Thursday, July 22, 2010

"Disfruta de los mejores y más variados canales"


Bueno*, quizá les interese saber que el otro día estaba sentado frente a uno de los televisores que se encuentran en mi casa, disfrutando de la conversación que Steve Carrell sostenía con David Letterman. Permítanme enfocarme en el momento en el que Carrell recordaba una conversación que había tenido con una de sus hijas, de nueve años. Le explicaba cómo solía ser la televisión. Para empezar, dijo, "tenía perillas". Uno debía levantarse del asiento y cambiar de canal. Había cierto esfuerzo, ¿lo ven? Aún más: no existían todos los canales que existen ahora. "¿Pero y el Kidz Channel?", preguntaba la hija. "No, nada. Entonces, tenías que levantarte temprano para ver caricaturas. De otro modo, tenías que conformarte con lo que veían los adultos, de los cuatro o cinco canales disponibles". No había Disney Channel. Ni el canal Sony, para el caso. No había canales especializados en cocina, en viajes, en viajes culinarios o culturales. No había canales dedicados exclusivamente a shows de entrevistas ni canales que explotan la melancolía por la antigua televisión. Estuve pensando en esto un rato, momentos más tarde, ya en mi cama, en la oscuridad de mi cuarto. ¿Qué de bueno hay en que uno tenga todo lo que quiere cuando quiere? ¿Son tan interesantes nuestros intereses? ¡Exijo la diferencia impuesta por gente más sabia que yo!

*Historia curiosa: en la preparatoria tenía un compañero que cada vez que entregaba una tarea en la que se nos pedía dar rienda suelta a nuestra opinión (un reporte de lectura o un ensayo) , pero que no involucraba hacerla en la casa sino en el momento ("Tomen una hoja y escriban qué opinan sobre..."), iniciaba sus textos con "Bueno," como si se encontrara en medio de una conversación, algo que, creo, hacía con el objetivo de establecer, para sí mismo, claramente las reglas discursivas de lo que realizaría a continuación. No era el más inteligente de mis compañeros.**

**Esto de "Historia curiosa" es un modo de emular el "Interesting story", que cuenta Dave Eggers al inicio de su A.H.W.O.S.G., a saber: "My father once related how he and his friend Les had come up with a way, when stalling for time in a meeting or disposition [...] instead of saying "Um..." or "Uh..." one could say "Now...", a word that accomplishes two things: it serves the same stalling purposes as "Um..." or "Uh..." but instead of being dumbsounding offputting, it creates suspense for what is coming next, whatever that might be...".

Tuesday, July 20, 2010

Convergencia


El cuerpo del Ché Guevara (que, obviamente, también remite a esto), rescate de bombero chino en el derrame de "mil 500 toneladas de petróleo en el mar causado por un escape en dos oleoductos y que ha creado una mancha que ocupa una superficie de casi 100 kilómetros cuadrados cerca de las costas de Dalian", y Lando Calrrisian, inspeccionando el cuerpo congelado en carbonita de Han Solo, en El imperio contraataca.

Monday, July 19, 2010

F. D. S. D. S.

Sábado. Levantarse, correr, escribir, desayunar, bañarse, arreglar la bicicleta prestada, devolverla, regresar a casa en Metrobús, ver televisión. Leer algo de Curso de literatura europea, de Nabokov. No tomar apuntes excepto una nota, mental: no leer a Jane Austen. Volver a considerarlo, unas medias horas más tarde. Comer: sopa, empanizada, arroz, agua de limón, café. Más café. Café con Nabokov. Jane Austen, quizá deba leerla. Pero, ¿seguir leyendo a Nabokov? Televisión. Culpa. Pensar volver a Nabokov y saltarse sus lecciones sobre Austen, Dickens y pasar a su lectura de Madame Bovary, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Por el camino de Swann, La metamorfosis y Ulises. No volver a Nabokov, seguir con la televisión hasta que dan las horas de dormir. Domingo. Despertar, levantarse, correr, escribir, desayunar (mal), bañarse, leer a Nabokov, decidirse a no leer a Jane Austen a menos que se consiga una vida con más tiempo, cambiar de Nabokov a Heimito von Doderer, Los demonios. Salir de casa, Los demonios en mano. Comprar boleto (1) para el cine. Comer, hamburguesa, cerveza, papas fritas, leer Los demonios. Dejar el restaurante. Ver revistas. Ver libros. Comprar café, leer Los demonios. Entrar al cine. Salir del cine. Regresar a casa. Ver televisión, nada. Culpa. Leer Los demonios. Cenar (mal). Dormir. Lunes.

Friday, July 16, 2010

Thursday, July 15, 2010

Gusanos macabros en el fondo marino

De casualidad, releí "El Gusano", un cuento de Llamadas telefónicas que me hizo recordar esto. Hay un momento en que el narrador, Arturo Belano revela que su abuelo vivió en Santa Teresa, el pueblo maldito de 2666:

"Pronto supe que era del norte o que había vivido mucho tiempo en el norte, que para el caso es lo mismo. Soy de Sonora, dijo. Me pareció curioso, pues mi abuelo también era de allí. Eso interesó al Gusano y quiso saber de qué parte de Sonora. De Santa Teresa, dije. Yo de Villaviciosa, dijo el Gusano."

Pero lo interesante era ver cómo Arturo Belano mira a El Gusano :

"De golpe me encontré sin ganas de librerías, sin ganas de paseos, sin ganas de lecturas, sin ganas de cines matinales (sobre todo sin ganas de cines matinales). La proa de una nube enorme apareció sobre el centro del D.F., mientras por el norte de la ciudad resonaban los primeros truenos. Comprendí que la película de Jacqueline se había interrumpido por la proximidad inminente de la lluvia y me sentí solo. Durante unos segundos no supe qué hacer, hacia dónde ir. Entonces el Gusano me saludó. Supongo que después de tantos días él también se había fijado en mí. Me volví y allí estaba, sentado en el mismo banco de siempre, nítido, absolutamente real con su sombrero de paja y su camisa blanca. Al marcharse los técnicos cinematográficos, comprobé asustado, el escenario había experimentado un cambio sutil pero determinante: era como si el mar se hubiera abierto y pudiera ahora ver el fondo marino. La Alameda vacía era el fondo marino y el Gusano su joya más preciada".

No tengo el libro a la mano -me hicieron el favor de pasarme el párrafo en cuestión- no sé dónde ande, carajo. Estuve buscando el fragmento en línea. Y di con esto, un texto de ciencia titulado "Macabros gusanos en el fondo del mar", en la revista de ciencia ficción argentina (ahora en línea), Axxon. Más sobre ella, en la columna de Alberto Chimal en el número 72 de La Tempestad.

Tuesday, July 13, 2010

Se me cae el pelo, mientras leo esto

Un fragmento de Levemente ondulado de Roberto Appratto:

Hablo con voz pausada, serena, para decirte/ que te quedes así, sentado, / si es posible, en actitud de cumplir / estrictamente mis palabras: es en presente, es en imperativo, que te digo que te concentres / que te mantengas alejado del alcohol / y de las malas compañías: que estés solo, / profundamente solo, / aún en presencia de los otros, / que no harán sino molestarte / con textos imprecisos, torpes, mal puntuados, / la impresión indirecta y borrosa de sus almas;

[...]

Deja que tu pasado, / a menudo abrumado por el dolor, / por la incertidumbre, / por la entrega absoluta a causas imposibles / por la lenta pero implacabale corrosión de tu orgullo / se evapore...

Saturday, July 10, 2010

¡Aventuras a la hora de la comida!

-Mira, Blue Demon.
Blue Demon estaba sentado a la cabecera de una mesa, platicando. Parecía encontrarse en una posición incómoda (¿o es que todos los hombres corpulentos siempre parecen estar incómodos?). Nosotros íbamos, también, a comer.
-¿Sí sería Blue Demon?, se preguntó unos cuantos metros más adelante.
-Llevaba la máscara de Blue Demon.
-Pues sí, pero...
Etcétera.

Sábado

Thursday, July 08, 2010

Leo a Donald Barthelme

De "Daumier", del apartado Two whiskeys with a friend, transcribo:

"I myself," said Gibbon, "am slightly underdone in the personal worthlessness line. It was Papa's fault. He used no irony. The communications mix offered by the parent to the child is as you know twelve percent huggles and endearments. That is standard. Now, to avoid boring himself or herself to death during this monition the parent enlivens the discourse with wit, usually irony of the cheaper sort. The irony ambigufies the message, but more importantly establishes in the child the sense of personal lack-of-worth".

Creo que es suficiente, de este texto. Iba a transcribir más pero recordé esto otro, de "Kierkegaard Unfair to Schlegel", donde la ironía se enlaza también con el aburrimiento:

Q: You are an ironist.
A: It's useful.
Q: How is it useful?
A: Well, let me tell you a story. Several years ago I was living in a rented house in Colorado. The house was what is called a rancher -three or four bedrooms, knotty pine or some such on the inside, cedar shakes or something like that on the outside. It was owned by a ski instructor who lived there with his family in the winter. It had what seemed to be hundreds of closets and we immediately discovered that these closets were filled to overflowing with all kinds of play equipment. Never in my life had I seen so much play equipment gathered together in one place outside, say, Abercrombie's. There were bows and arrows and shuffleboard and croquet sets, putting greens and trampolines and things that you strapped to your feet and jumped up and down on, table tennis and jai alai and poker chips and home roulette wheels, chess and checkers and Chinese checkers and balls of all kinds, hoops and nets and wickets, badminton and books and a thousand board games, and a dingus with cymbals on top that you banged on the floor to keep time to the piano. The merest drawer on the bedside table was choked with maked cards and Monopoly money.
Now, suppose I had been of an ironical turn of mind and wanted to make a joke about all this, some sort of joke that would convey that I had noticed the striking degree of boredom implied by the presence of all this impedimenta and one which would also serve to comment upon the particular way of struggling with boredom that these people had chosen [...]".

El texto sigue, claro, pero, también, creo que hasta aquí es suficiente. Lo recomiendo mucho, sin embargo. Aún sigo pensando en la razón que revela el ironista de este texto para atacar el sentido de la ironía de Kierkegaard y la preocupación de Kierkegaard por el modo en que la ironía destruye sin construir (por decirlo de algun modo); y el sentido de su ataque, es, sencillamente (y es más sencillo que, digamos, provocar), poder lidiar con la desaprobación de Kierkegaard.

Es muy agradable encontrar textos literarios que plantean preguntas sobre la ironía sin atacarla directamente. Exponiendo, nada más. Ni eso, digamos. Lo mismo sentí leyendo algunos pasajes de La montaña mágica.

Sunday, July 04, 2010

...

"We hope you have a very succesful day".
"Welcome to the [...] hotel".
"That's a very good question".
"We should keep in touch".
"Thank you for your stay".
"Are you business class?"
"Checking in?"
"Checking out?"
"Do you have a Gold Member card?"
"Fragments are the only forms I trust", D. B. en Views of my Father Weeping.

De algún modo me hubiera gustado ofrecerles una imagen de las muchas que pude haber capturado de los varios campamentos improvisados que se han formado espontáneamente en distintas salas del aeropuerto internacional en el que me encuentro. Son diez minutos después de las 4.a.m. y es comprensible que el aeropuerto se encuentre sembrado de almas exhaustas, periódicos sobre los rostros, posiciones fetales, calcetines, creo. Pero me sorprendí a mí mismo confiándome que registrar el cansancio de los demás tiene algo de perverso.

¿Nada más siniestro que un hotel frente a un aeropuerto iluminado a todas horas, música electrónica de ritmo animoso transmitida en los pasillos, un camarero recorriendo pisos con un atril portátil a las tres de la mañana, canales bloqueados, canales de noticias, canales internacionales en el televisor, una regadera incómoda?

Friday, July 02, 2010

Lobby

El esloveno lleva tres maletas y una PC, ahora mismo la guarda pues esperamos irnos pronto. El norteamericano lleva una mochila, un mohawk discreto y una Mac, algunas de sus esquinas cubiertas con cinta de aislar. Cuando lee, lee en voz alta, apenas un murmullo, me di cuenta ayer en el camión. El español lleva corbata y camisa de manga corta, escribe sobre un Ipad. La estrella de televisión eslovena, una mujer con un ligero aire veterano pero aún bella, escribe sobre la máquina que el hotel proporciona a los clientes. La chica tailandesa espera sin decir nada, observando. La puerta giratoria del hotel gira sin que nadie pase por ella. Esperamos al resto.

...


Viajar para que a uno le cuenten que en una de las columnas del templo de Poseidón, Byron, como muchos otros viajeros románticos, talló su nombre. Viajar para que a uno le cuenten que realmente no puede ver eso porque desde hace años ya no se puede acercar, el visitante, a las columnas, por razones de seguridad. Intentar, entonces, ver la firma. El sol en la cara, haciendo bizcos. Verla, entonces, a través del zoom de la cámara de alguien más. Buscarla, entonces, en Internet. Preguntarse, ¿salir de casa para esto? Salir de casa. Pensar en el retrasamiento romántico. Escribir sobre el retrasamiento romántico. Retrasarse para el vuelo.

Monday, June 28, 2010

Wednesday, June 23, 2010

El nacimiento de una nación



Le cuento a Óscar (Benassini) que hoy, a las 4. a.m., desperté desconcertado y creí haber escuchado una risita aguda. Le estaba poniendo salsa a mis tacos con lo de la risita pero es verdad que me desperté a esa hora, con exactitud. Igual y por el pendiente de ver a mi vecino para correr un par de horas más tarde o, no sé, porque estaba lloviendo. A cambio, Óscar me ofrece esto:

Benassini.
11:44
A mí ayer en la madrugada me despertó el negro de nuevo.
Me encontró, Memo.
11:45 El que se manifestaba en mi cuarto del virreyes.

[Óscar vivió un tiempo en el Hotel Virreyes].

Benassini.
11:50
¿Te acuerdas que yo me burlo de que Reyna vio un diablo negro en mi cuarto, un día que yo no estaba y se asustó tanto que se fue y etc? (Es la historia).
Pues yo lo veía, también. No era un diablo, sino un...mono, no sé. Una figura humana, negra (no negroide), oscura.
Y se sentaba en la cama, así en cuclillas, a verme.
Y a veces me...no sé..agarraba de los brazos
¿no?
Y etc.
Y una vez platicando con Franco, cuando vivía, me contó lo mismo, sin yo habérselo contado antes.
Y pues así.
Anoche se presentó de nuevo.
11:51 Antenoche.
Guillermo Íñigo Núñez Jáuregui
11:52
¿Cuando Franco vivía?
Benassini.
11:52
Cuando vivía en el hotel, conmigo.
No ha muerto.
Creo.
Guillermo Íñigo Núñez Jáuregui
11:56
Oye y... ¿tú qué piensas del fantasma negro?
Benassini.
11:57
Pues no sé, mira...es que...yo sé que son cosas de la mente ¿no?, o cosas de otra dimensión... y les das importancia o no.
Pero cuando Francisco Félix Martínez me relató lo que le sucedió, idéntico a lo mío... pues sí se me hizo rarito. Así como de..."ay boey".
Guillermo Íñigo Núñez Jáuregui
12:00
Pero igual y sólo quería asustarte.
Benassini.
12:00
Ni que estuviéramos de campamento.

Más sobre el temor a la castración y la supremacía aria, acá.

Tuesday, June 22, 2010

Club de lectura global, ruido blanco


A propósito de One Book, One Twitter, el otro día escribí esto. Hoy, a través de Hermano Cerdo, leo esto otro. Me acordé porque estaba leyendo y di con una línea que dice "Think of it as a permanent, global book club". Me dio escalofrío. Quizá porque mi primera reacción fue colocar la frase en mi Tumblr. Escribo esto, ¿no?, y es la hora en que no he terminado de leer el texto porque estoy muy ocupado comentando que estoy escribiendo el texto.

Extraño cuando para leer me podía ir a uno de los cubículos de la biblioteca de la universidad donde estudié. Nunca nadie molestaba y uno parecía tener mayor control y responsabilidad sobre las distracciones.

Sunday, June 20, 2010

Casa de campo

Cae la noche y en la camioneta le cuento a mi hermana, todavía a una media hora de que podamos decir que estamos cerca de la casa de campo, que de un tiempo para acá escucho voces de la habitación que antes ocupaba, de vuelta en la ciudad que dejamos atrás hace un par de horas. "Diario", le aseguro, "a las 3:oo a.m., sin falta, escucho que alguien habla en tu cuarto". Mi hermana dejó de vivir con nosotros -conmigo y con mis padres- hace tiempo. "Eso me lo dices para que nunca vaya a visitarlos", me dice, entre molesta y divertida. Estamos en una zona de la carretera donde hay curvas y los faros de la camioneta iluminan los troncos de los árboles, sus copas oscurecidas pueden apreciarse, sin embargo, gracias a la luz que rebota sobre la superficie lunar, cuando no hay nubes que la interrumpan. "No me creas", le digo, al tanto de que no me cree. Avanzamos por la carretera un rato más en silencio, en la radio no puede escucharse más que estática. Después de un rato me ofrece una pregunta: "¿Y qué dicen las voces?".
"La verdad es que no distingo nada, sólo murmullos", le digo con una seriedad que me sorprende. "No siempre las escucho, a decir verdad. Diario me despierto a las tres y no sé por qué, igual y hay un duende o algo, pero generalmente escucho las voces sólo cuando estoy solo en casa".
"Sólo me quieres asustar".
"No, no, es en serio. Más bien me preocupa que me esté volviendo loco".
"Lo que tú necesitas es volver a misa".
"¿Crees que sea el diablo?"
"Sólo te digo".
"Tenía entendido que el diablo sólo se le aparecía a gente muy santa".
"Yo sólo te digo que quizá debas rezar más para que luego no te anden pasando esas cosas".
"Quizá sí soy muy santo".
"Sí mijito".
Seguimos así un rato hasta que llegamos a la casa de campo. Allí, cansados, bajamos las cosas de la camioneta, encendemos los calentadores de agua, revisamos que las camas tengan sábanas (hablamos un día antes con Leo, quien se ocupa de estas cosas) y que haya electricidad donde debe haber electricidad. Después de llenar el refrigerador y lavarme los dientes, me recuesto en su cama mientras ella se ocupa de poner toallas en las habitaciones. La escucho caminar de un lado a otro, los tablones crujiendo. Entra y sale de su recámara, la escucho preguntarme algo que no alcanzo a contestarle y cuando regresa descubre que ya no estoy sobre la cama.
"Guillermo, ¿dónde estás?". Nada. Entonces, grita: "¡Guillermo, no quieras asustarme!".
Suena su teléfono celular.
Mientras decide si contestar o dejarlo sonar, pienso en el alemán que se suicidó en la casa de la Laguna Negra, a pocos kilómetros en moto de nuestra casa; pienso en el novio que descuartizó a su novia en las cabañas que solían estar a la entrada de Valle de Bravo (ahora un hotel remodelado), en la adolescente que, cruzando el lago en lancha de noche, bebiendo con sus amigos, se golpeó la cabeza y cayó al agua; su cuerpo no apareció sino hasta un par de días después; en los muchos choques y muertes que han ocurrido en la carretera; en el hombre que cayó muerto de su caballo, durante un juego de polo; en la mujer que quedó prenzada contra un árbol, su pierna atravesada por una rama y que falleció desangrada, colgando aún del parapente, las escaleras de los rescatistas demasiado cortas para alcanzarla.
El celular deja de sonar.
Y entonces, debajo de la cama, mientras suelto la carcajada y dejo de marcar, me pregunto si es posible que haga estas cosas porque, en efecto, me estoy volviendo loco.

Wednesday, June 16, 2010

El rumor de la hojarasca

Ayer leí las introducciones a Sixty Stories y Forty Stories. Cosa curiosa: en la de Eggers, a Forty..., se le hace una entrevista a Michael Silverblatt a propósito de Barthelme (se conocían) y, apenas ayer, leía esta otra entrevista que ahora aparece en The Believer. Otra cosa curiosa: originalmente llegué a Silverblatt y a su Bookworm a través de Luis Panini, uno de los entusiastas de Barthelme entre mis "conocidos" (a Panini sólo lo conozco "por Internet", como ahora se dice).
Hay un momento de la entrevista que le hace Eggers a Silverblatt en el que le pregunta si Barthelme solía reírse como un chita. Silverblatt contesta que a menudo lo hacía pero que también tenía una risa que sonaba como si fuera hojarasca arrastrada por el viento. Esto, como usted bien sabe, lector, es el sonido que hace el Odradek cuando ríe. Venía distraído en el camión, leyendo esto, y quizá por eso mismo primero pensé que era un chiste beckettiano y no fue hasta más tarde que recordé la referencia a Kafka. Más tarde es cosa de segundos, pero no deja de ser más tarde. Unos minutos antes de subirme al camión hablaba con Nicolás sobre Barthelme y la modernidad y de cómo yo había leído, acá, que la vida en la ciudad es más difícil para la mente (como lo es el trabajar estando todo el día conectado a la red) por la cantidad de estímulos y distractores que ofrece. Volví a recordar la conversación por una cosa que dice Silverblatt en la entrevista, a saber, que él considera (¿o fue David Gates, en la introducción a Sixty...?) que la mejor colección de cuentos de Barthelme es City Life, de 1970.
Y bueno, pensé también en que el padre de Barthelme era un estricto admirador de Mies van der Rohe y que la casa en la que creció Barthelme era moderna, llena de libros y muebles y cuadros modernos y también, para finalizar, pensé en que Silverblatt opina que quizá no necesitamos otro reformador formal, estéticamente hablando, como Barthelme, sino que necesitamos vivir bien.

Tuesday, June 15, 2010

Entrada 1,373

Hace dos semanas aproveché que Nicolás pidió libros a Amazon para pedir Sixty Stories y Forty Stories de Donald Barthelme. Había leído un par de textos rescatados en la McSweeney's 24 (Dave Eggers, por cierto, hace la introducción a Forty Stories; David Gates, quien hace la introducción a Sixty Stories, es uno de los que se encuentran en el "simposio" de la mencionada McSweeney's) y recientemente leí la traducción de The Dead Father que sacó Sexto Piso y que "reseñé" (es un decir) para el número 72 de La Tempestad (en la sección "Actualidad del arte", donde también pueden encontrar una reseña de Nicolás sobre Mitologías de invierno / El emperador de Occidente, de Pierre Michon; una reseña de Muerte en la rúa Augusta de Tedi López Mills, escrita por Ernesto Lumbreras y una escrita por René López Villamar sobre Señales que precederán el fin del mundo, de Yuri Herrera). Ya pueden encontrar este número en Sanborns o donde sea que la encuentren normalmente. La portada:


Me quedé con ganas de pedir las otras dos novelas de Barthelme, así como el libro de ensayos, pero a ver. Vamos por partes, dijo Jack. Incidentalmente, René López Villamar, a quien Luis Panini tuvo a bien mandarle hace tiempo los dos libros de cuentos que pedí, dirigió en su blog a algunos cuentos que pueden encontrarse en la red, en esta entrada. El sitio al que dirige también incluye crítica y miscelánea.

***

Finalmente ayer nos llegaron (como pago) unos libros que esperábamos desde hace casi año y medio, en mi caso: Cuentos completos de Philip K. Dick (el volumen I, II, III y IV, me falta el V), La aventura de un fotógrafo en La Plata de Adolfo Bioy Casares y Las muertas de Ibargüengoitia.

Monday, June 14, 2010

"...esa fobia que le impide entrar al elevador"


Leo esto en "El apátrida", que se encuentra en Laúd y cicatrices:

"Una vez leyó en un periódico, de eso han pasado más de veinte años, que un joven, en Budapest, se había precipitado con el ascensor y que lo encontraron aplastado en el sótano. Este suceso lejano se había grabado en su memoria y allí dormitó durante años escondido, para resurgir un día, igual que emerge a la superficie del agua un cadáver al perder la piedra que lo arrastraba. Había ocurrido unos meses atrás, mientras esperaba el ascensor en la redacción de un editor de Berlín. Apretó el botón y oyó cómo el antiguo elevador francés bajaba zumbando en su jaula desde alguna parte en las alturas. Y entonces, de repente, con una ligera sacudida, se paró ante él, justo delante de sus narices, un ataúd negro barnizado, forrado de seda morada con lirios estampados como el revés de un brillante crespón de China, con un enorme espejo veneciano de bordes pulidos y cristal verde semejante a la superficie de un lago límpido. Este féretro vertical, encargado para un entierro de primera clase, movido por la fuerza invisibles del deus ex machina, que había bajado de las alturas y se acercaba navegando como la barca de Caronte, aguardaba ahora al viajero pálido que estaba indeciso y petrificado, apretando bajo el brazo el manuscrito de su última novela titulada El hombre sin patria (y observaba en el espejo, a través de las rejas, al viajero pálido que indeciso y petrificado apretaba bajo el brazo el manuscrito de su última novela), y lo esperaba no para trasladarlo al 'más allá', sino sólo hasta el oscuro sótano, crematorio y cementerio, donde descansaban en sarcófagos similares viajeros extraviados de ojos vidriosos".

Si esto le interesó, querido lector, quizá, y sólo quizá, o sea, ya dirá usted, pueda también interesarle esto, esto y esto.

Sunday, June 13, 2010

Anóteme otro fin de semana de soltero, por favor

No lo dije en la entrada anterior porque no los tenía a la mano y no quería anotar los nombres sin cierto grado de precisión, pero ocurre que en el trabajo, en el sistema ya mencionado, también se me retribuyó con algunos libros de Anagrama. Funciona así: a uno le pasan una lista, el catálogo, de tal o cual editorial, escoge y después de un tiempo, los libros llegan a manos de uno. Hay un número, claro. Un número de pesos o libros que no podemos superar. Así, escogí tres libros (hoy en día los libros son caros, usted sabe esto), a saber: Prisión perpetua y El último lector, de Piglia y Autobiografías ajenas, de Tabucchi. Cada vez hay menos libros del catálogo de Anagrama que me interesan. Mejor dicho: cada vez se me dificulta más escoger libros del catálogo de Anagrama. Ese último de Tabucchi, no estoy muy seguro pero temo haberlo leído ya. No sólo eso sino que temo haberlo reseñado para alguna revista, hace tiempo. Es probable que esté confundido. El volumen no se encuentra en mi biblioteca. Hay otros de Tabucchi. De ellos, es probable que lo esté confundiendo con Réquiem, que leí, creo, después de haber leído Sostiene Pereira. Aunque también existe la posibilidad de que leí el libro y lo presté y nunca fue devuelto. ¿Cómo saberlo? Leí algunos pasajes al azar y no recordaba nada.
No me gusta que me esté pasando esto: que comience a dudar qué libros he leído o no. Me daré el beneficio de la duda y me diré para tranquilizarme que ocurre con Tabucchi que sus libros se parecen. Y que es natural que uno se confunda. Y que bueno, a ver, voy a cambiar de tema.
O no. Quizá les interese saber -pero, francamente, si no es así, ¿qué puedo yo hacer?- que de los libros abajo enlistados (en la entrada del viernes, pues), sólo he tenido la oportunidad de leer uno: Los ojos de Davidson, de H.G. Wells, una antología de cuentos. De Wells sólo había leído La guerra de los mundos y estos cuentos fueron "una agradable sorpresa", como quien dice. Disfruté mucho de "El astro", "El huevo de cristal" (en estos dos los marcianos pasan a saludar) y "El País de los Ciegos", un cuento que tiene lugar en el Perú y cuyo protagonista se llama Núñez. (Hace poco escribí un cuento que tiene lugar en Puruchuco-Huaquerones; leer a Wells me invita a volver a él y revisarlo y reescribir algunas cosas; curiosamente, cuando escribí aquél cuento pensé mucho en una aventura de Tintín, El Templo del Sol; y leyendo "El astro" pensé en otra, La estrella misteriosa). La edición de Atalanta de Los ojos de Davidson presenta los dos finales que escribió Wells para "El País de los Ciegos".
También leí algunos de los extravíos mentales del Príncipe de Ligne (como este o este) y estuve ocupado intentando vender libros en librerías de viejo y arreglando una bicicleta. El viernes fui al cine con una amiga. El sábado con mi hermana. Corrí el sábado y hace rato, sudé, escribí un poco en mi "Cuaderno de ejercicios" y en general siento haber hecho poca cosa.

Friday, June 11, 2010

Día de libros


Como parte del plan de pago extra en libros que tenemos aquí en la oficina ("el plan dental", lo llamamos cariñosamente) me llegaron los siguientes títulos de RM: Los geniecillos dominicales de Julio Ramón Ribeyro; Nadie encendía las lámparas de Felisberto Hernández y la antología Pulpo Cómics: historieta mexicana de ciencia ficción.
Eso hoy. Hace unos días, me llegaron estos de Sexto Piso (y lo que distribuyen de otras editoriales): Extravíos o mis ideas al vuelo, del Príncipe de Ligne; La mano de la buena fortuna, Diferencias y Atlas descrito por el cielo, de Goran Petrović; Lila de Robert M. Pirsig; El día antes de la felicidad, de Erri De Luca; Filosofía de andar por casa, de Xavier Rubert de Ventós; El beneficio de las ventosidades de Jonathan Swift y El terror y la piedad de Marcel Schwob.
De Atalanta: Los ojos de Davidson, de H.G. Wells; El mito polar, Joscelyn Godwin y El hombre que amaba las islas (en imagen), de D. H. Lawrence.
Es un día de alegría, este. Muy similar al día de regalos en Navidad, cuando nos envidiamos mutuamente.

Thursday, June 10, 2010

Muerto en vida

En la oficina aprovechando un breve tiempo muerto, les comparto esto: cinco enfermedades que pueden hacer que actúes como zombi.

Monday, June 07, 2010

Lunes

-¿Qué película viste el fin de semana?
-Dogtooth, contesto.
-¿De qué te pediste pizza?
-No pedí.
-...
-Pedí sushi.

Sunday, June 06, 2010

Mis esfuerzos


Cuenta la leyenda que en una ocasión Robert Walser invitó a uno de sus editores a que lo visitara a su pequeña buhardilla. Era una trampa, en realidad, lo que Walser quería era exigirle dinero. ¿A cuál de sus editores? El biógrafo que cuenta esto, no lo aclara. Pudo haber sido Cassirer, Rowohlt, Rychner, Wolff, Zsolnay, ¡incluso Korrodi! No lo sabremos. Pero algo podemos saber: que el editor viajó de otra ciudad, encontró el domicilio proporcionado, subió por las empinadas escaleras hasta dar con la buhardilla, recuperó su aliento y llamó a la puerta. Entonces, un hombre abrió, vestido como un criado. "En un momento el señor le atenderá", anunció, azotando la puerta, dejando, estupefacto, al editor fuera. La estupefacción crece: un instante después, el mismo hombre que le abrió lo recibe ahora, vestido con suma elegancia y portando gestos señoriales. Se trata, de nuevo, de Robert Walser. Al editor no le causa gracia.

Tomé algunos apuntes, de la biografía que leo. Citas. Por ejemplo, del texto Mis esfuerzos:

"Refrenando mi ambición, me obligué a contentarme con los triunfitos más modestos. El escritor que llevo dentro obedeció las instrucciones del que deseaba vivir tranquilamente, que tenía que vérselas con múltiples redacciones periodísticas. Según creo, un día gocé de buena reputación; pero también me acostumbré a otra menos distinguida deseé conformarme con el calificativo de 'periodista'".

O de una carta que le mandó a Max Brod en 1927:

"Los escritores, que a los ojos de los editores son una banda de desharrapados, deberían tratar a éstos como a cerdos roñosos".

Tengo calor.

Thursday, June 03, 2010

Las publicaciones periódicas

En el capítulo "La Alianza" de Los demonios:

"Y luego a esperar. Esperar mientras los empleados con sus sueldos fijos, nada desdeñables, pensaban en cómo disfrutar del 'fin de semana' y debatían la cuestión en largas conversaciones, que, sin embargo, resultaban triviales e inútiles, porque nada de lo que decían se llevaba a la práctica; se trataba más bien de que aquellos tipos, la mayoría con algunos kilos de más, que se habían encontrado por casualidad en cualquier rincón o por un pasillo, demostraran públicamente que eran auténticos hombres de mundo y que lo conocían todo, que ya habían estado en todas partes... Charlatanería insustancial, cháchara sin fin, falsa amabilidad -una sonrisa no era más que una mueca en el rostro y, como tal, se quedaba en un gesto meramente epidérmico, por así decirlo-, ostentación y firmeza, porque aquí nadie era necesario, cualquier individuo, daba igual su rendimiento y capacitación, era prescindible y sustituible, lo único importante era tener un puñado de personas unidas, amalgamadas, para mantener en marcha el periódico".

Tuesday, June 01, 2010

Me preocupa

Que existan notas de cultura con títulos como "Brigadas para leer en libertad invaden C.U.".

Friday, May 28, 2010

Sujetándonos a las correas de cuero de nuestros bastones

Vuelvo a encontrar -ver entrada anterior- en Heimito von Doderer la expresión esa del lago al fondo de la montaña: "Una hora más tarde contemplábamos desde lo alto del Kahlenberg, recortado entre los árboles recién adornados con una gruesa capa de nieve, un piélago de casas de color azul acero, como un oscuro lago que reposara a los pies del monte" (en la página 374 de Los demonios, de la edición de Acantilado).

Hoy me hicieron el favor de prestarme Un asesinato que todos cometemos (Muchnik editores) y El tormento de los saquitos de cuero (Universidad Veracruzana).

Sunday, May 23, 2010

Yo era un adolescente y la estaba llevando a su casa

Yo era un adolescente y la estaba llevando a su casa, vivía lejos de la mía. Yo llevaba poco tiempo (me parece) de aprender a manejar y por razones que ahora me parecen inexplicables, ella me gustaba. Estaba sudando, recuerdo, de nervios. Habíamos tomado un café. Lo tomamos en silencio. Pagamos. Nos fuimos. Para cuando llegamos a su casa, que se ubicaba en una zona de la ciudad desde la cual podía verse gran parte de la ciudad, la noche caía y entonces dije (fue de las pocas cosas que dije durante nuestra salida, recuerdo) alguna cursilada sobre cómo las luces de la ciudad, cuando se encendían, me recordaban el modo en que las estrellas parecen iluminarse, repentinamente. Entonces ella me dijo que qué mal chiste. Era el tipo de cosas que me pasaban en mi adolescencia. Invitaba a una chava guapa, o que me parecía guapa, a salir; ella aceptaba salir. Yo decía cosas que se tomaban a broma -no sólo eso, sino como una mala broma- cuando en ellas, las cosas que decía, yo no depositaba la mínima pizca de humor.
Recordé esto de improviso, hoy, cuando leí una línea de Los demonios, de Von Doderer: "...los distintos barrios de la ciudad, como un oscuro lago que reposa a los pies del monte y que después de un pausado regreso nos recibe encendiendo las luces que saludan titilando".
También recordé que unos días atrás había leído -usado como epígrafe, traducido al inglés- este poema de Octavio Paz (uno que había leído siendo adolescente y que fue probablemente lo que me orilló a decir aquello en aquél momento):

Soy hombre: duro poco
y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba:
las estrellas me escriben.
Sin entender comprendo:
también soy escritura
y en ese mismo instante
alguien me deletrea.

En una ocasión Octavio Paz invitó a salir a una muchacha. La llevó a un mirador. Les estoy contando una anécdota que me contaron. El poeta laureado estacionó el automóvil y vio cómo oscurecía sobre la ciudad. Vio, imagino, cómo se encendían las luces, titilando. Entonces, le dijo a la muchacha que invitó a salir:
"Algún día esas luces dirán Octavio Paz, Octavio Paz".
Una pausa.
"Octavio Paz, Octavio Paz", le dijo ella, "llévame a mi casa".

Friday, May 21, 2010

Convergencia, según Óscar Benassini


El de abajo es Chopin. Hace rato el Óscar me pregunta: "¿A ti te gusta ir de Chopin?".

***

Me gusta esto, de Robert Frost:

Some say the world will end in fire,
Some say in ice.
From what I've tasted of desire
I hold with those who favor fire.
But if it had to perish twice,
I think I know enough of hate
To say that for destruction ice
Is also great
And would suffice.

Lo leí acá, en la entrada más reciente de Weschler a su serie de convergencias: "La mirada cargada del artista".

Tuesday, May 18, 2010

Peso muerto

Roper le dice a Hillier, en Vacilación, de Anthony Burgess:

"-Pero es cierto, Roper, tenemos que dejar la historia atrás. Es un lastre que debemos soltar para poder seguir adelante. Es imposible hacer nada si tenemos que cargar con ese peso muerto sobre la espalda".

Monday, May 17, 2010

Sigo con Los demonios (de Heimito Von Doderer)

Leo en la página 269, en mi edición de Acantilado, esta curiosa descripción del momento que precede a la furia (en el libro se describe la pelea entre una pareja hasta llegar a un punto en el que un hombre estalla, dice algo, algo que espera sea destructor, y sale de la casa de la familia de la novia, dando un portazo). Curiosa, digo, porque parece más la descripción de un rencor que se guardó durante meses o años y no la de los momentos que preceden a un ataque de ira:

"Guardaba silencio. Pero aquel silencio no era fruto de la confusión de quien se siente incapaz de dar una respuesta, sino del odio y del resentimiento condensados, concentrados hasta el extremo; se debatía consigo mismo por encontrar la expresión más acertada, la que le permitiera dar con mayor seguridad en el corazón de la persona que tenía en frente, es decir, la expresión que más le hiriese. Estaba tensando la cuerda hasta el límite, para que la flecha que iba a lanzar penetrara con toda su fuerza".

Desde hace tiempo siento que estoy tensando una cuerda similar. Y encuentro esto curioso pues ni tengo a quién apuntar y, cosa rara, descubro que de encontrar a la persona, sentiría que estoy malgastando un dardo. Así pues, guardo silencio. Nada bueno sale cuando el motivo es el odio. Esto no es precisamente lo que quería decir. Lo que quería decir es: el odio no puede ser el motor de la literatura. Pero eso no lo digo yo, lo dijo Robert Walser.

A dormir.

Thursday, May 13, 2010

Cito de Los demonios de Von Doderer

Del quinto capítulo, La gran nebulosa, que ocupa un periodo en la década de 192o, en Austria:

La inteligencia -y aquí se encontraba el auténtico centro, la verdadera raíz de su amargura- había fracasado, no había podido impedir la Guerra Mundial ni su desdichado desenlace. La inteligencia había hablado por el pueblo sin voz, había hecho un uso perverso de su lengua, predicando la locura. Había un odio generalizado contra cualquier tipo de autoridad, que estallaba en cuanto ésta se insinuara. No se limitaba a rezongar de mal humor, reaccionaba groseramente en señal de protesta. En cierto hospital, un paciente con mucha conciencia de clase, aunque con poca formación en el socialismo, se encaró con un famoso cirujano y le dejó muy claro lo que pensaba; le dijo que un profesor no debía recibir en modo alguno un salario mayor que el que le correspondía a quien se ocupaba de la calefacción de una casa. Ambos eran obreros, uno no era más importante ni más valioso que el otro.
-Bueno, pero ahora cálmese, querido amigo -repuso el docto cirujano sonriendo- o, si no, mañana dejaré que lo opere el señor de la calefacción.

***

(De un tiempo para acá le vengo preguntando a conocidos, al azar, qué prefieren, si una persona inteligente o una buena; cuando, en cambio, y como a menudo pasa, me preguntan a mí, invariablemente contesto que prefiero a una buena persona, pero procuro -ignoro por qué- no aclarar que una buena persona generalmente es una persona inteligente, lo cual no pasa, no necesariamente, al revés. En fin, no presten atención, pensaba en eso ahora que leía esto.)

Festival de Cannes

Me cuenta Óscar de un puesto de hot dogs (o dogos o perros calientes) en Hermosillo conocido como Festival de Canes en el cual ofrecen distintos tipos de hot dogs que llevan el nombre de perros famosos. Le pregunto si estos "perros famosos", dada la naturaleza del nombre, incluyen a luminarias del cine de siempre como Rintintín, Lassie, Benji, Marmaduke... y así, enumero algunos (no tantos, ¡no los hay!), y me dice que sí, que así es, que yo podría, de quererlo, poner un puesto de hot dogs con el mismo concepto -pues tengo el mismo tipo de ingenio, ¡y es hasta este punto de la conversación que me percato de que me está insultando!
Grandes momentos.

Tuesday, May 11, 2010

Sunday, May 09, 2010

Leo Los demonios, un libro difícil y complicado


Ahora que leía Los demonios me entraron las ganas tontas de recordarles, queridos lectores, que estaba leyendo Los demonios. Es como si tuviera un alma gorda que come entre comidas, que necesita constantemente de una distracción, un aperitivo espiritual o intelectual. (El otro día Mauricio Salvador, haciendo un pausa en una conversación sobre el régimen al que se someten algunos boxeadores, me arrojó una estadística: cuando estamos conectados a la red tardamos unos veinte minutos en regresar a la tarea original; le dedicamos unos tres minutos, de este modo, a subtareas, digresiones en la conversación que es nuestro trabajo diario).
Hace un tiempo leía el ensayo crítico de García Ponce a propósito de la novela de Heimito von Doderer, un texto escrito antes de que existieran traducciones al castellano de la novela (y que puede encontrarse en la compilación Tres voces; en la imagen, pueden encontrar a Von Doderer, el primero de izquierda a la derecha). En algún momento, Ponce señala el interés de Doderer por el cambio, en pocos años, de los intereses estéticos de la sociedad vienesa del principios del siglo pasado: comienza a tenerse en estima a las muchachas esbeltas aunque muchos aún tienen en gran estima a las gorditas. Así, encontramos pasajes como este, donde Selma Stuermann, colaboradora del cronista de Los demonios, se queja:

"Tengo la sensación de que un día me quedaré completamente fuera, porque se ha vuelto demasiado absurdo. ¿Se da cuenta, señor jefe de sección, de lo que hacen esas mujeres aparte de jugar a las cartas? Una se fija en la otra para ver si, Dios no lo quiera, ha tenido la suerte de adelgazar y ha vuelto a perder otro medio kilo... ¡Es ridículo! ¿Quién de nosotros, me refiero a personas de nuestra edad, puede tener todavía una figura esbelta como la que está de moda ahora?".

O este otro, de un capítulo titulado Tarta de requesón:

"Mientras la doncella abotonaba, la señora Markbreiter pensó que, a pesar de la historia de Grete, hoy era en cierto sentido un buen día, un día agradable, pues, conforme a su distribución semanal, no había ni masaje ni gimnasia, y tampoco baño turco, que le llevaba una cantidad de tiempo terrible, pero sobre todo, hoy, sábado, 8 de enero, no era día de pesarse. Allí, en una esquina del baño, estaba la báscula de precisión con su larga arra lacada en blanco, una figura seca con pinta de institutriz que cada noche, antes de irse a descansar, le lanzaba una mirada metálica y relampagueante a la pobre señora Clarisse, que se clavaba en lo más hondo de su mala conciencia, especialmente cuando sobre ésta pesaba el chocolate con nata montada, la repostería y los dulces".

Hoy me pesé. Lo hice después de correr una media hora. El tercer día de esta semana que termina que hice ejercicio. Pesé 60.8 kilos, menos que la última vez que me pesé. Me pregunto si me peso por vanidad, por interés científico, por observar con asombro que, ¡es verdad!, si uno hace ejercicio baja de peso; por una combinación de estas cosas a la cual le podemos añadir una motivación nutrida por la culpa o la adopción de la cantaleta irónica que reza Fitter, happier, more productive..., pero tomada, en realidad, como un mantra, algo de lo cual, vamos, no necesitamos burlarnos. El cuidado de uno mismo debe tomarse en serio. Pero que tanta gente se lo tome en serio, estoy consciente, puede ser más que sospechoso. Quizá, claro, sólo hago ejercicio porque quiero poder contar que estoy haciendo ejercicio, así como quiero contar que estoy leyendo Los demonios. Hay otro pasaje de esta novela donde se describe a las mujeres que pasan horas en un café y el modo en que se acomodan dentro del café de acuerdo a su peso y fisionomía (las más gordas son las de mayor rango social). Hay, además de estas gordas que platican, muchachitas esbeltas que leen. ¿Qué leen?

"Todos los periódicos que hubiera. Todas las revistas que hubiera. Torres de papel, líneas impresas, imágenes. Estuve observando a una -una criatura bondadosa, inocente, de peso medio- que, tras cuatro o cinco líneas de lectura, siempre se interrumpía, miraba alrededor, seguía leyendo, ¡cinco horas alternando los mismos pasos! No era que esperase a alguien. Hacía aquello cada tarde, pues mientras leía, quería enterarse además de lo que estaba ocurriendo a su alrededor, por ejemplo, si la señora Thea Rosen llevaba puesto algo nuevo, o si aquel día había vuelto a venir por allí aquél joven tan curioso que siempre echaba miradas a la señora Rosen. Esto o cualquier otra cosa... no importaba lo que fuera. Y, si no ocurría nada, volvía a leer. Entre tanto, tal vez hubiera sucedido algo. Esta mujer parecía el tormento ideal para un escritor condenado en los infiernos, que tuviera que observar por toda la eternidad cómo lee su libro más difícil complicado... Sin poder matarla, se entiende".

Saturday, May 08, 2010

Una cooperación cercana entre el negocio y el amor


Tardé más de lo que quería en leer The Moviegoer (1961) de Walker Percy (en imagen). Tuvo que llegar el sábado para poder hacerlo. Curioso: lo leí no sobre un escritorio sino en el metro (fui al centro, di un paseo, compré un libro que estaba buscando, regresé a casa) y mientras esperaba mi turno en la peluquería. Curioso, digo, que el escritorio me expulse -quizá a fuerza de pasar la mayor parte del tiempo (entre semana) frente a uno. La razón por la que esto pasó, esto de no poder terminar un libro sino hasta que llegó el fin de semana, es sencilla: el trabajo consume gran parte de mi tiempo. No sólo eso, lo hace de tal modo que mentalmente me predispongo a ver el fin de semana como el espacio para el "tiempo libre". Toda mi rutina gira en torno al trabajo. Esto no significa, claro, que el trabajo sea un hoyo negro, tiempo perdido; es muy extraño el modo en que reincide en mí esta tentación continua de verlo así, como si la vida estuviera en otra parte: en las dos horas que tengo para comer, en el café, en la noche cuando hago deporte si es que no me levanté lo suficientemente temprano para hacerlo por la mañana, en las series que pasan en el "prime time", en esa hora que supone ir en el Metrobús (de ida al y de regreso del trabajo) y durante la cual puedo leer un rato libros que no están relacionados con las cosas que leo para el trabajo (dicho sea de paso: gran parte de mi trabajo consiste, precisamente, en leer, en leer todo el tiempo, leer textos que aparecerán en la revista, revisar dichos textos, leer noticias culturales, y a veces escribir, ¿escribir qué?, escribir sobre lo que uno ha leído; lo que más parece trabajo, en este sentido -es decir, en el sentido de tiempo muerto- es mandar correos y hacer llamadas; no, esto es impreciso; sería más bien redactar información; pero incluso es impreciso adjudicarle a estas actividades la sensación de "tiempo muerto", pues también llego a encontrar placer en estas cosas; el trabajo, me sorprende continuamente, puede ser placentero).
Todas estas reflexiones incrementan durante las temporadas en que el trabajo exige mayor atención y esfuerzo. Quizá sea el cierre de la revista en el cual nos encontramos los compañeros desde hace una semana, quizá sea el calor. No lo sé. Es posible, tal vez, que finalmente esté desesperado, ¿pero cómo saberlo? De saberlo, ¿sería capaz de hablar de ello? Ni siquiera quería escribir sobre lo que siento o no en el trabajo sino sobre el placer o el fuerte interés que puede provocarme leer sobre el trabajo de personajes en algunas novelas que he leído en años recientes. Tenía ganas de compartir el siguiente párrafo de The Moviegoer desde hace días, pero no es hasta pasada la media noche de este sábado que puedo transcribirlo. Binx Bolling, a punto de cumplir treinta años, le explica a su secretaria Sharon lo que harán con unos archivos:

"Do you know what these names are?", le pregunta.
"Customers' files".
"They are also portfolios, individual listings of stocks and bonds and so forth. Now I tell you what we do every year about this time. In a few weeks income taxes must be filed. Now we usually mail our customers a lot of booklets and charts and whatnot to help them with their returns. This year we're going to do something different. I'm going to go through each portfolio myself, give the tax status of each transaction and make specific recommendations to every customer in a personal letter, recommendations about capital gains, and losses, stock rights and warrants, dates of involutary conversions, stock dividens and so on. You'd be amazed how many otherwise shrewd businessmen will take long term gains and losses the same year".
She listens closely, her yellow eyes snapping with intelligence.

Es un pasaje árido, supongo. Abstracto, incluso, como leer un párrafo de la Metafísica de Aristóteles, al menos uno donde la claridad de un pensamiento desenvolviéndose se vuelve patente. Desprovisto de humor o ironía (ni siquiera el "snapping with intelligence" es irónico, ¿no?, al menos yo no lo creo) uno apenas olvida, leyendo esto, que el Sr. Bolling si no quiere llevarse a Sharon a la cama al menos está dispuesto a llevarla a la playa -como hará pocas páginas más adelante. Es, sencillamente, un hombre hablando de trabajo. Recuerdo haber leído un pasaje similar en El hombre del traje gris (1955) de Sloan Wilson, aunque allí la descripción minuciosa de las actividades laborales de Tom Rath están encaminadas para demostrar que Rath la pasa mal -después de todo Rath vivió, vivió mucho más de lo que vivirá de ahora en adelante, detrás de un escritorio, pues Sloan Wilson fue a la guerra; algo que también hizo Bolling si bien en The Moviegoer este trasfondo bélico nunca se representa como un terreno donde los hombres vivieron a pleno sino, al contrario, del cual salieron heridos anímicamente, quebrados, condenados a ser una especie de Extranjero camusiano. Así, al pasaje donde se describen las actividades de Rath, recuerdo, le siguen unas líneas en las que Rath se encuentra mirando constanmente el reloj. No tengo, ay, el libro a la mano, lo presté; también presté Revolutionary Road de Richard Yates (es bien sabido que el año en que The Moviegoer ganó el National Book Award en Estados Unidos, el libro de Yates fue finalista) donde pasa algo similar: Frank Wheeler, el hombre que se sintió vivo en la guerra ahora se encuentra enclaustrado en una oficina, si bien hay varios pasajes donde se describe, también a detalle, su día a día laboral, aunque es claro que en este caso Yates parece sugerir que en la medida que su placer en el trabajo crece, también lo hace la infelicidad de su esposa. (Hay un momento en The Moviegoer en el cual se le acusa a Bolling de ser egoísta precisamente porque disfruta su trabajo y porque disfruta ir al cine y liarse con muchachitas, aunque esta impresión pronto se diluye).
No recuerdo si en Recursos humanos de Antonio Ortuño hay pasajes en los cuales se represente al trabajo más que como un tropiezo indefinido en el camino hacia la felicidad o el éxito o lo que imaginamos como la felicidad y el éxito. Hasta donde recuerdo, en esa novela se parte siempre desde la idea de que el trabajo es tedioso, rutinario, absurdo incluso, signo de un sistema de maldad, como si fuera, en efecto, un castigo divino impuesto y no algo propio de los hombres. No soy capaz de recordar en qué trabajan los personajes de Ortuño.
Esta idea de trabajo está más o menos presente en otras novelas más o menos recientes, según recuerdo -en Houellebecq, por ejemplo, o en Beigbedier, donde incluso trabajos en los cuales uno podría imaginar cierta dicha incluso en sus momentos más tediosos (ya fuera en la labor del científico, del publicista o del ingeniero en sistemas) se vuelven una especie de muerte en vida. Tendría que revisar. Tendría que revisar también La tregua de Benedetti (el otro día vi un fragmento de la adaptación mexicana al cine que se hizo de esta película; un hombre le hablaba a su secretaria, de un escritorio a otro; le cambié) o El banquero anarquista de Pessoa. Y toda esa literatura de cubículo, de querer seguir hablando de esto.
Pero mejor les diré que todo esto me hizo pensar en Kierkegaard, en La filosofía del tedio, en David Foster Wallace y sobre todo en que el otro día que salí a tomar un café, que salí de la oficina, pasé por una librería de viejo y vi la traducción que publicó Alfaguara de Revolutionary Road y que me hizo pensar en lo triste (no exageraré) que es ver un libro en una librería de viejo, un libro que quizá se compró al poco tiempo de que saliera la adaptación al cine y que al poco tiempo también se vendió. Mejor les diré, pues, que no tengo conclusiones para ofrecer. Excepto, quizá, sugerencias: es bueno trabajar. Hay que trabajar.

Monday, May 03, 2010

Con la urgencia espiritual de una novela rusa

Es lunes, temprano por la mañana. El sol. Los pájaros. La poca gente en el Metrobús. Aparentemente muchos se tomaron el asueto no oficial. Hay, sin embargo, gente, y a esta gente la ignoro para leer The Moviegoer, de Walker Percy, un libro que debo terminar hoy para poder regresar pronto a su dueño y entonces dedicarme, ahora sí, a Los demonios, de Heimito Von Doderer. A punto de llegar a la estación donde me bajo, leí en The Moviegoer:

"I seem to recall an article about a subway breaking down in New York. The passengers who had their noses buried in newspapers began to talk to each other. They discovered that their fellow passengers were human beings much like themselves and with the same hopes and dreams; people are much the same the world over, even New Yorkers, the article concluded, and given the opportunity will find more to like than to dislike about each other".

El texto seguía pero por un momento dejé el libro para ver al resto de los pasajeros. Uno, frente a mí, llevaba un periódico abierto, en la sección de avisos oportunos. Una muchacha guapa recién se había subido. Un hombre platicaba con un joven -quizá se conocían, no lo sé- sobre lo feas que son las meseras de Hooters. Entonces me di cuenta que ya había llegado a mi estación.

Friday, April 30, 2010

Me lo pasó Benassini



Cuando el futuro nos alcance. Ecolocos. Motonetos. Smokers. Caníbales. Sensibilidad apocalíptica a la mano. Grabado por Peter Sutherland.

La ambigüedad del zombie como tropo (de nuevo)

Cito del texto que me pasaron en el correo que menciono abajo, a propósito de libros como el de Max Brooks o los pastiches que se hicieron a novelas como Pride and Prejudice:

"It is one thing to track the decorous decay of religious authority in the rise of the realist novel, as James Wood deftly did fifteen years ago in The Broken Estate, quite another to track the decline of the human being into a violently delusional animal. The former concerned the difficulty of leaving the lap of God to roam what Wood calls the novel’s “special realm of freedom.” It was about the inflation of human authority in the breakdown of religion and the taste for representational verisimilitude that comes in its train. The latter is more intimately troubling, a crisis in the mind, and is associated with a derangement of good taste. The zombie renaissance registers the rapid corrosion even of our secular myths about the self, not least the myth of its rational autonomy. It leads not to realism but to the weirdness of allegory".

Tengo miedo

¿¡Qué está pasando!? Un correo de un amigo, mandado en la madrugada, donde leo: "Te persiguen, amigo". Le acompaña esto.

Thursday, April 29, 2010

Zombies en mi vida


Apenas ayer hablaba sobre cómo, sin que quiera la cosa, los zombis vuelven, su representación, su lugar en el cultura popular, pero, sobre todo, descubro, vuelven a mi vida. Estoy en la oficina y Gonzalo Soltero tuvo a bien pasar y, sin decir agua va, me entregó este libro de Max Brooks. Francamente no sé cómo responder a esto. Por un lado es esa bondad gratuita que se agradece y por otro es esa caja de Pandora que son los zombies. Gonzalo Soltero es autor, entre otros, de Invasión y Sus ojos son fuego, una novela, en apariencia, sobre un ataque de ratas a la ciudad de México.

Wednesday, April 28, 2010

Zombies en los medios, de nuevo, siempre


No he terminado de leerlo, porque hoy en día, ¿quién termina de leer de una sentada lo que se encuentra en la red?, pero encuentro que "Zombies of Immaterial Labor: the Modern Monster and the Death of the Death" de Lars Bang Larsen parte de una tesis similar -y menos apurada- a la que propuse en mi texto sobre el zombie en el dossier "Héroes de nuestro tiempo" de La Tempestad 69. Escribe Bang Larsen: "...if the zombie is defined by ambiguity, it cannot be reduced to a negative presence. In fact, it could be a friend. So why does it lend itself so easily as a metaphor for alienation, rolling readily off our tongues? Resorting to the zombie as a sign for mindless persistence is unfair to this particular monster, to be sure, but also apathetic and facile in the perspective of the historical space we inhabit." En seguida: "My proposal, perverse or braindead as it may be, is that the zombie begs a materialist analysis with a view to contemporary culture".
Lo interesante en el texto de Bang Larsen es que esto sólo es el punto de partida -a saber, como si se tratara, esta lectura específica, de una herramienta para lo que hará a continuación, que, repito, no he leído.
Es curioso, esto: apenas ayer se me hacía raro que encontrara cada vez menos textos o menciones a zombies en la red -quizá, sencillamente, perdí interés y, por tanto, dejé de "buscar sin buscar"- y es curioso, también, que la principal característica del zombie, es decir, de la lectura que podemos hacer de él, es que se puede hacer, en realidad, cualquier lectura sin que esto altere su naturaleza.

No he leído un solo libro de James Wood



(Vía Paper Cuts)

Tuesday, April 27, 2010

El odioso



Termino de leer Las encías de la azafata, de José Israel Carranza. Una cita de la página 194:

"¿Qué quiere decir que lo dejen a uno en paz? La presencia de los demás y la ocurrencia del mundo y de la vida forman una continua sucesión de interrupciones, y el odioso lo único que anhela es un poco de silencio, un poco de calma para estar a solas consigo mismo. No se trata de un egoísta, pues fácilmente puede pensarse que, por definición, cualquier odioso lo es, o que todo egoísta es irremediablemente odioso. (Y habría que considerar la posibilidad de una historia sobre el egoísmo como virtud.) Este individuo, por lo contrario, en tanto está en la búsqueda de la tranquilidad más pura, se mueve por un afán de paz y armonía: ha decidido que la única vía para que lo dejen en paz es ejercer su talento de manera impecable, denodadamente, y en ello se cifra una lógica transparente y honesta con la que no quiere violentar a nadie. Sólo precisa del odio más grande para estar en paz. ¿Su fin es la soledad? No: su propósito último es no figurar en el aprecio de nadie, y más allá, enlistarse a la cabeza del censo de resentimientos y desdenes y horrores y aborrecimientos de cada una de las personas que lo rodean, para poder estar en paz".

Hace unos instantes me preguntaba si estas son o no patrañas. Me lo pregunto ahora porque quizá, es verdad, hay algo de odioso en la gente virtuosa y mucho de soledad en la gente virtuosa, autárquica. Pero, la verdad, ¿quién quiere amigos odiosos? ¿Es posible tenerle envidia a un amigo por sus bondades y aún admirarlo? Nada. No se me ocurre decir nada más.

Sunday, April 25, 2010

Entrada 1344

Un blog de cetrería, acá.

No se sabe si está de pie o sentado


No se sabe si está de pie o sentado es el enigmático título que Walser le dio a una de las estampas que componen La rosa (mi ejemplar es una reedición de 2003). El subtítulo de la misma estampa es El solitario. Allí leo hacia el final este divertido pasaje:

"Cómo me gustaría saberme simpático, cómo desearía estar incorporado a su círculo. Sin embargo, creo haber hecho lo que he podido para tratarme con miramientos. He permanecido disponible".

Tengo la sospecha de que La rosa es el segundo libro de Walser que compré. Si no es así, debe ser el tercero o cuarto. (Acabo de revisar en los archivos de este blog y descubro, con horror, que lo compré a inicios de marzo de 2005; ha pasado un lustro desde entonces: caracoles). En cualquier caso, fue de los primeros que aún compré con la fiebre que por un tiempo caracterizó mi afán por "leer a Walser". Esto fue, según recuerdo, cuando estaba por titularme de la universidad. Jakob von Gunten debió ser el primero que leí pues un amigo, Julián Zárate, me había dicho que era el libro favorito de Roberto Bolaño, de acuerdo a una entrevista que había leído. (Ambos estábamos, entonces, obsesionados con Bolaño). O quizá el primer libro que leí de Walser fue El bandido (la memoria irrumpe: leí El bandido en la playa, en Cancún, en los ratos de descanso que tomé durante la redacción de mi tesis de licenciatura, misma que, según recuerdo, escribí durante la Semana Santa de aquél año, encerrado en un cuarto de hotel; recuerdo que mi abuelo me pidió prestado La condición humana de Malraux: no terminó de leerlo, yo no lo he empezado). ¿Todo esto a cuento de qué? Pues resulta que hoy me encontré, inquieto, abriendo libros al azar, en mi habitación, y di con La rosa. También di con la pequeña conversación entre una camarera y un bribón que le da título al libro. La camarera le dice al bribón (Arthur, un hombre sincero): "No son los hombres atentos los que impresionan a las mujeres. Miramos con respeto a los desatentos. Nos gustan los ocupados, los absorbidos por algo". Lo extraño de La rosa es que no recuerdo haberla leído. Pero lo hice.
Qué maldito calor.

Friday, April 23, 2010

"Come on...

...you painter, you poet, you crazy diamond, and shine".

Thursday, April 22, 2010

Cosa curiosa

Hasta hoy que terminé un cuento en el cual llevaba mucho tiempo trabajando me quité esa idea de que es tan fácil, digamos, escribir en un diario como escribir ficción. Escribo diario, en mi diario o aquí, pero, descubro, una vez más, que los resortes o los músculos necesarios para escribir ficción son tan diferentes de los necesarios para escribir en un diario que ahora me doy cuenta de lo mucho que me engañé al quitarle importancia a mi falta de hábitos de ficción. Es decir, me lavaba la cabeza diciéndome que no importaba que no escribiera ficción si, finalmente, escribía diario.

También descubro que tener imaginación es algo que no puede ejercitarse. Uno puede velar, por ejemplo, experiencias personales, intentar verlas desde un punto de vista con el cual no se les abordó en un principio y tratar de escribir desde allí; pero de eso a inventar cosas... caray. Caray.

Friday, April 16, 2010

Entrada 1340


Bueno, francamente no sé qué está pasando pero parece que hoy es el día en que me regalan libros. Nicolás tuvo a bien regalarme El paseante solitario, de Sebald. Me lo acaba de entregar. Y hace rato Benjamín Morales me dio Contracanto, de Iván Cruz Osorio, así como números atrasados de Viento en Vela, esa inmortal publicación. Y ahora me acuerdo que la semana pasada o antepasada David me regaló The Moviegoer de Walker Percy que, como todo mundo sabe, fue revisada por Donald Barthelme.

En esta entrada dije dos mentiras. Tres, si nos ponemos exigentes.

Entrada 1339


Y que Lorena agarra y me regala un libro. Pueden seguir, creo, a Lorena acá: @lvparkman, vía Twitter. Fue ella quien me prestó Extremely Loud & Incredibly Close, una de las buenas lecturas que hice a principios de año. Recuerdo, por ejemplo, este momento. Y descripciones de parvadas -que se mueven cerca de una ventana, increíblemente cerca y extremadamente ruidosas. Para su información, digo todo esto.

Wednesday, April 14, 2010

Cierta sabiduría en Paul Valéry

Como ya no leo -mentira- sino que leo fragmentos de libros al azar -verdad- se me ocurre abrir Escritos sobre Leonardo da Vinci de Paul Valéry (lo compré en el FCE, debe haber más) para dar con la página 22 donde mi ojo, educado en el arte de encontrar algo interesante hasta en la sopa, se detiene sobre este párrafo:

"El secreto, tanto el de Leonardo como el de Bonaparte, o como el de todo aquel que posee una vez la más alta inteligencia, está y no puede estar sino en las relaciones que encontraron -y que se vieron obligados a encontrar- entre cosas cuya ley de continuidad se nos escapa".

¿No recuerda esto aquél extraño agradecimiento de Lovecraft sobre los límites de la inteligencia humana? A mí me lo recuerda. Encuentro humano el no querer saber ciertas cosas. Me pregunto si decir que sea humano es decir que sea bueno.

No hace mucho leí un texto donde se comparaba al hábito de leer en diagonal con el vuelo de un águila. Veamos. Sí, acabo de buscarlo en mi cuaderno de notas, acá. Copio, por el gusto de hacerlo, de ver cómo se reproducen los textos, el párrafo abajo:

"What we are engaged in -like birds of prey looking for their next meal- is a process of swooping around with an eye for certain kinds of information".

Lo dice Susan Jacoby en un libro titulado The Age of American Unreason, al cual llegué a través de un texto sobre la lectura en la red, que leí en la red, de Michiko Kakutani. Me preocupa que yo, Guillermito, esté muy al pendiente de textos en los cuales se reafirma la imagen de las lecturas complejas que resultan de la lectura de fragmentos. Es como si continuamente estuviera buscando personas que piensan, en algún momento, como yo, sólo con el objetivo de reafirmar mis principios. Debo. Leer. Más. Buscarme tiempo para hacerlo. Ahora, es decir en estos días, estoy leyendo Fin, de Monteagudo. Me gusta, está bueno. Pero debería hacerme más tiempo para leer (¿decirlo?, ¿no sonará mamón?) algo más sustancioso. Ahí tengo todavía En busca del tiempo... sin acabar. Tengo mis Ricoeurs leídos a medias. Tengo mi El mundo como voluntad y representación sin abrir... ¿Qué hacer? ¿Dejar el trabajo? ¿Usar el dinero que he ahorrado? Leer y escribir. ¿Y luego? ¿De qué vivir? Podría, supongo. De algún modo. No lo hago, sin embargo. Encerrado en casa frente a un monitor. Encerrado en el trabajo frente a un monitor. ¡Una historia curiosa! A continuación: ayer me escuchaba a mí mismo decir que imaginaba en la preparatoria el trabajar en una revista. Ahora hago eso. ¡Oh sorpresa! Descubro que aún tengo ganas de hacer otras cosas, por no decir que comienzo a aburrirme. Y bueno, me escuchaba decir eso, o una versión de eso, para notar cierto desapego y cierta tristeza. Así, me temo, es todo. Entonces: darle y darle. Ya quiero cumplir 30.

Monday, April 12, 2010

Joven cetrero


Benassini. dice: (12:24:44 PM)
un amigo tomó esta foto
Guillermo Íñigo dice: (12:26:31 PM)
la puedo poner en mi blog?
Benassini. dice: (12:27:03 PM)
claro amigo.
Benassini. dice: (12:27:22 PM)
www.tapacholos.blogspot.com
Benassini. dice: (12:27:24 PM)
es el sitio.
Benassini. dice: (12:27:30 PM)
El Simpson
Benassini. dice: (12:27:35 PM)
es el fotógrafo
Benassini. dice: (12:27:51 PM)
es de hillo y resulta que acá vive, eramos parta de la misma banda de amigos en la secu, prepa, pero nunca nos topamos.

Sunday, April 11, 2010

Nuestros ojos y nuestros picos

De El Rey del Bosque, de Pierre Michon:

¿Son halcones lo que están soltando, alevines míos? Qué bueno. Con eso también se caza, en efecto, cuando ya no se ve nada. No es miel lo que los halcones les clavan en el lomo a los conejos, y tampoco las abubillas, ¡ya paren la cantaleta! Son grandes y hermosas aves que cantan para copular y que también apestan, las pobres. Tú sí sabes de abubillas, ¿verdad, Hakem? No se comen, y tienen reservas para hablar de ellas. ¡Vamos, alevines! no ven nada, pero no se necesita ver para matar algo ahí adentro: los halcones ven por nosotros, son nuestros ojos y nuestros picos los que por alguna maravilla se echan a volar con ellos de un salto, cuando les quitamos la caperuza. Regresan llenos de sangre, con plumas recién arrancadas. ¿Codornices? ¿Otra cosa? Vamos, el duque se va a poner contento, esta noche tendrá gangas en su mesa. Y yo tendré a su mujer. Pondré a secar mis ropas, beberé lo doble, iré tranquilamente a sus habitaciones y me hunidré en ese tazón de leche. Qué sencillo y negro es todo alrededor de esa leche.

Saturday, April 10, 2010

Fin de semana de soltero

Sábado. Cierro la llave del agua caliente, en la regadera. Vapor. Recuerdo aquella mañana en el laboratorio de biología, cuando descubrí que yo no era una persona muy inteligente. Que era perezoso e inconstante: no estudiaba lo suficiente, no ejercitaba la memoria, no tenía interés alguno en la ciencia. El profesor se presentó decepcionado de nuestro desempeño en el examen más reciente, un cuestionario sobre las medidas de seguridad que debíamos cumplir dentro del laboratorio. De algún modo, aún antes de que leyera el que tenía en las manos, prueba del promedio general de tontería y pereza que se vivía en el salón, yo ya sabía que era mi examen. Sabía que el suspenso y la teatralidad sólo conducirían a que, momentos más tarde, el profesor preguntaría quién era Guillermo Núñez, el autor del examen que tenía en las manos, y que padecería algún tipo de humillación. No recuerdo bien sus palabras pero recuerdo que estaba entre divertido, enojado y sorprendido de la respuesta que algún alumno -yo- dio a la pregunta "¿Qué hacer en caso de que caiga ácido en nuestro rostro?" (había una regadera de emergencia en el laboratorio y uno debía darse un rápido regaderazo; todavía advierto que esto esconde una ligera contradicción con el principio "no darle de beber al ácido", algo que nos recordaban constantemente). Mi respuesta fue: "Tomar un baño María". Me sonaba correcto. Creo que unas clases antes nos habían enseñado un procedimiento -que he olvido- que involucraba el Baño María y del cual yo sólo recordaba el nombre del Baño María. Y bueno, claro, todos mis compañeros rieron. Otra cosa que recordé al salir del baño, hoy, que tenía que ver con el laboratorio de biología, es aquella clase en la que diseccionamos un pollo. Cuántos pollos habrán pasado por ese salón. Cuántas sorpresas ante la constatación de que el cerebro del pollo es liso. Recuerdo que, para aquella sesión, nos pidieron que lleváramos tijeras para cortar pollo, de cocina. No recuerdo qué aprendí aquella mañana. No decir ahora que a uno lo educaron para trabajar en una pollería -sé, ahora, que cortar pollo no es tan fácil que cortar papel pero tampoco tan difícil como cortar con alguien-, sería algo muy fácil, decir esto. ¿Qué decir, entonces? Nada, nada. Que hoy por la mañana, al salir de bañarme, me acordé de una cosa que me pasó en la escuela. Vine, lo escribí, fin.

Ayer, en el teatro, en Sencillamente complicado, escuché: "No salir de casa nos deshace".

Thursday, April 08, 2010

Cierto ingenio en Nicolás Cabral

Nicolás dice: (01:36:09 PM)
Gobernación debería clausurar la revista, ¡están buscando matar lectores de tedio!

Tuesday, April 06, 2010

Ahora resulta

Ay sí, ¿no? Anoche termino El padre muerto de Donald Barthelme y llego a la oficina y encuentro a Óscar leyendo Muere mi madre de Saito Mokichi.

Sunday, April 04, 2010

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Catástrofe

La noche anterior a mi cumpleaños número 28 soñé que David y yo íbamos en automóvil, me parece que él iba al volante. Lo que recuerdo bien es que íbamos sobre un puente o un segundo piso, un distribuidor, un camino elevado que repentinamente se sacudía y desaparecía bajo las llantas del automóvil, algo que en la realidad, obviamente, no pasaría si fuera sacudido por un temblor; los autos caerían con todo y camino y no levitarían momentáneamente, como en una caricatura, para descansar -aparatosamente, es cierto, pero irrealmente- sobre los escombros de mi sueño. Después del temblor (había tomas aéreas de la ciudad al momento mismo que era sacudida, en mi sueño; de algún modo yo simplemente sabía que una gran catástrofe arrasaba con todo) David y yo conseguíamos salir del automóvil y comenzábamos, cada quien por su parte, agitados y preocupados, a llamar a nuestros respectivos seres queridos. Todos se encontraban bien. Incluso me sorprendía marcándole a una persona con quien hace tiempo ya no hablo, pero en mi sueño existía aún la conciencia de que a esta persona yo le hablaba sólo porque se trataba de una emergencia; peor aún, le explicaba que le hablaba sólo por el terremoto, porque era una emergencia, algo que lo valía. Cuando terminamos de hablar, en mi sueño, ambos colgamos rápido para seguir haciendo llamadas. De algún modo al día siguiente sospechaba que todo mi sueño tenía que ver con esa llamada, las razones por las que la hacía y el orden bien jerarquizado en el cual realicé mis llamadas. Tuve la impresión de que el sueño duró mucho tiempo. También recuerdo que en algún momento los sobrevivientes, al menos los que se encontraban cerca de nosotros, nos resguardábamos en un supermercado de tejas rojas.