Sunday, June 26, 2005

Sobre ser famoso

Ahora que soy famoso me gustaría compartir un poco la sabiduría que esta nueva experiencia me ha brindado. De otra manera, ¿cómo podrán, ustedes mortales, acercarse a este claro en el bosque?
Si no tienes una imagen que te vaya a sobrevivir, no eres famoso ni podrás serlo. Debes tener una imagen en el blog de una persona a la que conozcas y a quien llamas amigo, a pesar de que ignoras la mayoría de sus hábitos. Muy importante: Si buscas tu nombre en Google y no superas las veinte hojas de información sólo significa que no estás esforzándote lo suficiente. No eres famoso aún.
Para ser famoso debes tener una imagen que te sobreviva en un página como www.majaderia.blogspot.com. No es, por otro lado, necesario que sepas cómo poner un link directo a esa página. La máquina lo hará por ti (ah, las ventajas de ser famoso...). Tampoco es necesario que en la fotografía sostengas el diploma de ese premio que te ha vuelto, en parte, famoso, de la manera correcta. De hecho, es necesarios que lo sostengas de cabeza y que muestres todos tus dientes, como a veces lo hace tu perra. Estas cosas, las harás intencionalmente.
Si eres famoso irás a San Francisco y entrevistarás a personas de suma importancia para la historia universal, o a personas como Salvador Plascencia (en todo caso, su nombre deberá aparecer en Google). Y como quien no quiere la cosa, caminarás a lado de esta persona, y de Eli Horowitz (quien obviamente es famoso pues es el editor de McSweeneys pero sobretodo porque ha aparecido en DVD's; de hecho, lo reconocerás porque ha aparecido en DVD's que has visto, y aún más importante, cuando le preguntes si a menudo lo reconocen por el DVD y te diga que no, todo deberá ser dicho con un tono bastante amigable y lleno de una fama desinflada; de nuevo, como si estas cosas, en el gran marco del universo, no importaran). Eli Horowitz quien, como tú, parece más joven de lo que es, te preguntará si Letras Libres es una revista importante en México. Te dirá que hace rato, justo antes de que te viera, recibió un correo de Julio Trujillo y entonces tú le dirás que sí, que es una buena revista, pero en el fondo pensarás que, en comparación con el universo no somo más importantes que las amebas. También recordarás el pelo de Trujillo y cómo la vez que lo conociste pensaste que lo traía demasiado largo y grasoso. Uno debe cuidar estas cosas, al ser famoso. Uno debe tener un agudo sentido de la moda, cuando se es famoso. Y uno debe caminar con desenfado, de manera casual, pero de una manera concientemente casual; es decir, de una manera falsamente casual pero con cierta verdad que reside precisamente en el esfuerzo por ser normal --a pesar de que eres increíblemente famoso.
Como personaje famoso, a pesar de que no te has graduado ni titulado, recibirás entrevista de personas que entrevistan a personajes famosos de la facultad de filosofía, de cual aún no has egresado. En las múltiples publicaciones en las que tú nombre ha aparecido se encontrará, siempre, al lado de este, el título de licenciado en filosofía.
También, como personaje famoso, tú harás entrevistas. A Plascencia, por ejemplo, como no sabrás qué preguntarle, le preguntarás cuál es la pregunta que más le ha gustado de todas las entrevistas que ha hecho. Te contestará algo que no escribirás aquí. Pero, al terminar la entrevista, hablarán sobre esa elusividad que parece caracterizar a Horowitz, y de la cual, sospechan ambos, está demasiado consciente. "I'm aware of it", dirá Horowitz al ser cuestionado al respecto, "but that does not mean I desire it".
Te la pasarás bien, ahora que eres famoso y caminas sobre Valencia y Van Ness, en the mission y en San Francisco y en el mundo, y después, cuando hayas desaparecido y el registro de un disco duro aún guarde tu nombre, y tu imagen, lo único que le dará cierta unidad a tu ser no será el Ente o el Motor Inmóvil o el Gran Arquitecto, o Diosito; no, será este gran sabiduría que te acabo de brindar. Aprovecha bastardo.

Tuesday, June 21, 2005

Post poco interesante

Me intercambiaron mi ensayo La responsabilidad del escritor, Roberto Bolaño y Sergio Pitol por los siguientes:

1. La estética de lo obsceno
2. La vida básica
3. Minificciones mexicanas
4. La vanguardia extraviada
5. Reliquias ideológicas
6. Moscas, niñas y otros muertos
7. Elegías de Duino
8. Número de Punto de Partida, revista
9. Número de "P", periódico de poesía
10. Jaime Sabines, poemas en cd.
11. Antología Poética de Gonzálo Rojas, cd.
12. Antología de Fabio Morábito, cd.
13. Poemas de Nicolás Guillén, cd.
14. Números de "Material de Lectura" (#6, cuentos de Italo Calvino; #120, cuentos de Quim Monzó; # 2, cuentos de Inés Arredondo; #4, poesía de Pessoa; #8, poesía de Ezra Pound; #91, poesía de Hugo Gutiérrez Vega; #116, cuentos de Jorge López).

Me interesan el 1, 2, 3, 6 (sólo por el título), 7 (sólo por el autor), 10 y 14.

Mañana, San Francisco. Después, el mundo.

Monday, June 20, 2005

El rol

¿Por qué le molesta el entusiasmo? ¿Por qué cuando una persona que conoce muestra entusiasmo por cualquier cosa que no venga de algo que tengan en común le parece falso e impostado? Porque ese es su lugar.
Esa es la función que desempeña. La de juzgar en silencio. Puede afirmar algo así sin ser juzgado, considera. Debería poder decir esto sin tener que dar explicaciones. También podría pensar en sí mismo como poco adecuado y siempre consciente de sus acciones sin tener que darle razones a nadie. Cuando esté en el automóvil con una niña que le parezca guapa, y se sienta demasiado consciente de la manera en que su perfil se ve, no tendría por qué explicarse. No debería haber una necesidad por decir que cuando camina junto a ella y nota que las personas los observan, se siente extraño y fuera de lugar.
Cuando ella le está explicando algo que le parece grandioso y a él no nota ningún entusiasmo falso, ningún hábito extraño que ha adiquirido lejos de él o que no había notado sino hasta ese momento, cuando todo está en orden, quiere tomarla y acerca su cara y lamerla. O darle un beso o una mordida que deje marca. Cuando se asoma a su oficina y le mueve las manos como niña, cuando le platica sobre otros hombres o sus hábitos sexuales; él se comporta con cautela. Debe hacerlo. Se limita. Este es su lugar. Siempre ha sido el buen amigo. Quien la escucha en silencio. Quien le recomienda libros. Quien la apoya. Y quien espera.

Wednesday, June 15, 2005

Fragmento de una novela (que no es mía y que es buena)

De Lessons in virtual tour photography de Chris Bachelder, la mejor novela electrónica que he leído jamás. Gracias, gracias, gracias a la buena gente de McSweeneys:
Lesson 8
Warning About The Sex Act

There will be a moment during the sex act when The Estranged Girlfriend goes away or disappears. She will close her eyes tightly and purse her lips. Just as she is squeezing and kneading you, just as she is pushing you more deeply inside of her, she will simultaneously seem to disappear altogether and travel far far away from you, far away to a mysterious place where you are not invited. It will seem to you that you are suddenly and desperately alone, suddenly not important in this transaction at all. It may even seem to you that your presence there, with her, in her, is unseemly, that you are somehow trespassing or spying, witnessing something private. It will seem as though you have very little to do with the serious pleasure that she seems to be experiencing at the undisclosed location. Although this is a moment, always, of considerable weight and sadness, it is completely normal and you should proceed, as enthusiastically as possible, with the sex act.
Important Safeguard: While it is totally understandable that you would be moved to honesty and sincerity and disclosure, it is absolutely crucial that you not, in a moment of vulnerable post-coital gravity, tell The Estranged Girlfriend about your sad sense of her absence at the key moment in the union. This could result in The Estranged Girlfriend snorting, throwing her lovely legs off the side of the bed, and saying, while walking tight-legged toward the bathroom, where she will get rid of everything you just gave her, “Well. Now you know how it feels.”

Tuesday, June 14, 2005

Sobre la alegría, pero no tan cursi.

Ahora escribiré sobre la alegría que me da la anticipación de dos eventos cuya relación, el núcleo de su relación, sólo se encuentra en mí. Pero como bien apuntaba Sergio Pitol, es difícil escribir bien sobre la alegría; es mucho más sencillo escribir sobre la tristeza o el terror y la angustia. La Guerra y la Paz, de Tolstoi, según Pitol, es uno de los pocos ejemplos donde se describe la alegría con fidelidad.

Los dos eventos que anticipo con felicidad:
1. La culminación de mi tesis.
2. El viaje a San Francisco.

Y esto me pone feliz, como en su momento me alegró que aún había libros de Bolaño por esperar, o que vendría Pearl Jam o México, o que habría un nuevo libro de Houellebecq pronto (y lo habrá, en Agosto, se llama "La tentación del hijo", o algo parecido; ignoro cuándo lo traducirán al español, y me pregunto si podré aprender francés para entonces).

En San Francisco entrevistaré a Salvador Plascencia, autor de The people of paper, publicada por, oh sí, orgasmo literario, McSweeneys. Y ahora, el pánico: me han dado una hora con él, y aunque sé con seguridad las cosas que quiero saber sobre él, el peso de la certidumbre sobre cómo me comporto con gente a la que recién conozco es más fuerte.

Pero por ahora todo es alegría. De verdad. Quiero decir esto: soy feliz. Estas cosas me ponen feliz. Y lo quiero decir con fuerza, como, sí, demonios, como hombre; y no como, oh, no sé, una nena que se pone feliz con cualquier cosa y da brinquitos de alegría --mi felicidad es de fiebre, una felicidad dionisiaca. Tal vez no debería exegarar. Dionisiaca no, mi alegría, sino colorida (oh, terrible metáfora), o mejor, carnosa; sí. Es una alegría de, en fin, sangre caliente. De revolución congelada. De muchachos son encías sangrantes.

No he leído La Guerra y la Paz. No sé cómo es una descripción fiel de la felicidad. La mejor que tengo, la mejor que he visto, es la de Bob Esponja. Me siento así, como si viviera en una piña, en el fondo del mar, en el fondo de bikini.

Sunday, June 12, 2005

Más sobre Refu

Mi hermana me grita y me dice que algo ocurre, afuera llueve y está oscuro. Veo lo que ve por la ventana de su cuarto y que da al patio. Bajo corriendo. Antes de salir, me detengo y regreso a mi cuarto por un par de guantes e inmediatamente me arrepiento, cuando ya los tengo en las manos y mientras bajo, por segunda ocasión, las escaleras. Estoy perdiendo el tiempo. Escucho un chillido.
Tomo un palo que normalmente utiliza mi madre para romper piñatas y salgo al patio. Ya no está ahí. Me muevo con cautela y enciendo una luz, Refu olisquea para ver si da con algún rastro de la rata.
No quiero hacer movimientos bruscos, cuando la veo parada sobre dos patas en el garage. Es enorme, está mojada y ensangrentada. Me muestra los dientes. Avanzo para darle un palazo pero Refu se adelanta. Grito cuando la muerde en el hocico. Quiero alcanzarla, con el palo, pero Refu está sobre ella. La rata brinca y muerde de nuevo, en las patas y la nariz de mi perra. Todo es demasiado rápido y cuando mi padre baja y le da un cucharazo --es una cuchara para mole, de las grandes, de las de madera-- me siento lento y torpe y pienso y deseo que la rata esté muerta, pues el golpe la ha mandado a mis pies; todo esto sucede simultáneamente.
La sangre brota de su boca, y lo agradezco. Mañana llevaré a Refu con el veterinario. Está vacunada contra la rabia, pero ahora tiene una mordida en la nariz. Después de meter el cuerpo en una bolsa de plástico y de tapar las coladeras, subo a mi cuarto. Mi padre me hace algunas preguntas y me dice: "Bueno, ahora tendrás una historia que contar".

Saturday, June 11, 2005

Menos Bolaño

Ahora que Bolaño está irremediablemente cremado, ¿significa que la gente que escribe se puede despreocupar y comenzar a escribir con las patas?

Musil, me contó un amigo, era muy inteligente. Fue matemático y otras cosas que son las personas que son inteligentes. Y el día de su muerte, en la regadera, antes de colapsarse, dijo en voz en alta: "No, Dios mío, no". Y plaf.

¿Por qué me aburre platicar sobre literatura con mis amigos si es lo que más me gusta? Sólo me divierten las anécdotas.

Hay un mosquito aquí, en este momento. Lo mataré.

Thursday, June 09, 2005

Malas noticias

Hoy salí por el periódico y descubrí que ya no existía o que existía pero que había sido transformado en un montoncito de confeti. Confío en el buen juicio de mi perra, así que seguramente hoy, nueve de junio de 2005, el periódico estaba lleno de malas noticias --y como mi perra me aprecia tanto (le doy de comer, no le pego), decidió que era mala idea que yo tuviera una mala mañana, amargada por las terribles noticias que acontecen en nuestra zoociedad.

Wednesday, June 08, 2005

Sobre tener fans

Me gustaría tener fans. En lugar de eso, tengo amigos críticos --y según acabo de constatar, durante una brevísima pausa, cerilla en el oído.
Esto es así:
Estoy en la biblioteca de la Universidad Panamericana, donde el aire no es pesado, cálido ni pegajoso, sino artificial, fresco y lleno de gérmenes. Ahora, en este momento, he decidido que siempre es mejor estar un poco friolento y enfermizo que sudoroso y apestoso --además, también he decidido, preocuparse por la cantidad de gérmenes y esporas que se encuentran circulando en el aire acondicionado de la biblioteca, es un poco de maricas.
Y yo no soy marica, oh no. Yo soy un joven nuevo y duro, el tipo de jóvenes que no bailan en las bodas y que leen a escondidas y escriben poesía a mano y en cuaderno que no le enseñarán a nadie jamás. No. A nadie. Ni a ti. El tipo de personas que le aseguran a su jefe que trabajarán en ese maldito texto sobre la metáfora aristotélica pero en lugar de eso --porque es dueño de su destino y porque hace con su vida lo que se le hincha-- se dedica a escribir sobre los fans que le gustaría tener.
Así que le mando la novela que estoy escribiendo a distintos amigos. Uno de ellos me hace comentarios puntuales y útiles, otro no lo ha leído, otra amiga no me ha dicho nada al respecto y hoy, otra de ellas, finalmente, me dice: "Ya voy en la página seis".
"¿En la página seis? ¿De qué?", pregunto, como si no supiera.
"De tu novela", me dice.
"Ah, sí, eso", digo, tan alieando y extranjero como puedo.
"..."
"¿Y qué tal? ¿Te está encantando? ¿Verdad que es buenísima?", pregunto. Con ese tonito. Ese tonito que dice que digo estas cosas en broma.
"¡Sí, buenísima! ¡Soy fan!".
Ah, fans.

And I sit and I watch and I wait

Abandoné, me temo, a Bukowski demasiado rápido. Leí algunas de sus novelas, algunas de sus poesías y después vi Barfly y comencé a leer Hollywood pensando que al terminarlo leería El capitán salió y los marineros tomaron el barco, pero me rendí.
La pelea de las mujeres en Barfly, ¿la han visto? ¿O The Big Lebowski? Según un amigo, está basado en Chinaski, el personaje. Yo disfrutaba a Bukowski. Enormemente, sobretodo al principio de la carrera. Y ahora no tanto. Abro sus libros y siento que ya los he leído. Me cuesta trabajo ahora y me he rendido.
Me duele la cabeza. Su poesía, debería leer un poco más de su poesía. Creo que el primer libro que leí de él fue Factotum y después el libro de cuentos Hijo de satanás.
Tengo calor. Estoy sentado en mi jugo. Sospecho que apesto. Anoche, durante la presentación de un libro sobre camiones y carreteras, entre gente muy acicalada y perfumada, comencé a sospechar lo mismo. Me olí con discreción y no supe a bien si era yo o mi amiga. Me incliné para olerla y al darse cuenta, me dijo: "Sí, sí, soy yo". Entonces, quise abrazarla.
En realidad, a menudo.
Ahora, una lista sobre las novedades que le han ocurrido a mi perra:
1. Por el calor, está perdiendo el pelo.
2. Ahora intenta morder a mi madre.
3. Ya no corre tanto como antes. Por el calor.

Tuesday, June 07, 2005

Calor

Envejezco. Crezco. Las células se separan, el pelo se cae, brinco y vibro con música rock en un lugar oscuro donde hay cuerpos envueltos en carne, piel y tela; sudo porque ha hecho un jodido calor desde hace días, y por las noches no puedo dormir. Despierto con ronchas en los pies y con dificultad, pues me cuesta trabajo cerrar los ojos e ignorar el sonido de los mosquitos, simultáneamente. Ya no la paso bien a menudo, cuando salgo por la noche. Tal vez se debió a que era lunes o que la gente no estaba tan animada; tal vez porque Margo Glantz me puso ligeramente de mal humor cuando no contestó mi pregunta.
Mi pregunta fue: "¿Cuál es la importancia de separar o distinguir el fenómeno de la violencia contra las mujeres de la violencia en general?". Yo quería decir que la violencia contra las mujeres no era más, pero tampoco menos, que la que violencia que se vive a diario y en todas partes y entre todos. Sólo repitió que había una larga historia de violencia contra las mujeres y que se había asimilado a tal grado que las personas no hablan al respecto. También habló de la trivialización y de 2666 y de Huesos en el desierto y de Calasso.
Cuando me levanté para salirme de su clase, sin demasiado dramatismo, lo hice con una gran preocupación: por favor, por favor, por favor que no piense que estoy saliendo porque estoy en desacuerdo con ella, por favor, que entienda que tengo otro compromiso, que se entere, por mi pausada manera de caminar y por mi poca prisa por salir, que en realidad me dirijo a casa de un amigo, donde lo veré a él y a su hermana y a una amiga de su hermana, unas niñas, en realidad, y que más tarde, se entere, de que brincaré en la oscuridad y me arrimaré a otros cuerpos y beberé cerveza y comeré una hamburguesa y me preocuparé por mi creciente barriga; y que se entere, ojalá, de que en esa oscuridad advertiré que aunque vivo mi juventud con intesidad moderada, temo que se acabará pronto y que comienzo a comprender el temor animal que le tiene mi padre a la muerte; y que también, en medio de esa gente y sangre caliente, extrañaré a personas que ya no están aquí (ya sea por la geografía, o porque la carne, en efecto, es débil).

Sobre Heidegger y la pregunta, de Derridá

Heidegger y la pregunta, de Derridá, es un mal libro y nadie debería leerlo.

Monday, June 06, 2005

En pro de las presencias reales

Cuando le comenté a un amigo que utilizaría Espolones de Derridá para mi tesis, me contestó: "¿Espolones? ¿Qué es eso? ¿No es lo que tienen los gallos en las patas?". Se estaba burlando. Mi amigo domina la hermenéutica y la fenomenología. Y, con razón, le caga Derridá. Yo usaré Espolones en mi tesis porque no he tenido nadie con quién pelearme y según me han enseñado filosofía en la Panamericana, siempre es bueno tener alguien con quién pelearse. Muy escolástico el asunto. Muy todo mundo podría tener la verdad. Muy démosle voz a quienes no la tienen, para que podamos pelearnos a gusto.
Según Derridá, según el Derridá de Espolones, todo Nietzsche gira alrededor de sus relaciones con las mujeres. La mujer como verdad que se maquilla y la verdad como una mujer que seduce al filósofo teto, adolescente y de granitos en la cara que le llama ocho veces a la misma vieja y le deja mensajes en su página web y que se deja utilizar a cambio de un acercamiento moderado, de un espacio, entre dos personas, reducido.
Nietzsche como puberto. La filosofía de Nietzsche como el manifiesto de una especie de Club de Toby; la filosofía del martillo, de Nietzsche, como la gran verga que permanece erecta y que embiste y abre camino, como un submarino que se abre paso a través de un océano helado. "¿Espolones? ¿Qué es eso? ¿No es lo que traen los vaqueros en las botas?". Nietzsche como el vaquero que monta y espolea.
Ay, Derridá. Ay, Deleuze. Ay, la humanidad.
No se necesita una antipatía física para que las personas, hombres y mujeres, puedan tener relaciones amistosas. No hay un destiempo sentimental marcado entre hombres y mujeres, al menos no más de lo que hay entre todas las personas.
Lo que necesitamos es rock. Y literatura. Y Eggers. Y viajes a Alemania y a San Francisco y a Chicago y a la India. Y pizza. Y Dr. Peppers. Y literatura.

Sunday, June 05, 2005

The importance of writing


A few days ago I said it was convenient to read Saul Bellow. Later, I found out he had recently died.
Saul Bellow was an author read by Eggers.
Someone, perhaps my good friend Julián, who knows, gave me a few copies of articles that appeared in The Guardian, the English reviewer on the internet. All of them dealed either with McSweeneys or Dave Eggers. Thank you for this. I read them yesterday and found a renewed force of writing. Because of these cheaply printed pages, I remember that one does not yell, one bellows.
Stop complaining. Move on.

Thursday, June 02, 2005

Lista

Los libros que se llevó y que espero le sirvan:
Porque nunca hay suficiente Bolaño
1. 2666
2. Los perros románticos
Porque me lo pidió
3. I., de Stephen Dixon
Porque se lo sugerí y es un libro perfecto para los viajes
4. You shall know our velocity, Dave Eggers
Porque ya no sabía que darle
5. Cuentos completos tomo uno y dos, Cortázar
6. Catedral, Carver
(Pásala bien).

Wednesday, June 01, 2005

Fin de semana del Rock.

Rockearemos. Rockearemos juntos. Rockearemos el jueves por la noche, con Nine Inch Nails. Tendremos la intención de hacerlo. Rockearemos en nuestra intensión intensamente; rockearemos el viernes con porter en el Bull. No escucharemos Bright Eyes, no. Bright Eyes está muy bien cuando quieres tocar fondo, cuando llueve y tienes agua en los calcetines o cuando recién atropellaron a tu perra o cuando tus amigos se van del país o cuando alguien tuvo la excelente idea de quemar tus libros, golpearte en la cabeza y escupirte en un ojo; pero no ahora. Ahora escucharemos a Café Tacuba, el sábado, y seremos un solo ente que brinca y se mueve, porque está vivo y es duro, duro y puro como el cuarzo, como mi alma, como la velocidad del tranco de un perro rabioso. Rockearemos hasta el lunes por la noche, rockearemos en la regadera y salpicaremos con sudor parabrisas y romperemos quijadas y brincaremos maldita sí, sí, sí. Y habrá amor. Y habrá carne. Y habra Rock and Roll. Habrá Bolaño, carajo. Habrá Eggers. Habrá Beckett. Habrá alegría en formas concretas, formas redondas y torneadas, enfundadas en suave mezclilla y duros cartílagos; habrá alegría en forma de cerveza y tequila, de pizza caliente quemándote las encías.
Y ay, se acabará. Y escucharemos Bright Eyes.

Busted

So, we decided to drink soft drinks, eat pizza, smoke and work on the first issue of El Inquilino. And there we are, laughing and making ourselves believe that something real and good was being made with our hands, minds and talents. I felt alive. Almost, but not in the same way, not by a longshot, as I did later on that night. I will not discuss that here. Instead, I'll say this:
Walking Hernán to the door, he asked me: How come you never mention my blog? I have a link to your .blogspot from mine, you should post one too.
I remained silent with the intention to transmit this truth: "I do not wish to refer to other blogs. Otherwise, we'd be like the Ourobarous, the Mouebius circle, or something; we'd be like cannibals, zombies that eat their own. I refuse to be a comment on a comment, a common parasite; I refuse to talk about the blogs of my friends; I will not fall on the trap set by Derrida; I will not be a part of the network of references in the world; I'll contribute only to myself, I will not become an estadistic, I will not--"
Instead, Hernán saw right thru me: "You don't know how to do it, do you?"
"What?", I said.
"To link a page to yours"
"No, I do not", I said and opened the door for him.

Monday, May 30, 2005

Fechas de caducidad y el encanto de Alemania

No comprendo la atracción que provoca Alemania en personas cercanas a mí, así como tampoco entiendo la manera en que me atrajo alguna vez. Alemania es aburrido, debe serlo, cuando no tienes parientes allá, cuando no estás recién casado y te ofrecen una beca o cuando quieres estar recién casado y para mantener a tu esposa, en la carrera de la filosofía, debes tener una maestría en la universidad de una ciudad alemana.
Fernando Galindo, un amigo, está estudiando su maestría en Alemania, mi hermana Mónica acompaña a su marido Bruno y a veces comen würsts y hacen parrilladas en los parques porque es lo que se acostumbra; Adriana se irá el próximo jueves para visitar a sus familiares y pasará mucho tiempo leyendo y conectándose y desconectándose a la red. A todas estas personas las extraño o extrañaré (Fernando y su novia Isabel, a partir de Septiembre, pasarán mucho tiempo en el país).
La última vez que Adriana comió en mi casa abrimos el refrigerador para tomar helado de postre. Creo que escribí al respecto, sobre las fechas de caducidad (2000, 2003) y de cómo tuvimos que tirar los helados llenos de una escarcha amarillenta.
Hoy comí salchichas con puré de papa de Kentucky Fried Chicken y cuando fui por la mostaza me sorprendí. En lugar de sacar la Helmans tomé una que se veía muy elegante y fuerte, color marrón con algunos brumos, que eran semillas de mostaza. La abrí y el interior de la tapa estaba negro. Había un centro líquido rodeado de costra marrín. Chequé la fecha: 1999.
"No puede ser", me dije, "esto lleva más de un sexenio en el refrigerador." "No puede ser", le grité a mi hermana, quien esperaba en la mesa, "esta mostaza lleva años aquí".
"¿Todavía sirve?", me preguntó. No sé, pruébala, quise contestarle, pero a preguntas necias --tiré el contenedor.
No importa, pensé, aún había otro frasco con mostaza, y que no era del Helmans. Se veía buena, de esa mostaza elegante un poco fuerte y ácida. Sin abrirla, para no llevarme más sorpresas, vi la fecha de caducidad. En una etiqueta que decía Aurrera (que ya no existe), decía: "Febrero de 1994". Tenía trece años cuando la compraron. Tres años después de su compra estaba llorando en un cuarto de Düsseldorf y leyendo a Tolkien por las noches, viendo pornografía por la madrugada, completamente enfermo de una depresión que es como la gripa. ¿Lo han notado? Se parecen mucho.

Joyas de la cinematografía mundial

Old School, gran gran película. Gracias a Julián Zárate por su recomendación. Cuando salió en el cine no quise verla pues pensé que sería una película estúpida. Es una película estúpida, pero una buena película estúpida. ¿Por qué no la había visto?
El santo contra los zoombies (sic., de 1962). No es una buena película de zombies. Desde la Biblia, las buenas historias de zombies tienen al menos un muerto que resucita y hace de las suyas después de la muerte. Aquí, tal vez con un giro demasiado arriesgado, los zombies no son muertos sino autómatas que no hacen de las suyas, sino de las de alguien más. Tal vez si se hubiera llamado El santo contra los tres autómatas (porque sólo son tres), no la hubiera visto con tan malos ojos.
¿Podría considerarse Casablanca una película de zombies? Y para esos casos, todas las películas en las que actúe una persona que ya esté muerta, ¿no debería ser una obra de muertos vivientes? ¿Como la literatura?

Hoy desperté temprano, desayuné y pensé y ya.

Islandia es el país con mayores escritores per capita. Aparentemente, se escribe mucho sobre la nieve. Yo entiendo que la nieve es blanca y fría. Que uno puede dibujar sobre ella con la orina y que si permanece demasiado tiempo acostado sobre ella, sobre la nieve, ésta tiende a mojarte el trasero.
En www.believermag.com leí la entrevista que le hacen a Steve Martin sobre su último libro y, entre otras cosas, sus opiniones sobre la mediatización. Comulgo con su idea de que se ha perdido la línea entre lo relevante y lo irrelevante. Asesinan a un hombre, ejemplifica, y el reportero le pregunta a un niño de seis años lo que siente.
Esto no significa, creo, que para el niño sus sentimientos no sean importantes. Significa que el reportero hace trampa. Que construye. Ya no existe una autoridad pues todos somos autoridad. Ya no existen los clásicos, sólo textos sobre textos. Pretextos.
Vi el otro día en la televisión el día infantil en el congreso. Una niña decía para las cámaras: "Sólo espero que los diputados no nos recuerden como un montón de niños que venimos para hablar y ya; espero que tomen conciencia sobre nuestras opiniones y peticiones y que hagan algo al respecto. Porque, si no son ellos, ¿quién lo hará?" Después le cambién a Fashion TV.
El otro día leí en el blog de un amigo que los blogs estaban hechos para poder decir algo, para ser críticos; no auto-críticos, no, sino que era una herramienta: ¡Se le había dado voz a las masas, o al menos, a las personas con algo que decir! ¡Oh!
En efecto, antes de la red, el papel no existía y a todo mundo se le obligaba a cerrar el pico. Y todas las personas que querían decir algo no podían hacerlo y debían hacer otras cosas con sus vidas, como trabajar en una carnicería. Gracias a la red, el hombre ha sido liberado de la tiranía. Las voces finalmente, las de todos y al mismo tiempo, podrán ser escuchadas con claridad. Todo mundo podrá opinar y supongo que esto debe celebrarse. Hay que celebrarlo leyéndonos entre nosotros, sí. Así todo mundo tendrá su lugar. Y su opinión sobre temas importantes. Los temas importantes ya están decididos. No hablemos sobre nosotros, hablemos de temas de relevancia. ¡Es nuestro compromiso! ¡Tomemos conciencia! ¡Una sola y polifónica conciencia!
Horror.Horror.Horror.Horror.Horror.Horror.Horror.Horror.Horror.Horror.Horror.Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror. Horror.Horror. Horror.

Friday, May 27, 2005

Almemania

Hoy encontré un comentario a una de mis últimas actualizaciones. Lo dejó Adriana, a quien acoso y persigo y espío desde el edificio de enfrente de su casa, el que está en ruinas. Me preguntó, a partir de las cosas que escribí, si me sentía como un parásito sin identidad. No, no me siento así, no precisamente ahora. También, como me había avisado ya, me dijo que se iría pronto del país. Se va a "Almemania". Nunca había escuchado de ese país y espero que la pase muy bien durante su estadía.
¿Y si Almemania me declarara la guerra personalmente? Perdería.
Almemania, país de las almejas. País de las lentejas, que resaltan mi belleza.
Mis hermanas, en los ochentas, usaban lentejuelas brillantes en sus camisas de mezclilla. Mi madre se las pegaba con un pegamento especial. En sus zapatos también, pero les ponía un producto que dejaba pequeñas gotas fosforecentes. Y así, neta, las dejaba salir a la calle.
Los dos discos que compré hoy antes de que fuera al corralón sólo para corromper a un elemento de seguridad de nuestra Capital, después de platicar largo y tendido sobre lo poco agradecido que es el trabajo de policía, y de su tiempo en la divisón de granaderos, en la caballería, en tránsito (donde está desde hace más de veinte años) y de su tiempo en la academia:
1. Antics, Interpol.
2. Out of exile, Audioslave.
Y ahora, los dos grupos de quienes no pude comprar discos porque ya no me alcanzaba el dinero, pues pagué la mordida que corrompió al elemento de seguridad de nuestro país, a pesar de que estaba dispuesto a sacar mi auto del corralón de las Águilas, o bien, la multa de cuatrocientos setenta pesos; la mordida que corrompió al hombre que no me quiso estrechar la mano pues las tenía sucias de grasa y quien asumió que yo era un abogado, a quienes, genéricamente, se refería como Licenciados,
1. Bright Eyes
2. The Fancy Free

Sobre el nuevo libro de Salvador Plascencia

El nuevo libro editado por la editorial McSweeneys me hace preguntarme qué pasaría si, en efecto, el planeta Saturno decidiera declararme, personalmente, la guerra.

Thursday, May 26, 2005

Las lentejas que resaltan mi belleza

I really enjoy María Daniela and her Lasser Sound. It's not something I should be embarrased about. Everybody should pay more attention to her and to the rest of the Nuevos Ricos label artists.
Why did Beckett decided to write in french? What makes a good writer stay away from his natal home, from the secure places he knows? Artists, I heard on the radio today, have no nation. Nations are made to provide identity, they said. Artists, it appears, are rare species of parasites. Nomad and not too dangerous parasites.
I'm writing in a slower pace today. Find it hard to keep up with my thoughts. Hate it.

Wednesday, May 25, 2005

Coughing, wishing

Coughing blood, I wish I were. Good advice: to read Saul Bellow when writing, avoid Eggers and remember that Foster Wallace still lives.
Nonsense.
Also, perhaps the blog that I like the most, of the few I ever read, is Batahola, by Lorena Mancilla. I suspect blogs are meant only to be written. Readers are pussies, writers, on the other hand...
Will 2666 ever be translated to english? I hope so. Why? I do not know.
My ear still hurts. As well as my back, my throat and my joints. And I'm wearing a suit, quite unconfortable.
Met Villarreal last night. Older than I expected, reminded me of my father, only funnier and less pragmatic. I feel I'm writing a telegram.
Yesterday I was told something I had forgotten. In the elementary school which I attended, owned by the Opus Dei, lived an old person who suffered a stroke a few years ago. He could no longer move or read and could only pronounce two words. One of them was "Pendejo". A male nurse attended him and strolled him into the courtyard so that he could hear mass or our pledges to the flag. I remember that. He used to wear a beret and whenever he got bored started screaming. I can't believe I didn't remember that. His name was Manuel and died last year.

Tuesday, May 24, 2005

Dos nuevas noticias sobre mi cuerpo

Ahora me duele el oído izquierdo.

He comenzado a usar unos pantalones de mezclilla demasiado apretados. Al final del día me duele la entrepierna.

Monday, May 23, 2005

Sobre Paul Ricouer y lo feo que soy

Paul Ricouer está muerto. Coincidentemente, en el último número de la revista Tópicos Vicente de Haro hace una reseña de su libro La memoria, la Historia, el olvido. Hay una errata en el título. Dice: "Hstoria" en lugar de "Historia". He comenzado a leer la reseña. Y mientras lo hago, recuerdo no sólo que Vicente fue lo suficientemente amable como para prestarme Tiempo y narración, también recuerdo que no entendí nada de aquél libro y nada de esta reseña.
De Haro tiene otra reseña en este número de Tópicos, dedicado al tema de Dios. La otra reseña es sobre Deleuze. Deleuze tenía las uñas larguísimas. ¿Han visto alguna de sus fotografías? Vi una en el número de mayo de La Tempestad. Da asco. ¿Cuánto más le habrán crecido en su ataud? ¿Tuvo ataud o lo incineraron?
Entonces, Ricouer está muerto y yo estoy feo. Y De Haro tiene una mente privilegiada y le va al América. Una cosa no está relacionada con la otra. Hoy, al llegar al trabajo (me gusta esto de "llegar al trabajo", suena como si fuera una persona muy estable y muy normal), me lo encontré en los pasillos de la facultad. Lo saludé con alegría porque lo considero mi amigo y él, resplandeciente, me dijo: "¿Cómo viste a esa máquina imparable que es el América? Nadie nos puede detener". Estuve a punto de decirle que no me gustaba el fútbol pero me pareció inútil.
Su reseña sobre Deleuze es sobre el libro Diferencia y repetición, dos conceptos que no comprendo pero que me vendría útil comprender para la tesis que trabajo. He comenzado a leer esta reseña y entiendo más que sobre la de Ricouer. Pero no los aburriré con esto.
Soy feo, decía. Me prometí escribir sobre esto, a pesar de que en este momento no es algo que vea claro y distinto. Es decir, en este preciso momento no me considero del todo feo, ni nada, para esos efectos, pero recuerdo que hace un par de días me di cuenta, como si fuera una gran verdad en un claro que se hubiera revelado, que soy feo. No sólo que no soy atractivo, no, sino que puedo llegar a ser repulsivo. Y me pregunté qué era lo que me vieron el par de niñas que conozco y a las que les he gustado. Tal vez lo semejante llama a lo semejante. O tal vez adivinaron, sobretodo las que nunca me dijeron que me consideraban guapo pero a quienes les gustaba pasar tiempo conmigo, que era inseguro. Mi gran atractivo, podría ser, es mi personalidad. ¿Mi sentido del humor? ¿Mi franqueza? ¿La poca autoestima? Puedo imaginar perfectamente a una depredadora interesándose en una frágil criatura con poca autoestima.
¿Cómo se junta la gente fea? ¿Es una resignación? Debe serlo.
En realidad conozco pocas personas atractivas. De mis amigos sólo algunos tienen simetría en sus rostros. Yo tengo simetría, pero mi perfil es, digamos, torpe. Cuando voy en el auto y tengo a una amiga en el asiento del copiloto me pregunto cómo me verá de perfil, y me siento incómodo.
Estoy exagerando, estoy forzando esto, no me trago nada de lo que he escrito, a pesar de que sé que es verdad. Oh, qué sabia es la naturaleza.
Resumen: Ricouer está muerto, soy feo, mi amigo Vicente de Haro escribe reseñas en una revista de filosofía y Deleuze tenía las uñas tan largas que se le enroscaban.

Friday, May 20, 2005

Thursday, May 19, 2005

Las ganas de escribir

Me duele la garganta y la cabeza menos porque tomé un par de aspirinas. Los momentos que más me gustan del día son las mañanas, mientras me baño, y las noches, en las que a veces escribo o leo o veo pornografía, porque la verdad es que el sexo, indiferentemente, me alegra. También el cine y los libros. Y mi escritorio, al que amo, y mi perra y mi laptop, pero estas cosas son frías, es la verdad. Excepto tal vez mi perra, que no es precisamente fría. Es muy agradable y cálida, mi perra. Pero en justo sentido no corresponde el cariño que le tengo, como no lo hacen mis cosas. Sudo ahora. Probablemente sólo tenga calor, probablemente tengo fiebre.
Hoy fui al cine, solo. Al salir me encontré a una amiga y a su novio. Platicamos. Me invitaron a sentarme en su mesa, para comer. Les di las gracias por la invitación y me despedí después de recomendarles la película de la que recíen salía, solo. Le hablé a una amiga, a mi mejor amiga, para ver qué hacía. Fui a su casa y comí pizza. Bebí coca cola. Observé mientras dormía, y vi un pedazo de una película que ya había visto y que siempre, aparentemente, le provoca el sueño a mi amiga. Consideré varias cosas, al observar cómo dormía, y después tomé un libro para leerlo. No lo leí. Despertó después de un rato.
Tengo sed. Aún me duele la garganta y un poco la cabeza. Ya no tengo ganas de escribir, no sé sobre qué escribir. Es raro, pero me siento feliz.

Monday, May 16, 2005

Alguien está aquí, a mi lado, y piensa.

Piensa que piensa que está pensando. Escribe "piensa que piensa que está pensando" y acaba de colgar el teléfono, que en realidad no cuelga sino que desliza hasta que se cierra. Es un bonito modelo, este, el de su teléfono, que en lugar de colgar (en realidad, no recuerda ningún teléfono que se "cuelgue", todos más bien se colocan, cierran o, en este caso, se deslizan) se cierra como una almeja o, más bien, como una baraja de cartas. Algo así.
Entonces: termina de hablar con su madre y se pregunta si no habrá cometido un error. Habló para preguntarle si querría comer con él pues hace mucho que no platica con su madre. Es decir, ve a su madre practicamente diario pero sólo es eso. Verla, saludarla, preguntarle cómo ha estado si, seamos honestos, estar realmente interesado porque lo que realmente le interesa en ese momento en que pregunta cómo ha estado es ir a su cuarto, encerrarse y dormir o leer o ver pornografía o masturbarse o bañarse o cagar o escribir o cambiarse de ropa o pensar en otras personas a quienes también quiere pero que no son su madre. Hoy decide que no hará eso así que habla con su madre y le pregunta si quiere comer con él, en un restaurante de carnes en el sur de la ciudad al que su madre ha estado queriendo ir desde hace unas semanas. Así que su madre le contesta y por un momento él tiene la impresión de estar invitando a salir a una niña y agradece enormemente cuando esa impresión se disipa en el cariño filial que siente por su madre. Su madre le dice que lo verá alrededor de las tres, cuelga, o coloca el teléfono en su lugar, y se despiden y es cuando se pregunta si no habrá cometido un error porque, ahora piensa, le da un poco de pereza salir a comer con su madre.
Tal vez sería mejor ir a casa, comer en un lapso menor a una media hora, y luego trabajar en su tesis o hacer lecturas sobre su tesis o leer la página del McSweeneys de ese día o leer a César Aira o escribir más sobre su novela o hacer una nueva actualización en su bitácora o cagar, o masturbarse aunque no, eso no, casi nunca lo hace por las tardes, de hecho, es muy rara vez que lo hace durante el día, así que tal vez sólo se recostará en su cama y pensará en personas a las que quiere o por las que se interesa o por las que se preocupa y que no son su madre. O tal vez no suceda nada de esto y comience a pensar sobre sí mismo o tal vez no piense en nada y se aburra o sienta angustia porque está ¡ante el ser y ante sí mismo!, o tal vez tema por su muerte, como sospecha lo hace su padre, o tal vez se ponga a escribir sobre todas esas cosas que podría sentir y entonces decida que, para distraerse, verá la televisión.
Verá a su madre. Comerán. Hablarán de el resto de los familiares. Del día laboral. De lo que le falta para terminar su tesis. Evitará hablar sobre sus relaciones sentimentales. Evitará hablar sobre su sexualidad, porque, simplemente, no es algo que discutiría con su madre. Ni siquiera con su padre, tal vez en otro momento, si ambos estuvieran bebiendo, pero no lo haría principalmente porque no le gustaría que su padre sintiera la misma confianza con él y le comenzara a hablar sobre su propia sexualidad. Teme que le daría asco. Así que no hablarían de eso. Su madre y él, en cambio, tal vez hablarían de su padre, no de su sexualidad ciertamente sino de su modo de ser, o uno de sus modos de ser, sobretodo los que les irritan. ¿Con quién discutiría sobre su sexualidad? Con otras personas a las que quiere pero que no están relacionadas con él de manera sanguínea. A no ser que fuera uno de sus primos. Y de los más pequeños. Y de los más curiosos. A ellos les hablaría algo, pero no en un sentido cómplice sino explicativo. De hecho, ha hecho esto. No: hablaría al respecto con alguno de sus amigos, sobretodo para reafirmar su hombría o para exponerle algunas dudas. Hablaría con alguna de sus amigas, un poco con las mismas razones, pero sobretodo porque siempre es algo exótico.
Decide que esto es gracioso. Esto de hablar sobre las cosas que haría y hacerlo en tercera persona. Porque es un poco trágico y triste. No sabe por qué pero es un poco sí, pero escrito así, y es trágico y triste y además le está sucediendo a alguien más. Es trágico y triste porque a la persona a la que le están sucediendo estas csoas, son él mismo, pero parece que no lo son. Sabe, como todo mundo, que la comedia es algo terrible que le sucede a alguien más. También sabe, como todo mundo, que cuando dice "todo mundo" es una manera de diluirse en el anonimato. Esto también lo sabía Heidegger. No quiere hablar de Heidegger porque teme parece demasiado pomposo y presumido y mamón y estúpido, sobretodo estúpido. Su mejor amigo sabe que aparentar saber cosas es algo que está mal. Mal y retorcido y asqueroso. Ya no quiere hablar. Ya no quiere escribir. Se dentendrá.

A ese ojete que tiene mi copia de Rushmore:

Devuélveme mi película, quienquiera que seas. Dámela o algo terrible y funesto te sucederá y le sucederá a tu familia. Tienes veinte días. No es bueno esto de aprovecharse de las bondadosas personas que poseen una deficiente memoria. Tal vez debo llevar una base de datos, como me lo sugirió Adriana, o tal vez, simplemente, no debo andar prestando mis cosas. O tal vez, como eres un ojete, no te presté nada y entraste un día a mi cuarto y me robaste esa maravilla del mundo cinematográfico que es Rushmore, del siempre grande Wes Anderson quien, ¿sabían esto?, se siente incómodo al escribir en sus guiones cualquier cosa que esté relacionada con la sexualidad. ¿No es esto extraño? Un poco, sí, pero no es algo malo ni ojete ni que merezca la muerte como robarle un objeto preciado a una buena e inocente persona como yo.
Con cariño,
Guillermo.

Tuesday, May 10, 2005

El cerdo asqueroso escribe en tercera persona.

Y tienes unas insoportables ganas de cagar. Y no sabe qué hacer. Le parece importante aclarar que estos dos eventos no están relacionados. Sería un poco imbécil que no supiera qué hacer ante las insoportables ganas de cagar, de hecho, está exagerando porque no son insoportables. Con el no saber qué hacer se refiere al ahora, el momento en que escribe estas líneas, pues no tiene una idea clara sobre a dónde va con todo esto.
Así que se interrumpe un momento y se levanta de la silla en la que ha estado sentado y se dirige al baño que está en su propio cuarto. Abre y cierra la puerta después de entrar, levanta la tapadera del baño y no se quita los pantalones pues decide que aún puede regresar a escribir un poco más en su bitácora electrónica, así que sólo orina y esto lo hace sentir un poco más ligero, lo suficiente como para no sentirse demasiado apurado como para tener que cagar inmediatamente.
Está dispuesto a disfrutar de una buena cagada, en unos minutos. Después de terminar de escribir lo que escribe y de leer unas cosas que tiene "abiertas" en su computadora --una novella de un amigo suyo, y un cuento en el que está trabajando. También: quiere esperar a bajar la música que ha estado "bajando" de la red.
Ha descubierto algo. Después de un rato de "navegar" en la "red" pierde interés en los contenidos, tal vez porque sabe que las relaciones que hay entre "páginas" y "páginas" pueden ser o parecer infinitas. Así que pierde interés. Generalmente cuando esto sucede es cuando abre una "página" pornográfica. Esto es lo que descubrió. Así que en esta ocasión, después de haber perdido interés, decide no ver pornografía sino escribir un poco. Para su gran puta sorpresa, es mucho más productivo escribiendo pendejadas que viendo porquerías, en la "red"; al grado de que se impide a sí mismo ir al baño con tal de terminar unas cuantas líneas más o de leer algunos textos cuya lectura ha postergado. Ha descubierto otra cosa: cuando habla sobre sus hábitos, buenos o malos, procura hacerlo en tercera persona porque, considera, esto le da una libertad que la primera no le brinda. Le encanta la tercera persona. Le gustaría que pudiera vivir en tercera persona. Es decir, ser invisible y poder entrar a, no sé, digamos los baños del Sport City de Loreto o al cine sin tener que pagar o a la casa de personas que conoce y cuyas vidas privadas le interesan al grado de que desearía estar a su lado aún cuando estuvieran realizando actividades nimias, como cocinar, pensar, bañarse o escribir.
Se pregunta si su moralidad cambiaría si se supiera invisible y después se pregunta por qué en ocasiones se pregunta este tipo de cosas, o cosas como la vida en otros planetas o a qué edad morirá o si su mascota puede entender lo que le dice o si las cosas que escribe tendrán alguna importancia para alguien, o si las hormigas poseen una sola mente o si es posible que algún ser vivo sobreviva a un hoyo negro. Y no tiene respuesta para esta pregunta, que pronto, al menos normalmente, olvida.

Thursday, May 05, 2005

Beckett

Ahora estoy en la oficina de mi jefe. No sé cómo fue que llegué aquí. Debí haber recibido ayuda. Y ahora que estoy en la oficina de mi jefe pienso en la sonrisa de Samuel atrapada en una fotografía que pegué en mi armario, a donde camino desnudo después de bañarme para revisarme, así, como que no quiere la cosa, frente al espejo de cuerpo completo que tengo ahí. Y cuando advierto la sonrisa de Samuel, que se parece tanto a la de un amigo, que se llama Julián, siento que algo no está bien, que es incómodo e incorrecto y retorcido que esté pensando en la sonrisa de Beckett y en la sonrisa de mi amigo Julián cuando estoy desnudo en mi armario, después de bañarme, el mismo sentimiento que sufro cuando, en ocasiones, después del trabajo o las clases en la Casa del Refugio del Poeta, llego a casa cansado y entro al baño que está cerca de la cochera y orino con la puerta abierta por la que entra, invariablemente, mi perra y me ve con sus enormes ojos café orinar. Y pienso, mientras orino y me reviso frente al espejo: Esto no puede estar bien. No sólo no puede estar bien sino que no está bien que sienta que no está bien moralmente, no puedo sentir culpabilidad ahora, ahora que pienso en mi amigo Julián y su sonrisa y ahora que veo que mi perra presta mucha atención a la manera en que orino. Y diré que después esto dejo de sentirlo y que deja de preocuparme, pero sólo lo diré para darle cierta tranquilidad a las personas que me conocen y a Julián, a quien seguramente no le agradará saber que a veces pienso en él cuando estoy desnudo, si bien no lo hago, de esto estoy seguro, en un sentido sexual. Claro que esto ya lo hará comenzar a dudar (esto de tener que afirmar que no pienso en él en un sentido sexual cuando estoy desnudo) particularmente desde aquél otro día en que le di una nalgada con unos cables, en mi casa, y me advirtió: Guillermo, no vuelvas a hacer eso, es lo más maricón que has hecho jamás en tu vida, o algo por el estilo, menos exagerado y con mayor comprensión pues sabía que estaba borracho. Es una gran fotografía esa, la de Beckett. Es la misma que salió en los calendarios que regaló o vendió la librería Gandhi en el 2001. Pero lo que más me gusta de esa fotografía no es el saber que el humor de Beckett superaba el absurdo y era, digamos, bondadoso, sino la manera en que el pelo de Beckett está parado, como si fuera una flama, como si cabeza estuviera ardiendo. A mí me gustaría tener el pelo así. Tal vez, cuando me vuelva a crecer, pueda moldearlo con un poco de mousse. Hace tiempo que no uso ningún tipo de fijapelo. Y no parece que Beckett lo haya utilizado. Eso es lo que me agrada, que naturalmente su pelo flote o se eleve como una flama. Julián fue la primera persona que conozco que leyera a Beckett no porque fuera una lectura obligada, ni porque dijera que le divertía y en realidad no lo hiciera pero como todo mundo decía que era divertido leer a Beckett comenzó a leerlo (así comencé a leerlo yo, había escuchado que era divertido y a mí no me pareció precisamente divertido, no hasta después de la tercera lectura; antes de eso me pareció perfecto, construido milimétricamente, y casi líquido; pero no precisamente divertido, si bien a veces, leyéndolo, me reía). A Julián le gustaba Beckett, o le gusta, porque lo hizo reír tal vez desde su primera lectura. La verdad es que no lo sé. Pero ahora sé que me gusta más leer a Beckett de alguna rara manera influido por las lecturas que hizo Julián de él. Beckett, digamos, es su Bolaño. Pero no puede ser su Bolaño porque Bolaño le gusta a su manera. Tal vez es su Eggers. Pero no, tampoco (ambos sabemos que Beckett es superior a Bolaño y a Eggers, y a Foster Wallace, pero no sé cómo es que podemos saber esto y seguir leyendo a estos otros con el mismo entusiasmo. Tal vez esto sea falso). Ya no me está gustando esto. Estaba más divertido cuando estaba desnudo frente al espejo de mi cuarto, hoy por la mañana, y que hacía calor y había desayunado un par de huevos y me sentía gordo y pesado porque casi nunca desayuno. Acaba de salir la jefa de mi jefe de la oficina. Entró para buscar un libro de ética, de Aristóteles. No había ninguno. Le dije: No hay ética en esta oficina. Pareció divertirle. Cuando venga tu jefe, me dijo, dile eso. Que no hay ética en esta oficina. Y cerró la oficina y la escuché repetir: no hay ética aquí, no hay ética aquí, casi como un mantra.

Tuesday, May 03, 2005

Corte de pelo

Anoche permití que un peluquero me cortara el pelo y ahora parezco el mismo cadete que fui en el año de 1996, o pseudo cadete pues la academia no estaba reconocida, en realidad, por ningún sistema militar, así que era, digamos, semi-militar.
No soy el tipo de personas que hablan con personas que no conocen, a no ser que tenga un disposición especial. Anoche no la tuve. El peluquero repitió en dos ocasiones la siguiente frase, refiriéndose a mi corte: "Es mejor así, ¿no? Para el calor". Asentí en silencio y escuché las conversaciones de los otros peluqueros, que hablaban de viajes a Europa (el dueño de la peluquería) y sobre espeleología (el peluquero más joven quien usualmente me corta el cabello).
Debe ser aburrido cortar el pelo.
Una de las sensaciones más placenteras que he experimentado: sentir fragmentos de cabello caer con regularidad sobre mi nariz, como si fuera ceniza en una expulsión de los volcanes, o ceniza que cae de la frente en un Miércoles de Ceniza, y no poder quitártela porque tienes las manos debajo del delantalal y esperar hasta el último momento, cuando estás a punto de estornudar y haces cara de roedor, para pedirle al peluquero que quite algo del cabello que te ha caído en la cara con esa pequeña escobita que guarda en su chaleco de trabajo. Y lo hace y sientes la gloria y unos pelitos picándote en la nuca.
Anoche estuve revisando unos textos, después de regresar a casa, y vi cómo caía pelo sobre el papel y caía uniformemente pero sin patrón alguno. ¿O no parece que quiero decir algo con esto? ¿No parece una metáfora para una verdad que espera ser develada? Me pregunto si los más viejos odian mi juventud llena de posibilidades.
Me estoy quedando calvo. Se nota más cuando traigo el pelo corto.

Quejas

1. El mal existe.
2. El mal existe en la forma de calor.
3. Los nativos de Mérida, el Sahara y Bangladesh sufren de un calor peor del que sufro yo y esto no me da consuelo alguno.
4. Las personas que visitan Mérida, el Sahara o Bangladesh y que no son nativos y que no están acostumbrados a ese tipo de calor la pasan aún peor que yo y sólo puedo sentir una distante y desapegada lástima por ellos.
5. No conozco a Bárbara Mori.
6. No soy un buen escritor.
7. No soy una buena persona.
8. No corro tan veloz como me gustaría correr.
9. Tengo el sabor del café en mi boca y un ligero dolor de cabeza.
10. Me quejo por todo.
11. Las quejas no añaden nada a mi vida, ni siquiera un consuelo.
12. Me engaño a mí mismo y miento a menudo.
13. El sexo me hace sentir culpable.
14. Estoy aburrido.
15. Aún no termino mi tesis.
16. No tengo deseos de terminar mi tesis.
17. Mis planes a futuro son irreales.
18. La realidad existe.
19. La vida me sonríe y no lo aprecio.
20. Tengo comezón.

Sunday, May 01, 2005

Actualización hecha por inercia

No he escrito nada aquí desde hace unos días porque he estado preocupado. La primera preocupación, la más urgente pero sin duda una de las menos importantes, es que me había prometido no escribir nada hasta que pusiera una lista con los clasificados más curiosos de la sección de "Masajes" que aparece en el Reforma. La primera vez que vi esta sección fue recogiendo la mierda de mi perra. Masajes ejecutivos, decían algunas, sensuales, decían otras. Se prometían jovencitas iniciándose, trasvestis que te harían cosas muy específicas hasta que vieras chispas, también se prometía discreción y que se trabajaba incluso en domingo.
Pero me dio hueva transcribir los clasificados. Y no es algo tan extravagante, gracioso o interesante como creí que lo sería al principio.
La otra noche cometí un error. Dejé a M. en su departamento, platicamos un rato, fumó un cigarrillo, nos despedimos, regresé a mi casa, encendí el televisor y, sí, es verdad, vi Big Brother.
Leí un artículo, en alguna ocasión, en el que se conjeturaba que el Big Brother Orwelliano había llegado sin avisarnos, pero con un nueva cara, no con la predicción apocalíptica de 1984, sino con una peor y más seductora. Big Brother no nos sometería con el temor panóptico sino con un espectáculo estupidizante, Big Brother nos hipnotizaría con un baile. Era un artículo muy chistoso.
Hoy salí a pasear con mi perra y estuvieron a punto de violarla. No fue una bonita experiencia. Hace un maldito calor. Me ha noqueado estas últimas tardes. No duermo tranquilo. Y estoy aburrido como una ostra.

Aburrido

Estoy aburrido.

Friday, April 22, 2005

Nueva palabra

Hoy aprendí una palabra. El proceso fue el siguiente.
Le pregunté a Mauricio, un amigo, si me querría acompañar al cine. Me contestó que se encontraba un poco indispuesto y me lo demostró con su mala actitud. Le pregunté si estaba enojado, un poco en broma, un poco en serio; la parte de la broma fue que en realidad no me importa, la parte en serio era que, tal vez, en realidad, en el fondo, muy en el fondo, pero no tanto como para que no se note, sí me importa.
Me contestó que sí, estaba enojado.
¿Qué lo hizo enojar?
¿Me actitud?
No.
¿El clima?
Tampoco.
"La estulticia de la humanidad".
Busqué estulticia en el diccionario y resulta que es algo así como necedad y tontería. Creo que Mauricio hizo un apropiado uso de la palabra. La próxima vez que tenga oportunidad, la utilizaré, así como uso, cuando puedo, pletórico y oleaginoso.

Monday, April 18, 2005

4:53 p.m. (Llegué a la oficina...)

Llegué a la oficina después de comer unas tortas enormes y de entregar una película y de sostener pláticas modorras y escribí esto: "Hacía calor, abrí la ventana". No hacía calor, no abrí la ventana.
En realidad sí hace calor, ¿a quién engaño? Y he abierto la ventana y ahora escucho los pajaritos de Mixcoac y bebo agua porque tengo sed y aún ronda el sabor de la torta, sus frijoles y su grasa, en mi boca. Hablé sobre Derridá durante la comida. No sé cómo no me dio indigestión, tal vez porque estaba con Mariana.
Es nefasto esto, esto de escribir cosas que pueden ser pero que en realidad no lo son. Pues a mí Derridá ni me da indigestión ni tengo una opinión concreta sobre él. Creo que sólo quería escribir aquella exageración para poder mencionar a M. y para que después las personas que leen mi blog puedan actuar con indiferencia y no me pregunten nada sobre M. aunque quieran hacerlo. La misma M. podría leer mi blog y después hacerme algún comentario o casualmente evitar hacerlo.
Soy alguien en el mundo y la manera en que ocupo espacio en él afecta a los demás. Igual que Derridá lo hace aún después de su muerte, o el resto de los muertos que vienen a visitarme seguido en mi cabeza, como Joyce y Cortázar, Jesús y Gandhi, Beckett y Paco Stanley, Churchill, Roosevelt, Newton, Einstein, Copérnico, Aristóteles, Santo Tomás, San Agustín, Juana de Arco, Marilyn Monroe, Mae West, Bolaño, pobre Bolaño, Roberto Bolaño, Stanley Kubrick, Kurt Cobain, John Lennon, Salinger, ah, no, Salinger sigue vivo, igual que Foster Wallace, pero parecen muertos, vivientes.
Quiero:
1. Leer el libro de entrevistas publicado por los libros de The Believer, de McSweeneys, para poder leer la conversación entre Robert Foster Wallace y Dave Eggers.
2. Rascarme, porque tengo comezón.
3. Beber más agua.
4. Ir a casa y terminar de escribir mi tesis.
5. Ir a casa y terminar de escribir mi novela.
6. Ser invisible.
7. Poder volar.
8. Hacer todas estas cosas, simultáneamente.
Me he rascado y ya no tengo comezón. Ahora iré por más agua. Reduciré mi lista de cosas que quiero hacer, día a día.
Mañana no trabajaré. Ahora que estoy aquí, en el trabajo, no trabajo. Mañana, quise decir, pues, no vendré a la oficina. Pues es mi día libre. Todos mis días son libres. Bonito corolario. Pseudo corolario. Bonita oportunidad para poder utilizar la palabra corolario.
Maldito calor.
Abriré mi ventana. Y ahora que está abierta, hablaré de Refu, mi perra, quien corrió en el Ajusco ayer por la mañana y se cansó y sudó, pues sigue muy viva a pesar de lo que haya afirmado hace unos cuantos blogs, y se tiró en un charco de lodo que olía pestes pero que aparentemente la refrescó bastante y a mí me incomodó un poco más pues debía bajar del Ajusco a la ciudad rápidamente y no podía esperar a que la perra se secara así que no lo hice y la subí igual de cerda a la camioneta, pues no usé mi coche sino la camioneta que utilizaba mi hermana antes de que se fuera a Alemania y perdón Mónica, hermana querida quien lee estas líneas desde bien requetelejos, pero tu Jeep sigue igual de asqueroso pues no me ha dado tiempo de lavarlo pero sobretodo me da flojera.

Thursday, April 14, 2005

Bolas

Anoche cené en casa de unos amigos unas especies de tapas. Mientras veía cómo las preparaban, además del hambre creciente, noté que algo se expandía en mi interior, la sensación de ser inútil y que si me tiraran en el bosque moriría de hambre. Exagero. Cuando me fui, con la excusa de que tenía que ir a casa para ver a mi familia, me dirigí al centro a escuchar a unos amigos tocar.
Rockearon.
Rockearon duro. Moví mi cabeza en la oscuridad y sentí la gente alrededor como seguramente los pájaros sienten el aire bajo sus alas o los peces el agua alrededor de ellos, o nosotros, defeños, el calor pegajoso, húmedo y oleaginoso de esta temporada. Fue agradable. Me emborraché un poco, no demasiado, regresé a casa en vivo en el auto de un amigo (debo regresar al Centro para encontrar el mío), y antes de bajarme me dijo: "Espera, debo darte algo". Y se bajó también. Escuché los primeros trinos de los pájaros en las copas de los árboles. El cielo parecía el párpado cerrado de un gigante, visto por dentro. Abrió la cajuela y sacó un costal. Comencé a sentirme nervioso. Algo se movía dentro. Lo abrió y empezó a sacar bolas de distintos tamaños. Eran muchísima. "¿Lo ves?", me preguntó mi amigo. Tenía la cara desenfocada. Bolas y bolas y bolas de mentiras.

Wednesday, April 13, 2005

10.43 a.m.

Después de todo el olor que percibí anoche no fue gas. Sigo vivo. No sé qué fue. Después de llegar aquí, a la oficina de mi jefe, alegrarme porque no estaba, servirme un café, chacotear con las secretarias y regresar a la oficina para ver mi correo electrónico, he descubierto que hay un nuevo olor. Hago caras. Salgo de la oficina para hablar con las secretarias: "¿Saben si fumigaron en la oficina?" Ambas hacen cara de conejo y preguntan: "No. ¿Por qué? ¿Huele?". Aparentemente, no huele. Yo lo huelo, pero sólo en la oficina. Regreso. Abro las ventanas. Prendo la computadora, escribo esto, bebo café, me pregunto qué cosas debo hacer aún. Comienza a dolerme la cabeza. Fumigaron.
No, no me duele la cabeza. Y el olor ya casi no está. Considero que todo esto es muy extraño.

Anoche dormí como tronco.

2.27 a.m.

A punto de cerrar, apagar, irme a dormir y noto que huele a gas. Ahora trabajo en convencerme que no huele a gas, que es otra cosa la que huele, tal vez soy yo. Pero huele. A gas. Y temo morir en mis sueños. Ahora veo que la pereza huele más que mi temor a la muerte. Cada día se aprende algo nuevo. No bajaré a la cocina ni revisaré los calentadores. Cerraré las ventanas, apagaré la computadore y me iré a dormir.
Fue un gusto.

Monday, April 11, 2005

Nueva Lista


Lista de libros tullidos que he comprado:

1. Lecciones para una liebre muerta, Mario Bellatin (faltan las páginas 32 a 64, ya lo cambié).
2. Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española, segundo tomo (el que comienza con la letra h. y termina con la palabra zuzón. Está impreso de cabeza y seguramente le falta alguna palabra. No lo he cambiado y creo que no lo haré).
3. McSweeneys Quarterly Concern Issue #11 (¡el del DVD!), está mal impreso. La entrevista con los especialistas sobre calamares gigantes está repetida y se yuxtapone con el cuento de T.C. Boyle. He intentado cambiarlo, no he podido.
4. La broma infinita, de Foster Wallace, las páginas 61-64 están en blanco. No lo he cambiado.
5. You Shall Know our velocity, tiene hojas en blanco, igual que Tristram Shandy y Samuel Jhonson is Indignant. Pero esos deben ser así.

Thursday, April 07, 2005

Mi segundo nombre debería ser Optimismo

Lo que hago ahora:

Finjo trabajar, escucho a los Flaming Lips y pienso en El Inquilino como la solución a un problema en particular que nos acosa sobretodo cuando estamos solos y encerrados, a oscuras.
Lo que debería estar haciendo:
Trabajar, hacer unas reseñas para una revista de cine y una revista de la farándula y revisar un texto de mi jefe.
Lo que quiero hacer:
Vivir en la playa, saber pescar y aprender a disfrutar el sabor del pescado. Y también: leer. Y esto otro: Contarles sobre el trío de adolescentes que vi ayer caminando en la calle, que caminaban al mismo ritmo, hombro a hombro, compartiendo, lo juro, un cartón de jugo Jumex, de mango. Se lo pasaban de mano en mano. Uno eructó y el otro hablaba sobre una persona a quien admiraba porque tenía un departamento en Acapulco y una lancha, güey. Sentí ternura, asco y una esperanza guardada en una caja de plomo. Bajo tierra.
Manden textos de reseñas a revistaelinquilino.gmail.com

Sunday, April 03, 2005

Cursi hijo de puta

Recomiendo La broma infinita de Robert Foster Wallace. Pero informo: ya no encontrarán copias en el Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo, o al menos no pronto, porque Isolino, Julián y yo compramos todas. Las apartamos desde la semana pasada. La mía no tiene las páginas sesenta y uno a sesenta y cuatro. Sí, compramos las ochenta y cuatro copias que tenían y decidimos que las vamos a vender al doble.
Conozco a una niña a quien le gusta la trova. A mí no me gusta la trova. El otro día bebí en un bar de trova. No noté la trova. Iba con ella. Esto fue después de que unos amigos me mantearan. Había olvidado que había sido manteado. La última vez que fui manteado fue durante un concierto de Joaquín Valverde que se dio a faldas del cerro del Cubilete, durante una perenigración. Los momentos más espirituales de mi vida. Tal vez desde entonces perdí la sensibilidad y el gusto por la trova. ¿Debo agradecerle a Dios por esto? La niña a quien conozco y a quien le gusta la trova sabe que escribí una especie de novela que no ha leído. No la ha leído porque no sólo me preocupa su opinión sino porque ya no enseño esa madre. Ella opina que los libros de los que uno está avergonzado son como hijos mongolitos a quienes encerramos en un cajón. ¿No es esto gracioso? Un poco.
Algo es verdad: de vez en cuando hay que sacar a los niños a la calle, sino la cara se les pone pálida de tanto no ver el sol. Escribí esto hace tiempo (de la página 143):
"Soy delgado y ligero, por eso tengo el privilegio de estar hasta arriba. No es una razón meritoria, pero es la única práctica. Aún así, caigo de espaldas sobre la tierra. Y está bien, había riesgo, lo sabía. Sigamos, sigamos, hay más. Sigamos. El dolor es una ilusión.
Mi cuerpo vuela. Veo el suelo, intento dirigir mi caída. Pienso en el clínamen estoico. Pienso en la gravedad. Y estoy de nuevo en la tierra, sobre una manta de brazos. Un codo se ha clavado en mi costilla, duele. Duele como la puta madre duele. Pero nadie se puede dar cuenta, mis gritos se confunden con los de la muchedumbre. Federico, Juan, Abel, Luis, El compa, Daniel, todos gritan: ¡Eh, eh, eh, eh! No comprendo muy bien. Sólo intento no caer sobre la cara de alguien. Me desplomo finalmente sobre Abel, después de que me hubieran lanzado metros arriba, más de cinco veces seguidas. La velocidad, el vértigo, esto despierta mejor que un café express doble. Esto sólo es el rito iniciativo, como a su manera lo es el concierto de Valverde —que no escucho porque mi grupo de jóvenes cristianos, Saulo, recién estrenado, decide que es mejor adelantarse en la caminata. Me parece prudente. Nunca me ha gustado la trova, mucho menos la cristiana. Estamos listos para el Cubilete."
Ahora escucho a Damien Rice. Es como si me estuviera esforzando por ser cursi.
Entonces: me han "manteado" tres veces en mi vida. O recuerdo tres. La última fue la de hace dos noches, la anterior fue durante la preparatoria (que no fue, en rigor, una manteada pues no usaron una manta, sino una especie de cama a base de brazos) y la primera que recuerdo fue en casa de mis abuelos, bajo la responsabilidad de dos primos que después decidieron irse al norte para trabajar. Me descalabraron y lloré mucho.
Ahora escucho "You can't hurry love", de The concretes. Es una gran, gran, gran canción. Después de eso, lo consulto en mi reproductor de mp3, escucharé a The libertines, Rebel Rebel (en su versión portuguesa), The Zombies, Iggy Pop, Anorexia y sus flaquitas, Tremendo Insecto y una canción que se llama Queen Bitch. Tengo mil madres por hacer, muchas lecturas. Cosas que necesito escribir. Perdí un documento importante. Unas llaves. Quiero ir a un concierto y no he comprado boleto. Y faltan las cosas importantes. Y hace calor. Y sudo y apesto.

Saturday, April 02, 2005

Dos de abril

Hoy cumplí un año nuevo. Se murió el Papa, también. Fui al cine, después de comer. Pensé que tembló, pero no fue así. Anoche bebí un poco más de la cuenta. Es un mal signo que cuando regresas a un bar para preguntar si no encontraron las llaves que, piensas, dejaste ahí anoche, en las afterhours, te reconozcan y llamen por tu nombre. "Ya no tomes tanto, Guillermo", te dices. Y sonríes. Porque es gracioso. O al menos te haces pensar que es gracioso. No hablan en serio.
Náuseas en el auto rumbo al centro para comer en el Cardenal con mis padres. No quieres ir al centro porque temes encontrarte con tu amiga, la amiga que también nació el dos de abril de 1982, y con quien hablaste unas horas antes para felicitarla y preguntarle qué iba a hacer, cómo celebraría. Temes que piense que has ido al centro de la ciudad sólo para buscarla. Que fuiste tú quien sugirió comer en el centro, con tu familia. Pero no fue así. Fueron ellos, tu padre y tu madre, quienes eligieron el lugar. Tú hubieras preferido quedarte en casa. Tampoco quieres decirles: "No, no hay que ir al centro. Una amiga va a estar ahí y temo encontrarla porque no quiero que piense que la estoy siguiendo". Así que no lo dices. Te subes al auto, abres Monsieur Pain lees un poco y sientes las náuseas y esperas que tus padres, de un momento a otro, te pregunten qué fue precisamente lo que sucedió anoche, porqué llegaste tan tarde, dónde dormiste, etc. Escuchas una campana de Iglesia y en la radio anuncian la muerte del Papa. No se te ha ocurrido que, simplemente, el centro es lo suficientemente grande como para que no te encuentres a tu amiga. En el fondo esperas encontrártela, decirle algo como "Te estoy siguiendo". Y luego, "No, no es cierto. Mis papás eligieron el lugar". No la encuentras. Te sorprendes con lágrimas en la cara porque hay un informe no confirmado de que el Papa pidió, con un hilo de voz, que no estuviéramos tristes, que estaba feliz y preparado. Consideras un momento volver a practicar el catolicismo.
Se te pasa pronto y la náusea vuelve y sabes que estás deshidratado. Un taxista, en el tráfico, escupe de su auto a la calle. Te sientes en todas partes. Te sientes triste. Sabes que se te pasará en unas horas. Y que cuando las cosas que suceden más tarde que te ponen feliz, suceden, finalmente, imaginas, también, las horas venideras en las que escribirás al respecto mientras escuchas The way I feel inside de The Zombies. También piensas en la fiesta de anoche y cuánto te caga dar fiestas y ser un buen anfitrión. Piensas en Ratzinger. En Habermas. En Wojtila. En tu educación sentimental. En tu escuela católica. En tus planes a largo y corto plazo. En el dolor que tienes en la espalda. En la palabra "lumbago". En cómo el cuerpo se descompone. En Nicole Kidman y la película en la que la viste hace poco. En que una vez que actualices tu bitácora la leerás y no te va a gustar y pensarás que tal vez debiste haberla revisado mejor.

Tuesday, March 29, 2005

Carajo

Ya van dos veces. Intento publicar y no puedo, en este maldito blog. Borré dos maravillosas actualizaciones que ya nadie verá, como algunas de las costas de Magallanes. La próxima vez que quieran llorar, piensen en esto.

Hace poco le compré un libro de Cortázar a un primo que tiene la hormona alborotada y no sabe qué hacer con su tiempo. Recuerdo que yo leí a Cortázar a su edad. Cumplo años este sábado. Me siento viejo. Me gusta ese sentimiento.

También: Anoche una amiga me dijo que alguien estaba dejando mensajes perversos en su máquina contestadora. Uno de ellos decía "Te voy a coger mamacita". Le prometí que no era yo.

Las cosas que deseo para este año (algunas):
1. Que salga El inquilino
2. Ser Dave Eggers
3. Que alguien me renueve la suscripción a McSweeney's
4. Comprar y terminar El hombre sin atributos
5. Terminar mi novela
6. Conocer a Bárbara Mori
7. Dejar de pensar en la seducción como un sistema de retribución narcisista
8. Que mi perra aprenda a hablar
9. Que la gente distinga cuando hablo en serio de cuando no lo hago
10. Ser menos barrigón

Mis blogs pasados era más largos que este.

Saturday, March 19, 2005

Se terminó de escribir a las 2.25

Dos de la tarde pasados diez minutos. Mi padre grita en un cuarto contiguo, le grita a mi madre, le grita porque no entiende lo que dice, una mala conexión telefónica. Mi madre viene en camino, por carretera, y a su llegada partiremos. Semana que es santa. Semana que es vacacional. Una lista de lecturas planeadas y que no terminaré:

1. Caminos de bosque, Heidegger
2. ¿Qué es la metafísica?, Heidegger
3. Nietzsche, Heidegger
4. La montaña mágica, Mann
5. I., Stephen Dixon
6. Tristram Shandy, Sterne
7. McSweeney's Quarterly Concern Issue #15, varios.
8. The Fortress of Solitude, Lethem

Le voy a prestar a mi padre 2666 para que lo lea en vacaciones. No le va a gustar. Anoche tuve una pesadilla. En algún momento yo era Adrian Brody (pero como aparece hacia el final de El pianista) y en otro estaba en una especie de misa negra. También: me peleaba con un amigo al que estimo. La pelea tenía que ver con la manera en que trataba a su hermano. Mi amigo, en la realidad, no tiene hermanos. Amanecí con un arañaso en el hombro. Mi hermana me preguntó, por la mañana, por qué gritaba en la noche. Le expliqué que había tenido una pesadilla. Esto le pareció gracioso.
Por otro lado, creo que estoy enamorado. También creo que es algo puedo decidir, elegir. Cambiaré de tema.
Anoche bebí dos cervezas y un poquito. Abrí una y estuvo bien. Abrí otra y me supo a madres, a químico, a jabón. Abrí otra y me supo mejor. Las tres estaban un poco tibias. Quiero seguir escribiendo porque cuando deje de hacerlo comenzaré a organizar las cosas que debo organizar antes de irme (comprar la comida, el equipaje que falta, ponerle gasolina al coche).
En fin. A lo que sigue.

Monday, March 14, 2005

Por supuesto que no lo vale

Finalmente ordené mis libros cromáticamente. Rojos hasta arriba. Naranjas y amarillos de inmediato. En el anaquel inferior, los libros cuyo borde es blanco y que son de los que más tengo. Debajo: verdes, azulosos, azules de verdad, azules oscuros, negros y en el otro librero una hilera pequeña de libros negros. Muchas gracias a Adriana Degetau por su ayuda. Al ver todos estos libros siento una tranquilidad que pronto se deforma para recordarme la cantidad de libros que están ahí y que no he terminado o no he comenzado.
En Valle de Bravo: olvido las cosas que debo hacer (una traducción que he postergado y un espantoso trabajo sobre ecología que aún no comienzo) y leo el último número de McSweeneys. Momentos más tardes escucho el retumbar de una batería y dos guitarras. Intentan tocar los acordes de una viejísima canción de Green Day. Una voz, de una casa cercana, les grita que se callen. Si mi perra siguiera viva y estuviera ahí hubiera comenzado a ladar, sobretodo por las vibraciones de la batería, y después correría por el jardín con su enorme tranco y daría curvas sin dejar de acelerar en las esquinas de la casa. Tendría que sacarla a pasear y tendría que llevar una rama para golpear a los perros que se le acercaran con segundas intenciones. Después, en el pueblo, la dejaría amarrada afuera de una heladería y cuando saliera con lo que hubiera comprado (no sería un helado sino un refresco, frío) un par de adolescentes, chicas, la estarían acariciando y diciendo: Qué bonita perra. Porque era una bonita perra. Y por supuesto, yo no diría nada, simplemente la desamarraría y caminaría de nuevo hacia la casa de campo, recriminándome por no decirles nada.
El último número de McSweeneys incluye un gran cuento que se titula Counting under water escrito por Kiara Brinkman y otro, que se llama Sales de Judy Bunitz. Ambos son muy pero muy buenos. También recopila historias de autores islandeses, que no he comenzado a leer.
Soy un desordenado. Debo dejar de escribir esto y comenzar mi trabajo. También: debo conseguir dinero. Aplicaré a la Gran Casa de las Becas Latinoamericanas y buscaré respetabilidad y cerraré los ojos ante el vacío y me cagaré hacia dentro. Pero tendré dinero. Me pregunto si lo vale.

Tuesday, March 08, 2005

La utilidad de los libros

Cuando voy al cine solo, que es a menudo (y con eterna tristeza fingida), utilizo el libro que llevo (porque siempre llevo un libro, que a veces ni abro) para sostener mi refresco y mis nachos. Me gustan mucho los nachos. Siempre los pido con queso encima. También me gusta el queso de los nachos.
Según Grabriel Zaid su biblioteca está conformada de libros que quiere leer. Los que ha leído, dice, los regala o pierde. También habla sobre esas bibliotecas que se tienen sólo para impresionar. Yo quiero ordenar mis libros (que están, en este preciso momento, detrás de mí y hablando pestes de mí) por colores.
Pero no he recibido ayuda.
Espero ayuda.
Resulta que mi emoción por leer el cuento de Bolaño que, según yo, no había leído nunca, se desvaneció cuando resultó que sí había leído el cuento. Pero es un buen cuento. Lo leí hace rato, mientras esperaba.
Cerca de mi casa hay una tienda que se llama La cabaña. Venden tortas que nunca he probado pero que se venden bien. Siempre hay gente pidiéndolas. Albañiles, primordialmente. Me cae bien la señorita que atiende pues cuando vivía mi perra no le importaba que entrara con todo y perra para comprar un Dr. Pepper y unos Rancheritos. Ahora escribiré una lista sobre las cosas inútiles que he hecho últimamente (en orden deprimente):
1. Leer.
2. Escribir.
3. Decir que a veces sufro porque no tengo lo que quiero
4. Vivir

Sunday, March 06, 2005

El plan

Las primeras ideas, el borrador de un plan, fueron escritas en un hoja cuadriculada sobre la barra de Hooters, hace un par de días. Julián Zárate y Guillermo, el otro Guillermo, estaban presentes. Ahora descubro que es difícil hablar de esto. Lo que sé es lo siguiente: Somos varios y tenemos ideas similares. Creemos: que debemos hacer algo. ¿No lo tomamos en serio? No demasiado. ¿Creemos que ésta es una virtud? Sí. (Pero no). ¿Tenemos esperanzas? Algo muy parecido a la esperanza. Y al optimismo. Y a un entusiasmo disfrazado de indiferencia.
Escribí:
METAS A LARGO PLAZO: Crear una Editorial y una Revista semestral.
METAS A CORTO PLAZO: -Crear público. -Comenzar con pérdidas, público cautivo. -Recordar Might, no hacer una revista de acceso difícil. -Invertir para ganar credibilidad. -Difusión (UNAM, Chopo, IBERO, Cholula) -¿Anuncios? Anuncios. -Crear una red: A través de un blog, del boca a boca, correo masivo, tener un historial. -Definirse. -Hacer un DUMMY:
Personas que podrían interesarse:
-Vinicio, little Jesus.
-Zagal.
-Piú.
-Salazar.
-Insolentino, saludos de su parte.
-Chema.
-Pavel.
-Adriana.
-EDE (Daniel? Rafael? El librero Víctor? Se llama Víctor?)
-Las personas de El Inquilino (Alejandro, Alejandro, Ingrid)
-Guillermo, el otro Guillermo.
-Luis.
-El Reyezuelo.
También, por alguna razón escribí "aurático". No sé por qué hice esto.
La revista semestral estaría dividida en tres partes: Narrativa, Reseñas y Sugerencias, Ensayo y Opinión. No habría poesía. La poesía se hace en casa. Y a solas. Y en un cuaderno que nadie debe leer.
Ahora pienso que también debemos añadir a Miguel Ángel, comandante de nuestra sociedad no-utópica, y a Silvia, secretaria de nuestra comunidad no-utópica, y a Palma, por ser uno de esos gordos que no desagradan tanto como otros gordos pero sobretodo porque es una gran persona --no pun intended.
¿Y a quien haríamos presidente? A mi perra Refu, si aún estuviera viva.
Comentarios y sugerencias al: guillermoinj@yahoo.com

Friday, March 04, 2005

Lista de libros por leer

(Y que compré en esta semana que termina)

1. La rosa, Robert Walser.
2. Austerlitz, Sebald.
3. Tristram Shandy, Laurence Sterne.

(Y que se añaden a los otros libros que estoy leyendo o aún no comienzo pero que están en mi escritorio esperando)

1. Don Quijote de la Mancha, ¡lo sé! ¡A quién engaño! ¡No lo terminaré porque me da pereza pero diré que lo he terminado!
2. Señores y sirvientes, Michon
3. Nacimiento de los fantasmas, Darrieussecq
4. Sobre la historia natural de la destrucción, Sebald
5. La montaña mágica, Mann (¡otro!)
6. Ferdydurke, Gombrowicz
7. Timothy McSweeneys Quarterly Concern # 15 (probablemente sólo lea este)

Estómago deshecho

Dos noticias:
La buena, encontré un cuento de Bolaño que no está en ninguno de los libros de cuentos de Bolaño que tenía. El librero de la casa del refugio del poeta, en Zitlatépetl, la Condesa, me regaló la revista en el que viene y le estoy eternamente agradecido. Una gran persona, este librero. Creo que se llama Víctor.
La mala noticia es que tengo el estómago deshecho.
Estómago desecho, a.k.a. mi amiga Adriana, se levantó del sofá en que el estaba acostada y se fue corriendo. Esto sucedió hace un par de días. Cuando lo hizo me pregunté si olía mal, yo. Y tal vez, pensé, por eso se había tan derrepente, corriendo. Fue un gesto extraño. Adriana me odiará por decir esto, pero me recordó exactamente a mi perra, cuando estaba viva. Mi perra era capaz de levantarse e irse corriendo cuando algo llamaba su atención (un ruido que yo no escuchaba, un movimiento en el pasto que yo no notaba). Pues así fue. Más tarde me enteré de Adriana tuvo que irse corriendo porque debía vomitar. Por segunda vez.
Este blog es educativo.
Presten atención.
El estómago desecho es el estómago que sólo contiene una mínima cantidad de lo que contenía antes. Desecho, pues, es sólo una partícula, vil, pequeña, inmunda; un residuo.
Yo no tengo el estómago desecho. Yo tengo el estómago deshecho, gracias a unas jodidas Buffalo Wings que comí anoche en Hooters. Y todo porque Guillermo, el otro Guillermo, ese Guillermo que no soy yo pero también es amigo de mi amigo Julián, decidió alburear a la camarera. Lo sé. Suena como si este Guillermo fuera mi oscuro hermano gemelo. No es así. Este Guillermo es tan real como las agruras que siento. Guillermo pidió unas buffalo wings con picante. Después le preguntó a la camarera si ella comía picante. Etcétera. Nos trajeron un plato de buffalo wings muy picantes y un plato de buffalo wings enfermizamente picantes. La salsa de esas tres buffalo wings que se crearon en el infieron fue elaborada a base de habanero. Y como no las probé (sólo olí la salsa y la probé en la punta de mis dedos) fui reprimido. Me llamaron Poco hombre. Me llamaron Mujerzuela. Me dijeron: "Primero no tomas Pulque y luego no comes esto. Es el colmo". Probé Pulque. No sé por qué Julián decidió que yo no probé pulque aquella vez que probamos pulque. Oh. En fin. Las otras buffalo wings me hicieron llorar y sudar. Guillermo, el otro, afirmó que comer esas buffalo wings después de las buffalo wings con salsa de habanero era como comer caramelos.
Dijo: caramelos, con voz de Homero Simpson.
También: la mesera me pidió una identificación, como es costumbre. Me preguntó mi edad. 22, le dije. Después dijo que tenía cara de niño. Más tarde, en algún momento, me llamó babyface. Creo que Babyface era un rapero. Y que los cara-de-niños son unos bichos. También me preguntó si tenía algo de francés, cuando me vio, dijo, creyó que era francés. Lo cual, como sabe cualquier persona que me conoce, es simplemente ridículo.
Hooters es ridículo.
Nací un dos de abril de mil novescientos ochenta y dos. Lo cual significa que fui concebido en septiembre de mil novescientos ochenta y uno (soy sietemesino). Me pregunto si mis padres decidieron tenerme. Es decir: sé que decidieron conservarme, pero ignoro si decidieron: En esta ocasión tendremos un niño. Quise hablarahora sobre esto porque creo que ya es tiempo de que conozcan mis orígenes ad Ovom pero también porque sé que a nadie le gustan los relatos que comienzan por el principio.
Ahora lo saben.

Tuesday, March 01, 2005

La bondad humana no conoce límites

¡Gracias Ingrid! ¡Horas de insomnio! ¡Ajúa!

Thursday, February 24, 2005

Krankenhaus

Hay maneras de decir las cosas que no conozco. Maneras sutiles. Finalmente he recordado lo que quería contar ayer, cuando hablé sobre el hospital y mi hermana operada. Mi hermana sigue en reposo y los ojos cada vez más hinchados. Recuerdo estar en la cafetería del hotel, una cafetería con vista a la ciudad, una vista que mi hermana no pudo haber visto, cuando se me ocurrió algo que pude haber escrito. Hice una nota mental al respecto porque aún no consigo un cuaderno de notas para este tipo de cosas. El cuaderno de notas que quiero conseguir corresponde a una idea clara, fija y distinta. Debe ser de un tipo en especial, como el cuaderno que usa Indiana Jones en Los cazadores del arca perdida (en la escena de la excavación, cuando baja a la cámara secreta que contiene una maqueta de la ciudad perdida de no sé qué diablos) un cuaderno delgado amarrado con una liga. O bien, un libro pequeño de pasta dura, tamaño esquela. O bien, cuadernillos, también de pasta dura, tal vez forrados en piel, como los que usa el joven personaje de Finding Forrester. Como no tengo ninguno de esos cuadernos olvidé la idea mientras esperaba a que bajara el elevador. En ese momento me percaté de que olvidaba la idea pero no me importó demasiado porque se me había ocurrido algo todavía más interesante: Cómo es que en Alemania a los hospitales les llaman la casa de los enfermos (Krankenhaus) y cómo eso es algo demasiado cruel y deprimente. Por una razón a Maternidad le llaman Maternidad y no La Sala de Infantes Que Esperamos No Se Nos Mueran. Lo mismo con Cuidados Intensivos.
En eso estaba pensando mientras esperaba el ascensor y me distraía leyendo el directorio de la clínica. Y entonces vi un piso que se llamaba Fertilización Asistida, y me pareció de poco tacto, también, pero no tanto como este otro: La Clínica Del Dolor.
Suena a novela de Bellatin o a película de terror porno.
En el cuarto de recuperación le dije a mi hermana "Mira qué bonita vista te dieron", porque soy una mala persona. Y también: "¿De aquí quieres que vayamos al cine?". "Cállate baboso". "Vamos, te cuento la película". "Eres un idiota". Supe entonces que mi hermana aún estaba bajo los efectos de alguna droga porque normalmente no es tan agresiva. "Estoy tratando de hacerte reír. Soy como Patch Adams. Llámame Patch", le dije. Regresé a la cafetería.
En la cafetería recordé un mal anuncio publicitario. Un grupo de chicas guapas se sientan en una cafetería y platican. Recuerdo esto pero no el producto, ergo, mal anuncio. También recuerdo que había un momento en que la cámara iba en slow motion sobre la cara de una de estas chicas guapas. En el momento preciso que reía y que mostraba la lengua. Y recuerdo con mucho, mucho asco, que tenía la lengua amarilla por la cafeína. ¿No deben cuidar estos detalles los directores de anuncios publicitarios? ¿No deben los publicistas preocuparse por mostrar un mundo normal pero no cotidiano, perfecto, y sin manchas de cafeína? Deben. Es su labor, ésta. No mostrar la realidad, seducirnos, endulzarnos el día para que estemos dispuestos a recordar eso que venden, para que después se nos antoje compralo con la idea de que responde a una realidad mejor a ésta en la que cuando fumamos demasiado o bebemos cafeína la carne se torna amarilla. Si ni siquiera pueden hacer esto, ¿por qué seguir? Esto me hace sentir enfermo.
No puedo seguir.
No voy a seguir.

Wednesday, February 23, 2005

Ahora que tengo ganas de cagar decido comenzar a escribir y a percatarme de que es un error porque me molesta, a veces, escribir con prisa. Puede servir cuando no tienes nada que contar pero si tienes una idea la prisa cada vez te aleja más de ella. No tengo una idea, es cierto. Pero sí algo que intuí hace rato mientras operaban a mi hermana de los ojos. Algo que tenía que ver con la velocidad, particularmente después de que salió de recuperación y finalmente la dieron de alta y bajamos por el ascensor con un enfermero y una silla de ruedas. Le pregunté al enfermero si quería echar unas carreritas, él empujando a mi hermana y yo en otra silla de ruedas y me dijo que sí y sonrió y me vio atentamente. Estuve a punto de decirle: Pues vamos. Pero al ver que sólo estaba siendo amable decidí que sería una mala idea insistir.
Mi hermana es enfermera y ahora estudia derecho, no ahora que está acostado descansando de la anestesia, sino ahora, en esta época de su vida. No le gusta el derecho pero lo estudia. Gran fuerza de voluntad.
O justamente lo contrario.
Hay un escritor que no es Enrique Vila-Matas sino el escritor de Peter Pan, creo que se apedillaba Barry, quien dijo que cuando escribía con la mano izquierda normalmente le salían palabras siniestras, macabras, y con la derecha literatura muy optimista. Digo que no fue Vila-Matas quien dijo esto pues es algo que bien pudo haber dicho. Creo que Vila-Matas explota demasiado ese autoplagio del doble y el oscuro hermano siniestro y utilizar personas reales para sus personajes. Pero le sale bien, como si, igual que Barry, fuera escritor ambidiestro.
De chico también yo fui ambidiestro y tenía un problema para pronunciar las letra erre. Me llevaron con una maestra para corregir esto y mi madre me pidió que no hablara al respecto. Tal vez temían que la gente pensara que yo era idiota.
Últimamente no le preocupa esto.
Mi madre acaba de entrar al cuarto para decirme que se meterá a la regadera y pedirme que esté al pendiente del teléfono y de mi hermana, en ese orden. Espera salir de la regadera antes de que yo salga a la calle. Saldré a la calle, como en media hora. Pero antes debo cagar.
Regreso del cuarto de mi hermana donde ha sonado el teléfono. Mi madre tenía razón. Llamó una amiga de mi hermana para, supongo, ver cómo se encontraba. Transcribo la conversación:
-¿Sí?
-¿Sí?
-¿Quién habla?
-Pili
-Hola Pili, ¿cómo estás?
-Bien, ¿y tú?
-Bien también. ¿Cómo está tu familia?
-Ay muy bien, ¿y la tuya?
-A todo dar.
-¿Cómo está [tu hermana que no es la hermana de quien soy amiga y que se casó hace poco]?
-Oh, está bien. ¿Cómo están las tuyas?
-¿Las mías qué?
-Tus hermanas.
-Ah, pues muy bien.
-Qué bien. Bueno. ¡Adiós!
-¡No, espera! ¿Cómo le fue a [tu hermana que operaron]?
-Bien. Está aquí, camina hacia el teléfono como zombie. Ahora te la paso. Te cuidas.
-Ay, pobre. Bueno, adiós Memo te cuidas.
-Igual.
No. Simplemente no me llega. Aquello que quería contar. Lo pensé en la cafetería del hospital y seguro tenía que ver con lo silenciosos y deprimentes que son los hospitales. O tal vez con la vanidad, porque la cirugía de mi hermana fue, en parte, estética. Carajo.
Debo comprarme un cuaderno de notas.