Monday, October 24, 2005
Kafka
Enrique Vila-Matas
Sunday, October 23, 2005
Dave Eggers
Thursday, October 20, 2005
La relación que sostengo con mi labrador
La carne
Tuesday, October 18, 2005
Todo bien
Este fin de semana me invitaron a una fiesta. La fiesta es de un amigo. Mi amigo es novio de una amiga, quien ha sido, a su vez, la única persona que me ha correspondido sentimentalmente. Esto está bien, somos amigos. La fiesta será de máscaras y antifaces.
Estamos cenando, ¿no? Y parece ser que es la hora de contar historias crueles y perturbadoras. Mi hermana cuenta que en África, por ejemplo, están pensando sacar al mercado una especie de diafragma, o de condón, o de cinturón de castidad, realmente no lo sé, que prensa al pene cuando penetra la vagina. Es una medida contra el creciente número de violaciones, aparentemente. No supo bien a bien explicar el mecanismo.
-Ay hija, qué cosa tan fea, dice mi madre, ¿no se enteraron de los tres payasitos que atraparon hace poco?
-¿Payasitos?
-Unos niños de la calle que se disfrazan como payasos. Violaron a una niña de doce años. Luego la niña los denunció y –ay, Memo, ¡qué bonito suéter traes hoy!
Salgo del trabajo, por la noche. En la mañana le había comentado a un amigo que me sentía deprimido. Este amigo es mi jefe, me conoce desde hace tiempo. Me dijo: “Bueno, era de esperarse”. O algo parecido: “El licenciado Núñez insiste en guardarse las cosas”, me dijo. “Juega a la caja fuerte hecha de un material transparente”, dijo, o dijo algo que se le acerca mucho a esto. “Sí, bueno, supongo que sí”, creo recordar que le contesté. No hablamos más.
Pero salgo del trabajo, decía. Es de noche. Los niños de las escuelas vespertinas apenas están saliendo. Y un automóvil acelera frente a mí, sigue su camino, cruzando el semáforo se trepa a las jardineras que dividen el paseo de las Águilas, o como se llame, y se da una vuelta en el aire. No escucho el ruido pero veo las luces y pedazos de la carrocería brincar. No escucho el ruido porque traigo la música muy alta. Las personas que esperaban el camión cerca, corren al auto. Cuando me bajo del mío, también corro. Saco el celular. Estúpidamente marco al 040. Pido una ambulancia. “Aquí es información”, me dicen, “pero le doy el teléfono”. Una patrulla pasa de largo. “¡Sáquenlo!”, escucho. “¡Va a explotar!”, gritan otros. Hay un olor en el aire, como a quemado. Pero no va a explotar, por supuesto. Estas cosas no pasan en la vida real. Veo que los estudiantes, porque son estudiantes, sacan al hombre. Veo la bolsa de aire, desinflada, como un condón usado. El hombre camina y guarda silencio. Temo que de un momento a otro se vaya a desplomar por heridas internas, o algo, una hemorragia, un dolor terrible del que nadie se haya dado cuenta, algo de lo que no puede hablar y sobre lo que, si le preguntaran, mentiría porque prefiere pensar que se siente bien. Al final no pasa nada, regreso a mi auto. Subo la música y acelero rumbo a mi casa.
Saturday, October 15, 2005
Fun Farewell to a Friend
Depresión
Friday, October 14, 2005
Madre
Thursday, October 13, 2005
Mujeres
Algunas metáforas y algunas de sus claves:
Garrote: pene.
Flores: vagina.
Houellebecq: Tristeza infinita que aqueja a la humanidad.
Hombres: animales.
Misteriosa, injustamente.
Es un secreto que albergamos, el mismo que nos permite terminar una relación o dejar que el teléfono siga sonando, cuando sabemos quién llama. He tenido amigos y he dejado de verlos. ¿Por qué? Por la simple y llana razón que vive en nuestro oscuro y húmedo interior, una verdad que procuramos no nombrar pues hacerlo nos acercaría cada vez más a las máquinas y a los fríos metales, pero que permanece ahí a pesar de todo. Y sí, nos ayuda a sobrevivir. Aceptémoslo, nos caga la gente.
¿Toda? No, no toda. ¿Siempre? No, no siempre. ¿Ahora? Sí, hijo de tu puta madre.
La ceguera
Muleta
Wednesday, October 12, 2005
El mejor de los textos
Quiero escribir bien, un texto que nos ayude y nos haga mejores pero sin ironía, que convenza a las personas o al menos a una niña guapa de que es posible, que no es necesario ser ojete, que ser ojete es sólo un capricho pasajero que utilizamos para permanecer quietos en nuestro vibrante interior. Escribir un texto que utilice claves generacionales, algo donde la forma y el estilo estén supeditados a la bondad y el amor, pero no de manera irónica. ¿Se puede ser siempre irónico? ¿Se puede ser ligeramente irónico? ¿Se puede estar un poco muerto o apenas embarazado? Mi texto lo conseguiría. Sería el bien a secas y lo entenderías porque sería la misma voz que te hace sonreír cuando observas a un hombre desempleado esforzándose por hacer reír a su hijo, en la calle, en los semáforos, entre limosna y limosna. La misma voz que te hace sentir incómodo cuando haces chistes racistas pero que provocan la risa de todos tus amigos, la misma desesperada y anhelante carcajada. Realmente, ¿de qué nos reímos? ¿De la verdad que se revela tímida pero brutalmente? ¿Es una risa sincera? ¿O una que está por encima de esa pequeña maldad que en ocasiones nos permitimos? Mi texto no juzgaría a distancia, no necesitaría hacerlo: sabría diferenciar perfectamente entre el bien y el mal, lo necesario y lo superfluo, lo humano y lo cotidiano. Y se pegaría a ti, Dios mío, estaría en tu cabeza todo el tiempo. Mis palabras laterían en tu interior como un enorme sol naciente y sería tan bueno como un abrazo de personas que se aman sin segundas intenciones, tan bueno como una fría y helada cerveza. Por lo tanto, sería original. La gente intentaría copiarlo pero fallaría. Porque mi texto no usaría recursos trillados y no se vería en la necesidad de hacer pequeñas concesiones a sus predecesores, no sentiría pena, estaría seguro de sí mismo, no se arreglaría el cabello cada vez que se tope con un espejo. En mi texto se harían metáforas acerca del clima. Algunas de estas metáforas, que también serían sobre el heroísmo de la vida fáctica y aparentemente irrelevante, serían atinadas comparaciones (un par de limpios anteojos sería, simbólicamente, un alma impoluta; la clara voz de un estéreo sería la clara voz de tu conciencia; Dios sería una eterna carretera) pero otras serían aperturas y maneras de nombrar lo innombrable.
Mi texto uniría en lugar de separar. Te provocaría revisar tu vida y moverte para hacer algo al respecto. Dejarías de masturbarte. Dejarías de utilizar a las personas. Dejarías de ser egoísta. Dejarías que la vida siguiera su curso y te abandonarías poco a poco en las bondadosas manos de mi voz, pues te identificarías con ella. Si llegara a escribirlo, terminarías de una vez por todas con ese odio dirigido a los que no tienen suerte. Y comenzarías a respetarte. Y no habría, al final, una frase que te permitiría sospechar que, en realidad, no hablaba tan en serio. Al final, pues, no anularía mi texto.
Tuesday, October 11, 2005
Espacios reducidos
Sunday, October 09, 2005
Eat Meat
Wednesday, October 05, 2005
San Agustín
-Dios, Dios, Dios, necesito ayuda carajo. Estoy harto.
-...
-Pregunta tonta, lo sé.
-...
-Leeré, eso es lo que haré. Y escribiré. Sí. Y será una buena y mejor persona. Eso te agradaría, ¿no?
-...
-Ha sido un camino largo. Espero que llegue a algún lado.
-...
-Carajo, Dios.
-¿Qué?
-Oh. No. Nada.
-¿Seguro?
-Sí, seguro. Estaba tonteando nomás.
-Conste. Luego nos vemos. Bye-bye.
Tuesday, October 04, 2005
Miscelánea (actualización #136)
La segunda:
El rock me hará mejor persona
Saturday, October 01, 2005
Los que lloran
Felicidad
Sunday, September 25, 2005
El afán de la novedad
Saturday, September 24, 2005
Friday, September 23, 2005
México mágico
Thursday, September 22, 2005
La ignorancia
Wednesday, September 21, 2005
La palabra
Sunday, September 18, 2005
Contra el mundo, contra la vida
Thursday, September 15, 2005
Las cosas que no harás.
2. No usarás expresiones como "hermanos de leche".
3. No leerás más a Houellebecq.
4. No leerás la Intrusa de Borges, porque Borges te caga.
5. No escribirás con segundas intenciones.
6. No dejarás el humor.
7. No imaginarás.
8. No subirás este post.
9. No confiarás en lo que te dices a ti mismo.
10. No confiarás.
11. Confiarás.
12. No escribirás enojado.
13. No pedirás perdón.
14. No deliberarás demasiado.
15. No serás una mejor persona.
16. No dejarás de ser persona.
17. No comprenderás.
18. Comprenderás.
Wednesday, September 14, 2005
Monday, September 12, 2005
Actuar raro
Tuesday, September 06, 2005
Literatura portátil
Sunday, September 04, 2005
Los hombres duros no bailan.
La violencia
-¿Para pegarte el sida que yo te pegué?
-Sí, para eso.
Thursday, September 01, 2005
Monday, August 29, 2005
Drama cotidiano
Friday, August 26, 2005
Las cosas que debe hacer Adriana Degetau
2. Ver Harry Potter y darme la razón.
3. Comer pizza.
4. ¡Regresarme mis libros! ¡Umph!
Granitos en la cara
Sunday, August 21, 2005
Houellebecq
Thursday, August 18, 2005
Recomendaciones para hoy.
Sunday, August 14, 2005
Wednesday, August 10, 2005
Lo que se espera
Tuesday, August 09, 2005
Contagio
Friday, August 05, 2005
La lectura, la escritura
Monday, August 01, 2005
El abismo
M.hizo bien
Y el regalo incrementa exponencialmente su valor cuando descubre el sello: University of Notredame Library, y después, la colocación:
8098.12
.Q38
L58
1996
Monday, July 25, 2005
To fuck some trophy, boy, you won at the bar, tonight.
Thursday, July 21, 2005
Oficina
Las Putas
Sunday, July 17, 2005
El choque y el susto
Friday, July 15, 2005
Rushmore y la bondad de las personas
Wednesday, July 06, 2005
Pies griegos
Tuesday, July 05, 2005
Visiten, a menudo
Sunday, July 03, 2005
Literatura
¿Qué es la historia? La Reina Católica.
Friday, July 01, 2005
¿Tesis? Por favor, ya la terminé.
Roberto Calasso, La literatura y los dioses
Mucho más importante que la cocina literaria es la biblioteca literaria (valga la redundancia). Una biblioteca es mucho más cómoda que una cocina. Una biblioteca se asemeja a una iglesia mientras que una cocina cada día se asemeja más a una morgue. Leer, lo dijo Gil de Biedma, es más natural que escribir. Yo añadiría, pese a la redundancia, que también es mucho más sano, digan lo que digan los oftalmólogos. De hecho, la literatura es una larga lucha de redundancia en redundancia, hasta la redundancia final.
Roberto Bolaño, Un narrador en la intimidad
Pero cuando, afligido, pasaba un rato leyendo sus libros, quedaba singularmente tranquilizado. Verdad es que la melancolía no perdía nada de su peso; por el contrario, la tristeza se acentuaba, pero ya no le oprimía. Se sentía entonces como abandonado y en un lugar perdido; pero en ese doloroso sentir había un sutil placer, un orgullo, el sentimiento de hacer algo singular, de servir a una divinidad no comprendida. Y en tales momentos, quizá pudiera descubrirse en sus ojos un pasajero destello, que recordaba el desvarío del éxtasis religioso.