, de comportamiento. Los consejos que me dan en su mayoría son a largo plazo y me hacen pensar en clínicas de esterilización en montes indígenas en las que se opta por soluciones prácticas e inmediatas en lugar de educación. Ninguno me da consejos prácticos. Me gustaría que se conciliaran los dos tipos de consejos. Ninguno o ninguna me ha visto desnudo. Creo. Ah. No. Olviden eso.
Tengo amigos a los que ya no voy a volver a ver y otros que sé buscaré aún en mi probable ancianidad. A algunos de mis amigos les preocupa el dinero y la muerte, a otros no. Algunos de mis amigos fueron mis maestros y aún deseo que algunos de mis maestros (sobretodo uno que se encerraba a leer, en la secundaria, en su cubículo y de quienes todos los profesores decían que era muy extraño y con quien platicaba sobre libros de ciencia ficción a pesar de que sabía que le aburría) hubieran sido mis amigos.
Tengo amigos a los que trato con sequedad y que no les importa, a otros que trato con sequedad y se sienten, a otros a los que no trato con sequedad o procuro no hacerlo porque siento que podría herirlos, aunque ya saben que si los trato con sequedad es porque es una de mis maneras de ser, no la más común, y que en realidad no importa porque no son ordinarios como tú.

Tuesday, February 01, 2005

Videodromo

Buena idea: Ver Evil Dead. Mala idea: Ver Evil Dead antes de comer. Buena idea: ver una película de Cronenberg que se llame Videodromo. Mala idea: Ver dos películas de Cronenberg seguidas.
Debo confesar que veo películas de Cronenberg no porque me gusten mucho ni porque me interese estudiar su técnica ni porque proporcionan importante material para mi "escritura", que es cierto, pero casi por accidente. Veo películas de Cronenberg porque quiero caerles bien a los empleados de Videodromo, un video-club que está en la Condesa, un video-club donde todo mundo parece estar en paz consigo mismo y se mueven y hablan con desenvoltura, personas que no se miran en el espejo para arreglarse la chamarra o su manera de caminar cuando están con una niña guapa. Personas normales, pero no demasiado normales, personas ordinarias pero nada aburridas. Tomo Evil Dead, de Sam Raimi, por ejemplo, y me dirijo a la caja y espero que el que esté atendiendo esa noche (tal vez un baterista de un grupo de rock-punk o un chico moreno y gordinflón que usa lentes cagados pero se ve en un estado de completa indiferencia), espero, en fin, que me diga: "¡Ah, Evil Dead! ¡De Sam Raimi! Esta película es poca madre." Es un trampa, por supuesto. Esperan a que conteste entusiasmado. Pero no debes hacer esto, no. Debes entregar tu dinero y decir con un tono muy pausado: "Sí. Es buena..."
No demuestres entusiasmo, te comerán vivo.
Supongo que podría decir lo mismo de las mujeres.
No digas que has estado buscando películas de Raimi desde que viste Spider-Man o The Quick and the Dead. No menciones tardes perdidas en Blockbuster. No menciones Blockbuster. Ni VideoCentro. No. No hagas nada de esto. Mantente tranquilo. Eres un zombie, un espía desenvuelto en Europa. Sabes de qué se trata esto. Eres cool. Te debes convencer de que hay cierta virtud en ser cool. Toma el cambio y da dos pasos atrás. Retírate con tus películas y espía un poco las estanterías, deséandolas a todas. Escucha cómo respiras. Estás en sincronía con el mundo. En Videodromo.
"Videodromo es peligroso", dice un personaje de la película de Cronenberg, "porque a diferencia tuya, tiene una filosofía".
¿Han visto High Fidelity? ¿Ubican la tienda de discos-vintage-fetiche-retro-inaccesible? Videodromo, el videoclub, es su equivalente en mi realidad cotidiana.
Bueno, basta de esto. Volvamos a lo mío. A sentirse inadecuado paseando con una amiga guapa, que por supuesto tiene novio, y en un estado que consideras climatérico, a pesar de estar en tus veintes. Cualquier declinación sexual en tu apogeo sexual, considero, sólo significa que no estás haciendo algo bien. Que estás aspirando a demasiado. Estás apostando en el lugar equivocado. No eres carita. No tienes verbo. Ni demasiado dinero. Sin embargo, consigues tener amigas que te hacen sentir bien, por momentos. Y aún así te revisas en el espejo con detenimiento y calculas cada una de tus palabras.
¿Un poco harto de nuestras palabras? Un poco. ¿Y de nuestra estatura? También, seamos sinceros.
En 2666 leemos:
"Era un tipo que medía casi dos metros. Algo nada usual en México, donde la gente más bien es bajita. [...] Es una cuestión de tradición y de alimentación. Una cuestión de morfología. Ahora tienen un presidente de la república que es más alto que el presidente de los Estados Unidos. Es la primera vez que ocurre. Poco a poco los presidentes de México serán cada vez más altos. Antes era impensable. Un presidente de México solía llegarle, en el mejor de los casos, al hombro a un presidente de América. A veces la cabeza de un presidente de México apenas estaba a unos centímetros por encima del ombligo de un presidente de los nuestros. Ésa era la tradición. Ahora, sin embargo, la clase alta mexicana está cambiando. Son cada vez más ricos y suelen buscar esposas al norte de la frontera. A eso le llaman mejorar la raza. Un enano mexicano manda a su hijo enano a estudiar a una universidad de California. El niño tiene dinero y hace lo que quiere y eso impresiona a algunas estudiantes. No hay ningún lugar en la tierra donde haya más tontas por metro cuadrado que en una universidad de California. Resultado: el niño obtiene un título y consigue una esposa que se va a vivir a México con él. De esta forma los nietos del enano mexicano dejan de ser enanos, adquieren una estatura media y de paso se blanquean. Estos nietos, llegado el momento, realizan el mismo periplo iniciático que su padre. Universidad norteamericana, esposa norteamericana, hijos cada vez de mayor estatura. La clase alta mexicana, de hecho, está haciendo por su cuenta y riesgo, lo que hicieron los españos, pero al revés. Los españoles, lascivos y poco previsores, se mezclaron con las indias, las violaron, les metieron a la fuerza su religión, y creyeron que de esta manera el país se volvería blanco. Los españoles creían en el blanco bastardo. Sobreestimaban su semen. Pero se equivocaron. Nunca puedes violar a tantas personas. Es matemáticamente imposible. El cuerpo no lo aguanta."
Y ya.