Monday, October 24, 2005

Kafka

Phillipe Ollé ve mi traje oscuro que sacudo para quitarme el agua de encima y mi paraguas recargado contra la pared, que gotea. "Heroico", me dice, "como Franz Kafka". Está exagerando, no es para tanto. Me he mojado. Eso es todo.
Kafka era un perro labrador muy similar a Refu, a tal grado que provocó confusiones entre personas conocidas. Ahora Refu usa uno de los juguetes que usaba Kafka, un hueso colorado.
Un amigo me acaba de mandar un link para una página en internet que me pone en contacto con la Cruz Roja mexicana. En caso de que necesiten voluntarios, de hacer el contacto, podrían llamarme a mí, para cualquier tipo de emergencia. En la misma página hay información también para las personas que quieran donar sangre. Entre la información para los donadores de sangre, hay un apartado de preguntas y respuestas. Si uno conduce o maneja maquinaria pesada, debe reposar 24 horas después de haber donado sangre, antes de volver al trabajo. Es preferible, he leído también, que las personas que hacen actividades de "alto riesgo" no donen a menudo. Entre las actividades de "alto riesgo" está tener relaciones sexuales con varias personas, sobretodo si eres hombre. No sé por qué me mandó esto mi amigo.
El huracá Wilma azotó una de las regiones del país donde vive uno de mis mejores amigos. Me gustaría salir a nadar.

Enrique Vila-Matas

Compré Doctor Pasavento, lo comencé a leer y escribí en mi diario, que recién empecé, que había comprado Doctor Pasavento y que además de mis lecturas de Walser y Musil y Rabelais, lo leería. Lo que llevo me ha parecido muy bueno. Después le escribí a una amiga, a quien, es verdad, cada vez siento que conozco menos, para contarle esto. Le pregunté también si podría reseñar la novela para la revista en la que trabaja, me dijo que tal vez no, tal vez sí, uno nunca sabe, ¿sabes?, además otro amigo, Victor Isolino, estaba pensando en reseñarla. O tal vez no, ¿o era así?, uno nunca sabe, el caso es que Isolino algo había comentado al respecto de la novela.
Victor Isolino, opinábamos mi amigo Julián y yo (uno de mis amigos que se llaman Julián), se parecía un poco a Enrique Vila-Matas. Se lo habíamos repetido tantas veces, que al final se la creyó (¿o fue al revés?, ¿fue Isolino quien nos dijo esto, que se parecía a Vila-Matas?). Así que en una ocasión que tuvo la oportunidad de conocer a Vila-Matas, le preguntó si podía tomarse una fotografía con él. Seguramente estoy contando esto mal, pero al final, quiero decir, le dijo que unos amigos opinaban que se parecían. Vila-Matas vio a Víctor como si estuviera viendo a un marciano, lo cual no es muy difícil de imaginar.
Ahora, cada vez que leo un nuevo libro de Vila-Matas, espero que en algún momento cuente algo así, cómo en una ocasión uno de sus fans más freaks (el tipo de fans que tenía Bolaño, el tipo de fans que tiene Fresán, tal vez) le dijo que se parecían. Por supuesto, esto nunca lo escribirá Vila-Matas, pues cada vez tiende más a desaparecer.
Hoy le regalé a Julián (mi otro amigo que se llama Julián) El bandido, de Robert Walser. Me aseguró que no lo había leído ya, pero no estoy tan seguro. Desde hace tiempo me ha pedido que le preste Jakob Von Gunten, uno de los libros que digo que son de mis favoritos (lo cual es falso), pero lo tengo prestado desde hace tiempo. Espero que pronto se lo pueda prestar. Es re bueno. Sin duda, uno de los libros que más me gustaría que más me gustaran.
Hay algo que extraño.

Sunday, October 23, 2005

Dave Eggers

Mientras espero en primera persona a que alguien salga del baño, me doy cuenta de que esto ya había sido sentido por alguien más, que el núcleo intacto de otra persona ya había observado con detenimiento sus propios sentimientos mientras hacía cola para entrar al baño, en una fiesta en la que la gente se movía como si estuviera realmente alegre, como si nadie tuviera la culpa de nada.
En tu situación, me dije, Dave Eggers hablaría con la chica que tiene enfrente. Le hablaría, muy probablemente, de algo que no tiene significado pero que establecería un vínculo, un nexo, una red de referencias entre los dos; hablaría de sus múltiples intervenciones de ortodoncia. La chica le mostraría sus muelas tapadas, Eggers le mostraría las suyas. Reirían. Y cuando él saliera del baño, ella aún estaría ahí, esperándolo. Esto lo has vivido antes, Guillermo, en otras fiestas, me dije.
Así que ahí estoy, caminando por el corredor oscuro que lleva al baño, iluminado todo muy hip y cool y chic con velitas, y hay una chica, esperando, sentada. Le pregunto: "¿Estás esperando?" Y lo hago por decir algo. Entonces ella se para, y sonríe. Y luego: "¿Te han dicho que te pareces un poco a Uma Thurman?". Esto es verdad. Realmente estás diciendo esto. Por un momento deseas ser Dave Eggers. "Sí, a veces. Digo, no todo mundo me lo dice, pero algunos amigos me lo han dicho", contesta. "Tal vez es la luz", le dices. Estás seguro de que platican de algo más, antes de que ella entre al baño, pero no consigues recordarlo. Cuando tú entras al baño te sientes observado, como si tu vida fuera una película o un libro muy bueno o como si no existieras realmente. Estando así las cosas, decido hacer algo. Tomas una de las velas que iluminan el baño para prender otra que se ha apagado, mientras orinas. Es difícil, te quemas, no puedes hacerlo con una sola mano. Terminas de hacer lo que estabas haciendo, y tomas papel de baño y lo acercas a la flama para prender la vela que está apagada. Pero el papel de baño se quema muy rápido. Sospechas que estás borracho, si estás haciendo esto, y sospechas que tal vez deberías dejar de hacerlo. Pero sigues. Y estás a punto de quemar la pared. Te ríes como un morlaco. Al salir, por supuesto, la chica no te está esperando.

Thursday, October 20, 2005

La relación que sostengo con mi labrador

Regresábamos de pasear, Refu y yo. Esto sucedió hace tiempo. Recién le había comprado su correa, una mucho más resistente que la que compré cuando Refu apenas había llegado a mi casa. La correa que ahora usamos es de cuero y tiene un seguro de cobre. Puede permanecer en la lluvia sin estropearse. Es alemana. La estrenamos con un paseo desde mi casa hasta la librería más cercana. O al videoclub más cercano. Pudo haber sido cualquiera de los dos, porque uno está a lado del otro. Seguramente fue la librería, pues cuando regresamos de la calle, recuerdo, mi perra bebió agua de las macetas del jardín y yo me senté a leer. Por alguna razón, a pesar de toda la felicidad que me daba tener a Refu en mi casa, algo vibraba en mi interior. Algo pesado, como un pozole. Le leí a Refu en voz alta. Cada vez que alzaba la voz, es decir, que subía de tono, Refu me veía con sus ojos color almendra, como si no entendiera. El sol se estaba poniendo sobre la Ciudad de México.
Después de un rato cerré el libro, o empecé a leerlo en silencio. Refu perdió interés. Se paraba, olisqueba algo en el jardín. Regresaba. Creo que era La montaña mágica. O Lejos de Veracruz, lo que leía.
-Pinche perra, le dije.
-...
-Si no me vas a hacer caso, ¿para qué te leo?
-...
-Como que te vale madres, ¿verdad?
Refu me volteó a ver. Estas cosas que le decía, se las decía con un tono meloso. Como cuando le hablamos a un niño que no entiende. "Ay, sí, mi Refu pendejita, qué bonita, ay sí, sí, sí, eres una perra idiotita, dame tu patita". Refu movía la cola.
-Eres super transparente, siempre puedo adivinar cuando estás contenta.
-...
-Basta con advertir que mueves la cola, ¿lo has notado?
-No te engañes, me dijo Refu, puedo aparentar estar moviendo la cola, puedo actuar como si estuviera contenta. Puedo actuar como si estuviera actuando. Así que ten más cuidado con la manera en que te diriges a mí, cabrón.
-...
Desde entonces, Refu y yo no tenemos problemas.

La carne

Acabo de leer en Internet, gran casa de las mentiras, que uno de los ingredientes necesarios para producir la espuma contra-incendios de los extinguidores es la sangre de vaca. Por alguna razón, esto me sigue sonando a verdad, a pesar de haberlo encontrado en Internet.
El otro día vi en la librería La literatura nazi en latinoamerica, en la nueva edición de Seix Barral. Estuve tentado a comprarla, porque nunca había visto la portada que esta nueva edición trae. Pero recordé que ya la había leído. También, en Internet, vi la caligrafía de Bolaño, y escuché su voz. Y vi unos dibujos que había hecho, en Paint, de Windows.
Mi carne está hecha de átomos y músculos. Por alguna razón, cuando pienso en ellos, los imagino como si fueran cosas separadas, cosas que vibran en la oscuridad. Esto no simboliza nada.

Tuesday, October 18, 2005

Todo bien

Este fin de semana me invitaron a una fiesta. La fiesta es de un amigo. Mi amigo es novio de una amiga, quien ha sido, a su vez, la única persona que me ha correspondido sentimentalmente. Esto está bien, somos amigos. La fiesta será de máscaras y antifaces.

Estamos cenando, ¿no? Y parece ser que es la hora de contar historias crueles y perturbadoras. Mi hermana cuenta que en África, por ejemplo, están pensando sacar al mercado una especie de diafragma, o de condón, o de cinturón de castidad, realmente no lo sé, que prensa al pene cuando penetra la vagina. Es una medida contra el creciente número de violaciones, aparentemente. No supo bien a bien explicar el mecanismo.
-Ay hija, qué cosa tan fea, dice mi madre, ¿no se enteraron de los tres payasitos que atraparon hace poco?
-¿Payasitos?
-Unos niños de la calle que se disfrazan como payasos. Violaron a una niña de doce años. Luego la niña los denunció y –ay, Memo, ¡qué bonito suéter traes hoy!

Salgo del trabajo, por la noche. En la mañana le había comentado a un amigo que me sentía deprimido. Este amigo es mi jefe, me conoce desde hace tiempo. Me dijo: “Bueno, era de esperarse”. O algo parecido: “El licenciado Núñez insiste en guardarse las cosas”, me dijo. “Juega a la caja fuerte hecha de un material transparente”, dijo, o dijo algo que se le acerca mucho a esto. “Sí, bueno, supongo que sí”, creo recordar que le contesté. No hablamos más.

Pero salgo del trabajo, decía. Es de noche. Los niños de las escuelas vespertinas apenas están saliendo. Y un automóvil acelera frente a mí, sigue su camino, cruzando el semáforo se trepa a las jardineras que dividen el paseo de las Águilas, o como se llame, y se da una vuelta en el aire. No escucho el ruido pero veo las luces y pedazos de la carrocería brincar. No escucho el ruido porque traigo la música muy alta. Las personas que esperaban el camión cerca, corren al auto. Cuando me bajo del mío, también corro. Saco el celular. Estúpidamente marco al 040. Pido una ambulancia. “Aquí es información”, me dicen, “pero le doy el teléfono”. Una patrulla pasa de largo. “¡Sáquenlo!”, escucho. “¡Va a explotar!”, gritan otros. Hay un olor en el aire, como a quemado. Pero no va a explotar, por supuesto. Estas cosas no pasan en la vida real. Veo que los estudiantes, porque son estudiantes, sacan al hombre. Veo la bolsa de aire, desinflada, como un condón usado. El hombre camina y guarda silencio. Temo que de un momento a otro se vaya a desplomar por heridas internas, o algo, una hemorragia, un dolor terrible del que nadie se haya dado cuenta, algo de lo que no puede hablar y sobre lo que, si le preguntaran, mentiría porque prefiere pensar que se siente bien. Al final no pasa nada, regreso a mi auto. Subo la música y acelero rumbo a mi casa.

Saturday, October 15, 2005

Fun Farewell to a Friend

Everything you do, makes me want to die.
Oh, I just told the biggest lie.
Elliot Smith.
Imagina que esto es una especie de novela, que ha sido el plan desde el principio. Por supuesto, es difícil de creer. Pero finalmente el personaje ha pasado a través de algo que lo ha cambiado. El arco de la historia está en su punto cero. Porque, ¿recuerdas que todo comenzó con una especie de tristeza que pronto se transformó en alegría tipo zombie? Y la mayor parte del tiempo fue así, todo estaba en una bellísima y fría forma: en esa especie de felicidad que se asemeja más bien a la desesperación, a la falta absoluta de deseos y anhelos. No era precisamente el nirvana ni la eutrapelia (¿o es edaumonía?), ni la ataraxia. Era una ola cálida de indiferencia. Después dejó de ser eso, fue felicidad. Y después dejó de ser eso y volvió a lo del principio. Y ahora, pues, ha cambiado todo, se ha llegado a puerto y ahora puedes dejar de escribir tu pinche blog porque la verdad es que ahora te caga escribir, no puedes parar, así que pones música por la noche, la misma música que te hacía pensar en personas en específico y en sensaciones en la epidermis y en imágenes que aún te asaltan cuando estás viendo libros o buscando nuevas maneras de ser, y que entorpecen tu vida, es la verdad, y todas y cada una de estas madres se materializan aquí y carajo, has dejado de decidir, sólo estás yendo a donde ibas antes, todo se ha vuelto fácil y cuesta abajo; pero has decidido decidir, ahora, no seguirás más, no escribirás más, apagarás esto, y te cobijarás una vez más con tu coraza de autómata que sabe muy bien lo que está pasando. Dejarás de escuchar a Elliot Smith, porque cuando estás triste no es buena idea escuchar a un suicida; dejarás de leer a Séneca, prácticamente por las mismas razones, y ya. Matarás tu blog.

Depresión

Escribes en tu bitácora electrónica porque es un lugar seguro. El mero hecho de que últimamente hayas estado particularmente prolífico debería significar, piensas ahora que estás platicando con tu amiga, que el mundo se ha vuelto un poco más violento y peligroso para ti. O al menos supones que algún significado debe tener, porque estando sentado aquí, en este café tan hip y cool y agradable, y con esa lágrima en tu cara, algo debe tener significado. La verdad es que no tienes con quién platicar, no porque no tengas amigos, no, sino porque cada vez que comienzas a hacerlo también comienzas a llorar y eso, pues, vamos, molesta a la gente. Eres como un pordiosero.
Pero te permites una lágrima. Total. Una lágrima no es ninguna. Debes dejar de beber. Cada que bebes, Guillermo, imbécil, pasa esto. Lo sabes. Así que deja de beber y deja de tocarte la nariz, te la vas a deformar. ¿No te dice eso tu madre? ¿No es tu madre una experta en la manera en que la fiosonomía puede deformarse si la tocas a veces, especialmente frente a ella, durante la comida? ¿No es este un buen lugar donde descargar tu enojo a través de la ironía? ¿No? ¿Si tu madre supiera lo que haces diario por las noches frente a la computadora te diría que te vas a deformar el pene? ¿Diario? ¿Realmente diario? ¿¡Hasta dos veces por día?! ¡¿No significa que estás... enfermo?! Que eres una especie de... ¡¿pervertido?! ¡¡¿Qué?!! ¡¡¿Al momento que escribes esto estás bajando una película porno en una ventana aparte?!! No. No puede ser. No. Estoy seguro de que bromeas. Sí, seguramente estás bromeando. Ja. Sí. Lee más San Agustín, es lo que debes hacer.
Y después de tomarte unas cervezas y mantener silencios muy íntimos con tu amiga, sal y camina y descubre que te han robado un espejo del auto y habla sobre aquella sex-shop a la que fueron, jaja, fue tan diverto, ¿no? Y sobre la pendeja esa en que insistía en que era muy normal que estuvieran ahí, ¿no? Cero tabús. Pasen. Vean. Toquen. Es re-normal, ¿no? Vamos a gritar que es normal. ¡Total! ¡Es normal! ¡Carajo! ¡Pon cara de que es normal! Y sí, puta madre, también llorar es normal. Llora puta madre. Equis que llores. ¿The Cure? ¿Boys Don't Cry? No mames. Berrea chillón de mierda. Y mantén tu erección. Y compra un nuevo espejo para tu auto, que te hace falta.

Friday, October 14, 2005

Madre

Mi madre acaba de regresar de viaje. Me trajo Oh the glory of it all de Sean Wilsey. En una de las solapas del guardapolvos viene una fotografía del autor. Cuando la vi, pensé: demonios, esta cara yo la he visto en otro lugar. Eso lo pensé en mi armario, donde mi madre había dejado el libro (como una especie de sorpresa, supongo); cuando llegué a mi escritorio (las personas que conozcan mi cuarto sabrán que son unos pocos pasos), recordé dónde había visto esa cara, en video que viene en el número 11 del McSweeneys Quarterly Concern. Tendrían que ver el video para ver qué tipo de tipo tan excéntrico es este tipo.
En fin, el segundo párrafo de esta memoria, que promete, dice así:
Mi madre era el centro. Mi madre era irresistible. Cualquier cosa que estuvirea diciendo o usando o la manera en que oliera era cautivadora --todos nuestros sentidos estaban sintonizados hacia ella. Desde que fui lo suficientemente grande como para caminar me probé sus zapatos y sus camisones y su perfume, le admiraba y quería ser como ella, tanto que me mandaron con un psicoanalista desde que tuve tres años. El psicoanalista dijo que debía pasar más tiempo con mi padre. ¿Pero cómo? Mi madre era irresistible.

Thursday, October 13, 2005

Mujeres

Las revoluciones, lo sabemos, las hacen los hombres. La humanidad ha avanzado rápidamente gracias al garrote. Pero, ¿a dónde? Probablemente sería mejor que dejáramos todo en manos de las mujeres, quienes son buenas y sencillas y a menudo tienden a la espontaneidad de la bondad. Todo sería un poco más lento, pero no habría sangre ni fuego. Habría perros pequeños y flores. El mar sería cálido y los atardeceres se disfrutarían más a menudo. Y toda violencia sería exclusiva de la naturaleza. Y Houellebecq se callaría de una vez por todas, junto con esta madre que ahora vuelve a crecer en mi interior.

Algunas metáforas y algunas de sus claves:

Garrote: pene.
Flores: vagina.
Perros pequeños: vaginas.
Atardeceres: atardeceres.
Houellebecq: Tristeza infinita que aqueja a la humanidad.
Hombres: animales.
Mujeres: Dios.

Misteriosa, injustamente.

Es un secreto que albergamos, el mismo que nos permite terminar una relación o dejar que el teléfono siga sonando, cuando sabemos quién llama. He tenido amigos y he dejado de verlos. ¿Por qué? Por la simple y llana razón que vive en nuestro oscuro y húmedo interior, una verdad que procuramos no nombrar pues hacerlo nos acercaría cada vez más a las máquinas y a los fríos metales, pero que permanece ahí a pesar de todo. Y sí, nos ayuda a sobrevivir. Aceptémoslo, nos caga la gente.

¿Toda? No, no toda. ¿Siempre? No, no siempre. ¿Ahora? Sí, hijo de tu puta madre.

La ceguera

Uno es ciego. Toda su vida lo ha sido. Al principio, cuando supo que otras personas no lo eran, hubiera deseado ver. Existía otra manera de ser. La constante pregunta acerca de las formas pero sobretodo del color crecía en el interior de uno. Sabía que existían, estas cosas; podía imaginarlas, de alguna manera. Errónea y retorcida manera. En algún momento dado, uno dejó de ser ciego, trabajó mucho para poder someterse a la cirugía. Fue dolorosa y costosa. Obtuvo la vista, no la recobró. Más bien, fue como si hubiera perdido la ceguera. Tuvo que olvidar poco a poco la manera en que percibía y se movía en el mundo. La realidad se movió dos centímetros a la derecha. El color y las formas lo saturaron al grado que, en momentos, para descansar, cerraba los ojos y recordaba cómo se movía sólo a través del olfato, el tacto y el oído. Momentos en que se sentía en una fría y congelada paz, muy semejante a la felicidad (pero que no era la felicidad, obviamente; la felicidad, en comparación y por mayoría, era la vista).
Luego alguien decidió arrancarle los ojos y volvió a aquella felicidad que ya había dominado, un pequeño y seguro y moldeable estado de ánimo.
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Ejercicio de lectura.
¡Relaciona ambas columnas!
Metáforas:
a) Ceguera.
b) Color.
c) Formas.
d) Alguien.
e) Uno.
f) Ojos.
g) Tacto.
h) Olfato.
i) Oído.
Probables significados:
1. Guillermo Íñigo Núñez Jáuregui.
2. La humanidad.
3. Sexo.
4. Amor.
5. No tener dinero.
6. No tener pareja.
7. No tener dónde caer muerto.
8. Literatura.
9. Kant.
10. Zombies.
11. Amiga.

Muleta

Entonces, regresando de dar clases paso un rato a la oficina de un amigo, aquí en la universidad, y más tarde subo a la oficina de mi jefe, donde habría de estar esperándome. Al entrar, ¿qué encuentro? A un doctor en filosofía especialista en Aristóteles y algunos filósofos medievales, tumbado boca arriba (o espalda abajo), con las piernas levantadas sobre la silla. Se levanta, me ve como si no quisiera que lo viera, pero al final, supongo, recuerda que me tiene confianza y se acuesta una vez más. En ocasiones es agradable sentirse una especie de apoyo.
¿No es fabulosa la metáfora de la muleta tal y como la utiliza Chris Ware en Jimmy Corrigan the Smartest Kid on Earth?
Hace unos momentos salí de la oficina, me serví un café, platiqué con las secretarias y fuimos interrumpidos por una niña. Tenía algo en su cara y en su cuerpo que me provocó una ligera inestabilidad emocional, porque era muy guapa, pero no sólo eso, parecía una buena persona. Y le costaba trabajo subir las escaleras (traía una muleta; sólo una, así que apoyaba la mitad de su peso sobre ella, y, en fin, era como un caballito herido).
-[huf] ¿Aquí están las profesoras de matemáticas? [huf]
-No, aquí es filosofía, tal vez las encuentres en el piso de arriba.
(Subiendo las de por sí incómodas escaleras de caracol).
-[huf] Gracias. [uf, uf, uf, huf]
Y luego, la secretaria:
-Ay Memonu, ¿por qué no le ayudas?
La secretaria me dice Memonu.
-¿Cómo?
-Al menos la hubieras cargado.
Sí, podría haberla cargado. Era pequeña y seguramente ligera. Dios. ¿Por qué no le ayudé al menos con la mochila? Por un momento lo pensé, pero ya, demasiadas segundas intenciones. Me serví mi café y tomé de las galletas que sobraron del curso que dan para las señoras que vienen temprano por la mañana. Seguro es algún diplomado en la historia de, no sé, Egipto.

Wednesday, October 12, 2005

El mejor de los textos

Quiero escribir bien, un texto que nos ayude y nos haga mejores pero sin ironía, que convenza a las personas o al menos a una niña guapa de que es posible, que no es necesario ser ojete, que ser ojete es sólo un capricho pasajero que utilizamos para permanecer quietos en nuestro vibrante interior. Escribir un texto que utilice claves generacionales, algo donde la forma y el estilo estén supeditados a la bondad y el amor, pero no de manera irónica. ¿Se puede ser siempre irónico? ¿Se puede ser ligeramente irónico? ¿Se puede estar un poco muerto o apenas embarazado? Mi texto lo conseguiría. Sería el bien a secas y lo entenderías porque sería la misma voz que te hace sonreír cuando observas a un hombre desempleado esforzándose por hacer reír a su hijo, en la calle, en los semáforos, entre limosna y limosna. La misma voz que te hace sentir incómodo cuando haces chistes racistas pero que provocan la risa de todos tus amigos, la misma desesperada y anhelante carcajada. Realmente, ¿de qué nos reímos? ¿De la verdad que se revela tímida pero brutalmente? ¿Es una risa sincera? ¿O una que está por encima de esa pequeña maldad que en ocasiones nos permitimos? Mi texto no juzgaría a distancia, no necesitaría hacerlo: sabría diferenciar perfectamente entre el bien y el mal, lo necesario y lo superfluo, lo humano y lo cotidiano. Y se pegaría a ti, Dios mío, estaría en tu cabeza todo el tiempo. Mis palabras laterían en tu interior como un enorme sol naciente y sería tan bueno como un abrazo de personas que se aman sin segundas intenciones, tan bueno como una fría y helada cerveza. Por lo tanto, sería original. La gente intentaría copiarlo pero fallaría. Porque mi texto no usaría recursos trillados y no se vería en la necesidad de hacer pequeñas concesiones a sus predecesores, no sentiría pena, estaría seguro de sí mismo, no se arreglaría el cabello cada vez que se tope con un espejo. En mi texto se harían metáforas acerca del clima. Algunas de estas metáforas, que también serían sobre el heroísmo de la vida fáctica y aparentemente irrelevante, serían atinadas comparaciones (un par de limpios anteojos sería, simbólicamente, un alma impoluta; la clara voz de un estéreo sería la clara voz de tu conciencia; Dios sería una eterna carretera) pero otras serían aperturas y maneras de nombrar lo innombrable.

Mi texto uniría en lugar de separar. Te provocaría revisar tu vida y moverte para hacer algo al respecto. Dejarías de masturbarte. Dejarías de utilizar a las personas. Dejarías de ser egoísta. Dejarías que la vida siguiera su curso y te abandonarías poco a poco en las bondadosas manos de mi voz, pues te identificarías con ella. Si llegara a escribirlo, terminarías de una vez por todas con ese odio dirigido a los que no tienen suerte. Y comenzarías a respetarte. Y no habría, al final, una frase que te permitiría sospechar que, en realidad, no hablaba tan en serio. Al final, pues, no anularía mi texto.

Tuesday, October 11, 2005

Espacios reducidos

Antes leía y escribía en silencio, es decir, a solas y en mi cuarto. O en mi mente, durante las solitarias sesiones de cine. Las conversaciones de literatura eran pasajeras y sólo con amigos íntimos. Un día una amiga me recomendó ir a la Escuela dinámica de escritores. Fui, me hicieron una entrevista en la que, a una de las preguntas, contesté que estaba interesado en conocer a otras personas que escribieran. Ahora me parece extraño. Este anhelo de acercarme a las personas, el mismo anhelo que obliga a las personas a identificarse con una parte de su vida y de crearse un núcleo a partir de un grupo pequeño de historias, es una cosa extraña. Es como si la gente no le temiera a la vida. Como si el sueño de todos los hombres no fuera protegerse y alejarse de la sociedad, encerrarse en un bunker a leer, o ver películas, o ser como Howard Hughes. Todos quieren ser parte de algo. De un club de espeleología. De una escuela. De un equipo de fútbol. De un gangbang. De algo que les supere. No es por las nuevas experiencias que este impulso me ha otorgado que deseo, en el fondo, retirarme a una cabaña en la montaña para escribir o correr en el campo con mi perra; es otra cosa, algo elusivo y que no puedo definir. Un ruido constante que se materializa en el fondo de mi cráneo. Una pequeña y estúpida fantasía. Acercarme a las personas, escribir en esta bitácora, mostrar mis cuentos o mi novela, tener amigos, invitar a alguien a salir, besar, tener y buscar nuevas amistades, cultivar las antiguas, todo esto me ha traído buenas y malas experiencias. Y temo que si sólo hubiera experimentado las malas, aun entonces, querría seguir en el constante esfuerzo por no estar solo.
Si alguien ha prestado atención, habrá notado que sólo sé escribir sobre personas que buscan no estar solas pero que se sienten incómodas cuando consiguen compañía. No sé escribir sobre otra cosa. Tal vez debería intentar escribir sobre, no sé, Napoleón. En todo caso, seguiré con esta madre. Esta vida.

Sunday, October 09, 2005

Eat Meat

Vi The Texas Chainsaw Massacre por la noche. Se me aceleró el corazón pero no tuve pesadillas. Cuando me fui a dormir, apagué las luces de la casa y escuché los sonidos que venían del bosque y el jardín. Soñé con una amiga numeraria. Recuerdo que en el sueño leíamos un texto y discutíamos por algo. Cuando desperté supe que no nos habíamos puesto de acuerdo. Más tarde en la misma mañana, regresé a la librería de Valle de Bravo, la única, y le pregunté a la chica que atendía por su madre. Como el día de ayer, no estaba. Sonrió al verme, un poco apenada. Antes de que abriéramos la boca, lo sabía; su madre no llegaría sino hasta después. Platicamos un poco:
-¿Qué pasó con tu tercer ojo?
-[Risas]
-Se te veía bien. ¿Significa algo?
-Pues hay varias interpretaciones.
-¿La tuya?
-[Rollo agradable sobre sensibilidad y el karma y puntos tántricos y mamadas así].
-Pues regreso como en una hora.
Vi las copias de El inquilino que había dejado el día anterior bien alineados junto a libros y revistas de maternidad. Me pregunté si harían eso por el bebé de la portada. Me pareció curioso, pero no dije nada. Cuando regresé aún no estaba su madre. Volvimos a platicar, nos preguntamos nuestros nombres y dijimos tonterías. Después llegó su madre, platiqué con ella. Me dijo que se habían vendido dos Inquilinos desde el día anterior. Me sorprendí de sorprenderme, pero esto no debería sorprender a nadie. Oh, estoy diciendo tonterías. Qué violenta es la película que vi anoche. Hace rato, de regreso en la ciudad, comencé a ver Átame. Hay una escena donde la protagonista comienza a ver Night of the living dead, la versión en blanco y negro. Hay otra escena precursora de aquél mini-film mudo y en blanco y negro que aparece en Hable con ella, sólo que aquí se utiliza un pequeño buzo en la bañera. Hace rato, en el baño, se me ocurrieron varias ideas para actualizaciones y no utilicé ninguna. Quería escribir sobre toda la carne que aparece en la película de terror que vi. Y sobre el canibalismo. Leí una cosa muy buena en La tempestad, en el último número, y que es el diario de un puma. Me gustó mucho. Me duele la espalda, ahora. Leí mucho a Walser, durante el fin de semana. Tiene un poema que se llama "El poeta y su novia" y es muy cagado: El poeta es un genio. Se lo dice a su novia. Su novia le pide que lo pruebe pues para ella en realidad sólo es un inútil. Entonces, escribe un poema. La novia desprecia su poema. El poeta se busca un trabajo. Viven felices.
Me siento cansado. Que el lector se ocupe de lo que quise decir.

Wednesday, October 05, 2005

San Agustín

-Dios, ¿por qué me siguen pasando estas cosas?
-...
-Está bien, no es que me pasen a menudo, pero cuando suceden es como si constituyeran una especie de hoyo negro o centro gravitacional alrededor del cual gira mi vida. ¿Cambiará esto?
-...
-Dios, Dios, Dios, necesito ayuda carajo. Estoy harto.
-...
-Está bien, saldré adelante. Por mí mismo. Lo conseguiré. No necesito tu ayuda. O tal vez tu ayuda sea precisamente esta, ¿no? Tal vez, a través de tus caminos misteriosos, esté aprendiendo a valerme por mí mismo. Es eso, ¿no?
-...
-Pregunta tonta, lo sé.
-...
-Leeré, eso es lo que haré. Y escribiré. Sí. Y será una buena y mejor persona. Eso te agradaría, ¿no?
-...
-Ha sido un camino largo. Espero que llegue a algún lado.
-...
-Carajo, Dios.
-¿Qué?
-Oh. No. Nada.
-¿Seguro?
-Sí, seguro. Estaba tonteando nomás.
-Conste. Luego nos vemos. Bye-bye.

Tuesday, October 04, 2005

Miscelánea (actualización #136)

Sólo son dos cosas, ponerlas por escrito me hace sentir prolífico. La primera:

¿Han notado que todos los policías chiflan con sus silbatos de la misma manera? ¿Será algo que les enseñen en la academia? ¿O estarán los silbatos modificados de forma que sólo puedan sonar así?

La segunda:

Hay una canción que ahora pasan mucho en la radio, es muy popular. En algún momento, en realidad varias veces porque es el coro, se repite la frase "no se puede vivir bebiendo veneno". Lo cual me parece muy sensato.

El rock me hará mejor persona

Como una negra nube de felicidad, se acerca Pearl Jam y puedo ver sus relámpagos en el horizonte, como si fueran el resplandor de bombas en una ciudad citiada. ¿Han visto la engrapadora de Stanley Bostich modelo B440? En la base donde se apoya el dispensador de grapas (sobre el que deben ir las hojas a engrapar) hay una pequeña plaquita de metal con cuatro pequeños relieves que parecen, utilizando un poco la imaginación, una cara humana (un tanto robótica). Bueno, pues la expresión que tiene representa fielmente mi estado de ánimo. Oh, pero este estado de ánimo habrá de cambiar y cambiará gracias al rock. Cantaré State of love and trust. Gritaré Hail Hail. Y escucharé Black. Me moveré en la oscuridad y sudaré.
Anoche utilicé, como quien no quiere la cosa, la expresión "claro y distinto", que es de Descartes. Creo que lo hice un poco en broma. En el momento, me pareció adecuada. También, anoche, en lugar de ver pornografía leí algo de Las confesiones de San Agustín. Tal vez me estoy convirtiendo en una mejor persona. Por otro lado, las leí en el baño mientras cagaba.

Saturday, October 01, 2005

Los que lloran

Desconsoladamente, con cansancio, sin tregua, por coraje, por pura y llana tristeza. Hay quien lo hace exclusivamente bajo la lluvia o en la regadera, pues no quiere que nadie lo note, especialmente los compañeros del dormitorio que le han golpeado y que lo observan en todo momento. Se permiten, estas personas, pues, unas cuántas lágrimas mientras se enjabonan el cabello. Hay quien llora en las bodas y quien procura evitarlo durante los funerales. Hay quien llora cuando sus piernas no pueden más, cuesta arriba, o quien no ganó la lotería. Lloran en un rincón. Lloran en el autobús. Lloran en el avión regreso a casa. Lloran los niños, los jardineros, los tetos. Llora el señor que se sienta a lado, durante las partes más tristes de la película y no sabes precisamente qué hacer. Sientes pena por él. Y por el amigo que se tiró un clavado al mar cuando la marea se alejaba, y que ahora llora debajo de su playera, como los machos. También sientes pena por la madre que perdió a su hijo en el quirófano. Lloran de alegría, algunos. Después del sexo, otros. Antes de comenzar a pelearse, también. Pero no hay quien llore de tedio ni bajo el agua. A menos que sea en un submarino. Hay quien llora ante la imbecilidad, la impotencia sexual y el viento que pega en la cara. Otros, los menos, cuando comienzan ya no pueden parar.

Felicidad

Refu corre detrás de Bruno y lo alcanza, Bruno también corre pero sus patas son mucho más cortas y débiles, así ha sido desde su nacimiento. Ambos corren sobre un sembradío de maíz que no ha crecido demasiado, es la temporada. Parece pasto, la tierra está blanda y húmeda. El pelo amarillo de Bruno, un Cocker, se ha ennegrecido en la parte inferior de sus cuatro patas: parece que trae calcetines. El pelo de Refu, mi labrador chocolate, es corto y café: si se ha ensuciado en realidad no se nota. Bruno parece que flota sobre un mar verde de maíz, como los patos en los estanques. Refu no es tan pequeña.
A. arroja un palo y Bruno y Refu corren por él. Cuando Refu está distraida, A. arroja de nuevo otro palo y Bruno corre detrás de él. El palo cae, rebota y se pierde en la maleza. Bruno parece no darse por enterado y corre más, hasta que se detiene. Cuando Refu se interesa de nuevo, A. arroja de el palo una vez más (ha tenido que ir por él, pues el Cocker, que es suyo, no se lo ha llevado) y los perros corren. Refu brinca prácticamente sobre Bruno, lo lastima, Bruno ladra y gruñe, A. ve furiosamente a B., el dueño del labrador, mientras Refu toma el palo en su hocico. B. llama a Refu para que le traiga el palo, feliz. Refu lo ignora y corre una vez más detrás de Bruno quien ignora a su vez a Refu. Mientras tanto, Dios mantiene las cosas del universo en su justo lugar.

Sunday, September 25, 2005

El afán de la novedad

a.
Esta actualización constará de tres partes, la primera es una explicación sobre las partes de las que consta esta actualización, la segunda es una especie de catálogo (una tontería, en realidad, pero que es algo novedoso) y la tercera es un relato o para ser más precisos la narración de una experiencia, que es lo que se acostumbra escribir en esta bitácora electrónica.
b.
Están los que escriben. Están los que escriben y aman la vida más de lo que aman el acto de escribir. Y los que escriben porque odian la vida o no saben disfrutara. Están los que escriben de pie, sentados, con lápiz sobre papel cebolla, sin ritual alguno, exclusivamente con las ventanas cerradas o asustando los moscos pues viven en un clima caluroso. Están los que escriben porque les gusta escribir y los que escriben porque quieren ser escritores. Están los que escriben enemistados, los que lo hacen enojados y quienes ni siquiera se dan cuenta de cómo han conseguido escribir tantas cosas sin sentir apego alguno. También están los que escriben cosas por encargo y los que escriben cosas porque están aburridos. Hay quien escribe poesía. Hay quien escribe en un teleprompter. Están los escritores de culto y los que escriben en un papelito que esconden entre el papel de baño del hotel que están visitando, o en la Biblia o la sección amarilla que seguramente encontrarán en un cajón. Hay quien escribe bien. Hay quien escribe mal. Hay quien escribe pero pinta mejor. Hay quien escribe de prisa y quien prefiere escribie a máquina y quien escribe a mano y no pasa el texto en limpio sino hasta mucho después, o simplemente no lo hace. Hay quien escribe porquerías morbosas. Hay quien escribe cosas peores. También hay carpinteros.
c.
Bailas o al menos intentas bailar, Guillermo, pero en realidad sólo estás actuando como si supieras bailar (sabes bailar, en el fondo sabes que sabes bailar, pero no es algo de lo que estés orgulloso e ignoras por qué; es una especie de fuerza que si liberas, sabes, en el fondo de tu oscura y retorcida mente que intentas comprender día a día, no serás esa persona que intentas ser). Así que la pisas. No es intencional, sólo es algo que haces pues estás acartonado. A ella no parece importarle. Tu mano podría ser cualquier mano. "No me agarres así", te dice, "es como de papá". Sonríes y te ríes como lo estuvieras haciendo con verdad. Lo haces con verdad, decides. La vuelves a pisar, con torpeza real. No sientes la música. La sigues. "Lo más importante", continúa, "es no bailar como papá". Esto es gracioso y divertido, decides. De la misma manera en que es gracioso y divertido actuar una canción, es gracioso y divertido bailar una canción. No harás el venado. No harás el gallinazo. Cuando en la canción hablen de la carcachita, no actuarás como si estuvieras manejando una carcachita. Es muy importante que no hagas esto. Y que no bailes como papá. Y que no la pises. Y que no le sostengas la mano así. Y que cuando le des la vuelta no confundas qué brazo va arriba, qué brazo va abajo, y qué paso es primero y qué paso es después. Cachatum. Ca-cha-tum.

Saturday, September 24, 2005

Nos esforzamos, caemos.

No tengo ganas de escribir. Más.

Friday, September 23, 2005

México mágico

Temprano por la mañana, camino a Gandhi, un hombre se paró frente a mi auto. Llevaba jeans, camisa blanca y escupió sobre mi cofre. Me vio con cara de ojete y cuando la luz pasó de rojo a verde avancé porque eso es lo que se hace. Debo confesar que me sentí más sorprendido que ofendido.
También debo decir que las personas que atienden en Gandhi están de peor humor por la mañana que por la tarde. Y que los clientes son pocos y en general ancianos que caminan con lentitud y usan accesorios de vestir poco usuales, como boinas.
Compré tres copias de un libro de mi jefe y una copia de un libro de Lezama Lima.
Más tarde, en la misma mañana, una silla cayó del auditorio de la Universidad sobre el automóvil de mi jefe. Estoy esperando al seguro.
Número de mentiras que escribí en esta actualización: Una.
Razón por la que hice esto: Mi vida no es tan interesante.
La mentira: El escupitajo del hombre no cayó en mi cofre sino en la calle.
Pero: Estoy seguro de que el gesto estaba dirigido a mí.

Thursday, September 22, 2005

La ignorancia

Sé que esta actualización tiene título de novela de Kundera, pero no desesperen. No es tan grave. Sólo era advertirles que si algún día están cerca de mí y estoy hablando de algo o explicándoles algo, por favor, por el amor de todo lo sacro, en lugar de decir "no entiendo" no se rasquen la cabeza como orangutanes deliberadamente. Si es accidental lo olvidaré y perdonaré. Si no, tendré que golpearlos. Me caga ese gesto.
Ay, repentinamente advertí que soy un licenciado asalariado, bebiendo café de asalariado, vestido de traje de asalariado que se queja. Como asalariado.

Wednesday, September 21, 2005

La palabra

El otro día leí sobre uno de los pasatiempos favoritos de la juventud de Los Cabos. El aburrimiento y la estupidez ha llevado a los muchachos de pasearse en sus camionetas en el malecón, a los arrancones. Pero el dominio de la imbecilidad no se detiene ahí, ahora se ha expandido a los enfrenones. El autor del artículo relata que la única vez que presenció una de estas reuniones un chico enfrenó pero sus llantas derraparon y chocó con el otro auto, que lo embestía de frente. Cruzó el parabrisas y murió.
El otro día una amiga me escribió una carta y me regaló una libreta. Desde entonces he releído su carta varias veces, me hace sentir bien; es uno de esos textos que unen. Está escrito a mano y no supera una página.
Y ahora, en la libreta que me regaló y que fabricó no sé qué escribir. Supongo que lo que quiero decir es que la potencia de la palabra, que puede nombrar como "Operación Sol Naciente" a un bombardeo nuclear, me impresiona. Por otro lado, cuando pienso en la capacidad humana para crear y para destruir, para asesinar y para amar, me parece algo casi accidental y falto de interés.

Sunday, September 18, 2005

Demócrito

"Sólo hay átomos cayendo en el vacío".

Pero entonces, ¿todas estas madres qué?

Contra el mundo, contra la vida

La vida es dolorosa y decepcionante. En general sabemos qué lugar ocupamos en relación con el resto de la realidad y no nos preocupa saber más. La humanidad, tal y como es, nos inspira sólo una atenuada curiosidad. Todas aquellas prodigiosas y refinadas "anotaciones", "situaciones", anécdotas... Todo lo que hacen, una vez que las hemos escuchado o leído, es reenforzar la ligera repulsión que ya se ha nutrido adecuadamente por cualquiera de nuestros días cotidianos.
El universo no es sino el provicional orden de unas cuantas partículas elementales. Una figura en transición hacia el caos. Los cielos serán glaciales y vacíos, apenas iluminados por la débil luz de estrellas moribundas. Y esto también desaparecerá. Todo desaparecerá. Las acciones humanas están tan separadas como libres de significado como los erráticos movimientos de las partículas elementales. ¿El bien, la maldad, la moralidad, los sentimientos? Puras "ficciones victorianas". Todo lo que existe es el egoísmo. Frío, intacto y radiante.
Me encantaría ahora decir que esto es sólo lo que opina Houellebecq y lo que late en el fondo de las personas que no han sido correspondidas, las que no han gustado, las que han comprendido; y que es bueno tener a alguien así, un maravilloso contraste a partir del cual podemos medir nuestras maravillosas y brillantes vidas. "Hay que conocer lo dulce y lo amargo para apreciar verdaderamente el dulce". Me gustaría decir que en efecto, desde acá, donde pasamos fines de semana en compañía de nuestros amigos y nuestra familia, donde creemos que existe una vida después de la muerte, en lugares soleados donde se dan competencias de autos y el alcohol nos alegra o donde nuestras parejas nos hacen regalos y gestos de cariño, todo esto podría parecer verdad pero no algo que nos preocupe.
¿Quién lee? ¿Quién escribe? Aquellos que no aman la vida, concluye Houellebecq a partir de su lectura de Lovecraft.
Aquí hay humor. Aquí está la sal de la vida. Aquí, en mí. En estas líneas. Esto debe comprenderse. Veo las cosas con claridad y no me importan. Así como el diagnóstico jamás curará una enfermedad por sí solo, una enfermedad no permanecerá sólo porque sabemos de qué trata.
Ahora, una anécdota sobre la vida de Max Brod:
-¿Por qué llora Max?
-Acabo de enterarme de la muerte de Franz Kafka.
-Oh, lo siento. Sé cuánto apreciaba usted a ese joven.
-No lo entiende. Me mandó quemar sus manuscritos.
-Entonces, el honor lo obliga a hacerlo.
-No lo entiende. Franz era uno de los más grandes escritores de la lengua alemana.
Un momento de silencio.
-Max, tengo la solución. ¿Por qué no quema usted sus propios libros en lugar de los de él?

Thursday, September 15, 2005

Las cosas que no harás.

1. No te sentirás liberado por la literatura.
2. No usarás expresiones como "hermanos de leche".
3. No leerás más a Houellebecq.
4. No leerás la Intrusa de Borges, porque Borges te caga.
5. No escribirás con segundas intenciones.
6. No dejarás el humor.
7. No imaginarás.
8. No subirás este post.
9. No confiarás en lo que te dices a ti mismo.
10. No confiarás.
11. Confiarás.
12. No escribirás enojado.
13. No pedirás perdón.
14. No deliberarás demasiado.
15. No serás una mejor persona.
16. No dejarás de ser persona.
17. No comprenderás.
18. Comprenderás.

Wednesday, September 14, 2005

Tiempos venideros

Todo indica que pronto escribiré mejor.

Monday, September 12, 2005

Licenciado

Ahora soy licenciado.

Actuar raro

Esa insistencia por hacer cosas raras, por subir en un elevador que parece frigorífico con dos muchachos que procuran comportarse con las herramientas de Ulises: la prudencia, el silencio y el ingenio. Esa insistencia, decía, es algo que veo a menudo en mí, el esforzarse por hacer cosas como acompañar a una amiga a un departamento de personas que no conozco pero a as uqe trato con cordialidad pues reconozco algo en ellos, algo con lo que estoy familiarizado: la insistencia en el comportamiento errático, tipo acompañar a un amigo de la infancia al que se ve una vez al año, a lo mucho, y a su amiga, a quien no conoce; les acompaña al departamente de un amigo de ella, a quien, por supuesto, el amigo de la infancia tampoco conoce.
A veces, quiero decir, hago cosas extrañas. Por ejemplo, la otra noche, en el departamente de un amigo de mi amiga, creí que era una virtud identificar películas con sólo ver una de sus escenas. Esta virtud la he cultivado principalmente en las carreteras y de noche, cuando no voy manejando y se hacen embotellamientos que me permiten ver, desde mi coche, por las ventanas de los camiones turísticos, mismos que generalmente pasan películas que puedo identificar sólo por la escena que fugazmente consigo ver.
En la pared del departamente se proyectaba el rostro de Paul Newman y de Robert Redford. Por un momento creí que se trataba de El golpe. Después recordé que en ningún momento de El golpe salía el ejército mexicano, como en esta.
No me enteré de qué película veían las personas que estaban ahí, tendidos sobre camastros de playa cubiertos con cobijas, frente al muro. Imaginé, en ese momento, una sábana blanca estirada entre dos árboles de un bosque cerca de Amberes.
Mi amiga platicaba con su amigo en otra habietación mientras yo deliberaba frente a la película si debía permanecer o no dentro del departamento. Algo, presentía, no estaba bien. Después de un rato de esperar afuera, esperando el elevador con mi amigo de la infancia, una de las pesonas que veían la película slaió para preguntarnos si no queríamos pasar y ver la película. Entramos de nuevo. Ella seguía en la otra habitación. Podía escuchar su voz pero no lo que decía. Pensé en el nombre de Arturo Belano, y lo que le decía al Rey de los Putos mientras Ernesto, valiente, bajaba al muchacho enfermo ayudado por la protagonista de Amuleto. Después pensé en mi vida, en la muerte de Bolaño, en que no quería seguir ahí, viendo imágenes proyectadas en un muro de un departamento de la Condesa; quería estar en mi casa, leyendo, sin tener que escuchar la respiración de mi amigo de la infancia a mis espaldas, o voces en cuartos contiguos, o mexicanos acribillando gringos. No sé qué fue más extraño: si mi insistencia de pensar que algo estaba mal, si mi insistencia de permanecer ahí a la expectativa de algo funesto o mi insistencia de desear siempre estar en otra parte o la insistente redundancia de la literatura. Afuera, en las calles y en la noche y en el mundo, la vida discurría con normalidad.

Tuesday, September 06, 2005

Literatura portátil

Opino que la prueba de fuego para saber si un libro es portátil o no, no es si lo puedes llevar de un lugar a otro sino si puedes sostenerlo con una sola mano mientras orinas. Con esto en mente, debo decir que la Enciclopedia de obras de filosofía, editado por Franco Volpi (tres volúmenes publicados por Herder en su versión española) no es portátil.

Sunday, September 04, 2005

Los hombres duros no bailan.

Había algo que quería citar de un libro que estoy leyendo, Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, pero olvidé la línea. Ahora sospecho que simplemente no tenía nada que ver con mi físico, que es sobre lo que voy a escribir a continuación.
No soy un adefesio, los niños no lloran ni corren ni se esconden cuando me ven. Más bien se ríen. No soy guapo, soy chistoso. Una amiga alguna vez me dijo que tenía cara de azteca. Nadie me había dicho algo así antes. No supe si debí indignarme o considerar su comentario algo racista, o si el tildar su comentario de racista me haría a mí un racista cuando en realidad lo que ella dijo sólo era un diagnóstico sobre mis características; mi nariz de tabique grueso, mi tez morena, mis cabellos grifos. A menudo mi pelo es un tema de conversación con ella. A veces, según lo lleve, me llama niño de hospicio, en parte por la poca edad que aparento y creo porque alguna vez le dije que con la manera en que llevaba el pelo me sentía niño de la calle.
Hace mucho tiempo que no le doy limosna a los niños de la calle. Tengo dinero. Esto, en su justa medida, aminora el impacto de mi fealdad y me hace sentir culpable porque me obliga a ver las cosas de manera distinta, como en Luces artificiales, de Daniel Sada. La última vez que le di algo a un mendigo fue una caja de papas McDonalds. Antes de entregárselas, le dije: "Están limpias", e inmediatamente me arrepentí. Estoy casi seguro de que no le hubiera importado. Después pensé que no debería pensar esas cosas pues me hacían una mala persona. Claro que le hubiera importado. Al acelerar vi por el retrovisor cómo la señora le puso catsup a sus papas. Llevaba un reboso de colores y trenzas que medio le peinaban el pelo.
El otro día descubrí que los Jáuregui y los Núñez, la familia de la que vengo, son descendientes de españoles que se mezclaron con indios en Guanajuato. ¿Qué tipo de indios? No lo sé.
Creo que una de las razones por las que no me gusta comprar ropa y mandarme hacer trajes es que me recuerda que soy chaparro, que casi no hay ropa a mi medida y que casi siempre me veo en la situación de pararme frente a un espejo de tres caras para que el sastre tome mis medidas. Estos espejos te permiten ver el frente y los lados de tu cara simultáneamente. Puedo observar con frialdad clínica, mientras el sastre le dicta a su asistente las dimensiones de mi cuerpo, mi perfil indio, mi pelo grifo, ralo y picudo, y la grasa de mis cachetes.
"Me gustan tus nalgas", me dijo en otra ocasión la misma amiga que opina tengo cara de azteca. No es la primera persona en opinar sobre mis nalgas. Recuerdo que un día, después de clases, en la primaria, estaba esperando a una amiga de mi madre que me iba a recoger. Tardaba en pasar por mí. Un niño más grande que yo, de secundaria, empezó a hablar a mis espaldas. "Mira a ese chaparro nalgón", le escuché decir.
Siempre me han gustado las niñas guapas. También me gustan las niñas que son más altas que yo. Cuando me hacen notar esto mis amigos les digo que no es que tenga mucha opción: casi todas las niñas son más altas que yo. Les da risa porque estas cosas, la verdad, son graciosas. También me gusta la pornografía, especialmente cuando las chicas que salen en las imágenes son rubias. En realidad no tengo preferencias. Vuelvo a la amiga que opinó sobre mi físico: Le molesta la pornografía. Le parece algo terrible. Tengo otra amiga a quien la pornografía no le parece terrible, incluso, sospecho, le gusta. Tengo otra amiga con la que no hablo sobre estos temas. Tengo varias amigas. Algunas de ellas no son guapas. Son a las que frecuento menos. No, en realidad no es así. A las que frecuento menos son a las más guapas. Los feos están condenados. Los feos que no son malas personas están aún más condenados. No sé porqué tienen que ser las cosas así, pero lo son. También está condenada la cultura de la queja. Y ahora no sé qué escribir.
Me pregunto si los feos que además son bondadosos de manera resignada se permiten escribir sobre su fealdad de manera desapegada. También me pregunto cómo sería esa literatura. Supongo que necesitaría como motor cierto orgullo y cierta autoestima. O poca autoestima y mucho orgullo, no lo sé. Hoy leí en Quién (una revista que ojeo porque me gusta ver a las niñas y mujeres guapas que generalmente salen en sus fotografías) que Jean Paul Sartre llevaba una relación con Simone de Bouviour (el primer comment que tendré sobre este post me corregirá cómo se escribe el apeyido, estoy casi seguro) un poco extraña: eran amantes, o amigos, desde hacía más de una década pero no vivían bajo el mismo techo y tenían varios compañeros. La única condición era que se contaran todo. No sé por qué se me pegó aquello. Pensé en Sartre y su ojo virulo y me costó trabajo creer que tuviera varias amantes. Se me hacía claro, en cambio, por qué Simone no habría querido vivir con él.
Es un poco triste pero creo que a los amigos a los que más les tengo confianza son a los que me parecen más feos que yo, pero con los que me gustaría pasar más tiempo es con los que son más atractivos que yo. Busco el justo medio. En una ocasión leí una especie de cuento escrito por Lidya Davies, compilado en su Samuel Johnson is indignant donde afirmaba que todos tenemos amigos más interesantes que nosotros, son los primeros que perdemos así como nosotros dejamos de frecuentar a los amigos que son menos interesantes que nosotros; todos desconfiamos de aquellos amigos que son tan interesantes como nosotros, pues en cualquier momento esto puede cambiar.
Vi el nuevo número de la revista Max, con Bárbara Mori en la portada y pensé en estas cosas.
Una vez, en Quién, vi una fotografía de Paulino Rubio leyendo El Aleph de Borges.
Borges no podía ver.
María Kodama tiene la nariz bien chiquita.
Un amigo conoció a María Kodama y le cayó muy bien, la conoció en un congreso sobre Borges.
Otro amigo, que es más guapo que aquél amigo, y más joven, también conoció a María Kodama en aquél congreso. A diferencia del primer amigo, quien se refería a ella como señora Kodama, se refería a ella como María.
Otro amigo, quien acompañó a ellos dos al mismo congreso con una ponencia, consideró que todo esto era muy gracioso y se casará en unas cuantas semanas con una niña muy buena onda a quien considero mi amiga. Es guapa y más alta que yo, pero no la encuentro atractiva, tal vez porque es novia de mi amigo, no lo sé, sólo espero que de asistir a la boda pueda pasármela bien, hace mucho que no lo hago (en una boda).
Me caga bailar.

La violencia

-Supongo que ahora me iré con unas mujerzuelas.
-¿Para pegarte el sida que yo te pegué?
-Sí, para eso.

Thursday, September 01, 2005

Monday, August 29, 2005

Drama cotidiano

Hubo un tiempo en el que todo era paz y la separación no existía. Un tiempo en el que mi trabajo era más sencillo pues mi computadora podía entrar a Internet sin necesidad de un cable. Eran tiempos mejores. Ahora debo correr desde mi oficina a la biblioteca de la universidad para que pueda mandarle correos y trabajos a la computadora de mi jefe. ¿Por qué? Porque la tecnología ha avanzado y cada vez necesita menos materia, ya no poseemos entradas de floppy disks a nuestras computadoras y los usb's se han estropeado. Antes de la carencia de unidad que nos proporcionaba Internet, esto no era un problema.
Soy un imbécil, me repito. Esto no es en realidad un problema. Es un particular que quieres subir a un universal, es una pequeña y estúpida anécdota que quieres engrandecer para que parezca que tu vida es mucho peor de lo que imaginas y experimentas. Pues, sospechas, imbécil, que tu vida debería poseer un mayor sinigificado y que te sientes ligeramente culpable porque no es así. Tus preocupaciones, en el gran esquema de las cosas, son nada. Y ahora, peor, quieres hacer parecer que esta revelación añade cierta desesperación a tu existencia. Pero la verdad es que la pasas muy bien. Te divierte inventarte problemas. Y te divierte aún más advertir que te imaginas pequeños dramas personales como si esto fuera una virtud.
Pues no es una virtud.
La verdad es que cada vez te cuesta más escribir en tu bitácora. Primero porque sabes que ahora te leen, algunas personas, y no te puedes obligar a escribir ciertas cosas que realmente te preocupan. Segundo, porque comienza a aburrirte. Jugueteas con la idea de escribir poesía en secreto, en un cuaderno que guardarás debajo de tu colchón. La única manera de avanzar, descubres, es hablando de ti mismo y de tus pequeños truquitos literarios. Piensas que piensas que piensas que hace un momento estuviste a punto de tirar la coca-cola sobre tu teclado (por torpe) y que en el fondo lamentas que no haya sido así. Hubieras tenido un pequeño drama que contar. Y luego contarías sobre tus pequeños dramas. Y entonces dejarías de hacer literatura y comenzarías a escribir algo de importancia. Pero no tiraste tu coca-cola (porque tienes reflejos de lince). Este es tu nuevo drama.
Esto debería constituir un vistazo a la naturaleza del horror.
Pero no constituye nada.
Quiero escribir sobre cómo se desgarran los cuerpos en el vacío. Jodida moral.

Friday, August 26, 2005

Las cosas que debe hacer Adriana Degetau

1. Regresarme mis libros.
2. Ver Harry Potter y darme la razón.
3. Comer pizza.
4. ¡Regresarme mis libros! ¡Umph!

Carver

Hoy al salir de casa vi una gran paloma negra en una esquina de la cochera. Uyuyuy.

Granitos en la cara

Asumió que me había encontrado en internet porque en Amazon.com vio que una persona había comprado el número trece de McSweeneys, editado por Chris Ware, la novela gráfica Jimmy Corrigan: the smartest kid on earth, también de Chris Ware y Blankets de Craig Thompson. Asumió esto porque le presté Jimmy Corrigan y porque vio Blankets y el McSweeneys número trece en mi librero. Y pensó que nadie más compraría esos libros y los tendría alineados en uno de los anaqueles más bajos de su librero. Y yo también lo hubiera creído, pues aunque no me parece improbable que alguien comprara estos libros, sí me sorprende que alguien los compre al mismo tiempo. A pesar de que yo los tengo amontonados en el mismo lugar, no los compré a la vez. El McSweeneys me llegó por correo y es una gran cosa, el Jimmy Corrigan lo pedí en el Comic Castle de Universidad y lo trajeron desde Monterrey y el Blankets lo compré el San Francisco. Me encantó escribir este post. Me dio la oportunidad de hablar sobre los lugares a los que he ido para comprar mis libros y los rincones de la tierra desde donde llegan a mis manos. Por otro lado, me molestó un poco tener que confesar que aún, a mis veintitres años, con granitos en la cara y la hormona alborotada, leo comics. Sin embargo, como el lectos már atento se dio cuenta, esta vergüenza se vio ligeramente mitigada al llamarlos "novela gráfica"; lo cual suena mucho más hip y cool. Adoro los eufemismos.
Curiosamente en el McSweeneys número 13, dedicado absolutamente al comic, viene el siguiente apartado en una de las cuartas de forro (en letra chiquita y que ahora traduzco para que lo puedan disfrutar, y temer):
Comprendo que si veo este libro y resulta que me gusta alguna de sus imágenes, anécdotas de comics, o historias ilustradas, podré ser considerado por aquellos que son más inteligentes y cultos que yo como un: iletrado, pueril, o, aún peor, virgen. A pesar de esto, puedo probar, bajo la pena de perjurio, que en alguna u otra ocasión, he tenido relaciones sexuales con al menos otra persona:
una vez:___
dos veces:___
más de dos veces:___
un millón de millones de veces:___
El nombre de él o ella:_______
¿Se le puede contactar fácilmente? Sí___ No___ Si es así, ¿cuál es su teléfono?_______
Otros comics que leo: Batman, Superman, Spiderman, Gen 13 (sí, es verdad), Tintin, Astérix, Calvin y Hobbes, Fox Trot y alguna vez Mafalda, The Far Side, Garfield... y Archie.

Sunday, August 21, 2005

Houellebecq

Lo encontré en un cajón. Antes llevaba este poema en la cartera, escrito rápidamente en una hoja bien doblada, y quería que significara algo. Ahora sé que simplemente me gusta. Apenas lo transcriba, lo haré bola y lo tiraré al cesto de basura.
En una sala porno, jubilados jadeantes
contemplaban escépticos
los brincos mal filmados de parejas lascivas;
sin ningún argumento.
He aquí, yo me decía, el rostro del amor,
el auténtico rostro
Seductores, algunos; esos siempre seducen;
los otros sobrenadan.
El destino no existe ni la fidelidad,
mera atracción de cuerpos.
Sin apego alguno, sin ninguna piedad;
juegan y se desgarran.
Seductores algunos, por ende, codiciados,
llegarán al orgasmo.
Hartos ya, tantos otros, no tienen ni siquiera
deseos que ocultar;
Sólo una soledad que acentúa el impúdico
goce de las mujeres
Tan sólo una certeza: "Eso no es para mí",
pequeño drama obscuro.
Morirán, es seguro, algunos desencantados,
sin ilusiones líricas;
practicarán a fonto el arte de despreciarse,
de modo bien mecánico.
A quienes nunca fueron amados me dirijo
A quienes no gustaron;
A los ausentes todos del sexo liberado,
Del placer ordinario;
No temáis nada, amigos, mínima es vuestra pérdida,
no existe, no, el amor
es sólo una vícticama cruel cuyas víctimas sois;
juego de especialistas.

Thursday, August 18, 2005

Recomendaciones para hoy.

Sé que en este espacio la tentación de dar opiniones y reseñar novedades y dar recomendaciones es muy fuerte. Incluso tengo amigos que han escrito en este tipo de espacios sólo con la intención de dar recomendaciones de la semana. Generalmente procuro evitar este tipo de impulsos, pero ahora no puedo más. Así que ahí les va una sana y alegre recomendación que habrán de seguir al pie de la letra si quieren ser mejores y más felices personas.

Les recomiendo ser profesores adjuntos en una preparatoria de puros hombres y tener que hacer muchas cosas por la mañana, con el tiempo justo, sin haber desayunado para que después, cuando lleguen a la oficina en la universidad, después del suplicio de la prepa, puedan tener mucha, mucha hambre. Entonces podrán disfrutar enormemente de una tasa de café aguado con unas canelitas de Marinela. Una gloria para el paladar del asalariado (también deben usar corbata y un saco, aunque haga mucho calor, aunque suden, aunque el tiro se les suba por la entrepierna). Les advierto, esto es un gusto adquirido.

Sunday, August 14, 2005

Sobre perder a un amigo

Nunca he perdido a un amigo así que no tengo nada que decir al respecto.

Wednesday, August 10, 2005

Lo que se espera

Esto es lo que va a pasar. Julián, el amigo, agarrará sus chivas y se largará a tierras más cálidas donde el peligro de los huracanes es mayor. Extrañamente, ahí será más feliz o tendrá mayores oportunidades para serlo. Y entonces se le extrañará y podremos afirmar esto sin temor a ser juzgados, sin temor a que él mismo opine que sea una declaración extrañamente torcida y peligrosamente homoerótica, pero no lo será pues estará basada en algo sólido como la amistad.
Y después pasará el tiempo.
Y después nos volveremos a ver.
Y platicaremos de cómo pasa el tiempo, de cómo parecía apenas ayer cuando esperábamos el nuevo disco de Pearl Jam, de cómo esperábamos que fuera el fin de semana para salir de la ciudad o para que saliera tal o cual película. Nada de esto ocurrirá hasta después de este sábado, pero apenas llegue comenzaremos a contar en reversa, esperando el nuevo libro de Houellebecq o el nuevo disco de Pearl Jam o a que finalmente se recopilen los archivos de Bolaño o a que salga la cuarta parte de Indiana Jones o a que llegue la fecha en que veamos a los Foo Fighters y así se nos irá pasando el tiempo y nos preguntaremos si habrá un momento en que dejaremos de esperar a que sucedan estas cosas. No llegará ese momento y será, probablemente, lo único que no esperaremos con ansia pues apenas lo veamos a la distancia advertiremos que habremos perdido esa base sólida que nos permita esperar tonterías con desesperación. Supongo que quiero decir algo con esto, algo que le escribiré a Julián por correo al día siguiente de que se haya ido, o tal vez no al día siguiente si no dos días después pues no querré demostrar ningún sentimiento o en particular. Tal vez debería esperar una semana. Dos, para no ser pesado. Tal vez un mes. Sí, un mes antes de escribirle y decirle que todo está bien por acá, que finalmente me he titulado, que he estado leyendo a Musil. Le preguntaré qué le pareció La literatura nazi en América, le preguntaré qué le pareció Lovecraft: against life, against the world, le preguntaré si leyó el último Replicante. Le aseguraré que habré rockeado. Que seré feliz. Que todo está bien.
Julián, por su parte, sudará.

Tuesday, August 09, 2005

Contagio

Más sobre higiene, tomado de Higiene Escolar, de 1929, por el Prof. L. Burgerstein:

Es preciso inculcar los hábitos de limpieza en la casa, en el vestido, en el cuerpo, especialmente en las manos, incluso las uñas de los dedos; prohibir el uso de objetos que utilizan otras personas, especialmente pañuelos, vasos, gorras, lápices, etc.; además, hay que evitar cualquier contacto de sus propias mucosas (labios, nariz, ojos) con los dedos, sobre todo si están sucios, que humedezcan distintos objetos con la saliva, que se tosa o estornude con la cara dirigida a otras personas, y cuidarse de alimentos crudos. Es de gran valor el abundante movimiento al aire libre, y el endurecimiento corporal.
Pues yo estoy enfermo. Hace unos días comí sushi, toqué mucosas con mis mugrosas manos y no he evitado besar manos. Así que todo se entiende bastante bien. Ahora sudo, visto mi bata morada, escribo y leo en el baño a Kafka.

Friday, August 05, 2005

La lectura, la escritura

Lecciones de Higiene literaria

a) La impresión ha de ser de un color negro intenso y de contornos muy precisos, y el papel no ha de ser brillante ni ha de permitir que las letras se transparenten en el lado opuesto. Durante la lectura, la distancia entre los ojos y el libro ha de ser tan considerable como lo permite la estatura del lector; se tiende a aproximar los ojos al objeto a leer (y escribir), adoptando una posición contraria a las reglas de la higiene, no sólo porque la actitud erguida exige un mayor trabajo muscular que las posiciones encorvadas, antihigiénicas, sino también por la siguiente razón: la imagen del objeto que se produce en el ojo, aumenta por la aproximación; como el ojo inexperto posee una gran capacidad para acomodarse con exactitud a los pequeños objetos cercanos, en la proximidad los objetos aparentan ser mayores que cuando se miran a distancia; esto, por supuesto, da origen a posiciones y actitudes viciosas.
Ha de procurarse no leer con una luz deficiente ni en una actitud viciosa, que no se dedique tiempo excesivo a la lectura, ni se empleen libros impresos con caracteres demasiado pequeños o apretados. Por lo que se refiere a las ventajas e inconvenientes higiénicos de las escrituras redondas y angulares, puede afirmarse que las ventajas están de parte de la primera y las desventajas de la última.
b) La escritura ha de ser objeto de reflexiones más minuciosas que la lectura. Se comenzará, desde luego, con el empleo del lápiz y papel, pasando lo más pronto posible al uso del papel y tinta. Por desgracia, a pesar de los diferentes ensayos practicados, aún no se ha logrado hallar un material que por todos los conceptos sustituya favorablemente estos medios. El papel para la escritura no debe ser áspero, ni brillante, ni ha de permitir que lo escriuto se transparente al lado opuesto; la atura del cuaderno no deberá ser mayor de 20 cm. y la longitud de la línea no ha de exceder de 11 cm; cuanto más alto y ancho sea el cuarderno, tanto más se facilitará que los escritores adopten actitudes viciosas. La altura de las letras minúsculas no ha de ser menor de 3 mm; pero si exceden de 5 mm., no guardan ya relación con las dimensiones de los dedos. También será preciso que se evite adoptar un tipo de escritura demasiado pequeño o demasiado fino.

Monday, August 01, 2005

El abismo

No sé cómo comenzar. Ahora tengo ganas de escribir "para variar". Y dejar estas frases introductorias y entrar directamente al abismo, que es el tema de esta actualización. Desde hace semanas quiero escribir sobre el abismo. A veces, acostado en mi cama, pienso: "Mañana escribiré sobre el vacío". Después, duermo. Más tarde, al despertar recuerdo lo que había pensado, o mejor dicho recuerdo que me había dicho algo precisamente antes de dormir, algo que era importante para mí, en un nivel. Así que paso algo del tiempo de la mañana pensando en qué era precisamente aquello sobre lo que quería escribir (en la regadera, mientras me visto frente al espejo de cuerpo completo que tengo en mi armario, al lavarme los dientes) y luego llega la idea, finalmente, después de años de viaje, después de siglos de haber deambulado en el desierto; pero de otra manera, cambiada, casi no reconocible, un poco coja y mal arreglada: "Más tarde escribiré sobre el abismo", me digo, aunque sé que era otra cosa, muy similar y cercana a la idea que tenía en el principio.
Y es el horror helado.
Siempre pienso un poco antes de comenzar a escribir. No pienso precisamente sobre lo que voy a escribir ni cómo lo haré, no a menudo, al menos, pero pienso lo suficiente como para llegar a ese lugar donde puedo escribir sin demasiadas trabas. Pienso en el pasado y en el presente y en cómo serán las cosas más tarde y pienso en las estrellas y la historia de la humanidad y del pensamiento y de la literatura y en las amebas y en el movimiento de cerrar y abrir lo ojos; también pienso en movimiento de mi pecho cuando estoy agitado, pienso en los fluidos y en los sonidos que hace mi estómago. Imagino que soy una máquina. Imagino que no importo, o lo reconozco. Después, las cosas vienen un poco fácil. Después no lo es tanto pues recuerdo lo que quería contar originalmente, mostrar las imágenes con las que quería presentar esto: el vacío y la falla de Kier que aparece en Garden State, película tan buena.
Y luego pienso en el abismo del que habla Bolaño.
Luego, en el vacío de los cuerpos.
Después, en cómo los llenamos.
Y no consigo escribir bien.
Hoy compré los cuentos completos de Kafka. Hoy vi, también, en los brazos de una persona el libro de Calasso, K. No fue hasta este momento que pensé en la relación. En la fila para pagar mi libro (carísimo), también estaban dos argentinas muy altas y delgadas que me hicieron pensar en la manera en que las nubes, a veces, crecen como montañas. Otro libro que compré fue Los invasores de marte, de Trino. Que la verdad, es bien cagado. Finalmente, pensé, con lo de las nubes, en que el sodio de la ciudad de México hace que la luz se disperse sobre la ciudad, igual que en algunas ciudades costeras. No sé cómo acabar esto.

M.hizo bien

Primero: gracias de nuevo, con todo el cariño que le corresponde. Y ahora:
Obviamente uno sabe que cuando dice "Este es el mejor regalo que me han dado" está exagerando y está utilizando una frase hecha y trillada y terrible, el tipo de frases que deberían guardarse en un cajón de madera, con un montón de ladrillos, y tirarse en las fosas marianas, nada menos; pero extrañamente, cuando las palabras terminan de rodar fuera de la lengua de uno, se da cuenta de que es verdad, pues no sólo es uno de los únicos libros de Bolaño que no ha leído, sino que es uno de los libros de Bolaño que nunca había visto. Y entonces, lo toma, lo palpa y se da cuenta de que es real. Y después lee la dedicatoria, una cosa tan precisa y atinada que le hace pensar a uno que, para escribir dedicatorias, en comparación, quiere decir, uno es bastantes inútil.
Y el regalo incrementa exponencialmente su valor cuando descubre el sello: University of Notredame Library, y después, la colocación:
PQ
8098.12
.Q38
L58
1996
Supone que de alguna manera esto está mal, pero no le importa. Es agradable, el sentimiento. La lista de libros que pospondrá para leerlo es:
1. The infinite Jest.
2. The facts of winter
3. The people of paper
4. Cien años de soledad (de verdad).
5. La boda de Hitler y Maria Antonieta en el infierno
6. Lovecraft: against life, against the world
7. Uniones.
8. Tres mujeres.
9. El hombre sin atributos.
10. Impresiones de África
11. La Rosa
12. Los hechizados
Ay, y tantos otros.

Monday, July 25, 2005

To fuck some trophy, boy, you won at the bar, tonight.

Creo que lo mejor que me ha pasado en los últimos días de las semanas pasadas fue un sueño en el que tenía el poder de mover las cosas con mi mente. Era un sueño lúcido, además, y tenía sus propias reglas. No podía mover cosas, por ejemplo, si no concentraba mis fuerzas telequinéticas con la suficiente enjundia. Y aún soñando, pensaba "Vaya, esto es como si fuera un jedi".
Un buen sueño, muy recomendable. Quería comentárselos antes de comenzar el cuerpo de esta actualización, misma que promete deslumbrarlos hasta cegarlos de sabiduría, arrebatarlos de las tinieblas de la ignorancia y mover su núcleo para que sean mejores personas de lo que son ahora.
Entonces: un buen subtítulo para este post, podría ser "Shooting star, you make me sad". Y deberían leerlo con la tonadita, la misma, idéntica, que utiliza Elliot Smith para cantarla. Lo mismo con el título. ¿Han escuchado esa canción? ¿Shooting star? Dios, deberían escucharla, es algo que necesitan en sus vidas. Sin esto serán la mitad de hombres, o la mitad de mujeres, o la mitad de lo que hayan elegido ser, de lo que podrían ser. Y eso no es algo que se presume, no, estar incompleto a sabiendas de que sólo basta escuchar una canción para no estarlo es imperdonable. Así que vayan y escuchen esa canción hasta que comiencen a tener problemas con su sistema motriz.
Me llegó a cansar el discurso del adolescente ascético que fui durante la secundaria y la preparatoria, pero ahora no comprendo por qué. A lo mejor porque es difícil no querer las cosas que uno quiere cuando tiene calentura. Yo nunca he ligado en un bar. Nunca. Soy un inepto, en ese sentido. Y mucho tiempo conseguí convencerme de que se necesitaba ser una mala persona para ligar en un bar. Lograrlo, llevarte a una chica a tu casa, o a una persona, necesitaba no una sintonía entre dos cuerpos, ni un espacio entre dos personas reducido; se necesitaba desear cosas malas con el espíritu, y en silencio. Se necesitaba saber que uno podría patear niños en la calle, si lo quisiera. Fumar. Beber absenta. Experimentar con drogas. Usar arete. Participar en orgías. Convencer a monjas de que se salieran del conveto, o de que utilizaran vibradores. No pagar impuestos. En suma, ser malo.
Me costó trabajo reconocer que sólo hacía falta un poco de autoestima. Mucho trabajo.
Pero ahora sigo estando convencido de que también se necesita vivir en el juego del macho alfa, de los trofeos y de las medallas, del sexo por deporte y de la extraña pulsión a vivir nuestra juventud con intensidad.
Es difícil escribir sobre esto, porque en el fondo hay algo que aún no me trago. Tal vez es el hecho de mi físico, de mi carisma y de mis posibilidades para relacionarme con las personas. No sé qué sea, pero aún así, cuando estoy en un bar y observo cómo se reducen los espacios en las personas y como actúan de manera tan histriónica para obtener algo que ambas personas quieren pero que no hacen explícito, cuando estoy ante una seducción que acontece, me siento enfermo; me dan ganas de acercarme a las personas y darles un par de cachetadas y de pedirles que actuaran como si estuvieran actuando con verdad. Pero nunca me atrevo. Este es mi rol, me digo, sentado, en el bar, sólo estoy aquí para observar. Y registrar. Y beber. Y pensar que pienso que estoy pensando en cómo mover el cenicero de la barra con mi mente.

Thursday, July 21, 2005

Oficina

Hoy vestí para el trabajo un pantalón café que es muy agradable al tacto y tiene unas bolsas traseras muy amplias. También llevé un suéter negro de un material que siempre me pone a dudar sobre la ortografía en general, a saber, cashimire; era una apariencia muy seria, este color negro, así que debajo llevé mi playera azul que tiene un estampado y que reza así: El festejado, mismo que mandé estampar ex profeso, para una fiesta de cumpleaños que me celebraba a mí, sobre todas las cosas.
Tambié usé unos tenis verdes, Puma, sobre los que alguna vez tuve la siguiente conversación con mi jefe:
-¿Para qué son tus tenis?
-¿Qué quieres decir?
-Pues sí, ¿para qué?
-...
-¿Tienen alguna función en particular?
-Camino con ellos.
-No, pero son para correr o algo así.
-Ah, este, no lo sé. Supongo que son para uso casual.
-...
Más tarde descubrí que, según el dibujo de la suela y lo que me dijo un amigo y mi experiencia persona, son muy eficientes para manejar mi auto, que es de velocidades.
Las cosas que hice hoy en el trabajo:
1.Bebí algunos líquidos (un vaso de agua y dos tasas de café).
2.Llegué diez minutos tarde.
3.Revisé mi correo, actualicé mi blog y visite www.mcsweeneys.net así como www.elpolemista.com
4.Escribí un texto sobre la depresión laboral, para mi jefe.
5.Busqué un libro en la biblioteca.
6.Lo encontré.
7.Tiré una caja de cartón a la basura.
8.Hice reír a mi jefe colocándome la caja de cartón sobre la cabeza, antes de tirarla.
9.Momentáneamente, jugué solitario.
10.Mandé un libro por mensajería.
11. Acomodé algunos libros.
12.Llené un formato que debía ser formado.
13.Encontré unos archivos que debían ser encontrados.
14.Revisé un texto.
15.Pensé en que algunas obras de arte no sobrevivirán a sus artistas.
16.Tecleé varias, muchas cosas.

Las Putas

No hace sol ni es de día, llueve y es de noche. La dejas en su casa después de cenar y tomas Nuevo León y rumbo a Insurgentes y haces contacto visual con tres prostitutas paradas en la esquina y piensas en ti mismo, Guillermo, pues esto es algo que haces a veces, pensar en ti mismo, y ves la hora que marca el reloj de tu automóvil, pues tú no traes reloj, y aceleras rumbo a tu casa y ves las pastrullas y sus luces azules y rojas y los alcoholímetros y piensas que tu hermana ya está de vuelta en México y que en realidad nada ha cambiado, comenzando por ti, y aceleras más y después piensas que el sábado pasado chocaste por estos rumbos, precisamente a esta altura de Insurgentes, pasando el parque hundido donde también hay personas que venden su cuerpo, personas a las que no querrías conocer pues son mucho más extrañas que tú, personas que se asemejan al demiurgo que aparece al final de La otra parte de Kubin, un demiurgo hermafrodita, o personas que sin haber leído El banquete les gustaría ser, o son, mejor dicho, como algunas de las ensoñaciones de ese cadáver que ya no existe, Platón. Así que sigues y vas a tu casa y todo mujndo está dormido y ves la televisión y casi por azares del destino resulta que también en la televisión pasan un programa conducido por trannies y es terrible y casi asqueroso, pero en realidad te da risa porque a altas horas de la noche estas son las cosas que te dan risa. Apagas la televisión y no abres ningún libro antes de dormir.
Al día siguiente, te levantas tarde para el trabajo y entras y sales de la regadera, abres y cierras el lugar donde guardas la mayoría de tus artículos de higiene personal (excepto el cortauñas, que guardas en un cajón), de donde sacas y metes un desodorante. Un desodorante nuevo que arde porque tiene mucho alcohol. Y ahora trabajas. Y escribes esto, en la universidad, y piensas en qué título es más apropiado para el presente post: Si "Las putas", o si sería mejor poner "El desodorante nuevo". No te decides.

Sunday, July 17, 2005

El choque y el susto

Existe un tipo de personas que no piensan muy bien lo que van a hacer, personas que tienen amigos, de los cuales algunos se llaman Julián, otros se llaman Fernando, y conocen y extrañan a personas que ahora están en el extranjero, y de vez en cuando escriben frases capciosas que hacen dudar a las personas.
Este tipo de personas, decía, además de no pensar bien las cosas, toman decisiones de las que tal vez se arrepentirán más tarde. Aunque en el momento en que las llevan a cabo, estas malas y retorcidas ideas, les divierten muchísimo. Como cuando Hernán, otro amigo de una de estas personas, habla por teléfono para avisar que verá a una de estas personas en su casa pues le lleva el libro que le ha pedido. Así que la persona lo espera abajo, pues esta persona tiene una perra labrador que insiste en entrar a la casa o intentar salir, dependiendo, cada vez que alguien toca el timbre, así que la persona sale de casa anticipando la llegada de Hernán, que es inminente, para que Hernán no toque el timbre y la perra labrador no salga de casa corriendo, cuando se abra la puerta. Así que la persona está ahí afuera, un momento nada más, esperando ver los faros del auto de Hernán, que se aproximan. Y entonces se le ocurre. Le parece una excelente idea, esto de agacharse y correr hasta que se arrincona detrás de la cajuela de un auto y ve pasar el auto de Hernán y observa cómo se estaciona frente a su casa y corre como ninja, rápido y en silencio, hasta que se encarama detrás del auto de Hernán y cuando éste sale le grita y lo asusta y Hernán grita también y pone cara de que 1) algo no está bien, 2) se está cagando los pantalones, 3) está estornudando, 4) está ante algo que nunca había visto, 5) lo quiere matar, simultáneamente.
Hernán ya no le quiere prestar el libro a esta persona, y duda en invitarlo al Bull, y tiene razón. Y todo es muy gracioso. Pero en el fondo, la persona se siente mal, porque lo está disfrutando demasiado.
En fin. Otra cosa: hoy choqué con la patrulla de un policía. No pasó nada.

Friday, July 15, 2005

Rushmore y la bondad de las personas

Estimado Hijo de Puta Que Se Robó Mi Única Copia del DVD de Rushmore:

Hace poco conseguí el DVD de Life Aquatic, de Wes Anderson, esteralizada por Bill Murray. La he visto un par de veces desde que la compré. Trae varias cosas en el detrás de cámaras. Hay una cosa en particular, muy curiosa, que es un documental elaborado por uno de los pasantes de Anderson (y que también actúa en la película, como un pasante).
Ahora la película está aquí, en mi librero, entre el DVD de The Royal Tenembaums, también de Anderson (¡como ya sabrás!) y de la trilogía de Indiana Jones.
¿Lo ves imbécil?, por tu culpa, no está entre The Royal Tenembaums y Rushmore. Ese es su lugar natural. ¡Regrésamela o sufrirás mi furia!
Cambiando de tema, estoy pensando en comprar Bottlerocket. A ver si la venden en Videodromo.
Saludos cariñosos,
Guillermo.

Wednesday, July 06, 2005

Pies griegos

Esto será rápido. Existen varios tipos de pies. Los egipcios (que son como los que yo tengo, similares a los de Pedro Picapiedra, con los dedos bajando en estatura), los griegos (que tienen el dedo de enmedio más largo que el resto, un poco como E.T.) y otro tipo que no recuerdo ahora pero que deben ser poco interesantes.
Esto será rápido porque quiero ir a casa, a comer. Y porque no hay mucho que decir al respecto, excepto afirmar que a mí me gustan los pies griegos. En las mujeres, sobretodo. O mejor dicho, exclusivamente. Y es raro, porque en general los pies me causan un poco de repulsión. No comprendo, por ejemplo, la fijación que tiene Tarantino con los pies (como en From Dusk till Dawn, donde permite que Salma Hayek le meta sus pezuñas en el hocico, o como en Kill Bill Vol. 1, una de las películas con mayores tomas a los pies --nótese que Uma Thurman tiene pies griegos). Hay un libro de Jordi Soler que se llama La mujer de los pies feos. No lo he leído. Sólo quería decirlo.
Creí que esto sería más interesante. Hay veces que sólo escribo por escribir.

Tuesday, July 05, 2005

Visiten, a menudo

Estos lugares:
(Gran, gran cosa, hecha por personas que no saben muy bien lo que están haciendo; supuestamente, fungiré como editor de la versión electrónica, busquen y preguntan por la versión impresa).
Donde a veces, hay buenas cosas.
Que siempre es bueno.
También vayan a París. En esta época del año es muy bonito.

Sunday, July 03, 2005

Literatura

Cuando Ulises escuchó la historia de la Odisea, contada por un viejo y ciego poeta, se soltó a llorar al advertir que su cuerpo se desmoronaba y permancía en la historia, al descubrir que el duro deseo de durar no sería suficiente para evitar que su imagen le sobreviviera.

¿Qué es la historia? La Reina Católica.
¿Qué es la literatura? La ropa de la Reina Católica, la ropa que le confecciona un sastre real, el olor que desprende la Reina Católica, quien no se bañaba, como sabemos, a menudo, y que el sastre real percibía cada vez que bajaba la cabeza para tomarle las medidas de la cintura.

Aunque no podía decir qué era, sabía que algo estaba mal, y debía estarlo pues mi madre lloraba desconsolada o con arrebato y furia y mis hermanas veían por la ventana la casa donde, repetía mi madre, "Ella vivía".
No fue sino hasta tiempo después que comprendí lo que sucedía, los gritos que venían del cuarto de mis padres y lo que significaba la palabra divorcio, que en aquél momento sólo me hizo llorar, como si fuera un botón que alguien activara o, mejor, un machete, porque mis hermanas lloraban también. Todo mundo lloraba. Yo, simplemente, lo hacía momentos más tarde.
"Mírenla bien", dijo, "ahí es donde vive". Fue después de la escuela, nos llevó en el auto y guardó silencio en todo el trayecto. Era un fraccionamiento. Los niños jugaban en sus bicicletas. Las casas eran pequeñas y de un color amable. El cielo estaba nublado y no comprendí, cuando entendí qué hacíamos ahí, porqué mi madre haría algo así. ¿Por qué nos llevó a ese lugar? ¿Sabría que esa imagen se quedaría en nuestra cabeza?
No hablamos de eso.
"...meneando las nalgas..."
"Escucha lo que estás diciendo", le dijo mi padre.
Escúchalo tú!", le contestó mi madre.
Estábamos comiendo.
Y ahora aquello no existe. La gente sabe. Lo ha sabido. Pero ya no hablamos al respecto. Y hoy, que los vi juntos, a mi padre y a mi madre, intercambiando besos y miradas, descubrí algo. Algo fuera de lugar. Y era mi jodida memoria. No siempre pienso en esto. Ni siquiera cuando abrazo a mi madre con verdadero cariño, o a mi padre con confianza real. Es sólo algo que, por las noches, me asalta.
Conozco personas que tienen miedo de que algún día escriba cosas. Las comprendo.

Friday, July 01, 2005

¿Tesis? Por favor, ya la terminé.

Ahora, los tres epígrafes que preceden a todo mi trabajo de tesis de licenciatura, y que espero poder defender pronto.
Noten las siguientes cosas sobre los tres siguientes epígrafes:
1. Son tres.
2. Probablemente, son lo mejor que hay en mi tesis.
3. Resumen mi tesis.
4. Los tres autores que escogí, ¡son tocayos!
---
Los dioses son huéspedes huidizos de la literatura. La atraviesan con la estela de sus nombres. Pero, con frecuencia, también la abandonan. Cada vez que el escritor apunta una palabra debe reconquistarlos. La mercurialidad, anuncio de los dioses, es también la señal de su carácter evanescente. Sin embargo, no siempre ha sido así. Las cosas fueron distintas mientras existió una liturgia.
Roberto Calasso, La literatura y los dioses


Mucho más importante que la cocina literaria es la biblioteca literaria (valga la redundancia). Una biblioteca es mucho más cómoda que una cocina. Una biblioteca se asemeja a una iglesia mientras que una cocina cada día se asemeja más a una morgue. Leer, lo dijo Gil de Biedma, es más natural que escribir. Yo añadiría, pese a la redundancia, que también es mucho más sano, digan lo que digan los oftalmólogos. De hecho, la literatura es una larga lucha de redundancia en redundancia, hasta la redundancia final.
Roberto Bolaño, Un narrador en la intimidad

Pero cuando, afligido, pasaba un rato leyendo sus libros, quedaba singularmente tranquilizado. Verdad es que la melancolía no perdía nada de su peso; por el contrario, la tristeza se acentuaba, pero ya no le oprimía. Se sentía entonces como abandonado y en un lugar perdido; pero en ese doloroso sentir había un sutil placer, un orgullo, el sentimiento de hacer algo singular, de servir a una divinidad no comprendida. Y en tales momentos, quizá pudiera descubrirse en sus ojos un pasajero destello, que recordaba el desvarío del éxtasis religioso.
Robert Musil, Las tribulaciones del estudiante Törless

Wishlist

Ahora que tiene una recién nacida sobrina, mi amigo, uno de mis amigos, ha descubierto una nueva manera de rechazo y crueldad. Cada vez que se acerca a ella, comienza a llorar. Sospecho que se debe a sus dimensiones y que su sobrina siente este gran volúmen como una especie de amenaza, como si Júpiter la atacara.
Por mi parte, nunca he experimentado ese tipo de rechazo. Lo cual, como sabrán los que han palpado mis dimensiones, es comprensible.
En fin, eso sirve como introducción (en realidad no) a los anuncios parroquiales que comienzan ahora: ¿Alguien está interesado en comprar La broma infinita de Robert Foster Wallace? La compré a cuatrecientos pesitos, estoy dispuesto a bajar el precio. Está en perfecto estado, no le faltan hojas, todas las letras están ahí, y fue editada por Mondadori. Lo cual puede considerarse una contradicción pues la serie de literatura de Mondadori normalmente es subnormal. En mi opinión, cuatrecientos pesitos por mil doscientas ochenta hojas es una ganga. Cualquier precio bajo eso, es un regalo.
Cuando digo que está en perfecto estado quiero decir que está en perfecto estado y que no la he leído. Conseguí otra versión, en inglés, y esta ahora me sobra. No me estorba, pero me sobra. Y estoy ahorrando para comprar las Memorias de ultratumba de Chateaubrand. Puedo considerar, incluso, hacer un intercambio.
Ahora, que si sólo me quieren dar el dinero para que compre Memorias, está bien también.
O que si simplemente me quieren regalar Memorias y conseguirme los números de McSweeneys que faltan, está bien también.
Y que si están dispuestos a hacer todo esto como si, además, fuera un favor que yo les estuviera haciendo a ustedes, incluso, si pudieran sentir un poco de culpa por todo ello, ¿pues qué más puedo pedir? El mundo, claro.